Relato: Luna llena en Memphis. Capítulo 5.

Relato: Luna llena en Memphis.

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Capítulo 5.

–  Esto se lo cuento a alguien y no me creería. Jamás.

Alec estaba pasando el momento más irreal (y divertido) de su vida desde que conociera a Astrid y había vivido algunos muy sorprendentes en ese corto periodo de tiempo.

¿Una gorgona y una loba enseñándose los colmillos e intentando matarse en la habitación de su motel con él en medio?

No, ese iba a ganar por goleada durante una larga temporada.

Después de huir de la policía, de alguna manera Ambar acabó siguiéndoles hasta el motel. Astrid, que no estaba para nada contenta con lo que había ocurrido, se lanzó a su cuello y ahí estaban, las dos gruñéndose y él intentando que no se mataran y destrozaran la habitación al mismo tiempo.

–  ¡Os advertí que os alejarais de mi presa! – gruñó la loba.

–  ¡Bauman es mío! – siseó Astrid.

–  ¿Podéis parar un segundo? ¡Deberíamos hablar civilizadamente! – intentó mediar Alec.

La única respuesta que consiguió fue un par de gruñidos y sendas miradas furibundas. Con un resoplido de exasperación, el chico alzó las manos al cielo y las abandonó, dirigiéndose al mini bar.

Necesitaba una cerveza.

Mientras, las dos mujeres parecían a punto de empezar a morderse.

–  Estáis siendo ridículas las dos. Y Bauman por ahí de parranda porque no sabéis compartir. Porque seguro que ya sabe que lo estáis buscando. — gruñó, dando un sorbo a su cerveza.

Eso consiguió que se detuvieran un momento, separándose aunque no dejaron de mirarse con recelo y molestia mal disimulada.

–  Ahora que habéis parado… – siguió Alec. – ¿Alguna idea de cómo poder encontrar de nuevo el rastro de Bauman y su gente? – Ambar se dejó caer en una de las camas, suspirando molesta.

–  La manada de aquí cree que se esconden en el puerto. Pero se han registrado ataques en toda la zona este y norte. Están cogiendo gente al azar y se los llevan para experimentar o ese es el rumor que circula. — Alec se estremeció. Nunca iba a acostumbrarse a oír esas declaraciones.

–  ¿Experimentando?

–  Si, eso es lo que dicen. Los que atrapan, no regresan o aparecen muertos y en terribles condiciones.

–  ¿Qué crees que es ese experimento? — preguntó el expolicía viendo como su compañera arrasaba con los aperitivos del mini bar. Eso iba a salir caro.

–  Nadie lo sabe pero creo que es un virus. He podido ver los informes del forense de los dos únicos cadáveres que han recuperado. Los cuerpos presentaban pinchazos en los brazos y su organismo mostraba signos de haber sufrido alguna enfermedad mortal. Sin embargo, ambos estaban sanos antes de desaparecer, según sus familiares.

–  ¿Cómo sabes tanto del tema? — la expresión de la chica se ensombreció.

–  Estudiaba medicina antes de que Bauman asesinara a mi familia.

Alec y Astrid intercambiaron una mirada y la gorgona refunfuñó algo por lo bajo. El chico observó mejor a la loba. En su forma humana era muy atractiva, con un rostro fino, ojos almendrados y ese largo cabello trenzado. Llamaba mucho la atención.

Ahora que era consciente de esa otra parte de la sociedad que vivía oculta entre los humanos no entendía como nunca antes había notado su presencia.

¡Resultaba tan obvio!

–  Mira, siento que ese cerdo haya matado a tu familia. — la voz de Astrid le trajo de vuelta a la realidad. — También asesinó a los míos. Pero Bauman me pertenece. Es mi misión atraparlo y hacerle confesar los planes de La Orden antes de hacerle picadillo con mis propias manos. ¿Entendido? Así que no puedo dejar que una cachorrita como tú vaya por ahí intentando matarle antes de que hable. Hay mucho en juego.

–  ¡Ni de coña! Es mi presa. – Astrid se giró para dar a Alec una mirada de puro fastidio.

–  Y por esto siempre intento no hacer negocios con lobos…

El chico iba a replicarle pero un grito ensordecedor les hizo encogerse de dolor y taparse los oídos a los tres. Nunca antes había escuchado algo parecido. Era realmente estridente.

