Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 7.

Capítulo 7.

 

descubriendo el pasado

Arthur no se había alegrado jamás tanto de ver el logo de su empresa como aquel día, cuando vio a lo lejos la torre Kamelot 2, de Filadelfia.

Esa era la segunda base de la empresa, situada allí porque era la ciudad natal de su madre y ahí era donde solían pasar las fiestas cuando ella aún vivía. Después de su muerte, su padre no volvió a pisarla y él tampoco.

El chico suspiró de alivio al aparcar frente a la entrada y ayudó a Gawain a salir del coche. Juntos atravesaron la puerta principal y se dirigieron a recepción. La chica que había en el mostrador se mostró alarmada por su apariencia. Sin embargo, no llamó directamente a seguridad, esperando a ver qué ocurría.

– Hola, soy Alexander Gawain – saludó Gawain, poniendo su identificación sobre el mostrador que la muchacha no tardó en coger y comprobar. – y este es Arthur P. Drake. Necesitamos ver al jefe de seguridad del edificio. Y un médico.

– Si, por supuesto. – asintió la chica, saliendo del mostrador para guiarles hasta una puerta semi oculta tras él. – Esperen aquí. El señor Torres estará aquí en un minuto.

La habitación era una muy similar a la que había junto a la recepción de su propia torre. Una especie de sala de espera con un par de sofás confortables y decoración sacada de una revista de moda. Arthur ayudó al pelirrojo a sentarse y ponerse cómodo porque ya estaba algo adolorido de su herida. Un poco más tarde, la puerta volvía a abrirse y apareció un tipo grande, con el pelo rizado y negro, los ojos castaños y un bigote fino muy bien cuidado. Vestía el uniforme del personal de seguridad de la empresa.

– Soy Pedro Torres, jefe de seguridad del edificio. – se presentó, acercándose para estrecharles la mano. – Es un placer tenerle aquí, señor P. Drake. Aunque intuyo que no ha sido en las mejores circunstancias.

– No, me temo que no. Mi guardaespaldas necesita atención médica, señor Torres. – el hombre observó a Gawain y su expresión de dolor contenido y asintió.

– Por supuesto. Síganme. Luego me contaran con detalle que ha pasado.

Unas horas más tarde, Arthur estaba instalado en una de las suites de su familia, duchado, comido y nuevamente vestido con un traje limpio y elegante. Y eso estaba muy bien, pero no había podido ver cómo estaba Gawain todavía.

Después de que le curaran, Torres se lo llevó para hacer un informe y escuchar todo sobre el ataque y lo que habían hecho hasta ese día para evadirlos, buscando posibles sospechosos.

La Orden era la primera de esa lista. Mordred y Morgan, los segundos.

Luego les perdió la pista.

En ese momento, no sabía que hacer. No sabía si debía quedarse donde estaba o buscarlo. No quería molestar si estaba ocupado, cosa que era posible. Pero, por otro lado quería asegurarse de que estaba bien.

Y que tras días de estar compartiendo habitación, le echaba de menos y se sentía abandonado por muy infantil que sonase.

Al final, decidió salir a buscar al otro. Al menos se quedaría tranquilo sabiendo que estaba bien.

Cogió el teléfono y llamó a recepción. No tardaron en darle la información que quería, el número de habitación de Gawain.

Tomó el ascensor y bajó los tres pisos que le separaban de la planta de seguridad, donde se solían alojar todo el personal y estaba el gimnasio. Esa torre era un calco de la de Nueva York, por lo que estaba comprobando.

Ya delante de la puerta se quedó congelado sin saber si llamar o no. Dudó un par de minutos y llamó, temiendo que el otro decidiera ignorarlo.

De repente, se sintió como un adolescente inseguro. Gawain era su amigo. ¿Por qué no iba a querer verle?

La puerta se abrió, después de lo que pareció una eternidad y un Gawain en camiseta, pijama y descalzo le saludó.

A través de la camiseta podía ver la venda que cubría su hombro y parte del brazo, donde estaba la herida de bala. Parecía cansado.

– Lo siento… no se me ocurrió pensar que estarías descansando. – dijo, dándose la vuelta para irse. Gawain le agarró de la muñeca para detenerle.

– ¡Espera! No estaba durmiendo. Bueno, no del todo. Creo que me he quedado un poco dormido viendo la película. Entra.

Arthur entró en la habitación. Era más pequeña que la suya pero no menos lujosa y cuidada. La televisión estaba encendida y había una manta en el sofá, indicando que le había dicho la verdad. Eso le hizo sentir un poco mejor.

– ¿Cómo te encuentras? – le preguntó. El pelirrojo se encogió de hombros.

– Me han dado unas pastillas para el dolor y ya no noto nada. – rio. – ¿Cómo estás tú?

– Solo quería saber si estabas bien. – Gawain sonrió con afecto al chico.

– Lo estoy. – le aseguró. – Lance me llamó hace un rato, para ver si habíamos llegado. Nos recogerá mañana por la mañana para ir a casa.

– Eso está bien. Bueno… será mejor que vuelva a mi habitación, entonces.

Arthur hizo el intento de girarse para irse pero Gawain volvió a cogerle de la mano para detenerle una vez más. Tiró de él hasta acercarlo, dejándole a un paso de distancia.

– ¿A qué has venido, Arthur? – le preguntó y el chico no supo bien que responder. ¿A qué había ido? ¿Solo para comprobar que se encontraba bien? ¿O había alguna razón más?

– Estaba preocupado.

– ¿Y?

– Te echaba de menos. – confesó. Gawain sonrió, dulce.

– Solo nos hemos separado unas horas. – Arthur se sonrojó.

– Si pero no sabía… no sabía si querías volver a hablar conmigo después de estos días. Si volviésemos a lo de antes cuando regresemos a casa.

Gawain suspiró, apenado. Llevaba pensando lo mismo desde que le dejaran en enfermería. No sabía que hacer con la situación cuando regresaran a casa. Tendrían que volver a su relación laboral de antes, ¿verdad? Eso sería lo lógico.

Días antes había pensado en dar un intento a eso, pero tras los ataques y el que casi les mataran a los dos le hizo dudar sobre esa idea. ¿Sería seguro para ambos tener una relación?

Arrastró a Arthur hasta el sofá y le obligó a sentarse con él. Para evitar que el otro se fuera al extremo opuesto, le echó un brazo por los hombros y le abrazó, atrayéndolo hacia su cuerpo.

– Si te soy sincero, no lo sé. – le confesó, ganándose una mirada sorprendida del otro. – No sé qué debemos hacer. Lo inteligente seria volver a lo de antes. Soy tu empleado, a fin de cuentas, Arthur. Trabajo para ti. ¿Cuánto tardaría eso en ser un problema? ¿Y cuánto afectaría en mi modo de trabajar? No podría ser tu guardaespaldas.

– ¿Por qué no? – el pelirrojo le acarició el cabello, mirándole triste.

– Pues porque mis sentimientos interferirían, me harían tomar decisiones apresuradas y estúpidas.

– ¿Entonces?

– No lo sé. Pero supongo que debemos dejarlo aquí antes de que vaya a más y sea más doloroso. – Arthur asintió, notando su pecho dolorido.

– Supongo que tienes razón. – cuando intentó levantarse, notó que el otro no le soltaba. – ¿Gawain?

– Si, pero eso puede ser mañana. – le susurró, inclinándose para besarle.

Fue como en su sueño, esa misma mezcla de pasión y dulzura que le dejó temblando de ganas cuando se separaron. Arthur vio algo que pensó no vería jamás en el rostro de Gawain.

Inseguridad.

Le cogió del rostro y volvió a besarlo, tratando de mostrarle que él también quería eso, aunque fuera solo por esa noche.

El beso se volvió apasionado en segundos, con las manos de Gawain por todas partes, desabrochando y quitando ropa a toda prisa. No tardó en tener a Arthur con solo el pantalón y la camisa desabrochada.

Gawain le tumbó en el sofá, desabrochándole y sacándole los pantalones del traje que acabaron en un rincón alejado de la habitación. Con una sonrisa malévola, empezó a besarle por el pecho, bajando despacio hasta llegar a su entrepierna.

Arthur casi se ahogó al ver como el otro le quitaba los calzoncillos y empezaba a devorarlo despacio, sacándole jadeos e improperios de todos los colores. Aprovechando que le tenía distraído, el pelirrojo empezó a prepararle con cuidado hasta tenerle completamente listo y tembloroso, lleno de ganas.

Gawain volvió a subir, besándole y dándole a probar un poco de su propio sabor antes de comenzar a introducirse, sin dejarle tiempo a pensarlo mucho. Pronto estaban moviéndose al unisonó, el cuerpo de uno acudiendo a las embestidas del otro, ambos disfrutando del momento y perdiéndose en él.

Arthur podía sentir el mismo cariño y cuidado que en su sueño, dejándose llevar por ese sentimiento hasta que ambos llegaron al orgasmo. Gawain se dejó caer, agotado sobre él y le sonrió con tristeza.

