Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 7.

Capítulo 7.

 

descubriendo el pasado

Arthur no se había alegrado jamás tanto de ver el logo de su empresa como aquel día, cuando vio a lo lejos la torre Kamelot 2, de Filadelfia.

Esa era la segunda base de la empresa, situada allí porque era la ciudad natal de su madre y ahí era donde solían pasar las fiestas cuando ella aún vivía. Después de su muerte, su padre no volvió a pisarla y él tampoco.

El chico suspiró de alivio al aparcar frente a la entrada y ayudó a Gawain a salir del coche. Juntos atravesaron la puerta principal y se dirigieron a recepción. La chica que había en el mostrador se mostró alarmada por su apariencia. Sin embargo, no llamó directamente a seguridad, esperando a ver qué ocurría.

– Hola, soy Alexander Gawain – saludó Gawain, poniendo su identificación sobre el mostrador que la muchacha no tardó en coger y comprobar. – y este es Arthur P. Drake. Necesitamos ver al jefe de seguridad del edificio. Y un médico.

– Si, por supuesto. – asintió la chica, saliendo del mostrador para guiarles hasta una puerta semi oculta tras él. – Esperen aquí. El señor Torres estará aquí en un minuto.

La habitación era una muy similar a la que había junto a la recepción de su propia torre. Una especie de sala de espera con un par de sofás confortables y decoración sacada de una revista de moda. Arthur ayudó al pelirrojo a sentarse y ponerse cómodo porque ya estaba algo adolorido de su herida. Un poco más tarde, la puerta volvía a abrirse y apareció un tipo grande, con el pelo rizado y negro, los ojos castaños y un bigote fino muy bien cuidado. Vestía el uniforme del personal de seguridad de la empresa.

– Soy Pedro Torres, jefe de seguridad del edificio. – se presentó, acercándose para estrecharles la mano. – Es un placer tenerle aquí, señor P. Drake. Aunque intuyo que no ha sido en las mejores circunstancias.

– No, me temo que no. Mi guardaespaldas necesita atención médica, señor Torres. – el hombre observó a Gawain y su expresión de dolor contenido y asintió.

– Por supuesto. Síganme. Luego me contaran con detalle que ha pasado.

Unas horas más tarde, Arthur estaba instalado en una de las suites de su familia, duchado, comido y nuevamente vestido con un traje limpio y elegante. Y eso estaba muy bien, pero no había podido ver cómo estaba Gawain todavía.

Después de que le curaran, Torres se lo llevó para hacer un informe y escuchar todo sobre el ataque y lo que habían hecho hasta ese día para evadirlos, buscando posibles sospechosos.

La Orden era la primera de esa lista. Mordred y Morgan, los segundos.

Luego les perdió la pista.

En ese momento, no sabía que hacer. No sabía si debía quedarse donde estaba o buscarlo. No quería molestar si estaba ocupado, cosa que era posible. Pero, por otro lado quería asegurarse de que estaba bien.

Y que tras días de estar compartiendo habitación, le echaba de menos y se sentía abandonado por muy infantil que sonase.

Al final, decidió salir a buscar al otro. Al menos se quedaría tranquilo sabiendo que estaba bien.

Cogió el teléfono y llamó a recepción. No tardaron en darle la información que quería, el número de habitación de Gawain.

Tomó el ascensor y bajó los tres pisos que le separaban de la planta de seguridad, donde se solían alojar todo el personal y estaba el gimnasio. Esa torre era un calco de la de Nueva York, por lo que estaba comprobando.

Ya delante de la puerta se quedó congelado sin saber si llamar o no. Dudó un par de minutos y llamó, temiendo que el otro decidiera ignorarlo.

De repente, se sintió como un adolescente inseguro. Gawain era su amigo. ¿Por qué no iba a querer verle?

La puerta se abrió, después de lo que pareció una eternidad y un Gawain en camiseta, pijama y descalzo le saludó.

A través de la camiseta podía ver la venda que cubría su hombro y parte del brazo, donde estaba la herida de bala. Parecía cansado.

– Lo siento… no se me ocurrió pensar que estarías descansando. – dijo, dándose la vuelta para irse. Gawain le agarró de la muñeca para detenerle.

– ¡Espera! No estaba durmiendo. Bueno, no del todo. Creo que me he quedado un poco dormido viendo la película. Entra.

Arthur entró en la habitación. Era más pequeña que la suya pero no menos lujosa y cuidada. La televisión estaba encendida y había una manta en el sofá, indicando que le había dicho la verdad. Eso le hizo sentir un poco mejor.

– ¿Cómo te encuentras? – le preguntó. El pelirrojo se encogió de hombros.

– Me han dado unas pastillas para el dolor y ya no noto nada. – rio. – ¿Cómo estás tú?

– Solo quería saber si estabas bien. – Gawain sonrió con afecto al chico.

– Lo estoy. – le aseguró. – Lance me llamó hace un rato, para ver si habíamos llegado. Nos recogerá mañana por la mañana para ir a casa.

– Eso está bien. Bueno… será mejor que vuelva a mi habitación, entonces.

Arthur hizo el intento de girarse para irse pero Gawain volvió a cogerle de la mano para detenerle una vez más. Tiró de él hasta acercarlo, dejándole a un paso de distancia.

– ¿A qué has venido, Arthur? – le preguntó y el chico no supo bien que responder. ¿A qué había ido? ¿Solo para comprobar que se encontraba bien? ¿O había alguna razón más?

– Estaba preocupado.

– ¿Y?

– Te echaba de menos. – confesó. Gawain sonrió, dulce.

– Solo nos hemos separado unas horas. – Arthur se sonrojó.

– Si pero no sabía… no sabía si querías volver a hablar conmigo después de estos días. Si volviésemos a lo de antes cuando regresemos a casa.

Gawain suspiró, apenado. Llevaba pensando lo mismo desde que le dejaran en enfermería. No sabía que hacer con la situación cuando regresaran a casa. Tendrían que volver a su relación laboral de antes, ¿verdad? Eso sería lo lógico.

Días antes había pensado en dar un intento a eso, pero tras los ataques y el que casi les mataran a los dos le hizo dudar sobre esa idea. ¿Sería seguro para ambos tener una relación?

Arrastró a Arthur hasta el sofá y le obligó a sentarse con él. Para evitar que el otro se fuera al extremo opuesto, le echó un brazo por los hombros y le abrazó, atrayéndolo hacia su cuerpo.

