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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 3.

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Relato: Dioses y demonios. Capítulo 3.

dioses demonios– ¿Zeus? ¿Cómo el dios griego? — ¡Oh, aún quedaba gente que les recordaba!

Zeus se pateó mentalmente. Tenía que empezar a tener cuidado con que decía y hacia si iba a vivir ahí una temporada. Los humanos no dejaban pasar ni una y no quería acabar en un manicomio o algo parecido.

¡Lo había visto en las novelas de la televisión!

–  Si… mis padres eran muy fans de la mitología. — mintió, mostrándole su mejor sonrisa y esperando sonar convincente.

Al tal Finn parecía hacerle gracia, ya que le devolvió la sonrisa y empezó a andar hacia la salida del callejón, indicándole que le siguiera.

–  ¿Así que eres amigo de D? — le preguntó el chico. Zeus se quedó mudo, sin saber que contestar exactamente. No podía revelar su parentesco. A penas parecía un par de años más mayor que Dioniso. — ¿Desde hace mucho?

–  Toda la vida, se podría decir. — contestó, finalmente. Las medias verdades valdrían por ahora. — ¿Es buen jefe? ¿De qué trabajas?

–  Es buen jefe. De los mejores que he tenido, de hecho. — Finn se frotó el cuello. Parecía incomodo por algo. — Siempre ayuda a quien puede. Y soy camarero. Su club es un poco… peculiar, pero se respeta a todo el mundo y me paga los estudios.

¿Peculiar? ¿Qué clase de bar regentaba Dioniso? Hasta donde él supiera, su hijo solo disfrutaba de beber y beber y beber…

Pero, regresando a su joven acompañante…

–  ¿Qué estudias?

–  Fotografía.

El dios dio un largo repaso al chico, mirándole descaradamente. Fotógrafo, ¿eh?

–  ¿En serio? No sé cómo resultaras de fotógrafo pero serias un gran modelo… — sí, estaba coqueteando. ¿Qué? ¡No podía evitarlo!

Finn sonrió más ampliamente y se sonrojó un poco. ¡Tenía pecas!

–  Gracias pero estoy más cómodo al otro lado del objetivo. — se detuvo frente a un enorme edificio, más parecido a una nave industrial que a un bar. — ¡Ya hemos llegado! No te separes de mí. Esto está lleno hoy. Buscaremos a D para que podáis hablar.

El chico tenía razón. El local estaba lleno hasta la puerta y con una cola en la entrada que daba la vuelta a la calle. Efectivamente, el edificio era una antigua nave industrial, le informó Finn. Una fundición que cerró hacía décadas y que habían reformado por completo.

Sobre la entrada, un enorme cartel de neón con el nombre del bar brillaba en la noche.

En el interior la música tecno y las luces de colores hacían el ambiente agobiante y molesto a la vista pero la gente parecía estar disfrutándolo mucho. Finn le cogió de la muñeca y tiró de él entre la multitud.

Recorrieron las pistas de baile, esquivando gente, hasta llegar a una de las barras, donde Finn habló con uno de los camareros. El ruido impidió a Zeus poder escuchar la conversación pero los gestos del chico tras la barra eran bastante claros.

Señalaban hacia lo que parecía un reservado o zona vip. Y allí, en una de las mesas, estaba sentado Dioniso.

Su hijo tuvo la decencia de lucir avergonzado cuando le vio. El chico se acercó a él, aun tirando del dios.

–  ¡D! Este señor te estaba buscando.

–  Gracias, Finn. Ya me ocupo. — el chico desapareció tras la barra y Zeus le vio irse, esperando que volvieran a verse. — Padre…

–  Hola, D… — saludó con tono sarcástico. — Imagino que tu hermana te habrá puesto al día sobre sus planes…

–  Y espero que no estés de acuerdo y que me ayudes a regresar a casa.

–  Uhm… no.

Zeus se quedó ojiplático. Eso no se lo esperaba. ¿Tampoco Dioniso iba a ayudarle? ¿Por qué sus hijos se volvían contra él?

–  ¿Cómo qué no?

