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Resumen semanal: del 12 al 16 de noviembre. : Resumen semanal: tercera semana de noviembre.

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Resumen semanal: del 12 al 16 de noviembre.

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Lunes.

Empezamos la semana con un post sobre tres de los personajes de mi novela Kamelot 2.0 y su relación entre ellos.

Arthur, Merlin y Uther.

Su relación es muy importante ya que es lo que provoca la novela y la leyenda artúrica.

¡No te lo pierdas!

 

Martes.

Sigo buscando…

 

Miércoles.

¡Último capítulo del relato Dioses y demonios!

Acabamos la historia o, más bien, le ponemos un punto y seguido, ya que sus personajes regresarán en un futuro no muy lejano.

¡Espero que te haya gustado este relato!

 

Jueves.

¡La fecha se va acercando!

Ya queda poco más de un mes para que Dagas de venganza esté aquí. Y para celebrar que ya falta poquísimo te regalo el primer capítulo.

¡Enterito para disfrutarlo!

Por cierto, ya tengo mi portada. ¡Hecha por David Orell y es preciosa! ¡Estoy deseando enseñártela y me va a costar la vida no hacerlo antes de tiempo!

Pero hay que esperar un poco aún. La próxima semana te la enseñaré.

 

Viernes.

¡Por fin se acabó la semana! Este finde lo tengo completito y espero que me quede tiempo para descansar algo.

¡Disfruta tu viernes y tu finde!

 

 

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¡Último capítulo!: Relato: Dioses y demonios. Capítulo final.

dioses demonios

Relato: Dioses y demonios. Capítulo 11.

dioses demonios

–  ¿Qué hago ahora?

Dioniso miró a su padre, sorprendido de verle en semejante estado. Nunca lo había visto tan apenado. Ni siquiera cuando Hera le abandonó definitivamente.

Al parecer, y para sorpresa de todos, su padre estaba genuinamente encariñado con el chico y le había afectado muchísimo que se marchara.

–  ¡No lo sé, padre. Si te soy sincero, esto me ha dejado sin palabras.

Zeus suspiró, dejándose caer pesadamente en el sillón a su lado. Parecía derrotado.

–  Me disculparía pero ni siquiera sé por qué debo disculparme. ¿Por ocultarle que soy un dios? ¿Por mi pasado?

–  Tu pasado no ayuda, eso desde luego.

–  Lo sé… pero no puedo hacerlo desaparecer.

–  Entonces hazle ver que no eres más esa persona.

–  ¿Cómo?

–  Respetándolo. Respetando su espacio y sus decisiones. No importa lo mucho que creas que le quieres. Si él dice no, tú debes respetar su voluntad y volver por donde has venido.

–  Puedo hacer eso.

Unos golpes apresurados en la puerta les interrumpió. Un apurado Kevin entró en la habitación, sudando y temblando de nervios y preocupación. Zeus tuvo un mal presentimiento.

–  ¡D! ¡Tenemos un problema! ¡Un problema muy gordo!

–  ¿Qué ocurre?

–  Unos tipos se han llevado a Finn.

–  ¿Quiénes? – preguntó Zeus, levantándose de un salto. El cielo, el cual había estado despejado y cuajado de estrellas hasta ese momento, se nubló de repente y los relámpagos empezaron a brillar.

–  No estoy seguro aunque tengo sospechas. Eran varios, enmascarados y vestidos de negro. Se lo han llevado en una furgoneta negra, sin matricula ni nada distintivo.

– ¿Quién querría secuestrar a Finn? ¿De quien sospechas? – cuando Zeus les dirigió una mirada de incomprensión, Dioniso se explicó. – Kevin conoce el secreto de Finn, al igual que yo. Y es un oso…

–  Formas parte de la comunidad.

–  Y también formé parte de las fuerzas especiales humanas. Ha habido varios sucesos en los últimos años… secuestros, desapariciones, asesinatos, ataques… me temo que La Orden esté detrás de esto también.

– La Orden… ¡quieren al demonio!

–  Es muy probable, sí.

Dioniso se levantó también de su asiento y se dirigió hacia su escritorio, donde cogió el teléfono.

