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¡Mezclar es muy divertido!: Mezclando historia con ficción.

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Mezclando historia con ficción.

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Si ya he comentado lo divertido que es usar la mitología para escribir fantasía, mezclar hechos o personajes históricos con ficción es la caña.

¡Es genial!

La parte más guay es encajar la pieza en el puzle. Tanto si es un personaje histórico en un mundo de fantasía, como si es un personaje de fantasía en un hecho histórico.

En cualquiera de los dos casos, hacerlos encajar es un proceso que debe ser cuidado al detalle. Es muy importante que todo encaje perfectamente para que quede creíble.

Y tú, querido mío, dirás… ¿para que tanto cuidado? Es una historia de ficción. Se puede ser inverosímil. O, dirás también, nadie presta tanta atención a los detalles cuando lee.

No lo harás tú, vamos. Yo sí.

Yo si presto atención a esos detalles cuando leo. Y cuando releo, más. Y me saca de una historia si algo así no encaja. Si el personaje está mal encajado, puedo incluso dejar de leer esa historia por mucho que me estuviera gustando.

No todo el mundo se fija, lo sé. Muchos pasaran mil detalles puestos con mimo en la historia. Se centrarán en la trama principal y ya.

Pero siempre habrá quien si se de cuenta de esos detalles. Quienes agradecerán que te tomes la molestia de ser tan cuidadoso, quien disfrutará de ese nombre, esa referencia, ese lo que sea que has colocado a propósito.

Y también te crucificaran si no has sido cuidadoso.

Así que… personaje histórico colocado en historia de ficción. Trata de ser coherente con la persona que estas usando, con su forma de ver las cosas, su carácter, piensa en la época en la que vivió y la forma de pensar de esa época. No puedes escribir a un tipo del siglo XV expresándose como alguien de la actualidad. No se usaban las mismas expresiones ni palabras.

Ojo, que ahí pecamos muchos al escribir algo anterior al siglo XX. Tendemos a expresarnos, a hacer hablar a nuestros personajes como gente del este siglo cuando estamos escribiendo algo ambientado en el siglo XIX.

Y a que tengan ideas y visión de nuestra actualidad.

Eso puede quedar bonito y gracioso pero no seria exacto.

El otro, hecho histórico encajado en una historia de ficción. Por poner un ejemplo chorra, la firma de la Declaración de Independencia de Estados Unidos en 1776. Imaginemos que en ese tratado hay una parte que no está expuesta al público. La parte en que hablan de las razas sobrenaturales que acuerdan una paz con los humanos, a los que han ayudado para expulsar a los ingleses. Y que uno de los “padres” de ese documento es parte de ese pueblo sobrenatural, sea el que sea.

En ese ejemplo habría que modificar o añadir cosas, pero, sobre todo, mantener lo básico para que sea reconocible. Lo que se añada que no afecte a lo básico.

Mezclar es maravilloso, pero manteniendo unas reglas se convierte en genial.

Y recuerda que mis novelas están a la venta en Amazon y aquí.

 

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¡Empezamos con las notas!: ¡Nuevo proyecto!

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Nuevo proyecto: ¡Empezamos con las notas!

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Pues sí, adorable lector y visitante mío, tengo nuevo proyecto.

Y espero acabarlo con tiempo para presentarlo en el concurso de Amazon de agosto. O no, vete a saber.

Pero si no me pongo una fecha límite, no lo acabo, así que…

¿Por dónde iba?

¡Ah, sí!

Nuevo proyecto.

Por ahora solo tengo varias notas y una idea bastante general del asunto, aunque sé cómo empieza y como quiero que acabe. Lo cual es más de lo que tenía cuando escribí Kamelot 2.0, por ejemplo XD

He empezado la maravillosa fase de «engendrar» a la criatura.

Tengo a los protagonistas principales y a varios de los personajes secundarios. Tengo el escenario y una parte muy básica de la trama principal.

Y, lo más importante, estoy muy emocionada con ella.

Te puedo contar poco por ahora, salvo que va a contar con mis lobos del relato 3 Hermanos, de los que me encariñé mucho cuando los escribí y van a salir en otra novela en un futuro pero quería que tuvieran su propio libro.

Sobre todo, dos de ellos, que son adorables. Va a ser su historia, se cómo se criaron juntos, como sus vidas cambiaron y evolucionaron al hacerse mayores, como se enamoran dos de ellos y como afecta todo cuando uno decide traicionar a los otros dos.

Si has leído El Guardián o el relato 3 Hermanos sabrás de quienes hablo y te sonará bastante la historia. Si no lo has hecho… ¿A qué leches esperas?

Estoy haciendo ahora la historia detrás de cada personaje, para darles su personalidades distintivas y sus voces. Me encanta esto porque descubro cosas muy interesantes de cada personaje. Cosas que no sabía cuándo les cree para el relato o el cameo en la novela, ya que eran papeles muy pequeños.

También te puedo contar que va a ser un romance paranormal, con trazas de humor y una subtrama que seguirá uniendo esta historia a mi universo de la Comunidad Mágica vs La Orden, encajando en todo ese lio, ya que se va a situar justo después del relato 3 Hermanos a la vez que haremos un viaje al pasado de esos tres.

¿Te he dicho que estoy muy emocionada con esta historia?

Haciendo cálculos me he dado cuenta de que un momento clave de esta historia pasará justo en el mismo momento en que Jack hace su aparición en Chicago, así que las líneas temporales son simplemente perfectas.

Y lo feliz que me hacen esas chorradas XD

Aquí te dejo una fotito de una de las páginas de notas que tengo ya listas para escribir.

