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Resumen semanal: tercera semana de enero.

Resumen semanal: del 14 al 18 de enero.

Lunes.

Empezamos la semana con un post sobre mezcla realidad histórica y ficción y la mejor manera de hacerlo. ¡No te lo pierdas!

Miércoles.

¡Nuevo capítulo de Jack T.R.!

Esta semana seguiremos a Charles quien regresa con Aidan y hace nuevos y nada divertidos descubrimientos sobre el caso.

Jueves.

¡El nuevo proyecto avanza!

Y mientras te cuento como hago para desarrollar las tramas y trabajarlas, parte muy importante del proceso.

Viernes.

¡Y por fin llega el viernes!

¡Feliz finde a todos!

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Resumen semanal: del 7 al 11 de enero: Resumen semanal: segunda semana de enero.

resumen

Resumen semanal: del 7 al 11 de enero.

resumen

Lunes.

En el post de esta semana te hablo sobre los personajes de El Guardián. Ven a conocer a Paul y Alger, protagonistas de la novela y dos bichos de lo más encantador XD

Los personajes de El Guardián.

 

Miércoles.

¡Y nuevo capítulo de Jack T.R.!

Esta semana Charles cada vez está más liado y confundido y más asustado también. Y no es para menos, ya que debe volver a vivir uno de los asesinatos de Jack.

¿Qué hará?

Jack T.R. Capítulo 7

 

Jueves.

Esta semana te cuento más sobre mi nuevo proyecto y los personajes que van a participar en él. Cómo y de dónde han salido y el desarrollo de sus personalidades.

Creando personajes para el nuevo proyecto

 

Viernes.

¡Por fin es viernes!

¡A disfrutar del finde todos!

 

 

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¡Nuevo proyecto!: Nuevo proyecto: Creando personajes

nuevo proyecto

Nuevo proyecto: Creando personajes.

nuevo proyecto

Te contaba la semana pasada que estoy con un proyecto nuevo. No sé cómo va a acabar, porque esto nunca se sabe.

Pregunta a cualquiera que escriba. Se sabe cómo empieza, como sigue y, si, tienes una idea de cómo acaba. No significa que acaba así.

Por eso digo que por ahora va a ser una historia más bien de romance paranormal con tintes de todo. Luego ya veremos que sale.

Que tú dirás… ¿Por qué romance ahora?

Porque va a ser una parte más de mi universo y porque va a contar la historia de dos de mis 3 Hermanos. Esos lobitos a los que adoro desde el día que me los imaginé.

Durante el relato que compartí aquí en blog y en el cameo que hicieron en El Guardián, podías ver algo de sus personalidades y de su historia.

Mis tres lobos son tres cachorros que se han criado juntos adoptados por el Alfa de su manada cuando sus familias murieron a causa de un brote de sarampión en la ciudad que atacó con más fuerza en la manada.

Todo esto tiene mucho que ver con todo mi universo, créeme. Hasta el detalle tan tonto como lo del sarampión es importante.

No son hermanos, realmente. No de sangre. Pero se han criado como tales y se quieren así. Bueno… dos de ellos se quieren algo más XD

Y de esos dos voy a hablar en mi nueva novela. Por ahora. Hay mucho que matizar y trabajar.

Mucho mucho mucho mucho mucho.

Ahora estoy trabajando en las personalidades y «backstory» de los personajes. Su pasado, vamos.

Para el relato no me mate mucho. Cogí lo básico y punto. Ahora tengo que profundizar e investigar en su “vida” para poder escribirla. Todo lo ocurrido en ese tiempo va a influir en su presente y su futuro.

Y en el futuro de las novelas.

Así que tenemos a Joseph, Jonathan y Colby, tres chicos que se quedaron huérfanos con tres y dos años y acaban criándose juntos en la casa del Alfa de su manada. Eso los convierte en sus herederos en un futuro. De hecho, Joseph es el primer candidato a ser Alfa cuando el actual se retire. Jonathan tiene todas las papeletas de segundo al mando por su inteligencia y su carisma y porque es la única persona que entiende a Joseph incluso sin hablarse.

Y luego está Colby. El más pequeño de los hermanos es muy inteligente también y un gran estratega. Y siente que lo están dejando atrás.

Eso es algo que veo muy normal. Todos llegamos a un punto (a cualquier edad) en que sentimos que nos dejan atrás. Tus amigos se casan o encuentran trabajos antes o compran una casa… y tu sientes que sigues estancado.

Pues eso le pasa a Colby. Si has leído el relato no te estoy contando nada nuevo. En el relato Joe y Jon están en una búsqueda de su hermano pequeño que se ha unido a La Orden.

En esta historia te voy a contar la infancia de los tres y como llegamos a esa situación.

¿Por qué? ¡Porque me encanta!

Y estoy segura de que te va a gustar también.

nuevo proyecto

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¡Ahora, gratis! : Jack T.R. Capítulo 7.

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Capítulo 7

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Charles llegó a comisaría casi cuatro horas después de haber dejado la escena del crimen, dos desde que se marchara corriendo de la librería.

 

Había elegido dar un largo rodeo desde la librería hasta allí. Necesitaba calmarse y pensar antes de regresar al trabajo, por lo que optó por dejar su coche un par de manzanas más lejos de lo que acostumbraba. Perdió la noción del tiempo mientras paseaba inmerso en sus pensamientos. Tanto que, al llegar, Henricksen se le echó encima, bastante molesto, como si hubiera estado desaparecido años en vez de unas horas.

 

― ¿Dónde estabas? ¡Llevo toda la mañana llamándote al móvil! — extrañado, revisó su teléfono para darse cuenta de que la batería estaba muerta, probablemente porque no había recordado cargarlo la noche anterior.

 

― Lo siento. No me he dado cuenta de que no tenía batería.

 

― ¿Estás bien? Tienes mal aspecto.

 

― Si… si… Solo preocupado por este caso, eso es todo. — se excusó, dirigiéndose hacia su escritorio y esquivándole. No tenía ganas de responder las preguntas que inevitablemente le haría. Su compañero le siguió, aun molesto.

 

― ¿Dónde has estado? Los patrulleros me dijeron que te fuiste de la escena hace horas.

 

― Fui a… dar un paseo para despejar la mente. ― Henricksen bufó, incrédulo.

 

― ¿Dar un paseo? ¿Tú?

 

― Si, ¿qué pasa? ― preguntó de vuelta a la defensiva.

 

― ¿Desde cuándo das tú paseos? ― Charles le dirigió una mirada cortante. ― ¿Sabes qué? ¡No importa! Pero la próxima, avisa, capullo. ¿Otra vez has estado durmiendo mal?

 

El detective hizo una mueca.

 

Eso era el eufemismo del año. Él caía rendido cuando el cansancio le vencía, pero no descansaba nada a causa de sus sueños. Necesitaba terminar con ese caso de una vez.

 

― Si… Insomnio otra vez. ― mintió. ― Va a acabar conmigo. Tú tampoco tienes pinta de estar durmiendo demasiado. — No se había fijado demasiado bien antes, pero su compañero tenía las ojeras más marcadas que hacía un par de días. Este le dio una sonrisa débil, encogiéndose de hombros.

 

― La niña nos tiene locos. Anoche tuvo un cólico. Por cierto, Morgan está con la autopsia de la última víctima. — añadió, volviendo a ponerse serio y cambiando de tema. ― Me dijo que quería hablar con nosotros lo antes posible.

 

Charles frunció el ceño, intrigado por el mensaje, encaminándose hacia la zona de autopsias sin decir una palabra. Si Morgan les estaba buscando, tenía que ser algo importante. No tardó en oír los pasos de Henricksen tras él.

