Publicado el

¡Conóceles un poquito mejor! : Los personajes de El juego de Schrödinger

juego

Los personajes de El juego de Schrödinger.

juego

He dicho y diré mil veces que una historia sin unos buenos personajes no vale nada.

Ya puedes tener la trama más original del mundo, que sin unos personajes que le den vida, no tienes nada.

Yo no seré la mejor escritora del mundo (ni de cerca) pero si puedo presumir de crear buenos personajes.

Y hoy te voy a hablar de los personajes de El juego de Schrödinger, mi tercera novela.

El juego de Schrödinger nos lleva a Detroit, donde un asesino en serie acaba de entregarse con la condición de que hablar únicamente con el detective Moore, al cual tienen que traer desde Nueva York para cerrar el caso.

Así, tan mal explicado (XD) es una trama sosa. Pero quiero que conozcáis a William Moore.

Will es sobrino del Alpha de Chicago. Su primo Zack y él optaban por el liderazgo de la manada cuando el Alpha se retirará, pero Will decidió apartarse en favor a su primo.

También decidió mudarse a otra manada donde no hay futuro reemplazo para el Alpha actual.

La primera vez que vemos a Will en la novela está en su desordenado apartamento, después de una noche movidita.

Con eso y lo que te he contado antes, ya puedes hacerte una idea del carácter de Will. No es nada egoísta, no piensa demasiado en si mismo. Él realmente cree que su primo es mejor opción para ser Alpha. Y no duda en acudir a Detroit (tampoco le dan mucha más opción, pero bueno…) para ayudar con el caso.

Will es un buen lobo.

Y, por otro lado, tenemos al asesino que acaba de entregarse.

¿Quién es? ¿Por qué ha matado a gente de la manera que lo ha hecho? ¿Es un loco? ¿Un sádico? ¿Un malnacido, simplemente?

O, quizás, algo más complicado.

Si te interesa, El juego de Schrödinger puedes encontrarlo aquí y en Amazon.

También puedes leer el relato El juego de La Orden, que protagoniza Will y algunos más que salen en la novela.

¡No te los pierdas!

 

Publicado el

¡Capítulo final! : Relato: El juego de La Orden. Capítulo 7.

juego

Relato: El juego de La Orden.

Capítulo 7. Final.

juego

–  ¡Tenemos que volver a por Patrice!

–  ¿Por qué?

Para Will  eso no tenía mucho sentido. Si los asesinos habían decidido fijar su mira en él, debía mantenerse lo más alejado que pudiera de la chica. Tenía que evitar ponerla en peligro hasta que pudiera quitarse el problema de encima.

Charles parecía pensar de manera diferente.

–  ¡Porque van a ir a por ella! Ese disparo ha sido un aviso.

El lobo le detuvo, cogiéndole del brazo. No podían ir hasta Patrice. Tal vez el disparo fue una trampa para asustarles y llevarles hacia la chica.

–  Razón de más para no guiarles a ella. – el ex policía negó con la cabeza.

–  Estos tíos son peligrosos porque no dejan nada al azar. Lo estudian todo al milímetro. Lo que significa que ya saben todo, absolutamente todo de ti. No van a conformarse con matarte, Will. Primero eliminaran todo lo que quieres y ahí entra mi hermana.

–  ¡Mierda!

A pesar de lo rápido que se desplazaron hacia el apartamento de Will, donde seguía escondida Patrice, no la encontraron allí. Lo que si encontraron fue que alguien había reventado la puerta y revuelto todo. Presumiblemente, los asesinos tenían a la chica.

Charles revisó el apartamento, frenético, buscando alguna pista. En la pantalla del televisor encontró un postit pegado con un corto mensaje a Will.

Tenían a Patrice y quería a que el lobo y él se reunieran con ellos en el mismo parque donde habían matado a Jordan. Tenían una hora.

–  Tenías razón… – cuando Charles le miró interrogante, Will suspiró y continuó. – La pongo en peligro innecesariamente.

–  Ya… pero tú también tenías razón en una cosa. Es su decisión, por mucho que me joda. Ahora, vamos a centrarnos en rescatarla antes de que esos dos desgraciados le hagan algo.

Will olfateó el aire, nervioso cuando llegaron al parque, casi a la hora acordaba. No olía a sangre, lo cual era buena señal. Pero tampoco podía oler a Patrice.

El parque olía a demasiadas cosas. Flores, animales, personas, comida, contaminación… Intentar localizar un solo olor en un espacio abierto de esa clase era muy complicado, pero no imposible. Seguiría atento.

A su lado, Charles también escrutaba el lugar, buscando alguna señal de los asesinos. No estaban a campo abierto, para no convertirse en blancos perfectos para el francotirador. Miró su reloj y comprobó que la hora acordaba estaba a punto de pasarse.

Esperaba un ataque, por eso se habían colocado semi ocultos en  una arboleda, pero… estaban tardando.

–  No es que tenga ganas de morir ni nada por el estilo, pero… ¿no se están retrasando?

–  ¿Vamos a pedirle puntualidad a unos asesinos?

–  Sinceramente, sí. – asintió Will. – Esperaba que fueran puntuales, si son tan minuciosos y profesionales como decías.

En ese momento, una enorme sombra paso por encima de su cabeza y una llamarada cayó del cielo varios metros delante de ellos, donde había un cenador de madera verde. La pequeña estructura estalló en llamas y los dos pudieron ver como un par de figuras corrían despavoridas por el jardín.

–  ¿Qué cojones…? ¿Eso era un dragón?

El ex policía estaba tan sorprendido como el lobo. No quedaban muchos dragones en el mundo y temía conocer al que había hecho semejante escena. Solo esperaba que hubiera hecho uso de su magia igual que de su fuego.

