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¿Cuál es el más difícil?: Personaje normal o fantasía, ¿cuál es más complicado?

¿Personaje normal y real?

¿Personaje de fantasía que resulte realista?

¿Cuál resulta más difícil de escribir?

¿Ambos?

Supongo que la respuesta fácil sería ambos, ya que crear un personaje realista y que sea creíble no es nada sencillo. Da igual si es alguien normal y corriente o un dragón parlante.

Aunque creerte un dragón parlante también tiene tarea…

Como debate tendría para un rato divertido, ¿verdad?

En mi limitada experiencia diré que crear cualquier personaje tiene un montón de trabajo. Ya comenté que tengo un par de amigas que, cuando se ponían a esa nada fácil tarea, acababan sabiendo del personaje hasta su grupo sanguíneo.

Yo ni me sé el mío.

Pero me gusta darles un pasado, un presente y un futuro para poder saber cómo van a reaccionar en las situaciones en que les meta en mis historias.

Para eso hago fichas, escribo relatos cortos, les creo familias y amigos y anécdotas. A veces me gusta compartir esos relatos para que, quienes lean mis libros, comprendan mejor a mis personajes.

Leyendo la novela puedes ver que Charles (de Jack T.R.) tiene serios problemas con su herencia y no la lleva nada bien. Para él no es un don, es una maldición. En un relato que le escribí, contaba que ese don le había causado muchos problemas a la hora de relacionarse con la gente. No podía tener intimidad con nadie a causa de los sueños. Y cuando encontró a alguien que alejaba las visiones, acabó dejándola porque se sentía culpable.

Eso convierte a mi Charles en un buen tío. Con inseguridades, que quiere ser normal pero no se lo permite porque su conciencia no le dejaría vivir. Alguien que ha crecido siendo especial pero, luego, se resiste a creer que lo sobrenatural exista.

Tengo que confesar que Charles siempre ha sido mi personaje favorito. Por eso repite XD

Al final, no se trata de que el personaje que escribas sea normal o de fantasía. No va a ser más fácil uno que otro.

Lo importante y difícil es encajarlos en una historia y que sus reacciones sean creíbles para quien lo lee.

Que mi Charles seria policía pero seguía llegando a la escena del crimen sin desayunar para no vomitar si era muy desagradable. Y que, si veía a un fantasma, perdía los nervios.

Como cualquiera. XD

¿Tú qué opinas?

PD. Dejo aquí el link de una experta en fantasía, como Ana Gonzalez Duque: Qué personajes convierten a nuestra novela de fantasía en un éxito de ventas.  

PD2. Si tenéis ganas de leer gratis, estoy subiendo mis relatos y más a Sttorybox. Si… he vuelto XD

PD3. ¡Es mi cuarto aniversario en el blog! 🎉

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El diario de Charles. Capítulo 14

Y último por ahora. Seguramente lo continuaré en otra parte o puede que no… ¿quien sabe?


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El diario de Charles 

Charles despertó dolorido.

Se asustó bastante cuando, al intentar moverse, no pudo. Tardó un minuto en descubrir por qué.

Su brazo derecho estaba vendado, desde el hombro a la mano. El izquierdo tenía escayolada la muñeca. Notaba más vendas en su cuerpo. Pecho, piernas… pero no más escayolas, por suerte.

Se sentía como si le hubiera pasado por encima un camión.

¿Qué había ocurrido?

  •  ¿Señor Page?

  •  ¿Uh? – Charles observó a la enfermera que acababa de entrar llamándole por uno de sus alias. Vale… era obvio que estaba en un hospital… pero… ¿Cómo había llegado ahí?

  •  ¿Cómo se encuentra, señor Page?

  •  Dolorido. – la chica rió. Era una mujer joven, no más de treinta, con el cabello oscuro recogido en una pequeña coleta y ojos cálidos.

  •  Lógico. Con esa cantidad de heridas lo raro sería que no le doliera. ¿Puede decirme que ocurrió?

El ex policía intentó recordad. No iba a contar la verdad pero tampoco era que lo recordara muy claramente.

Había salido a escondidas de la fábrica, dispuesto a largarse de ahí y dejar La Orden de una vez por todas. Ya tenía toda la información que podía conseguir a salvo bien lejos de ahí. Solo debía irse sin que le descubrieran.

Simple… no lo fue tanto.