 

Cogieron el ascensor para ir al sótano del edificio, donde se encontraban los dominios del forense. En esa misma planta también estaban el depósito de cadáveres, el de pruebas y la armería. El sótano ocupaba prácticamente toda la superficie del edificio, adecuadamente insonorizado y ventilado, por suerte para ellos.

 

Charles todavía recordaba el horrible hedor que despedían los cadáveres de la primera comisaria a la que fue destinado, después de graduarse en la academia. Aquel lugar era tan antiguo que el sistema de ventilación no funcionaba correctamente y, en verano, cuando ponían el aire acondicionado solía colarse el olor a descomposición de los cuerpos que estaban siendo analizados.

 

Fue muy feliz cuando le trasladaron a su comisaría actual, un año después.

 

El sonido del ascensor llegando a su destino le hizo regresar al presente. Pasaron las puertas de la armería y del depósito antes de detenerse frente a la sala de autopsias.

 

Morgan estaba ya cosiendo a la chica cuando llegaron.

 

― ¡Hombre, por fin aparecéis! He tenido que hacer la autopsia sin vosotros.

 

― Lo siento. Estaba ocupado con otras cosas. ¿Qué es lo que tienes para nosotros?

 

― Bien, la conclusión es que es nuestro hombre, como ya sospechabais. Las heridas son iguales que en las otras dos víctimas e infligidas por la misma clase de cuchillo. No falta ningún órgano pero varios están destrozados por las cuchilladas.

 

― Un chico entró en el aparcamiento cuando estaba con ella, por eso no pudo coger nada. Le jodió los planes. — Charles suspiró, cansado antes de proseguir. ― Si le interrumpieron, probablemente esté frustrado por ello, así que volverá a matar antes de lo que tenía pensado.

 

― Eso, por desgracia, es muy posible. La otra noticia que os tenía es que he encontrado una nota. — Morgan les dio una bolsita con un arrugado papel dentro. — La dejó en la boca de la chica.

 

Charles ignoró el estremecimiento que le recorrió al cogerla, temiendo que volviera a tener otra alucinación como le ocurrió con la primera, pero no pasó nada. Alisó como pudo el papel a través del plástico de la bolsa y lo leyó, sus cejas alzándose con cada palabra.

 

En esa ocasión el asesino había incluso dibujado una calavera y un cuchillo, muy similar al que habían encontrado en la escena del crimen y usado un bolígrafo rojo.

 

― «Querido Jefe: ¿le gustó el espectáculo? Pronto podrá ver más. J.T.R.» — Charles sintió como se le helaba la sangre al leer la nota. ¿Se refería a él? ― Este tío está completamente loco.

 

― ¿A quién demonios se supone que envía estas notas? — preguntó Henricksen, rascándose la cabeza. ― ¿Quién cree que es el jefe? ¿El capitán? ¿El alcalde?

 

― No tengo ni idea.

 

Lo ocurrido en la escena del crimen volvió a su mente haciéndole recordar algo en lo que no había pensado hasta ese momento. El asesino había mencionado que sabía que podía verle en sus sueños. Mientras duró el ataque y, más tarde, en la librería no le dio ninguna importancia, incluso lo olvidó con todo el lio, pero… ¿cómo sabía eso?

 

Nunca había mencionado sus sueños a nadie. Absolutamente a nadie. Pero entonces, ¿cómo lo sabía?

 

― Este caso me está dando migraña. — gruñó su compañero, cogiendo la nota. — Voy a llevar esto a los de la científica y a comprobar si han sacado alguna huella del cuchillo que encontraron. ¿Te veo luego? — Charles volvió a la realidad y miró su reloj. Eran poco más de las once de la mañana.

 

― Si… claro… voy a hacer algo de papeleo y a hablar con los de perfiles. Cuando vuelvas vamos a por un café.

 

― De acuerdo.

 

Henricksen asintió y se marchó, dejándoles solos. Él mismo se disponía a salir también cuando Morgan le agarró del brazo, deteniéndole.

 

― Oye, ¿te encuentras bien? — le preguntó, dándole una mirada preocupada. ― No tienes buen aspecto. — Charles negó suavemente con la cabeza, componiendo una sonrisa tranquilizadora.

 

― No es nada. No he dormido bien desde hace unos días.

 

― Si quieres te puedo recetar algo para eso.

 

― Nah… No soy muy fan de las pastillas. Intentaré reducir un poco el café y, si no funciona, volveré a que me recetes algo.

 

― ¡Estos jóvenes y sus remedios «new age»! ― se rio el doctor, haciéndole sonreír. — Está bien. Pero ya sabes. Si sigues con problemas para dormir, ven a verme.

 

― Lo haré, descuida.

 

El resto del día pasó como un borrón.

 

Visitó a los de perfiles, quienes no le dieron nada nuevo sobre el asesino, salvo que habían configurado un perfil geográfico del sujeto, que situaba los asesinatos cada vez más cerca de su comisaría. Eso, junto con las notas recibidas, dejaba claro que deseaba su implicación en la investigación.

 

¿La razón? Eso no lo podían saber con seguridad, pero tenían varias ideas.

 

Después tomó un almuerzo temprano con Henricksen en la cafetería cercana a la comisaria y pasó la tarde absorto con unos informes retrasados.

 

La noche llegó más rápido de lo que hubiera querido el policía.

 

Por desgracia, pensó mientras descongelaba una pizza barbacoa y la metía en el horno, no sacaron nada en claro del cuchillo ni la nota. Y, en esa ocasión, el asesino había usado un papel normal y anodino, nada de tickets que pudieran darle alguna pista y el cuchillo estaba limpio de huellas.

 

Se fue a dormir con la preocupación y el miedo de que volviera a matar esa noche. Como bien había comentado con Morgan antes, Jack fue interrumpido. Y eso no era una buena cosa.

 

Estaba seguro de que mataría pronto. El problema era saber cuándo y dónde. Por eso no quería dormir. Temía verle en sus sueños de nuevo.

 

Consiguió luchar contra el cansancio durante unas pocas horas pero acabó sucumbiendo.

 

Cuando volvió a ser consciente de sí mismo, ya no estaba en su cama, si no en un parque. Gimió interiormente al notar esa ya familiar sensación de estar donde no debía, de ver las cosas desde los ojos de otra persona, esas emociones y pensamientos que no le pertenecían.

 

Vio su reflejo en una escultura de metal y comprobó que era una muchacha. Guapa, castaña y con el cabello recogido en una trenza. Y, en esa ocasión, no estaba solo. Caminaba por un parque con su amiga, otra chica de su edad, morena, de pelo corto y peinado de punta. Tenía pecas y los ojos verdes y no dejaba de reír por algo que les había ocurrido en el bar donde estaban antes.

 

Oyó pasos tras ellas… Dios… ¡iba a empezar!

 

No dieron importancia a los pasos que oían a sus espaldas. Acababan de entrar en el parque y había gente por los alrededores. Parejas besándose, un par de tíos que parecían vender drogas… lo usual a esas horas. Miró por encima del hombro y vio a un hombre con las manos metidas en los bolsillos de su abrigo que andaba encorvado ligeramente.

 

Solo otro tío que salía del bar y volvía a su casa. Nada más.

 

Siguió bromeando con Tina, su amiga, sobre aquel perdedor que intentó ligar con las dos al mismo tiempo y como habían conseguido que les invitara a todas las copas hasta que decidieron marcharse, dejándole plantado con una hermosa factura que pagar.

 

Fue de lo más divertido. ¡Los hombres eran todos tan fáciles de manejar!

 

Al llegar a la mitad del camino los pasos se oían más cercanos y rápidos y se alarmó un poco. Tina también miraba preocupada al tipo, sus bonitos ojos verdes brillando asustados.

 

Atemorizada, iba a sugerirle el salir corriendo de allí cuando los pasos dejaron de oírse.

