Publicado el Deja un comentario

¡Seguimos con Jack T.R.!: Jack T.R. Capítulo 2.

jack tr

Capítulo 2

jack tr

Charles miró dudoso de nuevo el papel que tenía en sus manos. Frente a él, una vieja librería se alzaba orgullosa a pesar de su diminuto tamaño y lo decrépito de su fachada.

En el cartel sobre la puerta rezaba el nombre de la tienda: El pergamino.

Se encontraba en un cruce entre la calle 85 y Avalon, cerca del parque con el mismo nombre. Mayoritariamente, una zona residencial donde los pocos comercios que existían destacaban entre las pequeñas casitas adosadas con sus diminutos jardines.

No estaba muy seguro de que estaba haciendo ahí.

Después de investigar infructuosamente durante una hora acabó encontrando el nombre del chico de las fotos de la manera más ridícula. Resultaba que Mathewson, un patrullero que hacía su ruta por Marynook, lo vio en su pantalla al pasar por café y le reconoció. Vivían en la misma calle.

Se llamaba Aidan Kelly.

Después de averiguar el nombre, el resto fue sencillo. Veintiocho años, padres fallecidos en el Katrina, abuelo paterno ingresado en una residencia de ancianos en Palm Springs. Nacido y criado en Nueva Orleans, se trasladó a Chicago, ocho años atrás, después de la muerte de sus padres para mudarse con su abuelo y, más tarde, hacerse cargo de la librería cuando este tuvo que retirarse a causa de su alzhéimer.

No tenía antecedentes ni licencia de conducir pero, por suerte para Charles, sus datos y dirección estaban en la escritura de la librería.

La idea de que debía encontrar al muchacho para interrogarle le pareció estupenda en comisaría. No se debía dejar piedra por remover en casos así. Pero ahí, frente a la librería, se dio cuenta de que no tenía más excusa para hacerlo que unas pocas fotos en las que aparecía como mirón en las escenas del crimen y poco más. Razones para nada validas si le preguntabas a cualquiera.

Por no hablar si le preguntabas a un abogado.

Se sentía un poco ridículo.

Está bien, se sentía muy ridículo.

Aun así, cruzó la calle y curioseó un poco a través del cristal.

En el escaparate había unos pocos libros expuestos. “Inferno” de D. Bronw, “Pídeme lo que quieras” de M. Maxwell, “Joyland” de S. King, “El invierno del mundo”, de K. Follett. Las últimas novedades en novelas a la venta.

En el interior se podía ver que la tienda no era demasiado amplia. Un par de pasillos con varias estanterías cubiertas de libros, todas con cartelitos de papel que anunciaban el género y un mostrador de madera de estilo antiguo y color oscuro, con una caja registradora moderna cerca de la puerta.

No se veía a nadie dentro aunque en el cartel de madera que colgaba del cristal de la puerta anunciaba que estaba abierto. Supuso que estaría en alguno de los dos pasillos, fuera de la vista.

Pasó un minuto admirando el cartelito. Tanto las letras como el árbol que tenía sobre estas estaban labradas en la madera. Era un trabajo precioso y muy artesanal para estar en un simple cartel.

― ¡Qué demonios! Ya que estoy aquí. ― murmuró finalmente, armándose de valor y empujando la puerta.

El musical sonido de unas campanillas de cristal le hizo alzar la vista. Eran pequeñas, de cristal opaco y tintinearon unos minutos más después de cerrar la puerta. También estaban decoradas con pequeños arboles como el del cartel de la entrada. Parecían bastante antiguas. Le recordaron a las que tenía aquella vieja tienda de comestibles cerca de la casa de sus padres, donde su madre solía enviarle cuando necesitaba alguna cosa de última hora para la cena. Tenía muy buenos recuerdos de esa tienda y su dueño. Siempre le regalaba caramelos.

― ¡Estaré ahí en un momento! ¡Vaya mirando lo que quiera! — oyó gritar desde el interior, sacándole de sus recuerdos. Encogiéndose de hombros, Charles empezó a curiosear la tienda.

Como observara desde el exterior, la tienda no era demasiado grande. De unos ochenta metros cuadrados, el mostrador se encontraba a la izquierda, cerca de la entrada, dándole una buena vista de los dos pasillos y las estanterías. Al fondo a la derecha, se veía una anodina puerta de madera clara con un cartel donde ponía «Privado». Probablemente el baño.

Estuvo más de cinco minutos revisando los libros de la sección de misterio sin que nadie apareciera. Si fuera un ladrón ya habría robado media tienda y el dueño ni lo notaría.

Por fin escuchó su voz de nuevo, solo que esta vez parecía estar discutiendo con alguien en murmullos molestos.

― ¡Estoy empezando a cansarme de que hagas esto! — lo oyó decir, con tono de reproche. ― Tienes que dejar de desordenarme la sección de literatura fantástica. Solo porque tú no lo aguantes, no significa que puedas poner «Crepúsculo» en la sección de auto-ayuda.

Charles arqueó una ceja por la curiosa conversación y al verle aparecer solo. A lo mejor estaba hablando por teléfono con algún empleado.

― Me importa bien poco que pienses que a quien le guste debería ir al psicólogo con urgencia. No vuelvas a moverla y ya. No quiero oír más adolescentes preguntando que hace la novela en esa sección. Y… uh… ― el chico interrumpió su perorata bruscamente al verle, sonrojándose. — Pensaba que se habría ido. Como no oí nada más…

Ahora que lo tenía cerca, Charles pudo observarlo más atentamente. Como había supuesto antes era algo más alto que él, como de metro noventa, su cabello era negro, cortado de manera desordenada y le llegaba casi a los hombros. Sus ojos grises le miraban con una mezcla de sorpresa y desconfianza que levantó sus sospechas. También tenía una cicatriz que partía casi por la mitad su ceja izquierda. Llevaba cuatro libros en sus manos. Nada que pareciera a un móvil o teléfono o bluetooth.

― No. Aún sigo aquí. — el detective se encogió de hombros, comentando lo obvio.

― Puedo verlo. ¿Ha encontrado alguna cosa que le guste? ¿O está buscando algo en especial? — le preguntó, rodeándole para dirigirse al mostrador y evitando mirarle a los ojos, aun azorado.  Charles sacó su placa y se la mostró.