No sabía que había hecho mal para llamar la atención o si ya sospechaban de antes pero cuando iba a abandonar el lugar, Rhodes le interceptó y le hizo acompañar al extraño muchacho que venía con él.

En teoría solo tenían que entregar un paquete en la ciudad.

Colby, que así se llamaba el muchacho, esperó a estar en las afueras para atacar. Como había imaginado Charles, el chico tenía algo raro. Animal.

Su fuerza era sobrehumana. Sus dientes y garras, también.

Era un lobo.

El descubrimiento le dejó totalmente descolocado. ¿Por qué un lobo trabajaría con La Orden, los mismos que se dedicaban a eliminarles? ¿Y por que La Orden usaba a una de esas criaturas, que tanto decían detestar, para sus fines?

Claro que en ese momento no tuvo mucho tiempo para pensar en todo eso. Era más importante salvar su vida. Luchó con uñas y dientes pero no fue suficiente.

  •  Tuve un accidente… – la enfermera le arqueó una ceja. – Digamos que me tropecé repetidamente con los puños de alguien.
  •  Se tropezó… – repitió la mujer, aguantando la risa. – Espero que se le ocurra algo mejor para contar a la policía.

  •  ¿Es necesario?

  •  Me temo que sí. No hay heridas de arma blanca ni de fuego, pero semejante paliza llama la atención. Si denuncia o no, ya es decisión suya. Ahora voy a llamar a su médico para que le revise y le explique qué es lo que tiene.

Charles vio a la enfermera dirigirse hacia la puerta.

  •  ¡Oiga! – la llamó. – ¿Cómo llegué aquí? – la mujer le miró confundida.
  •  ¿No lo recuerda? Su amigo le trajo.

  •  Mi amigo…

  •  Un chico alto, con el pelo negro largo y barba. Parecía magullado también pero no quiso quedarse a que le miráramos.

Eso si era una sorpresa. El lobo lo había traído al hospital.

¿Por qué?

Lo tuvo a su merced y le perdonó la vida cuando era obvio que le habían ordenado matarle.

Y entonces el final de la pelea regresó a su memoria. Como, después de darle la paliza de su vida, lo cargó sobre su hombro y le llevó hasta ahí.

También recordó al chico inclinarse sobre él y susurrarle algo al oído.

“Demolition Bay. Alaska. Encuentra a mis hermanos.”

Charles se acomodó en la cama mientras su médico entraba sonriendo y empezaba a enumerarle un sinfín de heridas y demás. Pero no le estaba escuchando.

Estaba planeando como iba a salir de ahí sin que le vieran y cuanto tardaría en poder volar a Canadá.

Tenía una nueva misión.


 

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El diario de Charles. Capítulo 13.

¡Vamos a por otro mini capítulo del relato!

¡Esto se pone interesante!


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El diario de Charles Capítulo 13

Le habían descubierto.

Estaba seguro de ello.

Lamentablemente, dudaba de que estuviera siendo paranoico.

Hacía días que le mandaban a hacer las tareas más absurdas, manteniéndole durante largos periodos de tiempo lejos de su habitación.

Estaba seguro de que usaban ese tiempo para registrarle a fondo pero no iban a encontrar nada. No era estúpido e iban a lamentar subestimarle de esa manera.

Pero en ese momento le preocupaba más el averiguar cómo salir de ahí sin que acabaran con él.

Había usado sabiamente el tiempo en sacar y poner a salvo una gran cantidad de información. Estaba toda bien oculta en varias taquillas y apartados de correos de una decena de ciudades diferentes. Aprovechó las misiones para conseguirlo.

La información se encontraba a salvo.

Él, no tanto.

  •  ¡Ey, Andrews!

Charles se volvió, preocupado al reconocer la voz. Era Rhodes acompañado por otro hombre, mucho más joven. No lo reconoció del centro. Seguramente era algún novato o alguien enviado para llevar algún recado.

  •  ¿Si?

  •  Necesito que me hagas un favor. – Oh… eso no sonaba bien. – Quisiera que acompañaras al joven Colby a la ciudad. Es la primera vez que viene y tiene que entregar un paquete a un aliado. Es algo muy importante y delicado. No quisiera que se perdiera…

El ex policía observó al chico detenidamente. No aparentaba más de veinticinco, con el cabello castaño largo hasta los hombros, los ojos marrones y barba oscura. Era casi tan alto como él, pero más delgado y de musculatura muy marcada. Estaba muy en forma.

