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¡Nuevo capítulo! : Relato: El juego de La Orden. Capítulo 5

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Relato: El juego de La Orden: Capítulo 5.

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–  ¿Quién demonios era ese tío?

Charles y Will abandonaron el parque lo más rápido que les fue posible. Tras el disparo, se hizo el caos entre los visitantes que se encontraban cerca del lugar, provocando una estampida.

Para cuando llegó la policía, ambos ya estaban a medio camino al piso franco de Charles, quien no dejo de pisar el acelerador hasta que llegó allí. Con sus antecedentes, lo último que necesitaba era un encontronazo con la policía.

El asesinato de Jordan les había pillado a ambos por sorpresa. Incluso a Charles, que sabía por experiencia como trabajaba La Orden.

La organización no tenía problemas para eliminar aquello que le molestaba, pero solía ser más cuidadosa. El asesinato de un policía a plena luz del día y en un lugar lleno de familias no era precisamente lo más sutil del mundo.

–  No sé. – contestó, cerrando la puerta del apartamento. Se dirigió directamente a la nevera, a coger una cerveza, ignorando la mueca del lobo. – Pero es algo que debemos averiguar y rápido.

–  Voy a llamar a la manada. Esto nos viene grande. – Will sacó su teléfono móvil, buscando entre sus contactos, nervioso. – No, borra eso. Nos viene enorme.

Mientras Will hablaba por teléfono con la manada, Charles intentaba averiguar entre sus contactos la identidad del francotirador y del tipo que estaba en el parque con Jordan. Esto ya no se trataba únicamente sobre fastidiar o exponer a un miembro de la comunidad mágica. Habían cometido un asesinato extremadamente público. Esto no iba a ser sencillo de cubrir y no era lo habitual.

No tardó demasiado en encontrar una respuesta, por poco que le gustara.

El pelirrojo se llamaba Stephen Sheehan, antiguo miembro del IRA y actual mano ejecutora de La Orden. Era alguien muy peligroso antes de unirse a la organización y lo era más ahora.

Pero Sheehan no trabajaba solo. Su compañero y, presumiblemente, quien disparó a Jordan era Tony Durand, un francotirador de origen suizo que llevaba siendo pareja profesional con Sheehan los últimos diez años. Su lista de víctimas a lo largo del mundo era kilométrica.

¿Cómo dos asesinos a sueldo acababan trabajando para una organización como La Orden? ¿Y por qué? Lo habitual allí era gente que había sufrido algún ataque sobrenatural y buscaba venganza. Esos eran sus peones, su carne de cañón.

A parte de esos peones, La Orden solía estar formada por gente que llevaba años con ellos. Familias enteras, en algunas ocasiones.

Era la primera noticia que tenia de que estaban contratando asesinos.

–  Estamos jodidos… estos tíos no son cazadores. Son asesinos profesionales. – Will silbó, guardando su teléfono. – Le he enviado a tu Consejo la información que me han dado.

–  Joder… ¿Qué hacemos? Esto no es como el asunto del hellhound. Aquello solo eran matones.

–  Lo sé. ¿Qué ha dicho la manada?

–  Que van a estar alerta. Al parecer la semana anterior sufrieron un ataque informático en nuestra base de datos. Consiguieron nombres y direcciones de los miembros de los Consejos de Detroit, Nueva York, Nueva Jersey, Chicago y Los Ángeles antes de que pudiera detener el ataque.

–  ¿Y lo dicen ahora? ¡Todas esas manadas están en peligro!

–  Todos los que deben saberlo, lo saben. – Will se encogió de hombros y Charles bufó. – Si, también pienso que deberían haber avisado a todos.

–  ¿Alguna baja?

–  Un par, pero solo aquí. El resto está poniendo a su gente a salvo. La manada ha dicho que tiene vigilancia en todos los miembros que estaban en la lista.