– Si te soy sincero, no lo sé. – le confesó, ganándose una mirada sorprendida del otro. – No sé qué debemos hacer. Lo inteligente seria volver a lo de antes. Soy tu empleado, a fin de cuentas, Arthur. Trabajo para ti. ¿Cuánto tardaría eso en ser un problema? ¿Y cuánto afectaría en mi modo de trabajar? No podría ser tu guardaespaldas.

– ¿Por qué no? – el pelirrojo le acarició el cabello, mirándole triste.

– Pues porque mis sentimientos interferirían, me harían tomar decisiones apresuradas y estúpidas.

– ¿Entonces?

– No lo sé. Pero supongo que debemos dejarlo aquí antes de que vaya a más y sea más doloroso. – Arthur asintió, notando su pecho dolorido.

– Supongo que tienes razón. – cuando intentó levantarse, notó que el otro no le soltaba. – ¿Gawain?

– Si, pero eso puede ser mañana. – le susurró, inclinándose para besarle.

Fue como en su sueño, esa misma mezcla de pasión y dulzura que le dejó temblando de ganas cuando se separaron. Arthur vio algo que pensó no vería jamás en el rostro de Gawain.

Inseguridad.

Le cogió del rostro y volvió a besarlo, tratando de mostrarle que él también quería eso, aunque fuera solo por esa noche.

El beso se volvió apasionado en segundos, con las manos de Gawain por todas partes, desabrochando y quitando ropa a toda prisa. No tardó en tener a Arthur con solo el pantalón y la camisa desabrochada.

Gawain le tumbó en el sofá, desabrochándole y sacándole los pantalones del traje que acabaron en un rincón alejado de la habitación. Con una sonrisa malévola, empezó a besarle por el pecho, bajando despacio hasta llegar a su entrepierna.

Arthur casi se ahogó al ver como el otro le quitaba los calzoncillos y empezaba a devorarlo despacio, sacándole jadeos e improperios de todos los colores. Aprovechando que le tenía distraído, el pelirrojo empezó a prepararle con cuidado hasta tenerle completamente listo y tembloroso, lleno de ganas.

Gawain volvió a subir, besándole y dándole a probar un poco de su propio sabor antes de comenzar a introducirse, sin dejarle tiempo a pensarlo mucho. Pronto estaban moviéndose al unisonó, el cuerpo de uno acudiendo a las embestidas del otro, ambos disfrutando del momento y perdiéndose en él.

Arthur podía sentir el mismo cariño y cuidado que en su sueño, dejándose llevar por ese sentimiento hasta que ambos llegaron al orgasmo. Gawain se dejó caer, agotado sobre él y le sonrió con tristeza.

Un rato después le llevaba a su cama para descansar.

Al día siguiente, ambos iban a hacer como que no había sucedido nada, manteniendo su relación como hasta ese día. Amistad y negocios y punto.

Era lo más lógico.

Aunque eso no consoló nada a Gawain cuando, al llegar la mañana, se encontró en la cama, solo.

 

Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 6.

Capítulo 6.

descubriendo el pasado

 

Arthur se despertó al sentir un roce suave en la mejilla. Abrió los ojos y se encontró con la mirada azul de Gawain, que le sonreía divertido.

El chico bufó, haciendo el intento de taparse la cara con las manos pero el otro se lo impidió, sujetándoselas.

– ¿Cómo estás? – Arthur suspiró. Aun se sentía algo triste pero no como la noche anterior.

– Mejor, gracias. No sé qué me pasó. La pesadilla era tan real…

– Debía serlo. ¿Quieres contarme que pasaba? – Arthur negó con la cabeza. No, no deseaba hablar de ello. Nunca. – Vale. No pasa nada. Pero ya sabes que si necesitas hablar, estoy aquí. – eso le hizo sentir un poco mejor. Sonrió a Gawain.

– Lo sé, gracias.

– No las des. Ahora, arriba. Vamos a desayunar y a salir de aquí antes de que sea tarde. Quiero llegar a Filadelfia mañana.

– Estoy deseando llegar a casa. – Gawain arqueó una ceja.

– Yo también.

Arthur hizo el intento de levantarse pero el pelirrojo seguía encima suya, sujetándole de las manos, impidiéndoselo. Le regaló una sonrisa socarrona al ver que no podía moverlo.

– ¿Te importa? – le preguntó el chico. El otro simuló pensárselo.

– No lo sé. Aquí se está cómodo.

– Tú eras el que tenía prisa.

– Ya… pero nos podemos perder unos minutos. – susurró, acercándose a su rostro como si fuera a besarle. Arthur se estremeció y cerró los ojos así que Gawain se desvió y le dio un pequeño beso en la punta de la nariz. Luego se levantó de la cama, riendo. – ¡Vamos, Arthur! ¡Quiero desayunar!

El chico aún se quedó un minuto sentado, respirando agitado antes de poder levantarse y comenzar a vestirse, maldiciendo a su compañero.

Después del desayuno ambos se dirigieron al coche, para salir hacia su siguiente parada. Pero antes de que pudieran llegar, un grupo de hombres armados les asaltaron.

Gawain sacó su pistola y empujó a Arthur hacia el coche, obligándole a subir al asiento trasero.

– ¡Agáchate y no te muevas! – le gritó, arrancando el coche.

Un disparó atravesó el cristal del asiento del copiloto, rompiéndolo en mil pedazos y el coche salió del aparcamiento quemando neumáticos.

Por lo que se sintieron como horas, el coche no dejó de correr, dando tumbos y cogiendo curvas a toda velocidad, haciendo que Arthur acabara alguna que otra vez en el suelo del vehículo, llevándose más de un golpe.

De repente, la velocidad fue disminuyendo hasta detenerse. Arthur alzó la cabeza, viendo que habían parado el coche en el arcén de una carretera de tierra, sin nada de civilización a la vista.

¿Dónde estaban? Empezaba a cansarse de tanto ataque y tanto acabar en ninguna parte.

– ¿Arthur? ¿Estás bien? – el chico se levantó, quedando sentado en el asiento y crujiéndose el cuello.

– Si, sí. ¿Cómo nos han encontrado? – preguntó, extrañado. Creía que no le habían seguido en todo ese tiempo.

– No tengo ni idea. – Gawain soltó un gruñido de dolor. – Voy a necesitar que lleves el coche un rato.

Al chico le saltaron las alarmas al escuchar las palabras y el tono del otro. Algo malo pasaba o no le dejaría conducir. Gawain odiaba como conducía.