Su físico y su expresión, prácticamente vacía, no le decían mucho. Sin embargo si notaba un aire animal y peligroso en él. Era demasiado silencioso, sus andares eran demasiado suaves y agiles.

Había algo no humano en ese muchacho.

Era obvio que se trataba de una trampa. Había llegado el momento de librarse de él. Pero no contaban con un pequeño detalle.

No pensaba ponérselo fácil.

  •  Por supuesto. Lo acompañare encantado.

¡Feliz San Valentín!

¡Hasta la semana que viene!

 

 

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El diario de Charles. Capítulo 12.

¡Vamos a por otro capítulo de El diario de Charles!

¡Espero que os guste!


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El diario de Charles

Las Reliquias…

Nunca antes de ese día había oído sobre ellas pero pasaba las horas buscando todo lo que pudiera encontrar sobre ellas.

En los últimos días había aprendido mucho sobre el tema.

Las reliquias estaban formadas por tres objetos sagrados de la religión cristiana.

La Lanza del destino, esa que los romanos usaron para matar a Jesús en la cruz y que acabó bañada con su sangre.

El cáliz usado en la última cena y que Jesús compartió con sus discípulos.

Y las 30 monedas de plata que Judas recibió por vender a Jesús.

A cada objeto se le otorgaba unos poderes mágicos especiales.

De la Lanza se creía que daba la victoria a quien la llevara en una batalla. Se decía que Hitler la robó de un museo en Austria, pero que después fue robada de nuevo por no se sabía quién.

Del cáliz, que otorgaba la vida eterna a quien bebía de él.

Y las monedas protegían de todo mal a su poseedor.

Pero como todo objeto mágico, tenían trampa. Ninguna de ellas dura para siempre en poder de nadie. Siempre acababan “perdiéndose” misteriosamente, atrayendo solo desgracia y mala suerte a sus antiguos dueños.

Sus investigaciones le habían llevado también a descubrir que la Lanza ya no se encontraba completa.

Alguien o algo la había dividido y una mitad se acabó usando para crear Excalibur (si tenía en cuenta su sueño, podía averiguar dónde estaba) y la otra fue entregada a un berserker y desapareció del mapa por siglos.

Charles ni siquiera sabía qué demonios era un berserker. Tenía que ponerse a investigar sobre eso también más tarde.

Otra cosa más, que parecía haber pasado desapercibida por todos era esa pequeña facción que operaba a escondidas de todos y para su propio beneficio.

Y esto resultó ser el descubrimiento más preocupante. Ese pequeño grupo se extendía como una enfermedad silenciosa entre los miembros y había llegado a un punto en que no estaba seguro de quien era o no parte de ellos.

Ese grupo era aun más peligroso que la misma Orden. No solo querían acabar con todo lo sobrenatural y mágico de la Tierra.

Querían conquistarla.

Casi creyó que era un chiste… sonaba demasiado a malo de película antigua. Pero resultó ser terriblemente real.

Ya tenían gente en según qué posiciones de poder… esperando…

Se dio cuenta, mientras escondía toda la información que llevaba semanas robando, que ya no se trataba de mantener solo a sus seres queridos a salvo.

Ya se trataba de mantener a salvo al mundo entero.

Necesitaba ayuda.


¡Recuerda que ya viene San Valentín!

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¡Ya estás tardando!

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El diario de Charles. Capítulo 11.

¡Y vamos a por otro capítulo!


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El diario de Charles

Charles llegó por los pelos al baño de su habitación.

Dos minutos más y hubiera vomitado en los pies de Jason.

Si había tenido dudas alguna vez en esos meses sobre si debía o no estar ahí, ya estaban despejadas.

Ese día fue una pesadilla de principio a fin.

Jason le pidió esa mañana que lo acompañara a una cacería. Una cosita simple, le dijo. Solo un cambia formas que había atacado a unos humanos mientras estaba en su forma animal.

Una cosita simple…

El cambia formas resultó ser un chiquillo de dieciséis años. Cuando se enfadaba o se ponía nervioso se convertía sin querer en una copia del perro de su vecino, un pastor alemán enorme que tenia atemorizado a medio barrio.

Solo un crio que no sabía que ocurría con él y con su cuerpo.