– Voy a tratar de averiguar adonde han podido llevárselo. Y si sigue vivo.

–  Encuéntralo, hijo.

Dioniso aun necesitó un par de horas más para averiguar lo que quería. Mientras Kevin y él pusieron al día a Zeus sobre La Orden, ya que el dios había pasado varios siglos desconectado del mundo de los mortales y no conocía toda la historia.

Le contaron sobre su odio a lo sobrenatural, lo cual les incluía, su obsesión con eliminarles y sus últimos avances que les daban ventaja tras años de estar ambos bandos al mismo nivel.

La Orden llevaba los últimos años tramando algo. Algo muy gordo, le explicó Kevin. Pero no tenían idea de qué.

Al menos, todavía.

Cada día llegaban noticias preocupantes sobre nuevos ataques a la comunidad. Ataques muy concretos, con un fin. Nada era dejado al azar.

No para esa gente.

Por eso, si de verdad ellos tenían a Finn, no había sido una casualidad.

Y ese era el mayor temor de Zeus en ese instante.

– Me temo que mis fuentes han confirmado las malas noticias. La Orden tiene a Finn. Eran hombres de la Legión los que le han llevado hasta el aeropuerto y lo han embarcado en un avión privado rumbo a Memphis.

– Entonces es allí a donde iré. Debo evitar que le hagan daño.

– Te recuerdo que no tienes poderes. Eres poco más que un humano con algo más de fuerza de lo común y vulnerable.

– Lo sé. Pero no puedo permitir que le usen para sus planes. Ni Finn ni su demonio querrían eso. – Kevin se acercó a él.

– Te acompañaré. Vas a necesitar ayuda para encontrarles.

– Haré los preparativos. Espero que no tengamos que arrepentirnos de todo esto.

 


 

Y si, voy a dejártelo ahí. ¿Por qué? Pues simple, porque la búsqueda de Zeus y Kevin va a llevarles a aparecer en una futura novela con el resto de personajes de la Comunidad y porque La Orden tiene planes para el demonio de Finn.

Ya lo averiguarás en un futuro, no te preocupes.

 

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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 10

dioses demonios

Relato: Dioses y demonios. Capítulo 10.

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–  ¡Finn! ¿Podemos hablar?

Finn maldijo por lo bajo, observando molesto como Zeus se acercaba a él a grandes zancadas.

Sabía que estaba siendo ridículo pero tras lo ocurrido en los últimos días y después de la reveladora conversación que tuvo con su abuelo no quería tener a nadie cerca.

Su abuelo le contó toda la leyenda. Renuente, al principio, pero acabó revelándole todo sobre la maldición de su familia. De cómo, siglos atrás y para salvar a su gente, un antepasado suyo hizo un pacto con un demonio milenario. A cambio de evitar que un ejercito invasor devastara su pueblo, el guerrero concedió al demonio el uso de su cuerpo y el de toda su estirpe.

Y, por loco que sonara, él creía la historia. Sabía que esa voz en su cabeza era real. El demonio era real.

Y muy peligroso.

Al demonio no le gustaba Zeus y Finn temía que fuera a herirle si se acercaba demasiado.

–  Lo siento… no tengo tiempo. Estoy ocupado. — se excusó, intentando huir. Pero Zeus fue más rápido y le agarró de la muñeca.

–  ¡Y una mierda! ¡Vamos a hablar! – gruñó, arrastrándole hasta un armario y metiéndoles dentro. Finn casi rio.

–  ¿En un armario? ¿En serio? — pero Zeus no lo encontraba tan gracioso.

–  ¿Por qué me estas evitando? ¡Y no te atrevas a decir que no lo estas haciendo porque ambos sabemos que sería una mentira! — añadió al ver que el chico iba a replicar.

–  Está bien… estaba evitándote. ¡Es lo mejor para los dos! No quiero que te haga daño.

–  ¿Quién? — preguntó Zeus, confundido.

–  Es complicado.

– ¿Hice algo para molestarte?

–  No. — el chico negó rápidamente. No podía permitir que Zeus pensara que era su culpa. — No eres tú. Sé como suena, pero no eres tú, de verdad. Hay algo mal conmigo y podría hacerte daño. Eso no puedo permitirlo.

