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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 7.

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Relato: Dioses y demonios. Capítulo 7.

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–  ¿Cómo se te ocurre no decirme que el chico es el recipiente de un demonio?

Dioniso resopló, frustrado.

–  ¡Pero si no me hablabas! ¿Cómo iba a decirte nada así? — Zeus le dirigió una mirada torcida. — Mira, padre… sinceramente, no pensé que te importaría.

–  Me importa cuando dicho demonio intenta matarme. A mí y a todos alrededor. Tu amigo puede que pida explicaciones por el destrozo de su local.

–  Ya me he hecho cargo de hacer desaparecer todo eso… recuerdos del personal incluidos. — cómo su padre no parecía muy convencido, añadió. — Es la primera vez que se manifiesta el demonio. Su familia lleva siendo su recipiente desde hace milenios y nunca los ha usado antes.

Zeus suspiró, cansado.

Tras desmayarse Finn, tuvo que cargar con el chico hasta el local de su hijo y sufrir un interrogatorio por parte de los amigos de Finn, en el que tuvo que inventarse una historia sobre un exceso de cansancio del chico para justificar que llegara inconsciente.

Sus amigos no le creyeron demasiado pero como Finn estaba bien y no recordaba nada desde el postre pues acabaron por aceptar la historia.

–  ¿Cómo es posible que no sepa nada del asunto?

–  Su familia lo habrá olvidado, supongo. ¿Quién va a creer algo así? Seguramente, la historia se convirtió en cuento y la dejaron en el olvido.

–  ¿Y no has pensado decírselo?

–  No es asunto mío. — respondió Dioniso, encogiéndose de hombros. — Y no tengo ganas de enfrentarme a ese demonio. Tiene pinta de ser muy antiguo.

–  Eso parece.

–  ¿Qué vas a hacer?

He ahí la pregunta del millón.

¿Qué iba a hacer con todo eso?

La respuesta era bastante simple. O fingía que había perdido interés en el chico y dejaba de verlo para evitar al demonio o…

–  Supongo que tendré que acostumbrarme a la amenaza del demonio.

–  ¿Vas a seguir viéndolo?

–  ¡Por supuesto! ¿Cuándo algo así me ha impedido ver a alguien? — Dioniso rio.

–  Te recuerdo que no tienes poderes. No le provoques innecesariamente.

Mientras, en otra parte del edificio, un todavía aturdido Finn se miraba en el espejo, inseguro de lo que veía.

Había despertado en su habitación, en su cama, vestido y solo. Eso le asustó porque no recordaba cómo había llegado ahí ni que ocurrió después de cenar.

¿Le había drogado Zeus? ¿Y por qué estaba vestido?

Su amigo Kevin apareció un minuto después y le contó lo que había ocurrido, versión Zeus. Que perdió el conocimiento por cansancio. Como llevaba más de veinticuatro horas sin dormir, no era una idea absurda, la verdad. Pero no le había pasado nunca.

Después de marcharse Kevin, Finn decidió tomar una ducha y relajarse. Fue ahí, al cerrar los ojos bajo el agua, cuando le vinieron imágenes de sí mismo en el restaurante. Como si fuera una película, se vio destrozar el local, intentar atacar a Zeus mientras sus ojos se volvían rojos y una especie de aura oscura le rodeaba.

Fue muy extraño. Pero no más que la voz que resonó perfectamente clara en su cabeza.

«¡Nadie volverá a encerrarme jamás!»

El chico se estremeció. Había oído esa voz antes. Mucho tiempo atrás, cuando era un niño. Era una voz que le hablaba y contaba historias y a la que él respondía como si fuera un amigo imaginario.

La olvidó al crecer, pensando que no era más que una fantasía infantil.

Asustado, cerró los ojos.

–  No eres real… no eres real… no eres real… — murmuró, estremeciéndose. Pero al abrir los ojos y mirar a su reflejo, se vio con los ojos rojo sangre.

«¡Oh! ¡Si que lo soy!»

 

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Dagas de venganza: personajes: Astrid: descendiente de Medusa y prota de Dagas de venganza

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Astrid: descendiente de Medusa y protagonista de Dagas de venganza.

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Astrid Samaras es la protagonista de mi siguiente novela, Dagas de venganza.

Como ya te conté Astrid es una Gorgona, descendiente directa de Medusa, la gorgona castigada por Atenea y asesinada por Perseo.

Pero Astrid también es medio humana. Su padre era un humano, irlandés con una preciosa casa en mitad de ninguna parte, donde se criaron Astrid y sus hermanas.

Ese hombre se casó con una gorgona sabiéndolo y amándola hasta el final de sus días, con todas sus consecuencias y que educó a sus hijas conociendo el peligro que corrían por ser hijas de su madre. Él les enseñó a defenderse, a usar cualquier arma y a pelear cuerpo a cuerpo para que no tuvieran que vivir con miedo.

La infancia de Astrid no fue nada común, eso está claro. Y ella misma no iba a resultar alguien común.

Cuando la dejaban ser ella y no tenía que entrenar o esconder su apariencia y poderes, Astrid resultaba ser muy friki. Fan de comics, series y películas de ciencia ficción. Tan fan que suelta frases o citas de sus personajes favoritos sin venir a cuento en cualquier situación que le parezca bien.

Pero Astrid es alguien a quien han arrebatado a su familia. La Orden, usando a un asesino de la Legión de Iscariote, ha atacado su hogar y asesinado a sus padres y hermanas. Suceso que ha roto algo en la gorgona. Obviamente, un trauma así no pasa sin dejar huella y en mi protagonista ha dejado una muy marcada.

Hasta que llega a Nueva Orleans, persiguiendo al asesino, y se tropieza con Alec y su caso de desapariciones, Astrid solo vive y respira para matar a Dolph. No hace nada más en el día que seguir su pista y prepararse para su venganza.

Es lo que la mantiene con vida y, más o menos, cuerda. Que no es mucho decir, ya que esa actitud no es muy sana que digamos. Su estado mental no es el ideal, lo que hace que su carácter, ya de por si peculiar, sea más extravagante.

Cuando Alec y Astrid se encuentran ella esta centrada solo en eliminar a todo el que se interponga en su camino hacia Dolph.

Pero sus planes van a cambiar… ¿Para peor o mejor?

Tendrás que averiguarlo el 20 de diciembre en Dagas de venganza.

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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 6.

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Relato: Dioses y demonios. Capítulo 6.