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*se va frotándose las manos, entusiasmada*

Por cierto, te recuerdo que puedes conseguir mi nueva novela Dagas de venganza en Amazon o en el blog.

 

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¡Seguimos con Jack T.R.!: Jack T.R. Capítulo 2.

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Capítulo 2

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Charles miró dudoso de nuevo el papel que tenía en sus manos. Frente a él, una vieja librería se alzaba orgullosa a pesar de su diminuto tamaño y lo decrépito de su fachada.

En el cartel sobre la puerta rezaba el nombre de la tienda: El pergamino.

Se encontraba en un cruce entre la calle 85 y Avalon, cerca del parque con el mismo nombre. Mayoritariamente, una zona residencial donde los pocos comercios que existían destacaban entre las pequeñas casitas adosadas con sus diminutos jardines.

No estaba muy seguro de que estaba haciendo ahí.

Después de investigar infructuosamente durante una hora acabó encontrando el nombre del chico de las fotos de la manera más ridícula. Resultaba que Mathewson, un patrullero que hacía su ruta por Marynook, lo vio en su pantalla al pasar por café y le reconoció. Vivían en la misma calle.

Se llamaba Aidan Kelly.

Después de averiguar el nombre, el resto fue sencillo. Veintiocho años, padres fallecidos en el Katrina, abuelo paterno ingresado en una residencia de ancianos en Palm Springs. Nacido y criado en Nueva Orleans, se trasladó a Chicago, ocho años atrás, después de la muerte de sus padres para mudarse con su abuelo y, más tarde, hacerse cargo de la librería cuando este tuvo que retirarse a causa de su alzhéimer.

No tenía antecedentes ni licencia de conducir pero, por suerte para Charles, sus datos y dirección estaban en la escritura de la librería.

La idea de que debía encontrar al muchacho para interrogarle le pareció estupenda en comisaría. No se debía dejar piedra por remover en casos así. Pero ahí, frente a la librería, se dio cuenta de que no tenía más excusa para hacerlo que unas pocas fotos en las que aparecía como mirón en las escenas del crimen y poco más. Razones para nada validas si le preguntabas a cualquiera.

Por no hablar si le preguntabas a un abogado.

Se sentía un poco ridículo.

Está bien, se sentía muy ridículo.

Aun así, cruzó la calle y curioseó un poco a través del cristal.

En el escaparate había unos pocos libros expuestos. “Inferno” de D. Bronw, “Pídeme lo que quieras” de M. Maxwell, “Joyland” de S. King, “El invierno del mundo”, de K. Follett. Las últimas novedades en novelas a la venta.

En el interior se podía ver que la tienda no era demasiado amplia. Un par de pasillos con varias estanterías cubiertas de libros, todas con cartelitos de papel que anunciaban el género y un mostrador de madera de estilo antiguo y color oscuro, con una caja registradora moderna cerca de la puerta.

No se veía a nadie dentro aunque en el cartel de madera que colgaba del cristal de la puerta anunciaba que estaba abierto. Supuso que estaría en alguno de los dos pasillos, fuera de la vista.

Pasó un minuto admirando el cartelito. Tanto las letras como el árbol que tenía sobre estas estaban labradas en la madera. Era un trabajo precioso y muy artesanal para estar en un simple cartel.

― ¡Qué demonios! Ya que estoy aquí. ― murmuró finalmente, armándose de valor y empujando la puerta.

El musical sonido de unas campanillas de cristal le hizo alzar la vista. Eran pequeñas, de cristal opaco y tintinearon unos minutos más después de cerrar la puerta. También estaban decoradas con pequeños arboles como el del cartel de la entrada. Parecían bastante antiguas. Le recordaron a las que tenía aquella vieja tienda de comestibles cerca de la casa de sus padres, donde su madre solía enviarle cuando necesitaba alguna cosa de última hora para la cena. Tenía muy buenos recuerdos de esa tienda y su dueño. Siempre le regalaba caramelos.

― ¡Estaré ahí en un momento! ¡Vaya mirando lo que quiera! — oyó gritar desde el interior, sacándole de sus recuerdos. Encogiéndose de hombros, Charles empezó a curiosear la tienda.

Como observara desde el exterior, la tienda no era demasiado grande. De unos ochenta metros cuadrados, el mostrador se encontraba a la izquierda, cerca de la entrada, dándole una buena vista de los dos pasillos y las estanterías. Al fondo a la derecha, se veía una anodina puerta de madera clara con un cartel donde ponía «Privado». Probablemente el baño.

Estuvo más de cinco minutos revisando los libros de la sección de misterio sin que nadie apareciera. Si fuera un ladrón ya habría robado media tienda y el dueño ni lo notaría.

Por fin escuchó su voz de nuevo, solo que esta vez parecía estar discutiendo con alguien en murmullos molestos.

― ¡Estoy empezando a cansarme de que hagas esto! — lo oyó decir, con tono de reproche. ― Tienes que dejar de desordenarme la sección de literatura fantástica. Solo porque tú no lo aguantes, no significa que puedas poner «Crepúsculo» en la sección de auto-ayuda.

Charles arqueó una ceja por la curiosa conversación y al verle aparecer solo. A lo mejor estaba hablando por teléfono con algún empleado.

― Me importa bien poco que pienses que a quien le guste debería ir al psicólogo con urgencia. No vuelvas a moverla y ya. No quiero oír más adolescentes preguntando que hace la novela en esa sección. Y… uh… ― el chico interrumpió su perorata bruscamente al verle, sonrojándose. — Pensaba que se habría ido. Como no oí nada más…

Ahora que lo tenía cerca, Charles pudo observarlo más atentamente. Como había supuesto antes era algo más alto que él, como de metro noventa, su cabello era negro, cortado de manera desordenada y le llegaba casi a los hombros. Sus ojos grises le miraban con una mezcla de sorpresa y desconfianza que levantó sus sospechas. También tenía una cicatriz que partía casi por la mitad su ceja izquierda. Llevaba cuatro libros en sus manos. Nada que pareciera a un móvil o teléfono o bluetooth.