Y Jason le pegó un tiro con balas de plata. Un tiro directo a su cabeza y el chiquillo cayó al suelo sin vida.

Luego, como si no hubiera quitado la vida a un niño, Jason cogió el cuerpo, lo metió en una fosa, le roció gasolina y le prendió fuego.

Charles prácticamente se arrancó la ropa y entró en la ducha. Olía a humo y carne quemada.

Iba a vomitar de nuevo.

El veterano fue recibido en la fábrica como un héroe, con palmaditas en la espalda y una cerveza fría.

Había matado a un niño.

Se frotó el cuerpo con fuerza, intentando borrar de su piel el olor y la memoria. No podía dejar de ver los ojos muertos del niño.

Ese niño que solo necesitaba quien le echara una mano con sus poderes y no un tiro en la cabeza.

Hasta ese momento no se le había ocurrido pensar en que pasaba con aquellos que nacían sin saber que eran, aquellos que estaban solos y asustados, ignorantes de que les hacia diferentes y como vivir con ello.

Ahora sabía que algunos acababan como aquel chico. Muertos solo por ser distinto.

¿Cómo podía seguir pensando en ser parte de una organización que mataba por ese motivo sin distinguir bien de mal?

Cuando salió de la ducha, una idea iba formándose en su cabeza. Aun necesitaba saber más. Necesitaba más información, más datos.

Pero una cosa era segura.

Él ya no trabajaba para La Orden.

Ahora lo hacía para él mismo.

 

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El diario de Charles. Capítulo 9

¡Nuevo capítulo del relato!

A ver que le ocurre esta vez a Charles…


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  •  ¿Quién eres?

Charles sabía que estaba soñando. Lo sabía porque recordaba perfectamente haber ido a dormir a su pequeña habitación en el complejo de La Orden donde vivía en esos días.

Pero, en ese momento, se encontraba en un terreno baldío, solo tierra oscura y piedras. Un lugar con el cielo cubierto de nubes grises de tormenta donde no había nada a la vista.

Salvo un chico.

Un muchacho con cabello oscuro y ojos celestes que le observaba con inquietante calma mientras sujetaba una enorme espada en sus manos.

Parecía tan fuera de lugar, con su traje azul oscuro y sus zapatos brillantes en ese sitio tan polvoriento y sucio.

  •  ¿Que hago aquí? – volvió a preguntar.

El chico siguió sin contestar. Alzo la espada al cielo y un relámpago rompió el cielo.

El rubí de la empuñadura brilló con la luz del relámpago y los ojos del chico se volvieron negros.

No negros enteros, como los de un demonio. Simplemente pasaron de celestes a negros.

Su traje se transformó en una armadura, abollada y usada, su abrigo mutó a una capa azul y en su cabeza apareció una corona.

  •  Charles… necesitamos tu ayuda… – llamó con voz profunda.

Charles despertó bruscamente, jadeando y sudando frío.

Conocía esa sensación.

Demasiado.

No había tenido sueños premonitorios desde los asesinatos de Jack.

Este fue distinto, ya que no hubo muertes y no lo vio todo desde los ojos de otra persona.

Pero la sensación era la misma.

El chico le había atraído al sueño solo para hablarle.

¿Quién era? ¿Que quería?

Decía que necesitaba su ayuda… ¿para que?

¿Y como iba a averiguarlo?

Cansado y con dolor de cabeza por todas esas preguntas sin respuesta decidió bajar a desayunar.

En un par de horas debía entrar a su turno así que tenía tiempo de sobra para ducharse y tomar un par de cafés.

Bajo al comedor y se sentó junto a un par de compañeros que comentaban las noticias del periódico.

  •  ¡Vaya! Parece que el principito mimado de Nueva York ha vuelto. – exclamó uno con tono molesto.

Charles alzó la mirada y casi se atragantó con su café al ver la foto que señalaba el otro hombre.

¡Era el chico de su sueño!

Le arrebató el periódico ganándose unos cuantos insultos.

Pero no los escuchó. Lo único que podía era mirar la foto y leer el titular de la noticia.

“El heredero de empresas Kamelot, Arthur P. Drake, regresa a casa.”

  •  Kamelot…

 

 

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El diario de Charles. Capítulo 8.

El diario de Charles

¡El primer capítulo del año!

¡Vamos allá!


El diario de Charles
El diario de Charles
  •  ¿De dónde sacaste el exorcismo?