Se le empezaba a nublar la vista cuando notó como alguien le cogía bruscamente del brazo y tiraba de él hacia el pasillo del motel. Al alejarse del horrible sonido su visión se aclaró y empezó a recuperar la audición.

–  ¿Qué demonios ha sido eso? — preguntó sacudiendo la cabeza. Sus oídos pitaban y estaba seguro de que tendría dolor de cabeza para siempre.

Las dos mujeres tampoco lucían muy bien. Ambar se frotaba las orejas y parecía estar sufriendo muchísimo. Astrid estaba algo mejor pero no mucho.

–  Eso, chico, ha sido una arpía.

 


 

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Resumen semanal: primera semana de julio.

Resumen semanal: del 1 al 5 de julio.

resumen

 

Lunes.

En el post de esta semana te hablo sobre una de las leyendas urbanas más conocidas y universal, la chica de la curva. ¿Quieres saber más?

 

Jueves.

¡Nuevo capítulo del relato Luna llena en Memphis! Esta semana vemos que ocurre con Dolph, la nemesis de nuestra protagonista.

 

Viernes.

¡Se acabó la semana! ¡Feliz viernes y buen fin de semana a todos!

 

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Relato: Luna llena en Memphis. Capítulo 4.

Relato: Luna llena en Memphis.

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Capítulo 4.

–  No puedo creerme que esté aquí. ¡Y la dejáis escapar!

El grito de Dolph Bauman hizo que los cuatro hombres ante él se estremecieran de puro miedo.

–  Señor, no pudimos hacer nada. La loba nos atacó y… — el hombre se interrumpió cuando su jefe levantó la mano, reclamando silencio.

–  A ver si lo entiendo… – la voz de Bauman sonaba calmada pero sus ojos despedían chispitas de furia. – ¿No solo ha llegado hasta aquí la gorgona, sino que también esa loba sarnosa de San Francisco? ¿Cómo cojones es posible? — terminó chillándo, dando un manotazo y tirando la lamparita que había sobre el escritorio frente al que estaba parado.

Lo de Nueva Orleans había resultado un completo fiasco a causa de la gorgona y su amiguito policía y sus superiores no estaban nada contentos con él.

Absolutamente nada contentos.

Lo culpaban del fracaso y si no conseguía ponerse de buenas con ellos, iba a acabar recibiendo la visita de alguno de sus colegas, estaba seguro de ello.

No tenía ninguna intención de terminar asesinado por uno de sus compañeros de trabajo. ¡No le llegaban ni a la suela del zapato!

Y por esa razón se encontraba en Memphis, para esconderse de su fracaso y tratar de ponerse del lado bueno de sus superiores haciendo un trabajo que habitualmente dejaría a sus subordinados.

Supervisar el traslado de material para las investigaciones de la organización.

Un trabajo muy por debajo de su categoría. Pero, en esos momentos, se encontraba en la perrera, por así decirlo.

Había sido una desagradable sorpresa descubrir que la gorgona y la loba estaban ahí, a dos pasos de encontrarle y fastidiarle el plan para congraciarse con La Orden.

Genial… simplemente genial.

Y esos inútiles que tenía por subordinados las dejaban escapar.

–  Lo sentimos, señor. Solo éramos cuatro.

Dolph bufó, furioso y cogió el libro que había estado leyendo antes de que le interrumpieran con esa visita y lo lanzó contra la pared. Lo hizo con tal fuerza que el libro se rompió, llenando de hojas el suelo.

¡Lastima! Ahora tendría que comprar otro para poder averiguar quien era el asesino de la novela.

Hizo un gesto para despachar a los hombres y estos se marcharon aliviados. Estaban de suerte. No tenía tiempo para castigarles por su metedura de pata.

Antes debía ocuparse de asegurar la mercancía y evitar que esas dos se entrometieran.

Se paseó por la habitación del hotel en el que se hospedaba, mientras cogía su móvil y buscaba entre sus contactos el número que le interesaba.

No podía ocuparse de esas molestias él mismo y tampoco se las podía dejar a los inútiles de sus hombres.

Si querías ocuparte de una plaga sobrenatural o enviabas a un profesional como él o a alguien de su misma clase.

–  Lilith, querida… tengo un trabajo para ti. ¿Cuánto tardarías en llegar a Memphis?

 


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Relato: Luna llena en Memphis. Capítulo 3.