–  ¡Mierda! – siseó. – Esto va a ser complicado de cubrir…

Patrice apareció en la arboleda, aparentemente sana y salva y acompañada por un hombre grande y de cabello rubio. Charles le reconoció en seguida. Era Jerrad, el dragón de Destruction Bay, como se temía.

¿Qué hacía ahí?

–  Dime que has usado magia. – pidió, mientras veía como el lobo abrazaba a su hermana y comprobaba que estuviera bien. El dragón rio.

–  ¿Acaso lo dudas? Los humanos han visto un cenador salir ardiendo de la nada, pero no han visto ningún dragón.

–  ¿Y los asesinos?

–  Han huido, me temo. Ser preciso con una llamarada desde el cielo y a esa distancia es complicado, lobo. Pero puedo asegurarte de que van tostaditos.

Charles se encogió de hombros. Habría preferido que estuvieran muertos, pero la presencia del dragón intimidaría a La Orden y, con suerte, dejarían cualquier asunto en la ciudad para reagruparse y seguir con sus fechorías en otra parte.

Eso les daría tiempo a reagruparse a ellos y averiguar dónde atacarían la próxima vez. Además, seguía pendiente ese rumor de un arma definitiva para destruir a la comunidad. Tenía que descubrir cuál era.

–  Me conformaré con eso, por ahora. – Jerrad sonrió.

–  Bien, porque tenemos problemas más urgentes en este momento.


¡Y hasta aquí el relato!

La semana próxima no sé si publicare algo en su lugar o no. Probablemente, no porque no he tenido la ocasión de acabar nada. Pero si por un milagro termino algo, ya avisaré.

Mientras, puedes leer El juego de Schrödinger y disfrutar de su historia.

Publicado el

¡Nuevo capítulo! : Relato: El juego de La Orden. Capítulo 6.

juego

Relato: El juego de La Orden


juegoCapítulo 6.

–  ¿Estás seguro de que vendrá a por este?

Estaban aparcados en una zona residencial, repleta de casitas adosadas con verjas blancas y porches con columpios y mosquiteras en las puertas.

Un barrio ideal, de película.

Y humano.

Por eso había sido elegido para cuando la manada necesitaba esconder a alguien o reunirse en secreto. Will lo sabía porque en Chicago y Nueva York también tenían algo parecido. Fue fácil para él descubrir cuáles eran los sitios elegidos.

La manada tenía escondidos en una de las casas a dos miembros del Consejo, Jefferson O’Neill y Dustin Loone, ambos concejales en el ayuntamiento y parte importante de la manada. Por eso mismo, Will estaba seguro de que serían los siguientes.

Así que, ignorando las órdenes del Consejo, los dos estaban sentados en el coche, escondidos a pocos metros de la casa donde tenían a los objetivos.

Ya llevaban más de cuatro horas vigilando, hacia frio y parecía que iba a llover. El asiento de atrás estaba lleno de envoltorios vacíos de patatas y comida rápida. Charles se terminó su segundo café y miró preocupado a su acompañante.

Parecía que, a donde fuera el lobo le seguían los problemas. Ya era la segunda vez que La Orden lo atacaba y eso no era seguro para su hermana, si seguía con él.

La situación con la organización era cada día más complicada y más peligrosa. Estaban escalando rápidamente. Los rumores sobre un ataque masivo a la comunidad volaban por todo el país y empezaban a parecer ciertos.

No era el mejor momento para que su hermana decidiera salir con alguien de la comunidad.

–  Deberías dejar a Patrice. – soltó de repente ganándose una mirada desconcertada del lobo. – La pones en peligro. A ella y a Lauren. Ellas no pertenecen a este mundo y no deberían estar necesitando protección por tu culpa.

Para su sorpresa, Will no protestó inmediatamente. Ni siquiera parecía molesto o enfadado con su sugerencia, como si ya hubiera considerado la idea antes. Lo vio encogerse de hombros antes de contestarle.

–  Cuando mis padres y mis tíos me pidieron que me marchara de Chicago para dejar vía libre a mi primo y que este fuera Alfa sin oposición, no me negué. ¿Sabes por qué? Zack es mayor que yo y quiere ser Alfa. Yo nunca quise. No me apasionaba la idea. – Charles le observó suspirar y frotarse la cara, cansado. – Cuando, después de lo ocurrido con el hellhound, pedí el traslado, renuncie de nuevo a ser alfa. En Detroit tienen cubierto el puesto. Pero no me importó.

–  Aja… – fue lo único que acertó a decir el ex policía. Conocía la situación de Will y a lo que había renunciado por el bien de la manada. Con los lobos las cosas funcionaban así. El bien de la mayoría siempre era antes que el bien de la minoría.

Muy Star Trek.

–  Cuando, un día, tu hermana me pida que me vaya y la deje en paz, lo haré sin dudarlo y sin protestar. Estará en su derecho a pedírmelo y yo en la obligación de respetarla. Pero solo ella tiene ese derecho, Charles. Ni tú, ni el Alfa, ni el Consejo… nadie podrá obligarme a que la deje. No voy a hacerlo. – Will dejó de mirar por la ventana del coche para mirarle a los ojos. – Me gusta tu hermana, Charles. Muchísimo. Y creo que yo a ella también. Por eso no voy a permitir que nadie le haga daño. Moriré antes protegiéndola y me quedare a su lado mientras ella me lo permita. Lamento comunicarte que no tienes nada que decir al respecto.

–  Está bien… – el lobo le miró, sorprendido.

–  ¿Está bien? ¿Te suelto todo ese discurso y solo me dices “está bien”? ¿En serio?

–  ¿Qué quieres? – repuso el otro con fastidio. – ¿Un Oscar al mejor discurso? Confórmate con eso y no tientes tu suerte.

–  Increíble… Tranquilo… por respeto a tu hermana, no voy a tenértelo en cuenta.

–  Como si me importara. – masculló Charles, cogiendo los prismáticos. – Creo que veo movimiento en una de las casas.