 

Se giró para comprobar si el extraño hombre seguía ahí pero no le vio. Suspiró aliviada, sintiéndose tonta por asustarse por nada, y siguieron su camino. El tipo solo estaba volviendo a su casa, igual que ellas.

 

Ya estaban cerca de salir del parque y llegar a su calle. Solo unos metros más y estarían a salvo.

 

Y ahí fue donde todo se fue al demonio.

 

No tuvo tiempo ni de gritar cuando sintió a alguien sujetándola por la trenza y un afilado cuchillo cortándole la garganta. Cayó al suelo de rodillas en la nieve, llevándose las manos al cuello, viendo con horror como la sangre manchaba sus pantalones beige para acabar formando un charco en la nieve.

 

Entonces oyó a su amiga chillar de dolor.

 

Fue el sonido más espantoso que había oído jamás. Le erizó todos los vellos del cuerpo. Incluso inmersa en su propio dolor y miedo, alzó los ojos y miró… y deseó no haberlo hecho.

 

Ese animal… no había otra palabra para describirlo… estaba arrodillado en el suelo, sobre el cuerpo tumbado de Tina, acuchillándola repetidamente. Veía su brazo subir y bajar rápidamente, la brillante hoja resplandeciendo bajo la luz de las farolas. Su pobre Tina daba pequeños gemidos, incapaz ya de gritar su agonía, y se estremecía con cada cuchillada hasta que dejó de moverse del todo.

 

Él se levantó y se giró hacia ella. El terror la hizo reaccionar y, a pesar de que seguía sangrando y estaba mareada, se incorporó y trató de huir.

 

Solo consiguió correr unos pocos metros antes de que él se lanzara sobre ella y la hiciera caer, aplastándola contra el suelo momentáneamente. La libró de su peso y tiró bruscamente de su brazo, haciéndola girar para quedar frente a frente. La sangre de su herida la ahogó cuando intentó gritar al ver los dorados y brillantes ojos mirándola con desprecio.

 

― ¡Hola, detective! Espero que esté disfrutando de esto tanto como yo. — le oyó decir antes de levantar el cuchillo y hundirlo en su estómago.

 

Charles despertó, sobresaltado y sintiendo el corazón en la garganta. Corrió, tropezando con las sabanas y llegó al baño justo a tiempo para vomitar la pizza que había cenado.

 

Lo había hecho… de nuevo lo había hecho… y esta vez sabía que estaba mirando.

 

Se dejó caer sentado junto a la taza del inodoro, incapaz de sacar fuerzas para levantarse de ahí, llevándose las manos a la cara.

 

¿Qué iba a hacer ahora?

 

Otras dos chicas habían sido asesinadas mientras él observaba impotente y ese monstruo le habló directamente, consciente de su presencia.

 

Hora y media después, su móvil empezó a sonar. Ese fue el lapso que estuvo sentado en el suelo, incapaz de moverse sin sentirse enfermo. Cuando por fin consiguió levantarse, tenía las piernas dormidas y casi se cayó al suelo de nuevo.

 

Llegó al parque Lorraine L. Dixon cuando daban las seis y media de la mañana.

 

Los cuerpos fueron encontrados por un grupo de chicos que regresaban del mismo bar donde estuvieron las víctimas. Uno de ellos aseguraba que les compró varias copas a ambas, pero que dejaron el local aproximadamente una hora antes que ellos. Ninguno fue capaz de decir si las vieron salir con alguien o no. Y dado el estado de embriaguez en el que se encontraban no resultaban una fuente muy fiable.

 

Daba igual. Él sabía que salieron solas y fueron atacadas en ese lugar, tras sufrir una emboscada de Jack.

 

― Detective, hemos encontrado algo.

 

Charles se acercó a los forenses. Uno de ellos sujetaba con sus manos enguantadas un papel. Sintió los vellos de la nuca erizarse al ver las siglas del asesino dibujadas con sangre en la nieve, junto a la chica.

 

― Estaba en la mano de esta. — comentó al dársela, señalando a la chica castaña. Aun no sabía su nombre. El policía se puso unos guantes que sacó de su bolsillo derecho del abrigo y lo cogió con cuidado. Estaba empapado en sangre pero era legible.

 

― ¿Tenemos identificación para las víctimas?

 

― Aun estamos buscando. Tenemos un bolso con identificación, pero no hemos encontrado el otro.

 

― Bien. — con miedo miró al papel. — «Querido Jefe: esto es en compensación por la que no pudo ser. Me he llevado un suvenir. Espero que no le importe. Lo compartiré pronto. J.T.R.»

 

― Este tío me está dando escalofríos. ― Charles no pudo más que estar de acuerdo con el forense.

 

― Si encontráis el otro bolso, avisadme. ¿Habéis visto alguno a Henricksen?

 

― No. No estaba aquí cuando llegamos.

 

Charles frunció el ceño, extrañado. Era la segunda vez que su compañero aparecía tarde al escenario de un crimen y eso no era habitual en él. Devolvió la bolsa de pruebas al otro policía y sacó su móvil, usando la marcación rápida para llamar a su compañero.

 

Este tardó tres tonos en contestarle y sonaba apurado.

 

― ¡Ey! ¿Dónde estás? Llevo media hora aquí esperándote.

 

― Lo siento, la niña tuvo cólicos otra vez esta noche. Nos ha tenido despiertos hasta la madrugada. Estoy en mi coche ahora mismo.

 

― Está bien. ¿Nos vemos en Brady’s? Hay uno cerca de la escena.

 

― ¡Genial! Tardaré como mucho media hora. ¡Ve pidiéndome mi cappuccino!

 

Charles guardó su móvil y se dirigió a la salida del parque, donde estaba la cafetería que le había mencionado a su compañero. Antes se aseguró de pedir a los forenses que le llamaran si encontraban algo más.

 

Paseó por la calle, viendo a la gente salir de sus casas para empezar el día, como si nada hubiera ocurrido. Ignorantes de que un monstruo había descuartizado a dos pobres chicas casi debajo de sus ventanas.

 

― Disculpe, ¿tiene hora? — se había detenido en el semáforo, esperando a que se pusiera en verde para poder cruzar la calle, cuando escuchó la pregunta. Sin mirar quien le hablaba, se levantó la manga de su abrigo y miró su reloj.

 

― Las siete y cuarto.

 

― ¿Qué le ha parecido mi regalo, detective? ¿Lo ha disfrutado?

 

Charles volvió la cabeza despacio, sintiendo como su corazón latía más deprisa a causa de la adrenalina y movió su mano instintivamente hacia la pistolera. A su lado, los ojos dorados del demonio le saludaron sonrientes. En esa ocasión tenía una apariencia diferente. No era el joven rubio de la otra vez, si no un hombre de poco pelo, entrado en los cincuenta y vestido con traje azul oscuro.

 

― ¡Tú!

 

― No, detective. — rio el asesino, al verle hacer el amago de sacar su pistola. ― No le recomiendo hacer eso. Este pobre contable no tuvo nada que ver con lo de anoche. No irá a matar a un inocente, ¿verdad? — El semáforo se puso en verde y la gente empezó a moverse, pasando entre ellos al cruzar la calle.

 

― ¿Qué es lo que quieres?

 

― ¿Qué queremos todos? — preguntó a su vez, haciendo un teatral gesto para abarcar a la gente que pasaba a su lado. ― Un poco de reconocimiento estaría bien. No habéis dejado que la prensa sepa de mí y eso duele. — Charles gruñó.

 

― No dejamos que la prensa sepa nada sobre bastardos como tú. No vamos a darte esa satisfacción, cabrón.

 

― Esa no era la respuesta correcta, detective. — el tono del asesino era de reprimenda, como si hablara con un niño pequeño.

 

― Me da exactamente igual lo que pienses.

 

― Lo veremos.