Relato: Luna llena en Memphis.

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Capítulo 3.

–  ¿Estás seguro de que ha dicho eso? – Alec asintió, dando un sorbo a su cerveza.

–  Palabra por palabra. Ha dicho que nos alejemos de Bauman, que es su presa. ¿Quién crees que sea?

Astrid suspiró, molesta. Justo lo que le hacía falta para dificultar más la situación, alguien más detrás del desgraciado de Bauman.

–  Obviamente, no una fan de ese gusano. Pero si cree que se lo voy a dejar, está muy equivocada.

–  Eso me temía. ¿Qué hacemos?

–  Seguir con lo que estábamos haciendo. Buscar a Bauman. – Astrid cogió un aro de cebolla y lo mojó profusamente en la salsa antes de comérselo en dos bocados. – He preguntado a un par de contactos interesantes del bar. Han dicho que, habitualmente, la ciudad es una zona muy tranquila en lo referente a ataques de La Orden, pero que estos días ha habido un aumento. Algo están tramando pero nadie sabe decir el qué.

Ahora fue el turno de Alec de bufar. Con la Comunidad siempre era igual, por lo que estaba viendo. Todo el mundo sabía que pasaba algo pero no el qué. Resultaba de lo más molesto.

¿No podía alguien simplemente decir qué ocurría y ya?

Ambos intercambiaron una mirada mientras terminaban sus bebidas. Astrid iba ya por su tercer refresco y su segunda ración de aros de cebolla y alitas picantes mientras a Alec se le calentaba la cerveza mirando a la chica devorar su comida.

¿Cómo podía comer tanto?

Había muchas cosas que seguían asombrando al chico sobre la gorgona y su mundo. Todavía estaba aprendiendo y las manías y costumbres de su compañera de viaje eran interesantes, por decir algo.

Astrid comía por tres y a todas horas. La explicación que ella daba a ese comportamiento era que su metabolismo no era para nada parecido al humano. Envejecía mucho más despacio pero la energía que usaba a cambio era tanta que debía comer mucho más que un humano.

También influía el mantenimiento del hechizo de glamur que usaba para ocultar su apariencia. En las raras ocasiones en que no lo usaba, Alec había notado que hacía menos paradas a comer.

Y sus comidas no podían considerarse muy sanas. Multitud de latas de refrescos llenas de azúcar y cafeína y mucha comida basura. Era muy fan de las patatas fritas de paquete y se ponía de mal humor el día que no tenia ninguna para picar.

A parte de la comida, la chica era maniática, desordenada y tenia mal genio. Sin embargo, cuando Alec ya estaba por largarse y dejarla a ella y su misión (a la que se presentó voluntario, todo había que decirlo) Astrid soltaba una de sus referencias de películas que nadie más pillaba, contaba un chiste malo o tenia un detalle con él y se le pasaba el enfado.

La convivencia era complicada pero no imposible y el chico debía reconocer que había más momentos buenos que malos entre ellos.

Y deseaba ayudarla a encontrar al asesino de su familia. Entendía su frustración y la admiraba por haber dejado su venganza a un lado para ayudar a la gente de Nueva Orleans.

Solo por eso se veía obligado a ayudarla.

Pero a veces lo sacaba de quicio…

–  Vamos a ir al norte, antes de volver al motel. Uno de los contactos comentó que allí es donde más movimiento está habiendo. Con suerte puede que encontremos alguna pista de Bauman.

–  Pues cuando dejes de devorar, podemos irnos.

–  ¡Qué gracioso! — repuso con sarcasmo la chica, no sin antes comerse la ultima alita de pollo. — ¡Ya estoy lista! ¡Vámonos!

Media hora más tarde paseaban por una zona nada recomendable en el norte de la ciudad, según habían indicado a la chica en el bar. Alec no estaba nada tranquilo, rozando con la yema de los dedos la Glock que guardaba en el bolsillo de su chaqueta.

Las calles estaban sucias, llenas de pintadas y con los contenedores de basura y bancos rotos. Había camellos vendiendo su droga a adolescentes en cada esquina y tipos que les dirigían miradas nada apetecibles.

Astrid, por su parte, iba muy tranquila, mirando a su alrededor despreocupadamente y buscando algún indicio de miembros de La Orden en el lugar.

No tardó en encontrar lo que buscaba.

