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Resumen semanal: tercera semana de enero.

Resumen semanal: del 14 al 18 de enero.

Lunes.

Empezamos la semana con un post sobre mezcla realidad histórica y ficción y la mejor manera de hacerlo. ¡No te lo pierdas!

Miércoles.

¡Nuevo capítulo de Jack T.R.!

Esta semana seguiremos a Charles quien regresa con Aidan y hace nuevos y nada divertidos descubrimientos sobre el caso.

Jueves.

¡El nuevo proyecto avanza!

Y mientras te cuento como hago para desarrollar las tramas y trabajarlas, parte muy importante del proceso.

Viernes.

¡Y por fin llega el viernes!

¡Feliz finde a todos!

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¡Ahora, gratis! : Jack T.R. Capítulo 8.

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Capítulo 8

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― ¡Detective!

 

Aidan se quedó asombrado al ver como el policía entraba corriendo a su tienda y cerraba la puerta con fuerza, apoyándose en ella, jadeando. Estaba sudando, despeinado y mirando nervioso a su alrededor como si esperara un ataque en cualquier momento.

 

Era una suerte que no tuviera clientes en ese momento.

 

― ¿Qué ha ocurrido?

 

Charles no respondió. Había llegado allí corriendo. A mitad de camino pensó que ese monstruo le podía seguir y dio un rodeo a toda velocidad por los callejones. Se dirigió directamente al mostrador, buscando la botella de whisky que Aidan escondía debajo y se sirvió un vaso hasta arriba, que bebió de un solo trago. No fue suficiente para calmar sus nervios.

 

Al verle servirse otro vaso más, el librero se acercó y se lo quitó de las manos antes de que pudiera bebérselo, haciendo caso omiso a la mirada hosca del otro hombre.

 

― ¿Qué ha pasado?

 

― Lo he visto.

 

― ¿A Jack? ¿Te ha atacado? ¿Te ha herido? — le preguntó, alarmado, mirándole detenidamente, buscando cualquier indicio de heridas en el policía.

 

― Lo intentó. Me abordó en mitad de la calle… hablamos… desapareció en la nada…

 

El chico suspiró aliviado al oírle. Al menos no le había hecho daño.

 

― No me entiendas mal, me alegro de que estés bien y a salvo, pero… ¿para qué has venido?

 

― Después de que se fuera, encontré la petaca. Pensé que nadie más podría creer esto salvo vosotros. ― Aidan rio, vaciando el contenido del vaso en la maceta que tenía junto al mostrador y guardando la botella en su lugar. — No puedo resolver este caso y deshacerme de ese demonio sin ayuda.

 

― Me alegro de que la guardaras aunque me sorprende. — repuso el chico, poniendo el cartel de cerrado en la puerta y echando la llave. ― Creo que sería buena idea pedir algo para comer. No sé tú, pero yo a estas horas estoy hambriento.

 

El detective le observó descolgar el teléfono y pulsar la marcación rápida, revolviendo entre los papeles sobre el mostrador hasta encontrar el que buscaba. Un menú del restaurante China Express.

 

― ¿Comer? ¿En serio? ¡Son las nueve de la mañana!

 

― Si, comer. Tengo unos horarios muy raros para la comida. ¿Chino está bien para ti? Este sitio me sirve a cualquier hora. Ya les tengo acostumbrados a pedidos raros.

 

Veinte minutos más tarde estaban los dos comiendo, sentados en el mostrador. Casi no habían vuelto a hablar desde que llegara el repartidor con el pedido y, aunque no era un silencio incómodo, Charles seguía necesitando respuestas. Había regresado a la librería porque era el único sitio donde podría encontrar una manera de detener a ese monstruo.

 

― Por cierto… ― Aidan parecía levemente molesto, sin querer mirarle a los ojos y moviendo la comida, sin probarla. — Sé lo de tus sueños.

 

― ¿Perdón?

 

― Tienes sueños premonitorios, ¿verdad? Has estado viendo lo que hacía ese asesino todo el tiempo.

 

Charles tragó con dificultad el trozo de cerdo agridulce que se había pedido y lo miró con los ojos como platos.

 

¿Cómo podía saber eso?

 

― No te asustes. Ya te lo dije. Soy médium y empático. Cuando te fuiste… estuviste bebiendo, tocaste el vaso… al recogerlo me vino una visión. Lo siento. ― se apresuró a disculparse al ver la expresión de horror del policía. ― No lo hago a propósito. Vienen cuando menos me lo espero y no puedo controlarlas.

 

― Yo no… Nunca he hablado de eso con nadie.

 

― No debe ser fácil, lo sé. ¿Cómo lo explicas? — Aidan le miró, comprensivo. ― Yo solo tengo esas visiones a veces y son un dolor de cabeza. ¿Soñar con eso? ¡Buff! ¡Debe ser horrible!

 

El detective carraspeó.

 

Horrible era una palabra que se quedaba corta para definir lo que sufría con sus sueños, pero se acercaba bastante.

 

Decidió cambiar la conversación. No se sentía cómodo hablando de su don. Era algo demasiado íntimo.

 

― ¿Cómo sabes tanto de estas cosas siendo solo un librero? Y no me digas que leyendo.

 

El chico no pudo evitar reírse, a pesar de todo. Masticó el trozo de pato a la pekinesa que estaba comiendo, aprovechando para pensar qué podía decir o no al policía.

 

No era nada sencillo. Él guardaba muchos secretos que no le pertenecían.

 

― Pues aunque no te lo creas, si, la mayoría lo aprendí leyendo. Pero también de mis… «clientes», por así decirlo. Tengo una clientela algo especial.

 

― ¿Cómo el tipo de la sección de poesía? ¿El que te acompañó la última vez que nos vimos?

 

― Por ejemplo. Hace unos años, poco después de hacerme cargo de la librería y todo lo que conlleva, conocí a un miembro de La Orden.

 

― La has mencionado antes.

 

― Fue antes de que me pusieran en su lista negra, claro. Se dedican a tratar con cosas sobrenaturales. — Aidan hizo una pausa, mirando su plato y moviendo con los palillos la comida. — Son un poco radicales con sus métodos, eso sí.

 

― Vamos, que si algo como nuestro amigo Jack se sale del tiesto, ellos lo… ¿matan?

 

― En el caso de nuestro amigo Jack, no se podría. No creo que haya manera de matar a un demonio, pero sí de devolverlo a donde pertenece.

 

― El Infierno. — Charles puso los ojos en blanco al ver al chico asentir.

 

― Exactamente. Esta persona que conocí me encargó varios libros especiales y… yo soy muy curioso.

 

― Los leíste todos.

 

― ¡Por supuesto! ― exclamó Aidan. ― No todos los días se tiene la oportunidad de tener semejantes ejemplares al alcance de la mano. Y tomé notas. Nunca se sabe. Ya tenía a un fantasma en casa, ¿quién me aseguraba que no podía colárseme un demonio o algo peor? Necesitaba proteger la tienda.

 

― De repente, no me siento muy querido.

 

Julian apareció frente a ellos, haciendo un mohín y cruzado de brazos. Charles sonrió a su pesar al ver como Aidan se atragantaba con su comida mientras el otro golpeaba el suelo con el zapato.

 

― Sabes que no me refería a eso.

 

― Claro, claro… Bien, ¿qué me he perdido?

 

El fantasma estaba más corpóreo que cuando se fue. O eso le pareció al policía. Podía ver con más nitidez sus rasgos, que mostraban una vida al aire libre y bajo el sol, dado lo tostado de su piel y las arrugas de expresión. Le hacían parecer más mayor de lo que debió ser.

 

― Bueno, ¿y cómo mandamos a Jack al infierno?

 

― Eso no es tan simple, detective. Si la suposición de Aidan es verdadera y ese diario habla de nuestro amigo, no va a ser nada fácil. — el policía dejó los tallarines en el aire, mirándolos confundido.