 

Una mujer especialmente gruesa pasó entre ellos, obstaculizándole la vista y cuando por fin consiguió esquivarla, el hombre no estaba en ninguna parte.

 

Charles se echó a temblar.

 

A pesar del frio que hacía a esas horas de la mañana, tenía la camisa empapada de sudor y su corazón amenazaba con salirse de su pecho a causa de la velocidad a la que estaba latiendo. Apoyó la mano sobre él, como si así pudiera conseguir que se calmara un poco y notó algo duro y metálico en el bolsillo de su chaqueta, bajo el abrigo. Extrañado, metió la mano y encontró la petaca de plata que le diera el librero antes de separarse.

 

Había olvidado por completo que la llevaba. La miró casi sin parpadear hasta que alguien chocó con él, haciéndole volver a la realidad.

 

Cuando empezó a andar, lo hizo en dirección opuesta a la cafetería.

 

 

 

 

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Conociendo a los protagonistas.: Los personajes de El Guardián.

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Los personajes de El Guardián.

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Como en posts anteriores quiero mostrarte un poco más de mis personajes. En esta ocasión de los que viven en mi novela El Guardián.

El Guardián es la historia de Paul, un chico tímido y con poco carácter, cuya novia lo mangonea y su padre no le respeta, al que su vida da un giro de 180 grados de la manera más inesperada.

Viajando con su manipuladora novia, visitan el campo de concentración de Auschwitz, tristemente célebre por su participación en el holocausto nazi y que se conserva para que la humanidad nunca olvide esa masacre. Durante esa visita, Paul libera sin querer a Alger, un berserker o espíritu guerrero, que había estado confinado en un sótano oculto desde la Segunda Guerra Mundial.

Unidos y obligados a entenderse, ambos deberán trabajar juntos para huir de La Orden, que los persigue para aniquilarlos, y encontrar una antigua reliquia mágica que custodiaba Alger y que perdió al ser atrapado.

El Guardián es parte del universo La Comunidad Mágica vs La Orden, apareciendo algunos personajes de otras novelas como Jack T.R. o Kamelot 2.0.

Voy a presentarte un poco más a esos dos.

Paul es un chico tímido y con muy poco carácter. Es de los que se deja manejar con tal de contentar a los demás, sobre todo a su novia Leah y a su padre.

De hecho, su padre está todo el tiempo haciéndole notar su decepción. Nunca está contento con nada de lo que haga el chico. Por eso Paul está haciendo las practicas en su oficina, para contentarle.

Su novia tampoco es un dulce, precisamente. Usa a Paul porque su padre tiene dinero y nombre. Pero no quiere al chico. Mientras está con él, le engaña y le es infiel. Paul lo sabe pero se hace el ciego para no enfrentarse a la realidad.

Paul es un buen chico. Es noble, decente y leal. Simplemente, no es capaz de levantarse y luchar para si mismo.

Pero si lo hará para otros.

Esa es la razón por la que, cuando escucha a alguien pidiendo socorro, acude, a pesar de su propio miedo.

Y así conoce a Alger.

Alger es un berserker o espíritu guerrero. Tiene la forma de un puma gigante, con los ojos dorados y lleva miles de años paseando por el mundo. Ha visto mil cosas y podría contarte muchas historias sobre la naturaleza, los espíritus que la protegen y los humanos.

Encuentra fascinantes a los humanos. Sabe que su raza puede unirse a ellos y crear una nueva versión de berserker, un guerrero imparable. Pero solo si el humano es digno y ambos lo hacen de motu proprio.

Sin embargo, antes de que pueda decidir si quiere seguir como espíritu o buscar a un humano que cumpla los requisitos, es atrapado por el infame doctor Megele, tristemente recordado por sus crueles experimentos en el campo de concentración usando a los judíos como conejillos de indias.

Ante el asalto de los ejércitos aliados, los nazis y Mengele se ven obligados a abandonar el campo de concentración y Alger es oculto y olvidado en un sótano secreto.

Hasta la llegada de Paul.

Alger es valiente, con la sabiduría de siglos de experiencias y un ansia de vivir que lo mantuvo cuerdo durante los años de su cautiverio.

Juntos, Alger y Paul, podrían convertirse en un berserker muy poderoso.

¿Lo harán o La Orden les encontrará y destruirá antes?

¡Ven a descubrirlo!

 

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Resumen semanal: del 31 de diciembre al 4 de enero. : Resumen semanal: primera semana de enero.

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¡Vuelven los resumenes!

Resumen semanal: del 31 de diciembre al 4 de enero

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Lunes.

No, este lunes no ha habido entrada porque estaba hasta las cejas haciendo la cena de nochevieja.

 

Miercoles.

Porque ya paso de poner el martes que sigue sin nada… ¡Nuevo capítulo de Jack T.R.! 

Aidan trata de explicarle a Charles que es Jack y la cosa no resulta como esperaba.

 

Jueves.

Nueva serie de post semanales en los que te voy a ir contando como va mi nuevo proyecto. Una nueva novela en proceso que me tiene muy entusiasmada.

 

Viernes.

¿Estamos ya preparados para los reyes magos?

Más te vale que regales libros y, sobre todo, que regales los mios XD

¡Feliz finde!

 

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Jack T.R. Capítulo 6.

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Capítulo 6

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Cuando Charles le pidió explicaciones, Aidan pensó que sería mucho mejor darlas en un lugar más privado y lo más alejado posible de donde el detective sufrió el ataque. Por el bien mental de ambos.

El librero aun no conseguía calmar su corazón, que latía desbocado desde que se encararan a ese demonio. ¡No podía creer que de verdad se hubieran enfrentado a eso! ¡Y habían salido vivos!

Por el momento, al menos.

No sabía cuándo ni cómo, pero sí que volvería a atacarles. De eso estaba seguro.

Así que lo llevó al único sitio donde estarían a salvo. Su librería.

Él por lo menos se sentía mejor ahí, en su tienda, protegido de cualquier cosa maligna que quisiera entrar sin invitación.

Si algo había aprendido durante su tiempo llevando el negocio fue a protegerse contra sus propios clientes. En especial, contra todos los que eran sobrenaturales. Ese era un lugar neutral, pero eso no implicaba que todos respetaran las reglas.

No se le ocurrió que, después de dos vasos de whisky y pasado un poco el shock, Charles iba a ponerse tan frenético.

No, frenético era quedarse corto.

Rayando un poco la histeria, exigiendo saber que había pasado y ladrando más que su perra, la cual había optado por esconderse debajo del mostrador, asustada por la ira nerviosa y los gritos del detective.

Aidan estaba pensando seriamente en hacer algo parecido, porque estaba asustándole más que el mismo demonio al que se habían enfrentado. Él no cabía debajo del mostrador, pero a lo mejor dentro del armario…

Julian, el muy bastardo, estaba disfrutando mucho con eso. No lo veía tan feliz desde que asustó a aquellos adolescentes en el último Halloween. Aidan aun recordaba cómo perdió una hora mintiendo a las familias de los críos para encubrir las travesuras del fantasma.

― Detective, por favor, ¿podría sentarse? Me está mareando. ― pidió lo más calmado que pudo después de verle dar la octava vuelta a la pequeña tienda. Charles le miró como si le hubiera pedido matar a su madre o algo parecido.

Lo peor era que Rolf se había ido hacía ya un buen rato, para informar a su jefe que la reunión tendría que posponerse un poco más, así que no tenía quien le ayudara si el policía se ponía violento. Cosa, que viendo cómo se comportaba, podría pasar en cualquier momento.

― ¿Sentarme? ¿Sentarme? — chilló, ya perdiendo los nervios del todo y acercándosele, pisando fuerte. ― ¿Cómo se supone que voy a sentarme?