–  No vas a hacerme daño, créeme. — Zeus le cogió de las manos, acercándole un poco más hasta juntar sus frentes. — Te prometo que no vas a hacerme daño. Ni yo a ti.

– No puedes prometerme eso…

«Los dioses prepotentes suelen hacer esa clase de promesas vacías.»

Finn se estremeció al oír la voz del demonio en su cabeza aunque su tono no era el de siempre. Parecía más bien molesto que furioso.

¡Un momento! ¿Había dicho dioses?

–  ¿Dios? ¿Quién es un dios? — preguntó sin darse cuenta de que lo había hecho en voz alta.

–  ¿Qué?

«Él es un dios. Hasta te dijo su nombre real, el muy arrogante. Es el padre de los dioses, el dios del rayo y el dios que hace cualquier cosa por llevarse a la cama a quien llama su atención. Te hará daño, chico. Eso no lo dudes.»

–  ¿Eres un dios?

Zeus le miró, sorprendido, soltándole las manos. Sus ojos reflejaban culpa y sorpresa.

–  Yo… ¿Quién te ha dicho…?

–  ¿Lo eres? ¿Eres el verdadero Zeus?

–  Es complicado.

–  ¿Qué tiene de complicado? ¿Lo eres o no? – volvió a preguntar, empezando a molestarse. Había estado tan preocupado con herir accidentalmente a Zeus con su demonio que el hecho de que le hubiera mentido le pilló completamente por sorpresa.

–  Lo soy. Estoy en la Tierra porque Atenea creyó más sensato mandarme aquí sin poderes a que me quedara en el Olimpo, intentando recuperar la vieja gloria y tratando de conquistar de nuevo el mundo de los mortales. No esperaba encontrar a alguien como tu aquí.

–  No soy un entretenimiento. – respondió Finn con tono amargo. Había sido demasiadas veces usado en su vida como para permitir ni una más. Hacía mucho que se prometió que no volverían a usarlo. – Ni una muesca más en tu lista de conquistas.

–  No lo he pensado nunca. Créeme.

–  No puedo creerte. Él tenia razón. Vas a hacerme daño.

Finn salió del armario, dejando atrás a un aturdido Zeus. El dios le vio marcharse sin poder evitarlo y sin reaccionar.

Mientras, en la entrada trasera del local, Kevin se acercaba al callejón dispuesto a regresar con los recados de D y listo para empezar a trabajar. Pero, antes de llegar a la puerta, vio a Finn salir del local, agitado y luciendo confuso.

Kevin estaba a punto de llamarle, ya que le veía muy nervioso y se preocupó por su amigo pero una furgoneta negra apareció en el otro extremo del callejón, derrapando y frenando a pocos metros del irlandés. Tres tipos enmascarados se bajaron del vehículo y atraparon a Finn, arrastrándole al interior de la furgoneta a pesar de los esfuerzos del muchacho por liberarse.

Antes de que pudiera hacer nada, ni siquiera gritar por ayuda, la furgoneta con su amigo dentro arrancó de nuevo y desapareció en la noche neoyorkina.

–  ¡Mierda!

 

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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 9.

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Relato: Dioses y demonios. Capítulo 9.

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–  ¿Estás seguro de querer hacer esto?

–  No… pero tampoco me han dejado más opción.

Zeus observó como Hades convocaba su poder para activar un espejo mágico con el que iban a invocar al demonio. Al no saber el nombre del demonio, la invocación era imposible para un mortal, pero no para el señor del Inframundo.

Hades conocía todos los demonios existentes y tenía a su disposición artilugios para invocarlos, atraparlos o lo que necesitara en ese momento.

El dios de la muerte empezó a recitar un antiguo ritual y el espejo se volvió negro. Al acabar el hechizo, unos ojos rojos aparecieron en el cristal del espejo.

–  ¿Quién me invoca? – los ojos se clavaron en Zeus y un gruñido resonó, haciendo temblar el espejo. – ¡Tu!

–  Si, yo. Tenemos que hablar.