Salió del coche, apresuradamente y se acercó a la puerta del piloto.

– ¿Qué pasa? – vio una mancha de sangre en la manga derecha de la camisa del otro y se echó a temblar. Aun tenía muy reciente el sueño. – ¡Estás herido!

– No es nada. Solo un rasguño. Pero duele un poco y me va a molestar para conducir. – Arthur asintió, ayudándole a salir del coche. A él la herida no le parecía un rasguño. Sangraba bastante. – Intentaré curármela por el camino.

Arthur llevó el coche, siguiendo las indicaciones del otro hombre, hasta la siguiente ciudad, en la que habían pensado quedarse. Gawain ya no se fiaba de quedarse en el motel que tenían reservado, así que le obligó a conducir un rato más, buscando un nuevo motel en el que hospedarse.

El chico consiguió una habitación en un motel por horas y sentó a Gawain en la única cama para mirarle la herida del brazo.

El otro había improvisado un vendaje con un trozo de camiseta pero ya estaba empapada en sangre. Por suerte, parecía que el sangrado se había detenido ahí. Arthur asaltó el botiquín del baño y vino cargado con gasas y desinfectante. Con cuidado quitó la tela de la herida y siseó al verla.

No, no era ningún rasguño.

– Me has mentido. – le regañó, dándole un golpe en el brazo bueno. – Esto de rasguño no tiene nada. Es un agujero en toda regla. – Gawain soltó una risita.

– Bueno, no es para tanto. Al menos la bala ha salido, es una herida limpia. Vamos a vendarla y mañana, cuando lleguemos a Filadelfia y a la central, me curaran como debe ser. ¿Podrás hacerlo? – preguntó, al ver como el chico se ponía un poco blanco. Arthur asintió.

– Si, sí. Espero que no te duela demasiado.

– Sobreviviré. Tú cúrame.

Con excesivo cuidado y más miedo que otra cosa, Arthur limpió la herida y luego la vendó como le iba indicando Gawain, que hacía gestos de dolor a cada movimiento. Cuando acabó, ambos estaban agotados y temblorosos por razones distintas.

– Sería mejor que te echaras un rato. Puedo ir a por la comida. – sugirió Arthur, pero Gawain se incorporó, negando rotundamente con la cabeza.

– ¡No! Nada de salir solo de aquí. Pide para que la traigan. No puedo permitirte salir de aquí sin vigilancia.

– No creo que nos hayan seguido.

– ¡Da igual! No me fio. – gruñó. – Es más, no me fio de quitarte el ojo de encima. Ven aquí. – le llamó, palmeando el lado izquierdo de la cama.

– ¿Qué?

– ¡Que vengas! Vas a echarte aquí conmigo y me vas a cuidar un rato y luego pediremos pizza o algo. – Arthur se tumbó a su lado, rodando los ojos ante la actitud autoritaria del otro.

Gawain no tardó en rodearle la cintura con el brazo bueno y atraerle hasta su cuerpo, pegándole a él. Arthur suspiró, relajándose por primera vez en todo el día. No había notado lo tenso que estaba hasta ese segundo.

– Cuando te vi sangrando me asusté muchísimo. – confesó con un hilo de voz. Gawain apretó su agarre de la cintura y le dio un beso en el pelo.

– Yo también. Me asusté cuando nos atacaron, cuando casi te dan, cuando me hirieron porque pensaba que no podría llevarte a salvo a casa. Me asusté mucho.

Arthur alzó el rostro para mirarle y Gawain aprovechó para robarle un corto beso. El pelirrojo le acarició el pelo, antes de volver a tumbarse en la cama.

– Vamos a descansar un poco. Luego comemos tranquilos.

Arthur se despertó un buen rato después, por el sonido del móvil de Gawain. El otro estaba completamente dormido y Arthur no tuvo corazón de despertarlo. Parecía agotado.

Con cuidado se desenredo de sus brazos y cogió el teléfono, contestando en un susurro.

– ¿Sí?

– ¿Arthur? – era Lance y sonaba sorprendido y preocupado. – ¿Dónde está Gawain?

– Gawain está dormido. Nos atacaron al salir de la otra ciudad y le han herido. – le informó. Lance hizo un sonido de sorpresa.

– ¿Está bien?

– Si, tiene un disparo en el brazo pero parece estar bien. O eso dice él.

– ¿Y tú? ¿Estás bien?

– Cagado de miedo, pero sí. – con Lance no merecía la pena fingir que no estaba asustado. El otro hizo un ruidito.

– Bien, eso es bueno. El miedo es bueno para estar alerta. – le dijo, con tono tranquilo. – ¿Cuándo salís para Filadelfia?

– Mañana por la mañana.

– Allí cuidaran bien de Gawain. Saldré para allá en un rato para recogeros en la central. Mientras, tendrás que vigilar que Gawain esté bien. – le ordenó. Sabía que si le daba algo que hacer al chico, este se asustaría menos. – Vigila que no esté somnoliento o mareado. La pérdida de sangre puede provocar eso. Si ves que se comporta raro, le pides que pare y conduces tú.

– Puedo conducir yo desde el principio. – se ofreció. Lance sonrió.

– Mucho mejor. Os dejo descansar entonces, nos vemos mañana, ¿de acuerdo?

– No te preocupes. – Lance soltó una risita.

– ¡Claro que me preocupo! ¡Es mi trabajo!

Arthur cerró el teléfono y cogió el suyo para buscar algún sitio que sirviera a domicilio al que poder pedir. Encontró una pizzería y encargó un par para los dos.

Mientras esperaba a que llegara el repartidor, se volvió a tumbar junto a Gawain, apoyando su cabeza en el hombro del pelirrojo, acurrucándose a su lado.

No iba a permitir que esa pesadilla se volviera a hacer realidad. Iba a cuidar a Gawain.

Relato: Descubriendo el pasado

Pues tengo un par de relatos nuevos y alguna cosa por ahí perdida, así que los miércoles que no haya podcast, iré poniendo capítulos de relatos para no aburrirnos. ¿Qué te parece?

Este está inspirado en el universo de Kamelot 2.0, donde Arthur, el prota, descubre algo muy intresante de su vida pasada como rey de Camelot.

¡Disfrútalo!


descubriendo el pasado

Capítulo 1.

 

Arthur estaba soñando.

