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Reseñas y decisiones

¿Qué? ¿Estás achicharrada ya? XD
¡Qué bonito es el verano para los que tienen aire acondicionado!
Aquí está siendo menos malo que en el interior, por suerte. Pero la humedad y el calor pegajoso es igual de insoportable que el seco tipo Mordor del interior.

mordor
Aunque quema menos, eso si.
Pasando del tiempo, esta semana por fin he podido tomar algunas decisiones. Un par de cosas a las que llevo desde principio de año dándole vueltas.
Y es que no tenía ni idea de que hacer después de publicar El Guardián.
Y tú dirás… ¿Eh?
Si, eso.
Tengo dos borradores esperándome. Pero ninguno de los dos me está llamando con suficiente fuerza.
Además estaba teniendo una de esas rachas en las que pierdes la fe en lo que haces.
No son nada divertidas.
Por suerte, un par de comentarios y una reseña de Jack T.R. me han devuelto un poquito las fuerzas.
La reseña de Jack T.R. por parte de Lectora de Libros ha hecho que recuerde que debo hacer de una vez lo que llevo posponiendo hace dos años y pico… corregir de nuevo las novelas.
No, claro que no las publiqué sin corregir… obvio que no. Pero tampoco soy correctora profesional y mi gramática es muy cuestionable.
Nunca se me dio bien…
Y sé que todas tienen fallos. Mayormente por cansancio, otras por desconocimiento y otras… a saber. Hay cosas que en su momento suenan muy bien y luego las ves y te espantas.
En la reseña ha destacado eso como lo peor de la novela y tiene razón. Así que voy a hacer algo para remediarlo.
Como sigo sin poder permitirme un corrector profesional, no va a mejorar mucho, pero haré el intento. Ya va siendo hora.
Siento mucho que hayas leido las novelas con fallos, pero puedo prometerte que siempre lo doy todo a la hora de escribir y arreglar mis libros. Estoy meses releyendo y corrigiendo, pero soy humana, como cualquiera y cometo errores.
Pero prometo mejorarlas a tope.
También considero la idea de crear un kindle con todas juntas, a un precio chachi, en plan pack XD
Esta semana también me he visto muy reflejada en el post de David Orell, El escritor multifunción. Pero ¿quién no puede relacionarse con eso?
Hoy en día, escribir no es solo escribir.
Escribir es escribir, volverte loca con la maquetación, acabar con jaqueca por leer veinte veces la misma frase, dejarte los ojos en crear una portada, estrujarte el cerebro pensando una buena frase para usarla en el marketing de la novela, agotarte buscando y aprendiendo cosas que puedan ayudarte a hacerte más visible…
Y no hablemos de vender, ¿verdad?

X supernatural guiña

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Nueva portada, nuevo corto

El verano está oficialmente dando la lata ya.

Terral y más de 35 grados por aquí abajo.

Superadlo.

¡Que calor!

Y menudas pocas ganas de trabajar con semejantes temperaturas.

Pero… Aun tengo que terminar de corregir dos historias y publicarlas.

Mientras, El amanecer del berserker tiene portada nueva…

berserker portada2

y voy a dejar aquí otro de los cortos para que vayáis conociendo algo de la historia.

¡Disfrutadlo! Yo voy a meterme un rato en la nevera.

–  Nunca pensé que existierais…

–  Lo mismo podría decir.

La Dama del Lago tenía una risa cristalina.

Hermosa como un hada y cautivante como una sirena.

E igual de letal que ambas criaturas.

A Alger, que había oído historias sobre ella desde que podía recordar, ver como el mago que la acompañaba prácticamente la ignoraba y parecía deseoso de marcharse le intrigaba.

Lo normal hubiera sido que un humano como ese se sintiera cautivado e intrigado por semejante criatura.

No aburrido.

Era… inusual.

La Dama siguió su mirada y volvió a reír, divertida.

–  ¡Ah, no hagas caso a mi amigo Merlin! Como buen humano que es, no sabe lo que significa la paciencia.

–  La paciencia de cualquiera tiene un límite. – gruñó el mago.

–  Hay que saber administrarla para no gastarla.

–  No había visto antes a un humano inmortal…

–  Tiene una misión.

–  Que no llega.