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–  Bueno… de todas las situaciones que podía imaginar para acabar esta noche, esta no se me pasó por la cabeza, la verdad. — murmuró Zeus, escondido bajo la mesa del restaurante.

La mañana había empezado tan bien…

Recogió a Finn cuando acabó su turno y lo llevó a dar un paseo por Central Park, viendo amanecer desde el parque.

Luego se dirigieron a un restaurante propiedad de un amigo de Dioniso. Su hijo se encargó de que el local estuviera abierto y a su disposición para que Zeus pudiera agasajar a su cita como debía ser.

¡Y la cena/desayuno fue deliciosa!

Todo iba perfecto.

Hasta que intentó besar al chico. En ese punto todo se fue a la mierda.

A su hijo no se le ocurrió comentarle que el chico era el recipiente de un demonio, el cual, al creerse amenazado por la presencia excesivamente cercana de un dios, había decidido salir, tomar el control de su recipiente e intentar destruir todo a su alrededor.

Por eso, en ese instante, se encontraba escondido debajo de una mesa del restaurante mientras su cita, cuyos ojos habían pasado de azul cielo a rojo sangre, hacia volar los muebles del local.

–  ¡Ningún dios o humano va a volver a controlarme jamás! — gritaba el chico/demonio.

–  Esto es ridículo. — gruñó Zeus, esquivando por poco una botella. — ¡Ey! — el dios salió con cautela de su escondite, levantando las manos en son de paz. — ¿Podemos hablar un segundo?

Sorprendentemente, el demonio se detuvo, mirándole fijamente con sus ojos rojos y una silla a medio romper en sus manos. Zeus pudo comprobar que solo había tomado control del cuerpo del chico. No se había transformado en nada monstruoso aunque la ropa del muchacho estaba rota por los movimientos bruscos que había realizado mientras destrozaba el local.

–  ¿Con cual nombre debo llamarte, demonio?

–  Los nombres son poder. No voy a darte ese poder sobre mí. — rugió el demonio. — Y menos a un dios. — añadió con desprecio.

Zeus arqueó una ceja, intrigado y sorprendido. No escuchaba sobre el poder de los nombres desde la antigüedad. Era una creencia milenaria, mucho más vieja que cualquier religión humana existente, de cuando se creía en que si poseías el nombre escrito de alguien podías controlar su alma.

Eso significaba que ese demonio era muy antiguo. Probablemente.

–  Esta bien. Comprendo. Nada de nombres. — concedió, acercándose un paso. — Pero estaba pasando un rato muy divertido con Finn y me gustaría que regresara para que siguiéramos nuestra cita. Él no sabe de tu existencia, ¿verdad? — el demonio ladeó la cabeza, el movimiento y la mirada en sus ojos dándole un aire animal y salvaje al chico.

–  Yo tampoco sabía de ti, demonio. Y, sinceramente, no me importa. Solo me interesa Finn. — el demonio rio.

–  No voy a dejar que me encierres, dios. Conozco tu historia. Ya encerraste a otros como yo en el pasado. — eso era, en parte, cierto. Zeus encerró a varios demonios y titanes en su juventud. Entre otros que le molestaban para tomar el poder, en aquel momento.

Pero hacía ya mucho tiempo que el poder y todo lo que conllevaba había dejado de interesarle. Cierto que aun pensaba en los días dorados como dios de dioses pero… su hija tenia razón. Los humanos hacía mucho que dejaron de necesitarles y creer en ellos.

Era hora de vivir y punto.

–  Como has dicho, eso fue en el pasado. Ya no tengo ese poder. No desde hace siglos. Y no me interesas. Me interesa el chico.

Su declaración sacó una carcajada seca del demonio.

–  También conozco tu fama en ese tema… Zeus.

«¡Como no!» pensó amargo el dios. Su pasado le había traído siempre más problemas y sinsabores que satisfacciones y se arrepentía de muchas cosas que hizo por un calentón.

–  Eso también hace siglos que deje de hacerlo. No sale muy a cuenta ser infiel. Demasiados problemas. Y Hera hace mil años que me mandó a paseo por mis estupideces. Te puedo asegurar que no pretendo hacer daño al chico. Solo quiero conocerlo. Y con eso no te digo que vaya a salir bien, porque no lo sé pero me gustaría intentarlo.

El demonio le miró con sorna pero bajó la silla que aun tenia en sus manos.

–  Si le haces daño, volveré. Si le dices la verdad sobre esto, volveré. Si tratas de deshacerte de mí, volveré y acabaré contigo. Sé que ya no tienes poderes, dios.

Y con esas palabras finales, los ojos de Finn volvieron a ser azules y toda presencia del demonio desapareció del lugar. El chico miró a su alrededor, confundido y desorientado un segundo antes de caer al suelo inconsciente.

–  Bueno… para ser una primera cita no ha ido tan mal. — ironizó Zeus.

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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 5

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Relato: Dioses y demonios. Capítulo 5.

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–  ¿Has puesto a un demonio a cuidar de papa? ¿Estás loco?

Dioniso se encogió a causa de los gritos de Atenea. No entendía por qué su hermana armaba semejante escándalo.

–  No es un demonio… exactamente…

–  ¡Eso no lo mejora, D!

–  El chico es el recipiente de un demonio… toda su familia lo ha sido y será, ya que fueron creados para ello. Pero es un humano normal. No tiene ningún poder.

–  Hasta que le posea ese demonio.

–  ¡Eso no va a ocurrir! Ese demonio lleva siglos atrapado y sellado.

Atenea se frotó las sienes, frustrada. ¿Por qué su familia tenía esa mala costumbre de hacer chapuzas y sin consultarlas con ella?

¿Es que era la única inteligente de esa familia o qué?

– Más te vale que así sea. ¿Sabe papa lo que es?

–  Papa no me ha dirigido la palabra desde que llegó, así que no… no lo sabe. Y el chico tampoco. No tiene ni idea de su herencia y no es mi lugar comunicárselo.

–  ¿Y en qué pensabas cuando se te ocurrió contratarlo? ¡Es una bomba de relojería!

–  Es mono y atrae muchos clientes…

–  De verdad, D… estoy segura de que te diste un golpe en la cabeza al nacer y nadie te lo dijo. ¡Lo tuyo no es normal!

Dioniso gruñó, molesto. ¡Hasta ahí podíamos llegar! ¡Insultos, no!

–  Mira, no fue mi brillante idea la de sacar a papa del Olimpo y lanzarlo aquí prácticamente sin poderes.

–  ¡Tú no lo escuchaste! ¡Estaba planeando volver a dominar la Tierra!