― Pues es muy simple. Coges una silla y pones tu culo en ella. ― bromeó el fantasma encogiéndose de hombros y ganándose un par de miradas malhumoradas. Eso solo consiguió hacerle sonreír divertido.

― Julian, no ayudas.

― ¡No quiero sentarme! — Charles pateó la silla que tenía más cerca, volcándola y mandándola lejos. Luna gimió asustada bajo el mostrador. ― ¡Quiero saber qué demonios ha pasado allí y por qué hay un tío transparente hablándome en mitad de la tienda!

Julian bufó, atravesando el mostrador donde se había agachado para comprobar a la perra, y se cruzó de brazos frente al policía, con expresión indignada.

― Me siento ofendido por eso de transparente. Sí estoy ahora más incorpóreo es porque gasté mucha energía anoche y hasta que no me recupere seguiré así, gracias por preguntar.

― Nos estamos desviando del tema. Si se sienta, puedo intentar explicar lo que sé.

Renuente, Charles recogió del suelo la silla que había pateado antes y se sentó frente a ellos, cruzándose de brazos y mirándolos expectante, terminándose de un solo trago lo que le quedaba del tercer whisky.

Debía ser por la adrenalina que no le estaba afectando ni lo más mínimo el alcohol. O eso, o tenía un aguante muy bueno. Físicamente, Charles no parecía haber salido herido del enfrentamiento. Aún tenía el pecho dolorido por la presión a la que esa cosa le sometió y la ropa manchada de cuando cayó al suelo al ser liberado, pero por lo demás estaba bien. Solo asustado, alterado, nervioso y un largo etcétera de sinónimos en los que no quería pensar en ese momento.

Aidan respiró hondo y trató de ordenar un poco sus pensamientos. El encuentro con esa criatura también le había afectado bastante. A pesar de su propia experiencia con lo sobrenatural, jamás tuvo la mala suerte de cruzarse con un demonio antes y no tenía más información sobre ese tema que lo que había leído.

Y la realidad resultó ser más escalofriante de lo esperado.

― Vamos a empezar por lo más simple… este es Julian. Como puedes ver, es un fantasma. Lleva muerto ciento sesenta años y…

― Ciento sesenta y tres. – le interrumpió Julian, sacándole un suspiro frustrado.

― Estaba redondeando. – masculló entre dientes.

― Redondea con la fecha de la muerte de otro, si no te importa.

― Está bien. ― respiró hondo de nuevo, esa vez para no dejarse llevar por las casi irresistibles ganas de mandar al fantasma de paseo. ― Lleva muerto ciento sesenta y tres años. ¿Contento? ― Julian sonrió, divertido.

― Mucho.

Aidan negó en silencio y volvió a centrar su atención en el detective.

― Su espíritu está atado al mundo de los vivos por… un pequeño objeto personal. Vamos a dejarlo así. Yo lo encontré, le ofrecí destruirlo para que pudiera descansar pero no quiso. Así que aquí sigue. — como resumen apestaba bastante, pensó rascándose la nuca, pero no se atrevía a dar más detalles sobre el fantasma y su único punto débil.

Charles le miró parpadeando entre sorprendido y abrumado. No podía creer que estuviera oyendo semejante historia. Y lo que era peor, se la estaba creyendo. ¿Pero qué otra explicación había? Podía ver con absoluta claridad al fantasma.

― ¿Por qué no tiraste el objeto por ahí? ¿O destruirlo sin más? — preguntó curioso el policía, olvidando por un minuto el asunto que les había traído ahí. Julian le dirigió una mirada envenenada.

― No podía dejar que lo encontrara nadie más. — respondió, encogiéndose de hombros. ― Nunca se sabe. Algo así en malas manos. Y no puedo destruirlo si él no quiere irse al otro lado. Eso no sería justo.

― Sería lo más lógico.

Y tanto que lo sería, pensó el librero con tristeza. Nadie se lo habría pensado antes de poner a descansar al viejo vaquero. Él no tuvo corazón para hacerlo. No después de oír su historia.

En el fondo era un blando y un romántico. Podía entender que Julian no quisiera pasar la eternidad lejos de la que fue el amor de su vida. Aunque también sabía que, tarde o temprano, el fantasma se vería obligado por las circunstancias a cruzar al otro lado o perdería su esencia.

― Mi vida no tiene mucha lógica, de todas maneras. — repuso Aidan, quitándole importancia con un gesto, levantándose de su silla para acercarse al mostrador. ― Y no hay mucha gente que pueda verle. Tú puedes porque acabas de sufrir un suceso sobrenatural. Eso suele ayudar.

Charles le miró sin terminar de entender de qué le estaba hablando.

― ¿Hablas del psicópata ese? Está loco y es un asesino, ¿qué tiene eso de sobrenatural?

― Demonio. Es un demonio. — corrigió Julian, uniéndose a la conversación. De alguna manera había conseguido que la perra saliera de debajo del mostrador. El animal se escondió tras él, lo que resultaba bastante ridículo ya que tanto Aidan como Charles la podían ver a través del fantasma. ― Quien fuera el tipo al que está poseyendo, probablemente esté muerto y si no, lo deseara cuando le libere. Lo que le ha obligado a hacer, si le permitió mirar, le volverá loco.

― Un demonio. ― Charles repitió la palabra mirándolos incrédulo. Aidan resopló.

― Se cómo suena. Pero sí. Un demonio. Si nos ponemos prácticos, un alma humana que ha pasado demasiado tiempo en el Infierno.

― ¿Eso fue antes humano?

El librero miró al fantasma con expresión triste, cosa que no entendió Charles. Se estaba perdiendo algo ahí. Pero no quiso preguntar. Ya tenía suficiente con lo ocurrido hasta ese momento.

― Todos, salvo los originales, lo fueron alguna vez. Pero unos cuantos cientos de años de tortura y maldad acaban convirtiéndote en eso.

Aidan se frotó la cara y volvió a caminar, sintiéndose agobiado por las intensas emociones que había en la habitación en ese instante. La incredulidad del detective y la pena de Julian le estaban ahogando un poco.

Paseó hasta el escaparate, observando la nieve que volvía a caer lentamente en el exterior, tratando de apartarse mentalmente de los sentimientos de los otros dos.

― Encontré el libro por el que vino preguntando el otro día. El debió pedirle a alguien que lo dejara dentro de la tienda. — Charles le dirigió una mirada inquisitiva. ― Soy médium y empático. Normalmente suelo ver espíritus y sentir las emociones de la gente a través de un objeto que hayan tocado. Él dejó una fuerte huella psíquica en el libro a propósito para que pudiera verla. Quería que supiera que iba a por ti. Por eso fuimos capaces de encontrarte a tiempo.

― ¿Qué más viste?

El chico no pudo evitar estremecerse al recordar lo que vio y sintió después de tocar el libro.

― Nada que quiera volver a ver en mi vida. No fue nada bonito.

― Él dijo que era «El Destripador». — el librero parpadeó. Ahora ya estaba confirmado. Iban tras el demonio del que hablaba el diario. O él iba tras ellos. ― ¿Cómo es posible que existiera hace doscientos años y aun esté con vida? ¿Dónde ha estado todo este tiempo? ¿Cómo no lo hemos descubierto hasta ahora?

― Es un demonio, no puede morir. Y si el diario que encontré hace unas semanas es auténtico, fue exorcizado y enviado al Infierno. Ahí es donde ha estado. Lo que no sé es cómo ha salido.

― ¿Un diario? — el policía empezaba a sentirse un poco como un loro. Solo era capaz de repetir lo que oía. Pero era todo tan inverosímil…

― Lo conseguí en el mercadillo del parque. Era, o parece ser, el diario de un cazador sobrenatural. Lo consulté con un contacto mío en Europa, pero no hay nada «oficial» sobre el tema. Extraoficialmente, el dueño del diario pertenecía a un grupo que se hace llamar La Orden, el cual lleva siglos funcionando en las sombras y de los que muy pocos saben de su existencia.