–  En el momento en que dejes de esperar que llegue, llegara.

Alger observó con detenimiento al humano. Joven, con el cabello de color plata, los ojos claros… tal como decía la Dama, parecían impaciente, nervioso.

Había magia en él… una enorme cantidad de magia. Nunca antes había notado tanta en un humano. Pero estaba sellada bajo un conjuro.

Interrogante, miró hacia la Dama, que le sonrió divertida.

–  Creí que los de tu clase vivían más al norte.

– Hace siglos. Ahora estamos más en movimiento. Tengo un grupo de humanos que intenta capturarme… como si eso fuera posible.

Merlin bufó y se apartó de ellos, aparentemente cansado de su conversación.

–  Los humanos son capaces de las cosas más inverosímiles. Andate con ojo.

Cuando, un rato después, la Dama y su extraño acompañante se marcharon, Alger se quedó preguntándose si el mago sabia del conjuro que bloqueaba su magia… y si sabría que la Dama estaba usando esa magia para sobrevivir…


 

¿Habéis visto que hay un cameo de Kamelot 2.0? XD

Bueno, no olvidéis que Jack T.R. y Kamelot 2.0 siguen a la venta a un precio excepcional y que hay una serie de cortos para descargar aquí.

 

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Booktrailer de Jack T.R.

La gente normal, cuando se aburre, hace puzles.

Yo intento aprender cosas nuevas y complicarme la vida por amor al arte XD

Total, que el Windows Movie Maker y yo nos hemos peleado un par de días y ahí esta el resultado.

¿Qué os parece?

P.D. Tengo que recordar hacer la entrada que tenía planeada…

No olvidéis que podéis conseguir la novela AQUÍ

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¡Y llegó el día! ¡Jack T.R. ya está aquí!

jackpeque

¡Si! ¡Ya está aquí Jack!

Hoy es un día muy especial para mi.

La razón es obvia y la sabéis casi todos, así que no voy a enrollarme contando lo maravilloso que fue escribirla o lo peculiar que ha sido el camino hasta aquí y todo eso.

¿Para qué? Creo que ya sabéis todo eso también. Si no por experiencia, por leerme o leer a otros.

Y puede que esto no sea la gran cosa. Solo un libro más autopublicado en Amazon, pero para mi es lo más grande.

Hasta que llegue el siguiente, claro.

¡Pero vamos a lo que vamos!

Aquí os dejo los links donde podréis conseguir mi novela “Jack T.R.” tanto en papel como kindle en Amazon.com y Amazon.es.

Jack T.R. Kindle Amazon.es 

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¡Espero que os guste!

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¡Los ganadores de #JackTR !

Antes de nada, muchísimas gracias a todos por participar. Y recordad que la novela saldrá el día 31 de octubre a la venta.

Ahora, vamos al lio.

concurso

And the PDFs goes to…

  • Miguel Alberto.
  • Grissel Salluca.
  • Antonio Burrieza Soler.
  • Edurne Martinez.
  • Rosa Peso.
  • Rocio Bueno.

¡Enhorabuena a los ganadores! Se os enviará un mail esta misma noche con un link de descarga para que podáis conseguir el PDF directamente.

¡Un saludo a todos!

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¡Lee el primer capítulo de “Jack T.R.” gratis!

¡El gran día se acerca!

Ya solo quedan un par de semanas para Halloween y para que saque a Jack de su encierro. Y para celebrarlo os dejo el primer capítulo.

¡Espero que os guste!


Jack T.R. Primer capítulo.

 

 

Sus ojos azules se abrieron de par en par, atemorizados.

Una rata chilló y corrió hacia ella, saltando entre los charcos que abundaban en el suelo y pasó por su lado antes de huir y perderse en la oscuridad.

Como ella deseaba hacer.

Sin embargo estaba corriendo desesperada en dirección contraria. Tropezó al interior de ese callejón que los clientes masculinos del bar solían usar cuando no querían esperar su turno en el baño y acabó cayendo al rompérsele uno de sus tacones en una grieta.

Se giró, quedando sentada en el sucio suelo, haciendo caso omiso al tacto pegajoso del asfalto bajo sus manos y a las lentejuelas que empezaban a desprenderse de su frágil falda, brillando levemente en la mortecina luz de una farola cercana.

