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Resumen semanal: del 15 al 19 de octubre: Resumen semanal: tercera semana de octubre.

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Resumen semanal: del 15 al 19 de octubre.

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Lunes.

En el post de esta semana te hablo de mi criatura mitológica favorita: el lobo.

Criaturas fascinantes a las que se le puede sacar más partido del que se le ha sacado por ahora. ¿Te gustan también?

 

Martes.

Sigo sin saber que hacer lo martes, en serio.

¿Sugerencias?

 

Miércoles.

¡Nuevo capítulo de Dioses y demonios!

Esta semana Zeus tiene una conversación muy didáctica y Finn hace descubrimientos nada divertidos para él.

 

Jueves.

Esta semana, en el post sobre mi nueva novela Dagas de venganza, te hablo sobre el otro protagonista de la historia.

Alec.

¡Ven a conocerlo!

 

Viernes.

¡Y por fin llegó! ¡Feliz finde a todos!

 

 

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Resumen semanal: del 8 al 12 de octubre. : Resumen semanal: segunda semana de octubre

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Resumen semanal: del 8 al 12 de octubre.

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Lunes.

El post de esta semana está dedicado a DC comics y su éxito en la cadena CW con sus series. Adoro Arrow, Flash, Supergirl y todas las demás. ¿Y tú?

 

Martes.

Un día encontraré que poner los martes…

 

Miércoles.

¡Nuevo capítulo de Dioses y demonios! Hoy Zeus y Finn tienen su primera cita. ¿Cómo les irá? ¡Ven a averiguarlo!

 

Jueves.

En este post semanal para promocionar mi nueva novela Dagas de venganza te cuento sobre Astrid, su protagonista. ¡Ven a conocerla!

 

Viernes.

¡Por fin llega el finde! ¡Disfrutad de la fiesta, quien no curre!

 

 

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Dagas de venganza: ¿De qué va mi novela? : Dagas de venganza: Mini relato para ponernos en situación

dagas

Dagas de venganza: mini relato.

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Tendría que haber hecho caso a su mama.

Siempre le repetía que no llegara tarde, que no se entretuviera por el camino… que regresara directamente a casa cuando fuera a casa de sus tíos, unas calles más arriba.

Pero, no.

Haciendo caso omiso a su mama, decidió salir, porque era muy importante ver primero el nuevo video juego que se había comprado su primo Charlie.

Y ahora no sabía si la volvería a ver, porque ese monstruo que le perseguía no iba a dejarle escapar.

¿Qué podía querer de él?

¿Sería uno de esos tipos que secuestraban niños para venderlos, como los que salían en las noticias?

Cuando le habló, André notó el acento raro que tenía. No era como el de su madre, suave francés. No, este era más tosco, marcando mucho las erres.

Un acento feo.

El tipo había aparecido de la nada, justo al doblar la esquina de la casa de Charlie, cuando salía rumbo al barrio francés, donde vivía.

No sabía que quería, ni por qué razón le perseguía…

Tuvo mucha suerte que no le pillara en el primer intento, pero el tipo parecía estar disfrutando de la persecución. Llevaba corriendo los últimos quince minutos y ya empezaba a cansarse, pero el tipo no había dejado de sonreír en todo momento.

Lamentablemente, su perseguidor le había forzado a alejarse de su barrio, haciéndole ir por sitios abandonados y poco transitados.

No había a quien pedir ayuda.

Temblando de miedo y estrés, consiguió darle esquinazo, entrando a un callejón y escondiéndose tras un contenedor de basuras, rezando para que ese tipo pasara de largo.

No tuvo tanta suerte.

Pocos segundos después, le oyó entrar caminando despacio al callejón.

–  ¡Sé que estas aquí, pajarito! – gritó con tono cantarín el tipo.

El chico se tapó la boca con la mano para amortiguar el sonido de su respiración. Resonaba en sus oídos, junto al latido desbocado de su corazón, tan fuerte que estaba seguro de que el tipo lo escuchaba perfectamente.

–  ¡Sal, pequeño! ¡No voy a hacerte daño!

André podía tener solo seis años, pero sabía perfectamente que ese tipo le estaba mintiendo descaradamente.

El tipo soltó un bufido de molestia y pareció desistir, dando media vuelta y saliendo del callejón. André se limpió los ojos de lágrimas y esperó un minuto, antes de abandonar su escondite tras el contenedor.

¡Quería estar con su mama!

Se asomó con cuidado y suspiró aliviado al comprobar que el tipo había desaparecido de la vista. Miró a su alrededor e intentó orientarse.

Nunca se había alejado tanto de casa. Asustado, buscó alguna referencia, algo conocido que le llevara de vuelta a su hogar, alguien a quien pedir ayuda.

Unos pocos metros más allá, había tres hombres hablando y tomando café. Parecían obreros de construcción, con sus cascos amarillos, cinturones llenos de herramientas y botas de trabajo. Podía pedirles ayuda para volver a casa, explicarles que había ocurrido y que llamaran a la policía.

¡Como en las películas!

Empezó a andar hacia ellos.

Tres pasos después, apareció en mitad del camino el tipo de antes, con esa expresión que daba miedo y la sonrisa de malo de película.

–  ¡Se acabó el juego, pajarito!