Tres tipos estaban arrinconando a una muchacha, aparentemente atacándola. Para cualquier otro solo serían tres gamberros asustando a una chica. Para Astrid, eran tres miembros de La Orden atacando a lo que olía como una troll.

–  ¡Ey, imbéciles! ¿Por qué no venís a pelear con alguien de vuestro tamaño?

Los hombres soltaron a la chica, la cual salió corriendo del lugar sin mirar atrás, y se dirigieron hacia ellos. Alec los vio sacar porras extensibles y murmuró una maldición, mientras empuñaba su pistola.

–  ¡Quietos! ¡No deis un paso más!

–  ¿Qué vas a hacer, niñato? ¿Disparar? — Alec amartilló su pistola. No estaba dispuesto a recibir una paliza de tres extraños.

–  Si das un paso más, sí.

Astrid fue más directa, bajándose las gafas de sol y mostrando sus ojos que brillaron con una luz extraña.

–  Sigue acercándote y sentirás algo más doloroso que un disparo. — amenazó. — No estoy interesada en vosotros, escoria. ¡Busco a Bauman! Sé que está aquí así que empezad a hablar.

No hubo tiempo para una respuesta. Alguien saltó desde las sombras y atacó a los hombres, tirándolos al suelo.

Ante el asombro de los otros dos, una chica comenzó a golpear a los hombres de La Orden. Alec no tardó en reconocerla.

–  ¡Ey! ¡Es ella! ¡La chica del bar! — Astrid parpadeó sorprendida.

–  ¿Esa es? — la gorgona olfateó el aire y frunció el ceño. — ¡Mierda! ¡Es un lobo!

–  ¿Así es un lobo? Esperaba algo más… peludo.

Pero Astrid ya no le escuchaba. Se había lanzado a por la otra mujer, separándola del tipo al que estaba apalizando en ese momento. Si seguía así no iba a quedar ninguno en condiciones de confesar su escondite.

El chico observó estupefacto como los tres tipos de La Orden conseguían escabullirse mientras las dos mujeres peleaban. Intentó detenerlos, pero era muy tarde. Ya habían desaparecido calle abajo.

–  ¡Os dije que os alejarais de mi presa!

–  ¡Él no es tu presa! ¡Es la mía!

Alec bufó, frustrado y dio un tiro al aire, haciendo que las dos mujeres le prestaran atención por fin.

–  Ahora mismo no es presa de nadie, porque habéis dejado escapar a quien podría habernos dicho algo. – anunció.

–  ¡Tío! ¿Estas loco? La policía no tardará en llegar.

–  Pues más nos vale correr.


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Relato: Luna llena en Memphis. Capítulo 2.

Relato: Luna llena en Memphis.

Capítulo 2.

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Ambar vivía feliz en su manada en San Francisco.

Su familia era de las normales, para ser lobos. No eran importantes ni conocidos. Tampoco pertenecían al Consejo ni tenían a nadie cerca del poder.

Solo eran lobos comunes y corrientes.

Por esa razón nunca entendió que llevó a La Orden a enviar a uno de sus asesinos a matar a su familia.

Era incomprensible. ¿Por qué? ¿Por qué su familia?

Nunca supo el por qué, pero si el quién.

Dolph Bauman, miembro de la Legión de Iscariote, que trabajaba para La Orden.

Un día, hacía un año aproximadamente, volvía de la universidad donde estudiaba medicina. Era su sueño poder ser doctora y ayudar a su manada. Pero ese sueño se truncó aquel día cuando, al llegar a su casa, se encontró con un horrible espectáculo.

Toda su familia, sus padres, sus cuatro hermanos menores y su abuela yacían en el suelo en un enorme charco de sangre que no dejaba de crecer.

Todavía podía ver el rojo liquido empapando la alfombra blanca de su madre, traspasándola y manchando el parqué. Recordaba que, días después, tiró la alfombra y trató de limpiar la mancha del suelo pero por mucho que fregó y frotó, jamás consiguió quitarla.

La sangre de su familia seguía en las tablas del suelo de su casa y por eso tuvo que marcharse. Parte de su alma se moría cada vez que entraba en lo que había sido su hogar y lo encontraba vacío.

Fue el mismo Consejo quien le informó por accidente del nombre del asesino. Nunca se les ocurrió que haría algo con ese dato. Como mucha gente en su vida, la subestimaron. No le dieron importancia a que estuviera presente cuando empezaron a hablar sobre el asesinato y eso fue un gran error.