Frente a ella la muerte la acorralaba, cerrándole el paso, como un lobo a su presa.

Por un segundo deseó estar teniendo una pesadilla. Una de la que pudiera despertar, a salvo en su cama y no ahí, rodeada por contenedores de basura y paredes sucias, cubiertas de carteles desgarrados del último espectáculo de strippers que actuaron la semana anterior.

No en aquel lugar, con el sonido de la gente divirtiéndose en el bar y la música estridente del interior como banda sonora de su futura muerte.

Porque estaba segura de que iba a morir.

Quería gritar para pedir ayuda, pero no conseguía que le saliera la voz. El miedo y el dolor, producido por un profundo corte en su hombro izquierdo, eran tan grandes que le impedían articular sonido alguno y paralizaban su cuerpo empapado de sudor frío. Solo era capaz de emitir gemidos entrecortados.

Con torpeza se llevó las manos a la herida en un vano intento de detener la sangre que manaba sin parar, viendo como sus manos y su top blanco se teñía de rojo rápidamente. Se arrastró un par de metros, sus rodillas raspándose contra el duro asfalto y rompiéndose las medias, tratando torpemente de huir de aquel monstruo.

Pero era inútil y lo sabía.

No había escapatoria. La había llevado a un callejón sin salida.

Se negaba a morir. Solo tenía veintiocho años. Aun le quedaban cosas pendientes. Ahora lamentaba no haber aclarado las cosas con su hermana. Ya no podría hacer las paces con ella y conocer al fin a su sobrino, al que no había visto a causa de una estúpida discusión.

 

Estaba atrapada. Ese monstruo jamás la dejaría salir de ahí con vida.

 

Ese pensamiento la hizo temblar aun más, el pánico atenazándola, sacándole sollozos mientras su vista se nublaba a causa de las lágrimas.

Los rizados mechones de su larga y sedosa melena negra cayeron sobre sus ojos, entorpeciéndole más la visión, cuando aquella cosa la agarró del brazo con una fuerza antinatural y la levantó de un violento tirón, como si fuera una muñeca de trapo, desencajándole el hombro y sacándole un grito ahogado de dolor.

Lo primero que pudo ver con claridad al enfrentarse a él fueron sus ojos.

No podría olvidarlos nunca. Era incapaz de apartar la mirada de ellos. Ni siquiera cuando sintió la fría y afilada hoja del cuchillo clavándose nuevamente en su carne y rasgándola pudo dejar de mirarlos.

La hizo girar entre sus brazos y le cortó el cuello. Con extremada lentitud.

– Tu seras mi mayor obra, querida. – le susurró al oído, mientras la tumbaba boca arriba en el suelo.

A los cortes en la garganta se sumaron otros más en la cara, en el pecho, en los brazos al tratar de cubrirse y minimizar un daño que ya era inconmensurable. El golpe de gracia, el que la dejó finalmente rindiéndose a lo inevitable, fue en el estomago. El cuchillo se hundió en su interior hasta la empuñadura, subió y ya no se detuvo.

 

Mientras la vida se le escapaba a borbotones y oía la estridente risa de su asesino, su último pensamiento fue para esos ojos dorados. Ni siquiera prestó atención a que la estaba abriendo en canal como si solo fuera un pedazo de carne.

Aquellos ojos aterradores y diabólicos que no dejaban de mirarla, brillando antinaturalmente de satisfacción mientras la observaba morir.

Charles Andrews abrió los ojos, despertando bruscamente para encontrarse en su cama y no en aquel callejón de su sueño. Jadeaba entrecortado, con el corazón a mil por hora haciéndole sentir mareado  y sin poder dejar de tocarse el cuello donde aun sentía el roce fantasma del cuchillo. Su vieja camiseta gris de “The Police” que usaba para dormir estaba empapada de un sudor frio que pegaba el algodón a su piel. Notó el sabor de la bilis en la garganta, sabiendo que estaba muy cerca de vomitar lo poco que cenó la noche anterior.

Para cualquier persona normal, eso podría ser producto de una horrenda pesadilla.