–  ¡No tiene poder para eso!

–  ¡Eso no lo sabes seguro! Mira, no podía arriesgarme, ¿vale? Esta aburrido. Tu idea de ponerle una niñera no era mala, pero ¿tenía que ser un demonio?

–  Es un tío confiable. Y muy majo. Si le conocieras no hablarías tan mal de él.

–  Mientras no la líe…

Mientras, Zeus tenía planes… no para dominar el mundo. No en esta ocasión, pero si para poder pasar un rato más interesante y agradable con cierto camarero.

Lo había estado pensando durante los últimos días.

Mucho.

Y sus hijos tenían razón. Si debía estar ahí atrapado, ¿por qué no disfrutar de lo que le ofrecían?

Tras el paseo por Nueva York, acompañado por el chico empezó a considerar la idea de disfrutar un poco más de su compañía.

¿Por qué no?

Su antiguo yo le habría secuestrado desde el primer momento en que le vio.

Ahora no podía hacer eso. Principalmente, porque no tenía sus poderes.

Pero podía invitarle a tomar algo.

¿Qué era lo peor que podía pasar?

Decidido, bajó al bar para buscar al objeto de su deseo. No tardó en encontrarlo, ya que estaba reponiendo el bar con dos de sus compañeros.

Uno de ellos era un chico pelirrojo, con barba. Un canadiense que vibraba de energía mal contenida y no paraba de hablar. El otro, un tipo algo más bajo y corpulento que ellos, era castaño y con barba también, pero su aura era la de alguien que no malgastaba las palabras. Dos tipos muy interesantes, pero no quien él venía a buscar.

–  ¡Ey, Finn! – el chico le sonrió ampliamente. Eso era una buena señal.

–  ¡Ey!

–  Me preguntaba si… ¿estás muy ocupado? Puedo volver después.

–  No… no… solo estamos reponiendo esto. Ya casi hemos acabado. Dime.

Zeus se vio observado por tres pares de ojos expectantes. Eso era más presión y atención de la que había esperado en un principio…

–  Me preguntaba si… o sea… si tal vez… ¿quisieras ir a tomar algo? ¿Conmigo?

–  ¡Claro! ¿Por qué no iba a querer? ¡Como el otro día! – sus amigos rieron, el moreno dándole un manotazo en la nuca.

–  ¡Está pidiéndote una cita, memo!

–  Uh… ¿Sí?

–  ¿Sí? – la sonrisa de Finn se hizo más tímida.

–  Estaría muy bien, sí. Pero hoy trabajo toda la noche.

–  ¿Te apetecería desayunar, cuando acabes?

–  Sería estupendo.

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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato Dioses y demonios. Capítulo 4.

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Relato: Dioses y demonios. Capítulo 4.

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–  Oye, Finn…

Finn se detuvo al oír su nombre y vio a su jefe haciéndole gestos para que se acercara. Dejó las botellas que llevaba sobre la barra y se acercó. No era muy habitual que Dioniso se dirigiera personalmente a los camareros pero, en los últimos días, parecía que hubiera descubierto su existencia.

Y todo a causa de Zeus.

Desde que el chico apareciera allí con el misterioso hombre, Dioniso le había llamado para interrogarle sobre cómo se encontraron y que había pasado. Ya había contado la historia tres veces. Esperaba que no tuviera que repetirla una vez más.

Todo resultaba bastante extraño. No había vuelto a ver a Zeus y su jefe parecía extraordinariamente nervioso e irascible desde que llegó al club.

–  Dígame, jefe.

–  Tengo un trabajo para ti.

–  Creía que ya trabajaba para usted. — repuso el chico con algo de sorna.

–  Ya, ya… no me refiero a servir copas. Veras, estoy un poco preocupado por mi… amigo.

–  El tipo del otro día.

–  Me gustaría que te ocuparas de él.

–  No soy una niñera, ni una prostituta. — contestó a la defensiva.

Por desgracia, su aspecto hacía creer a más de uno que tenían derecho a usarle. Daba igual cuanta musculatura hubiera ganado en los últimos años, cuanto peso pudiera levantar o a cuantos pudiera vencer en una pelea… su rostro seguía siendo excesivamente infantil y daba lugar a malentendidos.

Dioniso levantó las manos en son de paz y le dirigió una mirada de disculpa.

–  Vale, ha sonado bastante mal. Lo siento. No quiero que hagas de niñera. Ni tampoco lo otro. — le hizo un gesto para que se sentara en la silla frente a su escritorio. — Pero el otro día parecía que os llevabais bien y, créeme, no es una persona fácil de tratar. Es insoportable, por decir poco. Tienes muy buena mano con la gente y, a lo mejor, consigues averiguar qué le pasa y que salga. No es que me moleste que se quede en el apartamento pero esto no va a llevar a nada bueno. Lo sé.

–  Si lo conoce tan bien, ¿por qué no va usted?

–  Ya he intentado hablar con él y me ha tirado una tostadora… — Dioniso dio un largo suspiro. — Considéralo como un trabajo opcional. Te pagaré igual que cuando sirves aquí. Te pagaré el doble. Yo podré respirar tranquilo sabiendo que no va a prenderle fuego al edificio o algo por el estilo.

Finn decidió ceder. Era la primera vez que le pedían algo así pero… no le vendría mal el dinero extra. ¿Qué era lo peor que podía pasar?

–  Voy a intentarlo. Pero si no me abre la puerta, volveré a mi turno normal y me va a pagar esta semana doble.

–  ¡Hecho!

Finn suspiró, preguntándose qué clase de historia tenían esos dos. Dioniso parecía atemorizado con la idea de tratar con Zeus. Se suponía que eran amigos… ¿verdad? ¿Por qué entonces se llevaban tan mal?

¿Y por qué decía que era insoportable? Le había parecido un tío de lo más normal. Llegó a la tercera planta y se paró frente a la puerta de la derecha, donde le habían indicado que estaba alojándose Zeus.

En el pasillo pudo ver lo que eran los restos de una tostadora. Vaya… al parecer Dioniso no exageró con eso, pensó riendo por lo bajo al imaginarse la escena.

Llamó a la puerta y esperó… y esperó… y esperó…

Volvió a llamar más fuerte. Tres veces seguidas. Al minuto, un muy despeinado y sucio Zeus abrió, con aspecto de acabar de levantarse de la cama y de muy malas pulgas.

Llevaba unos pantalones de pijama arrugados, no se había afeitado ni peinado ni… ni bañado desde que llegó si hacía caso al olor ocre que le llegó a su nariz.