Charles rodó los ojos, hastiado. Esa era la cuarta vez esa semana que alguien le preguntaba “casualmente” sobre el exorcismo que usó contra Jack.

No tenía idea porque era tan especial pero no iba a decirles de donde había salido.

  •  Me lo dio un párroco. – contestó.

Como las otras tres veces consiguió el mismo gesto de incredulidad y fastidio por parte del otro.

Desde su entrevista con Rhodes no paraban de intentar sacarle detalles sobre Jack y todo lo ocurrido. No había mucho que ocultar pero tanta insistencia resultaba molesta y sospechosa.

Estaba más y más decidido a no revelar la verdad.

Y más decidido a averiguar que querían de Aidan.

En las últimas semanas, Charles había centrado sus esfuerzos en acumular informes y fichas antiguas y modernas sobre todo lo referente al chico, su familia y Jack.

Sabía que lo tenían fuertemente vigilado. Existían notas con sus horarios, rutinas y costumbres. Sus aliados, visitas, clientes…

Hasta sabían en que centro estaba ingresado su abuelo.

Resultaba aterrador.

Le debía la vida al muchacho y, cada día, lamentaba más no haberle escuchado cuando le pidió que se pensara buscar La Orden.

Pero quería venganza… aun la deseaba.

Igual que ansiaba ser capaz de proteger a sus seres queridos. Por Patrice… por Lauren…

Tenía que protegerlas. A cualquier precio.

Aunque para ello tuviera que trabajar con una gente que no le daba ninguna confianza. Incluso si no estaba seguro de que pudiera trabajar con ellos.

A veces sentía que La Orden eran los verdaderos demonios y no Jack.

 

 

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El diario de Charles. Capítulo 7.

¡Nuevo capítulo!

Vamos a ver que más averigua Charles en sus primeros días en La Orden…


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El diario de Charles

Charles cerró molesto y frustrado la última carpeta, dejándola caer en el suelo junto con otras, formando un pequeño montón.

Eran informes sobre viejos casos de La Orden, todos situados a finales del siglo XIX y en Inglaterra. Más o menos por la misma década en que Jack empezó a asesinar.

Pero ninguno decía lo que le interesaba.

¿Qué relación tenia Campbless con él?

Registrando las dos bibliotecas y colándose en un par de despachos en los que no debería ni asomarse había encontrado cinco informes sobre casos similares al de Jack.

Pero solo eso. Similares.

El verdadero informe sobre Jack no estaba a mano de cualquiera. Le habían dicho, y bien claro, que no tenía ni autoridad ni rango para acceder a esa clase de archivos.

Eran clasificados y solo disponibles a altos mandos.

¡Él había luchado con ese maldito demonio! ¡Lo envió de vuelta al Infierno!

¡Tenía derecho a leer ese informe!

Gruñendo, recogió las carpetas y se dirigió hacia la biblioteca para devolverlas. No quería que le hicieran preguntas molestas antes de poder encontrar lo que quería.

  •  ¡Eh, novato!

Charles se giró y vio a Jim acercarse a paso ligero hacia él.

Jim le había pillado varias veces leyendo cosas que no debería, pero jamás le decía nada ni le acusaba. Parecía entender su necesidad de saber y a él le caía bien. Era un tipo normal, dentro de lo que se podía considerar normal en ese lugar.

  •  ¡Te estaba buscando! – el ex policía arqueó una ceja, extrañado.

  •  ¿A mí?

  •  Eres de Chicago, ¿verdad?

  •  Si… – respondió con cautela.

  •  ¿Conoces una librería llamada El pergamino? – ¿eso era una pregunta con trampa? Estaba seguro de que todos habrían leído sus informes policiales y como mencionaba la librería y el interrogatorio. Pero la mirada de Jim no le daba opción a no responder.

  •  La conozco.

  •  Entonces esto te interesa.

El cazador le entregó una carpeta, bastante usada y estropeada, quitándole las otras que traía, las cuales metió en un bolsillo interior de su chaqueta.

Charles la abrió y se quedó helado al ver lo que contenía.

Todo un informe completo con nombres, familia, direcciones, teléfonos… todo lo imaginable sobre Aidan y su librería.

Incluyendo su verdadero origen.

Después de enterarse de que Rolf era un vampiro, sospechaba que Aidan también pertenecía a la comunidad mágica. Ese informe lo confirmaba.