Y así escuchó el nombre de Bauman. Todo lo que vino después, era historia.

Se deshizo de su casa, de sus pertenencias y persiguió al asesino por medio mundo. La razón por la que su camino nunca se cruzó con el de Astrid fue porque acabó atascada casi un año en Londres, ayudando a la manada local con un grupo de cazadores.

Durante su estancia en Londres escuchó hablar de ella. La gorgona que perseguía al asesino. Cuando se enteró de lo ocurrido en Nueva Orleans, se apresuró a volar a Estados Unidos. Ella no podía tener su venganza antes que Ámbar.

No iba a permitirlo.

Bauman era su presa.

No tardó en encontrar su rastro, ahí en Memphis y, esta vez, no iba a volver a escapársele.

–  Esta vez te despedazaré, bastardo. No vas a volver a escurrirte de entre mis dedos.


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Resumen semanal: segunda semana de junio.

Resumen semanal: del 10 al 14 de junio.

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Lunes.

Esta semana te hablo de una de mis novelas favoritas: El club de la buena estrella, de Amy Tan. Una preciosa historia de madres e hijas y sus diferencia y similitudes.

Jueves.

No hay novedades en la nueva novela así que te traigo un nuevo relato: Luna llena en Memphis. Situada tras Dagas de venganza, vamos a averiguar que ha sido de Astrid y Alec.

Viernes.

¡Por fin es viernes!

¡Buen finde a todos y a descansar!

Nuevo relato: Luna llena en Memphis. Capítulo 1.

Bueno, pues como esta semana no tenía nada interesante que contarte de la nueva historia porque no la he tocado, voy a empezar a postear el nuevo relato, para que lo disfrutes.

Este relato está situado justo después de Dagas de venganza y usa a sus dos protagonistas, Alec y Astrid. Nos situamos en la ciudad de Memphis, a la que han viajado persiguiendo a Bauman.

¡Espero que te guste!

 

Luna llena en Memphis. Capítulo 1.

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«¡Bienvenidos al Aeropuerto Internacional de Memphis!»

Alec suspiró, agotado y siguió a su compañera de viaje por el aeropuerto, rumbo a la salida.

Habían pasado menos de treinta y seis horas desde que rescataran al pequeño André de las garras de La Orden, apareciera el dragón y les visitaran los miembros de Kamelot.

Fueron los mismos hombres de Kamelot los que les informaron sobre el paradero del cazador, Dolph Bauman y quienes les proporcionaron los medios para poder perseguirle.

Alec estaba muy agradecido por su ayuda a la hora de recuperar sus pertenencias y dinero. Con toda la policía de Nueva Orleans persiguiéndoles (todo a causa de La Orden) le fue imposible regresar a su piso o intentar recuperar algo de su dinero en el banco.

Una hacker muy simpática que trabajaba para Kamelot se encargó de transferir todo su dinero a una nueva cuenta bajo un nombre falso, además de darles nuevos documentos de identidad para poder acceder a la cuenta.

 

–  ¿Así es como hacéis siempre las cosas? — la pregunta pilló desprevenida a su compañera, que lo miró confundida. — Esto… viajar, comer… ¿tenéis siempre quien os consiga documentación falsa y nombres y todo eso?

–  Persiguiendo a ese capullo me tenido que viajar a ocho ciudades distintas, cada en una punta diferente del planeta y me lo he pagado de mi bolsillo. Ojalá hubiera conocido antes a Lidia. Habría dispuesto antes del dinero de mi familia y no tendría que haber trabajado en un Starbucks para pagar un billete de tren o de avión.

–  Pues si… ¡Espera! ¿Trabajaste en un Starbucks? ¿Tú? ¿Y no te echaron? — preguntó entre sorprendido y divertido al imaginar a su compañera con el uniforme de la cafetería y despachando. Astrid le dirigió una mirada envenenada.

–  ¿Qué quieres decir con eso? ¡Soy super amable!

–  Si… sobre todo eso… ¿hacia donde nos dirigimos ahora? — preguntó, cambiando de tema para evitar que Astrid le acabara dando un puñetazo, cosa que parecía cada vez más probable.

–  A buscar un motel limpio, primero. Luego, a husmear donde puede esconderse esa alimaña.