–  ¡No voy a permitir que vuelvan a encerrarme! – gritó el demonio, haciendo temblar no solo el espejo, si no toda la sala donde se encontraban los dos dioses. Zeus rodó los ojos, molesto.

–  No tengo intención de encerrarte. No me importa ni interesa tu existencia, siempre y cuando no intervengas mientras estoy con Finn. Y, siempre y cuando, no le hagas daño.

El demonio rio. Una risa cruel y estridente.

–  Jamás podría herirle. Si a él le ocurre algo, yo desaparezco.

–  Entonces ambos queremos mantenerle a salvo.

–  No lo estará contigo. En algún momento, tu pasado y tú le haréis daño.

–  No voy a permitir que eso pase.

–  No vas a poder evitarlo. Los humanos dicen que la gente no cambia… y tienen razón. La gente no cambia. Y los dioses, menos.

Hades, quien hasta ese momento había permanecido en silencio, carraspeó, luciendo ligeramente incomodo con esa conversación.

–  Siento interrumpir esta interesante conversación pero tengo planes con mi esposa en una hora y preferiría que no me pillara invocando demonios cuando estoy en mis vacaciones. Entiendo y comparto tus dudas, demonio. — añadió, dirigiéndose directamente al espejo, ganándose un bufido de indignación de Zeus. — Pero la palabra de un dios aun vale. Si él compromete su palabra, está obligado a cumplir. — el otro dios asintió.

–  Te doy mi palabra de que no voy a permitir que nadie ni nada haga daño a Finn, ni a ti.

Los ojos del demonio brillaron antes de desaparecer del espejo sin dar una respuesta. Ambos dioses intercambiaron una mirada, soltando un suspiro.

–  Bueno… no ha ido tan mal.

En otra parte de la ciudad, Finn descansaba en su apartamento, esperando la hora adecuada para hacer una llamada internacional. Cuando comprobó que ya era de día en Irlanda, su tierra natal, cogió su móvil y marcó el numero de la persona con la que quería hablar.

Tenia preguntas que solo encontrarían respuesta al otro lado del planeta.

–  ¿Abuelo? Necesito hablar contigo.

Ir al capítulo anterior. 

 

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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 8

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Relato: Dioses y demonios. Capítulo 8.

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–  ¿Seguro que te encuentras bien?

Finn suspiró, cansado.

No, no se sentía bien para nada. Llevaba teniendo pesadillas, soñando con la voz de sus fantasías infantiles y con lo ocurrido en el restaurante desde que despertó desorientado en su habitación.

La voz no había vuelto a hablarle, pero sentía su presencia oscura rodeándole como una manta.

También llevaba desde ese día esquivando a Zeus. La voz no le quería cerca y Finn temía que volviera a salir y atacar si estaba cerca. Así que decidió rehuirle y evitarle a toda costa.

Semejante situación le estaba causando una gran tensión nerviosa y la falta de sueño no ayudaba para nada.

No, no se sentía bien para nada.

–  Estoy bien, Kevin. En serio.

–  Pues te ves como la mierda, perdona que te diga.

– ¡Wow! ¡Gracias, Kev! ¿Para qué necesito enemigos con amigos como tú?

Kevin soltó una sonora carcajada.

–  Lo siento, pero ¿te has mirado en el espejo? Parece que te ha pasado un camión por encima. Además…

El chico se interrumpió cuando oyó la puerta abrirse. Al girarse, se encontró con Zeus entrando a la zona donde ellos estaban, luciendo como si buscara a algo.

O, más bien, a alguien.

Cuando Kevin estaba a punto de hacerle señas, escuchó una maldición a sus espaldas y un golpe seco. Su sorpresa fue mayúscula al descubrir que Finn había saltado la barra y estaba escondido, tirado en el suelo, para evitar que Zeus le viera.

Zeus le dedicó una débil sonrisa antes de salir de nuevo de la habitación. Parecía preocupado y algo perdido con todo el asunto.

Aunque no más de lo que él mismo se encontraba en ese momento.

¿Qué cojones había sido eso?

–  ¿Se ha ido ya?

–  ¿Qué cojones estás haciendo?

–  No puedo verle ahora mismo. No hasta que averigüe que está mal conmigo. – su amigo le dio una mirada lastimera.