  •  Descendientes de las hadas… ¡quien me lo iba a decir! – murmuró revisando el informe mientras entraba en su habitación. – Ahora entiendo porque estaba siempre a la defensiva…

La Orden llevaba años siguiéndole la pista a la familia del chico, leyó sentándose en una silla. Generaciones completas desde que se mudaran de Gran Bretaña a Estados Unidos, siglos antes.

Una nota en un lateral de una de las hojas más antiguas del montón llamó su atención. Era una anotación apresurada escrita con tinta. Algo que el autor parecía pensar que debía recordar después.

  •  “Todas las personas con poderes de cualquier clase (visiones, premoniciones, telequinesia, etc.…) son descendientes de alguna criatura de la comunidad mágica.” – leyó. – ¿Qué demonios? ¿Todo el que tenga poderes?

Se levantó de la silla donde se había sentado solo para dejarse caer en su cama.

¿Qué quería decir eso? ¿Todo el que tenía poderes? ¿Eso incluía sus sueños? ¿Era él un descendiente de una criatura mágica? ¿Fue por eso por lo que no podía encontrar nada de Campbless?

  •  Necesito respuestas…

 

¿Te va gustando?

¡Espero que sí!

¡Recuerda que Charles pertenece a la novela Jack T.R. (y sigue saliendo en las demás… se ha colado…) que está a la venta en Amazon!

 

 

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El diario de Charles. Capítulo 6.

¡Último capítulo del año, que no de la historia!

¡A disfrutarlo!


–  ¿Para qué quieres esta ficha? Es del siglo pasado… literalmente.

Charles sonrió, cogiendo la fina carpeta y guardándola en el interior de su chaqueta. Le había costado un par de favores pero ya tenía lo que quería.

La ficha de aquel que Jack dijo que era su antepasado, Zacharias Campbless.

–  En realidad, dos siglos. Es solo investigación. – el otro le miró, arqueando una ceja, incrédulo.

–  ¿Investigación? Este tipo hizo bien poco aquí, por lo que he podido ver. Estuvo poco tiempo también.

–  Es algo personal. Te lo devolveré mañana.

–  Más te vale. Si notan que falta algo, me caerá una buena. Así que no tardes.

–  Sin problemas.

¿Poco tiempo en la organización? Estaba realmente curioso por saber que tenían del tipo. Ciertamente no parecía demasiado, ya que la carpeta era fina.

Aguantó la curiosidad hasta llegar a su habitación. Cerró con llave la puerta y se sentó en su cama a revisar los papeles.

Zacharias Campbless, nacido el siete de febrero de mil ochocientos cincuenta y ocho. Muerto el catorce de octubre de mil ochocientos noventa y uno.

Su última misión fue en Nevada. Un perro negro que resultó ser algo más. Lo que fuera acabó con Zacharias.

No había datos personales. Nada que indicara si tenía o no familia.

Charles gruñó, frustrado. Era demasiado esperar que no hubiera mentido u omitido sus datos personales al entrar en la organización.

Como hacían casi todos.

Tenía que encontrar alguna manera de averiguar si era o no antepasado suyo.

Miró más a fondo la ficha. Encontró una vieja foto del hombre, que se guardó.

Tampoco encontró nada que hablara de Jack. Si mencionaba un trabajo en Londres en el mismo año en el que el asesino estuvo matando pero nada más.

Eso le extrañó bastante. Algo tan sonado como un demonio debería tener más registros. ¿Dónde estaba la ficha de ese caso?

–  Definitivamente tengo que colarme en los archivos…

 

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El diario de Charles. Capítulo 5.

¡Y otro capítulo más!

El penúltimo antes de que se acabe el año.

¡Vamos a por él!


 

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Charles miró preocupado la puerta antes de dar un par de golpes suaves en la vieja superficie de madera.

Había sido convocado por el jefe del centro. Su supervisor le sacó en mitad de su turno en la fábrica para comunicarle que debía ir a la segunda planta.

Normalmente, los novatos no solían pisar la segunda planta. Ese era lugar reservado para los veteranos.

– ¡Adelante! – Charles abrió la puerta y se encontró con un hombre de unos cuarenta sentado tras un escritorio.