Will cogió los otros prismáticos y miró a la casa donde escondían a los objetivos. Efectivamente, había movimiento. Las luces del piso superior se habían encendido. El lobo revisó los alrededores y vio dos bultos acercarse furtivamente, atravesando el jardín.

–  ¡Mierda! ¡Están aquí! – ambos salieron a toda prisa del coche, corriendo hacia la casa. – ¡Vamos!

En el interior de la casa los ruidos aumentaron y se encendieron todas las luces. Will escuchó varios disparos, algunos con silenciador. Y gritos… muchos gritos. Cuando llegaron al porche, tropezaron con dos figuras grandes que les hicieron caer al suelo.

Al volver a mirar con quien había chocado, vio el cañón de una pistola apuntándole directamente a los ojos. Detrás de la pistola, un hombre alto, con barba de tres días y la cabeza rapada le observaba con desprecio.

Tras él apareció el pelirrojo del parque, cogiéndole del brazo y tirando de él para que le siguiera.

–  ¡No tenemos tiempo para estos, Tony! ¡Vamos!

Charles consiguió levantarse antes que él y corrió tras los asesinos, pero estos ya habían conseguido llegar a su coche y huido del lugar.

–  ¿Cómo demonios han conseguido pasar toda la vigilancia?

–  ¡No tengo ni idea! ¿Les han matado?

–  Eso me temo… ¡Venga! ¡Vámonos antes de que nos vean los demás!

–  ¡Cuidado!

Will oyó el disparo antes de que este impactara en la pared tras él, pasando a centímetros de su cara y dejando un arañazo en la mejilla. Charles le tiró al suelo cuando sonó el segundo disparo.

–  ¡Mierda! ¿No se habían ido? – preguntó, mientras agudizaba el oído. Se volvió a levantar cuando oyó un motor de coche alejarse.

–  Creía que sí. ¡Cabron! Ese disparo ha sido un aviso, Will.

–  ¿Qué quieres decir?

–  Que un tío así no falla. Me parece que ha escogido su nuevo objetivo… tú.


Recuerda que puedes encontrar El juego de Schrödinger, novela que es madre de este relato, en el blog.

 

 

Publicado el

¡Nuevo capítulo! : Relato: El juego de La Orden. Capítulo 5

juego

Relato: El juego de La Orden: Capítulo 5.

juego

–  ¿Quién demonios era ese tío?

Charles y Will abandonaron el parque lo más rápido que les fue posible. Tras el disparo, se hizo el caos entre los visitantes que se encontraban cerca del lugar, provocando una estampida.

Para cuando llegó la policía, ambos ya estaban a medio camino al piso franco de Charles, quien no dejo de pisar el acelerador hasta que llegó allí. Con sus antecedentes, lo último que necesitaba era un encontronazo con la policía.

El asesinato de Jordan les había pillado a ambos por sorpresa. Incluso a Charles, que sabía por experiencia como trabajaba La Orden.

La organización no tenía problemas para eliminar aquello que le molestaba, pero solía ser más cuidadosa. El asesinato de un policía a plena luz del día y en un lugar lleno de familias no era precisamente lo más sutil del mundo.

–  No sé. – contestó, cerrando la puerta del apartamento. Se dirigió directamente a la nevera, a coger una cerveza, ignorando la mueca del lobo. – Pero es algo que debemos averiguar y rápido.

–  Voy a llamar a la manada. Esto nos viene grande. – Will sacó su teléfono móvil, buscando entre sus contactos, nervioso. – No, borra eso. Nos viene enorme.

Mientras Will hablaba por teléfono con la manada, Charles intentaba averiguar entre sus contactos la identidad del francotirador y del tipo que estaba en el parque con Jordan. Esto ya no se trataba únicamente sobre fastidiar o exponer a un miembro de la comunidad mágica. Habían cometido un asesinato extremadamente público. Esto no iba a ser sencillo de cubrir y no era lo habitual.

No tardó demasiado en encontrar una respuesta, por poco que le gustara.

El pelirrojo se llamaba Stephen Sheehan, antiguo miembro del IRA y actual mano ejecutora de La Orden. Era alguien muy peligroso antes de unirse a la organización y lo era más ahora.

Pero Sheehan no trabajaba solo. Su compañero y, presumiblemente, quien disparó a Jordan era Tony Durand, un francotirador de origen suizo que llevaba siendo pareja profesional con Sheehan los últimos diez años. Su lista de víctimas a lo largo del mundo era kilométrica.

¿Cómo dos asesinos a sueldo acababan trabajando para una organización como La Orden? ¿Y por qué? Lo habitual allí era gente que había sufrido algún ataque sobrenatural y buscaba venganza. Esos eran sus peones, su carne de cañón.

A parte de esos peones, La Orden solía estar formada por gente que llevaba años con ellos. Familias enteras, en algunas ocasiones.

Era la primera noticia que tenia de que estaban contratando asesinos.

–  Estamos jodidos… estos tíos no son cazadores. Son asesinos profesionales. – Will silbó, guardando su teléfono. – Le he enviado a tu Consejo la información que me han dado.

–  Joder… ¿Qué hacemos? Esto no es como el asunto del hellhound. Aquello solo eran matones.

–  Lo sé. ¿Qué ha dicho la manada?

–  Que van a estar alerta. Al parecer la semana anterior sufrieron un ataque informático en nuestra base de datos. Consiguieron nombres y direcciones de los miembros de los Consejos de Detroit, Nueva York, Nueva Jersey, Chicago y Los Ángeles antes de que pudiera detener el ataque.

–  ¿Y lo dicen ahora? ¡Todas esas manadas están en peligro!

–  Todos los que deben saberlo, lo saben. – Will se encogió de hombros y Charles bufó. – Si, también pienso que deberían haber avisado a todos.

–  ¿Alguna baja?