–  Finn, no hay nada mal contigo.

–  Si lo hay. Oigo una voz en mi cabeza… ¡eso no es normal! Hasta que no esté seguro de que no me estoy volviendo loco y no soy un peligro para nadie, no quiero a Zeus cerca. No puedo permitir que «eso» le haga daño.

Kevin conocía su historia con la voz. Fue quien le descubrió teniendo un ataque de nervios después de que volviera a escucharla y Finn le contó todo, pensando que su amigo creería que estaba perdiendo la cabeza o algo así. Sin embargo, se mostró bastante comprensivo y le tranquilizó, echando la culpa al cansancio y a la presión de una primera cita tan improvisada.

Pero la voz no se marchó ni cuando descansó, si no que regresó con más fuerza aun y Finn cada vez notaba más dificultad a la hora de silenciarla y empezaba a asustarse.

¿Qué pasaría si volvía a controlarle como en el restaurante?

La voz no quería a Zeus cerca. Le odiaba, aunque el chico no conseguía entender el por qué. No podía dejar que le hiciera daño.

–  Tengo que averiguar cómo librarme de esto.

Mientras, Zeus decidió hacer una llamada a alguien con quien no hablaba desde hacía mucho pero era al único que podía recurrir para lo que deseaba hacer.

–  ¿Hola? Hades… necesito tu ayuda para invocar a un demonio.

 

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Resumen semanal: del 15 al 19 de octubre: Resumen semanal: tercera semana de octubre.

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Resumen semanal: del 15 al 19 de octubre.

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Lunes.

En el post de esta semana te hablo de mi criatura mitológica favorita: el lobo.

Criaturas fascinantes a las que se le puede sacar más partido del que se le ha sacado por ahora. ¿Te gustan también?

 

Martes.

Sigo sin saber que hacer lo martes, en serio.

¿Sugerencias?

 

Miércoles.

¡Nuevo capítulo de Dioses y demonios!

Esta semana Zeus tiene una conversación muy didáctica y Finn hace descubrimientos nada divertidos para él.

 

Jueves.

Esta semana, en el post sobre mi nueva novela Dagas de venganza, te hablo sobre el otro protagonista de la historia.

Alec.

¡Ven a conocerlo!

 

Viernes.

¡Y por fin llegó! ¡Feliz finde a todos!

 

 

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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 7.

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Relato: Dioses y demonios. Capítulo 7.

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–  ¿Cómo se te ocurre no decirme que el chico es el recipiente de un demonio?

Dioniso resopló, frustrado.

–  ¡Pero si no me hablabas! ¿Cómo iba a decirte nada así? — Zeus le dirigió una mirada torcida. — Mira, padre… sinceramente, no pensé que te importaría.

–  Me importa cuando dicho demonio intenta matarme. A mí y a todos alrededor. Tu amigo puede que pida explicaciones por el destrozo de su local.

–  Ya me he hecho cargo de hacer desaparecer todo eso… recuerdos del personal incluidos. — cómo su padre no parecía muy convencido, añadió. — Es la primera vez que se manifiesta el demonio. Su familia lleva siendo su recipiente desde hace milenios y nunca los ha usado antes.

Zeus suspiró, cansado.

Tras desmayarse Finn, tuvo que cargar con el chico hasta el local de su hijo y sufrir un interrogatorio por parte de los amigos de Finn, en el que tuvo que inventarse una historia sobre un exceso de cansancio del chico para justificar que llegara inconsciente.

Sus amigos no le creyeron demasiado pero como Finn estaba bien y no recordaba nada desde el postre pues acabaron por aceptar la historia.

–  ¿Cómo es posible que no sepa nada del asunto?

–  Su familia lo habrá olvidado, supongo. ¿Quién va a creer algo así? Seguramente, la historia se convirtió en cuento y la dejaron en el olvido.

–  ¿Y no has pensado decírselo?

–  No es asunto mío. — respondió Dioniso, encogiéndose de hombros. — Y no tengo ganas de enfrentarme a ese demonio. Tiene pinta de ser muy antiguo.

–  Eso parece.

–  ¿Qué vas a hacer?