La habitación era más amplia de lo que imaginaba que sería. Casi tanto como las salas donde se reunían los veteranos a discutir sus “cazas”. El hombre le sonrió, indicándole con un gesto que se acercara y se sentara en la única silla que había.

No lo conocía personalmente pero había oído hablar de él. Era Alfred Rhodes, el miembro de La Orden que más experiencia tenía en demonios. O eso contaban los demás. Siempre hablaban sobre él como si fuera una leyenda.

–  Te estarás preguntando para que te he hecho venir. – Charles asintió, dejando al otro que hablara. La verdad es que tenía curiosidad. – Estamos muy impresionados contigo, Charles. Tu carta de presentación fue muy espectacular.

– ¿Carta de presentación?

–  Enviaste de vuelta al Infierno sin ayuda a uno de los demonios más poderosos que existen.

¿Sin ayuda? Eso no era exacto. Tuvo mucha ayuda. La de Aidan, la de Julian, la de Rolf… pero o no  lo sabían o no estaban seguros. Charles no pensaba sacarles de ese error

–  Fue pura suerte. No tenía ni idea de lo que estaba haciendo, la verdad. Pensaba que mi amigo se había vuelto loco. – mintió.

Pudo ver como el otro torcía el gesto, como decepcionado. Charles le debía mucho a Aidan y no se fiaba de estos hombres. No pensaba decirles nada sobre el chico.

–  ¿De dónde sacaste el exorcismo?

–  Cuando me convencí de que era realmente un demonio, pedí ayuda a un viejo párroco y él me escribió un exorcismo que pertenece a los usados por el Vaticano.

–  Un viejo párroco… – repitió Rhodes, obviamente no creyéndose su historia.

–  ¿Dónde más podría encontrar ayuda para luchar contra un demonio?

Rhodes se echó atrás en su silla, escrutándole con la mirada. No estaba tragándose sus mentiras. Pero tampoco podía decirle nada sin reconocer que sabía la verdad. Y, por alguna razón, no querían que supiera que le habían estado vigilando.

Eso era algo que Charles llevaba intuyendo desde hacia unas semanas. Tanto su supervisor como otros veteranos sabían demasiado del tema de Jack.

Demasiado.

No había manera de que supieran tanto si no hubieran estado vigilando todo desde el principio. Pero… ¿Por qué no intervinieron ellos? ¿Por qué dejarles hacer el trabajo sucio?

Eso era algo que le molestaba y mucho.

–  Tuviste mucha suerte. Y dime… ¿Cómo supiste de nosotros? Nos estabas buscando.

–  Jack os mencionó. Dijo que fue uno de vosotros el que le envió la primera vez al Infierno y que quería vengarse de La Orden cuando acabara en Chicago. – La sonrisa de Rhodes pareció congelarse durante un segundo. Charles se tensó. – Lo dicho, solo tuve mucha suerte.

–  Sin duda… mucha suerte.

Cuando, cinco minutos después, Charles caminaba de regreso a la fabrica iba casi temblando. Una sospecha horrible empezaba a tomar forma en su cabeza.

La Orden no solo sabía que Jack había escapado y no intervino. Charles empezaba a pensar que incluso lo habían ayudado a salir del Infierno y lo enviaron a Chicago.

Pero… ¿Con qué motivo?


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El diario de Charles. Capítulo 2

¡Segundo capi! Súper corto, para que no se pierdan las buenas costumbres XD


 

Capítulo 2.

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Charles pasó los dos primeros días en la organización conociendo y aprendiendo como moverse por el lugar.

El sitio donde le llevaron, tras investigarle y entrevistarle a fondo, era una enorme fábrica de muebles. Cara al público, era simplemente una nave industrial donde los trabajadores cortaban y montaban muebles baratos para una firma internacional.

Sin embargo, tras eso se escondía lo que debía ser una de las bases de la organización. Y no la más grande. Según supo más tarde, solo era una de las zonas de entrenamiento.

Debían llevar años usando ese lugar y esa tapadera y nunca habían sido descubiertos. Era impresionante.

Los novatos como él llegaban ahí a pasar el último filtro, a aprender qué y cómo debían eliminar para proteger al resto y  a demostrar si valían para ese trabajo.

Después de lo de Jack, Charles pensaba que nada podía sorprenderle, que ya lo sabía todo. Y acababa de descubrir que había mil criaturas diferentes por todo el mundo, mezcladas con los humanos y de las que se desconocía su existencia.