― Señor Kelly, soy el detective Andrews. Quería preguntarle sobre el asesinato de anoche en el parque Meyering. — el chico parpadeó, claramente sorprendido, dejando los libros sobre la mesa.

― ¿A mí? No sé nada de eso. El parque está algo lejos de mi tienda, por si no lo había notado, detective.

Charles lo observó usar una etiquetadora para ponerles el precio a los libros que había traído antes. Sus manos temblaban imperceptiblemente.

― Pero usted estuvo esta mañana allí. — insistió, haciendo caso omiso al tono indiferente que había adoptado. Aún seguía rehuyéndole la mirada y se envaró al oírle.

― Estuve… si… tenía que hacer un recado por la calle 71 y pasé a comprar un café antes de regresar a la tienda. Vi las luces y me acerqué a mirar por curiosidad. — bajó la mirada a los libros, sacudiendo la cabeza como si tratara de borrar algo de su mente. ― Hubiera preferido no hacerlo. Tuve que tirar el café en la siguiente papelera. No he comido nada después de eso.

― No, no era una vista agradable. — coincidió Charles, sacando su libretita para tomar notas. ― ¿Suele hacer muchos recados por esa zona, señor?

― Solo cuando tengo que ir a recoger algún libro. — respondió, encogiéndose de hombros. ― A parte de novelas, también tengo libros antiguos de colección. Me ofrecieron una bonita primera edición de “El perro de los Baskerville” y no pude resistirme. — el chico señaló a una vitrina de cristal, apoyada en la pared de detrás del mostrador donde se podían ver varios ejemplares, claramente antiguos, de novelas.

El libro de Arthur C. Doyle que había mencionado destacaba entre los demás por su encuadernación roja de piel y sus grabados dorados y negros.

― ¿A dónde fue a recoger el libro?

― Al colegio St. Columbanus, cerca del parque. Su profesor de literatura es un conocido de mi abuelo y me lo ofreció a buen precio. — Charles notó como con cada pregunta parecía más y más incómodo y no dejaba de mirar de reojo a su derecha. ¿Sería un tic? ― ¿Hay alguna razón para este interrogatorio? No entiendo que tiene que ver esto con su caso.

― Solo estamos comprobando quien estuvo por esa zona a la hora del asesinato.

― Pasé cuando la policía ya estaba allí. ¿Voy a necesitar una coartada o algo así? — preguntó, tenso.

Algo no andaba bien con ese chico. Charles tenía años de experiencia detectando mentiras y ese muchacho no estaba siendo del todo sincero con él. Era muy sospechoso.

Si realmente no tenía nada que ver con eso, ¿por qué mentía?

― Si la tuviera sería estupendo. — hizo caso omiso al resoplido del joven. ― ¿Dónde se encontraba anoche a eso de las cuatro de la madrugada?

― En casa. Mi piso está encima de la tienda.

― ¿Solo? — el chico pareció dudar un segundo antes de contestar.

― Si. — sus ojos se desviaron a la derecha de nuevo e hizo un gesto como negando algo — Un amigo estuvo conmigo pero se fue a las dos. Luego me fui a dormir.

― Ya veo.

La campanilla volvió a sonar, haciéndoles volver la mirada a ambos hacia la puerta. Un hombre corpulento y piel tostada entró y se les quedó mirando con expresión de no saber muy bien si quedarse o irse. Tenía el cabello rubio oscuro largo y recogido en una coleta.

El tipo parecía el estereotipo de motero de banda. Igual de alto que el chico, pero mucho más ancho y musculoso, vestido por completo de cuero negro. Llevaba pantalones, de cuyo cinturón colgaban un par de cadenas finas y una cazadora sobre una camiseta también negra. Una calavera con colmillos de vampiro era el logo de la banda a la que pertenecía.

De hecho, Charles conocía ese dibujo de haberlo visto en un aviso que la ATF (Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos) envió a la comisaría hacía meses. Pertenecía a “Los Vampiros”, una banda que llevaba establecida en Chicago desde hacía veinte años y que era sospechosa de la mayoría de los trapicheos con armas y droga en la ciudad. Pero nadie duraba tanto en ese negocio si no era muy cuidadoso.

Y esos tipos lo eran. Extremadamente.

A pesar de las sospechas que tenían sobre la banda, la ATF no había sido capaz jamás de demostrar o encontrar alguna prueba consistente contra ellos.

Y él se tropezaba uno justo en aquella tienda mientras investigaba esos asesinatos… ¡Qué casualidad!

Hasta ahora, todos los avisos que existían sobre esa banda eran por drogas y armas. Ningún asesinato aunque eso no significaba que no estuvieran involucrados en alguno. Había rumores de que la banda estaba relacionados con la mafia rusa, entre otras cosas.

― Este… ¿estás ocupado, Aidan? — preguntó con tono sorprendentemente educado y voz suave teniendo en cuenta las pintas de pandillero que gastaba. Tenía un leve acento que Charles no fue capaz de precisar a pesar de que le resultaba conocido. Probablemente de Europa del Este…

― Estaré contigo en un minuto, Rolf. Espérame en la sección de poesía. — el tal Rolf asintió, dirigiendo una mirada especulativa al policía y se marchó sin decir una palabra más.

― No parece del tipo que compra poesía. — ironizó Charles cuando el otro hubo desaparecido.

Aidan le miró mordaz, arqueando las cejas. A pesar de eso, parecía más divertido que molesto por su comentario.

― Se asombraría lo que engaña un libro por su cubierta, detective. Si hemos terminado, tengo un cliente que atender. Siento no haberle sido de ayuda con su caso.

― Nunca se sabe lo que puede ayudar o no en un caso. — sacó una tarjeta de visita de su cartera y se la tendió. — Si recuerda algo que piense que puede ser importante, llámeme. Y no salga de la ciudad, podría necesitar hacerle más preguntas.

Aidan no respiró tranquilo hasta que el detective se subió en su Chevrolet y se marchó calle abajo. No tenía ni idea de cómo le había encontrado y no le gustaba.

Puede que él no tuviera nada que ver con esos asesinatos, pero no quería policías cerca de su tienda. Mucho menos con la clase de clientela especial que él tenía.

― Ese tío no me gusta. — Aidan rodó los ojos, sonriendo sin querer.