¡Agh!

–  Hola. — saludó, dando un paso atrás por el olor. ¡Dios, olía a cerrado y a sudor!

–  Creí que era Dioniso…

–  D pensó que conmigo no tirarías más tostadoras. — Finn sonrió suavemente. — ¿Puedo pasar?

–  ¿Para qué?

–  Para hablar… y abrir una ventana… — gruñó, empujando a Zeus a un lado y entrando al apartamento. Dentro olía peor. — ¡Tío! ¿Qué has hecho? ¿Matar a alguien y dejar que se pudra dentro? ¡Apesta!

Zeus vio impotente como el chico entraba y abría las persianas y ventanas, dejando entrar la luz y el aire fresco.

¿Es que no le podían dejar deprimirse en paz?

Solo quería estar solo, ya que sus hijos habían decidido sin consultarle lo de dejarle tirado en la Tierra sin poderes.

–  D dice que llevas cuatro días sin salir. ¿Por qué? — le preguntó, cuando acabó de abrir las ventanas y el olor había casi desaparecido. — Pensaba que estarías de turismo o algo así.

–  No tengo a donde ir. Ni a quien ver.

La afirmación fue hecha con tal tono apesadumbrado que llamó la atención del muchacho. Tal vez no fuera mala idea sacar al tipo de ahí antes de que acabara deprimido del todo.

–  Una pregunta estúpida… ¿para qué viniste si no tienes a quien visitar?

–  No fue idea mía. Yo estaba muy bien en mi casa, tranquilo. Pero mi… hija decidió que era muy buena idea traerme aquí y dejarme en la puerta de Dioniso… y no puedo regresar a mi casa hasta que ella lo diga.

–  ¿Por qué?

–  Er… están fumigando…

–  No me extraña… igualmente, deberías considerar esto como unas vacaciones y disfrutarlas.

–  Eso mismo dijo Dioniso.

–  Las mentes brillantes piensan igual. Ve y dúchate… vístete y haz turismo

–  No.

–  Lo voy a poner de otra manera. Iremos a hacer turismo. Nada mejor que un irlandés para enseñarte Brooklyn.

Resultó que el paseo no fue nada aburrido para ambas partes. Finn disfrutó más de lo que había pensado enseñando la ciudad al otro hombre, quien después de librarse de ese amargo humor llegó a ser una grata compañía.

Zeus era un tipo raro. Se expresaba de manera anticuada y muy correcta, rara vez soltaba una mala palabra y hacia afirmaciones de lo más extravagantes. Pero tenía un buen sentido del humor, algo negro y respuestas rápidas y mordaces para casi todo.

A Finn no le había pasado desapercibido lo atractivo que era. Zeus tenía casi todo su cabello gris, pero no debía tener más de cuarenta y cinco. Eso ya implicaba que le llevaba veinte años y, aunque, por norma, no solía fijarse en alguien tan mayor, no pudo evitarlo. Resultaba muy atractivo con esos ojos celestes y la sonrisa de medio lado que no prodigaba demasiado. Y lo había visto sin camiseta. Puede que no estuviera tan marcado como él, pero tenía poco que envidiarle.

Así que, si su jefe le iba a pagar por salir de paseo con un tipo guapo e interesante… bienvenido fuera.

–  ¿Cuánto te paga mi hijo por hacer esto? — la pregunta le pilló por sorpresa a Finn, quien se sonrojó. — No soy tonto. Agradezco el paseo, de verdad. Y la compañía. Pero sé que no ibas a presentarte voluntario para esto. No nos conocemos de nada.

–  No me paga… exactamente. Si te hacia salir, me libraba del turno de hoy. Un día sin trabajar y cobrando. Ha resultado un buen negocio. — repuso, encogiéndose de hombros. El chico cogió su móvil y le hizo una foto a Zeus, que arqueó una ceja, interrogante.

–  ¿Y eso? ¿Prueba grafica de que he salido? — preguntó, divertido.

–  ¡Nah! ¡Eres muy fotogénico! — el chico miró la imagen y sonrió. – Haría una sesión fotográfica maravillosa contigo.

–  Estaría encantado de tener una “sesión maravillosa” contigo. — Finn soltó una carcajada, divertido.

Le resultaba muy entretenida la forma en que Zeus coqueteaba con él, cuando tenía ocasión. Ya debía ser la tercera o cuarta en ese día y seguía pareciéndole gracioso. Normalmente, cuando alguien desconocido le insinuaba algo, solía darle mala impresión. No le gustaba la gente tan directa pero por alguna razón, no le ocurría con él.

¿Sería por qué le encontraba atractivo?

–  ¿Siempre eres tan descarado? — le preguntó, intentando disimular el ligero sonrojo. El otro sonrió más abiertamente.

–  Depende de a quien preguntes. Yo prefiero verme como decidido a descarado. — respondió. — Pero si, imagino que siempre he sido así. ¿Te molesta? — su rostro se volvió serio en un instante. — Si te resulta incómodo, solo tienes que decirlo y dejare de molestarte.

–  Nah… no me molesta. Creo que puedo manejarte. — Zeus se mordió el labio, sonriendo como si estuviera conteniéndose el contestar y el chico no pudo evitar reír. — No sé si esa sonrisa es por qué quieres volver a darle la vuelta a mis palabras o por qué crees que no puedo manejarte.

–  Oh, estoy seguro de que puedes manejarme… muy bien, de hecho. – esa afirmación hizo soltar una carcajada al chico, que se sonrojó de nuevo.

–  ¡Eres un caso perdido!

Zeus sonrió, viendo reír al chico. Le gustaba el muchacho. Habría que ser ciego para que no te gustara. Era muy guapo, con esos ojos azules y el cabello corto negro y la sonrisa perpetua en sus labios. Y el cuerpo que se adivinaba bajo la ropa parecía de lo más apetecible. Estaba más que en forma.

Además, había algo muy especial en él. Especial del tipo mágico, pero muy leve. Tanto, que dudaba que el mismo muchacho supiera de su existencia. Probablemente, pensó, debía ser un descendiente lejano de alguna criatura de la Comunidad mágica.

Así que si, le gustaba. Era simpático, divertido y con una energía inagotable. No sabía si era gay o hetero o bi, pero parecía que sus cumplidos y sus coqueteos le resultaban divertidos y aun no le había parado los pies.

Y, mientras no lo hiciera, seguiría tonteando. Por eso le había preguntado, pero el chico le devolvió la indirecta en vez de contestarle. Bueno, lo volvería a intentar en otra ocasión.