Un rato después le llevaba a su cama para descansar.

Al día siguiente, ambos iban a hacer como que no había sucedido nada, manteniendo su relación como hasta ese día. Amistad y negocios y punto.

Era lo más lógico.

Aunque eso no consoló nada a Gawain cuando, al llegar la mañana, se encontró en la cama, solo.

 

Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 6.

Capítulo 6.

descubriendo el pasado

 

Arthur se despertó al sentir un roce suave en la mejilla. Abrió los ojos y se encontró con la mirada azul de Gawain, que le sonreía divertido.

El chico bufó, haciendo el intento de taparse la cara con las manos pero el otro se lo impidió, sujetándoselas.

– ¿Cómo estás? – Arthur suspiró. Aun se sentía algo triste pero no como la noche anterior.

– Mejor, gracias. No sé qué me pasó. La pesadilla era tan real…

– Debía serlo. ¿Quieres contarme que pasaba? – Arthur negó con la cabeza. No, no deseaba hablar de ello. Nunca. – Vale. No pasa nada. Pero ya sabes que si necesitas hablar, estoy aquí. – eso le hizo sentir un poco mejor. Sonrió a Gawain.

– Lo sé, gracias.

– No las des. Ahora, arriba. Vamos a desayunar y a salir de aquí antes de que sea tarde. Quiero llegar a Filadelfia mañana.

– Estoy deseando llegar a casa. – Gawain arqueó una ceja.

– Yo también.

Arthur hizo el intento de levantarse pero el pelirrojo seguía encima suya, sujetándole de las manos, impidiéndoselo. Le regaló una sonrisa socarrona al ver que no podía moverlo.

– ¿Te importa? – le preguntó el chico. El otro simuló pensárselo.

– No lo sé. Aquí se está cómodo.

– Tú eras el que tenía prisa.

– Ya… pero nos podemos perder unos minutos. – susurró, acercándose a su rostro como si fuera a besarle. Arthur se estremeció y cerró los ojos así que Gawain se desvió y le dio un pequeño beso en la punta de la nariz. Luego se levantó de la cama, riendo. – ¡Vamos, Arthur! ¡Quiero desayunar!

El chico aún se quedó un minuto sentado, respirando agitado antes de poder levantarse y comenzar a vestirse, maldiciendo a su compañero.

Después del desayuno ambos se dirigieron al coche, para salir hacia su siguiente parada. Pero antes de que pudieran llegar, un grupo de hombres armados les asaltaron.

Gawain sacó su pistola y empujó a Arthur hacia el coche, obligándole a subir al asiento trasero.

– ¡Agáchate y no te muevas! – le gritó, arrancando el coche.

Un disparó atravesó el cristal del asiento del copiloto, rompiéndolo en mil pedazos y el coche salió del aparcamiento quemando neumáticos.

Por lo que se sintieron como horas, el coche no dejó de correr, dando tumbos y cogiendo curvas a toda velocidad, haciendo que Arthur acabara alguna que otra vez en el suelo del vehículo, llevándose más de un golpe.

De repente, la velocidad fue disminuyendo hasta detenerse. Arthur alzó la cabeza, viendo que habían parado el coche en el arcén de una carretera de tierra, sin nada de civilización a la vista.

¿Dónde estaban? Empezaba a cansarse de tanto ataque y tanto acabar en ninguna parte.

– ¿Arthur? ¿Estás bien? – el chico se levantó, quedando sentado en el asiento y crujiéndose el cuello.

– Si, sí. ¿Cómo nos han encontrado? – preguntó, extrañado. Creía que no le habían seguido en todo ese tiempo.

– No tengo ni idea. – Gawain soltó un gruñido de dolor. – Voy a necesitar que lleves el coche un rato.

Al chico le saltaron las alarmas al escuchar las palabras y el tono del otro. Algo malo pasaba o no le dejaría conducir. Gawain odiaba como conducía.

Salió del coche, apresuradamente y se acercó a la puerta del piloto.

– ¿Qué pasa? – vio una mancha de sangre en la manga derecha de la camisa del otro y se echó a temblar. Aun tenía muy reciente el sueño. – ¡Estás herido!

– No es nada. Solo un rasguño. Pero duele un poco y me va a molestar para conducir. – Arthur asintió, ayudándole a salir del coche. A él la herida no le parecía un rasguño. Sangraba bastante. – Intentaré curármela por el camino.

Arthur llevó el coche, siguiendo las indicaciones del otro hombre, hasta la siguiente ciudad, en la que habían pensado quedarse. Gawain ya no se fiaba de quedarse en el motel que tenían reservado, así que le obligó a conducir un rato más, buscando un nuevo motel en el que hospedarse.

El chico consiguió una habitación en un motel por horas y sentó a Gawain en la única cama para mirarle la herida del brazo.

El otro había improvisado un vendaje con un trozo de camiseta pero ya estaba empapada en sangre. Por suerte, parecía que el sangrado se había detenido ahí. Arthur asaltó el botiquín del baño y vino cargado con gasas y desinfectante. Con cuidado quitó la tela de la herida y siseó al verla.

No, no era ningún rasguño.

– Me has mentido. – le regañó, dándole un golpe en el brazo bueno. – Esto de rasguño no tiene nada. Es un agujero en toda regla. – Gawain soltó una risita.

– Bueno, no es para tanto. Al menos la bala ha salido, es una herida limpia. Vamos a vendarla y mañana, cuando lleguemos a Filadelfia y a la central, me curaran como debe ser. ¿Podrás hacerlo? – preguntó, al ver como el chico se ponía un poco blanco. Arthur asintió.

– Si, sí. Espero que no te duela demasiado.

– Sobreviviré. Tú cúrame.

Con excesivo cuidado y más miedo que otra cosa, Arthur limpió la herida y luego la vendó como le iba indicando Gawain, que hacía gestos de dolor a cada movimiento. Cuando acabó, ambos estaban agotados y temblorosos por razones distintas.

– Sería mejor que te echaras un rato. Puedo ir a por la comida. – sugirió Arthur, pero Gawain se incorporó, negando rotundamente con la cabeza.

– ¡No! Nada de salir solo de aquí. Pide para que la traigan. No puedo permitirte salir de aquí sin vigilancia.

– No creo que nos hayan seguido.

– ¡Da igual! No me fio. – gruñó. – Es más, no me fio de quitarte el ojo de encima. Ven aquí. – le llamó, palmeando el lado izquierdo de la cama.

– ¿Qué?

– ¡Que vengas! Vas a echarte aquí conmigo y me vas a cuidar un rato y luego pediremos pizza o algo. – Arthur se tumbó a su lado, rodando los ojos ante la actitud autoritaria del otro.

Gawain no tardó en rodearle la cintura con el brazo bueno y atraerle hasta su cuerpo, pegándole a él. Arthur suspiró, relajándose por primera vez en todo el día. No había notado lo tenso que estaba hasta ese segundo.

– Cuando te vi sangrando me asusté muchísimo. – confesó con un hilo de voz. Gawain apretó su agarre de la cintura y le dio un beso en el pelo.

– Yo también. Me asusté cuando nos atacaron, cuando casi te dan, cuando me hirieron porque pensaba que no podría llevarte a salvo a casa. Me asusté mucho.

Arthur alzó el rostro para mirarle y Gawain aprovechó para robarle un corto beso. El pelirrojo le acarició el pelo, antes de volver a tumbarse en la cama.

– Vamos a descansar un poco. Luego comemos tranquilos.

Arthur se despertó un buen rato después, por el sonido del móvil de Gawain. El otro estaba completamente dormido y Arthur no tuvo corazón de despertarlo. Parecía agotado.

Con cuidado se desenredo de sus brazos y cogió el teléfono, contestando en un susurro.

– ¿Sí?

– ¿Arthur? – era Lance y sonaba sorprendido y preocupado. – ¿Dónde está Gawain?

– Gawain está dormido. Nos atacaron al salir de la otra ciudad y le han herido. – le informó. Lance hizo un sonido de sorpresa.

– ¿Está bien?

– Si, tiene un disparo en el brazo pero parece estar bien. O eso dice él.

– ¿Y tú? ¿Estás bien?

– Cagado de miedo, pero sí. – con Lance no merecía la pena fingir que no estaba asustado. El otro hizo un ruidito.

– Bien, eso es bueno. El miedo es bueno para estar alerta. – le dijo, con tono tranquilo. – ¿Cuándo salís para Filadelfia?

– Mañana por la mañana.

– Allí cuidaran bien de Gawain. Saldré para allá en un rato para recogeros en la central. Mientras, tendrás que vigilar que Gawain esté bien. – le ordenó. Sabía que si le daba algo que hacer al chico, este se asustaría menos. – Vigila que no esté somnoliento o mareado. La pérdida de sangre puede provocar eso. Si ves que se comporta raro, le pides que pare y conduces tú.

– Puedo conducir yo desde el principio. – se ofreció. Lance sonrió.