― A ti no te gusta ningún policía, Julian. Te mató uno, ¿recuerdas?

A su lado la figura fantasmal de un hombre vestido al estilo vaquero se materializó. Este era algo más bajo que él, con el cabello rubio oscuro y desgreñado y ojos verdes que le fulminaron al girarse hacia él. Llevaba unos pantalones gastados marrón oscuro, botas de piel muy estropeadas, camisa beige y sombrero vaquero del mismo tono que los pantalones. Una leve barba de varios días oscurecía su rostro, dándole un aire de bandido de película antigua.

Contrario a otros espectros con los que Aidan se había tropezado a lo largo de su vida, Julian podía aparecerse de cuerpo entero y sin mostrar la herida que le llevó a la muerte. Estaba seguro de que su apariencia actual no debía ser muy diferente a como fue mientras vivía. No todos los fantasmas conseguían eso. Algunos solo podían hacer ruidos, mover cosas o aparecerse parcialmente.

― Eso no ha tenido gracia. — el chico se encogió de hombros, cogiendo los libros que acababa de marcar para volver a colocarlos en su sitio. Las luces de la tienda parpadearon un par de veces a causa de la estática que provocaba la energía que el fantasma gastaba para mantener la aparición.

― Tampoco que me sigas desordenando la librería cuando te aburres. Tardo horas en volver a poner las cosas en su sitio.

― Como si tuvieras algo mejor que hacer. Apenas tienes amigos fuera de la tienda y hace como un siglo que no te veo teniendo una cita. ― antes de que pudiera replicar a ese comentario sarcástico sobre su vida, fue interrumpido por su otro visitante, del que casi se había olvidado.

― ¿Estáis discutiendo de nuevo por su inexistente vida social? Yo puedo ayudarte con eso, Aidan. Un mordisquito y… ― rio Rolf, haciendo una mueca y mostrando unos largos y afilados colmillos.

Aidan suspiró hastiado y cogió un paquete de su mostrador, para entregárselo bruscamente al otro hombre, sacándole una risa cuando le golpeó en el pecho con él.

En eso consistía la herencia que le había dejado su familia.

Unos conseguían deudas, dinero, animales, casas… él una librería que era frecuentada por criaturas sobrenaturales que no deberían existir fuera de las leyendas. Un lugar neutral donde cualquiera podía conseguir desde una novela a un libro de hechizos verdadero.

Y él era el encargado de asegurarse de que nada iba a manos equivocadas.

― Otro chistecito de mordiscos, Rolf y voy a tener que prohibirte la entrada por acoso. Por enésima vez, me siento halagado, pero no quiero ser un vampiro. Me gusta ser lo que soy, gracias.

― ¡Pero si se dé buena tinta que te gusta que te muerdan! ― Aidan se sonrojó. ― Y como sigas sin pareja, esto lo acabara heredando un banco. ¿Y qué será de nosotros después? — terminó con fingido tono dramático.

― Seguro que la Comunidad encontrará a alguien adecuado que se haga cargo del negocio. No van a permitir que la librería acabe en manos de un banco, descuida. — el tono amargo de sus palabras hizo que los otros dos intercambiaran una mirada. ― Además, ¿de qué iba a servir que tenga pareja? Te recuerdo que soy gay. Los herederos están descartados.

No era desconocido para casi nadie en su gremio que ese no era el trabajo soñado de Aidan. Se había ocupado de hacerlo bien público desde el principio. Aun así, cumplía con sus deberes de manera eficiente.

― Podéis adoptar. Ya es legal. ¿Pero qué hay de mantener la zona neutra? Deberías tomar más en serio tu legado, muchacho.

― Nunca quise esto. — murmuró, mirándole con rencor. Rolf se encogió de hombros.

― Ni yo ser vampiro. Ni Julian estar muerto y ser un fantasma. ¡Bienvenido al mundo real! ― Aidan casi rio por sus palabras. ¡Qué irónico que una criatura de leyenda le hablara de realidad! ― Pero ya que tienes que hacer esto, hazlo bien. — el vampiro le dio un par de golpecitos reconfortantes en el hombro. ― Por cierto, Karl quiere verte cuando puedas. ¿Será seguro venir o tendrás más polis por aquí rondando?

Karl era el jefe de la banda y el vampiro dominante. Con sus dos metros de alto, ojos azules, cabello rubio y más musculoso que el mismo Rolf resultaba un hombre de lo más intimidante. Para Aidan, que sabía exactamente lo que era, daba miedo. Pero siempre respetó la zona neutral y lo trataba con anticuada cortesía, como la mayoría de los vampiros.

― Dile que espere una semana, por si acaso. Puede que ese detective vuelva. ¿Vosotros habéis oído algo de esos asesinatos en los parques?

― ¿Ese que va destripando chicas? — Aidan asintió. ― Es el tema del momento en toda la Comunidad. Todos piensan que quién sea es un animal. No se había visto algo así en siglos. Puedes oler la sangre en toda la ciudad por su culpa. Los novicios lo están pasando mal por eso. ― el vampiro rio por lo bajo. ― A lo mejor deberías preguntarle a los lobos.

El librero soltó una carcajada imaginándose la escena.

Los lobos, u hombres lobos en realidad, solían ser más disimulados y sociables que los vampiros. Incluso amables y respetuosos de la ley, siempre y cuando su manada no corriera peligro. Pero no eran gente a los que acusar en vano o sin pruebas. Tenían un sentido del honor muy sensible.

Además, sus zonas de «paseo» (como ellos acostumbraban a llamar a esos parques que usaban para convertirse y correr libres un par de veces al mes) estaban más al norte de donde se habían encontrado los cadáveres.

Aidan no recordaba la última vez que el clan tuviera algún problema. Como los vampiros, vivían todos en la misma zona y eran un grupo muy unido. Pero a la vez, también se relacionaban y mezclaban con los humanos sin causarles problemas o daños de ninguna clase. Trataban por todos los medios de no llamar la atención y cualquier miembro que pusiera en evidencia a la manada frente a los humanos, era fuertemente castigado.

― Sí, claro. Me planto en su cubil y les pregunto… oye, ¿podéis ayudarme a rastrear a un asesino? ¿A lo Rin Tin Tin? Sí, eso es una idea genial. Les iba a encantar. — ironizó. Rolf rio divertido por la ocurrencia.