― A mí no me miréis. ― añadió el fantasma encogiéndose de hombros cuando la mirada del policía se dirigió hacia él. ― Morí mucho antes de que eso ocurriera. Ni siquiera sabía que pasaba en Europa por aquella época. Bastante tenía con mis problemas en casa.

― La cuestión es que ese demonio estuvo sembrando el terror en Whitechapel en aquella época hasta que este hombre fue enviado allí para atraparlo. Con ayuda del detective encargado de los asesinatos consiguió localizarlo justo después de matar a su última víctima. Le exorcizó y taparon todo para que el público nunca pudiera averiguar la verdad. Fue por eso por lo que el asesino paró, de repente y sin motivo, de matar y desapareció sin dejar rastro.

― Si tan seguro estás de que es un demonio y ese grupo se dedica a eso, ¿por qué no te pones en contacto con ellos para que se hagan cargo? Ya lo hicieron una vez.

― No puedo. Lamentablemente, soy persona non grata en su círculo.

― ¡Esto es ridículo!

― Sé cómo suena todo esto, pero es verdad. Tú mismo lo has visto. ¿Cómo explicas lo que ha pasado en ese parking? ¿Con qué crees que te retuvo?

― ¡No! ― masculló el detective levantándose de su silla. — ¡Esto es estúpido! No voy a creer que…

― Sé que no es fácil, pero es la verdad. Y mientras sigas sin querer reconocerla, él seguirá matando. — Aidan se acercó a él, para tratar de calmarlo pero manteniendo una distancia prudencial para evitar tocarlo. Lo último que necesitaba en ese momento era que las emociones de Charles se mezclaran con las suyas. ― Tenemos una oportunidad de detenerle de nuevo. De volver a mandarle al Infierno por otros doscientos años.

― ¡No! — Charles se alejó de ellos, retrocediendo hacia la puerta y mirándolos como si fueran dos locos peligrosos. Claro, que después de lo que había oído, ¿quién podía culparle? ― ¡Quiero que os mantengáis alejados de mí y del caso! ¡Si os veo, aunque sea a cien metros de una de las escenas o de mí, os arrestare! ¿Queda claro? — el fantasma rio, claramente divertido con sus palabras.

― ¿Cómo demonios se supone que vas a arrestarme?

― ¡Julian!

Aidan se acercó al detective y le tendió una petaca. Era una de las que había rellenado con la receta que había encontrado en uno de sus libros cuando todo eso había empezado. Una anodina petaca de plata rellena con una serie de especias y hierbas con agua bendita.

― Si vas a irte, bien. No vamos a detenerte. Pero llévate esto… solo por si acaso.

― Estáis locos… ― el librero le dio una mirada triste, ignorando el resoplido que el fantasma había soltado detrás de él.

― Por favor… solo es agua. No va a hacerte ningún daño llevarla. Y me quedaría más tranquilo.

Charles se apartó de él, pero se guardó la petaca en el bolsillo de la chaqueta antes de salir de la librería dando un portazo. Los otros dos se miraron, soltando un suspiro al unísono.

― Bueno… tampoco ha ido tan mal. He visto reacciones peores a estos temas.

― No nos ha detenido. Bueno, a mí. A ti no sé cómo se suponía que iba a detenerte. — Julian volvió a reír.

― Mi punto exactamente.

El chico suspiró y se encaminó al mostrador para recoger los vasos vacíos y esconder la botella en el estante que tenía bajo la caja registradora, junto a una pequeña caja fuerte donde solía guardar el dinero hasta la hora del cierre. Al coger el que había estado usando el policía casi se cayó de rodillas. Julian se acercó a él, raudo, con la perra pegada a sus talones.

― ¿Aidan?

― ¡Joder! — gruñó Aidan, apoyándose en el mostrador mientras la visión pasaba. ― ¡Mierda!

― ¿Qué pasa? ¿Qué has visto?

El librero se frotó la cara, cansado y mareado. Cuando algo así de fuerte le golpeaba, lo dejaba casi sin poder moverse. Con gran esfuerzo se puso derecho y se separó tentativamente del mostrador. Al ver que no corría peligro de caer redondo al suelo, se acercó a la silla que ocupara antes el detective y se sentó en ella, riendo de manera sombría.

Ahora tenía algo más de sentido que Charles hubiera acabado envuelto en todo eso y su especial celo con ese caso.

― Que tenías razón… no es un poli normal.

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Resumen semanal: tercera semana de diciembre.

resumen

Resumen semanal: del 17 al 21 de diciembre.

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Lunes.

Esta semana la comenzamos con un post sobre los orígenes de Dagas de venganza.

¿De donde salió la idea?

¡Averígualo!

Martes.

Estoy ya por dejarlo por imposible…

Miércoles.

¡Nuevo capítulo de Jack T.R.!

Charles va a tener un encontronazo con el asesino, pero esta vez despierto.

¿Qué pasará?

Jueves.

¡Ya está aquí!

¡Dagas de venganza ya se ha estrenado!

¿Aún no tienes la tuya? ¿A qué esperas?

Viernes.

¡Y se acabó la semana por fin!

La semana que viene no habrá post de ninguna clase en el blog, porque… bueno, ¡es Navidad!

Pero nos veremos en las redes sociales.

¡Felices fiestas!

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¡Dagas de venganza ya está aquí!

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¡Dagas de venganza ya a la venta!

¡Ya está aquí, ya llegó, Dagas de venganza está en el blog! *léase cantando*

En el blog y en Amazon, eso sí.

¡Por fin ha llegado la hora! Es 20 de diciembre lo que significa que mi nueva novela y nueva parte de la saga Comunidad Mágica Vs La Orden está ya disponible en digital y papel.

Mientras Nueva Orleans sucumbe a la gran fiesta, Astrid Samaras aparece en la ciudad siguiendo la pista del asesino de su familia, y no quiere que nada la detenga. Sin embargo, su plan se verá interrumpido por La Orden por lo que se verá obligada a posponer su sed de venganza. 

Pronto conocerá a Alec Patterson, un joven e inexperto policía que está investigando unas extrañas desapariciones, y será en un callejón donde Astrid y Alec tendrán que unirse a marchas forzadas para desentrañar el último plan de la milenaria organización contra la Comunidad Mágica.

Dagas de venganza es la quinta entrega que continua la saga La comunidad Mágica Vs. La Orden.

¿Te lo vas a perder?

¡Corre a conseguirla!

Dagas de venganza Kindle en Amazon

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Dagas de venganza Pdf en el blog

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Jack T.R. Capítulo 5.

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Capítulo 5

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― ¡Esto es la cosa más estúpida que has hecho jamás!

― ¿Entonces para qué me acompañas?

― ¡Para evitar que te metan en la cárcel si te equivocas, por ejemplo!

Rolf conducía su Ducati 848 Corsea negra a toda velocidad por las calles de Chicago, con Aidan fuertemente agarrado a su cintura. El vampiro había pasado por la tienda para comprobar si podía o no celebrarse la reunión entre el librero y su jefe encontrándose con que el chico se disponía a salir solo para avisar al policía.

Julian fue quien le puso sobre aviso de las intenciones del chico y del posible demonio que podía estar implicado en todo ese asunto y por esa razón decidió acompañarle. Su grupo tenía muchos intereses que dependían del librero y su relación con ellos siempre había sido cordial, como poco. Karl, su jefe, le tenía en alta estima,lo cual era motivo más que de sobra para ayudarle. Pero el mismo Rolf también le apreciaba bastante.

Así que se ofreció a acompañarle, cosa que Aidan agradeció internamente, aunque exteriormente protestó bastante.

La idea de enfrentarse a ese demonio no le hacía ninguna ilusión.