–  ¿Te apetece comer? Creo que deberíamos aprovecharnos de la generosidad de D y comer en algún sitio caro. Muy caro. Excesiva y ridículamente caro. — Finn sonrió.

–  Conozco el sitio perfecto.

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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 3.

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Relato: Dioses y demonios. Capítulo 3.

dioses demonios– ¿Zeus? ¿Cómo el dios griego? — ¡Oh, aún quedaba gente que les recordaba!

Zeus se pateó mentalmente. Tenía que empezar a tener cuidado con que decía y hacia si iba a vivir ahí una temporada. Los humanos no dejaban pasar ni una y no quería acabar en un manicomio o algo parecido.

¡Lo había visto en las novelas de la televisión!

–  Si… mis padres eran muy fans de la mitología. — mintió, mostrándole su mejor sonrisa y esperando sonar convincente.

Al tal Finn parecía hacerle gracia, ya que le devolvió la sonrisa y empezó a andar hacia la salida del callejón, indicándole que le siguiera.

–  ¿Así que eres amigo de D? — le preguntó el chico. Zeus se quedó mudo, sin saber que contestar exactamente. No podía revelar su parentesco. A penas parecía un par de años más mayor que Dioniso. — ¿Desde hace mucho?

–  Toda la vida, se podría decir. — contestó, finalmente. Las medias verdades valdrían por ahora. — ¿Es buen jefe? ¿De qué trabajas?

–  Es buen jefe. De los mejores que he tenido, de hecho. — Finn se frotó el cuello. Parecía incomodo por algo. — Siempre ayuda a quien puede. Y soy camarero. Su club es un poco… peculiar, pero se respeta a todo el mundo y me paga los estudios.

¿Peculiar? ¿Qué clase de bar regentaba Dioniso? Hasta donde él supiera, su hijo solo disfrutaba de beber y beber y beber…

Pero, regresando a su joven acompañante…

–  ¿Qué estudias?

–  Fotografía.

El dios dio un largo repaso al chico, mirándole descaradamente. Fotógrafo, ¿eh?

–  ¿En serio? No sé cómo resultaras de fotógrafo pero serias un gran modelo… — sí, estaba coqueteando. ¿Qué? ¡No podía evitarlo!

Finn sonrió más ampliamente y se sonrojó un poco. ¡Tenía pecas!

–  Gracias pero estoy más cómodo al otro lado del objetivo. — se detuvo frente a un enorme edificio, más parecido a una nave industrial que a un bar. — ¡Ya hemos llegado! No te separes de mí. Esto está lleno hoy. Buscaremos a D para que podáis hablar.

El chico tenía razón. El local estaba lleno hasta la puerta y con una cola en la entrada que daba la vuelta a la calle. Efectivamente, el edificio era una antigua nave industrial, le informó Finn. Una fundición que cerró hacía décadas y que habían reformado por completo.

Sobre la entrada, un enorme cartel de neón con el nombre del bar brillaba en la noche.

En el interior la música tecno y las luces de colores hacían el ambiente agobiante y molesto a la vista pero la gente parecía estar disfrutándolo mucho. Finn le cogió de la muñeca y tiró de él entre la multitud.

Recorrieron las pistas de baile, esquivando gente, hasta llegar a una de las barras, donde Finn habló con uno de los camareros. El ruido impidió a Zeus poder escuchar la conversación pero los gestos del chico tras la barra eran bastante claros.

Señalaban hacia lo que parecía un reservado o zona vip. Y allí, en una de las mesas, estaba sentado Dioniso.

Su hijo tuvo la decencia de lucir avergonzado cuando le vio. El chico se acercó a él, aun tirando del dios.

–  ¡D! Este señor te estaba buscando.

–  Gracias, Finn. Ya me ocupo. — el chico desapareció tras la barra y Zeus le vio irse, esperando que volvieran a verse. — Padre…

–  Hola, D… — saludó con tono sarcástico. — Imagino que tu hermana te habrá puesto al día sobre sus planes…

–  Y espero que no estés de acuerdo y que me ayudes a regresar a casa.

–  Uhm… no.

Zeus se quedó ojiplático. Eso no se lo esperaba. ¿Tampoco Dioniso iba a ayudarle? ¿Por qué sus hijos se volvían contra él?

–  ¿Cómo qué no?

–  Padre, Atenea tiene razón. Estabas a punto de hacer una estupidez. Aquí, al menos, te tenemos controlado. — Zeus gruñó, pero Dioniso le ignoró. — Piensa que son como unas vacaciones pagadas. Tienes donde quedarte, dinero y lo que necesites. Haz lo que te dé la gana y disfruta. Simplemente, no te metas en líos.

–  Cuando recupere mis poderes pienso freíros a los dos con un rayo…

Dioniso se levantó, encogiéndose de hombros. Lucía resignado con su papel de guarda de su padre.

–  Lo sé. Créeme que lo sé. Pero mientras… ¿Por qué no haces lo que más te gusta? Mira a tu alrededor. — señaló a la pista de baile, donde la gente bailaba, ignorantes de lo que ocurría en el reservado. Los ojos de Zeus, sin embargo, fueron hacia la barra, donde Finn ya estaba poniendo bebidas a los clientes. — Estamos rodeados por la belleza. Y aquí no está Hera para impedir que te diviertas.

¡Ouch! ¡Eso había sido un golpe bajísimo por parte de su hijo! Cierto que nunca supo ser fiel a su esposa, pero, al contrario de la creencia popular, él la quería. Simplemente, no podía evitar engañarla. Era incapaz de ignorar la belleza a su alrededor. Vivía de conquistar esa belleza y disfrutarla.

Pero eso era antes… en ese momento, traicionado y sin poderes, no se sentía con ánimos para ello.

–  Si… mejor no. Tu hermana ha mencionado una casa o un apartamento…

–  Si, si, está en este mismo edificio. Justo encima. Lo compré entero con la intención de alquilar los apartamentos pero resulta que casi nadie quiere vivir encima de un club… Así que los tengo por si alguna vez no quiero volver a casa o por si alguno de los chicos necesita un sitio donde quedarse por alguna emergencia. — su hijo le hizo un gesto para que le siguiera y ambos salieron del reservado por un pasillo que les alejaba del ruido del club.

–  Al menos eres mejor jefe que hijo… — repuso, acido. Dioniso le arqueó una ceja.

–  En serio, padre… no eres quien para protestar. Tampoco has sido el padre del año.