 

― ¿Diario?

 

― El que mencioné el otro día. — explicó Aidan, dando un bocado a su pato a la pekinesa, gimiendo ligeramente al saborearlo. En ningún sitio lo hacían tan bien como en el China Express de su calle. — Perteneció a un miembro de La Orden. Al parecer lo localizó en Londres y le envió al Infierno.

 

― ¿Y cómo lo hizo?

 

― Usó un exorcismo especial, aunque no dejó constancia de cual.

 

― Y no tenemos a quien consultar cuál pudo ser, porque La Orden es muy quisquillosa con lo de compartir sus secretos. — gruñó Julian, mirándolos comer con envidia. Eso olía tan bien… y él sin poder comer. ¡Cómo echaba de menos la comida! ― Tendrás que revisar la reserva secreta. — añadió mirando hacia el librero. Este asintió, dando otro bocado.

 

― ¿Reserva secreta?

 

― A pesar de que La Orden no se fie un pelo de mí, siempre tengo material por si lo necesitan. Pero siguen sin querer venir a mi tienda.

 

― Sigues haciendo tratos con todo lo que matan y estoy seguro de que saben que te copiaste esos libros — rio el fantasma. — No te puede extrañar que no se fíen demasiado de ti.

 

― No con todo. — se defendió débilmente el chico, comiéndose el ultimo trozo de pato.

 

― Vampiros, lobos, el ogro de la semana pasada… ― enumeró con sorna. ― ¿Qué más quieres?

 

― Que piensen un poco antes de disparar, eso es lo que quiero. — suspiró el chico, levantándose y soltando el plato ya vacío en el mostrador. — No todo lo sobrenatural es malo, ¿sabes? Hay muchas criaturas conviviendo en paz y discretamente con los humanos.

 

Aidan se dirigió a la parte de atrás, seguido de cerca por los otros dos, hasta pararse frente a una estantería repleta de libros que estaba colocada al final de uno de los pasillos. Al tirar de «Guerra y paz», la estantería se movió, dejando la entrada clara a otra habitación, casi tan grande como la misma tienda.

 

― ¿Guerra y Paz? ¿En serio?

 

― ¿Qué? Es el único libro que sé que nunca me van a pedir. Los niños de ahora no leen algo tan largo.

 

Charles contempló asombrado la cantidad de objetos extraños y libros antiguos que atestaban la habitación. Había estanterías repletas, cajas, baúles, un par de espejos, vitrinas llenas de pequeños objetos como collares y relojes…

 

― ¡Espera, espera! ― los tres se pararon en seco bajo el umbral de la puerta. ― ¿Hay vampiros en la ciudad? — tanto Aidan como Julian rieron.

 

― ¡Pobre iluso! Estás hablando con un fantasma sobre como atrapar a un demonio y aun preguntas si hay vampiros.

 

― Deja de molestar al detective, Julian. ― regañó distraído el librero, buscando en una estantería particularmente llena. Casi daba la impresión de que iba a caerse del peso de los libros que tenía encima y todos parecían ser muy antiguos. ― No ayudas.

 

― Soy un fantasma. Mi trabajo es encantar cosas, no ayudar.

 

― Aún puedo quemar el guardapelo, tú sabes…

 

― Capullo.

 

― Ayuda y calla, anda. — el policía les observó, ligeramente divertido. Esos dos parecían un matrimonio discutiendo. Le recordaba a Henricksen y él cuando no tenían que trabajar en casos muy graves.

 

― ¿Siempre estáis así?

 

Aidan rio por lo bajo y siguió revisando libros sin responder mientras el detective se entretenía con el viejo diario que el chico había rescatado semanas antes y que acababa de entregarle.

 

― ¿Por qué hay gente que se dedica a esto? — preguntó Charles, buscando la página del diario que hablaba de Jack.

 

― ¿El qué? ¿Cazar estas cosas? — preguntó a su vez Julian, adivinando a que se refería. — No lo sé. Todos entran por una razón. Y no tiene nada que ver con el dinero, la fama ni nada de eso. — terminó, con tono amargo.

 

― Se refiere a que todos los que entran en la caza han tenido un encuentro nada agradable con algo sobrenatural. — el fantasma resopló.

 

― Me refiero a que todos los que hemos perdido a alguien por culpa de esas cosas tenemos una buena razón por la que entrar en esto. Y es por la única por la que se sigue. Tienen suerte de que muriera antes de poder cazarles.

 

― ¿A quién perdiste? — la mirada de Julian cambió de dura a triste en un segundo.

 

― Mi mujer. Hizo un pacto y vinieron a cobrárselo.

 

― Eso es… wow… lo siento. — murmuró sin saber que más decir. Sinceramente, no había entendido del todo lo que implicaban las palabras del fantasma, pero pensó que no sería buena idea preguntar más. Aidan pareció leerle el pensamiento porque dejó de buscar un segundo para aclararle la duda.

 

― Con lo de pacto se refiere a que negoció con un demonio. Su alma por lo que quisiera. Dependiendo del contrato que se firma, tienes un número determinado de años antes de que vengan a llevarte con ellos al Infierno.

 

El detective parpadeó un par de veces, sin palabras. Si lo que acababa de oír era cierto…

 

– ¡Un momento! Si existe el Infierno, ¿también el Cielo?

 

― No tengo ni idea. Nunca me he cruzado con alguien que lo haya visto. — ironizó el fantasma, cruzándose de brazos mientras observaba como Aidan pasaba a otra repisa para seguir buscando. — De ahí, si es que existe realmente, no se sale.

 

― ¿Y por qué quieres quedarte aquí? Si te vas, irías al Cielo, ¿no?

 

― Lo dudo.

 

― Si que iría.

 

Julian y Aidan intercambiaron una mirada y algo muy parecido a una discusión silenciosa que acabó con el librero resoplando y volviendo a su tarea de buscar. Ya había apartado tres viejos y enormes libros.

 

― Eso no lo sabes. También hice suficientes cosas malas como para no entrar.

 

― Eso sí que lo dudo mucho. — por el tono hastiado del librero, Charles supuso que esa discusión se había repetido varias veces.

 

― ¡Nah! De todas maneras, no quiero ir. Allí no hay nada que me interese ver.

 

― Y tu mujer…

 

― Mi mujer está quemándose en el Infierno. — contestó cortante el fantasma. ― Ella hizo un pacto. No hay salvación para quien vende voluntariamente su alma a un demonio. Y esos cabrones saben cómo cobrarse los intereses después.

 

― Lo siento.

 

― No lo hagas. Fue su decisión. — la voz del fantasma era tan amarga como la hiel y le hizo desviar la mirada hacia el diario. — Una decisión estúpida.

 

― ¿Por qué vendió su alma?

 

― Tuve una mala caída cuando llevaba el rebaño del prado a casa. Me rompí la espalda y el médico dijo que no sobreviviría. Al día siguiente de su visita, me recuperé. Inexplicablemente. — Julian se encogió de hombros, mirando hacia el detective. ― La gente pensaba que era un milagro. No lo fue.

 

― ¿Qué pasó?

 

― Lo que tenía que pasar. Con un pacto tienes un tiempo límite hasta que recojan el pago. Unos años después, Sarah salió de la casa y no volvió. La encontré cerca del rio, despedazada como si la hubiera atacado un animal grande. Pero las heridas no concordaban con nada que yo hubiera visto antes. Eran demasiado grandes para un lobo o un oso y no había huellas por ninguna parte.

 

Julian suspiró, visiblemente incomodo con la conversación. Compuso una sonrisa cansada antes de volver a hablar.

 

― Mirándolo por el lado positivo…

 

― ¿Tiene lado positivo? — Julian soltó una carcajada, que no sonó del todo forzada.