Y lo sabía porque estaba en lo que parecía una habitación extraña con paredes de piedra, fría y desagradable a pesar de los adornos de pieles, terciopelo y la enorme cama. Todo lucía muy antiguo.

Estaba ahí en vez de en su habitación del hotel a la que fue a dormir la noche anterior, cuando acabó la junta de accionistas celebrada en San Francisco, a la que había sido obligado a asistir junto con Gawain.

Había un enorme espejo de cuerpo entero con el marco dorado y Arthur contempló su reflejo con una expresión de sorpresa.

Vestía una túnica morada de lana y una especie de capa que llegaba hasta sus rodillas, sujeta en sus hombros por dos broches gemelos de zafiros. Su cabello parecía distinto, cortado de una manera muy extraña.

Y llevaba una espada colgada en su cintura. Al sacarla de su vaina vio que era Excalibur, luciendo nueva y brillante.

Toda la situación se sentía un poco como un déjà vu. Le recordó a aquella vez que soñó con su última batalla antes de que su padre muriera.

Todavía intentando procesar que hacia allí y si era o no un sueño, escuchó un par de golpes suaves en la gruesa puerta de madera y un casi irreconocible Gawain entró en la habitación.

Arthur le vio hacer una reverencia antes de cuadrarse y observarle con ese brillo travieso que siempre iluminaba sus ojos azules.

Estaba tan diferente al que conocía… el cabello más rebelde y largo, varias cicatrices visibles en su rostro y brazos, más fuerte y rudo. Había algo fiero y duro en su mirada.

Pero la misma sonrisa pícara en ese rostro conocido.

– Majestad, vengo a daros el informe de la zona norte. – incluso su voz era ligeramente distinta, más ronca.

Arthur se quedó un segundo en blanco. Al parecer le iba a tocar escuchar más informes. Incluso en sueños tenía que trabajar.

– Adelante.

Para sorpresa del chico, la postura y la actitud de Gawain cambió radicalmente. Pasó de estar serio y envarado a relajado y con una sonrisa socarrona. Gawain comenzó a quitarse los guantes, dejándolos sobre una mesa. Luego le tocó el turno a la espada, la capa… todo eso sin dejar de hablar sobre ganado, fronteras, aldeanos que no querían pagar impuestos, otros que solo se quejaban de los lobos y cosas así a las que Arthur no estaba prestando mucha atención porque el otro estaba frente a él, quedándose solo con una túnica y sus zapatos.

Había algo en esa situación que se le escapaba y no tenía idea de que podía ser.

Entonces, Gawain se acercó a él, despacio hasta quedar a solo un paso. Su mirada se suavizó, su expresión varió a la de alguien que estaba mirando algo que le gustaba mucho y notó la áspera mano del otro en su mejilla, alzándole levemente la barbilla para poder besarle, lento y dulce. Arthur no entendía nada pero no pudo evitar que se le escapara un gemido porque hacía años que nadie le besaba de esa manera.

No. Estaba seguro de que jamás le habían besado de esa manera.

Cuando se separaron, Gawain le cogió el rostro con ambas manos, sus pulgares acariciándole suavemente y Arthur se sintió derretir por la ternura y el calor de la mirada del otro.

– ¿Ocurre algo, majestad? ¿Es mal momento? – el chico negó con la cabeza, enérgicamente. Le daba igual que estuviera pasando ahí. Era un sueño, ¿verdad? Pues quería más de ese sueño.

Así que puso sus manos en la cintura del otro y lo acercó, ganándose una sonrisa divertida.

– No, nada. No pasa nada. – Arthur le dio un leve apretón en la cintura. – ¿No vas a besarme otra vez?

– Si es lo que su majestad quiere… – y el tono de Gawain es todo burla.

– Una orden, vamos.

Gawain, sin dejar de sonreír, le besó de nuevo y Arthur volvió a derretirse, necesitando sujetarse con más fuerza al otro para no caer.

Tanto era lo que le hacía sentir.

¿Por qué? No lo entendía, realmente. En el tiempo que llevaba de vuelta en Kamelot y con Gawain como su guardaespaldas particular, nunca sintió ninguna necesidad de besarle. Ni de tocarle de más.

Si, eran amigos. Habían hecho amistad en esos meses. Era complicado no sentir algo por el pelirrojo, cuando era siempre tan divertido, tan atento, siempre cuidando de él incluso cuando no debía.

Claro que eran amigos. Buenos amigos, le gustaba pensar a Arthur. Gawain era siempre al primero que recurría si necesitaba hablar de lo que fuera.

Pero nunca sintió esa necesidad. ¿Por qué soñar con esto, entonces?

Porque era un sueño, ¿verdad?

Se sentía tan real que casi parecía más un recuerdo que un sueño. Pero no podía ser. Alguien le habría dicho algo al respecto.

Joss le habría avisado, más sabiendo que había soñado con su pasado antes.

Las manos de Gawain dejaron su rostro para deslizarse por su espalda, tirando de su túnica para levantarla y colar las manos bajo ella, tocando piel por fin.

Arthur jadeó, sorprendido al sentir las manos callosas y desnudas del otro en su piel, calientes y exigentes, apretando y acariciando, encendiéndole en segundos.

La sonrisa de Gawain se amplió al escucharle, volviéndose lobuna y le besó con más pasión aun, dejándole sin aliento.

– ¿Qué le parece la idea de le ponga contra esa mesa y le haga mío? ¿Me permitiría eso, majestad? – le preguntó en un susurro sugerente.

Para ese momento, Gawain ya estaba acariciando su excitación con dolorosa parsimonia y Arthur no podría negarse a nada que le pidiera aunque quisiera, que no era el caso.

Quería. Él quería.

Vaya si quería.

No contestó. No podía, no le salían las palabras. Aún seguía tan sorprendido con su propio cuerpo y como respondía al toque del otro que era incapaz de pensar algo coherente. Además, estaba tan excitado que sería capaz de llorar si lo dejaba así.

Retrocedió un par de pasos, arrastrando a Gawain con él hasta chocar con la mencionada mesa.

Y el pelirrojo no necesitó más respuesta que esa.

Con movimientos rápidos y bruscos, Gawain le liberó de su espada, la capa y la túnica, dejándole completamente desnudo y a su merced. Le dirigió una mirada de tal adoración que Arthur se sonrojó violentamente.

Un nuevo beso, corto pero profundo y Gawain le obligó a darse la vuelta, quedando de espaldas al pelirrojo. Sus manos pronto estuvieron sobre Arthur, acariciándole por todas partes hasta centrarse en su excitación y en su entrada.