– Mucho mejor. Os dejo descansar entonces, nos vemos mañana, ¿de acuerdo?

– No te preocupes. – Lance soltó una risita.

– ¡Claro que me preocupo! ¡Es mi trabajo!

Arthur cerró el teléfono y cogió el suyo para buscar algún sitio que sirviera a domicilio al que poder pedir. Encontró una pizzería y encargó un par para los dos.

Mientras esperaba a que llegara el repartidor, se volvió a tumbar junto a Gawain, apoyando su cabeza en el hombro del pelirrojo, acurrucándose a su lado.

No iba a permitir que esa pesadilla se volviera a hacer realidad. Iba a cuidar a Gawain.

¡Qué vienen los leones!

¡Qué vienen los leones!

leones

Pues pronto, en cuanto me siente a acabar la corrección, tendré una nueva novela preparada para salir.

¡YAY! ¡Qué emoción!

Vale, para ti no, pero para mi mucha.

Esta novela va a ser una continuación de la saga Comunidad Mágica vs La Orden, siguiendo el hilo justo detrás de Lobos.

Pero no empieza por ahí.

Empieza presentándote a un nuevo personaje, el protagonista, al que quiero que ames antes de meterlo en todo el lío de La Orden justo cuando su vida parece recuperar el rumbo que perdió con dieciocho años al ser acusado de robo y desterrado de su ciudad, su manada y su familia.

¿Suena familiar?

Si, es un background muy similar al de Colby, de Lobos, pero Kenny, el protagonista de esta historia te cuenta algo muy distinto a lo que le ocurrió a Colby, aunque sus caminos se cruzaran en un aspecto durante la historia.

Pero volvamos…

La historia empieza con Kenny, un león que vive en Cánada. Hijo del Alfa de su manada, Kenny se ha criado deseando salir de su ciudad y visitar sitios más interesantes, algo que podrá hacer cuando cumpla dieciocho años.

Una tradición de los leones es que, cuando cumplen dieciocho, los chicos salen de excursión. Abandonan su familia y su ciudad para viajar para encontrar a su futura pareja y establecerse, creando una nueva familia. Algo que se hacía antiguamente para evitar roces entre alfas y que se mantiene hoy en día como una especie de rito a la madurez.

Normalmente, esos cachorros saldrán al mundo con una cantidad de dinero y el apoyo (aunque lejano) de su familia.

Pero Kenny es desterrado unos pocos días antes, acusado de robo y de intentar matar a su padre. Acusado falsamente. Ya veréis por qué.

Al ser desterrado sufre también que le corten su melena (algo muy importante en un león) y que le marquen como omega, degradándole. En la actualidad, eso no tendría mucha importancia a nivel social pero si a nivel sicologico.

Kenny abandona su ciudad y su familia, despreciado por los que quería y empieza a viajar y tratar de sobrevivir a su actual situación.

Así acabará en Destruction Bay.

¿Te suena? ¿A qué si?

De ahí acabará saliendo y conociendo a las dos personas más importantes de su nueva vida.

Max y Nicky.

Estos son dos jóvenes leones que están haciendo su propia excursión y que se unen a él en su viaje y en su misión, que tiene una.

Max es uno de los personajes que más me ha gustado escribir y estoy enamorada de su relación con Kenny. Punto. Son adorables.

Y Nicky ha sido muy divertido de escribir.

Y cuando ya están los tres en un punto guay de la historia, esta se une a la de la saga y continuamos donde los dejamos con Lobos.

Estoy deseando acabar y enseñártela porque es mi proyecto del Nano del año pasado y acabé super contenta con ella.

Con suerte, puede que la veas pronto.

Mientras, puedes leer algunos relatos previos en Wattpad.

Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 4.

Capítulo 4.

 

descubriendo el pasado

La situación empezaba a ser ridícula.

Al menos, desde el punto de vista de Arthur.

Habían parado un par de días en un motel, para descansar de coche y de conducir y para asegurarse de que seguían sin correr peligro.

Hasta ahí, bien.

Pero ese motel no tenía habitaciones dobles. Solo les quedaba una con cama individual o una con cama de matrimonio.

Escogieron la segunda por razones obvias. O, mejor dicho, Gawain escogió la segunda.

Dijo que no pensaba dormir en el sofá o en el suelo durante dos días y Arthur no pudo culparle al ver lo diminuto que ese mueble era.

No sabía cómo iba a hacer para dormir con Gawain en la misma cama y no ponerse en ridículo. ¿Y si volvía a soñar? ¿Y si volvía a hablar en sueños? O, algo peor… ¿y si volvía a gemir algo en sueños?

Estaba tan jodido…

Se encerró en la ducha, con el objetivo de intentar ahogarse mientras se lavaba el pelo. No iba a funcionar pero podría perder algo de tiempo.

El problema era que ya llevaba demasiado tiempo dentro y, claro, el otro se impacientó cuando vio que no le llegaba nunca el turno y que iba a gastar todo el agua caliente.

Así que Gawain entró en el baño, sin esperar permiso, dando un susto de muerte al chico.

– ¡Arthur! – gritó, enfadado. – ¡Acaba de una vez! Yo también quiero ducharme.

– ¿Qué cojones haces? ¡Sal de aquí! – Arthur no sabía dónde meterse. Ni siquiera tenía la toalla a mano para taparse.

– Si no sales en treinta segundos, entraré yo. – le amenazó. Aún seguía lleno de espuma, ¿cómo iba a terminar antes de que cumpliera su amenaza?

– ¿Estás loco? ¡No puedes entrar aquí!

– ¡Me da igual! Quiero ducharme. Estoy sudado y cansado y quiero ducharme. Ya.

Arthur se apresuró a enjuagarse, pero vio como el otro abría las cortinas y, sin esperar a que pudiera salir o hacer algo, se metió en la ducha con él, bajo el chorro de agua caliente. Arthur se alejó hacia los azulejos, pegándose tanto a la pared que parecía querer fusionarse con ella.

Intentó no mirar pero no pudo evitarlo.

Gawain estaba frente a él, desnudo y empapado y Arthur no pudo evitar echar un vistazo. Se sonrojó cuando escuchó la risita del otro, que le dedicó una mirada depredadora.

El pelirrojo lo arrinconó en la ducha, poniendo ambas manos a cada lado de la cabeza de Arthur y se inclinó, dejando su rostro a solo centímetros del chico, que cerró los ojos, sonrojado.

Gawain le observó, encandilado por lo joven e inocente que parecía. Él era algo mayor que Arthur, pero no mucho, solo siete años mayor. Sin embargo, Arthur tenía un aire inocente ahí con él que le hacía parecer casi un adolescente.

Estaba tan tentado de hacer algo. Tocarle, besarle… algo.

Pasó su mano por su rostro sin tocar su piel, bajándola por su torso, hasta su estómago sin llegar a rozarle, mordiéndose las ganas de hacerlo.

Podía notar su miembro respondiendo a la visión de Arthur frente a él y ahogó una maldición. Se separó, liberando al chico y le apartó un mechón empapado de la frente.

– Será mejor que vayas a secarte, Arthur. – le sugirió en voz baja y ronca.

El chico abrió los ojos y asintió, saliendo tan deprisa de la ducha que casi se cae en el baño. Maldiciendo su conciencia, Gawain se dispuso a terminar de bañarse y a tratar de poner bajo control sus emociones.

Cuando salió de la ducha, ya vestido se encontró a Arthur sentado en la cama luciendo nervioso. Gawain miró el reloj que había en la pared de la habitación y comprobó que solo eran las siete de la tarde. No había manera de que fueran a dormir tan pronto y él tenía hambre.

Cogió su chaqueta y la de Arthur y se la ofreció al otro, instándole a levantarse.

– Venga, vamos a comer algo.

Acabaron entrando a un pequeño bar donde servían hamburguesas y alitas y pidieron un poco de todo para compartir. Después de un rato, Arthur parecía haberse relajado de nuevo y volvía a comportarse como siempre.

Bromeó y le tiró patatas fritas a Gawain, que no dudó en responderle de la misma manera. No se dieron cuenta de que estaban atrayendo algunas miradas no deseadas.

Cuando Gawain se inclinó sobre la mesa y limpió un poco de tomate de la comisura del labio de Arthur con su pulgar, lo hizo simplemente por molestar al chico y porque adoraba verlo nervioso.

Y porque le apetecía.

No se esperaba que un tipo grande con pinta de haberse escapado de la prisión más cercana apareciera, dando un golpe en su mesa, interrumpiéndoles muy maleducadamente.

– Creo que va siendo hora de que os vayáis, florecitas. – Gawain arqueó una ceja y miró a su alrededor. La mayoría de la gente parecía incomoda con la situación pero no tenían intención de intervenir. ¡Qué típico!

– Pues yo creo que no. Aún no hemos terminado de comer. – repuso con tranquilidad, cogiendo otra patata. Arthur parecía dispuesto a discutir pero Gawain le cortó, poniendo su mano sobre la del chico.