–  Un par, pero solo aquí. El resto está poniendo a su gente a salvo. La manada ha dicho que tiene vigilancia en todos los miembros que estaban en la lista.

Charles se asomó a la ventana, preocupado. Que La Orden tuviera esa información era muy peligroso. Había sido una suerte que no les diera tiempo de conseguir al resto, ya que en esa base de datos estaban la información de todos los lobos del planeta.

La lógica le decía que usarían esa información para eliminar a miembros destacados de la comunidad y sembrar el caos en ella.

Pero con La Orden no siempre funcionaba la lógica.

–  El Consejo y la Manada deberían compartir esta información con los demás. – Will asintió.

–  Lo están haciendo en este momento. Ahora debemos decidir que vamos a hacer nosotros.

–  Creo que deberíamos buscar a estos tipos antes de que maten a alguien más. – al ver la sonrisa del lobo, Charles preguntó. – ¿Qué te han dicho que hagamos?

–  Que no nos metamos.

–  ¡Por supuesto! ¿Tienes alguna idea de quien podría ser su próximo objetivo o cómo buscarles?

–  Tengo una ligera idea… – Charles dio una palmada, sonriendo.

–  ¡Pues vamos a ponernos a trabajar!


¡Hasta aquí esta semana! Recuerda que si te ha gustado, comparte. Y si quieres más, ven a enterarte cómo se conocieron los protas en El juego de Schrödinger. 

Publicado el

¡Nuevo capítulo! : Relato: El juego de La Orden. Capítulo 4.

juego

Relato: El juego de La Orden.

Capítulo 4.

juego

–  ¿Cómo está Patrice?

Will suspiró, entregando el teléfono móvil a Charles. Lo que empezó como una simple llamada para asegurarse de que ella estaba bien e informarla de que estaba a salvo y con su hermano, acabó siendo un largo rapapolvo por haberla asustado.

Estaba bastante enfadada con él, aunque también se mostró muy aliviada y feliz de saber que se encontraba bien.

–  Más tranquila… y cabreada. Muy cabreada. – Charles rio al ver la expresión de desconcierto del lobo. – Me ha echado una bronca épica.

–  Pobre… mi hermana siempre ha tenido mucho carácter. Te destrozará cada vez que hagas algo mal. Por tu propio bien, procura no darle motivos para cabrearla a menudo.

El lobo se encogió de hombros. No se sentía nada intimidado por el carácter de la chica. Fue eso, precisamente, lo que hizo que se fijara en ella, en primer lugar. Y lo que más le gustaba de ella.

–  Los lobos no nos achantamos por unos mordiscos… más bien nos gustan. – le dijo en tono de guasa, riendo cuando el otro le dirigió una mirada envenenada.

Parecía que Charles no era tan frio como quería aparentar. Seguía preocupado por las muertes que había provocado antes y no tenía ningunas ganas de explicárselo a la manada.

– ¡Basta! ¡No quiero saberlo! Vamos a centrarnos en lo importante, que es averiguar dónde está La Orden y por qué querían eliminarte.

Tras huir de la casa, Charles había conducido de vuelta a la ciudad, a la zona este, bien alejado del apartamento de Will.

El lobo miró pensativo por la ventana. Estaban en un piso vacío, uno que el otro usaba como tercera opción de escondite cuando visitaba a su hermana, o algo así le había comentado cuando entraron. La verdad era que no estaba seguro de querer conocer las dos opciones primeras como tampoco quería saber cuántos más tenía ni cómo los mantenía.

Tenían cosas más importantes de las que ocuparse, como averiguar por qué y cómo La Orden había hecho que su compañero de trabajo, del que cada vez estaba más seguro que no tenía que ver con todo eso, le secuestrara e intentara matar.

–  No tengo ni idea. – admitió. – No he hecho nada fuera de lo normal… he trabajado en casos humanos en los últimos meses. Solo he hablado con la manada tres veces desde lo del hellhound porque no ha ocurrido nada notable desde entonces. Tampoco soy ya candidato a Alfa, desde que me mudé aquí.

Charles asintió. Sabía que Will renunció a ser Alfa en Nueva York cuando se mudó a Detroit y que se había mantenido con un perfil bajo desde entonces, intentando no llamar la atención de sus nuevos compañeros.

–  ¿Tal vez sea en represalia por interferir en sus planes con el sabueso?

–  No lo sé, tío… Esto me ha pillado tan de sorpresa como al resto.

–  Quizás deberíamos preguntarle a tu amigo. A ver qué es lo que le motiva… – Will se estremeció por el tono frio con el que había hablado el otro.

–  Primero tendremos que encontrarlo, porque dudo que se quedara en la casa cuando haya descubierto a todos sus compañeros muertos.

–  No, obviamente. No pienso que sea tan estúpido. Tampoco habrá ido a comisaria, así que… ¿Dónde?

–  ¿Su casa?

Tuvieron suerte. Sorprendentemente, Jordan estaba en su casa aunque no por mucho rato. A la media hora de estar allí, aparcados y vigilando, el hombre salió y cogió su coche.

–  ¿Hacia dónde ira? – musitó Will, después de un rato conduciendo tras el policía. – Parecía bastante alterado.

–  Quizás vaya a un bar a tomar algo.

–  Es alcohólico. Dejó de beber hace quince años y no pisa los bares desde entonces. Siempre va directo a casa. Presumía de ello.

–  Habrá que seguirlo. Puede que nos lleve hasta quien le ordenó secuestrarte.

Siguieron al policía durante un buen rato, atravesando la ciudad. Se detuvo en el Parque Campus Martius, un enorme parque natural lleno de monumentos y familias que iban a patinar en invierno y a pasar el rato en la playa o paseando en los jardines.

Allí dejó su coche y se adentró andando hacia los jardines botánicos. Parecía buscar a alguien, mirando hacia todos lados, nervioso. Will y Charles le siguieron lo más discretamente posible para poder ver y oír sin ser vistos.