 

― Siendo un fantasma durante tantos años pude descubrir el misterio de la muerte de mi esposa. — se encogió de hombros de nuevo y volvió la mirada hacia Aidan, que le observaba con una sonrisa triste. — He podido ver como cambiaba el mundo, a veces para bien y, bueno… puedo molestar a este cuando me aburro, asustar clientes, poseer gente… aunque eso último te deja siempre para el arrastre. No compensa demasiado.

 

― Gracias. Me encanta ser una parte tan importante de tu no vida, Julian. — ironizó el librero, aguantando la risa.

 

― Suficiente charla por ahora. Tenemos que centrarnos en acabar con este demonio. Necesitamos localizarlo y retenerle el tiempo suficiente para exorcizarle y mandarle de vuelta al hoyo.

 

― ¿Y cómo vamos a hacer eso?

 

― Eso, detective, es una buena pregunta. Está claro que la tiene tomada contigo. Estoy bastante seguro de que volverá a intentar atacarte.

 

― Genial. — ironizó el policía.

 

― Hay que usar eso a nuestro favor.

 

― No me gusta la idea de que le usemos de cebo.

 

― A mí tampoco. — Charles se unió a la protesta de Aidan.

 

― Es lo que hay. A menos que tengáis una sugerencia mejor, claro.

 

Gordon Henricksen miraba preocupado su móvil sin decidirse a realizar la llamada.

 

No había visto a su compañero desde el día anterior y, cuando llegó a la cafetería, este no estaba por ninguna parte. Según la camarera ni siquiera había aparecido. Eso no encajaba con él. No solía desaparecer sin dejar ni rastro.

 

No sin avisar o dar un motivo. Y ya era la segunda vez esa semana que le hacía lo mismo.

 

Su compañero era muy predecible. Después de un caso donde estuvieron ambos amenazados de muerte por un asesino al que encarcelaron y que consiguió escapar, dándoles un susto considerable, acordaron que siempre estarían localizables.

 

Esa era una de las razones por la que le gustaba trabajar con él. Con Charles no había sorpresas ni avisos de última hora diciendo que estaba enfermo o excusas similares. Si no recordaba mal, no había faltado a trabajar ni un día desde que eran compañeros.

 

Así que, cuando se esfumó sin decir absolutamente nada, Gordon empezó a preocuparse. Y la cosa empeoró cuando regresó a comisaría desde la escena. Nadie lo había visto en todo el día.

 

A esas alturas ya empezaba a asustarse de veras.

 

Pero aún no veía una razón válida para llamarle. ¿Qué iba a decirle?

 

¿Perdona, pero como desapareciste sin decir nada me asusté?

 

Iba a parecer su madre o algo por el estilo. Otra vez. Y Charles se estaría burlando de él durante meses.

 

Gruñó una maldición y se guardó el móvil en el bolsillo interior de la chaqueta. Más le valía estar bien y tener una muy buena excusa para preocuparle de esa manera o le patearía el culo en cuanto le encontrara.

 

Bostezó y entró al baño. Al verse en el reflejo del espejo casi se asustó por lo que vio. Llevaba noches sin dormir bien a causa de la niña, pero también había tenido un par de veces que no recordaba cuando se levantó a mirar a la niña ni cuando regresó a la cama. En esas ocasiones se despertaba desorientado y más agotado que cuando se fue a dormir.

 

Estaba claro que necesitaba unas vacaciones. El cansancio le afectaba más de lo que deseaba reconocer.

 

Tan distraído estaba que no vio el pequeño chispazo negro que salió de su móvil en el bolsillo.

 

La habitación empezó a oler raro, como a huevos podridos y se giró buscando el origen de la peste, pensando que alguien debía haber tirado algo de comer allí y se había podrido.

 

La pequeña chispa que había salido de su móvil se arremolinó frente a él, convirtiéndose en un haz de luz negra que impactó contra sus ojos. Era como una especie de energía extraña que entró en su cuerpo y se adueñó de él.

 

Sin poder hacer nada para evitarlo, una presencia hostil le empujó y arrinconó en su propia mente dejándole solo como un mero espectador.

 

Estaba recluido en su propio cerebro.

 

Con horror sintió sus manos moverse sin su permiso, cogiendo de nuevo el teléfono y abriéndolo para llamar. Se oyó a si mismo hablar, vio su propio reflejo en el espejo del baño, la sonrisa aterradora que sus labios dibujaron, sus ojos tornándose dorados.

 

Sorprendido e impotente, oyó su propia voz tendiendo una trampa a su compañero.

 

La presencia fue muy clara con sus intenciones y disfrutó de su terror cuando le informó.

 

Charles estaba tratando de terminar de leer el diario cuando su móvil sonó, interrumpiéndole a él y a los otros dos que seguían discutiendo sobre cosas que prefería no saber que eran. Llevaban por lo menos una hora echándose puyas el uno al otro sobre anécdotas del pasado que implicaban, en su mayoría, al fantasma metiendo en líos al otro por asustar a los clientes más jóvenes.

 

Contestó distraído, sin mirar el número del identificador de llamadas.

 

― Detective Andrews.

 

― Charles. ― reconoció la voz de su compañero enseguida, sintiéndose culpable por no haberle avisado de donde estaba. Era la primera vez en años que faltaba al trabajo.

 

Sin embargo había algo que no estaba bien y que le puso alerta. Su compañero normalmente solía llamarle Charlie o Andrews.

 

Nunca Charles.

 

― ¿Henricksen? ¿Ocurre algo?

 

― Nada importante, detective. Solo estoy aquí pasando el rato con su amigo. — el terror le congeló, sintiéndose temblar un poco. Ese tono… era el del asesino.

 

― ¡Déjale en paz! — tanto Aidan como Julian se acercaron raudos a él, con sendas miradas preocupadas.

 

― ¡Ah, ah, detective! — el muy bastardo rio. Una risa de loco que no casaba para nada con la voz del Henricksen que él conocía. ― Sea bueno o se lo devolveré en pedacitos, como hice con aquella chica. Un día el hígado, otro podría ser un brazo… incluso podría mandarle por piezas y mantenerle con vida. Sería como un rompecabezas.

 

― ¿Qué es lo que quieres?

 

― Eso me gusta más. Veo que su amigo tiene una familia adorable. Lamentaría mucho que sufrieran por su culpa, así que haga lo que le digo y todo irá bien.

 

Charles ahogó un gemido al pensar en ese monstruo cerca de la pequeña hija o de la esposa de su compañero.

 

― Está bien.

 

― Voy a darle una dirección y le quiero allí en menos de una hora o haré que su amigo destroce a mi siguiente víctima, la cual, por cierto, usted conoce muy bien. Y después le destriparé a él. Me gusta hacer honor a mi nombre.

 


 

Recuerda que todas mis novelas las puedes encontrar aquí o en Amazon.

 

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Resumen semanal: del 7 al 11 de enero: Resumen semanal: segunda semana de enero.

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Resumen semanal: del 7 al 11 de enero.

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Lunes.

En el post de esta semana te hablo sobre los personajes de El Guardián. Ven a conocer a Paul y Alger, protagonistas de la novela y dos bichos de lo más encantador XD

Los personajes de El Guardián.

 

Miércoles.

¡Y nuevo capítulo de Jack T.R.!

Esta semana Charles cada vez está más liado y confundido y más asustado también. Y no es para menos, ya que debe volver a vivir uno de los asesinatos de Jack.

¿Qué hará?

Jack T.R. Capítulo 7

 

Jueves.

Esta semana te cuento más sobre mi nuevo proyecto y los personajes que van a participar en él. Cómo y de dónde han salido y el desarrollo de sus personalidades.

Creando personajes para el nuevo proyecto

 

Viernes.

¡Por fin es viernes!

¡A disfrutar del finde todos!

 

 

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¡Empezamos con las notas!: ¡Nuevo proyecto!