–  ¡Quiero ir con mi mama! – lloró André. El tipo no parecía nada conmovido, más bien fastidiado por su lloriqueo.

–  Si, ya… Me temo que eso no es una opción, niño.

Antes de que pudiera gritar, pidiendo ayuda a los obreros que había visto antes y que se encontraban a pocos pasos de ellos, el tipo le cogió de la cintura, levantándolo del suelo sin ningún esfuerzo y le tapo la boca con la mano, ahogando sus gritos.

Inmediatamente, un coche paró, quemando neumático, a su lado y el tipo y él entraron en los asientos de atrás, antes de que el coche arrancara de nuevo, derrapando a toda velocidad.

–  Eres afortunado de que te necesitamos vivo para lo que te queremos… si no habrías muerto un segundo después de haber empezado a correr.

¡Recuerda que Dagas de venganza saldrá a la venta el 20 de diciembre!

¡Espero que te haya gustado este mini relato para ir poniendo en situación!

 

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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 5

dioses demonios

Relato: Dioses y demonios. Capítulo 5.

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–  ¿Has puesto a un demonio a cuidar de papa? ¿Estás loco?

Dioniso se encogió a causa de los gritos de Atenea. No entendía por qué su hermana armaba semejante escándalo.

–  No es un demonio… exactamente…

–  ¡Eso no lo mejora, D!

–  El chico es el recipiente de un demonio… toda su familia lo ha sido y será, ya que fueron creados para ello. Pero es un humano normal. No tiene ningún poder.

–  Hasta que le posea ese demonio.

–  ¡Eso no va a ocurrir! Ese demonio lleva siglos atrapado y sellado.

Atenea se frotó las sienes, frustrada. ¿Por qué su familia tenía esa mala costumbre de hacer chapuzas y sin consultarlas con ella?

¿Es que era la única inteligente de esa familia o qué?

– Más te vale que así sea. ¿Sabe papa lo que es?

–  Papa no me ha dirigido la palabra desde que llegó, así que no… no lo sabe. Y el chico tampoco. No tiene ni idea de su herencia y no es mi lugar comunicárselo.

–  ¿Y en qué pensabas cuando se te ocurrió contratarlo? ¡Es una bomba de relojería!

–  Es mono y atrae muchos clientes…

–  De verdad, D… estoy segura de que te diste un golpe en la cabeza al nacer y nadie te lo dijo. ¡Lo tuyo no es normal!

Dioniso gruñó, molesto. ¡Hasta ahí podíamos llegar! ¡Insultos, no!

–  Mira, no fue mi brillante idea la de sacar a papa del Olimpo y lanzarlo aquí prácticamente sin poderes.

–  ¡Tú no lo escuchaste! ¡Estaba planeando volver a dominar la Tierra!

–  ¡No tiene poder para eso!

–  ¡Eso no lo sabes seguro! Mira, no podía arriesgarme, ¿vale? Esta aburrido. Tu idea de ponerle una niñera no era mala, pero ¿tenía que ser un demonio?

–  Es un tío confiable. Y muy majo. Si le conocieras no hablarías tan mal de él.

–  Mientras no la líe…

Mientras, Zeus tenía planes… no para dominar el mundo. No en esta ocasión, pero si para poder pasar un rato más interesante y agradable con cierto camarero.

Lo había estado pensando durante los últimos días.

Mucho.

Y sus hijos tenían razón. Si debía estar ahí atrapado, ¿por qué no disfrutar de lo que le ofrecían?

Tras el paseo por Nueva York, acompañado por el chico empezó a considerar la idea de disfrutar un poco más de su compañía.

¿Por qué no?

Su antiguo yo le habría secuestrado desde el primer momento en que le vio.

Ahora no podía hacer eso. Principalmente, porque no tenía sus poderes.

Pero podía invitarle a tomar algo.

¿Qué era lo peor que podía pasar?

Decidido, bajó al bar para buscar al objeto de su deseo. No tardó en encontrarlo, ya que estaba reponiendo el bar con dos de sus compañeros.

Uno de ellos era un chico pelirrojo, con barba. Un canadiense que vibraba de energía mal contenida y no paraba de hablar. El otro, un tipo algo más bajo y corpulento que ellos, era castaño y con barba también, pero su aura era la de alguien que no malgastaba las palabras. Dos tipos muy interesantes, pero no quien él venía a buscar.

–  ¡Ey, Finn! – el chico le sonrió ampliamente. Eso era una buena señal.

–  ¡Ey!

–  Me preguntaba si… ¿estás muy ocupado? Puedo volver después.

–  No… no… solo estamos reponiendo esto. Ya casi hemos acabado. Dime.

Zeus se vio observado por tres pares de ojos expectantes. Eso era más presión y atención de la que había esperado en un principio…

–  Me preguntaba si… o sea… si tal vez… ¿quisieras ir a tomar algo? ¿Conmigo?

–  ¡Claro! ¿Por qué no iba a querer? ¡Como el otro día! – sus amigos rieron, el moreno dándole un manotazo en la nuca.

–  ¡Está pidiéndote una cita, memo!

–  Uh… ¿Sí?

–  ¿Sí? – la sonrisa de Finn se hizo más tímida.