El tipo gruñó al ver el gesto y volvió a encarar a Gawain, el cual seguía sin reaccionar, comiendo patatas con total tranquilidad.

– Será mejor que cojas a tu novio y os larguéis de aquí antes de que os eche a patadas.

Gawain se levantó, despacio y encaró al tipo. Eran más o menos de la misma estatura aunque el otro era bastante más ancho. El pelirrojo sonrió. Eso solo implicaba que era más lento.

– Inténtalo. – le retó. – Gilipollas. – Y el otro no tardó en aceptar.

Gawain esquivó un puñetazo, dos, tres y lanzó uno propio desde abajo directo a la mandíbula de aquel indeseable. El golpe le hizo trastabillar y Gawain lo aprovechó, dándole una certera patada en el estómago que lo tiró al suelo. Cuando comprobó que el tipo no pensaba levantarse para seguir, a pesar de estar más o menos bien, sacó su cartera, puso un par de billetes sobre la mesa y cogió a Arthur de la mano para ponerlo de pie.

Una vez cara a cara, Gawain dirigió una última mirada al tipo antes de plantarle un beso en los labios al chico, que se quedó congelado en el sitio.

No duró más que unos pocos segundos, lo justo para hacer valer su punto. Nadie le iba a echar de ningún sitio ni iba a soportar nada de nadie por lo que pensaran de él o su orientación sexual. Hacía bastante tiempo que no permitía semejantes abusos.

Tiró de Arthur y salieron del local, tranquilamente.

No fue hasta casi llegar al motel que Arthur se detuvo, obligándole a pararse él también y Gawain suspiró.

Demasiado había tardado en reaccionar.

– ¡Me has besado! – le gritó, señalándose acusadoramente. El pelirrojo se rascó la nuca.

– Lo siento. Odio los imbéciles homófobos. Y nada les molesta más que ver algo así.

– Pero… ¡Me has besado! – Gawain rodó los ojos.

– ¡Solo un poquito! A eso no se le llamar ni beso. Solo ha sido un roce inocente.

– Si, pero…

– ¿Te ha molestado? – Arthur se quedó mudo al escuchar la pregunta. – En serio que lo siento. A veces hago cosas sin pensar. No volverá a suceder.

– Uh, vale.

Llegaron a la habitación y ahí se encontraron con el otro problema de la noche. Seguía habiendo solo una cama.

Gawain decidió no dedicarle más pensamientos de los necesarios. Se sentó en la cama y empezó a desnudarse, hasta quedarse en ropa interior y una camiseta. Luego se metió bajo las sabanas y se quedó mirando a Arthur el cual dio un respingo y le imitó, con algo de reticencia.

El chico se colocó en el extremo opuesto, tan alejado de él que estaba a un palmo de acabar cayendo al suelo.

Gawain decidió dejarle en paz y apagó la luz, dispuesto a dormir. Cuando estuviera a punto de caer, ya se acercaría, pensó cerrando los ojos.

Un rato después, Arthur seguía despierto porque no se fiaba de dormirse con Gawain tan cerca, temiendo acercarse por accidente y Gawain seguía despierto porque no hacía más que escuchar al otro removerse incomodo en la cama.

Todavía tardó un rato en hacer algo, ya que estaba dejándole tiempo al chico a dejar de hacer el tonto. Viendo que no iba a ser así, decidió actuar.

Se giró hacia el chico, el cual estaba dándole al espalda casi en el borde de la cama y le agarró por la cintura, arrastrándole hacia el centro del colchón.

A Arthur se le escapó un ridículo chillido, que le hizo reír y forcejeó para liberarse del agarre. Pero Gawain le tenía bien sujeto y apretó más el agarre, forzándole a desistir.

– Quédate quieto. – le ordenó. – Quiero dormir y no me estás dejando.

– Creo que dormiré mejor allí. – protestó, pataleando.

– No, allí no estas durmiendo nada porque te vas a caer y aquí te tengo agarrado y dejaras de hacer ruido y moverte. Así que duérmete para que pueda dormir yo también.

– Pero…

Gawain besó su nuca y apoyó la barbilla en su hombro, deslizando la mano que tenía en su cintura hasta su muslo, muy cerca de su entrepierna. Arthur, previsiblemente, se congeló.

– Duérmete, Arthur. – Gawain susurró esas palabras con los labios pegados a su cuello.

Arthur olía muy bien, a ese gel de baño que habían comprado un día antes. Gawain apretó la mano en su muslo, deseando ir más allá, hacia donde algo empezaba a cobrar vida bajo la ropa.

Volvió a tragarse las ganas y subió la mano hacia la seguridad de la cintura pero no pudo reprimir el impulso de rozar su propia excitación contra el trasero del otro.

Notó como el chico tragaba, con el cuerpo tenso entre sus brazos y decidió hacer algo para calmarle. Comenzó a repartir pequeños besos en su nuca, cuello y hombro, susurrando incoherencias con voz ronca y acariciando su estómago con una mano hasta que el otro gimió su nombre.

La mano de Arthur cogió la suya y la guio hacia su entrepierna. Podía notar el calor en las mejillas sonrojadas del chico y sonrió.

Deslizó la mano, colocándola sobre su entrepierna y empezó a acariciarle por encima de la ropa, sacándole jadeos y suspiros.

No tardó demasiado, acabando con un gemido largo que casi le hace acabar a él. Sin embargo, Gawain se guardó sus ganas y le volvió a besar en el cuello, dejándole una pequeña marca.

Arthur se relajó en sus brazos y Gawain le obligó a quitarse los manchados calzoncillos, para limpiarse con ellos y lanzarlos lejos de la cama.

El chico ya estaba medio dormido cuando Gawain volvió a colocarse tras él, abrazándole.

Estaba seguro de que se iba a arrepentir de todo eso por la mañana, pero… eso sería por la mañana.

En ese momento, solo iba a disfrutar de ese momento y dormir. Aunque fuera con una erección del treinta.

 

Entrevista a… Alec Patterson de Dagas de venganza

Entrevista a Alec Patterson:

entrevista a

Di tu nombre completo:

Alexander Paul Patterson

¿Edad?

Veintiséis años.

¿A qué te dedicas?

Soy… era agente de policía en Nueva Orleans. Ahora ando un poco en el limbo laboral.

¿Y qué es lo que realmente te gustaría hacer?

Siempre he querido ser policía. Quería ayudar a la gente. Ahora estoy ayudando gente, pero de otra manera. No es mi ideal lo de estar fuera de la ley, pero sigue siendo lo que quería hacer.

Cuéntame… ¿Qué hobbies tienes?

Soy muy fan de los documentales sobre asesinos. Si, es raro, pero siempre me han parecido fascinantes. Mejor que las chorradas de pelis que ve Astrid.

¿Tienes a alguien especial en tu vida ahora mismo? ¿Familia?

No. Mi padre murió trabajando. Mi madre cayó enferma y murió no mucho después. Soy hijo único y mis abuelos también están muertos. Ahora solo tengo a Astrid y su extraña gente. Y estoy bien con eso.

¿Qué es lo que pasa en tu vida en este momento?

Demasiado, si te soy sincero. Todo esto es demasiado para procesar y aun ando llevándome sorpresa tras sorpresa… desearía un descanso de tanta rareza.

Y para terminar… ¿Qué planes tienes para el futuro?

No tengo ni idea. Pero no podemos permitir que esa gente aniquile a medio planeta porque son diferentes. No puedo permitirlo.

 

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¡Corre a por ellas!

Mi aventura de escribir. Podcast: Destruction Bay.

Mi aventura de escribir. Podcast. Destruction Bay.

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¡Hola! ¿Qué tal, queridos aventureros? Bienvenidos una vez más al podcast de Mi aventura de escribir, el podcast de los lugares extravagantes.

Y es que de eso vamos a hablar hoy, de un lugar especial que existe y no existe a la vez.

Hoy te voy a hablar de Destruction Bay.

Que tú dirás… ¿y qué carajo es Destruction Bay?

Si lees mis novelas el nombre te sonara bastante. Si no, pues no.

Empecemos por el principio. Destruction Bay es una ciudad que aparece en mis novelas como un refugio secreto de la Comunidad Mágica. Allí van a esconderse de La Orden muchos y sus habitantes van rotando dependiendo de si necesitan o no esa protección.

En realidad, Destruction Bay existe. Es una pequeña ciudad en el Yukon, Alaska, con menos de veinte habitantes y a la que solo se puede llegar en coche. Perteneció a esas ciudades que se crearon en la época de la fiebre del oro y que lo único destacable que tiene hoy en día son sus paisajes. Esos son de los que quitan el hipo, sin duda alguna.

Yo cogí prestado su nombre y su localización para crear este refugio al que hice referencia en El Guardian. Es ahí a donde se dirigen Paul y Alger, guiados por Charles, para huir de La Orden y su persecución.

En esta pequeña ciudad hay unos habitantes fijos, como su sheriff, Ronald, su alcalde, Edgar o Jerome, el enterrador local.