–  Padre, Atenea tiene razón. Estabas a punto de hacer una estupidez. Aquí, al menos, te tenemos controlado. — Zeus gruñó, pero Dioniso le ignoró. — Piensa que son como unas vacaciones pagadas. Tienes donde quedarte, dinero y lo que necesites. Haz lo que te dé la gana y disfruta. Simplemente, no te metas en líos.

–  Cuando recupere mis poderes pienso freíros a los dos con un rayo…

Dioniso se levantó, encogiéndose de hombros. Lucía resignado con su papel de guarda de su padre.

–  Lo sé. Créeme que lo sé. Pero mientras… ¿Por qué no haces lo que más te gusta? Mira a tu alrededor. — señaló a la pista de baile, donde la gente bailaba, ignorantes de lo que ocurría en el reservado. Los ojos de Zeus, sin embargo, fueron hacia la barra, donde Finn ya estaba poniendo bebidas a los clientes. — Estamos rodeados por la belleza. Y aquí no está Hera para impedir que te diviertas.

¡Ouch! ¡Eso había sido un golpe bajísimo por parte de su hijo! Cierto que nunca supo ser fiel a su esposa, pero, al contrario de la creencia popular, él la quería. Simplemente, no podía evitar engañarla. Era incapaz de ignorar la belleza a su alrededor. Vivía de conquistar esa belleza y disfrutarla.

Pero eso era antes… en ese momento, traicionado y sin poderes, no se sentía con ánimos para ello.

–  Si… mejor no. Tu hermana ha mencionado una casa o un apartamento…

–  Si, si, está en este mismo edificio. Justo encima. Lo compré entero con la intención de alquilar los apartamentos pero resulta que casi nadie quiere vivir encima de un club… Así que los tengo por si alguna vez no quiero volver a casa o por si alguno de los chicos necesita un sitio donde quedarse por alguna emergencia. — su hijo le hizo un gesto para que le siguiera y ambos salieron del reservado por un pasillo que les alejaba del ruido del club.

–  Al menos eres mejor jefe que hijo… — repuso, acido. Dioniso le arqueó una ceja.

–  En serio, padre… no eres quien para protestar. Tampoco has sido el padre del año.

Mientras hablaban, los dos habían traspasado una puerta que daba a un largo pasillo en donde subieron a un ascensor hasta la tercera planta. Al llegar, Zeus vio dos puertas. Al parecer, Dioniso había construido dos apartamentos por planta, lo que haría un total de seis en todo el edificio.

Entraron por la puerta de la derecha y la sorpresa del dios fue enorme al comprobar el tamaño del apartamento.

Era un gigantesco loft, con una enorme cocina americana, dos habitaciones, un gimnasio y un baño completo con jacuzzi incluido.

–  Un poco excesivo, ¿no te parece? — Dioniso se encogió de hombros.

–  Si vas a hacer algo, hazlo bien. — se limitó a contestar. — En el dormitorio hay ropa de tu talla. Me temo que Atenea no te ha dejado mucha elección sobre el estilo.

–  Deja que adivine… ¿más vaqueros?

–  Sin duda. En serio, padre… no lo hagas más difícil. Disfruta estos días como si fueran vacaciones y, cuando a mi hermana se le pase la tontería, podrás regresar a casa.

–  Dudo que disfrute nada de aquí.

–  Eso es tu elección.

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Capítulo 2. Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 2.

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Relato: Dioses y demonios. Capítulo 2.

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Lo malo que tenía el teletransporte involuntario, era que no podías escoger dónde y cómo aterrizar.

Eso era en lo que pensaba Zeus después de caer nada dignamente en mitad de un callejón sucio y oscuro y hacerse polvo las posaderas.

¿A dónde lo había enviado su hija? Se puso de pie y sacudió sus ropas, ahora sucias. ¡Un momento! ¿También había cambiado su ropa? Había pasado de llevar su cómoda túnica a vestir unos vaqueros y una camisa negra.

¿En serio? ¿Vaqueros? ¿No había algo menos divino para vestir?

Bueno, el paseo había sido muy divertido (no) pero él no iba a quedarse en la Tierra. Iba a regresar al Olimpo y ver su programa favorito.