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Nuevo proyecto: ¡Empezamos con las notas!

nuevo proyecto

Pues sí, adorable lector y visitante mío, tengo nuevo proyecto.

Y espero acabarlo con tiempo para presentarlo en el concurso de Amazon de agosto. O no, vete a saber.

Pero si no me pongo una fecha límite, no lo acabo, así que…

¿Por dónde iba?

¡Ah, sí!

Nuevo proyecto.

Por ahora solo tengo varias notas y una idea bastante general del asunto, aunque sé cómo empieza y como quiero que acabe. Lo cual es más de lo que tenía cuando escribí Kamelot 2.0, por ejemplo XD

He empezado la maravillosa fase de «engendrar» a la criatura.

Tengo a los protagonistas principales y a varios de los personajes secundarios. Tengo el escenario y una parte muy básica de la trama principal.

Y, lo más importante, estoy muy emocionada con ella.

Te puedo contar poco por ahora, salvo que va a contar con mis lobos del relato 3 Hermanos, de los que me encariñé mucho cuando los escribí y van a salir en otra novela en un futuro pero quería que tuvieran su propio libro.

Sobre todo, dos de ellos, que son adorables. Va a ser su historia, se cómo se criaron juntos, como sus vidas cambiaron y evolucionaron al hacerse mayores, como se enamoran dos de ellos y como afecta todo cuando uno decide traicionar a los otros dos.

Si has leído El Guardián o el relato 3 Hermanos sabrás de quienes hablo y te sonará bastante la historia. Si no lo has hecho… ¿A qué leches esperas?

Estoy haciendo ahora la historia detrás de cada personaje, para darles su personalidades distintivas y sus voces. Me encanta esto porque descubro cosas muy interesantes de cada personaje. Cosas que no sabía cuándo les cree para el relato o el cameo en la novela, ya que eran papeles muy pequeños.

También te puedo contar que va a ser un romance paranormal, con trazas de humor y una subtrama que seguirá uniendo esta historia a mi universo de la Comunidad Mágica vs La Orden, encajando en todo ese lio, ya que se va a situar justo después del relato 3 Hermanos a la vez que haremos un viaje al pasado de esos tres.

¿Te he dicho que estoy muy emocionada con esta historia?

Haciendo cálculos me he dado cuenta de que un momento clave de esta historia pasará justo en el mismo momento en que Jack hace su aparición en Chicago, así que las líneas temporales son simplemente perfectas.

Y lo feliz que me hacen esas chorradas XD

Aquí te dejo una fotito de una de las páginas de notas que tengo ya listas para escribir.

nuevo proyecto

*se va frotándose las manos, entusiasmada*

Por cierto, te recuerdo que puedes conseguir mi nueva novela Dagas de venganza en Amazon o en el blog.

 

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Jack T.R. Capítulo 6.

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Capítulo 6

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Cuando Charles le pidió explicaciones, Aidan pensó que sería mucho mejor darlas en un lugar más privado y lo más alejado posible de donde el detective sufrió el ataque. Por el bien mental de ambos.

El librero aun no conseguía calmar su corazón, que latía desbocado desde que se encararan a ese demonio. ¡No podía creer que de verdad se hubieran enfrentado a eso! ¡Y habían salido vivos!

Por el momento, al menos.

No sabía cuándo ni cómo, pero sí que volvería a atacarles. De eso estaba seguro.

Así que lo llevó al único sitio donde estarían a salvo. Su librería.

Él por lo menos se sentía mejor ahí, en su tienda, protegido de cualquier cosa maligna que quisiera entrar sin invitación.

Si algo había aprendido durante su tiempo llevando el negocio fue a protegerse contra sus propios clientes. En especial, contra todos los que eran sobrenaturales. Ese era un lugar neutral, pero eso no implicaba que todos respetaran las reglas.

No se le ocurrió que, después de dos vasos de whisky y pasado un poco el shock, Charles iba a ponerse tan frenético.

No, frenético era quedarse corto.

Rayando un poco la histeria, exigiendo saber que había pasado y ladrando más que su perra, la cual había optado por esconderse debajo del mostrador, asustada por la ira nerviosa y los gritos del detective.

Aidan estaba pensando seriamente en hacer algo parecido, porque estaba asustándole más que el mismo demonio al que se habían enfrentado. Él no cabía debajo del mostrador, pero a lo mejor dentro del armario…

Julian, el muy bastardo, estaba disfrutando mucho con eso. No lo veía tan feliz desde que asustó a aquellos adolescentes en el último Halloween. Aidan aun recordaba cómo perdió una hora mintiendo a las familias de los críos para encubrir las travesuras del fantasma.

― Detective, por favor, ¿podría sentarse? Me está mareando. ― pidió lo más calmado que pudo después de verle dar la octava vuelta a la pequeña tienda. Charles le miró como si le hubiera pedido matar a su madre o algo parecido.

Lo peor era que Rolf se había ido hacía ya un buen rato, para informar a su jefe que la reunión tendría que posponerse un poco más, así que no tenía quien le ayudara si el policía se ponía violento. Cosa, que viendo cómo se comportaba, podría pasar en cualquier momento.

― ¿Sentarme? ¿Sentarme? — chilló, ya perdiendo los nervios del todo y acercándosele, pisando fuerte. ― ¿Cómo se supone que voy a sentarme?

― Pues es muy simple. Coges una silla y pones tu culo en ella. ― bromeó el fantasma encogiéndose de hombros y ganándose un par de miradas malhumoradas. Eso solo consiguió hacerle sonreír divertido.

― Julian, no ayudas.

― ¡No quiero sentarme! — Charles pateó la silla que tenía más cerca, volcándola y mandándola lejos. Luna gimió asustada bajo el mostrador. ― ¡Quiero saber qué demonios ha pasado allí y por qué hay un tío transparente hablándome en mitad de la tienda!

Julian bufó, atravesando el mostrador donde se había agachado para comprobar a la perra, y se cruzó de brazos frente al policía, con expresión indignada.

― Me siento ofendido por eso de transparente. Sí estoy ahora más incorpóreo es porque gasté mucha energía anoche y hasta que no me recupere seguiré así, gracias por preguntar.

― Nos estamos desviando del tema. Si se sienta, puedo intentar explicar lo que sé.

Renuente, Charles recogió del suelo la silla que había pateado antes y se sentó frente a ellos, cruzándose de brazos y mirándolos expectante, terminándose de un solo trago lo que le quedaba del tercer whisky.

Debía ser por la adrenalina que no le estaba afectando ni lo más mínimo el alcohol. O eso, o tenía un aguante muy bueno. Físicamente, Charles no parecía haber salido herido del enfrentamiento. Aún tenía el pecho dolorido por la presión a la que esa cosa le sometió y la ropa manchada de cuando cayó al suelo al ser liberado, pero por lo demás estaba bien. Solo asustado, alterado, nervioso y un largo etcétera de sinónimos en los que no quería pensar en ese momento.

Aidan respiró hondo y trató de ordenar un poco sus pensamientos. El encuentro con esa criatura también le había afectado bastante. A pesar de su propia experiencia con lo sobrenatural, jamás tuvo la mala suerte de cruzarse con un demonio antes y no tenía más información sobre ese tema que lo que había leído.

Y la realidad resultó ser más escalofriante de lo esperado.

― Vamos a empezar por lo más simple… este es Julian. Como puedes ver, es un fantasma. Lleva muerto ciento sesenta años y…

― Ciento sesenta y tres. – le interrumpió Julian, sacándole un suspiro frustrado.

― Estaba redondeando. – masculló entre dientes.

― Redondea con la fecha de la muerte de otro, si no te importa.

― Está bien. ― respiró hondo de nuevo, esa vez para no dejarse llevar por las casi irresistibles ganas de mandar al fantasma de paseo. ― Lleva muerto ciento sesenta y tres años. ¿Contento? ― Julian sonrió, divertido.