También estaría Rose, única humana en el pueblo.

Esos serían los habituales y fijos, pero por el pueblo han pasado (y pasaran) varios personajes de la saga ya sea buscando protección o información.

Han pasado por ahí Paul y Alger, de El Guardián, como he dicho. Pero también pasó en su momento Charles, buscando información y luego se hizo un recurrente como vimos en El Guardián y veremos en otra futura novela.

Jon y Joseph, los hermanos lobo, han estado allí viviendo y llevando una tiendecita mientras esperaban el momento adecuado para seguir en su búsqueda de Colby. Y sabremos más de su estancia allí cuando publique la siguiente novela, en la que también saldrá otro personaje que ha vivido allí, escondido.

Para la Comunidad, es un lugar muy especial. Está protegido por un hechizo que la hace invisible para los que no saben donde buscarla. Solo se puede llegar si te invitan o te llevan.

¡Ah! Olvidaba a otro los personajes que han pasado por ahí y salen en otras historias, como es Jerrad, el dragón. Aparece en El Guardián, Dagas de venganza y Lobos.

Jerrad es un personaje que me encanta. Un día tengo que hacerle una historia para él solito.

Volviendo a Destruction Bay, la cual me encantó reformar para ser ese refugio secreto de la Comunidad, no es la única ciudad del mundo con esos fines. Obviamente, seria ridículo.

Hay más. Tenía una historia en la cabeza con otra parecida que encontré pero la historia no ha salido, así que se queda en pausa por ahora y ya la mencionaré en su momento.

Creo que es imprescindible para mi universo que existan esas ciudades.

Si tienes más curiosidad por Destruction Bay y su historia, tengo un post en el blog sobre ella. Y también puedes leer todo sobre ella en El Guardián, donde te la describo a ella y sus habitantes.

Espero que cuando salga la nueva novela, descubras más cositas interesantes del lugar.

Y hasta aquí hemos llegado, aventureros. Recuerda que puedes echar un ojo a mi blog, miaventuradeescribir.com, que mis novelas están en Amazon buscando por mi nombre, Eva Tejedor y que puedes echarme una manita invitándome a un Ko-fi.

¡Nos vemos en dos semanas!


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Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 2.

Capítulo 2.

descubriendo el pasado

 

Para sorpresa y alivio de Arthur, Gawain sí que sabía hacia donde iban.

Tras casi una hora andando por el bosque, acabaron llegando a la carretera, muy cerca del límite de la ciudad de la que iban a salir. El guardaespaldas usó su propia tarjeta de crédito para conseguir dinero y le empujó hacia un Walmart. Su traje y el del pelirrojo estaban rotos y manchados de sangre y tierra. Llamaban demasiado la atención.

Allí compraron ropa más normal, vaqueros y camisetas para un par de días. Nada de trajes. Con todo eso preparado, Gawain consiguió un coche de segunda mano en una tienda y condujo hasta la siguiente ciudad sin parar ni para comer.

Arthur quería protestar y mucho.

Tenía hambre, estaba cansado y asustado. Algo normal dadas las circunstancias. Pero sabía que ponerse a protestar como un niño no iba a servirle de nada y que Gawain estaba haciendo lo mejor que podía para protegerle.

Cuando por fin se detuvieron, casi a la noche, a las puertas de un motel mugriento, Arthur no estaba seguro de si debía alegrarse o llorar. El sitio era deprimente.

Gawain le dejó en su habitación y volvió a salir, prometiendo traer comida a su regreso.

Arthur observó la habitación y gimió. Era minúscula, con dos pequeñas camas en las que casi no iban a entrar y un diminuto baño.

Entendía el porqué. Resultaba más sencillo proteger un espacio pequeño y allí no les buscaría nadie, eso era seguro. No iban a imaginar que un multimillonario se estaba escondiendo en semejante cuchitril.

Pero lo único que podía pensar Arthur era que allí no tenía manera de huir de su sueño. No con el protagonista durmiendo en la cama de al lado o paseándose por la habitación ligero de ropa.

¿Cómo iba a sobrevivir a eso?

Una hora después, Gawain aparecía con una bolsa de comida rápida y una expresión nada feliz.

– ¿Has conseguido hablar con Lance? – le preguntó, sabiendo que ese era el motivo de su seria expresión.

Gawain suspiró, sacando paquetes de comida china de la bolsa y ofreciéndole un par de ellos a Arthur. Cuando este los abrió se sorprendió al ver sus favoritos. Arqueó una ceja ante eso. ¿Cuándo había aprendido Gawain lo que le gustaba comer del chino?

El pelirrojo se sentó en la otra cama, frente a él con su propia comida.

– No está nada contento, obviamente. – eso debía ser la subestimación del siglo, conociendo a Lance. – Pero nos ha dicho que sigamos así. Que lo más seguro es ir por carretera, como teníamos planeado y mantener un perfil bajo hasta que podamos llegar a un lugar más seguro.

– ¿Dónde? – preguntó Arthur, dando un bocado a sus tallarines. Estaba muerto de hambre y esos tallarines estaban deliciosos.

– En Filadelfia hay una sede de Kamelot. – el chico la recordaba. Había acompañado a sus padres allí cuando era pequeño. – No es ni la mitad de grande pero es lo más seguro que podremos estar hasta que vengan a recogernos. Mientras, no es recomendable pasar mucho tiempo en el mismo sitio. Hoy dormiremos aquí y nos iremos a primera hora hasta la siguiente parada.

– Uhm.

– ¿Hay algún problema?

¿Algún problema? Pensó Arthur, frustrado.

Si, sí que lo había.

El problema era que había soñado con ese hombre y fue el mejor sueño erótico de su vida. El problema era que eso podía ser un antiguo recuerdo y ahora no sabía como mirar al otro a los ojos.

El problema era que Gawain ya no llevaba el traje negro y la camisa blanca que eran su uniforme como personal de seguridad. Llevaba unos vaqueros rotos estrechos, una camiseta negra que se le ajustaba como un guante y una sudadera que llevaba abierta en ese momento y Arthur no podía dejar de mirarle el pecho.

¿Qué iba a hacer si volvía a soñar con Gawain? En tan diminuto espacio era imposible que el otro no lo notara. Arthur estaba muy seguro de que no había sido nada silencioso esa mañana.

¿Y si volvía a tener un sueño de esa clase y Gawain le escuchaba?

No pensaba que pudiera haber algo más vergonzoso.

– No, ninguno. – mintió y siguió comiendo sus rollitos de primavera.

¿Qué iba a decir?

¡Ah, Gawain, adivina! Estoy teniendo sueños con nuestro pasado y por lo visto, estábamos liados.

Gawain era el único del grupo que no sabía que era un renacido.

Cuando Merlin hizo su pacto con la Dama del Lago, Lydia, para usar Excalibur y resucitarlos a todos en un futuro no contó con si debían o no saber sobre ese pacto o su vida anterior.

La mayoría lo fueron averiguando poco a poco, unos por sueños o visiones y otros, como en el caso de Lance, porque el propio Merlin se lo contó.

Pero Gawain jamás tuvo ningún sueño o visión sobre su antigua vida y se asumió que nunca recordaría nada. Y eso estaba bien para todos.

Tener recuerdos de tu vida pasada a veces hacia la actual más complicada.

Como el caso presente, por ejemplo.

Terminaron de cenar, en silencio, cada uno metido en sus propios pensamientos. Arthur con sus preocupaciones ridículas y Gawain considerando si podía permitirse el lujo de dormir o si debía hacer guardia toda la noche.

Finalmente optó por dormir. Al día siguiente debía conducir unas cuantas horas hasta el siguiente motel, donde Lance les había reservado una habitación y no podría si estaba agotado. Ahí estaban a salvo por esa noche.

Fue al baño a darse una corta ducha y, cuando regresó, se encontró con que Arthur se estaba desvistiendo. Tenía los vaqueros abiertos, mostrando sus bóxer azules y sin camiseta.

El chico no estaba tan fuerte o marcado como él o el resto de los guardias. Y era lógico. Gawain le había llevado al gimnasio con ellos durante sus primeras semanas trabajando juntos para poder establecer un lazo con el chico y que este dejara de desconfiar de él. Necesitaba su confianza si quería poder protegerlo como era debido.

Consiguió esa confianza, su amistad y un compañero de gimnasio diario. Pero, obviamente, no estaba tan fuerte como el resto.

Sin embargo, seguía teniendo un buen cuerpo. Delgado pero muy atractivo.

Y Arthur era muy guapo, además, con ese pelo oscuro y unos ojos verdes de película. Gawain no estaba ciego. Pero era su jefe y con el trabajo no se tonteaba. Esa era su norma.

Eso no prohibía que pudiera disfrutar de la vista.

Carraspeó, llamando la atención del otro quien se sonrojó al ser sorprendido de semejante guisa, haciéndole reír.