Pero él no era alguien normal. Una pesadilla ordinaria no le tendría temblando de puro terror y sin aliento. Sabía que ni siquiera todo lo que sentía era exclusivamente suyo. Aun podía notar el miedo de la chica con la que había soñado, oír sus intentos de pedir ayuda, oler la sangre en el aire…

Oír al asesino susurrándole y notar su aliento en su oído.

 

Odiaba sus sueños. En específico los de esa clase.

 

En su familia, en cada generación, siempre hubo un miembro que podía ver el futuro mientras dormía. Su padre, por ejemplo, y, antes que él, su abuelo y su bisabuelo. Toda su rama paterna nació con ese don. Charles prefería llamarlo maldición, aunque probablemente era una cuestión de perspectiva.

Él era uno de los últimos que quedaba con esa habilidad. Sufría, porque no había otra palabra mejor para expresarlo, sueños premonitorios.

En cada miembro de su familia, esos sueños se manifestaban de manera distinta. Su padre podía ver sucesos con varios días de antelación, mientras su abuelo veía cosas que podían estar sucediendo en otras ciudades. Charles los vivía en directo, sin opción a poder hacer algo para intervenir.

No había un porque a los motivos por los que sus sueños eran de esa manera y, para ser sinceros, tampoco se molestó en investigarlo o consultarlo cuando comenzaron, siendo él un adolescente. Bastante tenía con lidiar con lo que veía. Sin embargo, aquel no era el mejor momento para ponerse a pensar en ello.

Alguien había muerto esa noche.

La chica de su sueño murió exactamente de la misma manera que él lo había visto y sintió cada cuchillada, cada intento de escapar, cada respiración hasta que su vida terminó… Cada instante con todo lujo de detalles, y en tecnicolor pero lo más importante, lo fundamental se le escapaba… no pudo ver al asesino.

 

¿Para qué le servía su don si no podía evitar que sucediera lo que soñaba?

¿Por qué no podía verlo a tiempo para poder actuar y salvar a la victima?

¿De qué le valía si nunca podía ver el rostro de quien realizaba esos actos terribles?

Esos sueños solo conseguían desesperarle y frustrarle hasta cotas inimaginables.

También eran la razón por la que acabó haciéndose policía. Si no podía hacer nada para impedirlos, haría algo para dar paz a quienes veía morir.

Con un gruñido, decidió levantarse por fin y prepararse.

Salió del dormitorio y se encaminó hacia el baño para tratar de borrar esas imágenes de su mente bajo el chorro de agua caliente. El frio del invierno y el sudor que cubría su cuerpo le hicieron estremecerse a pesar de que ya había encendido la calefacción.

Al mirarse en el espejo vio las ojeras oscuras que empezaban a profundizarse bajo sus ojos marrones. Hacía algún tiempo que no dormía bien. No desde el primer asesinato, cuatro días antes. El cansancio había hecho que su piel estuviera más pálida de lo habitual, casi cenicienta y que las pocas arrugas de expresión que solía tener estuvieran más marcadas.

Tras una corta ducha, regresó al dormitorio y preparó su ropa. Traje negro, camisa blanca de lino, abrigo de lana, corbata de seda burdeos… descartando el regresar a la cama a pesar de ser las seis de la mañana.

Hizo un no muy entusiasta intento de peinar su alborotado cabello castaño, el cual siempre decidía por su propia cuenta como quería estar, hiciera él lo que hiciera, y se tocó la barba, ya de una semana. La observó, crítico. Empezaba a verse canas en la barba. Probablemente sería mejor afeitársela, pero ese día no se encontraba con ánimos para hacerlo.

Desechó la idea de desayunar y se limitó a tomarse un par de ibuprofenos para la futura jaqueca que ya andaba rondándole. Desayunaría con su compañero después de acabar con la escena del crimen. Ese era un ritual que ambos tenían desde que empezaran a trabajar juntos y lo mejor para asegurarse que no ibas a quedar en ridículo delante de todos los compañeros vomitando cuando el olor o la visión del cadáver te revolviera el estomago.

Se sentó en el sofá, frente al televisor e hizo un poco de zapping para matar el tiempo hasta que recibiera el aviso. Dejó el canal de noticias, donde un presentador con más botox que Cher, hablaba sobre la muerte de un multimillonario en Nueva York.