― Mucho.

Aidan negó en silencio y volvió a centrar su atención en el detective.

― Su espíritu está atado al mundo de los vivos por… un pequeño objeto personal. Vamos a dejarlo así. Yo lo encontré, le ofrecí destruirlo para que pudiera descansar pero no quiso. Así que aquí sigue. — como resumen apestaba bastante, pensó rascándose la nuca, pero no se atrevía a dar más detalles sobre el fantasma y su único punto débil.

Charles le miró parpadeando entre sorprendido y abrumado. No podía creer que estuviera oyendo semejante historia. Y lo que era peor, se la estaba creyendo. ¿Pero qué otra explicación había? Podía ver con absoluta claridad al fantasma.

― ¿Por qué no tiraste el objeto por ahí? ¿O destruirlo sin más? — preguntó curioso el policía, olvidando por un minuto el asunto que les había traído ahí. Julian le dirigió una mirada envenenada.

― No podía dejar que lo encontrara nadie más. — respondió, encogiéndose de hombros. ― Nunca se sabe. Algo así en malas manos. Y no puedo destruirlo si él no quiere irse al otro lado. Eso no sería justo.

― Sería lo más lógico.

Y tanto que lo sería, pensó el librero con tristeza. Nadie se lo habría pensado antes de poner a descansar al viejo vaquero. Él no tuvo corazón para hacerlo. No después de oír su historia.

En el fondo era un blando y un romántico. Podía entender que Julian no quisiera pasar la eternidad lejos de la que fue el amor de su vida. Aunque también sabía que, tarde o temprano, el fantasma se vería obligado por las circunstancias a cruzar al otro lado o perdería su esencia.

― Mi vida no tiene mucha lógica, de todas maneras. — repuso Aidan, quitándole importancia con un gesto, levantándose de su silla para acercarse al mostrador. ― Y no hay mucha gente que pueda verle. Tú puedes porque acabas de sufrir un suceso sobrenatural. Eso suele ayudar.

Charles le miró sin terminar de entender de qué le estaba hablando.

― ¿Hablas del psicópata ese? Está loco y es un asesino, ¿qué tiene eso de sobrenatural?

― Demonio. Es un demonio. — corrigió Julian, uniéndose a la conversación. De alguna manera había conseguido que la perra saliera de debajo del mostrador. El animal se escondió tras él, lo que resultaba bastante ridículo ya que tanto Aidan como Charles la podían ver a través del fantasma. ― Quien fuera el tipo al que está poseyendo, probablemente esté muerto y si no, lo deseara cuando le libere. Lo que le ha obligado a hacer, si le permitió mirar, le volverá loco.

― Un demonio. ― Charles repitió la palabra mirándolos incrédulo. Aidan resopló.

― Se cómo suena. Pero sí. Un demonio. Si nos ponemos prácticos, un alma humana que ha pasado demasiado tiempo en el Infierno.

― ¿Eso fue antes humano?

El librero miró al fantasma con expresión triste, cosa que no entendió Charles. Se estaba perdiendo algo ahí. Pero no quiso preguntar. Ya tenía suficiente con lo ocurrido hasta ese momento.

― Todos, salvo los originales, lo fueron alguna vez. Pero unos cuantos cientos de años de tortura y maldad acaban convirtiéndote en eso.

Aidan se frotó la cara y volvió a caminar, sintiéndose agobiado por las intensas emociones que había en la habitación en ese instante. La incredulidad del detective y la pena de Julian le estaban ahogando un poco.

Paseó hasta el escaparate, observando la nieve que volvía a caer lentamente en el exterior, tratando de apartarse mentalmente de los sentimientos de los otros dos.

― Encontré el libro por el que vino preguntando el otro día. El debió pedirle a alguien que lo dejara dentro de la tienda. — Charles le dirigió una mirada inquisitiva. ― Soy médium y empático. Normalmente suelo ver espíritus y sentir las emociones de la gente a través de un objeto que hayan tocado. Él dejó una fuerte huella psíquica en el libro a propósito para que pudiera verla. Quería que supiera que iba a por ti. Por eso fuimos capaces de encontrarte a tiempo.

― ¿Qué más viste?

El chico no pudo evitar estremecerse al recordar lo que vio y sintió después de tocar el libro.

― Nada que quiera volver a ver en mi vida. No fue nada bonito.

― Él dijo que era «El Destripador». — el librero parpadeó. Ahora ya estaba confirmado. Iban tras el demonio del que hablaba el diario. O él iba tras ellos. ― ¿Cómo es posible que existiera hace doscientos años y aun esté con vida? ¿Dónde ha estado todo este tiempo? ¿Cómo no lo hemos descubierto hasta ahora?

― Es un demonio, no puede morir. Y si el diario que encontré hace unas semanas es auténtico, fue exorcizado y enviado al Infierno. Ahí es donde ha estado. Lo que no sé es cómo ha salido.

― ¿Un diario? — el policía empezaba a sentirse un poco como un loro. Solo era capaz de repetir lo que oía. Pero era todo tan inverosímil…

― Lo conseguí en el mercadillo del parque. Era, o parece ser, el diario de un cazador sobrenatural. Lo consulté con un contacto mío en Europa, pero no hay nada «oficial» sobre el tema. Extraoficialmente, el dueño del diario pertenecía a un grupo que se hace llamar La Orden, el cual lleva siglos funcionando en las sombras y de los que muy pocos saben de su existencia.

― A mí no me miréis. ― añadió el fantasma encogiéndose de hombros cuando la mirada del policía se dirigió hacia él. ― Morí mucho antes de que eso ocurriera. Ni siquiera sabía que pasaba en Europa por aquella época. Bastante tenía con mis problemas en casa.

― La cuestión es que ese demonio estuvo sembrando el terror en Whitechapel en aquella época hasta que este hombre fue enviado allí para atraparlo. Con ayuda del detective encargado de los asesinatos consiguió localizarlo justo después de matar a su última víctima. Le exorcizó y taparon todo para que el público nunca pudiera averiguar la verdad. Fue por eso por lo que el asesino paró, de repente y sin motivo, de matar y desapareció sin dejar rastro.

― Si tan seguro estás de que es un demonio y ese grupo se dedica a eso, ¿por qué no te pones en contacto con ellos para que se hagan cargo? Ya lo hicieron una vez.

― No puedo. Lamentablemente, soy persona non grata en su círculo.

― ¡Esto es ridículo!

― Sé cómo suena todo esto, pero es verdad. Tú mismo lo has visto. ¿Cómo explicas lo que ha pasado en ese parking? ¿Con qué crees que te retuvo?

― ¡No! ― masculló el detective levantándose de su silla. — ¡Esto es estúpido! No voy a creer que…

― Sé que no es fácil, pero es la verdad. Y mientras sigas sin querer reconocerla, él seguirá matando. — Aidan se acercó a él, para tratar de calmarlo pero manteniendo una distancia prudencial para evitar tocarlo. Lo último que necesitaba en ese momento era que las emociones de Charles se mezclaran con las suyas. ― Tenemos una oportunidad de detenerle de nuevo. De volver a mandarle al Infierno por otros doscientos años.

― ¡No! — Charles se alejó de ellos, retrocediendo hacia la puerta y mirándolos como si fueran dos locos peligrosos. Claro, que después de lo que había oído, ¿quién podía culparle? ― ¡Quiero que os mantengáis alejados de mí y del caso! ¡Si os veo, aunque sea a cien metros de una de las escenas o de mí, os arrestare! ¿Queda claro? — el fantasma rio, claramente divertido con sus palabras.

― ¿Cómo demonios se supone que vas a arrestarme?

― ¡Julian!