Al poco rato, se detuvo junto a una fuente, donde un tipo vestido con traje negro le abordó. Era un tipo enorme. Debía medir más de metro noventa y muy musculoso. Tenía la piel muy clara y el cabello y la barba pelirrojos. Llevaba unas gafas de sol ocultando sus ojos.

No era alguien que pasara desapercibido, dado su tamaño y color de cabello, pero, además, llevaba el pelo peinado con una alta cresta. No lo conocía pero el aspecto le resultó familiar a Charles. Estaba casi seguro de que había oído hablar de alguien con esas pintas.

Will agudizó el oído. Él era capaz de oírles a esa distancia, si no había demasiado ruido de fondo.

–  ¿Qué ha pasado con el lobo? – espeto el recién llegado, con un marcado acento irlandés. Jordan se encogió de hombros, cada minuto más agitado.

–  Logró escapar. Alguien vino y lo rescató. Mató a mis hombres. – el hombre de negro hizo un gesto de disgusto.

–  Eso es inaceptable.

–  Mira, tío, yo he cumplido. Me lleve a Moore a la casa, como pediste y fui a buscarte. No es mi culpa que alguien, con quien no contabais, viniera a rescatarlo. Debisteis avisarme de que eso podía pasar.

–  Pero si lo es, señor Jordan. Solo tenía que hacer una cosa. Mantenerlo ahí hasta que llegáramos. Y ha sido incapaz de cumplir.

Jordan se alejó del hombre, sacando su pistola de la parte trasera de sus pantalones y apuntándole con ella. Will hizo el intento de ir a detenerlos, pero Charles no le dejó.

–  ¡Dijisteis que estaba solo! Si hubiera sabido que había alguien más habría puesto más seguridad. ¡No es mi culpa!

El hombre sonrió y se quitó las gafas de sol que llevaba, mostrando unos ojos celestes y fríos que hicieron estremecer al policía. Alzó la mirada por encima del hombro de Jordan y se encogió de hombros.

–  Tiene razón… tendríamos que haber imaginado que enviarían ayuda. Pero nos ocuparemos de ello.

–  ¿Van a dejar en paz a mi familia?

–  Su familia está a salvo, como prometí. Usted, por otra parte… – un silbido cortó el aire y una bala impacto en la frente de Jordan, quien cayó al suelo fulminado. – Usted ya no nos es útil.


¡Y hasta aquí! Si te ha gustado lo que has leído, puedes echar un vistazo a mis novelas. ¡Están muy interesantes!

Publicado el

Relato: Relato: El juego de la Orden. Capítulo 2

juego

Relato: El juego de la Orden.

juego

Capítulo 2.

–  ¿Dónde estamos?

Nadie respondió a su pregunta. No tenía ni idea de donde estaba, pero en comisaria seguro que no.

Después de esposarle y meterle en el coche, uno de los tipos que acompañaban a Jordan le colocó una bolsa sobre la cabeza y no se la quitó hasta media hora después, cuando ya habían llegado a su destino.

Fue la experiencia más agobiante de su vida. La incertidumbre, el miedo de no saber qué iba a pasar y la maldita bolsa casi le asfixia. La tela era demasiado gruesa y le hizo sudar, acentuando la sensación de agobio.

Lo poco que consiguió ver al bajar del coche fue una casa vieja y en ruinas rodeada por árboles y nada de civilización. Dado que solo habían estado conduciendo poco más de media hora, no podían estar muy lejos de la ciudad. Sabía que en la zona norte, en las afueras, existían varios bosques. Iba a ser complicado regresar a la ciudad cuando consiguiera escaparse.

Si conseguía escaparse, claro.

Lo habían metido en una habitación y atado a una silla. Jordan se tomó la molestia de colocarle una cadena con plata en el cuello, para neutralizar su fuerza de lobo.

Lo tenían todo bien planeado. Presentarse en su piso con acusaciones falsas y una orden de arresto aún más falsa… había sido una idea muy inteligente. Will no tenía razones para desconfiar de sus compañeros hasta ese momento. Sabían que no se resistiría a un arresto legal por muy equivocado que fuera.

¡Ah, había sido tan estúpido!

Y ahora lo tenían a su merced, en su escondite. Atado e incapacitado.

Hacía mucho tiempo que Will no sentía tanto miedo. Muchísimo tiempo.

–  No importa dónde estamos, lobo. – contestó finalmente Jordan. – Lo importante es que te hemos descubierto. – el hombre rio por lo bajo. – Sabía que había algo raro contigo. Ahora todo tiene más sentido.

–  ¿Trabajas para La Orden? Son los únicos que han podido decirte que soy.

–  No es asunto tuyo. De lo único que deberías preocuparte ahora mismo es de que va a pasarte, lobito.

–  Está bien… ¿Qué vas a hacer conmigo? ¿Cómo vas a explicar en comisaria que has venido a mi casa, me has secuestrado y…? ¿Qué? ¿Luego qué, Jordan? ¿Vas a matarme? ¿Para eso te ficharon en La Orden? ¿De asesino?

El detective se acercó a él, dando grandes zancadas y golpeando con el puño la mesita que había cerca de donde se encontraba atado Will, quien dio un respingo involuntario.

–  ¡No soy ningún asesino! – gritó, claramente molesto. – Pero no voy a dudar en eliminar a un monstruo como tú.

Patrice tampoco lo estaba pasando muy bien. Había cogido un taxi para presentarse en la comisaria, no antes de mandar un mensaje a su hermano, como le había pedido Will. No tenía idea de porque el chico había pedido por Charles en vez de un abogado pero imaginaba que tenía sus razones.

Razones que empezaron a ser más claras cuando llegó a la comisaria y le dijeron que ni Jordan estaba de servicio ni Will había sido fichado ni detenido. Tampoco había ninguna orden a su nombre.