Atenea ya había hecho su gracia. Ja, ja. Pero se acabó.

Sin embargo, al intentar teletransportarse de vuelta a casa se dio cuenta de que no podía. Intentó convocar una tormenta y tampoco funcionó.

Nada. Ni un simple rayito.

¿Le había dejado ahí y sin poderes?

–  ¡Atenea! – gritó al callejón vacío. – ¡Atenea! ¡Déjame regresar a casa!

Un papel apareció en el aire frente a él. Zeus lo cogió al vuelo y fue poniéndose más y más rojo de furia mientras leía.

“Querido padre: lo siento pero no puedo permitir que nos fastidies a todos solo por aburrimiento. Estás en Nueva York, cerca del club de Dioniso. Te he preparado un pequeño apartamento en su edificio con ropa y dinero para que no te falte nada. Mi hermano te dirá cómo encontrarlo. Intenta no llamar mucho la atención y recuerda que seguimos sin comprobar si somos o no inmortales, así que no te metas en líos. Te quiere, Atenea.”

–  Voy a matarla cuando regrese… Si es que me deja regresar. Niña entrometida… Y ahora… ¿por dónde se irá al club de Dioniso? ¿Y cómo sabré cuál es? – se preguntó saliendo del callejón a la calle principal.

Otro papel apareció de la nada delante de sus narices. En ese había una dirección y un pequeño mapa dibujado. Al parecer, el bar estaba cerca de ahí.

Precisamente, se encontraba en una zona llena de bares y clubs. Todos con grandes carteles de neón y luces de colores chillones. Parecían exactamente lo mismo. ¿Cómo saber cuál era el de su hijo?

Decidió caminar entre los bares y ver si encontraba la dirección cuando dos tipos más grandes y corpulentos que él le sujetaron y volvieron a meter en el callejón, a la fuerza. Sorprendido, Zeus miró a sus atacantes sin saber muy bien cómo reaccionar, así que se quedó quieto mientras los otros dos lo acorralaban contra la pared.

–  Muy bien, viejo… – ¿viejo? – Danos todo lo que tienes y no te pasara nada.

¿En serio? ¿Le estaban robando? ¿Y llamando viejo, además? ¿Cómo se atrevían?

Zeus se enfureció e intentó acercarse para darles su merecido pero su fuerza, al igual que sus poderes había quedado reducida a la de un simple humano. De un manotazo, el matón que había hablado le empujó contra la pared de nuevo.

¡Qué humillante!

Zeus pasó de enfadarse a asustarse. Sin poderes, sin fuerza sobrehumana… y siendo atracado por dos matones… ¿Era así como iba a acabar? ¿En un callejón? ¡Iba a matar a Atenea como saliera de esa!

–  ¡Ey! ¡Dejadle en paz!

Los tres miraron sorprendidos a la entrada del callejón a la vez y se encontraron con un chico. No debía tener más de veinticinco, alto, con el cabello negro y corto y unos ojos azules que destacaban como faros en una noche oscura.

Era absurdamente atractivo. Incluso asustado y confundido, el dios no pudo más que fijarse en lo hermoso que era el muchacho.

Se regañó a sí mismo. ¿Cuándo iba a empezar a pensar con el cerebro en vez de con otra parte de su anatomía? Eso era lo que siempre le metía en líos.

–  ¡Metete en tus asuntos, niñato! – chilló uno de los matones que intentaban robarle.

El niñato, como el matón le había llamado, no se molestó en contestar. Simplemente, se lanzó y golpeó a los matones con un buen par de puñetazos y patadas que les hizo retroceder y huir despavoridos calle abajo.

Zeus se quedó mirando atontado a su salvador, quien en ese instante recogía el paquete que había dejado caer antes de ayudarle. Atractivo y sabía luchar. Esos golpes eran de profesional, no de aficionado.

–  Menudos chorizos… – le escuchó gruñir, acercándose a él. – Espero que no te hayan quitado nada. ¿Estás bien? – de cerca era aún más guapo.