Charles se asomó a la ventana, preocupado. Que La Orden tuviera esa información era muy peligroso. Había sido una suerte que no les diera tiempo de conseguir al resto, ya que en esa base de datos estaban la información de todos los lobos del planeta.

La lógica le decía que usarían esa información para eliminar a miembros destacados de la comunidad y sembrar el caos en ella.

Pero con La Orden no siempre funcionaba la lógica.

–  El Consejo y la Manada deberían compartir esta información con los demás. – Will asintió.

–  Lo están haciendo en este momento. Ahora debemos decidir que vamos a hacer nosotros.

–  Creo que deberíamos buscar a estos tipos antes de que maten a alguien más. – al ver la sonrisa del lobo, Charles preguntó. – ¿Qué te han dicho que hagamos?

–  Que no nos metamos.

–  ¡Por supuesto! ¿Tienes alguna idea de quien podría ser su próximo objetivo o cómo buscarles?

–  Tengo una ligera idea… – Charles dio una palmada, sonriendo.

–  ¡Pues vamos a ponernos a trabajar!


¡Hasta aquí esta semana! Recuerda que si te ha gustado, comparte. Y si quieres más, ven a enterarte cómo se conocieron los protas en El juego de Schrödinger. 

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¡Último capítulo!: Relato: 3 Hermanos. Capítulo 8

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Relato: 3 Hermanos. Capítulo final.

Si, último capítulo. La semana que viene ya no habrá lobitos, pero te tengo preparada una cosita nueva hasta que acabe el siguiente relato. ¡Disfruta!

relato hermanos

La zona de la ciudad que pertenecía a la manada estaba a más de cuarenta minutos en coche de donde les habían atrapado. Los tres lobos visitantes se resistieron lo indecible pero, al ser ampliamente superados en número, fueron reducidos, esposados (con unas esposas especiales para lobos con aleación de plata) y metidos a la fuerza en una furgoneta junto con Aidan.

Al librero no le encadenaron ni nada parecido pero tampoco le dieron otra opción que la de acompañarles. Aunque en ningún momento hicieron uso de la fuerza con él. Para sorpresa de los otros tres, le trataron con mucho respeto.

En la parte de atrás de la furgoneta, Jon no dejaba de gruñir como un animal. Incluso en su forma humana, daba bastante miedo.

Joseph había dejado de pelear hacia un buen rato, aunque tampoco ponía las cosas fáciles. Estaba esperando a ver cuál iba a ser el movimiento de la manada. Las cadenas no eran realmente un problema (sabía que Jon y él eran más que capaces de romperlas a pesar de la plata) pero no quería herir a un lobo si no había razones de peso para ello.

Colby, por su parte, parecía que iba al matadero. Teniendo en cuenta su situación, no era extraña su preocupación. Su manada le buscaba por traición y, ahora, La Orden también lo haría. Las cosas no pintaban nada bien para el chico.

Cuando por fin se detuvo la furgoneta, habían llegado a un barrio céntrico con edificios de apartamentos y tiendas pequeñas. Era una zona tranquila, con parques y calles amplias.

Y repleto de lobos.

Toda esa zona era exclusiva de la manada. No había ni un solo humano viviendo en esos edificios de ladrillo rojo. De paseo o visita, sí. Viviendo, no.

Sus captores les hicieron entrar al edificio más cercano y los empujaron hacia el ascensor. Subieron hasta la última planta, donde se encontraba un loft que ocupaba todo el piso. Allí les metieron en lo que parecía un comedor y echaron la llave.

Cuando se quedaron solos, Jon volvió a gruñir y rompió sus esposas, ganándose la mirada sorprendida de Aidan y la fastidiada de los otros dos.

–  ¿Cómo has roto eso? ¡Se supone que los lobos no podéis romper ese metal! – exclamó Aidan, sin dejar de mirar las esposas rotas en el suelo. Colby refunfuñó una maldición, cogiendo una servilleta de la mesa y acercándose al rubio. De la muñeca derecha de Jon manaba un hilo de sangre. No era mucha pero no paraba.