― No. Aún sigo aquí. — el detective se encogió de hombros, comentando lo obvio.

― Puedo verlo. ¿Ha encontrado alguna cosa que le guste? ¿O está buscando algo en especial? — le preguntó, rodeándole para dirigirse al mostrador y evitando mirarle a los ojos, aun azorado.  Charles sacó su placa y se la mostró.

― Señor Kelly, soy el detective Andrews. Quería preguntarle sobre el asesinato de anoche en el parque Meyering. — el chico parpadeó, claramente sorprendido, dejando los libros sobre la mesa.

― ¿A mí? No sé nada de eso. El parque está algo lejos de mi tienda, por si no lo había notado, detective.

Charles lo observó usar una etiquetadora para ponerles el precio a los libros que había traído antes. Sus manos temblaban imperceptiblemente.

― Pero usted estuvo esta mañana allí. — insistió, haciendo caso omiso al tono indiferente que había adoptado. Aún seguía rehuyéndole la mirada y se envaró al oírle.

― Estuve… si… tenía que hacer un recado por la calle 71 y pasé a comprar un café antes de regresar a la tienda. Vi las luces y me acerqué a mirar por curiosidad. — bajó la mirada a los libros, sacudiendo la cabeza como si tratara de borrar algo de su mente. ― Hubiera preferido no hacerlo. Tuve que tirar el café en la siguiente papelera. No he comido nada después de eso.

― No, no era una vista agradable. — coincidió Charles, sacando su libretita para tomar notas. ― ¿Suele hacer muchos recados por esa zona, señor?

― Solo cuando tengo que ir a recoger algún libro. — respondió, encogiéndose de hombros. ― A parte de novelas, también tengo libros antiguos de colección. Me ofrecieron una bonita primera edición de “El perro de los Baskerville” y no pude resistirme. — el chico señaló a una vitrina de cristal, apoyada en la pared de detrás del mostrador donde se podían ver varios ejemplares, claramente antiguos, de novelas.

El libro de Arthur C. Doyle que había mencionado destacaba entre los demás por su encuadernación roja de piel y sus grabados dorados y negros.

― ¿A dónde fue a recoger el libro?

― Al colegio St. Columbanus, cerca del parque. Su profesor de literatura es un conocido de mi abuelo y me lo ofreció a buen precio. — Charles notó como con cada pregunta parecía más y más incómodo y no dejaba de mirar de reojo a su derecha. ¿Sería un tic? ― ¿Hay alguna razón para este interrogatorio? No entiendo que tiene que ver esto con su caso.

― Solo estamos comprobando quien estuvo por esa zona a la hora del asesinato.

― Pasé cuando la policía ya estaba allí. ¿Voy a necesitar una coartada o algo así? — preguntó, tenso.

Algo no andaba bien con ese chico. Charles tenía años de experiencia detectando mentiras y ese muchacho no estaba siendo del todo sincero con él. Era muy sospechoso.

Si realmente no tenía nada que ver con eso, ¿por qué mentía?

― Si la tuviera sería estupendo. — hizo caso omiso al resoplido del joven. ― ¿Dónde se encontraba anoche a eso de las cuatro de la madrugada?

― En casa. Mi piso está encima de la tienda.

― ¿Solo? — el chico pareció dudar un segundo antes de contestar.

― Si. — sus ojos se desviaron a la derecha de nuevo e hizo un gesto como negando algo — Un amigo estuvo conmigo pero se fue a las dos. Luego me fui a dormir.

― Ya veo.

La campanilla volvió a sonar, haciéndoles volver la mirada a ambos hacia la puerta. Un hombre corpulento y piel tostada entró y se les quedó mirando con expresión de no saber muy bien si quedarse o irse. Tenía el cabello rubio oscuro largo y recogido en una coleta.

El tipo parecía el estereotipo de motero de banda. Igual de alto que el chico, pero mucho más ancho y musculoso, vestido por completo de cuero negro. Llevaba pantalones, de cuyo cinturón colgaban un par de cadenas finas y una cazadora sobre una camiseta también negra. Una calavera con colmillos de vampiro era el logo de la banda a la que pertenecía.

De hecho, Charles conocía ese dibujo de haberlo visto en un aviso que la ATF (Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos) envió a la comisaría hacía meses. Pertenecía a “Los Vampiros”, una banda que llevaba establecida en Chicago desde hacía veinte años y que era sospechosa de la mayoría de los trapicheos con armas y droga en la ciudad. Pero nadie duraba tanto en ese negocio si no era muy cuidadoso.

Y esos tipos lo eran. Extremadamente.

A pesar de las sospechas que tenían sobre la banda, la ATF no había sido capaz jamás de demostrar o encontrar alguna prueba consistente contra ellos.

Y él se tropezaba uno justo en aquella tienda mientras investigaba esos asesinatos… ¡Qué casualidad!

Hasta ahora, todos los avisos que existían sobre esa banda eran por drogas y armas. Ningún asesinato aunque eso no significaba que no estuvieran involucrados en alguno. Había rumores de que la banda estaba relacionados con la mafia rusa, entre otras cosas.

― Este… ¿estás ocupado, Aidan? — preguntó con tono sorprendentemente educado y voz suave teniendo en cuenta las pintas de pandillero que gastaba. Tenía un leve acento que Charles no fue capaz de precisar a pesar de que le resultaba conocido. Probablemente de Europa del Este…

― Estaré contigo en un minuto, Rolf. Espérame en la sección de poesía. — el tal Rolf asintió, dirigiendo una mirada especulativa al policía y se marchó sin decir una palabra más.