El tener que explicarle todo ese asunto al detective, menos aún.

Pero su conciencia no iba a dejarle tranquilo hasta que se asegurara que lo que había visto no se hiciera realidad.

Cerró los ojos con fuerza cuando el vampiro tomó una curva demasiado rápido y rezó para que no fuera tarde.

Charles acababa de llegar a la escena del crimen. Mientras esperaba a que los de la científica hicieran su trabajo y dejaran al juez levantar el cadáver, bebió el último sorbo de su café con leche y echó un vistazo al hombre que había encontrado el cuerpo.

El pobre tipo estaba al borde de un ataque de ansiedad. Era un simple chico de no más de veinte años, moreno y bastante enclenque, que se dirigía a su trabajo en un supermercado cercano y que dejaba su coche en ese parking todas las mañanas. La noche anterior hubo inventario, por lo que fue a trabajar de madrugada, tropezándose con el asesino.

Después de diez minutos con él, el detective lo acabó dejando por imposible y lo envió con uno de los patrulleros para que lo llevaran a un hospital. Necesitaba media caja de tranquilizantes… por lo menos.

Aunque con lo que tuvo que ver (y Charles sabía perfectamente que había visto ya que fue testigo indirecto e involuntario de todo) no le extrañaba nada. Según su declaración (o   lo poco que habían sacado en claro) estaba entrando al parking a las cuatro dela madrugada cuando los faros de su coche alumbraron a un hombre agachado sobre algo o alguien. El hombre, al verle se levantó rápidamente y salió corriendo, desapareciendo por la parte trasera del supermercado. El testigo se acercó para comprobar que había en el suelo y vio a la víctima ya muerta.

Llevaba temblando como una hoja desde entonces.

El cuerpo estaba tal como en su sueño. Pero desde el punto de vista de ella no era igual que desde fuera. Era aún más grotesco. Nadie podría adivinar que ese montón de carne golpeado y sanguinolento fue una guapa muchacha que se dedicaba a bailar y  robar para ganarse la vida.

En esta ocasión no había podido mover el cadáver, dejándolo en el mismo sitio donde cometió el asesinato. Uno de los patrulleros le entregó la cartera de la chica, que había encontrado en su bolso, unos metros más allá del cuerpo. Lucy, veintiséis años,según su licencia de conducir. En la foto de la identificación la vio como en su sueño, cuando se miró en el retrovisor de un coche antes de que ese monstruo la atacara. Rubia, cabello largo y con bucles, ojos azules que chispeaban al sonreír a la cámara.

Por ahora las tres víctimas tenían algo en común y eso les daba una bastante clara victimología del asesino. Todas tenían algún problema con las drogas, por pequeño que fuera.Aún no habían visto su firma por ninguna parte, pero era probable que el testigo le interrumpiera antes de poder hacerla.

Se frotó la cara, cansado y asqueado. No había podido tomar nada que no fuera café desde que despertó y sentía nauseas a causa de lo visto en el sueño. El olor a sangre que había en el aire no estaba ayudándole nada. Empezaba a sentirse más y más enfermo.

Necesitaba encontrar algo que pudiera darle una pista del asesino. Debía volver a comisaría y leer el informe de la unidad de perfiles, hablar de nuevo con el forense… algo que le diera ese pequeño retazo de información que buscaba y pudiera ayudarle.

Y necesitaba otro café. O tal vez mejor un té, pensó cuando su estómago volvió a dar un vuelco desagradable.

Los de la científica encontraron en la nieve las que podrían ser las huellas que dejó el asesino cuando salió corriendo y un cuchillo de grandes dimensiones, que ya estaba embolsado y listo para ser analizado. Cuando llegara Henricksen y desayunaran regresarían a comisaría para ver que les decían de todo eso.

Era extraño que su compañero llegara tarde. Miró su móvil, considerando llamarle o no. Luego recordó la reciente paternidad de Henricksen y lo volvió a guardar en su bolsillo. Seguramente la niña habría reclamado su atención con cualquier cosa típica de niños en el último minuto. Era algo muy normal.

Decidió pasear mientras le esperaba, alejándose del cuerpo para buscar un poco de aire fresco que aliviara su mareo.

Fue esa necesidad la que le llevó a caminar por el parking, deshaciendo el camino que la víctim arecorrió esa noche, el mismo que él vio en su sueño. Anduvo despacio hasta llegar al bar donde ella bailó por última vez esa noche, buscando el lugar donde le vio.

El parking estaba casi desierto a esas horas de la mañana, una vez pasada la hora de cierre del bar. A su alrededor no había mucho que ver salvo una pequeña licorería, el supermercado y el parque. Ya habían tomado declaración a los trabajadores tanto del bar como de la licorería, pero ninguno vio ni oyó nada. Hubiera sido todo un milagro que escucharan algo, pensó. El volumen al que solían tener la música en esa clase de locales era demasiado alto.

El coche donde estuvo apoyado el asesino antes de atacarla aún seguía en su lugar. Un maltratado sedan negro, con la pintura levantada en una de sus puertas, probablemente por un roce al aparcar.

Frunció el ceño al verlas tres letras que representaban la firma del asesino dibujadas con sangre en el parabrisas del coche. Así que le dio tiempo a firmar su crimen antes de huir…

Tocó el capó pero estaba helado. Nadie lo había conducido en varias horas. Tal vez pudiera buscar huellas en el más tarde.

― ¿Puedo ayudarle? —Charles se giró al oír una voz, tropezándose con un hombre más joven que él, de más o menos su estatura, con el cabello rubio y corto y ojos azules. De complexión fuerte, vestido con unos vaqueros, jersey azul y cazadora tipo aviador, el tipo le dedicó una cordial pero fría sonrisa.

― Si. Soy el detective Andrews, estoy aquí por el asesinato que ha ocurrido esta noche en el parking.— se presentó, sacando la placa y mostrándosela al hombre. ― ¿Ha estado usted esta noche por la zona?

La sonrisa del tipo se volvió torcida. Le oyó reír por lo bajo, como si hubiera recordado alguna broma divertida.

― ¡Ah, sí! ¡Pobre chica! He oído lo que le ha ocurrido. Una desgracia.

El tono del hombre fue tan falso que despertó sus sospechas. Había algo en él que le ponía los vellos de la nuca de punta. Guardó su placa en el bolsillo interior de su chaqueta y dejó la mano ahí, abriendo el cierre de su pistolera disimuladamente.

― No ha respondido a mi pregunta, señor…

― Estuve aquí toda la noche. La vi bailar. — le interrumpió, con el mismo tono que seguía siendo equivocado, como si hablara de un objeto en vez de una persona. Charles rozó la culata de su pistola con los dedos. El tipo estaba esquivando identificarse. ―Una chica preciosa… tan llena de vida a pesar de su adicción. ― el hombre levantó la mano y una fuerza invisible empujó al detective contra el coche, dejándole sin aire momentáneamente por lo brusco del golpe. La pistola salió volando, escapándose de sus dedos. — Los humanos siempre tan débiles.

― ¿Qué demonios…? —para sorpresa de Charles comprobó que no podía moverse. Estaba atrapado por alguna clase de poder que lo mantenía contra el coche e inmóvil, una especie decampo de fuerza. El hombre se acercó a él, con una sonrisa aterradora y sus ojos brillando dorados y antinaturales. Igual que el monstruo de sus sueños. —¡Tú! ¡Eres tú!

Un miedo atroz empezó a recorrerle entero. ¡Era él! ¡El asesino! Trató de moverse y liberarse pero era imposible. Con cada intento la presión se hacía más fuerte hasta el punto de sentir como su pecho era aplastado por esa fuerza invisible. ¿Cómo demonios lo hacían? Debía ser alguna clase de truco, como los ojos.