–  ¡Te has hecho sangre! ¿No podías esperar a que nos las quitaran?

–  No tengo tanta paciencia… – mientras Colby intentaba limpiar el corte que se había hecho Jon con las esposas, Joseph suspiró, fastidiado.

–  Nos pasamos un año esquivando a todo el mundo para que no nos pillen y nos cogen de la forma más tonta. Papa va a matarnos…

–  ¿Papa? – rio Jon. – Mama sí que va a matarnos.

–  Estoy muerto… – susurró Colby. – Si no me despellejan en la manada, lo harán en La Orden…

–  Nadie va a tocarte un pelo. – gruñó Jon, cogiendo las esposas del pequeño y rompiendo la cadena. Joe asintió.

–  No vamos a dejar que te hagan nada.

Aidan, mientras, empezaba a sentirse incómodo. No por la compañía actual, sino por la que vendría en breve. Conocía a todos los miembros del Consejo y temía que apareciera alguien más a quien no estaba tan dispuesto a volver a ver tan pronto.

–  ¿Qué va a pasar ahora? – preguntó, intentando distraerse.

–  Con suerte avisaran a nuestra manada.

–  Eso si no se toman la justicia por su mano, que podría pasar. – Colby no se sentía tan optimista como su hermano mayor.

–  No van a hacerte nada.

–  J, no puedes protegerme siempre.

–  Oh… ¿no? Tú espera y mira.

La puerta de la habitación en la que estaban se abrió y entraron cuatro lobos. Uno de ellos, un tipo alto, con el cabello corto castaño claro y barba se acercó directamente a Aidan, quien hizo un mohín descontento.

–  Aidan… ¿Qué estabas haciendo con estos? – el librero bufó, cruzándose de brazos y poniéndose a la defensiva.

–  ¡Oh, hola Zack! ¿Cómo has estado? ¡Yo, bien, gracias! – soltó con tono sarcástico. – En cuanto a que hacía, no es asunto tuyo.

–  Es asunto de la manada. – replicó el otro con sequedad. – Son prófugos. Deberías haber dado aviso.

–  Te recuerdo que no soy un lobo y no formo parte de tu manada, así que no me puedes exigir nada.

Los tres hermanos se apartaron sutilmente. Sabían reconocer una pelea de pareja cuando la veían y también sabían que no debían entrometerse a menos que la cosa se pusiera violenta. Por ahora el único que parecía en peligro de que le dieran una paliza era el tal Zack y ese, la verdad, no les importaba mucho.

–  ¿Me estoy perdiendo algo? – preguntó Colby señalando a los otros dos disimuladamente.

–  Son pareja. – respondió simplemente Jon. Joseph rio por lo bajo, quitándose sus propias esposas.

–  No jodas… ¿Un lobo y un hada? Menuda mezcla.

–  ¡No somos pareja! – gruñó Aidan molesto. Al parecer les había oído. – No lo hemos sido nunca.

–  ¿Entonces por qué te marcó?

Aidan se giró a mirarlos, sorprendido antes de volver su atención al otro lobo. Zack perdió en un segundo su aire arrogante y parecía estar deseando que le tragara la tierra. El librero parecía furioso. Tanto, que el aire de la habitación crepitó. Sus emociones habían descontrolado su magia.

–  ¿Me marcaste? ¿Sin mi permiso?

–  Era para protegerte…

–  ¿Protegerme? ¡Te largaste! ¡Me marcas y te largas! ¡Eres un cabrón!

Las puertas volvieron a abrirse y, en esa ocasión entró un grupo de cinco lobos, bastante más mayores que los anteriores. Uno de ellos era claramente el Alfa. Solo había que fijarse en la postura altiva y el comportamiento de los que le acompañaban.

También notaron que era el padre de Zack.