― No parece del tipo que compra poesía. — ironizó Charles cuando el otro hubo desaparecido.

Aidan le miró mordaz, arqueando las cejas. A pesar de eso, parecía más divertido que molesto por su comentario.

― Se asombraría lo que engaña un libro por su cubierta, detective. Si hemos terminado, tengo un cliente que atender. Siento no haberle sido de ayuda con su caso.

― Nunca se sabe lo que puede ayudar o no en un caso. — sacó una tarjeta de visita de su cartera y se la tendió. — Si recuerda algo que piense que puede ser importante, llámeme. Y no salga de la ciudad, podría necesitar hacerle más preguntas.

Aidan no respiró tranquilo hasta que el detective se subió en su Chevrolet y se marchó calle abajo. No tenía ni idea de cómo le había encontrado y no le gustaba.

Puede que él no tuviera nada que ver con esos asesinatos, pero no quería policías cerca de su tienda. Mucho menos con la clase de clientela especial que él tenía.

― Ese tío no me gusta. — Aidan rodó los ojos, sonriendo sin querer.

― A ti no te gusta ningún policía, Julian. Te mató uno, ¿recuerdas?

A su lado la figura fantasmal de un hombre vestido al estilo vaquero se materializó. Este era algo más bajo que él, con el cabello rubio oscuro y desgreñado y ojos verdes que le fulminaron al girarse hacia él. Llevaba unos pantalones gastados marrón oscuro, botas de piel muy estropeadas, camisa beige y sombrero vaquero del mismo tono que los pantalones. Una leve barba de varios días oscurecía su rostro, dándole un aire de bandido de película antigua.

Contrario a otros espectros con los que Aidan se había tropezado a lo largo de su vida, Julian podía aparecerse de cuerpo entero y sin mostrar la herida que le llevó a la muerte. Estaba seguro de que su apariencia actual no debía ser muy diferente a como fue mientras vivía. No todos los fantasmas conseguían eso. Algunos solo podían hacer ruidos, mover cosas o aparecerse parcialmente.

― Eso no ha tenido gracia. — el chico se encogió de hombros, cogiendo los libros que acababa de marcar para volver a colocarlos en su sitio. Las luces de la tienda parpadearon un par de veces a causa de la estática que provocaba la energía que el fantasma gastaba para mantener la aparición.

― Tampoco que me sigas desordenando la librería cuando te aburres. Tardo horas en volver a poner las cosas en su sitio.

― Como si tuvieras algo mejor que hacer. Apenas tienes amigos fuera de la tienda y hace como un siglo que no te veo teniendo una cita. ― antes de que pudiera replicar a ese comentario sarcástico sobre su vida, fue interrumpido por su otro visitante, del que casi se había olvidado.

― ¿Estáis discutiendo de nuevo por su inexistente vida social? Yo puedo ayudarte con eso, Aidan. Un mordisquito y… ― rio Rolf, haciendo una mueca y mostrando unos largos y afilados colmillos.

Aidan suspiró hastiado y cogió un paquete de su mostrador, para entregárselo bruscamente al otro hombre, sacándole una risa cuando le golpeó en el pecho con él.

En eso consistía la herencia que le había dejado su familia.

Unos conseguían deudas, dinero, animales, casas… él una librería que era frecuentada por criaturas sobrenaturales que no deberían existir fuera de las leyendas. Un lugar neutral donde cualquiera podía conseguir desde una novela a un libro de hechizos verdadero.

Y él era el encargado de asegurarse de que nada iba a manos equivocadas.

― Otro chistecito de mordiscos, Rolf y voy a tener que prohibirte la entrada por acoso. Por enésima vez, me siento halagado, pero no quiero ser un vampiro. Me gusta ser lo que soy, gracias.

― ¡Pero si se dé buena tinta que te gusta que te muerdan! ― Aidan se sonrojó. ― Y como sigas sin pareja, esto lo acabara heredando un banco. ¿Y qué será de nosotros después? — terminó con fingido tono dramático.

― Seguro que la Comunidad encontrará a alguien adecuado que se haga cargo del negocio. No van a permitir que la librería acabe en manos de un banco, descuida. — el tono amargo de sus palabras hizo que los otros dos intercambiaran una mirada. ― Además, ¿de qué iba a servir que tenga pareja? Te recuerdo que soy gay. Los herederos están descartados.

No era desconocido para casi nadie en su gremio que ese no era el trabajo soñado de Aidan. Se había ocupado de hacerlo bien público desde el principio. Aun así, cumplía con sus deberes de manera eficiente.

― Podéis adoptar. Ya es legal. ¿Pero qué hay de mantener la zona neutra? Deberías tomar más en serio tu legado, muchacho.

― Nunca quise esto. — murmuró, mirándole con rencor. Rolf se encogió de hombros.

― Ni yo ser vampiro. Ni Julian estar muerto y ser un fantasma. ¡Bienvenido al mundo real! ― Aidan casi rio por sus palabras. ¡Qué irónico que una criatura de leyenda le hablara de realidad! ― Pero ya que tienes que hacer esto, hazlo bien. — el vampiro le dio un par de golpecitos reconfortantes en el hombro. ― Por cierto, Karl quiere verte cuando puedas. ¿Será seguro venir o tendrás más polis por aquí rondando?

