Podcast: Robert Johnson, los pactos y los sabuesos del infierno

Podcast: Mi aventura de escribir. Robert Johnson, pactos y sabuesos del infierno.

 

Mi fascinación por lo sobrenatural me llevó a descubrir la leyenda del cantante de blues maldito, Robert Johnson.

Robert apareció un día de la nada, tocando como si estuviera poseído, grabó 29 temas (algunos dos veces) y murió en extrañas circunstancias, añadiendo más chicha a su ya oscura leyenda.

Según cuenta su leyenda, Robert no era muy buen músico. Se defendía, pero ya. Por lo que decidió marcharse y nadie supo nada más de él hasta un año y medio después, que regresó tocando como los ángeles.

Sin embargo, no fue cosa de los ángeles, precisamente. Según la leyenda, Robert viajaría al sur y encontraría una manera de pactar con un demonio para conseguir el talento musical que deseaba.

Después de su vuelta, compuso y grabó varios temas musicales que quedaron para la historia, convirtiéndose en un referente para muchísimos músicos actuales, como Eric Clapton, Bob Dylan, Jimi Hendrix, Led Zeppelin, Queen y muchos más.

Johnson fue incluido en el Salón de la fama del Rock and Roll y ocupó el puesto 71 de la lista de los 100 guitarristas más grandes de todos los tiempos.

Pero lo importante y pintoresco de Johnson fue su corta carrera y su misteriosa muerte. Y su discografía. Cross Road Blues, Last Fair deal gone down, Preachin Blues (up jumped the devil), If I had possession over judgment day, Hell hound on my trail son algunas de las peculiares canciones del músico.

Muchas de ellas inspiradas en el tema sobrenatural, demonios y pactos con ellos. También hablaba de los hellhounds o sabuesos del infierno, los encargados de recoger las almas de quienes habían pactado con un demonio.

Murió a los 27 años. La falta de datos no deja claro cómo lo hizo. Unos dicen que envenenado, otros que de neumonía o sífilis o asesinado con un arma de fuego. Lo único seguro fue que murió en Mississippi en el año 38 y no hubo autopsia.

Según se cuenta, mientras agonizaba, deliraba sobre perros demoniacos que le perseguían para devorarle.

Una nueva referencia a los hellhounds.

Los pactos con demonios se debían hacer en un cruce de caminos. Preferiblemente en uno donde creciera milenrama y enterrar en su centro una caja con tierra de cementerio, un hueso de gato negro, una foto tuya y algunas hierbas especiales para la ocasión.

Una vez convocado el demonio había que ser muy preciso con lo que se iba a pedir, ya que estos tendían a retorcer las palabras para salir ganando. Así que si pedías pintar, debías asegurarte de pedir también fama y dinero en el lote o pintarías como Da Vinci y te morirías de hambre.

Y no creas que duraría para siempre, no. Los demonios quieren cobrar y rápido, así que te dan un límite de tiempo a cambio del trato. Tu alma por tu deseo y solo podía durar diez años. Una vez se acabará el tiempo, el demonio enviaría a sus sabuesos para cobrarse su deuda. Con intereses.

Y no, no hay manera de salirse de un trato así. Si de algo saben los demonios es de letra pequeña. Y de trampas.

Los hellhounds en si son unas criaturas fascinantes. Unos monstruos del tamaño de una vaca pequeña, con una boca llena de colmillos, ojos rojos a los que solo les interesa lo que ordene su amo. Unas criaturas horribles, brutales que despedazaran a su presa y se llevaran su alma agonizante al infierno.

Una de las cosas que más me gusta de Supernatural y que más gracia me hacían era su visión del infierno. A ver, seguía siendo el infierno, un lugar donde las almas iban a sufrir y poco más. Pero la visión de su organización y su jerarquía, en modo oficina era descacharrante. Las largas colas de penitentes que recordaban a las de las oficinas del paro, los contratos eternos llenos de letra pequeña, los demonios que sonaban a vendedores estafadores de coches, el rey del infierno que lo llevaba todo como si fuera un CEO de multinacional, quejándose de que el número de almas condenadas estaba bajando… Simplemente, maravilloso.

Claro que el cielo no se diferenciaba mucho.

Pero volviendo al otro tema… por eso me encanta sacar estas cosas en mis novelas.

¿Sabes que tenemos un demonio en Jack T.R.? ¿Y un hellhound en El juego de Schrödinger?

Pues si no lo sabías, ya estás tardando en leerlas y enterarte. Por cierto, que Jack T.R. ahora la tienes completamente gratis en Wattpad y en Me gusta escribir.

Crossroad’s deals: Pactos con el diablo.

Crossroad’s deals: Pactos con el diablo.