Mientras hablaban, los dos habían traspasado una puerta que daba a un largo pasillo en donde subieron a un ascensor hasta la tercera planta. Al llegar, Zeus vio dos puertas. Al parecer, Dioniso había construido dos apartamentos por planta, lo que haría un total de seis en todo el edificio.

Entraron por la puerta de la derecha y la sorpresa del dios fue enorme al comprobar el tamaño del apartamento.

Era un gigantesco loft, con una enorme cocina americana, dos habitaciones, un gimnasio y un baño completo con jacuzzi incluido.

–  Un poco excesivo, ¿no te parece? — Dioniso se encogió de hombros.

–  Si vas a hacer algo, hazlo bien. — se limitó a contestar. — En el dormitorio hay ropa de tu talla. Me temo que Atenea no te ha dejado mucha elección sobre el estilo.

–  Deja que adivine… ¿más vaqueros?

–  Sin duda. En serio, padre… no lo hagas más difícil. Disfruta estos días como si fueran vacaciones y, cuando a mi hermana se le pase la tontería, podrás regresar a casa.

–  Dudo que disfrute nada de aquí.

–  Eso es tu elección.

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Capítulo 2. Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 2.

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Relato: Dioses y demonios. Capítulo 2.

dioses demonios

Lo malo que tenía el teletransporte involuntario, era que no podías escoger dónde y cómo aterrizar.

Eso era en lo que pensaba Zeus después de caer nada dignamente en mitad de un callejón sucio y oscuro y hacerse polvo las posaderas.

¿A dónde lo había enviado su hija? Se puso de pie y sacudió sus ropas, ahora sucias. ¡Un momento! ¿También había cambiado su ropa? Había pasado de llevar su cómoda túnica a vestir unos vaqueros y una camisa negra.

¿En serio? ¿Vaqueros? ¿No había algo menos divino para vestir?

Bueno, el paseo había sido muy divertido (no) pero él no iba a quedarse en la Tierra. Iba a regresar al Olimpo y ver su programa favorito.

Atenea ya había hecho su gracia. Ja, ja. Pero se acabó.

Sin embargo, al intentar teletransportarse de vuelta a casa se dio cuenta de que no podía. Intentó convocar una tormenta y tampoco funcionó.

Nada. Ni un simple rayito.

¿Le había dejado ahí y sin poderes?

–  ¡Atenea! – gritó al callejón vacío. – ¡Atenea! ¡Déjame regresar a casa!

Un papel apareció en el aire frente a él. Zeus lo cogió al vuelo y fue poniéndose más y más rojo de furia mientras leía.

“Querido padre: lo siento pero no puedo permitir que nos fastidies a todos solo por aburrimiento. Estás en Nueva York, cerca del club de Dioniso. Te he preparado un pequeño apartamento en su edificio con ropa y dinero para que no te falte nada. Mi hermano te dirá cómo encontrarlo. Intenta no llamar mucho la atención y recuerda que seguimos sin comprobar si somos o no inmortales, así que no te metas en líos. Te quiere, Atenea.”

–  Voy a matarla cuando regrese… Si es que me deja regresar. Niña entrometida… Y ahora… ¿por dónde se irá al club de Dioniso? ¿Y cómo sabré cuál es? – se preguntó saliendo del callejón a la calle principal.

Otro papel apareció de la nada delante de sus narices. En ese había una dirección y un pequeño mapa dibujado. Al parecer, el bar estaba cerca de ahí.

Precisamente, se encontraba en una zona llena de bares y clubs. Todos con grandes carteles de neón y luces de colores chillones. Parecían exactamente lo mismo. ¿Cómo saber cuál era el de su hijo?

Decidió caminar entre los bares y ver si encontraba la dirección cuando dos tipos más grandes y corpulentos que él le sujetaron y volvieron a meter en el callejón, a la fuerza. Sorprendido, Zeus miró a sus atacantes sin saber muy bien cómo reaccionar, así que se quedó quieto mientras los otros dos lo acorralaban contra la pared.

–  Muy bien, viejo… – ¿viejo? – Danos todo lo que tienes y no te pasara nada.

¿En serio? ¿Le estaban robando? ¿Y llamando viejo, además? ¿Cómo se atrevían?

Zeus se enfureció e intentó acercarse para darles su merecido pero su fuerza, al igual que sus poderes había quedado reducida a la de un simple humano. De un manotazo, el matón que había hablado le empujó contra la pared de nuevo.

¡Qué humillante!

Zeus pasó de enfadarse a asustarse. Sin poderes, sin fuerza sobrehumana… y siendo atracado por dos matones… ¿Era así como iba a acabar? ¿En un callejón? ¡Iba a matar a Atenea como saliera de esa!

–  ¡Ey! ¡Dejadle en paz!

Los tres miraron sorprendidos a la entrada del callejón a la vez y se encontraron con un chico. No debía tener más de veinticinco, alto, con el cabello negro y corto y unos ojos azules que destacaban como faros en una noche oscura.

Era absurdamente atractivo. Incluso asustado y confundido, el dios no pudo más que fijarse en lo hermoso que era el muchacho.

Se regañó a sí mismo. ¿Cuándo iba a empezar a pensar con el cerebro en vez de con otra parte de su anatomía? Eso era lo que siempre le metía en líos.

–  ¡Metete en tus asuntos, niñato! – chilló uno de los matones que intentaban robarle.

El niñato, como el matón le había llamado, no se molestó en contestar. Simplemente, se lanzó y golpeó a los matones con un buen par de puñetazos y patadas que les hizo retroceder y huir despavoridos calle abajo.

Zeus se quedó mirando atontado a su salvador, quien en ese instante recogía el paquete que había dejado caer antes de ayudarle. Atractivo y sabía luchar. Esos golpes eran de profesional, no de aficionado.

–  Menudos chorizos… – le escuchó gruñir, acercándose a él. – Espero que no te hayan quitado nada. ¿Estás bien? – de cerca era aún más guapo.

Le recordaba un poco a su Ganimedes. No físicamente, porque Ganimedes era rubio y delicado y este chico tenía un cuerpo fuerte y musculoso. Pero su actitud justiciera le recordaba al antiguo copero por el que se metió en muchos líos con su mujer.

–  Wow… tienes unos ojos preciosos… – si, como primeras palabras dirigidas a quien acababa de salvarlo no resultaban de lo más adecuadas. El chico sonrió y se sonrojó.

–  Creo que si estás bien. Te dejare seguir con tu camino.