Karl era el jefe de la banda y el vampiro dominante. Con sus dos metros de alto, ojos azules, cabello rubio y más musculoso que el mismo Rolf resultaba un hombre de lo más intimidante. Para Aidan, que sabía exactamente lo que era, daba miedo. Pero siempre respetó la zona neutral y lo trataba con anticuada cortesía, como la mayoría de los vampiros.

― Dile que espere una semana, por si acaso. Puede que ese detective vuelva. ¿Vosotros habéis oído algo de esos asesinatos en los parques?

― ¿Ese que va destripando chicas? — Aidan asintió. ― Es el tema del momento en toda la Comunidad. Todos piensan que quién sea es un animal. No se había visto algo así en siglos. Puedes oler la sangre en toda la ciudad por su culpa. Los novicios lo están pasando mal por eso. ― el vampiro rio por lo bajo. ― A lo mejor deberías preguntarle a los lobos.

El librero soltó una carcajada imaginándose la escena.

Los lobos, u hombres lobos en realidad, solían ser más disimulados y sociables que los vampiros. Incluso amables y respetuosos de la ley, siempre y cuando su manada no corriera peligro. Pero no eran gente a los que acusar en vano o sin pruebas. Tenían un sentido del honor muy sensible.

Además, sus zonas de «paseo» (como ellos acostumbraban a llamar a esos parques que usaban para convertirse y correr libres un par de veces al mes) estaban más al norte de donde se habían encontrado los cadáveres.

Aidan no recordaba la última vez que el clan tuviera algún problema. Como los vampiros, vivían todos en la misma zona y eran un grupo muy unido. Pero a la vez, también se relacionaban y mezclaban con los humanos sin causarles problemas o daños de ninguna clase. Trataban por todos los medios de no llamar la atención y cualquier miembro que pusiera en evidencia a la manada frente a los humanos, era fuertemente castigado.

― Sí, claro. Me planto en su cubil y les pregunto… oye, ¿podéis ayudarme a rastrear a un asesino? ¿A lo Rin Tin Tin? Sí, eso es una idea genial. Les iba a encantar. — ironizó. Rolf rio divertido por la ocurrencia.

― Conociéndolos, probablemente se reirían. O se lo tomarían literalmente. Vete a saber. — el vampiro le tendió la mano y se la estrechó con firmeza. ― Te llamaré la semana siguiente para comprobar si está la cosa más tranquila.

Julian vio al vampiro irse, chasqueando la lengua, disgustado. Mientras vivió tuvo una trágica experiencia con lo sobrenatural. No fue lo que le mató al final, irónicamente, pero si lo que dio un giro dramático a su vida, cambiándola por completo. Soportaba a los clientes especiales de Aidan ahí porque no podía irse a ninguna otra parte, pero eso no impedía que le molestara muchísimo. Tampoco le gustaba que el librero los tratara como si fueran gente normal.

― Supéralo, Julian. Los tiempos han cambiado.

― Sabes de lo que se alimentan. ¿Cómo puedes ayudarles?

― No matan a nadie. Ya ni siquiera se alimentan de gente, solo de los bancos de sangre. Y solo son libros sobre su historia. Jamás han roto la tregua en el tiempo que llevan viviendo aquí.

― Ese era de magia. — replicó el fantasma, fulminándole con la mirada. Aidan le ignoró, encaminándose hacia una de las estanterías.

― Karl quiere encontrar un hechizo que le haga completamente inmune al sol. El que aun pueda hacerles daño le molesta. Pero no va a encontrar nada ahí para eso.

― Pero el libro…

― No soy estúpido, ¿vale? Puede que Karl y su nido controlen lo que comen, pero otros no lo harán. Y él no va a estar aquí para siempre vigilando a los suyos. — le interrumpió, sacándole un bufido incrédulo. ― No voy a darles nada que pueda hacerles demasiado poderosos. Hay un equilibrio que mantener.

― En mis tiempos se les cortaba la cabeza y punto. A la mierda el equilibrio ese del que hablas.

Aidan rio por lo bajo y colocó unos libros en la estantería. Que él supiera, Julian jamás se había enfrentado a un vampiro. Pero si conoció a alguien que se enfrentó con un nido en su época. De ahí que supiera como matarlos realmente.

― Podemos estar discutiendo esto para siempre. Lamentablemente, no dispongo de todo tu tiempo libre, Julian. Mientras no hagan nada que rompa el pacto, seguirán teniendo mi permiso para entrar y comprar. Así ha sido durante más de un siglo y así seguirá siendo.

― Espero que no tengas que arrepentirte de esa decisión…

El joven se detuvo, preocupado.

Un par de semanas atrás encontró un viejo diario en una subasta donde solía ir a buscar entre los puestos de antigüedades. Gracias a sus contactos supo que su dueño fue un antiguo miembro de La Orden durante el siglo XIX. Un grupo que no le resultaba para nada desconocido.

Todo eso no habría quedado como una simple anécdota si su don no se hubiera vuelto loco al tocarlo. Sus poderes empáticos le regalaron una muy desagradable visión de todo lo que había allí escrito.

Un día después se tropezó con la primera víctima, mientras regresaba a casa tras realizar un recado en el banco. La chica había sido asesinada y su cuerpo colocado exactamente igual que había visto en su visión.

Y si hacía caso a lo que relataba el diario… Algo muy malo había llegado a la ciudad para quedarse.

― Me preocupa más lo que ha dicho Rolf sobre el asesino. — volvió a caminar, esa vez hacia una estantería al fondo de la tienda. ― Si hasta ellos mismos lo consideran un animal, ¿qué puede ser?

― Tengo una lista de una veintena de bichos sobrenaturales que han podido hacer algo así pero a veces es más simple, Aidan… Una persona. Los humanos podemos ser capaces de cosas más horribles que cualquier monstruo de cuento.