Regresó al apartamento de Will más preocupada que antes. Solo le quedaba esperar a que su hermano contestara su mensaje o tendría que usar el número de emergencia que el lobo le diera para un caso extremo. Y, sinceramente, no deseaba usarlo. No tenía ningunas ganas de explicar a un montón de lobos como había sido secuestrado Will y por qué era ella la que llamaba.

Charles estaba oficialmente prófugo y buscado por la justicia, así que encontrarle y hacerle venir era toda una odisea, incluso para ella. Sin embargo, le envió el mensaje y cruzó los dedos.

Solo le quedaba esperar.

Al llegar a la puerta del apartamento y sacar la llave para abrir, se dio cuenta de que esta ya estaba abierta.

Mientras sacaba su Beretta y la amartillaba, pensó en que podía ser Will. Lo veía improbable, pero…

Sentado en el sofá, como si estuviera de visita, se encontraba su hermano. Su abrigo estaba colgado en una silla e incluso había cogido una cerveza de la nevera. Cuando todo eso acabara iba a tener unas palabras con él y explicarle que matarla de un infarto no era buena idea.

–  ¡Charles! ¡Has venido! – sintiéndose un poco más tranquila, soltó la pistola y se acercó a su hermano. – No estaba segura de sí podrías.

Charles la abrazó, estrechándola fuerte entre sus brazos. Fue ahí, mirándolo más de cerca que Patrice notó lo cambiado que estaba el ex policía. Había envejecido bastante y tenía más canas que la última vez que lo viera. Su traje negro también estaba más arrugado y olía a pólvora y wiski.

Su rostro era una máscara que no dejaba ver más que una expresión seria. Nada de emociones. ¿Qué había ocurrido con su querido y dulce hermano?

–  Has tenido suerte de que me has pillado cerca de la ciudad. – Charles se separó de ella y la llevó hasta el sofá, obligándola a sentarse. – ¿Qué ha pasado? ¿Qué es eso de que han detenido a Will?

–  ¡Es aun peor! Creía que lo habían detenido, porque han venido unos compañeros suyos y se lo han llevado esposado, acusándolo de aceptar sobornos y de robo de drogas y no sé qué más… – farfulló, nerviosa. Se detuvo un segundo y respiró profundamente para calmarse. Nerviosa no le serviría de nada a Will. – Cuando he ido a comisaria me han dicho que allí no está y que no hay ninguna orden de arresto. Tampoco estaba el policía que lo detuvo. – Charles frunció el ceño.

Le había resultado extraño que su hermana le enviara un mensaje solo porque a su… su amigo estaba detenido. Cuando le dio el número de su móvil a Patrice, le explicó claramente su situación y el peligro que corría cada vez que se acercara a ella.

Eso fue cuando le llevó a Lauren y, hasta ese día, Patrice nunca lo llamó.

Y debía reconocer que estaba más que justificado.

–  Eso no pinta bien, Patrice…

–  No… – acordó ella. – Fue Will quien me pidió que te llamara. Sabía que pasaba algo raro. ¿Qué vamos a hacer?

Charles miró a su hermana y vio el miedo en sus ojos, algo que había deseado no volver a ver. Todavía seguía soñando con ella en aquella fabrica, aterrada e indefensa y a punto de ser atacada por un hellhound.

Esa era la razón por la que no era muy partidario de que Will y ella tuvieran una relación. Él era un lobo. Por mucho que quisiera evitar los problemas, estos le iban a perseguir de por vida, a causa de La Orden. Y eso afectaría a todo aquel que estuviera cerca.

O, lo que era lo mismo, a su hermana.

Pero eso debía dejarlo para más tarde. En ese momento, la cosa no pintaba nada bien. Will estaba retenido por un número indeterminado de personas, en un lugar desconocido y sin saber exactamente por qué. Las posibilidades de que siguiera vivo tres horas después eran muy remotas.

–  Voy a hacer un par de llamadas. – era lo menos que podía hacer. Además, alguien debía avisar a la manada. – Voy a ver que averiguo. Tú espera aquí. Te llamaré cuando sepa algo. Lo que sea. Te lo prometo. ¿Dónde está Lauren?

–  Con mi vecina. He llamado hace un rato y estaba dormida y bien en casa.

–  Vuelve a llamar dentro de una hora. Espérame aquí hasta que te llame.

Media hora más tarde y cuatro llamadas después, Charles se reunía en una cafetería con uno de los miembros de la manada de Detroit. El Consejo no estuvo nada complacido de que un humano tuviera su número y les hubiera llamado, pero menos les gustó enterarse de que uno de los suyos había desaparecido y se estuvieran enterando por alguien de fuera.

Por eso, cuando Charles les dio lo poco que sabía sobre el asunto y dejó clara su intención de averiguar dónde estaba el policía, la manada se puso manos a la obra. Y concertó una cita con él.

Charles esperaba que la reunión resultara fructífera porque tenía una promesa que cumplir a su hermana, pensó mientras se terminaba su café sentado en la barra.

–  ¿Detective Andrews? – Charles hizo una mueca y se giró para encontrarse con un lobo joven, de poco más de veinte años con chaqueta gris oscura, camisa blanca y vaqueros.

Con solo mirarlo, el ex policía supo que no iba a recibir mucha ayuda de él. Ese lobo era de los que se encargaba de papeleos y relaciones, no un luchador.

–  Solo Andrews. – respondió seco, dándole de nuevo la espalda e ignorando la mano que el otro le tendía. – Deje de ser detective cuando me echaron de la policía.

–  No deberían haber hecho eso. Era inocente.

–  Cuéntaselo al juez. ¿Qué han averiguado? – el chico se sentó a su lado en la barra.