Aidan se acercó al detective y le tendió una petaca. Era una de las que había rellenado con la receta que había encontrado en uno de sus libros cuando todo eso había empezado. Una anodina petaca de plata rellena con una serie de especias y hierbas con agua bendita.

― Si vas a irte, bien. No vamos a detenerte. Pero llévate esto… solo por si acaso.

― Estáis locos… ― el librero le dio una mirada triste, ignorando el resoplido que el fantasma había soltado detrás de él.

― Por favor… solo es agua. No va a hacerte ningún daño llevarla. Y me quedaría más tranquilo.

Charles se apartó de él, pero se guardó la petaca en el bolsillo de la chaqueta antes de salir de la librería dando un portazo. Los otros dos se miraron, soltando un suspiro al unísono.

― Bueno… tampoco ha ido tan mal. He visto reacciones peores a estos temas.

― No nos ha detenido. Bueno, a mí. A ti no sé cómo se suponía que iba a detenerte. — Julian volvió a reír.

― Mi punto exactamente.

El chico suspiró y se encaminó al mostrador para recoger los vasos vacíos y esconder la botella en el estante que tenía bajo la caja registradora, junto a una pequeña caja fuerte donde solía guardar el dinero hasta la hora del cierre. Al coger el que había estado usando el policía casi se cayó de rodillas. Julian se acercó a él, raudo, con la perra pegada a sus talones.

― ¿Aidan?

― ¡Joder! — gruñó Aidan, apoyándose en el mostrador mientras la visión pasaba. ― ¡Mierda!

― ¿Qué pasa? ¿Qué has visto?

El librero se frotó la cara, cansado y mareado. Cuando algo así de fuerte le golpeaba, lo dejaba casi sin poder moverse. Con gran esfuerzo se puso derecho y se separó tentativamente del mostrador. Al ver que no corría peligro de caer redondo al suelo, se acercó a la silla que ocupara antes el detective y se sentó en ella, riendo de manera sombría.

Ahora tenía algo más de sentido que Charles hubiera acabado envuelto en todo eso y su especial celo con ese caso.

― Que tenías razón… no es un poli normal.

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Resumen semanal: tercera semana de diciembre.

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Resumen semanal: del 17 al 21 de diciembre.

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Lunes.

Esta semana la comenzamos con un post sobre los orígenes de Dagas de venganza.

¿De donde salió la idea?

¡Averígualo!

Martes.

Estoy ya por dejarlo por imposible…

Miércoles.

¡Nuevo capítulo de Jack T.R.!

Charles va a tener un encontronazo con el asesino, pero esta vez despierto.

¿Qué pasará?

Jueves.

¡Ya está aquí!

¡Dagas de venganza ya se ha estrenado!

¿Aún no tienes la tuya? ¿A qué esperas?

Viernes.

¡Y se acabó la semana por fin!

La semana que viene no habrá post de ninguna clase en el blog, porque… bueno, ¡es Navidad!

Pero nos veremos en las redes sociales.

¡Felices fiestas!

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¡Dagas de venganza ya está aquí!

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¡Dagas de venganza ya a la venta!

¡Ya está aquí, ya llegó, Dagas de venganza está en el blog! *léase cantando*

En el blog y en Amazon, eso sí.

¡Por fin ha llegado la hora! Es 20 de diciembre lo que significa que mi nueva novela y nueva parte de la saga Comunidad Mágica Vs La Orden está ya disponible en digital y papel.

Mientras Nueva Orleans sucumbe a la gran fiesta, Astrid Samaras aparece en la ciudad siguiendo la pista del asesino de su familia, y no quiere que nada la detenga. Sin embargo, su plan se verá interrumpido por La Orden por lo que se verá obligada a posponer su sed de venganza. 

Pronto conocerá a Alec Patterson, un joven e inexperto policía que está investigando unas extrañas desapariciones, y será en un callejón donde Astrid y Alec tendrán que unirse a marchas forzadas para desentrañar el último plan de la milenaria organización contra la Comunidad Mágica.

Dagas de venganza es la quinta entrega que continua la saga La comunidad Mágica Vs. La Orden.

¿Te lo vas a perder?

¡Corre a conseguirla!

Dagas de venganza Kindle en Amazon

Dagas de venganza Papel en Amazon

Dagas de venganza Pdf en el blog

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Jack T.R. Capítulo 5.

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Capítulo 5

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― ¡Esto es la cosa más estúpida que has hecho jamás!

― ¿Entonces para qué me acompañas?

― ¡Para evitar que te metan en la cárcel si te equivocas, por ejemplo!

Rolf conducía su Ducati 848 Corsea negra a toda velocidad por las calles de Chicago, con Aidan fuertemente agarrado a su cintura. El vampiro había pasado por la tienda para comprobar si podía o no celebrarse la reunión entre el librero y su jefe encontrándose con que el chico se disponía a salir solo para avisar al policía.

Julian fue quien le puso sobre aviso de las intenciones del chico y del posible demonio que podía estar implicado en todo ese asunto y por esa razón decidió acompañarle. Su grupo tenía muchos intereses que dependían del librero y su relación con ellos siempre había sido cordial, como poco. Karl, su jefe, le tenía en alta estima,lo cual era motivo más que de sobra para ayudarle. Pero el mismo Rolf también le apreciaba bastante.

Así que se ofreció a acompañarle, cosa que Aidan agradeció internamente, aunque exteriormente protestó bastante.

La idea de enfrentarse a ese demonio no le hacía ninguna ilusión.

El tener que explicarle todo ese asunto al detective, menos aún.

Pero su conciencia no iba a dejarle tranquilo hasta que se asegurara que lo que había visto no se hiciera realidad.

Cerró los ojos con fuerza cuando el vampiro tomó una curva demasiado rápido y rezó para que no fuera tarde.

Charles acababa de llegar a la escena del crimen. Mientras esperaba a que los de la científica hicieran su trabajo y dejaran al juez levantar el cadáver, bebió el último sorbo de su café con leche y echó un vistazo al hombre que había encontrado el cuerpo.

El pobre tipo estaba al borde de un ataque de ansiedad. Era un simple chico de no más de veinte años, moreno y bastante enclenque, que se dirigía a su trabajo en un supermercado cercano y que dejaba su coche en ese parking todas las mañanas. La noche anterior hubo inventario, por lo que fue a trabajar de madrugada, tropezándose con el asesino.

Después de diez minutos con él, el detective lo acabó dejando por imposible y lo envió con uno de los patrulleros para que lo llevaran a un hospital. Necesitaba media caja de tranquilizantes… por lo menos.

Aunque con lo que tuvo que ver (y Charles sabía perfectamente que había visto ya que fue testigo indirecto e involuntario de todo) no le extrañaba nada. Según su declaración (o   lo poco que habían sacado en claro) estaba entrando al parking a las cuatro dela madrugada cuando los faros de su coche alumbraron a un hombre agachado sobre algo o alguien. El hombre, al verle se levantó rápidamente y salió corriendo, desapareciendo por la parte trasera del supermercado. El testigo se acercó para comprobar que había en el suelo y vio a la víctima ya muerta.

Llevaba temblando como una hoja desde entonces.

El cuerpo estaba tal como en su sueño. Pero desde el punto de vista de ella no era igual que desde fuera. Era aún más grotesco. Nadie podría adivinar que ese montón de carne golpeado y sanguinolento fue una guapa muchacha que se dedicaba a bailar y  robar para ganarse la vida.

En esta ocasión no había podido mover el cadáver, dejándolo en el mismo sitio donde cometió el asesinato. Uno de los patrulleros le entregó la cartera de la chica, que había encontrado en su bolso, unos metros más allá del cuerpo. Lucy, veintiséis años,según su licencia de conducir. En la foto de la identificación la vio como en su sueño, cuando se miró en el retrovisor de un coche antes de que ese monstruo la atacara. Rubia, cabello largo y con bucles, ojos azules que chispeaban al sonreír a la cámara.