–  Estaría muy bien, sí. Pero hoy trabajo toda la noche.

–  ¿Te apetecería desayunar, cuando acabes?

–  Sería estupendo.

Ir al capítulo anterior.

 

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Universo Comunidad Mágica Vs La Orden: La Orden: ¿protectores o asesinos?

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La Orden. ¿Protectores o asesinos?

Orden

La Orden es una organización milenaria que se dedica a proteger el mundo de lo sobrenatural.

Esa fue la idea original. Las cosas cambian y su cúpula, también.

La Orden son descendientes directos de los Templarios. Cuando estos estaban por desaparecer, tras su persecución tras las Cruzadas, una facción más radical decidió seguir por su cuenta.

Eran muchas las cosas que vieron, de las que fueron testigos en esas batallas. Magia, hechiceros, criaturas sobrenaturales…

Y decidieron que era hora de que alguien protegiera a los humanos de esos “peligros”.

Durante siglos, estuvieron en una guerra abierta contra toda criatura sobrenatural.

Pero fue en pleno siglo XIX cuando empezaron a radicalizarse aun más. Hasta ese momento, su único fin era proteger.

Ahora querían el exterminio de todo lo que no fuera humano. Iban a erradicar la magia del planeta.

Pero no podían hacer algo así de grande en un día.

Dado que su cúpula directiva pertenecía a las mas grandes familias del mundo, empezaron con un plan a largo plazo infiltrando miembros de la organización en todos los puestos relevantes de los gobiernos del mundo entero.

Empezaron a usar a cazadores como cabezas de turco. Gente sin recursos y sin familias a los que la desgracia les había golpeado.

Perfectos para los trabajos más sucios y peligrosos.

En la actualidad, se conoce que poseen quince bases principales repartidas por todo el mundo desde las que dirigen todas sus operaciones importantes.

Pero han perdido el propósito inicial. Quieren controlar el mundo y lo hacen atacando a la Comunidad Mágica, que representa un 45% de la población. Sus ataques han llegado a afectar a los humanos y la Comunidad se ha visto obligada a unirse y hacer alianzas para defenderse de esos ataques.

La Orden tiene nuevos planes para conseguir sus fines de acabar con todo lo mágico. ¿Lo conseguirán?

Recuerda que puedes conseguir mis novelas aquí.

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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato Dioses y demonios. Capítulo 4.

dioses demonios

Relato: Dioses y demonios. Capítulo 4.

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–  Oye, Finn…

Finn se detuvo al oír su nombre y vio a su jefe haciéndole gestos para que se acercara. Dejó las botellas que llevaba sobre la barra y se acercó. No era muy habitual que Dioniso se dirigiera personalmente a los camareros pero, en los últimos días, parecía que hubiera descubierto su existencia.

Y todo a causa de Zeus.

Desde que el chico apareciera allí con el misterioso hombre, Dioniso le había llamado para interrogarle sobre cómo se encontraron y que había pasado. Ya había contado la historia tres veces. Esperaba que no tuviera que repetirla una vez más.

Todo resultaba bastante extraño. No había vuelto a ver a Zeus y su jefe parecía extraordinariamente nervioso e irascible desde que llegó al club.

–  Dígame, jefe.

–  Tengo un trabajo para ti.

–  Creía que ya trabajaba para usted. — repuso el chico con algo de sorna.

–  Ya, ya… no me refiero a servir copas. Veras, estoy un poco preocupado por mi… amigo.

–  El tipo del otro día.

–  Me gustaría que te ocuparas de él.

–  No soy una niñera, ni una prostituta. — contestó a la defensiva.

Por desgracia, su aspecto hacía creer a más de uno que tenían derecho a usarle. Daba igual cuanta musculatura hubiera ganado en los últimos años, cuanto peso pudiera levantar o a cuantos pudiera vencer en una pelea… su rostro seguía siendo excesivamente infantil y daba lugar a malentendidos.

Dioniso levantó las manos en son de paz y le dirigió una mirada de disculpa.

–  Vale, ha sonado bastante mal. Lo siento. No quiero que hagas de niñera. Ni tampoco lo otro. — le hizo un gesto para que se sentara en la silla frente a su escritorio. — Pero el otro día parecía que os llevabais bien y, créeme, no es una persona fácil de tratar. Es insoportable, por decir poco. Tienes muy buena mano con la gente y, a lo mejor, consigues averiguar qué le pasa y que salga. No es que me moleste que se quede en el apartamento pero esto no va a llevar a nada bueno. Lo sé.

–  Si lo conoce tan bien, ¿por qué no va usted?

–  Ya he intentado hablar con él y me ha tirado una tostadora… — Dioniso dio un largo suspiro. — Considéralo como un trabajo opcional. Te pagaré igual que cuando sirves aquí. Te pagaré el doble. Yo podré respirar tranquilo sabiendo que no va a prenderle fuego al edificio o algo por el estilo.

Finn decidió ceder. Era la primera vez que le pedían algo así pero… no le vendría mal el dinero extra. ¿Qué era lo peor que podía pasar?

–  Voy a intentarlo. Pero si no me abre la puerta, volveré a mi turno normal y me va a pagar esta semana doble.

–  ¡Hecho!