–  ¡Basta ya! Tenemos asuntos más importantes ahora mismo. Aunque no voy a olvidar esto. Hablaremos luego sobre esto, hijo. – añadió, dirigiéndose a Zack. El Alfa se giró entonces hacia los tres hermanos, sonriendo imperceptiblemente al ver las cadenas rotas en el suelo. – Vuestro Alfa está en camino. Se ha decidido que sea él quien se ocupe de vuestro castigo o lo que quiera hacer con vosotros.

–  Genial…

–  De todas maneras, tenemos un visitante que quiere hablar con vosotros primero. Debatiremos sobre el asunto de los planes de La Orden en un rato, cuando lleguen los demás.

Eso sí que era una sorpresa. ¿Los demás? ¿A quiénes se refería? ¿Y quién era el misterioso visitante? Joseph no podía imaginar quien podría ser.

–  ¿Quiénes más van a venir? – preguntó, curioso.

–  Además del Alfa de Davenport y varios miembros de vuestra manada, vienen en camino también el heredero de Excalibur y su gente. Están bastante comprometidos con la idea de detener a La Orden.

–  ¿El heredero de Excalibur? – preguntaron Colby y Jon a la vez en voz baja.

–  Los tipos de Nueva York – aclaro Joseph. – Uno de ellos, al parecer, la reencarnación de Arturo Pendragon.

–  Vaya…

En ese instante, un hombre grande, de porte militar y cabello rubio entró en la habitación, acercándose a Jon y Joe. El resto de los lobos se tensaron. No era extraño, ya que un depredador más grande y peligroso había entrado en su territorio.

Aidan lo observó, fascinado. No todos los días veías a un dragón en su forma humana paseando delante de tus narices.

–  ¿Jerrad? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estás en Alaska?

–  Ya iba siendo hora de que volviera al campo de batalla… Veo que habéis encontrado a vuestro hermano. Bien. Así podrá contarnos todo lo que trama La Orden para que podamos destruirlos de una vez por todas.

 

 

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¡El penúltimo!: Relato 3 hermanos: Capítulo 7

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Relato 3 hermanos: Capítulo 7

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–  ¿Estás loco, Jon? ¡Te has puesto en peligro! ¡A los dos!

Jon miró a su hermano, dedicándole un mohín de puro disgusto.

–  ¿Podrías no usaras esa palabra?

Joe se mordió el labio, culpable. Los nervios habían hecho que olvidara lo mucho que su hermano detestaba que le llamaran “loco”, incluso de broma. Hubo un tiempo, cuando aún eran unos niños, en el que muchos cuestionaron la salud mental del rubio al negarse a hablar y por el genio tan volátil que tenía.

De hecho, en la manada casi todo el mundo andaba de puntillas a su alrededor, esperando el momento en que estallara y tratara de destrozar lo que tuviera cerca.

La realidad, sin embargo, era otra muy distinta. Jon no había hablado cuando eran pequeños porque estaba en shock por la muerte repentina de su madre. Era alguien extremadamente sensible que lo ocultaba tras una fachada de tipo violento.

Jon no estaba loco ni era inestable. Simplemente había pasado demasiado y lo manejaba a su manera. Sus padres nunca tuvieron problema para ayudarle cuando averiguaron cómo. Y ni Colby ni él necesitaron a nadie para comprender y apoyar a su hermano cuando tenía un mal día.

–  Vale… lo siento. – se disculpó. – Pero reconóceme que irte sin avisar a buscarle ha sido la cosa más estúpida que has hecho últimamente. ¡Podían haberos descubierto los de La Orden o la manada! ¡Podría haber sido una trampa!

–  No, no fue muy inteligente. Lo reconozco. – repuso, encogiéndose de hombros. Joseph suspiró, derrotado.

–  ¿Y qué pasó? ¿Qué dijo?

–  Dice que están planeando algo. Algo muy gordo. Y va a tratar de averiguar qué es.

–  ¿Te dijo que? – ambos se giraron hacia Aidan, que acababa de entrar a la habitación.

–  No… no dijo qué. No creo que lo sepa con seguridad aun.