― Conociéndolos, probablemente se reirían. O se lo tomarían literalmente. Vete a saber. — el vampiro le tendió la mano y se la estrechó con firmeza. ― Te llamaré la semana siguiente para comprobar si está la cosa más tranquila.

Julian vio al vampiro irse, chasqueando la lengua, disgustado. Mientras vivió tuvo una trágica experiencia con lo sobrenatural. No fue lo que le mató al final, irónicamente, pero si lo que dio un giro dramático a su vida, cambiándola por completo. Soportaba a los clientes especiales de Aidan ahí porque no podía irse a ninguna otra parte, pero eso no impedía que le molestara muchísimo. Tampoco le gustaba que el librero los tratara como si fueran gente normal.

― Supéralo, Julian. Los tiempos han cambiado.

― Sabes de lo que se alimentan. ¿Cómo puedes ayudarles?

― No matan a nadie. Ya ni siquiera se alimentan de gente, solo de los bancos de sangre. Y solo son libros sobre su historia. Jamás han roto la tregua en el tiempo que llevan viviendo aquí.

― Ese era de magia. — replicó el fantasma, fulminándole con la mirada. Aidan le ignoró, encaminándose hacia una de las estanterías.

― Karl quiere encontrar un hechizo que le haga completamente inmune al sol. El que aun pueda hacerles daño le molesta. Pero no va a encontrar nada ahí para eso.

― Pero el libro…

― No soy estúpido, ¿vale? Puede que Karl y su nido controlen lo que comen, pero otros no lo harán. Y él no va a estar aquí para siempre vigilando a los suyos. — le interrumpió, sacándole un bufido incrédulo. ― No voy a darles nada que pueda hacerles demasiado poderosos. Hay un equilibrio que mantener.

― En mis tiempos se les cortaba la cabeza y punto. A la mierda el equilibrio ese del que hablas.

Aidan rio por lo bajo y colocó unos libros en la estantería. Que él supiera, Julian jamás se había enfrentado a un vampiro. Pero si conoció a alguien que se enfrentó con un nido en su época. De ahí que supiera como matarlos realmente.

― Podemos estar discutiendo esto para siempre. Lamentablemente, no dispongo de todo tu tiempo libre, Julian. Mientras no hagan nada que rompa el pacto, seguirán teniendo mi permiso para entrar y comprar. Así ha sido durante más de un siglo y así seguirá siendo.

― Espero que no tengas que arrepentirte de esa decisión…

El joven se detuvo, preocupado.

Un par de semanas atrás encontró un viejo diario en una subasta donde solía ir a buscar entre los puestos de antigüedades. Gracias a sus contactos supo que su dueño fue un antiguo miembro de La Orden durante el siglo XIX. Un grupo que no le resultaba para nada desconocido.

Todo eso no habría quedado como una simple anécdota si su don no se hubiera vuelto loco al tocarlo. Sus poderes empáticos le regalaron una muy desagradable visión de todo lo que había allí escrito.

Un día después se tropezó con la primera víctima, mientras regresaba a casa tras realizar un recado en el banco. La chica había sido asesinada y su cuerpo colocado exactamente igual que había visto en su visión.

Y si hacía caso a lo que relataba el diario… Algo muy malo había llegado a la ciudad para quedarse.

― Me preocupa más lo que ha dicho Rolf sobre el asesino. — volvió a caminar, esa vez hacia una estantería al fondo de la tienda. ― Si hasta ellos mismos lo consideran un animal, ¿qué puede ser?

― Tengo una lista de una veintena de bichos sobrenaturales que han podido hacer algo así pero a veces es más simple, Aidan… Una persona. Los humanos podemos ser capaces de cosas más horribles que cualquier monstruo de cuento.

― ¿Crees que no hay nada sobrenatural en ese asunto?

― ¿Y tú? — Aidan dudó un segundo, antes de dirigirse de nuevo hacia la parte de atrás del local.

― ¿Recuerdas ese diario del que te hable? ¿El que encontré hace unas semanas en el mercadillo?

Publicado el Deja un comentario

Resumen semanal: del 12 al 16 de noviembre. : Resumen semanal: tercera semana de noviembre.

resumen

Resumen semanal: del 12 al 16 de noviembre.

resumen

Lunes.

Empezamos la semana con un post sobre tres de los personajes de mi novela Kamelot 2.0 y su relación entre ellos.

Arthur, Merlin y Uther.

Su relación es muy importante ya que es lo que provoca la novela y la leyenda artúrica.

¡No te lo pierdas!

 

Martes.

Sigo buscando…

 

Miércoles.

¡Último capítulo del relato Dioses y demonios!

Acabamos la historia o, más bien, le ponemos un punto y seguido, ya que sus personajes regresarán en un futuro no muy lejano.

¡Espero que te haya gustado este relato!

 

Jueves.

¡La fecha se va acercando!

Ya queda poco más de un mes para que Dagas de venganza esté aquí. Y para celebrar que ya falta poquísimo te regalo el primer capítulo.

¡Enterito para disfrutarlo!

Por cierto, ya tengo mi portada. ¡Hecha por David Orell y es preciosa! ¡Estoy deseando enseñártela y me va a costar la vida no hacerlo antes de tiempo!

Pero hay que esperar un poco aún. La próxima semana te la enseñaré.

 

Viernes.

¡Por fin se acabó la semana! Este finde lo tengo completito y espero que me quede tiempo para descansar algo.

¡Disfruta tu viernes y tu finde!

 

 

Publicado el Deja un comentario

¡En exclusiva! : Dagas de venganza: Primer capítulo

dagas de venganza

dagas de venganza

¡La hora se acerca!

En poco menos de un mes, Dagas de venganza estará en Amazon y en el blog para que puedas conseguirla. ¡Estoy deseando que la leas!

Pero, mientras esperamos, te dejo el primer capítulo para que le eches un ojo y lo disfrutes.

¡Espero que te guste!


 Capítulo 1

 

 

Escuchar el crujir de huesos y sentir el cráneo de ese tipo haciéndose añicos en su mano no le resultó tan satisfactorio como debería haber sido.

El sonido tendría que haber calmado su ira. Un poco, al menos.

Pero no. Nada de nada. Seguía notando la furia, quemándole por dentro.