Le preparó con extremo cuidado, sacándole gemidos que debían escucharse en todo el castillo pero a Arthur no le podía importar menos quien le escuchara.

Era su sueño, ¿verdad?

Nada importaba.

Notó algo más grande y duro introducirse despacio en su cuerpo y se tensó, sintiendo un gran dolor. Gawain, enseguida trató de relajarlo, volviendo a acariciarle y besándole en los hombros, susurrando palabras de cariño en su oído que le excitaron más que cualquier otro toque.

¿Por qué? ¿Por qué las promesas de amor de un tipo por el que se suponía no sentía nada tenían ese poder en él?

Gawain comenzó a moverse de nuevo cuando notó que se relajaba al fin y no tardó en acelerar el ritmo, haciendo que Arthur chocara contra la recia madera de la mesa con cada embestida, dándole una mezcla de dolor y placer que le estaba volviendo loco.

Clavó las uñas en la superficie de la mesa, arañándola, gritando el nombre del otro hombre cuando llegó, cayendo agotado sobre la mesa mientras notaba a Gawain embestir más rápido y descoordinado varias veces antes de acabar él también.

Arthur sintió como Gawain le cogía, obligándole a girarse para mirarle y vio tal amor en sus ojos que se quedó sin habla.

Y se despertó.

El chico parpadeó, desconcertado. Estaba de vuelta en la habitación del hotel, el último en el que se habían alojado la noche anterior y estaba solo.

Solo y empapado, notó con cierta incomodidad.

Maldiciendo, salió de su cama y se metió en la ducha. Eran poco más de las siete de la mañana y Gawain estaría pronto por ahí para recordarle que debían salir en una hora o así.

En la ducha, todo el sueño volvió a su cabeza como si fuera una película.  Se notó de nuevo duro y cambio la temperatura del agua de templada a fría.

No podía permitirse volver a pensar en ese sueño. En minutos iba a tener que tratar con el protagonista de semejante fantasía y no estaba seguro de que pudiera mirarle a los ojos.

¿Cómo iba a hacerlo después de lo que había soñado?

Porque era un sueño, ¿verdad?

Preocupado por eso, cogió su móvil y llamó al único que podía responder a ciertas preguntas, sobre todo a las que se referían a su vida pasada.

Joss Merlin.

Joss no tardó ni dos tonos en contestarle.

– ¿Arthur? ¿Ocurre algo?

– No, no… solo… – de repente se sintió estúpido. ¿Cómo iba a contarle que había tenido un sueño erótico con su guardaespaldas? – Nada, déjalo. Es una tontería.

– No creo que lo sea. ¿Qué ocurre? – insistió el otro. De fondo se escuchaba el ruido inconfundible de la cafetera.

– En mi vida anterior… Gawain… o sea… – tartamudeó. – Él y yo… o sea… él y yo… ¿éramos?

– ¿Erais, qué? – preguntó Joss y se notaba que estaba aguantando las ganas de reír.

– ¿Algo más que amigos? – y ahora, sí. Joss soltó una carcajada larga y divertida.

– Gawain y tú erais algo más que amigos en esa época, sí. Erais la comidilla del castillo. – le confirmó. Arthur se sorprendió. ¿Por qué no había recordado eso antes? ¿Y por qué nadie le dijo nada? – Todo el mundo lo sabía, obvio, porque no erais lo más discreto del mundo cuando estabais en tu habitación. Pero al menos lo manteníais ahí.

– Oh…

– ¿Por qué preguntas eso? ¿Ha pasado algo?

– Solo he soñado… algo.

– Oh, espero que fuera divertido.

– Estúpido. – Joss volvió a reír. – Debiste avisarme.

– ¿Para qué?Mira, Arthur, aquello fue tu vida anterior. No tiene que repetirse nada de lo ocurrido ahí. Ahora eres otro y tienes otra vida distinta. Nada está escrito en piedra. Puedes elegir con quien quieres o no estar. Es tú decisión. Además, Gawain no recuerda nada de su vida pasada.

– Lo sé. – recordaba que Lance y Joss mencionaron eso un par de veces. Era algo muy curioso.

– ¿Eso va a ser un problema?

– No, no. Es que me ha sorprendido. Nunca he tenido ningún sueño con él… no de este calibre.

– Pues disfrútalos y no les des más vueltas. Son solo recuerdos que se quedan ahí por puro capricho. Olvida el asunto.

– Lo intentaré. – aunque sabía que estaba mintiendo. No iba a poder olvidar el sueño y lo que había sentido en él.

Era imposible.

Se despidió de Joss y procedió a vestirse. Gawain no tardaría en estar allí y prefería que no le pillara sin ropa. Ya iba a resultarle incomodo sin añadir más cosas.

Para cuando Gawain tocó en la puerta y entró, Arthur ya estaba preparado y con su maleta lista para salir de nuevo hacia el aeropuerto, donde les esperaba un avión de la compañía. Arthur iba inusualmente silencioso, lo que fue notado por su acompañante.

– Oye, ¿estás bien? – le preguntó y la preocupación que reflejaron sus ojos azules le hizo estremecerse al recordar el sueño.

– Si, sí. No he dormido bien.

– Bueno, podrás dormir en el avión. Yo tampoco duermo bien en los hoteles. Prefiero mi cama.

– No hay nada como la cama de uno. – bromeó Arthur, sin saber que decir. Gawain rio, dedicándole después una sonrisa pícara. La misma clase de sonrisa que le dedicó en su sueño.

– Pues sí. Para todo, ¿verdad?

Arthur tragó en seco, con la mirada enganchada a la del otro, que se fue poniendo serio poco a poco, luciendo algo confuso.

El momento se rompió cuando algo, presumiblemente un coche, golpeó brutalmente el suyo, sacándoles de la carretera y haciéndoles estrellarse en un lado donde todo era tierra y campo.

Arthur estaba dolorido y aturdido. No sabía que había ocurrido. ¿Habían tenido un accidente?

Pero la mano de Gawain tirando de él e instándole a salir del coche y seguirle, llevando su pistola en la otra, le indicaba lo contrario.

Más por inercia e instinto de supervivencia que otra cosa, corrió tras su guardaespaldas, quien se detenía cada pocos pasos para volverse y disparar su arma, empujándole hacia el bosque que se encontraba unos metros más allá.