–  El policía que se llevó a Moore, Jordan, no está en su casa ni en la comisaria. Hemos revisado los sitios que suele frecuentar, pero no ha aparecido por ninguno hoy. – la camarera del local se acercó a la barra y rellenó la taza de Charles con más café. – La manada ha realizado una investigación a fondo sobre el tipo. Hasta ahora no existía ningún indicio de que trabajara para La Orden. Incluso de que conociera su existencia. Está a punto de jubilarse, con una hoja de servicios impecable y varias menciones por su trabajo.

–  ¿Creen que trabaja para La Orden?

–  Es la única explicación que encontramos.

–  No tiene sentido. Acabas de decir que no había señales ni de que les conociera. Le hubieran usado antes, cuando lo del hellhound, por ejemplo. ¿Por qué ahora? ¿Por qué así?

El lobo pareció considerar sus palabras. Charles se dio cuenta de que ni le había preguntado su nombre y no le importaba. Tenía asuntos más importantes en ese momento que ser educado.

–  Hemos descubierto que lleva un par de meses pagando el alquiler de una casa en las afueras, al norte. Por lo que hemos podido ver, el lugar está completamente abandonado y en ruinas. Y tan alejado de todo que es perfecto para ocultar a alguien.

Charles asintió. Era un buen sitio para lo que tuvieran planeado. Nadie vería ni oiría nada. Pero noto que el lobo se callaba algo. Tenía más información sobre el policía y no lo estaba contando. ¿Por qué?

–  ¿Qué vais a hacer? – preguntó en su lugar. Primero, Will, luego averiguar que ocultaba la manada.

Prioridades.

–  Esperar que lo rescates tú. Si necesitas nuestra ayuda, te la brindaremos pero preferiríamos no involucrarnos en nada que pueda poner a la manada en el punto de mira público. – el chico le entregó un papel con algo escrito. Una dirección.

–  Como no… – refunfuñó Charles guardándose la dirección de la casa en un bolsillo de la chaqueta. Típico el no mover un dedo para salvar a uno de los suyos si eso implicaba que pudieran exponerse. – Mantened a mi hermana a salvo. No quiero que le pueda afectar ninguna represalia.

–  Tu hermana esta en nuestra lista de protegidos.

–  Creo que preferiría no saber eso… – gruñó, levantándose y dejando un billete de diez sobre la barra. El lobo lo miró, sorprendido.

–  ¿Por qué?

–  Porque sé lo que implica.

 

¿Te va gustando? Pues si quieres saber más sobre los personajes, puedes leer Jack T.R. o El juego de Schrödinger.

Publicado el

¡Nuevo relato!: Relato: El juego de La Orden. Capítulo 1.

juego

Relato: El juego de La Orden.

juego

Capítulo 1.

Era uno de esos días perfectos.

Sol, cielos sin nubes, temperatura agradable… Todo rematado con una cena deliciosa y una compañía aún mejor.

¿Cómo pudo irse todo a la mierda en cuestión de un segundo?

–  Detective William Moore, queda arrestado por robo de pruebas y aceptar sobornos.

Había sido una tarde perfecta. Para su suerte, después de varios intentos y muchos ruegos y negociaciones, por fin consiguió convencer a Patrice de darle una oportunidad a lo suyo, avanzar un paso más en su relación e intentar ser una pareja.

Como era lógico, ella seguía asustada por todo lo ocurrido con el hellhound y La Orden y se negaba a dejar la casa sin su pequeña Lauren.

O se negaba a salir y punto.

Pasaron meses antes de que pudiera sentirse lo bastante segura como para regresar a su trabajo y hacer vida casi normal sin temor a ser atacada por algún loco sobrenatural. Ni siquiera la vigilancia de la manada conseguía calmarla.

Will pasó esos meses a su lado, vigilando, cuidando y apoyando. Al principio,  le motivaba el complejo de culpa. Se sentía responsable de no haberla encontrado más rápido de lo que lo hizo.

Luego, cuidarla se convirtió en una excusa para verla y hablar con ella.

Se dio cuenta de que le gustaba Patrice. La humana era intrigante y muy divertida, cuando conseguía relajarse y olvidar todo el asunto del secuestro. Su humor era bastante sarcástico y afilado, con rápidas respuestas que le dejaban descolocado y complacido.

Nunca antes se había sentido tan atraído por una humana. Sí, claro que tuvo sus aventuras de una noche con algunas chicas que buscaban lo mismo que él. Diversión sin compromiso. Siempre le resultaron entretenidas y muy imaginativas en la cama. Pero nunca consideró la idea de escoger a una humana como pareja.

Sin embargo, Patrice era simplemente perfecta.

Fue toda una victoria personal para él cuando, tras verla superar un miedo tras otro, la chica le tomó en serio y decidió decir que si, para variar, cuando le pidió una cita. Will decidió no ocultarle su condición de lobo ni su pasado desde el principio, lo que no puso las cosas más fáciles. Ella no parecía creer que pudieran tener una relación seria al ser de diferentes razas así que necesitó demostrarle que se equivocaba y que merecía la pena intentarlo.

Por eso, que hubieran escogido esa tarde en particular para venir y arrestarlo con acusaciones falsas le resultó un pelín molesto.

Por no decir que fue una completa putada, claro.

Conocía a los policías que habían venido a detenerle. Todos pertenecían a su comisaria, esa a la que se trasladó tras lo ocurrido con el hellhound y a la que no debió ir, precisamente por lo ocurrido con el hellhound.

No tuvo la mejor de las bienvenidas, la verdad fuera dicha. No todos pero algunos compañeros parecían poco felices con la idea de que apareciera allí, después de todo el asunto con el FBI y la muerte del agente Lewis. Muchos le culpaban por la muerte del federal.

No fue ninguna sorpresa que el detective Jordan estuviera allí y se encargara de esposarle y que, además, pareciera encantado de hacerlo. Él y los otros cinco que le acompañaban y ponían patas arriba su casa.