Gracias al wifi gratuito del aeropuerto encontraron una habitación doble en el Knights Inn Memphis, el hotel más cercano y más acorde a su economía actual. También el que peores recomendaciones tenía.

Según Astrid, eso era perfecto. Menos probabilidades de que les molestaran turistas inoportunos.

Según Alec, había visto antros a punto de demolerse con mejor aspecto que ese hotel. Pero no le habían dado opción a opinar.

Así que menos de cuatro horas después de aterrizar en Memphis, se encontraban los dos caminando por sus calles, buscando quien pudiera darles alguna información sobre La Orden y su gente.

–  ¿Podemos visitar Graceland? – sabía que le iba a responder que no, pero tenía ganas de incordiar un poco a la chica. Estaba demasiado seria y concentrada en buscar al cazador.

Había notado que la obsesión de Astrid por acabar con Bauman podía convertirse en un problema que la hacía peligrosa si no tenía cuidado. Por eso, si la veía demasiado ensimismada con el asunto, la molestaba para distraerla.

Aunque eso le había costado un par de puñetazos en el brazo.

– No. — contestó seca la gorgona.

– ¿Y Beale Street?

–  No.

–  ¿Por qué? – preguntó con tono infantil.

–  Porque no estamos de turismo. Buscamos a un asesino, ¿recuerdas? — vale, eso era cierto pero ya que estaban allí podían visitar algunos de los lugares más emblemáticos.

Era un verdadero desperdicio viajar hasta ahí y no ver nada. Lo intentaría más tarde.

–  Aguafiestas… ¿Y por donde empezamos?

Astrid suspiró, consultando el GPS de su móvil.

– Vamos a visitar un local frecuentado por miembros de la Comunidad. Ahí haremos unas preguntas. Si pasa algo raro en la ciudad, allí habrá alguien que lo sepa.

El local era un bar oscuro, decorado con fotos y carteles de Elvis Presley. No se podía pedir más en esa ciudad, bufó Alec. Astrid le dejó sentado en una mesa, con una cerveza y unas patatas fritas mientras iba a preguntar. No tardó en verla entablando conversación con varias personas.

Alec observó a los clientes del bar, intentando averiguar que criatura eran cada uno. Tan concentrado estaba que no notó cuando alguien se le acercó por detrás hasta que la tuvo sentada en la silla a su lado.

El chico se encontró, de repente, frente a una chica de color, de hermosas facciones, largo cabello negro trenzado y unos perturbadores ojos rojos. ¿Qué clase de criatura sería?

A pesar de su hermosura, el rostro de la chica estaba ligeramente deformado por la mueca de profundo enfado que la adornaba.

–  ¿Qué hacéis aquí preguntando por La Orden? – soltó la chica a bocajarro, pillándole totalmente desprevenido.

–  ¿Qué…? No… nosotros no…

–  ¡No me mientas! Tu amiga está preguntando por La Orden y por Bauman. Dile que se aleje de él. ¡Ese bastardo es mi presa! — rugió antes de levantarse de la silla y desaparecer en el interior del bar.

Astrid regresó en ese instante, encontrándose con un estupefacto Alec que seguía mirando en la dirección por la que se había marchado la extraña chica.

–  ¿Quién era esa? — preguntó Astrid, curiosa.

–  No tengo ni idea… pero creo que vamos a tener problemas.

 


 

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Nuevo proyecto: Creando mundos.

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Nuevo proyecto: Creando mundos.

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El worldbuilding o la creación de mundos en literatura puede llegar a ser algo fascinante. Tanto que en ocasiones los escritores nos podemos perder en ellos.

Tanto en la literatura como en el cine, la televisión o los comics la creación de mundos es una parte importante, sobre todo en los casos de historias de temática fantástica o ciencia ficción.

Buenos ejemplos de eso son el universo Harry Potter, el de Star Wars o El señor de los anillos. Todos ellos con una creación de mundo de las de perderse en ellos durante siglos.

Y ese es el peligro, pasarte tanto tiempo planeando y creando tu mundo y tus personajes que nunca escribes la historia. Pasa y más a menudo de lo que creerías.

Lo divertido (y complicado) es crear un mundo de la nada. Eso es muy difícil ya que debes crear leyes para ese mundo, como si allí lo normal es que la gente tenga alas o vivan bajo tierra.