Tenía claro que no iba a ser capaz de dormir más y necesitaba despejar su mente del sueño para poder centrarse en el caso.

Efectivamente, media hora después su móvil sonó.

– Detective Andrews. – contestó con la voz ronca. Aun sentía un poco adolorida la garganta por los gritos que esa pobre muchacha no había podido dar. Esperaba que su vecina no volviera a preguntarle que hacía por las noches para gritar tanto. La primera vez ya fue lo suficientemente bochornoso. – Aja… estaré allí en veinte minutos.

El aviso fue en el Parque Meyering, a menos de un kilómetro de una zona de bares ligeramente conflictiva. Era un lugar frecuentado por familias con niños pequeños y corredores durante el día, pero, al anochecer, era el punto de encuentro favorito de yonkis y prostitutas. No era recomendable pasear por allí pasadas las diez de la noche, si se quería regresar con la cartera intacta.

Un hombre que hacía jogging con su perro fue quien descubrió el cuerpo y llamó a la policía. Le estaban tomando declaración cuando Charles aparcó su Chevrolet Camaro, veinticinco minutos después de recibir la llamada. Había varios coches patrulla rodeando el lugar, las luces tiñendo de rojo y azul la nieve que cubría los arboles.

Vio a su capitán inmerso en lo que parecía una acalorada conversación con el jefe de prensa del alcalde, un tipo verdaderamente detestable que era capaz de vender a su madre si con eso conseguía más votantes para el alcalde.

No se sorprendió mucho al verle allí. Un asesino en serie daba muy mala prensa a cualquier ciudad. Probablemente estaba amenazando al capitán Murphy con despedirle si no atrapaban pronto a ese asesino. Y, por la expresión de su jefe de departamento, este se estaba conteniendo para evitar mandarlo al diablo.

– ¿Qué tenemos? – preguntó al ver a su compañero, Gordon Henricksen, quien tenía pinta de haber dormido incluso peor que él, si las ojeras que tenía bajo sus ojos azules eran una indicación.

Su compañero llevaba el abrigo arrugado, el cabello pelirrojo despeinado y no se había afeitado. Probablemente, ni siquiera llegó a su cama. Algo normal, puesto que había sido padre un par de meses antes. La pequeña no les estaba dejando dormir una noche entera ni a él ni a su mujer, por lo que le contaba.

– Nada bueno.

El detective podía oír a sus espaldas a dos novatos, un par de críos recién salidos de la academia, recuperándose después de haber vomitado todo el desayuno tras ver esa masacre. Y no era para menos. Incluso a él, que ya sabía que iba a encontrarse, la visión le revolvió el estomago.

La víctima era una chica de unos treinta y de cabello negro largo y rizado, tal como vio en su sueño. Iba vestida con una falda negra de lentejuelas muy corta y un top blanco. O debió ser blanco antes de que su sangre lo tiñera de rojo. A unos dos metros de su cuerpo se podían ver su pequeño abrigo de piel sintética negro y un bolso a juego con la falda. No había ni rastro de sus zapatos por ninguna parte.

La falta del calzado no le resultó una sorpresa. Probablemente, se le cayeron al trasladarla desde la verdadera escena del crimen hasta ahí. Debían encontrar ese callejón para procesarlo.

Esperaba que llevara algún documento en ese bolso, porque su cara estaba prácticamente irreconocible. La habían golpeado brutalmente y cortado en el rostro, desfigurándola. Tenía, además, múltiples heridas de arma blanca por todo el cuerpo.

Un corte largo y profundo en la garganta, de izquierda a derecha. Podía incluso ver el hueso… Charles intentó centrarse en las pistas que le daba el cuerpo y no en lo demás.

Otro corte atravesaba su estomago de arriba a abajo, dejando su interior expuesto de manera macabra.

Había mucha sangre alrededor del cuerpo, tanta que la nieve estaba completamente manchada, pero no la suficiente como para que los forenses pensaran que era el sitio donde había sido asesinada y parecía que habían extraído algunos órganos. Podía ver los intestinos enrollados pulcramente y colocados sobre el hombro izquierdo de la víctima, mientras que algo que parecían ser el estomago y los riñones estaban en el suelo, junto a la cabeza.