― ¿Crees que no hay nada sobrenatural en ese asunto?

― ¿Y tú? — Aidan dudó un segundo, antes de dirigirse de nuevo hacia la parte de atrás del local.

― ¿Recuerdas ese diario del que te hable? ¿El que encontré hace unas semanas en el mercadillo?

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Todo está conectado: La relación entre todas mis novelas.

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La relación entre todas mis novelas.

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Cuando digo (y lo repito mucho, lo sé. Soy una plasta con ese tema) que mis novelas están relacionadas, no exagero.

Mis novelas están todas ambientadas en el mismo universo. Sus personajes se cruzan entre historias, se relacionan entre ellos, forman parte del mismo mundo y les afectan las acciones de los otros.

Luchan todos contra el mismo enemigo.

¿Te gustan las teorías conspiratorias? XD ¡A mí me encantan!

No digo que me las crea. No soy de las que insiste en ellas, porque no. Pero si creo que ciertas cosas no pasan por casualidad o destino. Hay ocasiones en las que suceden cosas que afectan al curso de la historia y no pienso que todas sean fortuitas.

Pero cosas a nivel realista.

También me encantan las teorías de grupos que controlan a los gobiernos en la sombra. Como los Illuminati o los Templarios en su época.

Ahora hay alguno nuevo pero ya estoy desfasada en ese tema.

Así que, con semejantes ideas, imagina esto… una organización que lleva siglos en la sombra, no controlando, si no… “protegiendo” a la humanidad de las criaturas sobrenaturales que se desmandan o se convierten en una amenaza para el mundo tal y como lo conocemos.

Imagina un dragón al que hay que eliminar, porque está prendiendo fuego a media California y las noticias achacan los incendios una y otra vez a pirómanos o descuidos.

Imagina el poder y la influencia de esa organización si puede manipular los medios y a los gobiernos de esa manera para hacer creer a la sociedad de un mundo entero que nada raro está ocurriendo.

Imagina ahora que los que se descontrolan son ellos.

Ya te comenté, cuando hice el post sobre la película John Wick, que uno de los puntos que más me gustaba del guion era esa sociedad de asesinos ocultos entre las personas normales. Como era absolutamente genial y espeluznante a la vez esa escena en la que todos los que pasean en el parque se detienen a la orden del jefe principal demostrando que son muchos y están en todos lados y no estás a salvo jamás.

Quería que mi Orden fuera igual.

La Orden no empezó siendo peligrosos. Pero como todo lo que los humanos tocamos, se estropeó a causa de la codicia y los prejuicios.

En vez de evolucionar y aceptar los cambios que provocaron las treguas entre las razas mágicas, decidieron seguir estancados en el pasado.

¿Te suena? ¿Cuántas veces hemos visto gente que se niega a avanzar con el tiempo?

Al principio resultaban útiles ya que las razas mágicas estaban en guerra entre ellos, poniendo a los humanos en peligro. Además, de que también los atacaban por gusto, miedo o necesidad. Pero las razas han encontrado un equilibrio, viviendo entre los humanos sin hacerles daño ni llamar la atención sobre ellos.

La Orden aun sigue luchando contra ellos como si siguieran en el siglo XV.

Y, como decía antes y volviendo al tema principal de este post, todo lo que haga La Orden afecta a todos los personajes de las novelas.

Fueron sus acciones lo que causó que apareciera Jack y, por lo tanto, Aidan y Charles se conocieran.

Fueron sus acciones lo que convirtieron a Charles en lo que es hoy en día y que este acabara apareciendo y ayudando a Paul o Will.

Fueron esas mismas acciones las que hicieron regresar a Arthur y que Kamelot se involucrará en la guerra que empezaba sin que nadie lo notará.

Y son esas acciones las que reunirán a Astrid y Alec y los meterá de cabeza en una aventura que será otro paso más de este universo.

Me encanta hilarlo todo muy fino para que encaje. Es la parte más divertida de escribir esto. Y, créeme… cuando acabe este universo voy a echarlo muchísimo de menos.

¡Pero primero habría que acabarlo y aun le queda un rato!

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Resumen semanal: del 29 de octubre al 2 de noviembre. : Resumen semanal: primera semana de noviembre.

resumen

Resumen semanal: del 29 de octubre al 2 de noviembre.

resumen

Lunes.

Empezamos la semana con un post sobre los personajes de mi novela El juego de Schrödinger. En realidad, debería decir personaje en singular. Hay más, claro pero si los nombro destripo media novela XD Así que solo te hablo de su protagonista, Will Moore.

Will es muy majo, estoy segura de que te va a gustar.

 

Martes.

Pues no, aun no he encontrado algo que pueda poner los martes. ¿Sugerencias?

 

Miércoles.

¡Nuevo capitulo del relato Dioses y demonios!

Zeus usa sus influencias para tratar de razonar con el demonio y Finn tiene una conferencia internacional.

Se nos va acabando el relato y no sé que voy a poner luego…

 

Jueves.

¡Y nuevo post sobre mi nueva novela Dagas de venganza!

La cual también se acerca. ¡Ya queda menos de dos meses!

Esta semana te cuento la sinopsis extendida de la novela.

¿A que mola?

 

Viernes.

¡Por fin es viernes! Vamos a descansar un poquito y a organizar la semana que viene.

¡Feliz finde!

 

 

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Dagas de venganza: personajes: Alec, el último poli bueno.

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Alec: el último poli bueno y prota de Dagas de venganza.

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Alec Patterson es uno de los últimos polis buenos en su comisaria de Nueva Orleans.

Es policía por vocación. Su padre lo fue también y fue de él de dónde sacó Alec la idea de convertirse en policía.