Corrió todo lo que le dieron sus piernas, con el guardaespaldas pegado a él, vigilando. No le dejó detenerse hasta un buen rato después, ya bien dentro del bosque.

Y perdidos, presumiblemente. Al menos él no tenía idea de donde estaban.

– ¿Qué ha pasado? – Gawain guardó su pistola y se acercó para comprobar que no estaba herido. Él mismo tenía un golpe en la mejilla que sangraba un poco y que corría peligro de ponerse morado pronto.

– No estoy seguro. Pero nos han atacado, eso es indiscutible. – gruñó, tocándole la ceja. Arthur siseó de dolor. – Parece que te has hecho un corte aquí. Esperemos que no deje marca.

– ¿Y qué hacemos ahora?

– Ahora aplicamos el protocolo para estos casos, que es escondernos y pasar desapercibidos mientras intentamos ponernos en contacto con Lance y volvemos a casa.

Arthur miró a su alrededor. Estaban en mitad de ninguna parte, rodeados de bosque, árboles y nada que pareciera civilización. Pero no podían volver a su coche, donde estaban sus cosas, por si habían enviado más asesinos a buscarlos.

– ¿Cómo?

– Empezamos a andar hacia allí – dijo, señalando a una dirección. Arthur imaginó que había escogido esa dirección como podría haber escogido la contraria. – y nos escondemos bien en la siguiente ciudad. Buscaremos un motel barato. No nos buscaran por ahí. Y luego llamamos a Lance. No te preocupes. Estas a salvo conmigo.


¿Te ha gustado?

Pues dentro de dos semanas, más.

Y recuerda, si llegas a casa, después de un largo día y quiere desconectar y no hay nada interesante en la televisión y es tarde para buscar ningún libro en las librerías y bibliotecas.

¿Qué puedes hacer?

¡Fácil!

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Mi aventura de escribir: Podcast. Dragones y Jerrad.

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Escucha “Mi aventura de escribir. Los dragones y Jerrad” en Spreaker.
¡Hola! ¿Qué tal, queridos aventureros? Bienvenidos una semana más al podcast de Mi aventura de escribir, el podcast de mis novelas y mis bichos.

Y de uno de esos bichos vamos a hablar hoy.

Hoy tocan los dragones.

Los dragones, aquellos que son las criaturas más famosas de la mitología y la fantasía. Las más icónicas. De las que se han escrito leyendas, canciones, poemas, protagonistas de cuentos y el perpetuo malo de manual para cualquier aventura épica que se precie.

Los dragones pueden variar en su forma dependiendo del país de donde provengan. Así tenemos el clásico dragón, enorme y de varios colores, que echa fuego y es un adicto al oro o a las damas en apuros, si buscamos en Europa. O el dragón pequeño, tipo serpiente, protector de familias legendarias, venerados, si es que buscas en China.

Hay más clases pero para eso existen libros completos sobre el tema que te recomiendo leer y disfrutar.

Yo me he quedado con el tipo europeo. Grande, vistoso, lanzador de fuego y buscador de pleitos más que de oro.

Yo tengo a Jerrad.

Jerrad es un dragón azul, del tamaño de un elefante y que adora pelear y leer. Tiene bastante mal genio.

Tiene más de mil años y ha participado en cada guerra humana que ha podido. ¿Por qué? Pues porque le gusta, esa es la verdad. Es un soldado nato. Solo quiere una guerra más en la que luchar para tener un motivo por el que existir.

Lamentablemente, como a todas las criaturas mágicas, sufrió la persecución humana hasta el punto de su extinción. Actualmente apenas hay una decena de dragones por el mundo, dispersos y viviendo en solitario.

Algunos han decidido desaparecer en silencio, otros, unirse a los humanos. Jerrad decidió participar en sus guerras sin involucrarse personalmente.

Así que el dragón participó en las guerras santas, en las cruzadas, en la primera Guerra Mundial y en la Segunda también, en la guerra del Golfo, en la de Irak…

Y hasta ahí llegó porque le descubrieron.

En realidad se descubrió solo. Jerrad era el jefe de su batallón, quien dirigía una pequeña y secreta misión para liberar rehenes atrapados en un colegio por las fuerzas enemigas. Acompañado por su grupo de hombres, unos seis soldados, Jerrad descubrió tardíamente que habían sido emboscados.

Los enemigos lanzaron un ataque con misiles y Jerrad tuvo que tomar una difícil decisión. Dejó su forma humana y destruyó los misiles con una llamarada. Luego cubrió a sus hombres con sus alas y su cuerpo y les protegió de las balas y cascotes de la explosión.

Sus hombres reaccionaron con la sorpresa esperada tras semejante descubrimiento pero uno de ellos, el cual era su mejor amigo, reaccionó bastante mal. Empezó a gritarle que era un monstruo y que debían contar al ejército lo que era. Intentaron calmarlo pero no quiso escuchar y salió del escondite cuando aun no estaba despejado el campo.

Un francotirador le abatió a los pocos segundos.

El resto de sus hombres decidieron que no iban a traicionar al hombre (o dragón) que les había salvado en tantas ocasiones y al que respetaban y apreciaban. Así que le ayudaron a salir del país y a escapar del ejército, acompañándole hasta Destruction Bay, el refugio de la Comunidad.

Un día te hablaré de Destruction Bay, un pueblecito real de la zona del Yukón que he convertido en el refugio de la Comunidad. Y un sitio en el que ocurren muchas cosas para tener menos de veinte habitantes.

Jerrad ha pasado allí varios años, viendo pasar por el pueblo a los lobos, Jon y Joseph, o al león, Kenny, o al berserker, Paul y Alger.

Su cariño por los lobos le hizo salir de nuevo al mundo. Sus hombres abandonaron también el pueblo para regresar a sus vidas, ya que la orden de su captura había sido anulada.

Cuando ya no quedó ninguno, Jerrad dejó también el pueblo, buscando a los lobos para ayudarles en su búsqueda del hermano que les faltaba y que trabajaba con La Orden.

Y por eso nos lo encontramos en Dagas de Venganza, donde iba siguiendo la pista de Colby y lo vemos también en el relato 3 Hermanos y lo veremos más en Lobos. Y, para final de año o así, lo veremos en la historia con los leones.

Espero hacerle una historia a Jerrad, como merece. Tal vez fuera de la saga, tal vez no. Aun no lo sé, pero tendrá su momento completo para él solito.

Mientras, disfrútalo en las que ya está, como El Guardian o Dagas de venganza.