Tendrían que esperar al informe del forense para saber cuál de ellos faltaba, porque era obvio que así era.

No muy separado del cuerpo, sobre la nieve y escrito con la sangre de la víctima, tres letras.

 “J.T.R.”

Igual que en el caso anterior. ¿Qué podían significar?

– Joder…

– Y que lo digas. Los novatos no han sido los únicos que han perdido el desayuno por ver esto. – Charles arqueó una ceja divertido a su compañero, sacándole una mueca. – Como si tú no estuvieras a punto de hacer lo mismo…

– Lo haría si hubiera desayunado, que no ha sido así. No aprendes. Nunca vengas a una escena del crimen recién desayunado. – rió, sacando un gruñido descontento a su compañero. – ¿Habéis encontrado los zapatos de la victima? – Henricksen arqueó una ceja, mirando hacia los pies descalzos de la chica.

– No hay rastro de ellos por ninguna parte. Los patrulleros ya han estado buscando sin encontrarlos.

– Está claro que la chica no murió aquí. No hay suficiente sangre para semejante carnicería. La tuvo que recoger en algún bar o algo por el estilo. – su compañero meditó en silencio un minuto antes de volver a hablar.

Sabía lo que estaba haciendo. Repasaba los locales cercanos a la zona. Saberlos no era imprescindible, pero si muy útil en su trabajo. Y si Charles no recordaba mal, había escuchado música donde la atacaron. Debía venir de un bar muy cercano.

– Hay pocos sitios lo bastante cerca de este lugar en los que pudo estar. Eso contando que no se alejara demasiado de donde la secuestró, claro. O que no sea una de las prostitutas de la zona.

– No pudo ser muy lejos. Y no tiene pinta de prostituta. Lo sabremos con más seguridad cuando comprobemos si tiene antecedentes, claro. – respondió Andrews, evitando mirar demasiado a la chica. – Mover el cuerpo también coincide con el modus operandi de este tío y ha vuelto a dejar su firma.

– Hasta que no lo comprueben los forenses… Pero todo coincide con la otra víctima.

– No se ensañó tanto con la primera.

Con la anterior chica (Loretta, veintinueve años, castaña, trabajaba en un bar cercano a donde la encontraron y tenía antecedentes por trapichear con cocaína) no hubo paliza. Solo tenía heridas de arma blanca en el cuello y abdomen, pero no en brazos y, desde luego, no tenía la cara destrozada a puñetazos.

– Tal vez lo interrumpieron. La otra escena era un desastre. Esta no. Parece que incluso hay una especie de siniestro orden.

– Tendría más sentido. La pobre ni siquiera lo vio venir. – Eso fue lo que dijo el forense. A la chica la habían inmovilizado por detrás y cortado la garganta antes de que pudiera emitir algún ruido. No tuvo ninguna oportunidad. – ¿Pero por qué tanta violencia con esta?

– ¿Quién sabe qué pasa por la cabeza de un monstruo así?

El detective negó en silencio.

Monstruo… ojala fuera tan fácil.

En la ficción siempre podías averiguar enseguida quien era el monstruo porque su maldad se reflejaba en su aspecto exterior.

En la vida real, estos se escondían bajo la fachada de una persona normal. Podía ser cualquiera. El cartero, el chico que repartía en el supermercado, o simplemente, ese tipo con el que siempre te cruzabas en el metro y del que no sabías absolutamente nada.

Y si todo era parecido a la anterior escena, este cabrón no habría dejado ninguna pista para encontrarle salvo su firma. Ni huellas, ni ADN, ni una fibra… nada.

Quien fuera ese bastardo, sabía lo que hacía y era extremadamente cuidadoso.

Andrews alzó la vista, paseándola por los alrededores de la escena, odiando el momento en que permitió a su compañero convencerle para dejar de fumar y deseando tener un cigarrillo, cuando le vio.

El chico no le llamó la atención por nada en especial. Era alguien normal, más bien del montón. No más de veinticinco, pelo oscuro oculto bajo una gorra gris, vestido con vaqueros y sudadera de los Chicago Bears debajo de una cazadora gruesa negra y algo más alto que él. Miraba horrorizado lo que podía vislumbrar del cadáver, como todos los curiosos a los que los agentes de a pie no conseguían alejar lo suficiente.