Había estado en registros las suficientes veces como para distinguir entre buscar y destrozar, que era lo que hacían esos en ese instante en su apartamento. Iba a hacerles pagar por cada cosa rota después.

–  ¿De qué coño estás hablando, Jordan? ¿De dónde has sacado esa estúpida idea? – la risa que soltó el otro le puso los pelos de punta. Era una risa cruel.

–  ¿Estúpida idea? Tenemos fotos, videos de ti entregando droga a narcotraficantes conocidos a cambio de dinero. Esa droga que robaste del sótano de pruebas. – Will estaba estupefacto. ¿Qué fotos? ¿Qué videos? ¡Él no había hecho nada! – Tenemos hasta un testigo. Cuando acabe contigo vas a acabar en la celda más profunda de la prisión y tirare la llave para que no puedas salir nunca.

Patrice le miró entre sorprendida y espantada. No estaría creyéndole, ¿verdad?

–  ¡Estás loco! ¡Cuando se demuestre que mientes, voy a hacer que te quiten la placa, cabron!

–  Eso si consigues demostrarlo.

Sabía que Jordan era de los que menos felices se mostró cuando lo trasladaron oficialmente a esa comisaria. Pero no imaginaba que le odiara hasta el punto de inventarse pruebas para inculparle.

–  ¡Will!

El lobo maldijo entre dientes al ver la expresión de la chica. No parecía segura de a quién creer y no podía culparla. No le conocía lo suficiente como para confiar tanto en él.

–  Ve despidiéndote de tu amiguita, lobo. – le susurró para que nadie más le oyera. – No vas a volver a estar con ella… jamás.

Will se tensó al oírle, fulminando con la mirada al otro policía. Nadie en su comisaria sabía lo que era. No tenía amigos ni gente de su raza allí, así que no había ni una sola persona que supiera que era un lobo.

Solo podía existir una razón para que Jordan supiera lo que era. Solo La Orden sabía su verdadera identidad.

Estaba bien jodido.

–  ¡Will! ¡Llamaré a un abogado! ¡No te preocupes!

El lobo casi suelta una carcajada. No necesitaba un abogado, porque no iban a ir a comisaria. Estaba seguro de ello.

Necesitaba algo más.

–  ¡Llama a tu hermano!

 

¿Te gusta lo que lees? ¡Ven y consigue El juego de Schrödinger aquí!

 

Publicado el

O cómo nació El juego de Schrödinger: Me encanta escribir thriller sobrenatural

seven thriller

El thriller es de mis géneros favoritos para leer, junto con la fantasía.

También es de mis favoritos para escribir. De mis cuatro novelas, todas tienen un poco de thriller y de suspense mezclado con fantasía y policíaco.

Y mucho de sobrenatural.

El juego de Schrödinger tiene mucho de policíaco, de suspense, de sobrenatural… ¡y de asesinos!

La idea apareció después de escuchar un Cinexin de La Parroquia (si no escuchabais este programa, muy mal. Ya no está en antena pero aun puedes encontrar sus podcast y el Cinexin era maravilloso) sobre la película “Seven”, de Brad Pitt, Morgan Freeman y un maravilloso Kevin Spacey.

Escuchar el programa me dio morriña y volví a ver la película, en esta ocasión en versión original para disfrutar mejor de esa escena de la caja. Descubres que la doblaron mal… bueno, no mal, pero tampoco bien. Larga historia.

seven thriller gif

En fin, a lo que iba. En esta época todo el mundo conoce la paradoja de Schrödinger y su gato. Y si no es así, es que no vives en este mundo. ¿Quién no ha visto The Big Bang Theory? Pues eso.

Mezcla “Seven”, con la paradoja del gato de Schrödinger, un poco de “The blacklist” (Veo demasiadas series y películas, lo sé) y lo juntas con una idea de continuar y unir el universo de Jack T.R. y el de Kamelot 2.0 y aparece esto.

El juego de Schrödinger Thriller

El juego de Schrödinger empieza con un asesino con cuatro muertes a sus espaldas que se entrega por sorpresa en una comisaria. Aparece ensangrentado, con un cuchillo en una mano y una cabeza cortada en la otra.

Pero no se ha entregado por arrepentimiento. Solo quiere jugar. Tiene una nueva víctima, escondida. Aún está viva, asegura. Y piensa darles una pista para que la localicen.

Pero solo si traen al detective Moore.

Lo irónico es que no existe ningún detective Moore en Detroit, la ciudad en la que el asesino se encuentra. No, ese policía vive en Nueva York. Y el FBI lo llevará a rastras para que le saque al asesino la localización de la víctima.

A partir de ahí… ya tienes que leerlo tú.

Solo te diré un par de cosas más.

Primera, Chicago y algunos personajes de Jack T.R. tiene mucho que ver con los de esta novela.

Segunda, un par de personajes de Kamelot 2.0 hacen cameo aquí.

Lo que ocurre durante y al final de la novela influirá en lo que ocurre en la siguiente, El Guardián y da pistas de que algo se está gestando. Y no es nada bueno.

¿Qué? ¿Aún no te han entrado ganas de leerla?

¡Mal! Deberías, que me quedó bastante chula XD

Por cierto, que ahora puedes encontrarla también en mi blog.

¡Tenemos tienda!

Espero haberla configurado bien…

Más novedades…

¡Jack T.R. tiene reseña nueva!

Desde el blog Devoradores de mundos, su blogger Aura me ha concedido una estupenda reseña de mi Jack T.R.

Puedes leerla AQUÍ.

Recuerda que también está la que escribió La lectora de libros.

Y, por último, pero no menos importante…

¡Hay entrevista nueva!

Desde Promociona tu libro (@ProocionLibro) en su canal de Youtube. ¡Espero que te guste!

Está siendo un mes de lo más… inusual, por decir algo. Espero traer novedades y más cositas pronto.

Mientras, ya sabes… ¡Tengo tienda! ¡Úsala!