En el próximo programa te hablaré del cuqui-porno, esa chorrada que me he inventado para echar unas risas y que va a ser algo permanente en mi repertorio. Espero que te guste.

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Y acuérdate que el oficio de escritor es maravilloso, divertido y me da la vida. Pero los escritores siempre necesitamos un empujoncito.

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¡Hasta dentro de dos semanas, aventureros!

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Los trasgos.

Los trasgos.

trasgos

Los trasgos son duendes pertenecientes a la mitología española, especialmente del norte como Galicia o Asturias.

Son criaturas con forma humanoide, pequeños, vestidos con camisa y gorro puntiagudo y a los que se les atribuyen las desapariciones de pequeños objetos del hogar, ya que estos duendes suelen disfrutar haciendo travesuras a los humanos.

Son confundidos con los orcos, ya que en la traducción de El hobbit al español se usó la palabra trasgo para referirse a lo que más tarde llamarían orco en El señor de los anillos.

Los trasgos, en realidad, nada tienen que ver con esa criatura.

Mientras que los orcos son grandes, brutales los trasgos solo quieren hacer travesuras y viven invisibles en las casas.

No son guerreros.

¿Cómo encajarían los tragos en el universo de La Comunidad mágica?

Los pondría a vivir compartiendo casa con familias de otras razas. Casas o locales, viviendo y trabajando juntos. Los trasgos son pequeños para hacerse pasar por humanos pero serían unos compañeros de trabajo maravillosos para tiendas, bibliotecas o supermercados.

Cobrando, claro.  XD

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Sabrina, ¿cosas de brujas?

Sabrina, ¿cosas de brujas?

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El Halloween pasado Netflix estrenó Las escalofriantes aventuras de Sabrina, basadas en un personaje del comic Archie.

Ya tuvimos una versión más cómica y muchísimo más light en los noventa y principio de los dos mil en la serie Sabrina, cosas de brujas protagonizada por Melissa Joan Hart, que estuvo muy divertida de ver. Era una chorrada, demasiado tontorrona y tenía unos efectos muy cutres pero, oye, te reías un montón con Salem, para que vamos a mentir.

Esta versión nueva es más acorde al comic y mucho mucho mucho más oscura y sobrenatural, lo cual es estupendo para mi gusto.

La premisa sigue siendo la misma que en la versión noventera: Sabrina, una adolescente medio humana, medio bruja, está a punto de cumplir dieciséis años, una edad crucial en la vida de todo brujo.

Al parecer, a esa edad debe inscribirse como bruja completa y entregar su alma y su voluntad al diablo pero cambia de idea en el último momento, lo que provoca que ataquen a su familia y a ella para forzarla a ceder.

Sabrina tiene un novio mortal, Harvey y dos amigas del instituto, Roz y Sussie y vive en casa de sus tías, Hilda y Zelda con su primo Ambrose, el cual está castigado sin poder salir de la casa por algo que no recuerdo.

También tiene a Salem, un protector al que Sabrina invoca (o más bien, pone una especie de anuncio porque le parecía mal obligar a uno a protegerla, así que deja que se ofrezcan voluntariamente) y que se esconde en la forma de un gato negro.

La serie, como he dicho antes, es mucho más oscura y con más elementos sobrenaturales de los que una esperaba. Hay varias muertes muy macabras, sangre, hechizos y mucha magia negra mal usada.

Tiene también bastante humor negro. Hay cosas con las que te ríes y te sientes mal por reírte, pero es que son graciosas, leñe.

Ahora, a puntito de que se estrene la segunda temporada y con grandes posibilidades de que haya una tercera e, incluso, una cuarta, es el momento de volver a ver la serie, disfrutarla a tope y esperar… porque Sabrina vuelve tras dejarnos con un final inesperado y muchas preguntas.

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¡No te los pierdas!

 

Irlanda y sus leyendas

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Irlanda y sus leyendas.

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Irlanda es uno de esos lugares que está en mi lista de sitios pendientes a visitar y por muchas razones.

No solo es un lugar hermoso, de verdes valles. También está lleno de castillos en ruinas y encantados, sitios mágicos…

¡Y un montón de criaturas sobrenaturales!

Las banshee, los leprechaun, las hadas, los pooka, los dullahan…

Y suma y sigue…

El sito está tan plagado de leyendas y folclore que no se acaba XD

Aquí te dejo una página si quieres saber más sobre sus leyendas, porque yo solo voy a dar un repasito muy ligero sobre ellas.

Leyendas irlandesas

Una de estas leyendas trata sobre la isla Tir Nan Og, una de las habitadas exclusivamente por las hadas y a las que solo un muy reducido grupo de mortales ha podido visitar.

Uno de ellos fue el guerrero Ossian, quien salió de cacería y se tropezó con una mujer de extraordinaria belleza.

La doncella, que era un hada, se prendó de él y le pidió que la acompañara a su tierra y él aceptó. Allí vivieron felices durante tres siglos, pero Ossian se despertó un día con ganas de ver a su familia (a ver quien iba a quedar vivo después de tres siglos…).

Ossian pidió poder regresar brevemente a su casa y la doncella se lo concedió y le proporcionó un caballo. Pero, le advirtió, no debía tocar con sus pies la tierra mortal.

Obviamente, cuando regresó no reconoció nada. Todo había cambiado y su pueblo y familia habían desaparecido (me preguntó que carajo esperaba… hay que ser bobo.) Al ir a ayudar a unos hombres con los que se cruzó en su camino, cayó del caballo y este desapareció sin dejar ni rastro. Ossian envejeció de golpe los 300 años e imaginad como acabó la cosa.

Pobres los que tuvieron que verlo…

Los leprechaun son los más populares, los más conocidos a nivel mundial de la mitología irlandesa. Son duendes conocidos por esconder tesoros más allá del arcoíris. Ollas llenas de oro que desaparecerán si su dueño lo desea, ya que tienen poderes mágicos.

Otra de las criaturas que se conocen del folclore irlandés son las banshee. Aunque están mal entendidas fuera de Irlanda, ya que fuera de ahí se las considera peligrosas y son solo criaturas que auguran la muerte de alguien, como los perros negros.

No son peligrosas. Sus poderes no tratan de hacer daño a alguien, solo de augurar su muerte. Y lloran desconsoladas, llenando de tristeza a los que la oyen.

En otras culturas se cree que su grito puede volver loco o ensordecer a quien lo escucha.