El padre de Alec era un simple policía de tráfico que participó en las labores de rescate tras el Katrina y murió ayudando a sacar a una familia atrapada en un coche.

Su muerte afectó mucho a un joven Alec, aun un adolescente, que decidió honrar a su padre preparándose para seguir sus pasos aunque con algo más de ambición, ya que Alec aspiraba a ser detective en un futuro no muy lejano.

Sin embargo, la comisaria a la que es destinado no es la mejor para progresar. La mayoría de los que trabajan allí son antiguos y no ven con buenos ojos la sangre nueva. Son como una hermandad cerrada a cal y canto y no aceptan novatos, a los que tratan fatal, dándoles todo el trabajo sucio que ellos no quieren hacer.

Alec sabe esto y debe aguantarlo aunque no le guste nada. En algún momento podrá presentarse a los exámenes y saldrá de esa comisaria rumbo a un nuevo destino bien lejos de ahí. Mientras, tiene que aguantarse a pesar de saber que ese ambiente no es bueno ni legal.

Muchas veces, ve cosas que no deberían verse en una comisaría.

Así es como lo encuentra Astrid, debatiéndose entre hacer lo que él sabe que es correcto o lo que le mandan hacer.

¿Quieres saber más? ¡Pronto en Amazon y en este blog!

¡Dagas de venganza!

 

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Dagas de venganza: ¿De qué va mi novela? : Dagas de venganza: Mini relato para ponernos en situación

dagas

Dagas de venganza: mini relato.

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Tendría que haber hecho caso a su mama.

Siempre le repetía que no llegara tarde, que no se entretuviera por el camino… que regresara directamente a casa cuando fuera a casa de sus tíos, unas calles más arriba.

Pero, no.

Haciendo caso omiso a su mama, decidió salir, porque era muy importante ver primero el nuevo video juego que se había comprado su primo Charlie.

Y ahora no sabía si la volvería a ver, porque ese monstruo que le perseguía no iba a dejarle escapar.

¿Qué podía querer de él?

¿Sería uno de esos tipos que secuestraban niños para venderlos, como los que salían en las noticias?

Cuando le habló, André notó el acento raro que tenía. No era como el de su madre, suave francés. No, este era más tosco, marcando mucho las erres.

Un acento feo.

El tipo había aparecido de la nada, justo al doblar la esquina de la casa de Charlie, cuando salía rumbo al barrio francés, donde vivía.

No sabía que quería, ni por qué razón le perseguía…

Tuvo mucha suerte que no le pillara en el primer intento, pero el tipo parecía estar disfrutando de la persecución. Llevaba corriendo los últimos quince minutos y ya empezaba a cansarse, pero el tipo no había dejado de sonreír en todo momento.

Lamentablemente, su perseguidor le había forzado a alejarse de su barrio, haciéndole ir por sitios abandonados y poco transitados.

No había a quien pedir ayuda.

Temblando de miedo y estrés, consiguió darle esquinazo, entrando a un callejón y escondiéndose tras un contenedor de basuras, rezando para que ese tipo pasara de largo.

No tuvo tanta suerte.

Pocos segundos después, le oyó entrar caminando despacio al callejón.

–  ¡Sé que estas aquí, pajarito! – gritó con tono cantarín el tipo.

El chico se tapó la boca con la mano para amortiguar el sonido de su respiración. Resonaba en sus oídos, junto al latido desbocado de su corazón, tan fuerte que estaba seguro de que el tipo lo escuchaba perfectamente.

–  ¡Sal, pequeño! ¡No voy a hacerte daño!

André podía tener solo seis años, pero sabía perfectamente que ese tipo le estaba mintiendo descaradamente.

El tipo soltó un bufido de molestia y pareció desistir, dando media vuelta y saliendo del callejón. André se limpió los ojos de lágrimas y esperó un minuto, antes de abandonar su escondite tras el contenedor.

¡Quería estar con su mama!

Se asomó con cuidado y suspiró aliviado al comprobar que el tipo había desaparecido de la vista. Miró a su alrededor e intentó orientarse.

Nunca se había alejado tanto de casa. Asustado, buscó alguna referencia, algo conocido que le llevara de vuelta a su hogar, alguien a quien pedir ayuda.

Unos pocos metros más allá, había tres hombres hablando y tomando café. Parecían obreros de construcción, con sus cascos amarillos, cinturones llenos de herramientas y botas de trabajo. Podía pedirles ayuda para volver a casa, explicarles que había ocurrido y que llamaran a la policía.

¡Como en las películas!

Empezó a andar hacia ellos.

Tres pasos después, apareció en mitad del camino el tipo de antes, con esa expresión que daba miedo y la sonrisa de malo de película.

–  ¡Se acabó el juego, pajarito!

–  ¡Quiero ir con mi mama! – lloró André. El tipo no parecía nada conmovido, más bien fastidiado por su lloriqueo.

–  Si, ya… Me temo que eso no es una opción, niño.

Antes de que pudiera gritar, pidiendo ayuda a los obreros que había visto antes y que se encontraban a pocos pasos de ellos, el tipo le cogió de la cintura, levantándolo del suelo sin ningún esfuerzo y le tapo la boca con la mano, ahogando sus gritos.

Inmediatamente, un coche paró, quemando neumático, a su lado y el tipo y él entraron en los asientos de atrás, antes de que el coche arrancara de nuevo, derrapando a toda velocidad.

–  Eres afortunado de que te necesitamos vivo para lo que te queremos… si no habrías muerto un segundo después de haber empezado a correr.

¡Recuerda que Dagas de venganza saldrá a la venta el 20 de diciembre!

¡Espero que te haya gustado este mini relato para ir poniendo en situación!