Se sacudió la suciedad de las manos con gesto molesto. Una de las pocas ventajas de poder convertir en piedra a la gente era lo limpio que resultaba matarlas y poder convertirlas en polvo.

Sin sangre, sin cuerpo, sin pistas que la incriminaran… completamente limpio.

Una lástima que ese mismo polvo le produjera alergia. Estropeaba un poco su victoria.

Pateó lejos un cascote de piedra con forma de mano. No era ese el cadáver que deseaba.

No era esa la presa que buscaba. No era por quien había viajado miles de kilómetros abandonándolo todo y dejando atrás su hogar.

 

No fue ese el monstruo que desmembró a sus queridas hermanas al creer que eran ella.

No… quien había cometido semejante atrocidad y desatado su furia era otro. Un humano llamado Dolph Bauman, un cazador alemán que trabajaba para la facción europea de La Orden y que era, también, responsable de la muerte del último dragón, según contaban. Un experto en eliminar criaturas mágicas de gran poder.

Un fanático despiadado al que no le importaba acabar con vidas inocentes. Mientras pertenecieran a la comunidad, todo valía.

Poseía un largo currículum para alguien que no tenía más de treinta años. Sin embargo, parecía que sus habilidades venían de familia y había sido entrenado para exterminar bestias mágicas desde muy pequeño.

Pero eso se iba a acabar cuando le encontrara. Astrid pensaba encargarse de que terminara peor que todos los subordinados a los que había enviado contra ella. Él no tendría la suerte de acabar petrificado y aplastado, no. Eso era demasiado fácil. Tenía planes muy especiales y mucho más divertidos para ese monstruo.

Miró frustrada a su alrededor, escuchando la música y el ruido de los humanos mientras estos celebraban el Mardi Gras.

La calle principal estaba abarrotada de gente, bailando y participando en el desfile. Desde las carrozas lanzaban collares y flores a los viandantes mientras la banda de música tocaba algo de jazz ligero.

La música y la fiesta creaba un ambiente demasiado alegre y colorido para su amargo humor.

Había llegado a Nueva Orleans la noche anterior justo cuando empezaba su fiesta grande, algo que, por poco que le gustara, jugó a su favor.

Era una suerte ya que el ruido había ahogado toda la pelea. Todo el mundo estaba demasiado ocupado festejando como para notar algo.

Dos juerguistas tropezaron frente al callejón y vieron el jaleo desde la distancia, pero estaban muy borrachos y no le dieron importancia, así que regresaron a la fiesta.

Sus atacantes, por otra parte, no estaban tan distraídos ni borrachos.

Cuatro humanos de apariencia normal que no llamaban para nada la atención… o no habrían llamado su atención si hubieran olido a otra cosa que no fuera pólvora y no hubieran pasado media hora siguiéndola.

Los cuatro, armados con porras y cuchillos, intentaron emboscarla en ese callejón cuando creyeron, erróneamente, que ella no les había detectado.

Astrid se libró de ellos rápido. Mató a dos, dejó ko a otro mientras el cuarto consiguió huir, mezclándose entre la multitud. Seguidamente, se acercó al que aún seguía vivo e inconsciente y lo cogió del cuello de la chaqueta, levantándolo del suelo bruscamente, poniendo su cara a centímetros de la suya y lo sacudió para despertarlo.

Lo bueno de no ser humana era que su apariencia física engañaba a todos. Podía parecer una mujer delgada de poco más de metro setenta, pero su fuerza era muy superior a la de dos hombres el doble de grandes que ella. Mangonearlo era un juego de niños para ella.

 

—Dile a tu jefe que no va a conseguir detenerme —le siseó—. Voy a ir a por él y destruiré a todos los que envíe contra mí.

De pronto, escuchó un ruido, algo así como cuando te quedas sin aire y levantó rápidamente la mirada, esperando encontrarse con otro borracho. En su lugar vio a un policía mirándola paralizado desde la entrada del callejón.

Un chico joven de color, con uniforme de patrullero, probablemente novato y sin galones. La miraba, estupefacto con su pistola desenfundada y apuntando hacia ella. Le temblaban las manos y sus ojos marrones viajaban, asustados, de ella a los restos petrificados de los otros cazadores.

«¡Ups, que fallo!» exclamó en voz alta.

—¡No se mueva! —Astrid bufó, porque… ¿en serio? ¿Se encuentra con semejante escena y en vez de salir corriendo le da por ser el héroe e intentar detenerla? ¡Buena suerte con eso, niño!

Claro que esa interrupción significaban problemas para ella. Se le acababa de complicar la tarde y mucho. Una cosa era eliminar cazadores, que estaba autorizada a ello, y otra muy distinta, niñatos vestidos de uniforme que se creían superhéroes.

¿Qué iba a hacer ahora con él?

—¡Esto te viene grande, niño! —gritó, intentando asustarlo. Con suerte eso sería suficiente para librarse de él sin necesidad de matarlo. No quería matar a un inocente solo porque fuera estúpido—. Desaparece antes de que te hagas daño con ese juguetito que no sabes usar.

El policía frunció el ceño, estupefacto. Era un joven que aparentaba veintipocos, alto y de complexión delgada. El cabello corto y negro con un fino bigote sobre su boca, en la cual se dibujaba un rictus de incredulidad.

El sudor brillaba en su piel de ébano, delatando su nerviosismo y el miedo.

Como si no pudiera oler ya.

Astrid dejó caer al cazador, que soltó un quejido al chocar contra el suelo, y se giró, dándole la espalda al chico y a su pistola. No le preocupaba que fuera a disparar. Por cómo le temblaba la mano, no parecía que la usara a menudo.

¡No tenía tiempo para esto! Debía encontrar a su presa y no iba a hacerlo ahí. Prefería regresar a su motel, organizarse y trazar otro plan para obligarle a salir de su madriguera.

—¡He dicho que no se mueva! —gritó el chico.

Debía darle algo de crédito. Demostraba agallas, a pesar de estar muerto de miedo. Otro, en otras circunstancias, habría salido corriendo en dirección contraria gritando por refuerzos.

Astrid se giró de nuevo, quedando frente a él y se bajó ligeramente las gafas, dejando sus ojos al descubierto durante una décima de segundo, lo suficiente como para que la pistola se convirtiera en piedra.