Irlanda es un lugar lleno de magia, con gran influencia celta en su historia. Razones más que suficientes para visitarlo.

Por cierto, recuerda participar en el concurso para ganar un PDF de Dagas de venganza. ¡No te lo pierdas! 

Kamelot 2.0: la relación entre Arthur, Merlin y Uther

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Kamelot 2.0: la relación entre Arthur, Merlin y Uther.

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Cuando pienso en mi Kamelot 2.0, me viene a la cabeza siempre Arthur, Merlin y su relación entre ellos y Uther.

Además de ser una novela sobre fantasía urbana y parte de un universo más complejo de lo que parece, es también una historia sobre relaciones, confianza y aceptar tu lugar.

Y la principal relación que se trata es la de Arthur y Merlin con Uther.

Uther es la razón por la que esos dos existen y trabajan juntos. Tanto en el universo de mi novela como en la leyenda artúrica.

En la leyenda artúrica Uther pide a Merlin ayuda para seducir a la dama Igraine, librándose de su esposo y concibiendo a Arthur. El niño sería criado lejos de Uther, el cual se volvería loco y acabaría siendo el único heredero real de la corona de Inglaterra y de Excalibur.

En mi universo, Uther tendría sueños con su yo del pasado, quien le va indicando donde encontrar, primero a Excalibur y luego a Merlin. Todo para proteger a Arthur, el cual todavía era un bebe.

Uther, en una visión tras encontrar Excalibur, vería dónde y cómo conocería a Merlin, a quien acogería (aún era un adolescente cuando hizo el pacto con la Dama y no ha envejecido nada. No lo hará hasta que esté en Kamelot con Uther y su familia.)

Merlin acabaría viviendo con Uther y su familia, convirtiéndose en su sombra y su mano derecha en todo lo relacionado con los negocios y con Excalibur. Sería idea de Merlin contratar a la Dama, a Gawain… buscó uno a uno a todos los caballeros reencarnados para reunirlos de nuevo con su rey.

Reuniendo de nuevo lo que una vez fue su familia.

Arthur se vio forzado a tener un hermano, un protector que no deseaba pero que tenia impuesto. Y un destino del que quería huir a toda costa.

¡Oh, el destino de mi pobre Arthur!

Huye de ese camino que le han trazado una y otra vez… pero no puede escapar. Cada paso que da le lleva de vuelta a Kamelot y a Excalibur.

Merlin lo sabe y no quiere obligarle, pero el intento de Morgan de vender la empresa a su mayor rival le obliga a traer a Arthur de vuelta.

Y todo lo que ocurre después… ya es historia.

¿Quieres saber que pasa?

¡Ven a leerlo en Kamelot 2.0!

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La Orden: ¿protectores o asesinos?

Orden

La Orden. ¿Protectores o asesinos?

Orden

La Orden es una organización milenaria que se dedica a proteger el mundo de lo sobrenatural.

Esa fue la idea original. Las cosas cambian y su cúpula, también.

La Orden son descendientes directos de los Templarios. Cuando estos estaban por desaparecer, tras su persecución tras las Cruzadas, una facción más radical decidió seguir por su cuenta.

Eran muchas las cosas que vieron, de las que fueron testigos en esas batallas. Magia, hechiceros, criaturas sobrenaturales…

Y decidieron que era hora de que alguien protegiera a los humanos de esos “peligros”.

Durante siglos, estuvieron en una guerra abierta contra toda criatura sobrenatural.

Pero fue en pleno siglo XIX cuando empezaron a radicalizarse aun más. Hasta ese momento, su único fin era proteger.

Ahora querían el exterminio de todo lo que no fuera humano. Iban a erradicar la magia del planeta.

Pero no podían hacer algo así de grande en un día.

Dado que su cúpula directiva pertenecía a las mas grandes familias del mundo, empezaron con un plan a largo plazo infiltrando miembros de la organización en todos los puestos relevantes de los gobiernos del mundo entero.

Empezaron a usar a cazadores como cabezas de turco. Gente sin recursos y sin familias a los que la desgracia les había golpeado.

Perfectos para los trabajos más sucios y peligrosos.

En la actualidad, se conoce que poseen quince bases principales repartidas por todo el mundo desde las que dirigen todas sus operaciones importantes.

Pero han perdido el propósito inicial. Quieren controlar el mundo y lo hacen atacando a la Comunidad Mágica, que representa un 45% de la población. Sus ataques han llegado a afectar a los humanos y la Comunidad se ha visto obligada a unirse y hacer alianzas para defenderse de esos ataques.

La Orden tiene nuevos planes para conseguir sus fines de acabar con todo lo mágico. ¿Lo conseguirán?

Recuerda que puedes conseguir mis novelas aquí.

Nueva Orleans y las beignets.

beignets

Nueva Orleans y las beignets.

beignets

Nueva Orleans es una ciudad deliciosa.

Un lugar que ha vivido, renacido y vuelto a vivir de nuevo.

Un lugar mágico.

Y uno que estoy deseando visitar en persona.

También es el escenario de mi ultima novela, Dagas de venganza, la cual saldrá a la venta el 20 de diciembre.

Como en otras ocasiones, he usado una ciudad que me encantaría conocer en persona, pero que conozco virtualmente y cuya historia adoro.

Ya, mucho antes de todo el jaleo del Katrina, quería visitarla. Ahí es donde se inspiran una buena parte de las Crónicas Vampíricas de Anne Rice, ya que es donde Lestat vivió con Louis y Claudia, y, también, es donde están ambientadas una buena parte de la saga Dark Hunters.

Dark Hunters, Nueva Orleans y beignets. Incluso busque (y cociné) una receta de esos dulces al estilo Café Du Monde, porque salía en las dichosas novelas y quería probarlos.

El Katrina casi me roba la posibilidad de visitar ese precioso lugar, lleno de jazz y de blues. Una desgracia enorme que no deberíamos olvidar, porque no hemos aprendido nada de ella. Aun sigue siendo un caos la ayuda que llegan a lugares que han sufrido tornados y temporales.

Pero Nueva Orleans renació de sus cenizas como el fénix y regreso, más hermosa que antes, incluso. Aun tengo una oportunidad de visitarla.

Así que un día espero poder pasear por la avenida de Ursulinas, ir a Bourbon Street y ver el parque de Louis Armstrong para ver los lugares que he puesto en la novela.

Y, luego, al café Du Monde, a comer beignets.