He ahí la pregunta del millón.

¿Qué iba a hacer con todo eso?

La respuesta era bastante simple. O fingía que había perdido interés en el chico y dejaba de verlo para evitar al demonio o…

–  Supongo que tendré que acostumbrarme a la amenaza del demonio.

–  ¿Vas a seguir viéndolo?

–  ¡Por supuesto! ¿Cuándo algo así me ha impedido ver a alguien? — Dioniso rio.

–  Te recuerdo que no tienes poderes. No le provoques innecesariamente.

Mientras, en otra parte del edificio, un todavía aturdido Finn se miraba en el espejo, inseguro de lo que veía.

Había despertado en su habitación, en su cama, vestido y solo. Eso le asustó porque no recordaba cómo había llegado ahí ni que ocurrió después de cenar.

¿Le había drogado Zeus? ¿Y por qué estaba vestido?

Su amigo Kevin apareció un minuto después y le contó lo que había ocurrido, versión Zeus. Que perdió el conocimiento por cansancio. Como llevaba más de veinticuatro horas sin dormir, no era una idea absurda, la verdad. Pero no le había pasado nunca.

Después de marcharse Kevin, Finn decidió tomar una ducha y relajarse. Fue ahí, al cerrar los ojos bajo el agua, cuando le vinieron imágenes de sí mismo en el restaurante. Como si fuera una película, se vio destrozar el local, intentar atacar a Zeus mientras sus ojos se volvían rojos y una especie de aura oscura le rodeaba.

Fue muy extraño. Pero no más que la voz que resonó perfectamente clara en su cabeza.

«¡Nadie volverá a encerrarme jamás!»

El chico se estremeció. Había oído esa voz antes. Mucho tiempo atrás, cuando era un niño. Era una voz que le hablaba y contaba historias y a la que él respondía como si fuera un amigo imaginario.

La olvidó al crecer, pensando que no era más que una fantasía infantil.

Asustado, cerró los ojos.

–  No eres real… no eres real… no eres real… — murmuró, estremeciéndose. Pero al abrir los ojos y mirar a su reflejo, se vio con los ojos rojo sangre.

«¡Oh! ¡Si que lo soy!»

 

Ir al capítulo anterior. 

 

 

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Resumen semanal: del 8 al 12 de octubre. : Resumen semanal: segunda semana de octubre

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Resumen semanal: del 8 al 12 de octubre.

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Lunes.

El post de esta semana está dedicado a DC comics y su éxito en la cadena CW con sus series. Adoro Arrow, Flash, Supergirl y todas las demás. ¿Y tú?

 

Martes.

Un día encontraré que poner los martes…

 

Miércoles.

¡Nuevo capítulo de Dioses y demonios! Hoy Zeus y Finn tienen su primera cita. ¿Cómo les irá? ¡Ven a averiguarlo!

 

Jueves.

En este post semanal para promocionar mi nueva novela Dagas de venganza te cuento sobre Astrid, su protagonista. ¡Ven a conocerla!

 

Viernes.

¡Por fin llega el finde! ¡Disfrutad de la fiesta, quien no curre!

 

 

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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 6.

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Relato: Dioses y demonios. Capítulo 6.

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–  Bueno… de todas las situaciones que podía imaginar para acabar esta noche, esta no se me pasó por la cabeza, la verdad. — murmuró Zeus, escondido bajo la mesa del restaurante.

La mañana había empezado tan bien…

Recogió a Finn cuando acabó su turno y lo llevó a dar un paseo por Central Park, viendo amanecer desde el parque.

Luego se dirigieron a un restaurante propiedad de un amigo de Dioniso. Su hijo se encargó de que el local estuviera abierto y a su disposición para que Zeus pudiera agasajar a su cita como debía ser.

¡Y la cena/desayuno fue deliciosa!

Todo iba perfecto.

Hasta que intentó besar al chico. En ese punto todo se fue a la mierda.

A su hijo no se le ocurrió comentarle que el chico era el recipiente de un demonio, el cual, al creerse amenazado por la presencia excesivamente cercana de un dios, había decidido salir, tomar el control de su recipiente e intentar destruir todo a su alrededor.