Finn suspiró, preguntándose qué clase de historia tenían esos dos. Dioniso parecía atemorizado con la idea de tratar con Zeus. Se suponía que eran amigos… ¿verdad? ¿Por qué entonces se llevaban tan mal?

¿Y por qué decía que era insoportable? Le había parecido un tío de lo más normal. Llegó a la tercera planta y se paró frente a la puerta de la derecha, donde le habían indicado que estaba alojándose Zeus.

En el pasillo pudo ver lo que eran los restos de una tostadora. Vaya… al parecer Dioniso no exageró con eso, pensó riendo por lo bajo al imaginarse la escena.

Llamó a la puerta y esperó… y esperó… y esperó…

Volvió a llamar más fuerte. Tres veces seguidas. Al minuto, un muy despeinado y sucio Zeus abrió, con aspecto de acabar de levantarse de la cama y de muy malas pulgas.

Llevaba unos pantalones de pijama arrugados, no se había afeitado ni peinado ni… ni bañado desde que llegó si hacía caso al olor ocre que le llegó a su nariz.

¡Agh!

–  Hola. — saludó, dando un paso atrás por el olor. ¡Dios, olía a cerrado y a sudor!

–  Creí que era Dioniso…

–  D pensó que conmigo no tirarías más tostadoras. — Finn sonrió suavemente. — ¿Puedo pasar?

–  ¿Para qué?

–  Para hablar… y abrir una ventana… — gruñó, empujando a Zeus a un lado y entrando al apartamento. Dentro olía peor. — ¡Tío! ¿Qué has hecho? ¿Matar a alguien y dejar que se pudra dentro? ¡Apesta!

Zeus vio impotente como el chico entraba y abría las persianas y ventanas, dejando entrar la luz y el aire fresco.

¿Es que no le podían dejar deprimirse en paz?

Solo quería estar solo, ya que sus hijos habían decidido sin consultarle lo de dejarle tirado en la Tierra sin poderes.

–  D dice que llevas cuatro días sin salir. ¿Por qué? — le preguntó, cuando acabó de abrir las ventanas y el olor había casi desaparecido. — Pensaba que estarías de turismo o algo así.

–  No tengo a donde ir. Ni a quien ver.

La afirmación fue hecha con tal tono apesadumbrado que llamó la atención del muchacho. Tal vez no fuera mala idea sacar al tipo de ahí antes de que acabara deprimido del todo.

–  Una pregunta estúpida… ¿para qué viniste si no tienes a quien visitar?

–  No fue idea mía. Yo estaba muy bien en mi casa, tranquilo. Pero mi… hija decidió que era muy buena idea traerme aquí y dejarme en la puerta de Dioniso… y no puedo regresar a mi casa hasta que ella lo diga.

–  ¿Por qué?

–  Er… están fumigando…

–  No me extraña… igualmente, deberías considerar esto como unas vacaciones y disfrutarlas.

–  Eso mismo dijo Dioniso.

–  Las mentes brillantes piensan igual. Ve y dúchate… vístete y haz turismo

–  No.

–  Lo voy a poner de otra manera. Iremos a hacer turismo. Nada mejor que un irlandés para enseñarte Brooklyn.

Resultó que el paseo no fue nada aburrido para ambas partes. Finn disfrutó más de lo que había pensado enseñando la ciudad al otro hombre, quien después de librarse de ese amargo humor llegó a ser una grata compañía.

Zeus era un tipo raro. Se expresaba de manera anticuada y muy correcta, rara vez soltaba una mala palabra y hacia afirmaciones de lo más extravagantes. Pero tenía un buen sentido del humor, algo negro y respuestas rápidas y mordaces para casi todo.

A Finn no le había pasado desapercibido lo atractivo que era. Zeus tenía casi todo su cabello gris, pero no debía tener más de cuarenta y cinco. Eso ya implicaba que le llevaba veinte años y, aunque, por norma, no solía fijarse en alguien tan mayor, no pudo evitarlo. Resultaba muy atractivo con esos ojos celestes y la sonrisa de medio lado que no prodigaba demasiado. Y lo había visto sin camiseta. Puede que no estuviera tan marcado como él, pero tenía poco que envidiarle.

Así que, si su jefe le iba a pagar por salir de paseo con un tipo guapo e interesante… bienvenido fuera.

–  ¿Cuánto te paga mi hijo por hacer esto? — la pregunta le pilló por sorpresa a Finn, quien se sonrojó. — No soy tonto. Agradezco el paseo, de verdad. Y la compañía. Pero sé que no ibas a presentarte voluntario para esto. No nos conocemos de nada.

–  No me paga… exactamente. Si te hacia salir, me libraba del turno de hoy. Un día sin trabajar y cobrando. Ha resultado un buen negocio. — repuso, encogiéndose de hombros. El chico cogió su móvil y le hizo una foto a Zeus, que arqueó una ceja, interrogante.

–  ¿Y eso? ¿Prueba grafica de que he salido? — preguntó, divertido.

–  ¡Nah! ¡Eres muy fotogénico! — el chico miró la imagen y sonrió. – Haría una sesión fotográfica maravillosa contigo.

–  Estaría encantado de tener una “sesión maravillosa” contigo. — Finn soltó una carcajada, divertido.