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Hace siglos te contaba sobre los hellhounds o sabuesos del Infierno y su relación con Robert Johnson, cantante de blues cuya leyenda urbana cuenta que hizo un pacto con el diablo para tocar tan bien.

Obviamente, eso está muy en duda pero fue ahí y con esa leyenda que los pactos con el diablo se convirtieron en parte de las leyendas urbanas.

Los pactos solían realizarse en un cruce de caminos. Era necesario que fuera en un cruce donde creciera milenrama y había que enterrar una caja con tierra de cementerio, un hueso de gato negro, una foto tuya y algunas hierbas especiales.

Eso solo para convocar al demonio. Una vez apareciera, tu debías pedirle lo que desearas. Pero había que ser muy específico. El demonio, como buen vendedor y estafador que es, siempre va a buscarte la pega y la trampa.

Si, por ejemplo, pides ser un gran pintor, acuérdate de pedir fama también o harás unos cuadros estupendos y no venderás un pimiento…

Y, recuerda también, que eso no es gratis. Todo tiene un precio y, en este caso, el precio será tu alma. Ese demonio te dará lo que quieras, pero por un tiempo limitado y a costa de tu alma inmortal.

No, no va a esperar que mueras de viejo. Te dará cinco o diez años y luego… luego mandará a sus sabuesos a cobrar lo que le debes.

Sinceramente, nunca entendí a los que piden dinero o fama o talento por solo un puñado de años. Si comprendo a los que piden algo como recuperar a un familiar o salvarlo de una enfermedad mortal o algo por el estilo, pero… ¿talento que solo te dure diez años y luego te maten terriblemente?

No creo que algo así valga tanto la pena. Pero supongo que será cuestión de prioridades.

¿Y tú que piensas? ¿Venderías tu alma por hacer algo espectacular y la fama?

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¡No te los pierdas!

 

Hellhounds, Robert Johnson y El juego de Schrödinger

Los que habéis leído mis novelas sabéis que me va mucho el tema sobrenatural.

Demonios, fantasmas, brujos, vampiros…

Y los que habéis leído la última, El juego de Schrödinger, sabéis también que saque un bicho nuevo y que a mí me fascina.

Los sabuesos del Infierno o hellhounds.

Bichos interesantes estos. Los encargados de llevar al Infierno las almas de quienes las habían vendido previamente a un demonio.

La primera vez que oí hablar de ellos fue de pasada en un documental sobre Robert Johnson. Según su leyenda se dice que vendió su alma al diablo para poder tocar buen blues.

Una leyenda urbana bastante antigua imaginada por aquellos que le envidiaban, supongo. La cuestión es que Robert tocaba maravillosamente (según Eric Clapton era el mejor de todos los tiempos) y murió muy joven y envenenado, delirando sobre perros que venían a buscarle. Muchas de las canciones que compuso estaban relacionadas con el demonio y sus sabuesos.

Crossroad blues habla sobre el cruce de caminos donde se cree que hizo el pacto.

La segunda vez que oí sobre los sabuesos y Robert fue en la serie Sobrenatural, donde hablaron sobre la leyenda del músico y su pacto y “enseñaban” a los perros. Lo pongo entre comillas porque no se ven, obviamente. Según su mitología (la que crearon y modificaron para la serie y sus fines) los perros serian invisibles salvo para los condenados.

Yo decidí modificar también la mitología del sabueso infernal a mi antojo para El juego de Schrödinger. En Sobrenatural eran animales del tamaño de un mastín, sin pelo y una gran cabeza. Pero simplemente animales que obedecían solo a su demonio asignado.

En mi historia pueden pasar de simples “perros” a tener forma humana, o casi humana. Algo a medio camino entre monstruo canino que anda erguido en sus pies y está cubierto de pelo. Su cerebro seria  simple, más básico. Están hechos para perseguir y matar a su presa. Lo único que les interesa es la sangre y las ordenes de su amo. Y en su forma animal son mucho más grandes que un mastín. Más del tamaño de una vaca, con la boca plagada de colmillos y con pelo… De la otra manera no me parecía que dieran mucho susto.

Fueron la leyenda de Robert Johnson y Sobrenatural los que me hicieron buscarle un hueco a estos bichos para colarlos en mis novelas (saldrán más, eso sin duda. ¡Son muy prácticos!).

¿Qué a que viene todo esto?

A que quería contaros como una cosa que oyes o ves te puede dar una idea que luego sea parte de algo más grande, como una historia.

Y a que debéis ver Sobrenatural (VO mejor), escuchar Crossroad blues (si Robert os resulta raro, escuchad la versión de Eric Clapton, que se oye mejor) y que debéis leer mis novelas.

Esas siguen en mi página de Amazon a vuestra disposición.