Por eso, en ese instante, se encontraba escondido debajo de una mesa del restaurante mientras su cita, cuyos ojos habían pasado de azul cielo a rojo sangre, hacia volar los muebles del local.

–  ¡Ningún dios o humano va a volver a controlarme jamás! — gritaba el chico/demonio.

–  Esto es ridículo. — gruñó Zeus, esquivando por poco una botella. — ¡Ey! — el dios salió con cautela de su escondite, levantando las manos en son de paz. — ¿Podemos hablar un segundo?

Sorprendentemente, el demonio se detuvo, mirándole fijamente con sus ojos rojos y una silla a medio romper en sus manos. Zeus pudo comprobar que solo había tomado control del cuerpo del chico. No se había transformado en nada monstruoso aunque la ropa del muchacho estaba rota por los movimientos bruscos que había realizado mientras destrozaba el local.

–  ¿Con cual nombre debo llamarte, demonio?

–  Los nombres son poder. No voy a darte ese poder sobre mí. — rugió el demonio. — Y menos a un dios. — añadió con desprecio.

Zeus arqueó una ceja, intrigado y sorprendido. No escuchaba sobre el poder de los nombres desde la antigüedad. Era una creencia milenaria, mucho más vieja que cualquier religión humana existente, de cuando se creía en que si poseías el nombre escrito de alguien podías controlar su alma.

Eso significaba que ese demonio era muy antiguo. Probablemente.

–  Esta bien. Comprendo. Nada de nombres. — concedió, acercándose un paso. — Pero estaba pasando un rato muy divertido con Finn y me gustaría que regresara para que siguiéramos nuestra cita. Él no sabe de tu existencia, ¿verdad? — el demonio ladeó la cabeza, el movimiento y la mirada en sus ojos dándole un aire animal y salvaje al chico.

–  Yo tampoco sabía de ti, demonio. Y, sinceramente, no me importa. Solo me interesa Finn. — el demonio rio.

–  No voy a dejar que me encierres, dios. Conozco tu historia. Ya encerraste a otros como yo en el pasado. — eso era, en parte, cierto. Zeus encerró a varios demonios y titanes en su juventud. Entre otros que le molestaban para tomar el poder, en aquel momento.

Pero hacía ya mucho tiempo que el poder y todo lo que conllevaba había dejado de interesarle. Cierto que aun pensaba en los días dorados como dios de dioses pero… su hija tenia razón. Los humanos hacía mucho que dejaron de necesitarles y creer en ellos.

Era hora de vivir y punto.

–  Como has dicho, eso fue en el pasado. Ya no tengo ese poder. No desde hace siglos. Y no me interesas. Me interesa el chico.

Su declaración sacó una carcajada seca del demonio.

–  También conozco tu fama en ese tema… Zeus.

«¡Como no!» pensó amargo el dios. Su pasado le había traído siempre más problemas y sinsabores que satisfacciones y se arrepentía de muchas cosas que hizo por un calentón.

–  Eso también hace siglos que deje de hacerlo. No sale muy a cuenta ser infiel. Demasiados problemas. Y Hera hace mil años que me mandó a paseo por mis estupideces. Te puedo asegurar que no pretendo hacer daño al chico. Solo quiero conocerlo. Y con eso no te digo que vaya a salir bien, porque no lo sé pero me gustaría intentarlo.

El demonio le miró con sorna pero bajó la silla que aun tenia en sus manos.

–  Si le haces daño, volveré. Si le dices la verdad sobre esto, volveré. Si tratas de deshacerte de mí, volveré y acabaré contigo. Sé que ya no tienes poderes, dios.

Y con esas palabras finales, los ojos de Finn volvieron a ser azules y toda presencia del demonio desapareció del lugar. El chico miró a su alrededor, confundido y desorientado un segundo antes de caer al suelo inconsciente.

–  Bueno… para ser una primera cita no ha ido tan mal. — ironizó Zeus.

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Dagas de venganza: ¿De qué va mi novela? : Dagas de venganza: Mini relato para ponernos en situación

dagas

Dagas de venganza: mini relato.

dagas

Tendría que haber hecho caso a su mama.