Le resultaba muy entretenida la forma en que Zeus coqueteaba con él, cuando tenía ocasión. Ya debía ser la tercera o cuarta en ese día y seguía pareciéndole gracioso. Normalmente, cuando alguien desconocido le insinuaba algo, solía darle mala impresión. No le gustaba la gente tan directa pero por alguna razón, no le ocurría con él.

¿Sería por qué le encontraba atractivo?

–  ¿Siempre eres tan descarado? — le preguntó, intentando disimular el ligero sonrojo. El otro sonrió más abiertamente.

–  Depende de a quien preguntes. Yo prefiero verme como decidido a descarado. — respondió. — Pero si, imagino que siempre he sido así. ¿Te molesta? — su rostro se volvió serio en un instante. — Si te resulta incómodo, solo tienes que decirlo y dejare de molestarte.

–  Nah… no me molesta. Creo que puedo manejarte. — Zeus se mordió el labio, sonriendo como si estuviera conteniéndose el contestar y el chico no pudo evitar reír. — No sé si esa sonrisa es por qué quieres volver a darle la vuelta a mis palabras o por qué crees que no puedo manejarte.

–  Oh, estoy seguro de que puedes manejarme… muy bien, de hecho. – esa afirmación hizo soltar una carcajada al chico, que se sonrojó de nuevo.

–  ¡Eres un caso perdido!

Zeus sonrió, viendo reír al chico. Le gustaba el muchacho. Habría que ser ciego para que no te gustara. Era muy guapo, con esos ojos azules y el cabello corto negro y la sonrisa perpetua en sus labios. Y el cuerpo que se adivinaba bajo la ropa parecía de lo más apetecible. Estaba más que en forma.

Además, había algo muy especial en él. Especial del tipo mágico, pero muy leve. Tanto, que dudaba que el mismo muchacho supiera de su existencia. Probablemente, pensó, debía ser un descendiente lejano de alguna criatura de la Comunidad mágica.

Así que si, le gustaba. Era simpático, divertido y con una energía inagotable. No sabía si era gay o hetero o bi, pero parecía que sus cumplidos y sus coqueteos le resultaban divertidos y aun no le había parado los pies.

Y, mientras no lo hiciera, seguiría tonteando. Por eso le había preguntado, pero el chico le devolvió la indirecta en vez de contestarle. Bueno, lo volvería a intentar en otra ocasión.

–  ¿Te apetece comer? Creo que deberíamos aprovecharnos de la generosidad de D y comer en algún sitio caro. Muy caro. Excesiva y ridículamente caro. — Finn sonrió.

–  Conozco el sitio perfecto.

Ir a capítulo anterior.

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Ciudades fetiche para escribir: Nueva Orleans: Nueva Orleans y las beignets.

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Nueva Orleans y las beignets.

beignets

Nueva Orleans es una ciudad deliciosa.

Un lugar que ha vivido, renacido y vuelto a vivir de nuevo.

Un lugar mágico.

Y uno que estoy deseando visitar en persona.

También es el escenario de mi ultima novela, Dagas de venganza, la cual saldrá a la venta el 20 de diciembre.

Como en otras ocasiones, he usado una ciudad que me encantaría conocer en persona, pero que conozco virtualmente y cuya historia adoro.

Ya, mucho antes de todo el jaleo del Katrina, quería visitarla. Ahí es donde se inspiran una buena parte de las Crónicas Vampíricas de Anne Rice, ya que es donde Lestat vivió con Louis y Claudia, y, también, es donde están ambientadas una buena parte de la saga Dark Hunters.

Dark Hunters, Nueva Orleans y beignets. Incluso busque (y cociné) una receta de esos dulces al estilo Café Du Monde, porque salía en las dichosas novelas y quería probarlos.

El Katrina casi me roba la posibilidad de visitar ese precioso lugar, lleno de jazz y de blues. Una desgracia enorme que no deberíamos olvidar, porque no hemos aprendido nada de ella. Aun sigue siendo un caos la ayuda que llegan a lugares que han sufrido tornados y temporales.

Pero Nueva Orleans renació de sus cenizas como el fénix y regreso, más hermosa que antes, incluso. Aun tengo una oportunidad de visitarla.

Así que un día espero poder pasear por la avenida de Ursulinas, ir a Bourbon Street y ver el parque de Louis Armstrong para ver los lugares que he puesto en la novela.

Y, luego, al café Du Monde, a comer beignets.

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¿De qué va mi nueva novela? Personajes.: Dagas de venganza: personajes.

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Dagas de venganza: Personajes.

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Como ya te avisé mi nueva novela saldrá a la venta en Amazon el 20 de diciembre.

O sea, dentro de nada.

¡Nervios!

Mientras, te estoy contando y poniendo al día en modo maruja on sobre su trama y demás cotilleos interesantes.

Esta semana toca hablarte algo de los personajes principales.

Tenemos tres: Astrid, Alec y Dolph.

dagas

Astrid Samaras es una gorgona. Desciende de la misma Medusa. Pero ella, al contrario que su antepasada, no nació en Grecia. Astrid nació en Irlanda, adonde su madre se mudó cuando se casó con un irlandés del que se enamoró a primera vista.