Ese era un truco que había perfeccionado con los años. De niña, cuando sus poderes empezaban a aflorar, convertía todo en piedra sin control alguno. Ahora, podía calibrar la potencia de su poder y decidir qué parte deseaba petrificar.

Asustado, el policía dejó caer la ahora petrificada arma, que se hizo añicos al chocar contra el suelo. Durante un largo minuto, el chico se quedó helado mirando la pistola, luego a ella y de nuevo al trozo de piedra que momentos antes era su arma reglamentaria. Parecía haber entrado en un bucle. Resultaba casi cómico.

Casi.

—¿Qué demonios…?

—Te lo he dicho. Esto te viene grande —le repitió, con tono aburrido—. Lárgate antes de que tenga que hacerte daño.

Por el rabillo del ojo vio al cazador que quedaba vivo sacar otro cuchillo y saltar para atacarla. Los había que eran más tontos de lo que aparentaban.

Antes de que pudiera ser considerado una amenaza, ella le esquivó y golpeó, haciéndole caer. Sin darle tiempo a reaccionar, Astrid volvió a cogerlo de la chaqueta, obligándole a mirarla.

—Podías haberte quedado quieto y hubieras salido vivo… —gruñó, molesta—. Ahora tendré que enviar mi mensaje a través de otro. No tienes idea de lo inconveniente que me resulta matarte.

Con esas palabras, Astrid se quitó las gafas y sus ojos brillaron de manera extraña, cambiando de color. El cazador gritó mientras se convertía en piedra despacio, empezando por los pies y subiendo, dejando su cabeza para el final.

No merecía una muerte rápida.

Astrid hizo un ruido despectivo y lanzó el cuerpo contra la pared. Este estalló en pedazos, rebotando por todo el callejón.

El policía seguía en el mismo sitio, con una mano tapando su boca, los ojos desorbitados y una expresión de horror en su joven rostro.

—¿Qué eres? —consiguió balbucear.

Astrid suspiró, enfurruñada. Su plan de enviar un mensaje a Dolph a través de sus matones acababa de estallar, literalmente. Tendría que idear otra cosa o esperar a que volvieran a atacarla.

Ninguna de las opciones le entusiasmaba, la verdad.

—Nada que puedas comprender. Vuelve a tu comisaría y no le cuentes nada de esto a nadie. No te creerán, niñato. —le gruñó amenazante antes de salir del callejón, desapareciendo entre la multitud que seguía celebrando su gran fiesta, ajenos a esas sobrenaturales muertes.

Antes de perderlo de vista, lo vio sentado en el suelo.


¿Te ha gustado? ¡Pronto llegará la novela completa!

 

Publicado el Deja un comentario

Los personajes de Kamelot 2.0: Kamelot 2.0: la relación entre Arthur, Merlin y Uther

kamelot

Kamelot 2.0: la relación entre Arthur, Merlin y Uther.

kamelot

Cuando pienso en mi Kamelot 2.0, me viene a la cabeza siempre Arthur, Merlin y su relación entre ellos y Uther.

Además de ser una novela sobre fantasía urbana y parte de un universo más complejo de lo que parece, es también una historia sobre relaciones, confianza y aceptar tu lugar.

Y la principal relación que se trata es la de Arthur y Merlin con Uther.

Uther es la razón por la que esos dos existen y trabajan juntos. Tanto en el universo de mi novela como en la leyenda artúrica.

En la leyenda artúrica Uther pide a Merlin ayuda para seducir a la dama Igraine, librándose de su esposo y concibiendo a Arthur. El niño sería criado lejos de Uther, el cual se volvería loco y acabaría siendo el único heredero real de la corona de Inglaterra y de Excalibur.

En mi universo, Uther tendría sueños con su yo del pasado, quien le va indicando donde encontrar, primero a Excalibur y luego a Merlin. Todo para proteger a Arthur, el cual todavía era un bebe.

Uther, en una visión tras encontrar Excalibur, vería dónde y cómo conocería a Merlin, a quien acogería (aún era un adolescente cuando hizo el pacto con la Dama y no ha envejecido nada. No lo hará hasta que esté en Kamelot con Uther y su familia.)

Merlin acabaría viviendo con Uther y su familia, convirtiéndose en su sombra y su mano derecha en todo lo relacionado con los negocios y con Excalibur. Sería idea de Merlin contratar a la Dama, a Gawain… buscó uno a uno a todos los caballeros reencarnados para reunirlos de nuevo con su rey.

Reuniendo de nuevo lo que una vez fue su familia.

Arthur se vio forzado a tener un hermano, un protector que no deseaba pero que tenia impuesto. Y un destino del que quería huir a toda costa.

¡Oh, el destino de mi pobre Arthur!

Huye de ese camino que le han trazado una y otra vez… pero no puede escapar. Cada paso que da le lleva de vuelta a Kamelot y a Excalibur.

Merlin lo sabe y no quiere obligarle, pero el intento de Morgan de vender la empresa a su mayor rival le obliga a traer a Arthur de vuelta.

Y todo lo que ocurre después… ya es historia.

¿Quieres saber que pasa?

¡Ven a leerlo en Kamelot 2.0!

Publicado el Deja un comentario

Resumen semanal: del 29 de octubre al 2 de noviembre. : Resumen semanal: primera semana de noviembre.

resumen

Resumen semanal: del 29 de octubre al 2 de noviembre.

resumen

Lunes.

Empezamos la semana con un post sobre los personajes de mi novela El juego de Schrödinger. En realidad, debería decir personaje en singular. Hay más, claro pero si los nombro destripo media novela XD Así que solo te hablo de su protagonista, Will Moore.

Will es muy majo, estoy segura de que te va a gustar.

 

Martes.

Pues no, aun no he encontrado algo que pueda poner los martes. ¿Sugerencias?

 

Miércoles.

¡Nuevo capitulo del relato Dioses y demonios!

Zeus usa sus influencias para tratar de razonar con el demonio y Finn tiene una conferencia internacional.

Se nos va acabando el relato y no sé que voy a poner luego…

 

Jueves.

¡Y nuevo post sobre mi nueva novela Dagas de venganza!

La cual también se acerca. ¡Ya queda menos de dos meses!

Esta semana te cuento la sinopsis extendida de la novela.

¿A que mola?

 

Viernes.

¡Por fin es viernes! Vamos a descansar un poquito y a organizar la semana que viene.