Siempre le repetía que no llegara tarde, que no se entretuviera por el camino… que regresara directamente a casa cuando fuera a casa de sus tíos, unas calles más arriba.

Pero, no.

Haciendo caso omiso a su mama, decidió salir, porque era muy importante ver primero el nuevo video juego que se había comprado su primo Charlie.

Y ahora no sabía si la volvería a ver, porque ese monstruo que le perseguía no iba a dejarle escapar.

¿Qué podía querer de él?

¿Sería uno de esos tipos que secuestraban niños para venderlos, como los que salían en las noticias?

Cuando le habló, André notó el acento raro que tenía. No era como el de su madre, suave francés. No, este era más tosco, marcando mucho las erres.

Un acento feo.

El tipo había aparecido de la nada, justo al doblar la esquina de la casa de Charlie, cuando salía rumbo al barrio francés, donde vivía.

No sabía que quería, ni por qué razón le perseguía…

Tuvo mucha suerte que no le pillara en el primer intento, pero el tipo parecía estar disfrutando de la persecución. Llevaba corriendo los últimos quince minutos y ya empezaba a cansarse, pero el tipo no había dejado de sonreír en todo momento.

Lamentablemente, su perseguidor le había forzado a alejarse de su barrio, haciéndole ir por sitios abandonados y poco transitados.

No había a quien pedir ayuda.

Temblando de miedo y estrés, consiguió darle esquinazo, entrando a un callejón y escondiéndose tras un contenedor de basuras, rezando para que ese tipo pasara de largo.

No tuvo tanta suerte.

Pocos segundos después, le oyó entrar caminando despacio al callejón.

–  ¡Sé que estas aquí, pajarito! – gritó con tono cantarín el tipo.

El chico se tapó la boca con la mano para amortiguar el sonido de su respiración. Resonaba en sus oídos, junto al latido desbocado de su corazón, tan fuerte que estaba seguro de que el tipo lo escuchaba perfectamente.

–  ¡Sal, pequeño! ¡No voy a hacerte daño!

André podía tener solo seis años, pero sabía perfectamente que ese tipo le estaba mintiendo descaradamente.

El tipo soltó un bufido de molestia y pareció desistir, dando media vuelta y saliendo del callejón. André se limpió los ojos de lágrimas y esperó un minuto, antes de abandonar su escondite tras el contenedor.

¡Quería estar con su mama!

Se asomó con cuidado y suspiró aliviado al comprobar que el tipo había desaparecido de la vista. Miró a su alrededor e intentó orientarse.

Nunca se había alejado tanto de casa. Asustado, buscó alguna referencia, algo conocido que le llevara de vuelta a su hogar, alguien a quien pedir ayuda.

Unos pocos metros más allá, había tres hombres hablando y tomando café. Parecían obreros de construcción, con sus cascos amarillos, cinturones llenos de herramientas y botas de trabajo. Podía pedirles ayuda para volver a casa, explicarles que había ocurrido y que llamaran a la policía.

¡Como en las películas!

Empezó a andar hacia ellos.

Tres pasos después, apareció en mitad del camino el tipo de antes, con esa expresión que daba miedo y la sonrisa de malo de película.

–  ¡Se acabó el juego, pajarito!

–  ¡Quiero ir con mi mama! – lloró André. El tipo no parecía nada conmovido, más bien fastidiado por su lloriqueo.

–  Si, ya… Me temo que eso no es una opción, niño.

Antes de que pudiera gritar, pidiendo ayuda a los obreros que había visto antes y que se encontraban a pocos pasos de ellos, el tipo le cogió de la cintura, levantándolo del suelo sin ningún esfuerzo y le tapo la boca con la mano, ahogando sus gritos.

Inmediatamente, un coche paró, quemando neumático, a su lado y el tipo y él entraron en los asientos de atrás, antes de que el coche arrancara de nuevo, derrapando a toda velocidad.

–  Eres afortunado de que te necesitamos vivo para lo que te queremos… si no habrías muerto un segundo después de haber empezado a correr.

¡Recuerda que Dagas de venganza saldrá a la venta el 20 de diciembre!

¡Espero que te haya gustado este mini relato para ir poniendo en situación!