No, no llamaba para nada la atención.

Pero él le había visto antes.

No conseguía ubicarle, pero estaba seguro de haberle visto antes de ese momento. Era muy bueno memorizando caras.

– Oye, Henricksen… – Charles se giró hacia su compañero, desviando por un segundo la mirada del muchacho y tratando de hacer caso omiso del cuerpo inerte cerca de ellos.

– ¿Si?

– ¿Habéis sacado algo de quien encontró el cuerpo?

– ¿El del perro? Aun le siguen tomando declaración. – respondió el otro, señalando por encima de su hombro, poniéndose en pie. Efectivamente, dos agentes seguían tomando testimonio al asustado hombre que acariciaba distraído a un bonito golden retriever que él viera al llegar. – Estaba paseándolo mientras hacía jogging por el parque y se lo tropezó. Pero no creo que viera nada más que eso. ¿Por qué?

– ¿Ese chico de ahí no te suena de algo? Creo que lo he visto antes.

– ¿Qué chico?

Pero al girarse para señalárselo, el muchacho ya había desaparecido del lugar. Seguramente habría satisfecho su curiosidad y estaría camino de su casa o su trabajo o lo que fuera que hiciera.

Suspiró cansado. La falta de sueño le estaba volviendo paranoico, estaba claro.

– Nada… olvídalo… Vamos, te invito a un café mientras esperamos a que levanten el cadáver.

No fue hasta unas horas después de regresar a comisaria, ya en su escritorio y con las fotos de las dos escenas de los asesinatos en sus manos para comparar, que volvió a pensar en aquel joven.

Estaba revisando las fotos que los agentes hacían a los alrededores de las escenas y lo vio. En algunas ocasiones, con casos peculiares como ese, solían tomar instantáneas a la gente que curioseaba. Muchas veces los autores de los crímenes volvían para ver el resultado de su hazaña y regodearse en ella o, incluso, ofrecían su ayuda.

Había para todos los gustos, por desgracia.

Y ahí estaba él. En las fotos del primer asesinato, entre los curiosos. Las dos escenas estaban muy separadas la una de la otra, casi cada una en un extremo distinto del distrito. Resultaba muy curioso que estuviera por los dos sitios el mismo día y en el mismo momento en que se descubrían los cuerpos.

Demasiada casualidad.

Y, la mayor parte del tiempo, en su trabajo eso no existía.

Mientras esperaba a que el forense empezara la autopsia decidió investigar eso por su cuenta.

¿Quién sabia?

En casos así no se debían dejar nada al aire.


¡Y hasta ahí puedo leer! XD O dejaros leer.

No olvidéis que podéis descargar el capítulo AQUÍ.

Y no olvidéis visitar el blog de la novela AQUÍ.

PD. Si, es la misma entrada que he puesto en el blog de Jack. Sinceramente, creo que quedaba mejor ponerla completa a poner un link enlazándola. Así me aseguro de que lo leéis… XD

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Marketing: Tengo un plan

Tengo un plan.

Bueno o malo, da igual.

La cosa es que tengo un plan. No es tan bueno como los que solía inventarse Hannibal Smith del Equipo A, pero creo que medio se defiende.

Y tu dirás… ¿Qué me estas contando?

Te hablo de los planes de marketing. Esos que deberíamos tener cada vez que pensamos sacar un libro a la venta.

¿A qué ahora suena más normal? XD

Pues yo tengo uno para eso. Uno para ayudar a sacar a Jack a la luz.

¿Es bueno? No, no lo creo. Pero de los errores se aprende. Cuando acabe el plazo y Jack esté en el aire, pues comprobaremos como de mal o bien lo he hecho. Por ahora, solo puedo seguir el plan y cruzar los dedos.

¿Pero por qué es tan importante tener un plan de marketing?

Aquí ninguno somos tontos. Lo que no se anuncia, no se vende. Lo que no se conoce, no se vende. Es bastante simple.

La verdadera cuestión viene cuando no te puedes permitir la ayuda de un profesional… ¿Qué hacer? Más si eres un novato a punto de publicar por su cuenta su primera novela, como yo.