Su aspecto real es el de una criatura con forma humana, piel verdosa y con escamas, ojos rasgados y la cabeza cubierta de serpientes. Sus ojos pueden convertir en piedra lo que quieran, ya que funciona a voluntad. Aun así, habitualmente suele llevar gafas oscuras especiales que bloquean su poder, por si un día se le descontrola.

Ha vivido siempre en Irlanda, criada junto a sus dos hermanas pequeñas entre la campiña irlandesa, los caballos de su padre y el mal clima del país. Ha salido de su país de nacimiento en dos ocasiones: la primera para comprobar que unos amigos de su madre se encontraban bien, ya que no daban señales de vida. La segunda, persiguiendo al asesino que La Orden envió para eliminar a su familia y a ella.

Ahora se encuentra en Nueva Orleans, tras la pista de ese asesino buscando venganza para su familia y algo de paz para ella misma.

Astrid es una chica muy peculiar. Es muy fan del cine, sobre todo del ciencia ficción y la animación, así que es muy normal escucharla usar referencias cinéfilas en sus conversaciones. También es alguien muy impulsivo y tiene una fuerte moral que le obliga a ayudar a los demás, a pesar de que preferiría no hacerlo.

Y, por eso, acaba metida en este lio.

Por otro lado, tenemos a Alec Patterson. Alec es policía en Nueva Orleans. Patrullero raso que acaba de empezar en esa comisaria, para más señas. Pero está estudiando y practicando para detective, a lo que aspira en un futuro no muy lejano.

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Alec se hizo policía después de ver como su padre (también policía) y los servicios de emergencia se mataban intentando rescatar a la gente durante y después del Katrina. Aquello lo dejó tan marcado que no podía imaginarse siendo algo distinto.

Su padre también le influyó a la hora de creer en la justicia y en hacer lo correcto.

Es un chico majo pero, a veces, algo inseguro. Es algo cuadriculado y trata siempre de seguir las reglas. Y no cree para nada en cosas extrañas como magia, lo sobrenatural o los extraterrestres. Lo considera absolutamente ridículo.

Y acaba juntándose con la persona más inesperada.

Y, luego, tenemos a Dolph Bauman.

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Dolph es un asesino a sueldo que lleva años en la Legión de Iscariote. La Legión es una rama oculta perteneciente al Vaticano y se encargan de eliminar lo que molesta. Sea lo que sea.

La Legión de Iscariote hizo un pacto con La Orden (el Tratado escoces) un par de siglos atrás y ahora trabajan juntos. A veces, incluso, se prestan personal.

Y ese es el caso de Dolph en ese momento. Está llevando a cabo un problemático trabajo para La Orden cedido por la Legión.

Dolph es un sociópata bastante peligroso y con una adicción malsana por matar y hacer daño, sobre todo si es sobrenatural.

Y es muy inestable. Puede pasar de estar tranquilo y relajado a colérico en una decima de segundo. Y esos arranques de furia suelen acabar con la muerte de alguien. Sin importar si es amigo o enemigo.

Sus armas favoritas son unos grandes cuchillos que lleva en la cintura, pero es capaz de usar casi cualquier arma que exista.

Y estos son los personajes principales. Hay más, por supuesto. Y un par de cameos que no he podido resistir incluir y que espero que te gusten.

La semana que viene te enseñaré mi otra ciudad fetiche y escenario principal de esta historia, Nueva Orleans.

¡Y recuerda que Dagas de venganza se estrenará el 20 de diciembre de este año!

Mientras, puedes disfrutar de mis otras novelas aquí.

 

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¡Nuevo capítulo! Dioses y demonios. : Relato: Dioses y demonios. Capítulo 3.

dioses demonios

Relato: Dioses y demonios. Capítulo 3.

dioses demonios– ¿Zeus? ¿Cómo el dios griego? — ¡Oh, aún quedaba gente que les recordaba!

Zeus se pateó mentalmente. Tenía que empezar a tener cuidado con que decía y hacia si iba a vivir ahí una temporada. Los humanos no dejaban pasar ni una y no quería acabar en un manicomio o algo parecido.

¡Lo había visto en las novelas de la televisión!

–  Si… mis padres eran muy fans de la mitología. — mintió, mostrándole su mejor sonrisa y esperando sonar convincente.

Al tal Finn parecía hacerle gracia, ya que le devolvió la sonrisa y empezó a andar hacia la salida del callejón, indicándole que le siguiera.

–  ¿Así que eres amigo de D? — le preguntó el chico. Zeus se quedó mudo, sin saber que contestar exactamente. No podía revelar su parentesco. A penas parecía un par de años más mayor que Dioniso. — ¿Desde hace mucho?

–  Toda la vida, se podría decir. — contestó, finalmente. Las medias verdades valdrían por ahora. — ¿Es buen jefe? ¿De qué trabajas?

–  Es buen jefe. De los mejores que he tenido, de hecho. — Finn se frotó el cuello. Parecía incomodo por algo. — Siempre ayuda a quien puede. Y soy camarero. Su club es un poco… peculiar, pero se respeta a todo el mundo y me paga los estudios.

¿Peculiar? ¿Qué clase de bar regentaba Dioniso? Hasta donde él supiera, su hijo solo disfrutaba de beber y beber y beber…

Pero, regresando a su joven acompañante…

–  ¿Qué estudias?