Y ahí fue cuando la cosa se puso algo rara, en opinión de Gawain, ya que, como acababa de salir de la ducha, él solo llevaba la toalla en la cintura y poco más. Se había olvidado la ropa allí y pensaba vestirse sentado en su cama. Nada que no hubiera hecho mil veces también en el vestuario delante de todo el mundo, Arthur incluido.

Pero el chico le observaba como si no le hubiera visto nunca, con los ojos clavados en su pecho y Gawain arqueó una ceja, intrigado.

¿Sería posible que Arthur le encontrara atractivo?

No pensaba hacer nada con esa información, porque no se mezclaban el trabajo y el placer, pero…

Decidió hacer una prueba.

Cogió unos pantalones de chándal que había comprado antes y se quitó la toalla, para ponérselos. Casi se carcajeó al ver la reacción de Arthur, que fue la de sonrojarse como un tomate maduro y ser incapaz de apartar la mirada. Una mirada que se volvía más y más ardiente por segundos.

Interesante, pensó mientras se ponía una camiseta, decidiendo dejar de molestar al otro.

– Deberíamos dormir ya. – le dijo, sonriendo sin poder evitarlo al ver que el otro seguía en shock. – Mañana va a ser un día muy largo.

– Si, claro.

Y el peor miedo de Arthur se hizo realidad. O sueño.

Cuando volvió a ser consciente de algo se vio en un lugar muy diferente al que se había ido a dormir. No estaba en la habitación del motel, estaba sentado al pie de un árbol.

Al mirar a su alrededor, vio que estaba en lo más profundo de un bosque. Veía y escuchaba a otros hombres, hablando, riendo. Los caballos relinchaban, no muy lejos. Escuchaba agua correr y chapotear muy cerca de donde estaba.

Se había sentado apartado de los demás. No recordaba que momento era ese, pero si sentía que deseaba estar solo y tranquilo.

Pero, claro, su sombra siempre estaba ahí, aunque él no lo deseara.

Gawain estaba delante de él, vestido con ropas más gruesas y ásperas que las de su anterior sueño. Algo en su cerebro le dijo que era la que solía llevar bajo la armadura, tela fuerte para mantenerlo caliente y protegido bajo el metal.

El pelirrojo le sonrió, una sonrisa cansada pero afectuosa y se arrodilló frente a él, para poder besarle de la misma tierna manera que lo había hecho en el otro sueño.

Arthur no pudo evitar un gemido, tanto había deseado repetir ese beso.

Alargó las manos y cogió del rostro al otro hombre, obligándole a sentarse sobre su regazo en el suelo.

– Cualquiera diría que me ha echado de menos, majestad. – rio Gawain, volviendo a besarle. Arthur le abrazó por la cintura, tratando de acercarlo aún más.

Jadeó al sentir la dureza del otro frotándose contra la suya. Los ojos azules de Gawain se oscurecieron un tono cuando le volvió a mirar.

– ¿Quieres hacerlo delante de todos esos soldados? – le susurró Gawain al oído, moviendo las caderas para buscar más fricción. Arthur volvió a jadear, casi sin aire. – Estoy seguro de que puedo hacerlo sin que ellos se den cuenta. Pero debes estar en silencio. ¿Crees que puedes guardar silencio por mí?

– Si. Si.

– Bien.

Gawain se incorporó lo justo para poder acceder a la ropa de Arthur y abrirle y bajarle los pantalones que llevaba, liberando su ya hinchado miembro. Le acarició un par de veces antes de dedicarse a quitarse sus propios pantalones.

Echó un rápido vistazo por encima del hombro, para comprobar que los demás estuvieran en sus propios asuntos y volvió a sentarse sobre Arthur, frotando su trasero contra su miembro, sacándole un tembloroso gemido que se apresuró a acallar con un beso.

Al separarse, le sonrió y le hizo un gesto para que guardara silencio. Arthur asintió y se mordió el labio mientras veía como Gawain se preparaba a sí mismo, sin dejar de mirarle a los ojos, con las mejillas enrojecidas y la respiración agitada.

Una eternidad después, si le preguntabas a Arthur, Gawain se empaló a si mismo con el miembro de Arthur y comenzó a moverse rítmicamente.

Cuando los jadeos de Arthur empezaron a subir el volumen, le tapó la boca con la mano, casi riendo al ver su expresión de enfado.

Para vengarse, Arthur comenzó a acariciarle haciéndole perder el poco control que le quedaba. No tardaron en acabar. Demasiado para los dos.

Arthur abrazó a Gawain, quien escondió el rostro en su cuello, y cerró los ojos.

Al volver a abrirlos volvía a estar en la habitación del motel y Gawain le observaba con una expresión de diversión que debería ser ilegal en cualquier situación.

– ¿Qué? ¿Hemos soñado algo interesante?

Arthur sabía que no iba a salir vivo de ese viaje. Ya empezaba a arrepentirse de que no le hubieran matado el día anterior.


¿Te ha gustado?

Pues dentro de dos semanas, más.

Y, recuerda, si llegas a casa, después de un largo día y quieres desconectar y no hay nada interesante en la tele y es demasiado tarde para buscar ningun libro en las librerías…relato

¿Qué puedes hacer?

¡Fácil!

Encontrarás montones de relatos y novelas de fantasía urbana con las que evadirte y disfrutar de una buena lectura en este blog o en mi página de Amazon.

¿A qué esperas?

Mi aventura de escribir: Podcast: Reescribir

Mi aventura de escribir. Podcast. Reescribir.

podcast

¡Hola! ¿Qué tal, queridos aventureros? Bienvenidos un día más al podcast de Mi aventura de escribir, el podcast donde se reescribe todo.

Reescribir es agotador. Y no se acaba nunca, eso lo tengo claro.

Aprovechando el confinamiento y el exceso de tiempo libre decidí dar un repaso a las novelas que tengo ya publicadas, en especial las primeras. Esas siempre van a tener fallos, ¿a qué si?

Pues empecé con Jack T.R., que ya debe ir por su cuarta o así y decidí también meter ciertas cosas que en un principio no tenía pensamiento de meter.

Escenas y capítulos enteros que antes eran cortos para conocer a los personajes. Un primer capítulo que luego quité y he vuelto a poner.

He escrito también escenas extras para meter más al lector en la historia y empatizar o explicarle mejor ciertas cosas que, al principio no conté porque creí que si lo hacía, desvelaba demasiado. Luego vi que no era así. O eso espero.

He metido a personajes que mencionaba de pasada pero no salían y ahora pienso que deberían haber hecho acto de presencia.

He desvelado datos de los personajes que yo sabía pero no los contaba porque no me parecían relevantes. Y ahora creo que si lo son.

Cosas así. Vamos, que le he dado un señor repaso.

Y con la tontería Jack T.R. ha crecido un buen numero de páginas, lo cual me ha hecho muy feliz.

También le he añadido el relato de El diario de Charles, que era una especie de continuación y spin off al mismo tiempo, sobre lo que hacia Charles, su prota, justo al acabar la novela.

Pero la versión que puse en el blog, años atrás, era muy corta y resumida y… no, no quedaba bien ahí. Así que también la reescribí, dándole más contenido y metido más trama.

Todo eso servirá también para cuando veamos a Charles en las otras novelas, poder entender porque está como está y hace lo que hace. Ahí se va a desvelar bastante de eso.

Total, que con la tontería pasé tres semanas y pico sin parar y ha sido muy divertido.

Ahora la tienes nuevamente en Amazon, con todo el contenido extra y también en Wattpad, dónde la he ido publicando a dos capítulos por semana.

Espero que la disfrutes mucho, si la lees.

Y tras Jack T.R. ha seguido Kamelot 2.0 y luego irán las demás. Kamelot ya lleva un buen repaso y dos nuevos relatos que ya he empezado a compartir también en el blog. ¡No te los pierdas!

La pregunta del millón para cualquier escritor es… ¿se acaba alguna vez de reescribir o repasar tus novelas?

La respuesta corta es: No.

No se acaba nunca, porque siempre encontraras algún fallo o errata o cosa que en ese momento te parecía genial y, meses después, te parece una birria.

Siempre.

Es algo que ocurre mientras escribes, también. El no saber cuando dar por finalizada tu novela. Y ese es el truco, saber que nunca va a estar terminada del todo y que tienes la oportunidad de volver a revisarla en un futuro.

Tengo fics antiguos, de cuando empezaba a escribir, que ahora leo y me dan vergüenza ajena. Muchos no puedo ni leerlos por ese motivo. He cambiado y evolucionado en mi manera de escribir, de expresarme y de crear y ahora no soporto lo que escribía diez o más años antes.

Y la mayoría son insalvables, por absurdos. Tenían menos trama que un anuncio de contactos. Pero si es cierto que me gustaría poder rescatar algunos, porque significaron mucho en su momento y me encantaría reescribirlos.

Pero, en esos, la reescritura sí que está complicada. Bastante.

Todo se andará. O ya ando, que he cogido la idea base de uno de los últimos que hice para hacerla relato corto o novelita. Espero que funcione.