Le recordaba un poco a su Ganimedes. No físicamente, porque Ganimedes era rubio y delicado y este chico tenía un cuerpo fuerte y musculoso. Pero su actitud justiciera le recordaba al antiguo copero por el que se metió en muchos líos con su mujer.

–  Wow… tienes unos ojos preciosos… – si, como primeras palabras dirigidas a quien acababa de salvarlo no resultaban de lo más adecuadas. El chico sonrió y se sonrojó.

–  Creo que si estás bien. Te dejare seguir con tu camino.

–  ¡No, espera! – el dios le cogió de la muñeca, deteniéndolo. El chico miró su brazo y arqueó una ceja, pidiendo sin palabras que le soltara. Zeus lo hizo, después de dar una sutil caricia con el pulgar al pulso del muchacho. – Estoy perdido…

–  ¿Perdido?

–  Si, tenía que reunirme con… un amigo, en su club. Pero no sé cuál es.

– ¿Cómo se llama tu amigo?

– ¿Dioniso? – Zeus recordó en ese momento el papel con la dirección y se lo tendió al chico. – Tengo este mapa, pero no sé orientarme demasiado bien. Es mi primera vez en esta ciudad.

– ¿D? ¡Conozco a Dioniso! Trabajo para él, de hecho, en su club, El Ánfora.

El Ánfora… por supuesto… ¡que típico de Dioniso! El dios tuvo que contenerse para no poner los ojos en blanco.

– ¿Puedes indicarme el camino?

– Te acompañare, que ya me toca entrar a trabajar en un rato. Soy Finn, por cierto. – se presentó, ofreciéndole la mano. Zeus se la estrechó, con una sonrisa de oreja a oreja.

A lo mejor esto de estar en el mundo de los mortales no era tan malo después de todo…

– Zeus.

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La mitología da ideas muy buenas: Zeus, sus amoríos y una idea nueva

Zeus

Zeus, sus amoríos y una nueva idea.

Cuando te conté en una ocasión que la mitología griega era un culebrón, no mentía.

Su principal actor sería Zeus.

Zeus

Zeus, dios del trueno, señor del Olimpo, padre de los dioses… y un mujeriego irremediable que tenía a su señora Hera hasta las narices.

Este iría a First Date si pudiera y existiera XD Y Hera aparecería en mitad del programa, poniéndolo fino y tratando de cargarse a la cita, aunque no tuviera culpa de que su marido sea un sinvergüenza.

Zeus tuvo una lista interminable de amoríos entre humanos y deidades, con quienes tuvo hijos. Vamos, que pobló él solito el Olimpo.

Lo bueno es que le gustaba todo y no discriminaba. También tuvo, al menos un amante varón. Ganimedes, al que secuestró y convirtió en copero para quedárselo cerca.

Quitando el secuestro, que es bastante espeluznante, se podría hacer una historia bonita entre Zeus y Ganimedes. Tal vez, la que no se les ocurrió a los griegos que eran más… bueno, más sensacionalistas XD

Pero imagina esto… un Zeus, aburrido de estar retirado del mundo y los humanos en el Olimpo, decide “escaparse” y darse una vuelta por el plano mortal. Digamos que los dioses decidieron hace dos mil años mandar a tomar viento a los humanos y sus líos y se atrincheraron en el Olimpo, prohibiendo volver a involucrarse en sus asuntos.

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Si nos fijamos en como lo hemos estado haciendo estos dos mil años, no me extrañaría que hicieran algo así.

Y, digamos, que Zeus, quien nunca ha destacado por su paciencia, se aburre. Se aburre terriblemente y echa de menos sus flirteos, sus amoríos y sus aventuras.

Echa de menos ser un dios. En un mundo lleno de dioses, por muchos rayos que lances, no destacas. Echa de menos a los humanos.

Así que, nuestro señor del rayo, sale del Olimpo y se va al mundo de los mortales para darse un paseo. Y en ese paseo se tropieza con la reencarnación de Ganimedes.

O un doble físico de Ganimedes, que también me vale. Alguien que sea un calco del copero y a Zeus le entra un ataque de nostalgia por los viejos tiempos (y el chico es mono, para que vamos a negarlo) y decide llevárselo.