–  Fotografía.

El dios dio un largo repaso al chico, mirándole descaradamente. Fotógrafo, ¿eh?

–  ¿En serio? No sé cómo resultaras de fotógrafo pero serias un gran modelo… — sí, estaba coqueteando. ¿Qué? ¡No podía evitarlo!

Finn sonrió más ampliamente y se sonrojó un poco. ¡Tenía pecas!

–  Gracias pero estoy más cómodo al otro lado del objetivo. — se detuvo frente a un enorme edificio, más parecido a una nave industrial que a un bar. — ¡Ya hemos llegado! No te separes de mí. Esto está lleno hoy. Buscaremos a D para que podáis hablar.

El chico tenía razón. El local estaba lleno hasta la puerta y con una cola en la entrada que daba la vuelta a la calle. Efectivamente, el edificio era una antigua nave industrial, le informó Finn. Una fundición que cerró hacía décadas y que habían reformado por completo.

Sobre la entrada, un enorme cartel de neón con el nombre del bar brillaba en la noche.

En el interior la música tecno y las luces de colores hacían el ambiente agobiante y molesto a la vista pero la gente parecía estar disfrutándolo mucho. Finn le cogió de la muñeca y tiró de él entre la multitud.

Recorrieron las pistas de baile, esquivando gente, hasta llegar a una de las barras, donde Finn habló con uno de los camareros. El ruido impidió a Zeus poder escuchar la conversación pero los gestos del chico tras la barra eran bastante claros.

Señalaban hacia lo que parecía un reservado o zona vip. Y allí, en una de las mesas, estaba sentado Dioniso.

Su hijo tuvo la decencia de lucir avergonzado cuando le vio. El chico se acercó a él, aun tirando del dios.

–  ¡D! Este señor te estaba buscando.

–  Gracias, Finn. Ya me ocupo. — el chico desapareció tras la barra y Zeus le vio irse, esperando que volvieran a verse. — Padre…

–  Hola, D… — saludó con tono sarcástico. — Imagino que tu hermana te habrá puesto al día sobre sus planes…

–  Y espero que no estés de acuerdo y que me ayudes a regresar a casa.

–  Uhm… no.

Zeus se quedó ojiplático. Eso no se lo esperaba. ¿Tampoco Dioniso iba a ayudarle? ¿Por qué sus hijos se volvían contra él?

–  ¿Cómo qué no?

–  Padre, Atenea tiene razón. Estabas a punto de hacer una estupidez. Aquí, al menos, te tenemos controlado. — Zeus gruñó, pero Dioniso le ignoró. — Piensa que son como unas vacaciones pagadas. Tienes donde quedarte, dinero y lo que necesites. Haz lo que te dé la gana y disfruta. Simplemente, no te metas en líos.

–  Cuando recupere mis poderes pienso freíros a los dos con un rayo…

Dioniso se levantó, encogiéndose de hombros. Lucía resignado con su papel de guarda de su padre.

–  Lo sé. Créeme que lo sé. Pero mientras… ¿Por qué no haces lo que más te gusta? Mira a tu alrededor. — señaló a la pista de baile, donde la gente bailaba, ignorantes de lo que ocurría en el reservado. Los ojos de Zeus, sin embargo, fueron hacia la barra, donde Finn ya estaba poniendo bebidas a los clientes. — Estamos rodeados por la belleza. Y aquí no está Hera para impedir que te diviertas.

¡Ouch! ¡Eso había sido un golpe bajísimo por parte de su hijo! Cierto que nunca supo ser fiel a su esposa, pero, al contrario de la creencia popular, él la quería. Simplemente, no podía evitar engañarla. Era incapaz de ignorar la belleza a su alrededor. Vivía de conquistar esa belleza y disfrutarla.

Pero eso era antes… en ese momento, traicionado y sin poderes, no se sentía con ánimos para ello.

–  Si… mejor no. Tu hermana ha mencionado una casa o un apartamento…

–  Si, si, está en este mismo edificio. Justo encima. Lo compré entero con la intención de alquilar los apartamentos pero resulta que casi nadie quiere vivir encima de un club… Así que los tengo por si alguna vez no quiero volver a casa o por si alguno de los chicos necesita un sitio donde quedarse por alguna emergencia. — su hijo le hizo un gesto para que le siguiera y ambos salieron del reservado por un pasillo que les alejaba del ruido del club.

–  Al menos eres mejor jefe que hijo… — repuso, acido. Dioniso le arqueó una ceja.

–  En serio, padre… no eres quien para protestar. Tampoco has sido el padre del año.

Mientras hablaban, los dos habían traspasado una puerta que daba a un largo pasillo en donde subieron a un ascensor hasta la tercera planta. Al llegar, Zeus vio dos puertas. Al parecer, Dioniso había construido dos apartamentos por planta, lo que haría un total de seis en todo el edificio.

Entraron por la puerta de la derecha y la sorpresa del dios fue enorme al comprobar el tamaño del apartamento.

Era un gigantesco loft, con una enorme cocina americana, dos habitaciones, un gimnasio y un baño completo con jacuzzi incluido.