–  ¡No, espera! – el dios le cogió de la muñeca, deteniéndolo. El chico miró su brazo y arqueó una ceja, pidiendo sin palabras que le soltara. Zeus lo hizo, después de dar una sutil caricia con el pulgar al pulso del muchacho. – Estoy perdido…

–  ¿Perdido?

–  Si, tenía que reunirme con… un amigo, en su club. Pero no sé cuál es.

– ¿Cómo se llama tu amigo?

– ¿Dioniso? – Zeus recordó en ese momento el papel con la dirección y se lo tendió al chico. – Tengo este mapa, pero no sé orientarme demasiado bien. Es mi primera vez en esta ciudad.

– ¿D? ¡Conozco a Dioniso! Trabajo para él, de hecho, en su club, El Ánfora.

El Ánfora… por supuesto… ¡que típico de Dioniso! El dios tuvo que contenerse para no poner los ojos en blanco.

– ¿Puedes indicarme el camino?

– Te acompañare, que ya me toca entrar a trabajar en un rato. Soy Finn, por cierto. – se presentó, ofreciéndole la mano. Zeus se la estrechó, con una sonrisa de oreja a oreja.

A lo mejor esto de estar en el mundo de los mortales no era tan malo después de todo…

– Zeus.

(Ir al capítulo anterior)

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¡Entérate de qué trata mi nueva novela!: Dagas de venganza: ¿De qué va mi nueva novela?

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Dagas de venganza: ¿De qué va mi nueva novela?

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Dagas de venganza es el título de mi próxima novela, la cual saldrá a la venta en Amazon el día 20 de diciembre de este año. En poquito tiempo estará disponible para todos.

¡Estoy muy emocionada!

¿Por qué? Te preguntarás… Pues te cuento.

Para empezar, es la continuación a mis otras cuatro novelas, Jack T.R., Kamelot 2.0, El juego de Schrödinger y El Guardián. Seguiré contando las aventuras de la Comunidad Mágica y su lucha contra La Orden, en esta ocasión a través de dos nuevos personajes.

Astrid y Alec.

También estoy estrenando heroína y protagonista. Hasta este momento, todos mis protagonistas eran hombres. No era por nada en particular, simplemente salieron así. Ninguno fue algo premeditado ni planeado… no del todo. Estoy más acostumbrada a usar personajes masculinos, la verdad.

Pero tenia muchas ganas de crear una protagonista. Una que valiera por todos los anteriores.

Y creo que lo he conseguido. Pero ya te hablaré de ella más adelante.

Hoy no toca hablar de ella. Hoy toca hablar de qué va la novela.

La historia se sitúa, en esta ocasión, en Nueva Orleans, hacia donde ha viajado Astrid, la protagonista, persiguiendo al asesino de su familia y miembro de La Orden, Dolph.

Pero mientras lo busca por toda la ciudad, se tropieza con Alec, un patrullero de la ciudad al que están atacando varios esbirros de La Orden por meter sus narices donde no le llaman.

Es tras salvarle y hablar con él, cuando Astrid descubre que ha habido varias desapariciones sospechosas entre los miembros de la Comunidad Mágica y de las que, con bastante probabilidad, es responsable La Orden.

¿Quiénes son los desaparecidos?

¿Para que los quieren?

¿Quién los retiene?

¿Qué pasará con Alec?

¿Conseguirá Astrid vengarse?

¿Qué planea La Orden en Nueva Orleans y cuáles serán las consecuencias de sus planes para el resto del mundo y de la Comunidad?

Todo esto lo podrás descubrir cuando salga la novela, que será prontito.

Aquí vuelvo a mezclar fantasía urbana, mitología, magia y leyendas para que puedas disfrutar de una historia original y diferente.

Y estoy segura de que la disfrutarás muchísimo.

¿Quieres saber más?

Desde esta semana y hasta que llegue la fecha de la publicación iré poniendo post semanales sobre la novela, detalles, personajes y más cositas para que puedas ir cotilleando.

Ahora te dejo con el teaser del booktrailer.

¡Espero que te guste!

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!Nuevo relato de romance sobrenatural!: Relato: Dioses y demonios. Capítulo 1

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Relato: Dioses y demonios. Capítulo 1.

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El Olimpo ya no era lo que fue, pensó mirando a su alrededor.

Donde antes había fastuosidad y elegancia ahora solo quedaba vacío y polvo.

Montones de polvo.

¿Nadie limpiaba ya o qué?

Los grandes salones que en el pasado albergaron fiestas se encontraban abandonados desde hacía siglos.

Milenios, incluso.

Cuando los humanos dejaron de preocuparse por ellos, de creer en ellos e interrumpieron sus oraciones y ofrendas, los dioses decidieron hacerse a un lado.

Estaban preparados para avanzar y dejarles crecer como civilización. Los dioses, simplemente, se recluyeron en El Olimpo y siguieron viviendo sin interferir.

Otras religiones y otras creencias sustituyeron a los dioses griegos y la vida siguió… y siguió… y siguió…

Pasaron siglos y los habitantes del Olimpo empezaron a desperdigarse por el mundo, mezclándose con los humanos, buscando con que ocupar la eternidad.

Ares encontró un filón con los mortales. Se lo pasaba en grande instigando guerra tras guerra y no se aburría. Hades le hacía visitas en los países donde residía porque siempre encontraba un montón de trabajo allá donde fuera Ares.

Atenea decidió que La Haya era un buen lugar para ejercer sus dotes, aunque había varios que no estaban muy de acuerdo con su decisión.

Uno a uno, todos los dioses fueron encontrando un lugar entre los mortales donde vivir…

Menos Zeus.

Zeus, padre de todos los dioses, señor del trueno… seguía en El Olimpo, sin salir. Esperando que sus hijos regresaran para animarle la velada, cosa que nunca ocurría, claro.

Lo que si hacían era turnarse para echarle un ojo. Nunca era bueno dejar a Zeus tanto tiempo sin vigilancia.

En eso estaba ese día Atenea cuando a su padre se le ocurrió lo que debía ser la idea más estúpida de la historia después de elegir a Trump como presidente.

–  ¿Qué vas a hacer qué? – preguntó con incredulidad la diosa.

–  Voy a retomar mi liderazgo sobre los mortales. Va siendo hora, hija mía. ¡Mírales! No hacen más que cometer error tras error. Necesitan que alguien les guie.

–  Y ese alguien vas a ser tu… – estaba claro que cuando repartieron sabiduría se la dieron solo a ella, porque lo que era a su padre…

–  ¡Por supuesto!

–  Padre… ellos no necesitan tu liderazgo. Necesitan espabilar y dejar de hacer el imbécil, eso sin duda, pero no tú metiéndote en medio.