Bueno… pues coges, cotilleas y tratas de aprender todo lo que puedas sobre el tema. Y luego improvisas un plan.

Con todo eso y más y mucha suerte, esperemos que podamos decir pronto aquella famosa frase de… “Me encanta que los planes salgan bien” XD

¡Hasta el siguiente post!

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Empieza la cuenta atrás…

Como sabéis (y llevo amenazando desde hace bastante) tengo una novela ya acabada con la que no sabía qué hacer.

Vale, pues ya sé qué hacer con ella XD

“Jack T.R.”, mi novela, será autopublicada en Amazon el 31 de Octubre. Si no hay problemas, claro.

Después de haberle dado mil vueltas al asunto y tomarme un buen tiempo para pensarlo detenidamente y prepararme, por fin me he decidido.

Este ha sido un año de muchos cambios, muchos dolores de cabeza, mucho aprendizaje, mucho pensar, mucho conocer gente nueva y encantadora… ha sido un año de mucho. Punto.

No ha sido fácil tomar decisiones con tanta cosa pasando a mi alrededor y en mi vida y está en particular la he pensado largo y tendido durante meses. Jack lleva terminado desde hace casi un año pero me veía incapaz de darle un destino. Finalmente, he podido tomar esa decisión. Ahora ya va a ser cuestión de suerte y trabajo.

Voy a ir pidiendo perdón por adelantado por el spam que se os acerca. No voy a saturar vuestros TLs con la novela, pero tampoco voy a estar callada. Así que prepararos para recibir cosas.

A los que os suscribisteis a mi blog, ya sabéis que vais a recibir correos con información y más sobre la novela antes que el resto.

Para los demás, aquí os dejo el link del blog de “Jack T.R.: la novela” para que vayáis cotilleando la sinopsis. Muy pronto, lo iré llenando con cortos y fichas que os irán descubriendo la historia, poco a poco, mientras esta llega.

Os voy a pedir un poquitín de colaboración. A lo mejor a ti, que estás leyendo esto, no te gusta el género o la historia (un poquito de thriller, sobrenatural y policiaca) pero puede que si conozcas a alguien a quien sí. Se buen@. Pásale el link.

Y, agradeciendo de antemano vuestra colaboración y corriendo para ir al curro, os voy dejando.

¡Estad atentos a vuestras pantallas, porque pronto pondré más sobre Jack!

¡Un besazo!

jack5

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Publicar tu historia : Dónde, cómo y qué hacer.

Hoy he tenido un día de descanso muy productivo. Como en la mayoría de ellos, no he escrito ni coma pero si he estado considerando varias cosas que llevo un tiempo pensando. También he tenido una muy agradable e interesante charla con Alejandro Quintana   que me ha dejado dándole vueltas a la pregunta del millón.

¿Quiero publicaro no?

Que tú dirás… pues no para tanto la pregunta. Tiene una respuesta muy simple. Si o no.

Pues no es tan simple.

En fin, yo acabo de terminar mi primera historia. Ahora la están revisando dos amigas y ando esperando a ver qué me dicen. Yo no creo que valga para mucho, pero como tengo en reserva varias ideas más que quiero escribir (una de ellas me encanta) pues… no voy a mentir diciendo que no considere lo de publicar en un futuro.

Una escribe para que la lean. Si, lo haces sobre todo para ti, pero hay una parte que desea que el resto del mundo conozca eso de lo que estás tan orgullosa.  Como le dije a una de las amigas que va a corregir mi historia cuando se la di. Sera una porquería de historia, pero es MI porquería. Y estoy orgullosa de ella.

Así que, dándole vueltas al asunto de publicar, recordé que había leído vario post sobre el tema. Pongo los que me parecieron más interesantes.

Este último lo pongo porque me pareció muy importante saber que derechos tenemos y que debemos revisar a la hora de dar nuestro libro a una editorial para que lo publiquen. Eso es algo que siempre hay que mirar con lupa, ya sea para esto, ya sea para cualquier clase de contrato. No sea que estés vendiendo tu alma sin enterarte XD.

Yo voy a seguir ahora con lo que estaba escribiendo y a seguir haciendo el planning que empecé ayer y hoy he continuado después de la charla. Y a seguir dándole vueltas al asunto…