 

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Universo Comunidad Mágica Vs La Orden: La Orden: ¿protectores o asesinos?

Orden

La Orden. ¿Protectores o asesinos?

Orden

La Orden es una organización milenaria que se dedica a proteger el mundo de lo sobrenatural.

Esa fue la idea original. Las cosas cambian y su cúpula, también.

La Orden son descendientes directos de los Templarios. Cuando estos estaban por desaparecer, tras su persecución tras las Cruzadas, una facción más radical decidió seguir por su cuenta.

Eran muchas las cosas que vieron, de las que fueron testigos en esas batallas. Magia, hechiceros, criaturas sobrenaturales…

Y decidieron que era hora de que alguien protegiera a los humanos de esos “peligros”.

Durante siglos, estuvieron en una guerra abierta contra toda criatura sobrenatural.

Pero fue en pleno siglo XIX cuando empezaron a radicalizarse aun más. Hasta ese momento, su único fin era proteger.

Ahora querían el exterminio de todo lo que no fuera humano. Iban a erradicar la magia del planeta.

Pero no podían hacer algo así de grande en un día.

Dado que su cúpula directiva pertenecía a las mas grandes familias del mundo, empezaron con un plan a largo plazo infiltrando miembros de la organización en todos los puestos relevantes de los gobiernos del mundo entero.

Empezaron a usar a cazadores como cabezas de turco. Gente sin recursos y sin familias a los que la desgracia les había golpeado.

Perfectos para los trabajos más sucios y peligrosos.

En la actualidad, se conoce que poseen quince bases principales repartidas por todo el mundo desde las que dirigen todas sus operaciones importantes.

Pero han perdido el propósito inicial. Quieren controlar el mundo y lo hacen atacando a la Comunidad Mágica, que representa un 45% de la población. Sus ataques han llegado a afectar a los humanos y la Comunidad se ha visto obligada a unirse y hacer alianzas para defenderse de esos ataques.

La Orden tiene nuevos planes para conseguir sus fines de acabar con todo lo mágico. ¿Lo conseguirán?

Recuerda que puedes conseguir mis novelas aquí.

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Resumen semanal: del 24 al 28 de septiembre.: Resumen semanal: tercera semana de septiembre

resumen

Resumen semanal: del 24 al 28 de septiembre.

resumen

Lunes.

En el post de esta semana te hablo de Nueva Orleans, de sus beignets y del maravilloso escenario que ha sido y es para mí última novela.

 

Martes.

Sigo buscando que poner los martes… a ver si me aclaro de una vez y planeo algo chulo.

 

Miércoles.

¡Nuevo capitulo del relato Dioses y demonios! Zeus y Finn van a dar una vuelta. ¡A ver cómo se lo pasan!

 

Jueves.

Y en el post semanal sobre curiosidades de mi nueva novela te cuento sobre Nueva Orleans (si, otra vez) y de las razones por las que escogí esa ciudad como escenario para la historia.

 

Viernes.

¡Por fin es viernes! ¡Feliz finde!

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Siempre va a ser mi favorita: Jack T.R., la novela con la que me estrené

jack t.r.

Jack T.R., la novela con la que me estrené.

jack t.r.

Si eres parte de los pobres que me siguen en Twitter y Facebook, habrás comprobado que llevo una semana y poco haciendo campaña a mi novela Jack T.R.

Creo que ya iba tocándole volver a estar en el punto de mira.

Jack T.R. siempre va a ser mi favorita de todas porque fue mi primera. Y porque es buena, coñe.

Y no lo digo solo yo, que la quiero mucho y es la niña de mis ojos y mis gafas. Tengo gente que opina también que merece la pena leerla.

Ejemplo… En Amazon (y uno en el blog) dejaron estos comentarios sobre la novela:

jack t.r.

También ha tenido unas cuantas reseñas positivas (y otras algo menos, aunque ninguna mala, he de recalcar).

Blogs como La lectora de libros, Devoradores de mundos y Contra la Inercia son algunos de los que han opinado sobre Jack T.R.

La lectora de libros: Reseña Jack T.R.

Devoradores de mundos: Reseña Jack T.R.

Contra La Inercia: Reseña Jack T.R.

No hace mucho te contaba en Twitter, en varios hilos, curiosidades sobre Jack T.R., su inspiración sacada del asesino Jack el Destripador y sobre los demonios que pueblan la novela.

Puedes leerlos por aquí:

Hilo sobre curiosidades de Jack T.R.

Hilo sobre curiosidades de Jack el Destripador.

Hilo sobre Bloody Mary, los fantasmas y Julian, el fantasma de Jack T.R.

Hilo sobre demonios. 

Y no olvidemos su booktrailer que algún año de estos tendré que renovar pero que no va a ser por ahora porque estoy liada y con tantas cosas pendientes que estoy por mandarlo todo a paseo…

Jack T.R. siempre (como he dicho antes) será mi preferida. Así que voy a seguir un poquito más con su campaña porque sé que cuando la leas, te va a encantar y vas a querer saber más sobre sus personajes. Y sus personajes aparecen más en el las demás novelas.

¡Ah, que se me olvidaba! Las dos mejores reseñas que me han hecho sobre ella fueron mis vecinas (mujeres las dos que me han visto crecer de mico a mico adulto) y a las dos les encantó.

¡Chúpate esa, Stephen King! ¡A ti tus vecinos no te aguantaban! XD

Lo mejor fue una de ellas amenazándome si le hacía daño a uno de los protagonistas XD

¿Quieres cotillear a Jack T.R.? Fíjate si quiero que la leas que solo cuesta 1,70 €.

¡Solo 1,70 €!

¡Vamos, que me la quitan de las manos!