El chico se sentó en el sofá, cerca de ellos, entregándoles una taza de café a ambos hermanos. Jon gruñó un gracias mientras Joseph le sonrió. Aidan se encontró reconociendo que aquellos dos lobos eran bastante atractivos.

Joseph, con su cabello largo, su piel tostada y tatuada y los ojos castaños y de expresión suave parecía un modelo. Y más dulce de lo que esperarías encontrar en un tipo de ese tamaño y fuerza.

Y Jon, a pesar de sus gruñidos y su aspereza, era un hombre guapo con esos rebeldes rizos rubios y los ojos celestes. Tenía, además, una faceta traviesa que dejaba escapar cuando hablaba con su hermano y resultaba de lo más encantador.

Pero, regresando a la realidad, tenían otros asuntos más importantes en ese momento que sus atractivos invitados. Como los planes secretos de La Orden, por ejemplo.

–  He recibido una llamada de Merlin, hace una hora. – comentó, llamando la atención de los otros dos, que habían empezado a discutir en susurros. – Por lo visto os conoce.

–  ¡Ah… si! Nos dio varias pistas y nos habló de lo ocurrido en Detroit y en Nueva York. ¿Qué ha dicho?

–  Lo mismo que vuestro hermano, me temo. Los rumores sobre que traman algo importante vuelan por todo el país. Pero hace unos días, los rumores tomaron más forma. Han descubierto que La Orden está creando una especie de virus mágico con el que eliminar solo a los miembros de la Comunidad mágica.

–  ¿Eso es posible? – Aidan se encogió de hombros.

–  No tengo ni idea. Se puede mezclar magia con ciencia, eso lo sé. Es la alquimia moderna. ¿Lo que ellos pretenden? Depende. Necesitarían magia muy poderosa. Hechizos muy antiguos y alguien, un verdadero hechicero para realizarlos. Esto no puede hacerlo cualquiera.

–  ¿Qué clase de libros? Tal vez podríamos rastrearlos a través de ellos. – el librero negó con la cabeza, apesadumbrado.

–  Sin saber que pretenden realmente, no puedo decírtelo. Necesitaríamos saber qué es lo que quieren hacer. Pero si consiguen crear ese “virus mágico” o lo que sea… si crean algo capaz de matar a todas las criaturas mágicas… va a ser un genocidio…

El teléfono de Aidan sonó, en la cocina, donde lo había dejado después de hablar con Merlin, haciéndoles saltar a los tres. El muchacho corrió a cogerlo y, antes de que pudiera decir nada, hizo una mueca y le pasó el aparato a Jon, quien lo miraba como si hubiera perdido un tornillo.

–  Es para ti. – le dijo, mirándoles igual de sorprendido que ellos. Jon lo cogió reticente.

–  ¿Si? – contestó ausente. Aidan observó, fascinado, como su rostro pasó de la extrañeza a la alegría y, de ahí, a la preocupación en décimas de segundo. – Allí estaremos. – Joseph le cogió de la muñeca, quitándole el teléfono de la mano y dejándolo sobre la mesa.

–  ¿Quién era? – preguntó.

–  Quiere vernos.

–  Eso es un poco sospechoso… ¿Acababa de pedirte que le des tiempo para investigar y ahora te llama para que vayas?

–  Lo sé. Ha pasado algo. – Aidan observó el intercambio.

–  ¿Qué vais a hacer?

–  Ir, obviamente. Habrá que averiguar que ha pasado. Puede que sea una trampa de La Orden.

El librero les miró, estupefacto. ¿Estaban seguros de que era una trampa e iban a ir igualmente?

–  Un momento… ¿Cómo sabía que estabais aquí?

–  ¡Es Colby! ¡Lo averigua todo! – respondieron los dos lobos, riendo.

Una hora después, los tres se encontraban en un parque esperando. Había un pequeño bosquecillo, donde podían permanecer ocultos a la vista de los paseantes.