― No ha sido de muy buena educación por su parte espiarme mientras me divertía, detective. — la voz del asesino estaba cargada de risa, mientras sacaba un cuchillo largo y afilado del interior de su cazadora, muy parecido al que habían encontrado en la escena. ― ¿Disfrutó mi trabajo? Ha sido muy refrescante volver a donde lo dejé hace doscientos años.

― ¿Doscientos años? ¿De qué estás hablando? ¡Tú eres el que está matando a esas chicas! ¡Quien mandó ese paquete a comisaría!

― El mismo. Soy lo que vosotros los humanos llamáis un demonio. Yo prefiero el término «alma corrupta». Es más acertado. ― Charles lo miraba, parpadeando sorprendido por sus palabras. No se esperaba eso. ― Pero que pocos modales los míos… ¡no me he presentado! Antes solían llamarme Jack.

― ¿Jack?

― The Ripper. El Destripador. Me encantaban los periodistas de antes, eran siempre tan imaginativos…

Rolf esquivó dos coches con su moto y giró a la derecha con más brusquedad de la que esperaba, haciendo que Aidan se agarrara con más fuerza a él.

― ¿Estás seguro de que esto va a funcionar?

― Hombre, a menos que sea uno especialmente poderoso, sí. Todos los demonios son susceptibles de ser exorcizados. ― el chico estaba muy agradecido porque los vampiros estuvieran tan obsesionados por los aparatos modernos como por su pasado o no podrían tener esa conversación mientras conducían a lo loco en la moto.

Y esa obsesión hacía que Rolf tuviera siempre lo último de lo último en tecnología. Y los cascos con intercomunicadores que estaban usando en ese momento resultaban muy útiles.

― Espero que tengas razón.

― Yo también.

Charles aun no podía entender que era lo que estaba ocurriendo.

Tenía al asesino que visitaba sus sueños frente a él y estaba más loco de lo que había pensado en un principio. O era un habitual de las drogas duras.

Se creía Jack el Destripador y que era un demonio.

No. Iba más allá de eso. Estaba absolutamente convencido de ello.

Pero eso era la parte normal. Lo no tan normal era el no poder moverse por mucho que forcejeara a pesar de no estar atado ni sujeto por nada físico. Tenía que estar alucinando o drogado o soñando.

Porque si no era así y lo que decía ese tipo era verdad, estaba frente a un demonio.

Y eso no podía ser verdad… ¿verdad?

Esas cosas solo existían en la Biblia y para los católicos como una manera de asustarles para que se portaran bien.

Solo eran una metáfora. Un cuento.

Nada más.

No podía ser real.

― Pero soy muy real, detective. ― la voz burlona del asesino le hizo regresar su atención a él. Al parecer había pensado en voz alta sin darse cuenta. — Soy más que real. Más antiguo que esto que vosotros llamáis civilización. Me he divertido por siglos con vuestras mujeres, destrozándolas, convirtiéndolas en mis obras maestras. ¡Tan hermosas cuando termino con ellas!

― ¡Estás loco!

― He estado mucho tiempo encerrado. ― prosiguió como si no hubiese escuchado la interrupción. ― Ese cabrón de Campbless me hizo regresar al hoyo pero pude escapar. Necesité doscientos años pero por fin estoy fuera de nuevo y ahora no hay nadie que pueda detenerme.

El detective cada vez estaba más y más anonadado con lo que oía. ¿De qué estaba hablando? ¿Tan grande era su delirio que pensaba que había estado encerrado en el infierno doscientos años? ¿Sería esa su manera de decir que había estado en un psiquiátrico? Tenía que ser…

― ¡Estaba deseando entrar en esta época! ¡Es perfecta! Aquí te tengo, inmovilizado sin tocarte, estás viendo mi poder, mi verdadero rostro y sigues sin creer nada de lo que te digo. ¡Qué maravilloso milenio de escepticismo! — rio. Charles volvió a forcejear para liberarse, aunque solo consiguió que la presión se hiciera más fuerte, asfixiándole.

― Cuando te meta dos balas en la cabeza veremos quién tenía razón. — le gruñó, ya harto de tanta palabrería. Odiaba a los locos por esa razón. Se podían pasar horas y horas hablando de todo lo que iban a hacer y matarte de una jaqueca antes que de un tiro. El asesino se carcajeó, claramente divertido, tal vez por su enfado o tal vez por la amenaza.

― Puedes meterme hasta tres, si quieres. Solo mataras este… traje de carne. No me interesa que esté vivo de todas maneras. No le necesito así. Si se estropea, encontrare otro nuevo. O…

El asesino se acercó a él, cogiéndole de la barbilla y casi pegando su cara a la del detective. Este se estremeció sin poder evitarlo.

― ¿Qué estás haciendo?

― También podría usar tu cuerpo. Te dejaría encerrado en tu mente, solo para que pudieras ver y oír todo el dolor y la muerte que podría causar con tu cuerpo… con tus manos. ― los ojos del asesino brillaron con más fuerza. ― Verías la sangre empapártelas hasta que no pudieras ni sostener el cuchillo. ¡Eso sería tan perfecto!

― ¡No!

― ¡Aléjate de él, demonio!

Tanto Charles como Jack volvieron la cabeza hacia de donde provenía la voz. Las sorpresas parecían no terminar ese día para el policía. O eso pensó al ver al librero correr hacia ellos con un casco de moto en el brazo y gritando. Tras él, apareció el tipo que vio el primer día que visitó la librería, el que pertenecía a la banda demoteros.

Jack… el asesino… eldemonio… se tensó visiblemente, sus brillantes ojos dorados despidiendo odio hacia el chico.

― ¿Crees que puedes detenerme? No tienes poder para derrotarme, niño. — Aidan no se mostró muy impresionado ya que se limitó a abrir una botella que traía en la mano y a rociarles con lo que contenía. Para asombro de Charles era solo agua sazonada con lo que parecía un montón de especias y hierbas.

Sin embargo su atacante siseó dolorido, su piel humeando como si le hubieran echado ácido, retrocediendo y soltándole por fin. Sintió como esa fuerza extraña que le había retenido hasta ese momento, desaparecía, dejándole libre.

Como pudo se arrastró lejos del asesino, respirando profundamente ahora que la presión ya no estaba ahogándole, sin dejar de observar la extraña escena. Aidan seguía con la petaca abierta en la mano, dispuesto a seguir rociando agua al asesino, que lo miraba con la cara deformada por la ira. El motero que le acompañaba casi parecía estar gruñendo, vigilando de cerca lo que ocurría.

― Podemos hacer un intento y ver si funciona o no o puedes largarte antes de que acabe. Tú eliges.— Aidan enseñó un pequeño y maltratado libro. Charles buscó su pistola con la mirada, pero esta había caído demasiado lejos para alcanzarla a tiempo. Volvió su mirada hacia el asesino y, para su sorpresa, parecía estar debatiéndose entre huir y atacar. ¿Qué tenía ese libro para conseguir asustarle?

― Esto no ha acabado.

― Pues nos veremos, entonces.

El librero abrió el libro y comenzó a recitar una parrafada en latín a toda prisa, de la cual, Charles no consiguió entender más que unas pocas palabras. Jack maldijo en voz alta y huyó del lugar, desapareciendo entre los coches.

― ¿Estás bien? ―preguntó Aidan al policía cuando se quedaron solos. Rolf estaba en el otro extremo del parking, por donde había huido el demonio, para asegurarse de que no seguían en peligro.

Y eso fue todo lo que Charles pudo soportar antes de estallar.

Demasiado para un día.

Las pesadillas, el nuevo asesinato, el encuentro con el asesino, que este le pudiera manejar y amenazar sin apenas tocarle, la aparición inexplicable del librero… demasiado.

― ¡No! ¡No estoy bien! ¿Qué cojones ha pasado aquí?