Mientras tanto, espero que leas las novelas nuevamente, descubras cosas nuevas y las disfrutes porque en algunas quedaron cosas que contar y que podrían interesarte.

Ya sabes que puedes encontrarlas todas en Amazon, buscando por mi nombre, Eva Tejedor, y que puedes echar una manita invitándome a un Kofi, en Ko-fi.es/evatejedorescritora

También recordarte que visites mi blog, miaventuradeescribir.com y disfrutes de los post y relatos que allí encontrarás.

Un salud, aventureros y nos vemos en dos semanas.

 

 

Relato: Descubriendo el pasado

Pues tengo un par de relatos nuevos y alguna cosa por ahí perdida, así que los miércoles que no haya podcast, iré poniendo capítulos de relatos para no aburrirnos. ¿Qué te parece?

Este está inspirado en el universo de Kamelot 2.0, donde Arthur, el prota, descubre algo muy intresante de su vida pasada como rey de Camelot.

¡Disfrútalo!


descubriendo el pasado

Capítulo 1.

 

Arthur estaba soñando.

Y lo sabía porque estaba en lo que parecía una habitación extraña con paredes de piedra, fría y desagradable a pesar de los adornos de pieles, terciopelo y la enorme cama. Todo lucía muy antiguo.

Estaba ahí en vez de en su habitación del hotel a la que fue a dormir la noche anterior, cuando acabó la junta de accionistas celebrada en San Francisco, a la que había sido obligado a asistir junto con Gawain.

Había un enorme espejo de cuerpo entero con el marco dorado y Arthur contempló su reflejo con una expresión de sorpresa.

Vestía una túnica morada de lana y una especie de capa que llegaba hasta sus rodillas, sujeta en sus hombros por dos broches gemelos de zafiros. Su cabello parecía distinto, cortado de una manera muy extraña.

Y llevaba una espada colgada en su cintura. Al sacarla de su vaina vio que era Excalibur, luciendo nueva y brillante.

Toda la situación se sentía un poco como un déjà vu. Le recordó a aquella vez que soñó con su última batalla antes de que su padre muriera.

Todavía intentando procesar que hacia allí y si era o no un sueño, escuchó un par de golpes suaves en la gruesa puerta de madera y un casi irreconocible Gawain entró en la habitación.

Arthur le vio hacer una reverencia antes de cuadrarse y observarle con ese brillo travieso que siempre iluminaba sus ojos azules.

Estaba tan diferente al que conocía… el cabello más rebelde y largo, varias cicatrices visibles en su rostro y brazos, más fuerte y rudo. Había algo fiero y duro en su mirada.

Pero la misma sonrisa pícara en ese rostro conocido.

– Majestad, vengo a daros el informe de la zona norte. – incluso su voz era ligeramente distinta, más ronca.

Arthur se quedó un segundo en blanco. Al parecer le iba a tocar escuchar más informes. Incluso en sueños tenía que trabajar.

– Adelante.

Para sorpresa del chico, la postura y la actitud de Gawain cambió radicalmente. Pasó de estar serio y envarado a relajado y con una sonrisa socarrona. Gawain comenzó a quitarse los guantes, dejándolos sobre una mesa. Luego le tocó el turno a la espada, la capa… todo eso sin dejar de hablar sobre ganado, fronteras, aldeanos que no querían pagar impuestos, otros que solo se quejaban de los lobos y cosas así a las que Arthur no estaba prestando mucha atención porque el otro estaba frente a él, quedándose solo con una túnica y sus zapatos.

Había algo en esa situación que se le escapaba y no tenía idea de que podía ser.

Entonces, Gawain se acercó a él, despacio hasta quedar a solo un paso. Su mirada se suavizó, su expresión varió a la de alguien que estaba mirando algo que le gustaba mucho y notó la áspera mano del otro en su mejilla, alzándole levemente la barbilla para poder besarle, lento y dulce. Arthur no entendía nada pero no pudo evitar que se le escapara un gemido porque hacía años que nadie le besaba de esa manera.

No. Estaba seguro de que jamás le habían besado de esa manera.

Cuando se separaron, Gawain le cogió el rostro con ambas manos, sus pulgares acariciándole suavemente y Arthur se sintió derretir por la ternura y el calor de la mirada del otro.

– ¿Ocurre algo, majestad? ¿Es mal momento? – el chico negó con la cabeza, enérgicamente. Le daba igual que estuviera pasando ahí. Era un sueño, ¿verdad? Pues quería más de ese sueño.

Así que puso sus manos en la cintura del otro y lo acercó, ganándose una sonrisa divertida.

– No, nada. No pasa nada. – Arthur le dio un leve apretón en la cintura. – ¿No vas a besarme otra vez?

– Si es lo que su majestad quiere… – y el tono de Gawain es todo burla.

– Una orden, vamos.

Gawain, sin dejar de sonreír, le besó de nuevo y Arthur volvió a derretirse, necesitando sujetarse con más fuerza al otro para no caer.

Tanto era lo que le hacía sentir.

¿Por qué? No lo entendía, realmente. En el tiempo que llevaba de vuelta en Kamelot y con Gawain como su guardaespaldas particular, nunca sintió ninguna necesidad de besarle. Ni de tocarle de más.

Si, eran amigos. Habían hecho amistad en esos meses. Era complicado no sentir algo por el pelirrojo, cuando era siempre tan divertido, tan atento, siempre cuidando de él incluso cuando no debía.

Claro que eran amigos. Buenos amigos, le gustaba pensar a Arthur. Gawain era siempre al primero que recurría si necesitaba hablar de lo que fuera.

Pero nunca sintió esa necesidad. ¿Por qué soñar con esto, entonces?

Porque era un sueño, ¿verdad?

Se sentía tan real que casi parecía más un recuerdo que un sueño. Pero no podía ser. Alguien le habría dicho algo al respecto.

Joss le habría avisado, más sabiendo que había soñado con su pasado antes.

Las manos de Gawain dejaron su rostro para deslizarse por su espalda, tirando de su túnica para levantarla y colar las manos bajo ella, tocando piel por fin.

Arthur jadeó, sorprendido al sentir las manos callosas y desnudas del otro en su piel, calientes y exigentes, apretando y acariciando, encendiéndole en segundos.

La sonrisa de Gawain se amplió al escucharle, volviéndose lobuna y le besó con más pasión aun, dejándole sin aliento.

– ¿Qué le parece la idea de le ponga contra esa mesa y le haga mío? ¿Me permitiría eso, majestad? – le preguntó en un susurro sugerente.

Para ese momento, Gawain ya estaba acariciando su excitación con dolorosa parsimonia y Arthur no podría negarse a nada que le pidiera aunque quisiera, que no era el caso.

Quería. Él quería.

Vaya si quería.

No contestó. No podía, no le salían las palabras. Aún seguía tan sorprendido con su propio cuerpo y como respondía al toque del otro que era incapaz de pensar algo coherente. Además, estaba tan excitado que sería capaz de llorar si lo dejaba así.

Retrocedió un par de pasos, arrastrando a Gawain con él hasta chocar con la mencionada mesa.

Y el pelirrojo no necesitó más respuesta que esa.

Con movimientos rápidos y bruscos, Gawain le liberó de su espada, la capa y la túnica, dejándole completamente desnudo y a su merced. Le dirigió una mirada de tal adoración que Arthur se sonrojó violentamente.

Un nuevo beso, corto pero profundo y Gawain le obligó a darse la vuelta, quedando de espaldas al pelirrojo. Sus manos pronto estuvieron sobre Arthur, acariciándole por todas partes hasta centrarse en su excitación y en su entrada.

Le preparó con extremo cuidado, sacándole gemidos que debían escucharse en todo el castillo pero a Arthur no le podía importar menos quien le escuchara.

Era su sueño, ¿verdad?

Nada importaba.

Notó algo más grande y duro introducirse despacio en su cuerpo y se tensó, sintiendo un gran dolor. Gawain, enseguida trató de relajarlo, volviendo a acariciarle y besándole en los hombros, susurrando palabras de cariño en su oído que le excitaron más que cualquier otro toque.

¿Por qué? ¿Por qué las promesas de amor de un tipo por el que se suponía no sentía nada tenían ese poder en él?

Gawain comenzó a moverse de nuevo cuando notó que se relajaba al fin y no tardó en acelerar el ritmo, haciendo que Arthur chocara contra la recia madera de la mesa con cada embestida, dándole una mezcla de dolor y placer que le estaba volviendo loco.

Clavó las uñas en la superficie de la mesa, arañándola, gritando el nombre del otro hombre cuando llegó, cayendo agotado sobre la mesa mientras notaba a Gawain embestir más rápido y descoordinado varias veces antes de acabar él también.

Arthur sintió como Gawain le cogía, obligándole a girarse para mirarle y vio tal amor en sus ojos que se quedó sin habla.

Y se despertó.

El chico parpadeó, desconcertado. Estaba de vuelta en la habitación del hotel, el último en el que se habían alojado la noche anterior y estaba solo.