¡Feliz finde!

 

 

Publicado el 1 comentario

Criaturas mitológicas: Sirenas: cánticos malditos.

sirenas

Sirenas: cánticos malditos.

sirenas

Los marineros, tras sus viajes, contaban las historias de sus travesías en el mar. Y, en esas historias, casi siempre aparecían sirenas.

Las sirenas, esas criaturas mitad humanas, mitad pez, con voces hipnotizadoras y de gran belleza.

O eso decían ellos XD

Habría que mirar que gusto podían tener un grupo de marineros después de años sin pisar apenas tierra firme y sin mujeres a la vista…

Este año se ha estrenado una serie sobre sirenas que pinta bien. Sirens. Ya hay una temporada acabada y otra confirmada para el año que viene. La tengo pendiente de ver. En la enorme y eterna lista de series pendientes de ver… aish.

En fin, a lo que iba. Sirenas. Criaturas mitológicas, etc etc…

Las sirenas hipnotizaban a los marineros con sus canticos para hacerles desviar el barco y llevaros a zonas con arrecifes para hacerlos hundir. Así, después, los devoraban.

Chicas listas.

Habitualmente, se habla de sirenas, en femenino. Pero no eran una raza como las amazonas. Ellas tenían también sus compañeros masculinos, pero es que decir sireno suena raro… o los marineros no querían confesar que también había sirenos… vete a saber.

¿Cómo seria una sirena en la actualidad? ¿Serian como en esta serie?

O, tal vez, fueran algo más normal. Con capacidad de poder entrar y salir del mar a su antojo, pero con la necesidad de él cada cierto tiempo para no enfermar o morir.

Con poder de embaucar a quien quisieran solo con su voz.

¿No serian criaturas maravillosas y, a la vez, terribles?

¿Y quien dice que no existen ya?

Hay ocasiones en las que ves a personas en una posición a la que no tienes ni idea de como han llegado ahí… ¿y si fueran sirenas?

Para más cositas sobre criaturas, ven a leer mis novelas.

Publicado el Deja un comentario

Resumen semanal: del 8 al 12 de octubre. : Resumen semanal: segunda semana de octubre

resumen

Resumen semanal: del 8 al 12 de octubre.

resumen

Lunes.

El post de esta semana está dedicado a DC comics y su éxito en la cadena CW con sus series. Adoro Arrow, Flash, Supergirl y todas las demás. ¿Y tú?

 

Martes.

Un día encontraré que poner los martes…

 

Miércoles.

¡Nuevo capítulo de Dioses y demonios! Hoy Zeus y Finn tienen su primera cita. ¿Cómo les irá? ¡Ven a averiguarlo!

 

Jueves.

En este post semanal para promocionar mi nueva novela Dagas de venganza te cuento sobre Astrid, su protagonista. ¡Ven a conocerla!

 

Viernes.

¡Por fin llega el finde! ¡Disfrutad de la fiesta, quien no curre!

 

 

Publicado el Deja un comentario

Dagas de venganza: ¿De qué va mi novela? : Dagas de venganza: Mini relato para ponernos en situación

dagas

Dagas de venganza: mini relato.

dagas

Tendría que haber hecho caso a su mama.

Siempre le repetía que no llegara tarde, que no se entretuviera por el camino… que regresara directamente a casa cuando fuera a casa de sus tíos, unas calles más arriba.

Pero, no.

Haciendo caso omiso a su mama, decidió salir, porque era muy importante ver primero el nuevo video juego que se había comprado su primo Charlie.

Y ahora no sabía si la volvería a ver, porque ese monstruo que le perseguía no iba a dejarle escapar.

¿Qué podía querer de él?

¿Sería uno de esos tipos que secuestraban niños para venderlos, como los que salían en las noticias?

Cuando le habló, André notó el acento raro que tenía. No era como el de su madre, suave francés. No, este era más tosco, marcando mucho las erres.

Un acento feo.

El tipo había aparecido de la nada, justo al doblar la esquina de la casa de Charlie, cuando salía rumbo al barrio francés, donde vivía.

No sabía que quería, ni por qué razón le perseguía…

Tuvo mucha suerte que no le pillara en el primer intento, pero el tipo parecía estar disfrutando de la persecución. Llevaba corriendo los últimos quince minutos y ya empezaba a cansarse, pero el tipo no había dejado de sonreír en todo momento.

Lamentablemente, su perseguidor le había forzado a alejarse de su barrio, haciéndole ir por sitios abandonados y poco transitados.

No había a quien pedir ayuda.

Temblando de miedo y estrés, consiguió darle esquinazo, entrando a un callejón y escondiéndose tras un contenedor de basuras, rezando para que ese tipo pasara de largo.

No tuvo tanta suerte.

Pocos segundos después, le oyó entrar caminando despacio al callejón.

–  ¡Sé que estas aquí, pajarito! – gritó con tono cantarín el tipo.

El chico se tapó la boca con la mano para amortiguar el sonido de su respiración. Resonaba en sus oídos, junto al latido desbocado de su corazón, tan fuerte que estaba seguro de que el tipo lo escuchaba perfectamente.

–  ¡Sal, pequeño! ¡No voy a hacerte daño!

André podía tener solo seis años, pero sabía perfectamente que ese tipo le estaba mintiendo descaradamente.

El tipo soltó un bufido de molestia y pareció desistir, dando media vuelta y saliendo del callejón. André se limpió los ojos de lágrimas y esperó un minuto, antes de abandonar su escondite tras el contenedor.

¡Quería estar con su mama!

Se asomó con cuidado y suspiró aliviado al comprobar que el tipo había desaparecido de la vista. Miró a su alrededor e intentó orientarse.

Nunca se había alejado tanto de casa. Asustado, buscó alguna referencia, algo conocido que le llevara de vuelta a su hogar, alguien a quien pedir ayuda.

Unos pocos metros más allá, había tres hombres hablando y tomando café. Parecían obreros de construcción, con sus cascos amarillos, cinturones llenos de herramientas y botas de trabajo. Podía pedirles ayuda para volver a casa, explicarles que había ocurrido y que llamaran a la policía.

¡Como en las películas!

Empezó a andar hacia ellos.

Tres pasos después, apareció en mitad del camino el tipo de antes, con esa expresión que daba miedo y la sonrisa de malo de película.