–  Un poco excesivo, ¿no te parece? — Dioniso se encogió de hombros.

–  Si vas a hacer algo, hazlo bien. — se limitó a contestar. — En el dormitorio hay ropa de tu talla. Me temo que Atenea no te ha dejado mucha elección sobre el estilo.

–  Deja que adivine… ¿más vaqueros?

–  Sin duda. En serio, padre… no lo hagas más difícil. Disfruta estos días como si fueran vacaciones y, cuando a mi hermana se le pase la tontería, podrás regresar a casa.

–  Dudo que disfrute nada de aquí.

–  Eso es tu elección.

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La librería de Jack T.R. y zona neutral de Chicago. : La librería El Pergamino. El legado Kelly.

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La librería El Pergamino. El legado Kelly.

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Cuando creé a Aidan para que fuera el protector de la zona neutral, pensé primero en no ponerle un negocio. La idea original iba con que fuera esa fuerza que mantenía la zona neutral en toda la ciudad y ya.

Pero, claro… luego pensé… ¿Y si alguien quiere consultar algo? ¿Y si vienen visitas y no saben las fronteras? No todas las ciudades van a estar distribuidas igual.

Además, una zona neutral necesitaría poder. Mucho más de lo que podría darle una sola persona.

Y ahí acabó naciendo la librería.

¿Por qué una librería?

O sea… pregunta ridícula. ¿Por qué va a ser?

¡Escritora here!

Y da gracias que aun no he hecho publicidad descarada de mis novelas en esa librería XD Tiempo al tiempo…

A lo que iba…

La librería se creó para que sirviera de amplificador y canalizador de los poderes de Aidan. El nombre fue algo más simple, eso si.

Fue lo único que se me ocurrió que no apestara…

En cuanto a que sus poderes y la librería fueran una herencia familiar, era lo más lógico. Esa clase de responsabilidad no podía darse a cualquiera.

Si es una cuestión de herencia, se crece con esa responsabilidad y se sabe manejar mejor. En teoría.

Aidan no iba a ser el encargado de esa responsabilidad tan pronto. Debía ser su padre el que tomara su lugar, cuando su abuelo enfermó de alzhéimer. Pero el Katrina, aquel huracán tan horrendo que casi borró del mapa a Nueva Orleans, se llevó a los padres del chico, dejándole huérfano.

Tuvo que trasladarse a Chicago, con sus abuelos paternos y aprender a conocer y usar su herencia antes de tiempo. Y, cuando su abuelo fue diagnosticado con la enfermedad, se vieron obligados los dos a apresurar las cosas.

Los que habéis tratado con esta enfermedad sabéis como funciona. La gente que no ha vivido de cerca esto cree que se limita a hacer que una persona olvide. Lamentablemente, no es tan simple. No borra recuerdos.

Borra a la persona.

Hace unos años, poco antes de terminar con Jack T.R. y sacarla, diagnosticaron a mi padre con esa enfermedad. Esa es la razón por la que la mencioné en la novela. Normalmente, casi todo lo que menciono tiene una razón y eso no iba a ser la excepción.

Cuando trato de explicarle a alguien ajeno como es esa enfermedad en realidad, la describo con un símil que creo que es fácil de entender hoy en día.

El alzhéimer es como un troyano, el virus. Nosotros somos el ordenador infectado.

Cuando un troyano (a todos se nos ha colado uno alguna vez…) infecta el ordenador, empieza a borrar los .exe de todos los programas instalados. Empieza con cosas pequeñas, programas que no sueles usar o que usas poco. Olvidas unas fechas, un nombre, si te has dejado las llaves y cosas así.

Luego va ascendiendo a programas más usados y ya empiezas a mosquearte. Nombres y personas empiezan a ser confundidas y las líneas temporales se difuminan.

Y llega el momento en que va a por el exe de Windows y, un día, el ordenador no enciende porque ya no tiene sistema operativo. Dejas de responder y de moverte por ti mismo, porque tu cerebro ya no envía ordenes ni para lo más simple, como tragar.

La enfermedad es dura para quien la sufre. Pero lo es más para quien es testigo de ese deterioro. Ver como una persona a la que aprecias desaparece es muy duro.

Y es dolorosamente lento.

Que el abuelo de Aidan sufriera eso no fue casualidad. Me parecía la manera más justificable de que no estuviera al mando de la librería y que Aidan aceptara su herencia. Creo que no lo habría hecho si no se sintiera como una mierda por su abuelo.

Debes entender esto. Aidan no quería eso. No deseaba sus poderes y no quería su herencia. Su padre se alejó de todo eso y él creía que podría hacer lo mismo. Pero la enfermedad de su abuelo le hizo renunciar a sus sueños e ideas. Renunció a su relación con Zack, que en ese momento estaba bastante avanzada y a sus planes de vivir juntos.

Si su abuelo hubiera muerto, nadie le obligaría a nada. Pero ver a su abuelo desesperarse por proteger su legado, su trabajo y ser testigo de como iba perdiéndose…

Eso era muy diferente.

Cuando los escritores decimos que ponemos un poquito (mucho) de nuestra alma en cada historia, en cada personaje, en cada dialogo… es bastante cierto.

Recuerda que puedes conseguir Jack T.R. aquí.