Solo y empapado, notó con cierta incomodidad.

Maldiciendo, salió de su cama y se metió en la ducha. Eran poco más de las siete de la mañana y Gawain estaría pronto por ahí para recordarle que debían salir en una hora o así.

En la ducha, todo el sueño volvió a su cabeza como si fuera una película.  Se notó de nuevo duro y cambio la temperatura del agua de templada a fría.

No podía permitirse volver a pensar en ese sueño. En minutos iba a tener que tratar con el protagonista de semejante fantasía y no estaba seguro de que pudiera mirarle a los ojos.

¿Cómo iba a hacerlo después de lo que había soñado?

Porque era un sueño, ¿verdad?

Preocupado por eso, cogió su móvil y llamó al único que podía responder a ciertas preguntas, sobre todo a las que se referían a su vida pasada.

Joss Merlin.

Joss no tardó ni dos tonos en contestarle.

– ¿Arthur? ¿Ocurre algo?

– No, no… solo… – de repente se sintió estúpido. ¿Cómo iba a contarle que había tenido un sueño erótico con su guardaespaldas? – Nada, déjalo. Es una tontería.

– No creo que lo sea. ¿Qué ocurre? – insistió el otro. De fondo se escuchaba el ruido inconfundible de la cafetera.

– En mi vida anterior… Gawain… o sea… – tartamudeó. – Él y yo… o sea… él y yo… ¿éramos?

– ¿Erais, qué? – preguntó Joss y se notaba que estaba aguantando las ganas de reír.

– ¿Algo más que amigos? – y ahora, sí. Joss soltó una carcajada larga y divertida.

– Gawain y tú erais algo más que amigos en esa época, sí. Erais la comidilla del castillo. – le confirmó. Arthur se sorprendió. ¿Por qué no había recordado eso antes? ¿Y por qué nadie le dijo nada? – Todo el mundo lo sabía, obvio, porque no erais lo más discreto del mundo cuando estabais en tu habitación. Pero al menos lo manteníais ahí.

– Oh…

– ¿Por qué preguntas eso? ¿Ha pasado algo?

– Solo he soñado… algo.

– Oh, espero que fuera divertido.

– Estúpido. – Joss volvió a reír. – Debiste avisarme.

– ¿Para qué?Mira, Arthur, aquello fue tu vida anterior. No tiene que repetirse nada de lo ocurrido ahí. Ahora eres otro y tienes otra vida distinta. Nada está escrito en piedra. Puedes elegir con quien quieres o no estar. Es tú decisión. Además, Gawain no recuerda nada de su vida pasada.

– Lo sé. – recordaba que Lance y Joss mencionaron eso un par de veces. Era algo muy curioso.

– ¿Eso va a ser un problema?

– No, no. Es que me ha sorprendido. Nunca he tenido ningún sueño con él… no de este calibre.

– Pues disfrútalos y no les des más vueltas. Son solo recuerdos que se quedan ahí por puro capricho. Olvida el asunto.

– Lo intentaré. – aunque sabía que estaba mintiendo. No iba a poder olvidar el sueño y lo que había sentido en él.

Era imposible.

Se despidió de Joss y procedió a vestirse. Gawain no tardaría en estar allí y prefería que no le pillara sin ropa. Ya iba a resultarle incomodo sin añadir más cosas.

Para cuando Gawain tocó en la puerta y entró, Arthur ya estaba preparado y con su maleta lista para salir de nuevo hacia el aeropuerto, donde les esperaba un avión de la compañía. Arthur iba inusualmente silencioso, lo que fue notado por su acompañante.

– Oye, ¿estás bien? – le preguntó y la preocupación que reflejaron sus ojos azules le hizo estremecerse al recordar el sueño.

– Si, sí. No he dormido bien.

– Bueno, podrás dormir en el avión. Yo tampoco duermo bien en los hoteles. Prefiero mi cama.

– No hay nada como la cama de uno. – bromeó Arthur, sin saber que decir. Gawain rio, dedicándole después una sonrisa pícara. La misma clase de sonrisa que le dedicó en su sueño.

– Pues sí. Para todo, ¿verdad?

Arthur tragó en seco, con la mirada enganchada a la del otro, que se fue poniendo serio poco a poco, luciendo algo confuso.

El momento se rompió cuando algo, presumiblemente un coche, golpeó brutalmente el suyo, sacándoles de la carretera y haciéndoles estrellarse en un lado donde todo era tierra y campo.

Arthur estaba dolorido y aturdido. No sabía que había ocurrido. ¿Habían tenido un accidente?

Pero la mano de Gawain tirando de él e instándole a salir del coche y seguirle, llevando su pistola en la otra, le indicaba lo contrario.

Más por inercia e instinto de supervivencia que otra cosa, corrió tras su guardaespaldas, quien se detenía cada pocos pasos para volverse y disparar su arma, empujándole hacia el bosque que se encontraba unos metros más allá.

Corrió todo lo que le dieron sus piernas, con el guardaespaldas pegado a él, vigilando. No le dejó detenerse hasta un buen rato después, ya bien dentro del bosque.

Y perdidos, presumiblemente. Al menos él no tenía idea de donde estaban.

– ¿Qué ha pasado? – Gawain guardó su pistola y se acercó para comprobar que no estaba herido. Él mismo tenía un golpe en la mejilla que sangraba un poco y que corría peligro de ponerse morado pronto.

– No estoy seguro. Pero nos han atacado, eso es indiscutible. – gruñó, tocándole la ceja. Arthur siseó de dolor. – Parece que te has hecho un corte aquí. Esperemos que no deje marca.

– ¿Y qué hacemos ahora?

– Ahora aplicamos el protocolo para estos casos, que es escondernos y pasar desapercibidos mientras intentamos ponernos en contacto con Lance y volvemos a casa.

Arthur miró a su alrededor. Estaban en mitad de ninguna parte, rodeados de bosque, árboles y nada que pareciera civilización. Pero no podían volver a su coche, donde estaban sus cosas, por si habían enviado más asesinos a buscarlos.

– ¿Cómo?

– Empezamos a andar hacia allí – dijo, señalando a una dirección. Arthur imaginó que había escogido esa dirección como podría haber escogido la contraria. – y nos escondemos bien en la siguiente ciudad. Buscaremos un motel barato. No nos buscaran por ahí. Y luego llamamos a Lance. No te preocupes. Estas a salvo conmigo.


¿Te ha gustado?

Pues dentro de dos semanas, más.

Y recuerda, si llegas a casa, después de un largo día y quiere desconectar y no hay nada interesante en la televisión y es tarde para buscar ningún libro en las librerías y bibliotecas.

¿Qué puedes hacer?

¡Fácil!

Encontrarás montones de relatos y novelas de fantasía urbana con los que evadirte y disfrutar de una buena lectura de textos originales en este blog.

Solo necesitas tu ordenador y entrar en Mi aventura de escribir para vivir un montón de aventuras.

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Entrevista a mis personajes: Astrid Samaras de Dagas de venganza.

¡Vuelve la sección más fivertida! ¡Vuelven las entrevistas a los personajes de mis novelas!

Entrevista a Astrid Samaras:

entrevista a

Di tu nombre completo:

Astrid Eibhlín Samaras.

¿Edad?

Treinta y dos. Pero no aparento más de veinticinco. ¡Mola ser yo!

¿A qué te dedicas?

Ahora mismo, a poca cosa. He pasado los últimos años persiguiendo a un trozo de escoria por medio mundo y ahora que está muerto… no sé. Ando un poco perdida. No estoy segura de que debo hacer en estos momentos.

¿Y qué es lo que realmente te gustaría hacer?

Siempre supe que acabaría trabajando para la Comunidad. Con mis dones, ¿cómo no hacerlo? Pero me hubiera gustado haber sido arqueóloga y conocer mejor el pasado de mi raza. Creo que es fascinante.

Cuéntame… ¿Qué hobbies tienes?

¿Hoy en día? Ver pelis, comer, ver series, las patatas fritas, matar a gente de La Orden… comer.

¿Tienes a alguien especial en tu vida ahora mismo? ¿Familia?

Familia, no. Ese desgraciado de Bauman mató a toda mi familia. Pero si tengo a alguien especial. Se llama Alec y es un dolor en el culo. Pero es majo y se deja apalear de vez en cuando.

¿Qué es lo que pasa en tu vida en este momento?

Acabo de conocer a Zeus, lo cual pensaba que no podía ocurrir y voy a ayudarle a recuperar a su último amante, lo cual si que pensaba que no iba a ocurrir jama de los jamases. Espero que eso no se me vuelva en contra.

Y para terminar… ¿Qué planes tienes para el futuro?

Seguir pateando culos de La Orden, ahora que vuelvo a tener mis poderes.

 


Y recuerda, si llegas a casa, después de un largo día y quiere desconectar y no hay nada interesante en la televisión y es tarde para buscar ningún libro en las librerías y bibliotecas.

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