Aidan había insistido en acompañarles, a pesar de la posibilidad de ir de cabeza a una trampa. Ninguno de los dos lobos parecía feliz con la idea de que estuviera ahí, pero pensó que no podría quedarse tranquilo hasta saber que no corrían un verdadero peligro.

Colby apareció, cuando ya llevaban esperando quince minutos, con aspecto más cansado y desastrado que el día anterior. Jon se le acercó rápidamente, lo que hizo sonreír al recién llegado.

–  ¿Estás bien? Te ves como la mierda.

–  Hombre, gracias… – rio, pasándose una mano por la cara. – Anoche, cuando regresé, les oí hablar. Decían algo de encontrar un libro de magia en un pueblo de Irlanda.

–  ¿Qué libro?

–  No lo han dicho. Solo que era magia celta. Pero nada más. – Colby bajó la mirada y vio que el rubio le tenía cogido de la mano. Sonrió sin darse cuenta. – También dijeron algo de una bomba… y de un tipo… una especie de mago monje o algo así… tenía un nombre raro… ¿Rasputín?

– Joder… – los tres lobos miraron interrogantes al librero.

–  ¿Qué? ¿Le conoces?

–  En persona no… y no voy a daros una clase de historia ahora mismo, pero digamos que es alguien muy muy poderoso.

–  ¿Alquimista? – preguntó Joseph, recordando la conversación anterior. El chico asintió.

Jon se volvió hacia Colby, apretándole más fuerte la mano.

–  Ven con nosotros. Ya no es seguro que te quedes ahí.

–  Aun puedo averiguar más.

–  No. – el tono del rubio era suplicante. – Ven.

Pero antes de que Colby pudiera negarse de nuevo un grupo numeroso de hombres les rodeó, cerrando cualquier vía de escape que existiera. Pronto, los cuatro se vieron sujetos a la fuerza y sin poder liberarse, a pesar de la resistencia que ofrecían.

Al menos, pensó Joseph, eran lobos y no hombres de La Orden. Aunque no impedía que siguieran en problemas. En graves problemas.

–  Al único sitio que vais a ir todos es al Consejo.

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¡Y aparecieron los booktubers!: Youtube y su relación con los libros

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¿Tienes canal de Youtube?

¿Eres youtuber? ¿O booktuber?

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En serio, cada día encuentro cosas nuevas y no me da tiempo a ponerme al día con todas.

Estoy dinosaurio completo. Y no en plan guay de Tiranosaurio, no. En plan Barney, más bien.

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Obviamente, conocía el termino booktuber y yo misma tengo mi canal de youtube. ¿Quién no tiene uno hoy en día?

Pero no había tenido tiempo para profundizar e investigar a gusto sobre el tema. Y no hago más que preguntarme como lo hacen.

De dónde sacan las ganas y el tiempo para preparar el contenido de esos videos, grabarlos, editarlos y subirlos.

Y las ideas, claro.

No creo que me vayas a ver pronto haciendo videos… sí, tengo mis booktrailers porque mezclar videos me encanta. Pero, ¿protagonizarlos?

Va a ser que no XD

En fin, investigando encontré unos cuantos canales sobre fantasía, sobre todo, que tienen muy buena pinta y creo que debemos echarles un ojo.

Esto no es un spoiler

Nube de palabras

Diego Marcapáginas

Little Red Read

Geek Furioso

El Fan de Bauer

El fogón de Ana González Duque

He puesto básicamente los canales de fantasía, por razones obvias. Salvo el de Little Red Read que habla más de novela negra y policíaca.

Por cierto y ya que estoy, como te avisé la semana pasada he reunido en un solo archivo de PDF mis cuatro novelas y les he añadido contenido extra y ahora las tienes en mi tienda a un precio excepcional.

<<Ocultos entre nosotros : 4 novelas al precio de una + contenido extra. ¡Solo por 6€!>>

Espero que aproveches la oferta porque estará solo hasta el Ciber Monday, el 27 de noviembre.

¡Corre que se acaba!