Primero, por las buenas… o por las brutas, que este no era muy sutil antes, no creo que haya mejorado con el tiempo. Y al chico le hace gracia pero le para los pies. Al menos, no le denuncia por acoso. Algo es algo.

Pero, como te dije antes, Zeus no es un dechado de paciencia. Y lo secuestra, como en los viejos tiempos. Y se lo lleva al Olimpo. Y se la lían, claro.

En medio de todo eso, pues… bueno, sería una historia graciosa, con momentos ridículos, momentos dulces y momentos surrealistas…

Está empezando a gustarme la idea… ¿Y a ti?

Puede que la escriba. Para un relato corto o para algo más largo… ya veremos. Primero debo acabar lo que ya tengo pendiente.

Pero guardare en favoritos esta idea.

Por cierto… ¿qué tal este chico como Ganimedes?

Zeus

 

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¡Los griegos lo inventaron todo!: La mitología es un culebrón

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Hoy en día, si hablamos de “culebrón” me vendría a la cabeza (a los viejunos) Hospital General, Santa Bárbara, Falcon Crest y un sinfín de telenovelas venezolanas que eran la caña en los noventa…

Se creía esos que estaban creando un formato que no existía… ¡Ja!

¡Eso es que no conocían la mitología griega!

Y me voy a meter solo con la griega que la romana es una copia…

La mitología griega ha sido y siempre será un culebrón.

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¿Qué no?

¿En que otro culebrón ves tanto cuerno y tanto rollo y traición familiar como ahí? ¿Eh?

Zeus, aunque no era el único, era un dios que no entendía un no por respuesta y tampoco un no debes. Las aventuras de Zeus son una de las partes más conocidas de la mitología. Hacía lo que fuera con tal de conseguir a quien quería.

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Lo bueno es que no le importaba que fuera chica o chico.

No hacia distinciones entre otras diosas, humanas o humanos.

Ganimedes es un ejemplo de ello, al que Zeus raptó convertido en águila… Sí, no vamos a hablar de la manía de Zeus de disfrazarse cual Mortadelo para hacer sus pillerías…

Otro culebrón de la mitología es la historia de Medusa. A ver, no solo la parte final, con Perseo haciéndose el héroe y decapitando a una indefensa mujer en su casa…

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¿Qué? Cada cual lo interpreta como quiere.

No, la parte en que Medusa era una hermosa sacerdotisa de Atenea a la que Poseidón violó (esto es algo que se repite muchísimo ahí) y la diosa, en despecho, convirtió el pelo de la chica en serpientes. Claro… no puedes desquitarte con Poseidón, vamos a fastidiar a la chica…

Esa es la parte culebrón. La no culebrón es que ella nació así. Ella, junto a sus dos hermanas que no eran mortales, Esteno y Euríale.

Las gorgonas.

Como sabes, estoy mirando mucho esa parte de la mitología por mi nueva historia, donde la prota es descendiente de Medusa.

Al principio iba a coger una arpía. Como monstruo me parece más fuerte e incontrolable. Más violento, que era lo que buscaba para mi protagonista. Quería que fuera alguien a quien temer cuando le vieran su verdadero aspecto.

Pero luego pensé que Medusa tenía más glamour. Un no sé qué que qué se yo.

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Y alguien con un poder tan mortal como petrificar con la mirada… vamos, mola más que Cíclope o Pícara, ¿verdad?

¿He dicho que soy fan de Marvel?

Pues eso XD

Aún no he podido meterle mano al borrador, que ya está escrito y pidiendo revisión a gritos, pero lo estoy deseando. Estoy deseando trabajar en Astrid y crearle una personalidad que sea digna de ella.

O de lo que estoy esperando de ella.

Ya te contaré más prontito, espero. Primero, tengo que acabar de corregir el relato de mis lobitos y seguir estudiando, que ahora es lo único que puedo hacer.

Mientras…

¡Recuerda que aquí en el Blog y en Amazon están mis novelas! ¡Ven a por ellas!

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Siempre me he partido con esta escena XD