–  La organización te proporcionara un lugar donde dormir y comer. Todos trabajamos en la fábrica y cobramos un salario, así mantenemos parte de la organización y a los integrantes.

–  Está todo muy… organizado. – murmuró Charles, por decir algo. Mentalmente, hacia cálculos sobre como de grande era La Orden.

La firma para la que esa fábrica montaba los muebles distribuía a nivel mundial y tenia tiendas en todas partes.

En todo el mundo.

–  Esa es la idea. – rió el otro. – Se que te han avisado ya de todo pero me gusta recordar esto a todos los novatos cuando entran. Una indiscreción, algo que ponga a la organización y a nosotros en peligro de ser descubiertos y serás eliminado.

–  ¿Alguien se creería algo si lo dijera?

–  Probablemente, no. Pero igualmente acabarías desapareciendo del mapa. Y créeme, saben cómo hacer desaparecer a alguien. Para siempre.


 

 

 

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El diario de Charles. Capítulo 1

Como dije ayer, hoy comenzamos con esta historieta con la que contare qué pasó con Charles después de la novela Jack T.R. y antes y durante Kamelot 2.0.

¡Disfrutadlo!


 

Capítulo 1.

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Charles suspiró mientras daba un sorbo a su café sin dejar de hojear el libro sobre demonología que le había regalado Aidan antes de marcharse.

Era más complicado de entender de lo que pensó en un principio pero estaba aprendiendo bastante. Ya tenía dos o tres exorcismos apuntados en su libreta.

Eso era otro regalo de Aidan. Una pequeña libreta azul. La cubierta era de un material flexible e impermeable. Perfecta para él.

El chico pensó que le resultaría útil para no perderse en las ansias de venganza que le comían por dentro. Charles no la había usado hasta ahora, en realidad.

Ese mismo día había empezado a escribir la primera página, contando que iba a reunirse con alguien que le contactaría con La Orden.

Con la ayuda de Rolf pudo salir de la ciudad y Aidan llamó a ese tipo por él, para que se reunieran ahí, en ese café perdido de la mano de Dios a mitad de camino hacia ninguna parte.

Ahora estaba ahí, esperando y considerando, no por primera vez, si era buena idea.

Cierto que había tomado la decisión en caliente, con la muerte de sus amigos demasiado reciente. Pero no podía dejar de ver, cada vez que cerraba los ojos, la expresión de absoluto terror de Angela o a Gordon apuñalándose a sí mismo por culpa de aquel demonio.

Ese monstruo había dejado a una pequeña sin padres. Y había más como él por ahí.

Si esa organización podía enseñarle a combatirlos eficazmente, pues se uniría a ellos.

Había, sin embargo, algo que le molestaba. A pesar de que no lo dijo a viva voz, Aidan parecía decepcionado y triste por su decisión.

Charles no lo comprendía.

¿Por qué le importaba tanto?

Sabía que no tenia buena relación con La Orden pero…

Julian tampoco se mostró muy entusiasmado, mirando de reojo al librero todo el rato.

Fue bastante extraño.

Su móvil vibró, sobre la mesa y Charles sonrió al ver un mensaje de su hermana. Ella era la única persona fuera de todo ese lío que sabía que era inocente.

A pesar del peligro que corría, se permitió una visita relámpago. Tenía algo que encargarle antes de desaparecer.

Patrice le había enviado una foto. Charles no pudo evitar sentir un agudo dolor en su pecho al ver a su hermana y a la pequeña Lauren.

Fue su culpa que esa pequeña ya no tuviera familia. Al menos, pensó, pudo darle un buen sustituto.

–  ¿Andrews?

Charles cerró rápidamente su teléfono y alzó la mirada encontrándose con un hombre vestido con camisa de cuadros de franela, pantalones vaqueros muy gastados y una gorra vieja con el logo de un taller mecánico.

El tipo aparentaba tener más de cincuenta, con arrugas marcadas en sus ojos y barba cana.

–  Depende. – contestó con cautela. Debió ser la respuesta correcta, ya que el hombre sonrió.

–  Soy Ted. Creo que quería pedirme algo.

El ex policía guardó su móvil en el bolsillo de su chaqueta y tendió la mano al recién llegado. Todas sus dudas sobre si estaba haciendo o no lo correcto se esfumaron cuando recibió el mensaje con la foto.