Por ahora las tres víctimas tenían algo en común y eso les daba una bastante clara victimología del asesino. Todas tenían algún problema con las drogas, por pequeño que fuera.Aún no habían visto su firma por ninguna parte, pero era probable que el testigo le interrumpiera antes de poder hacerla.

Se frotó la cara, cansado y asqueado. No había podido tomar nada que no fuera café desde que despertó y sentía nauseas a causa de lo visto en el sueño. El olor a sangre que había en el aire no estaba ayudándole nada. Empezaba a sentirse más y más enfermo.

Necesitaba encontrar algo que pudiera darle una pista del asesino. Debía volver a comisaría y leer el informe de la unidad de perfiles, hablar de nuevo con el forense… algo que le diera ese pequeño retazo de información que buscaba y pudiera ayudarle.

Y necesitaba otro café. O tal vez mejor un té, pensó cuando su estómago volvió a dar un vuelco desagradable.

Los de la científica encontraron en la nieve las que podrían ser las huellas que dejó el asesino cuando salió corriendo y un cuchillo de grandes dimensiones, que ya estaba embolsado y listo para ser analizado. Cuando llegara Henricksen y desayunaran regresarían a comisaría para ver que les decían de todo eso.

Era extraño que su compañero llegara tarde. Miró su móvil, considerando llamarle o no. Luego recordó la reciente paternidad de Henricksen y lo volvió a guardar en su bolsillo. Seguramente la niña habría reclamado su atención con cualquier cosa típica de niños en el último minuto. Era algo muy normal.

Decidió pasear mientras le esperaba, alejándose del cuerpo para buscar un poco de aire fresco que aliviara su mareo.

Fue esa necesidad la que le llevó a caminar por el parking, deshaciendo el camino que la víctim arecorrió esa noche, el mismo que él vio en su sueño. Anduvo despacio hasta llegar al bar donde ella bailó por última vez esa noche, buscando el lugar donde le vio.

El parking estaba casi desierto a esas horas de la mañana, una vez pasada la hora de cierre del bar. A su alrededor no había mucho que ver salvo una pequeña licorería, el supermercado y el parque. Ya habían tomado declaración a los trabajadores tanto del bar como de la licorería, pero ninguno vio ni oyó nada. Hubiera sido todo un milagro que escucharan algo, pensó. El volumen al que solían tener la música en esa clase de locales era demasiado alto.

El coche donde estuvo apoyado el asesino antes de atacarla aún seguía en su lugar. Un maltratado sedan negro, con la pintura levantada en una de sus puertas, probablemente por un roce al aparcar.

Frunció el ceño al verlas tres letras que representaban la firma del asesino dibujadas con sangre en el parabrisas del coche. Así que le dio tiempo a firmar su crimen antes de huir…

Tocó el capó pero estaba helado. Nadie lo había conducido en varias horas. Tal vez pudiera buscar huellas en el más tarde.

― ¿Puedo ayudarle? —Charles se giró al oír una voz, tropezándose con un hombre más joven que él, de más o menos su estatura, con el cabello rubio y corto y ojos azules. De complexión fuerte, vestido con unos vaqueros, jersey azul y cazadora tipo aviador, el tipo le dedicó una cordial pero fría sonrisa.

― Si. Soy el detective Andrews, estoy aquí por el asesinato que ha ocurrido esta noche en el parking.— se presentó, sacando la placa y mostrándosela al hombre. ― ¿Ha estado usted esta noche por la zona?

La sonrisa del tipo se volvió torcida. Le oyó reír por lo bajo, como si hubiera recordado alguna broma divertida.

― ¡Ah, sí! ¡Pobre chica! He oído lo que le ha ocurrido. Una desgracia.

El tono del hombre fue tan falso que despertó sus sospechas. Había algo en él que le ponía los vellos de la nuca de punta. Guardó su placa en el bolsillo interior de su chaqueta y dejó la mano ahí, abriendo el cierre de su pistolera disimuladamente.

― No ha respondido a mi pregunta, señor…

― Estuve aquí toda la noche. La vi bailar. — le interrumpió, con el mismo tono que seguía siendo equivocado, como si hablara de un objeto en vez de una persona. Charles rozó la culata de su pistola con los dedos. El tipo estaba esquivando identificarse. ―Una chica preciosa… tan llena de vida a pesar de su adicción. ― el hombre levantó la mano y una fuerza invisible empujó al detective contra el coche, dejándole sin aire momentáneamente por lo brusco del golpe. La pistola salió volando, escapándose de sus dedos. — Los humanos siempre tan débiles.

― ¿Qué demonios…? —para sorpresa de Charles comprobó que no podía moverse. Estaba atrapado por alguna clase de poder que lo mantenía contra el coche e inmóvil, una especie decampo de fuerza. El hombre se acercó a él, con una sonrisa aterradora y sus ojos brillando dorados y antinaturales. Igual que el monstruo de sus sueños. —¡Tú! ¡Eres tú!

Un miedo atroz empezó a recorrerle entero. ¡Era él! ¡El asesino! Trató de moverse y liberarse pero era imposible. Con cada intento la presión se hacía más fuerte hasta el punto de sentir como su pecho era aplastado por esa fuerza invisible. ¿Cómo demonios lo hacían? Debía ser alguna clase de truco, como los ojos.

― No ha sido de muy buena educación por su parte espiarme mientras me divertía, detective. — la voz del asesino estaba cargada de risa, mientras sacaba un cuchillo largo y afilado del interior de su cazadora, muy parecido al que habían encontrado en la escena. ― ¿Disfrutó mi trabajo? Ha sido muy refrescante volver a donde lo dejé hace doscientos años.

― ¿Doscientos años? ¿De qué estás hablando? ¡Tú eres el que está matando a esas chicas! ¡Quien mandó ese paquete a comisaría!

― El mismo. Soy lo que vosotros los humanos llamáis un demonio. Yo prefiero el término «alma corrupta». Es más acertado. ― Charles lo miraba, parpadeando sorprendido por sus palabras. No se esperaba eso. ― Pero que pocos modales los míos… ¡no me he presentado! Antes solían llamarme Jack.

― ¿Jack?

― The Ripper. El Destripador. Me encantaban los periodistas de antes, eran siempre tan imaginativos…

Rolf esquivó dos coches con su moto y giró a la derecha con más brusquedad de la que esperaba, haciendo que Aidan se agarrara con más fuerza a él.

― ¿Estás seguro de que esto va a funcionar?

― Hombre, a menos que sea uno especialmente poderoso, sí. Todos los demonios son susceptibles de ser exorcizados. ― el chico estaba muy agradecido porque los vampiros estuvieran tan obsesionados por los aparatos modernos como por su pasado o no podrían tener esa conversación mientras conducían a lo loco en la moto.

Y esa obsesión hacía que Rolf tuviera siempre lo último de lo último en tecnología. Y los cascos con intercomunicadores que estaban usando en ese momento resultaban muy útiles.

― Espero que tengas razón.

― Yo también.

Charles aun no podía entender que era lo que estaba ocurriendo.

Tenía al asesino que visitaba sus sueños frente a él y estaba más loco de lo que había pensado en un principio. O era un habitual de las drogas duras.

Se creía Jack el Destripador y que era un demonio.

No. Iba más allá de eso. Estaba absolutamente convencido de ello.

Pero eso era la parte normal. Lo no tan normal era el no poder moverse por mucho que forcejeara a pesar de no estar atado ni sujeto por nada físico. Tenía que estar alucinando o drogado o soñando.

Porque si no era así y lo que decía ese tipo era verdad, estaba frente a un demonio.

Y eso no podía ser verdad… ¿verdad?

Esas cosas solo existían en la Biblia y para los católicos como una manera de asustarles para que se portaran bien.

Solo eran una metáfora. Un cuento.