Lo normal es transformar un mundo ya creado y adaptarlo a tus ideas. Más rápido y sencillo. Igual que «cogemos prestadas» las normas y leyes de ese mundo también.

También se puede adaptar el mundo real a tu historia, encajando tus ideas y personajes a el mundo real y que no rechine.

Sobre este tema se pueden escribir cientos de post y nunca se acabaría de abarcar todo. Un día haré una serie de post sobre esto.

Hoy, vamos a lo que vamos.

Mi «mundo» es el mundo real adaptado. He cambiado las reglas del juego para que encajen en mi idea. Un mundo y un hilo temporal donde las criaturas mitológicas existen pero escondidas de la sociedad «normal».

En la nueva estoy creando comunidades dentro de las ciudades. Manadas de lobos escondidas en barrios residenciales donde solo pueden vivir ellos (solo les venden a ellos, de eso ya se encargarán los miembros que trabajen en ayuntamientos y sitios similares.)

Aquí unos pocos humanos privilegiados conocerán de su existencia, trabajando con la manada para mantenerles a salvo y ocultos a los demás.

Dentro de esos grupos existirán sus propias leyes. Si un lobo decide hacer algo que va contra la manada o provoca una situación que los ponga al descubierto, será únicamente juzgado por el Consejo de lobos. Dependiendo de la gravedad del asunto las penas pueden ir desde algún castigo tipo ayudas a la comunidad a el destierro o la muerte.

Como es lógico, mantener el secreto de su existencia a plena vista conlleva reglas muy estrictas que todos deben cumplir. Y una eficaz y rápida respuesta ante la desobediencia.

Fue ese el caso del lobo en el juego de Schrödinger, desterrado de su manada y su ciudad por poner en peligro la integridad de su grupo.

Siempre escucho eso de que para crear un mundo de fantasía, hacen falta una serie de normas o no resultara creíble. Lo tengo muy presente cada vez que escribo.

Así que… cuéntame… ¿Qué tienes en cuenta al crear tus mundos? ¿Qué reglas sigues y cuáles creas?

Por cierto, este domingo es mi cumple y lo quiero celebrar a lo hobbit, regalándote algo. El día 27 Jack T.R. y Kamelot 2.0 estarán gratis en Amazon. ¿A qué mola?

 

Resumen semanal: tercera semana de diciembre.

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Resumen semanal: del 17 al 21 de diciembre.

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Lunes.

Esta semana la comenzamos con un post sobre los orígenes de Dagas de venganza.

¿De donde salió la idea?

¡Averígualo!

Martes.

Estoy ya por dejarlo por imposible…

Miércoles.

¡Nuevo capítulo de Jack T.R.!

Charles va a tener un encontronazo con el asesino, pero esta vez despierto.

¿Qué pasará?

Jueves.

¡Ya está aquí!

¡Dagas de venganza ya se ha estrenado!

¿Aún no tienes la tuya? ¿A qué esperas?

Viernes.

¡Y se acabó la semana por fin!

La semana que viene no habrá post de ninguna clase en el blog, porque… bueno, ¡es Navidad!

Pero nos veremos en las redes sociales.

¡Felices fiestas!

¡Dagas de venganza ya está aquí!

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¡Dagas de venganza ya a la venta!

¡Ya está aquí, ya llegó, Dagas de venganza está en el blog! *léase cantando*

En el blog y en Amazon, eso sí.

¡Por fin ha llegado la hora! Es 20 de diciembre lo que significa que mi nueva novela y nueva parte de la saga Comunidad Mágica Vs La Orden está ya disponible en digital y papel.

Mientras Nueva Orleans sucumbe a la gran fiesta, Astrid Samaras aparece en la ciudad siguiendo la pista del asesino de su familia, y no quiere que nada la detenga. Sin embargo, su plan se verá interrumpido por La Orden por lo que se verá obligada a posponer su sed de venganza. 

Pronto conocerá a Alec Patterson, un joven e inexperto policía que está investigando unas extrañas desapariciones, y será en un callejón donde Astrid y Alec tendrán que unirse a marchas forzadas para desentrañar el último plan de la milenaria organización contra la Comunidad Mágica.

Dagas de venganza es la quinta entrega que continua la saga La comunidad Mágica Vs. La Orden.

¿Te lo vas a perder?

¡Corre a conseguirla!

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Dagas de venganza Pdf en el blog