–  Uhm… – un trueno resonó sobre ellos, haciendo que los cristales de la habitación retumbaran.

Atenea resopló. ¡Por supuesto que su padre se iba a enfadar y no entender que no podía interferir de nuevo en la vida de los humanos! ¡Siempre tan egoísta!

–  ¿Y podrías dejar de crear tormentas? Los humanos se están quedando sin nombres para tanto temporal.

–  ¡Me aburro!

¿Veis? ¡Egoísmo puro y duro!

–  ¿Por qué no sales y les visitas, si tanto les echas de menos? Pasar una temporada lejos de aquí te haría bien. – intentó razonar.

–  No, no puedo. Si salgo no tendré poderes.

Lo cual era cierto. Lo único que les quedaba ya de sus poderes era su inmortalidad y poco más. Dentro del Olimpo todo seguía igual que siglos antes. Pero si lo abandonaban… sin poderes, sin fuerza sobrehumana…

Ares aún mantenía su poder para influir (mal) en las personas y Hades el de llevar las almas a su sitio correspondiente en el Tártaro porque eso era imprescindible.

Los demás seguían siendo más fuertes y sanos que el mortal medio pero eso era todo.

Y la inmortalidad no estaba comprobada. Obviamente, ninguno quería hacer la prueba.

–  No va a pasarte nada. – mintió. Su padre la fulminó con la mirada.

–  ¿Y si choco con uno de esos automóviles? ¡No sabemos si seguimos siendo inmortales, querida! ¡Podría morir!

–  No tengo tanta suerte… – masculló por lo bajo.

–  ¡No, lo mejor es volver a lo que éramos antes! ¿Dónde crees que es mejor empezar? ¿Grecia? ¿O Estados Unidos? Peor que el presidente actual no lo voy a hacer…

Atenea suspiró, preocupada. No podía dejar que su padre volviera a las andadas. No iba a funcionar, para empezar. Los mortales ya no creían en nada, solo en la tecnología y poco más. Y mucho menos iban a creer en ellos.

No. Si su padre intentaba algo lo único que conseguiría era confundir a los mortales y exponerlos a ellos. Y no necesitaba semejante drama en su vida en ese instante.

–  Lo siento, padre. Pero no puedo permitir que hagas ninguna estupidez.

Con un chasquido de dedos por parte de la diosa, Zeus desapareció de la sala. Ella sabía perfectamente a dónde lo había enviado.

A Brooklyn, cerca del bar de Dioniso, para ser más exactos. Estaba segura de que su hermano podría vigilar que Zeus no hiciera ninguna estupidez. Pero, por si las moscas, envió un mensaje de aviso a su hermano y preparó un lugar donde su padre podría quedarse y todo lo que pudiera necesitar.

Una cosa era mandarlo de paseo para evitar una tragedia griega y otra muy distinta, dejarle en la calle como a un indigente.

Seguía siendo su padre.

–  Lo que tiene que hacer una para mantener las apariencias…


¿Te va gustando? ¡Pues pronto más!

¡Mientras, puedes leer mis novelas AQUÍ y en Amazon!

 

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Series que inspiran a escribir. : Gárgolas, los héroes mitológicos de mi infancia

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Gárgolas, mis héroes mitológicos.

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Hace mil años, el mundo se regía por la superstición y la espada… Era una época de oscurantismo, un mundo de terror.

La era de las gárgolas.

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Así empezaba el opening de Gárgolas, héroes mitológicos, una serie de Disney que duró desde 1994 al 1997.

Cuando estaba empezando el instituto empecé a ver esta serie de dibujos animados. La echaban en la 2, a la hora de la comida y tenía que pelear con mis hermanos para que me dejaran verla porque a esa misma hora echaban otras cosas que ellos querían ver, obvio.

Y son mayores, así que…

Pero tuve bastante suerte y conseguí verla casi entera.

Gárgolas era una serie de Disney, lo cual no auguraba nada bueno a mis 15 o 16 años ya, después de haberme tragado Saint Seiya y animes similares.

Pero resultó ser una maravillosa sorpresa.

Principalmente, por todo el componente de fantasía y mitología que mezclaban. Esas gárgolas que eran piedra de día y seres vivos de noche, custodios de un castillo y sus habitantes los cuales, en el fondo, los temían y despreciaban y acabaron traicionándoles.

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La magia, las leyendas artúricas, Shakespeare y sus obras, Hamlet, Sueños de una noche de verano, Avalon, las hadas, las tres parcas que hilan el destino, maldiciones eternas…

Todo eso contado de una manera maravillosa, entretenida, sin infantilismos ni tomando a sus espectadores por idiotas.

Al contrario, te animaba a leer a Shakespeare para conocer mejor a Hamlet, quien aquí estaba maldito y vivía una vida eterna buscando matar a su némesis, pero solo podía morir si se mataban simultáneamente. Y así llevaban mil años.

Para entender mejor los entresijos de Avalon y sus personajes y cómo estaban relacionados con los personajes actuales de la serie.

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Te animaba a fantasear, a mezclar leyendas e investigar.

Hace no demasiado hicieron un análisis de la serie y por qué fue un hito que no se notó en su momento. La serie daba protagonismo a una mujer de color. Y no en modo damisela en apuros, si no siendo a la que recurrían y se salvaba a sí misma a pesar de los intentos de Goliat por rescatarla XD

Había diversidad, personajes femeninos fuertes e independientes que atacaban el machismo de los otros y les rescataban de él. Había historias originales presentes y futuristas mezcladas con leyendas.

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No, no es que me guste esa serie, a pesar de los años que ya han pasado desde que acabó.

Es que la amaba.

A mi yo de 16 años le daba la vida ver algo que avivara mi imaginación y me diera más ideas para inventar.

A mi yo de 40 años aun le encanta. La reveo cuando puede, la disfruta y la ama con fervor porque la sabe apreciar aún más que antes.

Yo he envejecido, pero la serie no.

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Si tienes oportunidad de encontrarla, ve los capítulos y disfrútala.

Yo seguiré reviéndola de vez en cuando, disfrutando del romanticismo anticuado de Hudson, los modales principescos de Goliath, de mi trio favorito, Brooklyn, Broadway y Lexington, de la fuerza de Eliza, las maquinaciones de Xanatos y el dolor disfrazado de odio de Démona.

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También adoro a Bronx XD

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Mientras… ¿te gustan las leyendas artúricas tanto como a mí? ¡Ven y echa un ojo a mi Kamelot 2.0!