Nada más.

No podía ser real.

― Pero soy muy real, detective. ― la voz burlona del asesino le hizo regresar su atención a él. Al parecer había pensado en voz alta sin darse cuenta. — Soy más que real. Más antiguo que esto que vosotros llamáis civilización. Me he divertido por siglos con vuestras mujeres, destrozándolas, convirtiéndolas en mis obras maestras. ¡Tan hermosas cuando termino con ellas!

― ¡Estás loco!

― He estado mucho tiempo encerrado. ― prosiguió como si no hubiese escuchado la interrupción. ― Ese cabrón de Campbless me hizo regresar al hoyo pero pude escapar. Necesité doscientos años pero por fin estoy fuera de nuevo y ahora no hay nadie que pueda detenerme.

El detective cada vez estaba más y más anonadado con lo que oía. ¿De qué estaba hablando? ¿Tan grande era su delirio que pensaba que había estado encerrado en el infierno doscientos años? ¿Sería esa su manera de decir que había estado en un psiquiátrico? Tenía que ser…

― ¡Estaba deseando entrar en esta época! ¡Es perfecta! Aquí te tengo, inmovilizado sin tocarte, estás viendo mi poder, mi verdadero rostro y sigues sin creer nada de lo que te digo. ¡Qué maravilloso milenio de escepticismo! — rio. Charles volvió a forcejear para liberarse, aunque solo consiguió que la presión se hiciera más fuerte, asfixiándole.

― Cuando te meta dos balas en la cabeza veremos quién tenía razón. — le gruñó, ya harto de tanta palabrería. Odiaba a los locos por esa razón. Se podían pasar horas y horas hablando de todo lo que iban a hacer y matarte de una jaqueca antes que de un tiro. El asesino se carcajeó, claramente divertido, tal vez por su enfado o tal vez por la amenaza.

― Puedes meterme hasta tres, si quieres. Solo mataras este… traje de carne. No me interesa que esté vivo de todas maneras. No le necesito así. Si se estropea, encontrare otro nuevo. O…

El asesino se acercó a él, cogiéndole de la barbilla y casi pegando su cara a la del detective. Este se estremeció sin poder evitarlo.

― ¿Qué estás haciendo?

― También podría usar tu cuerpo. Te dejaría encerrado en tu mente, solo para que pudieras ver y oír todo el dolor y la muerte que podría causar con tu cuerpo… con tus manos. ― los ojos del asesino brillaron con más fuerza. ― Verías la sangre empapártelas hasta que no pudieras ni sostener el cuchillo. ¡Eso sería tan perfecto!

― ¡No!

― ¡Aléjate de él, demonio!

Tanto Charles como Jack volvieron la cabeza hacia de donde provenía la voz. Las sorpresas parecían no terminar ese día para el policía. O eso pensó al ver al librero correr hacia ellos con un casco de moto en el brazo y gritando. Tras él, apareció el tipo que vio el primer día que visitó la librería, el que pertenecía a la banda demoteros.

Jack… el asesino… eldemonio… se tensó visiblemente, sus brillantes ojos dorados despidiendo odio hacia el chico.

― ¿Crees que puedes detenerme? No tienes poder para derrotarme, niño. — Aidan no se mostró muy impresionado ya que se limitó a abrir una botella que traía en la mano y a rociarles con lo que contenía. Para asombro de Charles era solo agua sazonada con lo que parecía un montón de especias y hierbas.

Sin embargo su atacante siseó dolorido, su piel humeando como si le hubieran echado ácido, retrocediendo y soltándole por fin. Sintió como esa fuerza extraña que le había retenido hasta ese momento, desaparecía, dejándole libre.

Como pudo se arrastró lejos del asesino, respirando profundamente ahora que la presión ya no estaba ahogándole, sin dejar de observar la extraña escena. Aidan seguía con la petaca abierta en la mano, dispuesto a seguir rociando agua al asesino, que lo miraba con la cara deformada por la ira. El motero que le acompañaba casi parecía estar gruñendo, vigilando de cerca lo que ocurría.

― Podemos hacer un intento y ver si funciona o no o puedes largarte antes de que acabe. Tú eliges.— Aidan enseñó un pequeño y maltratado libro. Charles buscó su pistola con la mirada, pero esta había caído demasiado lejos para alcanzarla a tiempo. Volvió su mirada hacia el asesino y, para su sorpresa, parecía estar debatiéndose entre huir y atacar. ¿Qué tenía ese libro para conseguir asustarle?

― Esto no ha acabado.

― Pues nos veremos, entonces.

El librero abrió el libro y comenzó a recitar una parrafada en latín a toda prisa, de la cual, Charles no consiguió entender más que unas pocas palabras. Jack maldijo en voz alta y huyó del lugar, desapareciendo entre los coches.

― ¿Estás bien? ―preguntó Aidan al policía cuando se quedaron solos. Rolf estaba en el otro extremo del parking, por donde había huido el demonio, para asegurarse de que no seguían en peligro.

Y eso fue todo lo que Charles pudo soportar antes de estallar.

Demasiado para un día.

Las pesadillas, el nuevo asesinato, el encuentro con el asesino, que este le pudiera manejar y amenazar sin apenas tocarle, la aparición inexplicable del librero… demasiado.

― ¡No! ¡No estoy bien! ¿Qué cojones ha pasado aquí?

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Resumen semanal: segunda semana de diciembre.

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Resumen semanal: del 10 al 14 de diciembre.

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Lunes.

Empezamos la semana con un post sobre uno de mis placeres culpables en lo que a televisión se refiere: Lucifer.

Basada en un comic al que no se parece ni en el color de los ojos, esta serie mezcla sobrenatural, comedia, policiaca y drama. Una mezcla bastante común pero muy efectiva.

¡Échale un vistazo!

Martes.

No, sigo sin saber que hacer con los martes.

Miércoles.

¡Cuarto capítulo de Jack T.R.! La investigación avanza pero los asesinatos también. El asesino ha vuelto a matar y Charles lo ha vivido de nuevo en sus sueños.

Mientras, Aidan hace un descubrimiento nada agradable.

Jueves.

¡El tiempo se acaba!

Dagas de venganza está a puntito de llegar y lo celebramos recapitulando todo lo que he posteado de ella durante estos meses.

¡Ven a leer un rato!

Viernes.

¡Y por fin es viernes!

Se acaba la semana, al fin. ¡Feliz finde y a disfrutar!

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Dagas de venganza: Recapitulamos

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Dagas de venganza: Recapitulamos.

¡La espera está acabando!

Dagas de venganza casi ha llegado y pronto (el día 20 de diciembre) la podrás tener en tus manos igual que la tengo yo.

Y estoy deseando que la leas y que la disfrutes. Y, a la vez, estoy muerta de miedo, temiendo que no te guste.

Pero vamos a ser positivos y a esperar lo mejor y que te guste. Eso lo deseo con todo el corazón.

Todo el corazón y todo el alma que he puesto haciendo esta historia y todas sus partes.

Pero mientras llega, que ya queda muy poquito, vamos a recapitular en todos los post y curiosidades y relatos y extras que he ido colocando en el blog sobre la novela.

¿Te apetece?

¡Pues vamos a ello!

¿De qué va mi nueva novela?

Sinopsis y su lugar en la saga. 

Personajes.

Nueva Orleans, un escenario perfecto.

Mini relato para ponernos en situación.

Astrid, descendiente de Medusa.

Alec, el último poli bueno.

Un ejercito en las sombras: la Legión de Iscariote.

Sinopsis extendida.

¿Qué trama La Orden?

Primer capítulo.

¡Vistazo a la portada!

¡Y listo!

Por cierto, mi sincera enhorabuena a los ganadores del concurso.

Siento que se retrasara pero mil gracias a todos los que participasteis y espero que los ganadores disfruten de la historia.