–  ¡Se acabó el juego, pajarito!

–  ¡Quiero ir con mi mama! – lloró André. El tipo no parecía nada conmovido, más bien fastidiado por su lloriqueo.

–  Si, ya… Me temo que eso no es una opción, niño.

Antes de que pudiera gritar, pidiendo ayuda a los obreros que había visto antes y que se encontraban a pocos pasos de ellos, el tipo le cogió de la cintura, levantándolo del suelo sin ningún esfuerzo y le tapo la boca con la mano, ahogando sus gritos.

Inmediatamente, un coche paró, quemando neumático, a su lado y el tipo y él entraron en los asientos de atrás, antes de que el coche arrancara de nuevo, derrapando a toda velocidad.

–  Eres afortunado de que te necesitamos vivo para lo que te queremos… si no habrías muerto un segundo después de haber empezado a correr.

¡Recuerda que Dagas de venganza saldrá a la venta el 20 de diciembre!

¡Espero que te haya gustado este mini relato para ir poniendo en situación!

 

Publicado el Deja un comentario

Resumen semanal: del 24 al 28 de septiembre.: Resumen semanal: tercera semana de septiembre

resumen

Resumen semanal: del 24 al 28 de septiembre.

resumen

Lunes.

En el post de esta semana te hablo de Nueva Orleans, de sus beignets y del maravilloso escenario que ha sido y es para mí última novela.

 

Martes.

Sigo buscando que poner los martes… a ver si me aclaro de una vez y planeo algo chulo.

 

Miércoles.

¡Nuevo capitulo del relato Dioses y demonios! Zeus y Finn van a dar una vuelta. ¡A ver cómo se lo pasan!

 

Jueves.

Y en el post semanal sobre curiosidades de mi nueva novela te cuento sobre Nueva Orleans (si, otra vez) y de las razones por las que escogí esa ciudad como escenario para la historia.

 

Viernes.

¡Por fin es viernes! ¡Feliz finde!

Publicado el Deja un comentario

¿De qué va mi nueva novela? Personajes.: Dagas de venganza: personajes.

dagas

Dagas de venganza: Personajes.

dagas

Como ya te avisé mi nueva novela saldrá a la venta en Amazon el 20 de diciembre.

O sea, dentro de nada.

¡Nervios!

Mientras, te estoy contando y poniendo al día en modo maruja on sobre su trama y demás cotilleos interesantes.

Esta semana toca hablarte algo de los personajes principales.

Tenemos tres: Astrid, Alec y Dolph.

dagas

Astrid Samaras es una gorgona. Desciende de la misma Medusa. Pero ella, al contrario que su antepasada, no nació en Grecia. Astrid nació en Irlanda, adonde su madre se mudó cuando se casó con un irlandés del que se enamoró a primera vista.

Su aspecto real es el de una criatura con forma humana, piel verdosa y con escamas, ojos rasgados y la cabeza cubierta de serpientes. Sus ojos pueden convertir en piedra lo que quieran, ya que funciona a voluntad. Aun así, habitualmente suele llevar gafas oscuras especiales que bloquean su poder, por si un día se le descontrola.

Ha vivido siempre en Irlanda, criada junto a sus dos hermanas pequeñas entre la campiña irlandesa, los caballos de su padre y el mal clima del país. Ha salido de su país de nacimiento en dos ocasiones: la primera para comprobar que unos amigos de su madre se encontraban bien, ya que no daban señales de vida. La segunda, persiguiendo al asesino que La Orden envió para eliminar a su familia y a ella.

Ahora se encuentra en Nueva Orleans, tras la pista de ese asesino buscando venganza para su familia y algo de paz para ella misma.

Astrid es una chica muy peculiar. Es muy fan del cine, sobre todo del ciencia ficción y la animación, así que es muy normal escucharla usar referencias cinéfilas en sus conversaciones. También es alguien muy impulsivo y tiene una fuerte moral que le obliga a ayudar a los demás, a pesar de que preferiría no hacerlo.

Y, por eso, acaba metida en este lio.

Por otro lado, tenemos a Alec Patterson. Alec es policía en Nueva Orleans. Patrullero raso que acaba de empezar en esa comisaria, para más señas. Pero está estudiando y practicando para detective, a lo que aspira en un futuro no muy lejano.

dagas

Alec se hizo policía después de ver como su padre (también policía) y los servicios de emergencia se mataban intentando rescatar a la gente durante y después del Katrina. Aquello lo dejó tan marcado que no podía imaginarse siendo algo distinto.

Su padre también le influyó a la hora de creer en la justicia y en hacer lo correcto.

Es un chico majo pero, a veces, algo inseguro. Es algo cuadriculado y trata siempre de seguir las reglas. Y no cree para nada en cosas extrañas como magia, lo sobrenatural o los extraterrestres. Lo considera absolutamente ridículo.

Y acaba juntándose con la persona más inesperada.

Y, luego, tenemos a Dolph Bauman.

dagas

Dolph es un asesino a sueldo que lleva años en la Legión de Iscariote. La Legión es una rama oculta perteneciente al Vaticano y se encargan de eliminar lo que molesta. Sea lo que sea.

La Legión de Iscariote hizo un pacto con La Orden (el Tratado escoces) un par de siglos atrás y ahora trabajan juntos. A veces, incluso, se prestan personal.

Y ese es el caso de Dolph en ese momento. Está llevando a cabo un problemático trabajo para La Orden cedido por la Legión.

Dolph es un sociópata bastante peligroso y con una adicción malsana por matar y hacer daño, sobre todo si es sobrenatural.

Y es muy inestable. Puede pasar de estar tranquilo y relajado a colérico en una decima de segundo. Y esos arranques de furia suelen acabar con la muerte de alguien. Sin importar si es amigo o enemigo.

Sus armas favoritas son unos grandes cuchillos que lleva en la cintura, pero es capaz de usar casi cualquier arma que exista.

Y estos son los personajes principales. Hay más, por supuesto. Y un par de cameos que no he podido resistir incluir y que espero que te gusten.

La semana que viene te enseñaré mi otra ciudad fetiche y escenario principal de esta historia, Nueva Orleans.

¡Y recuerda que Dagas de venganza se estrenará el 20 de diciembre de este año!

Mientras, puedes disfrutar de mis otras novelas aquí.