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¡Sin post pero con un nuevo corto!: Incumpliendo propósitos de Año Nuevo.

escribir

¿Cómo va el año?

¿Cuántos propósitos has incumplido ya? XD

Esta vez ni he hecho lista… ¿para qué? ¡Si no cumplo ni uno!

Llevamos solo quince días y ya he tenido que improvisar una entrada porque he olvidado prepararla.

escribir¿Ves? ¡Un desastre!

Y como no tengo mucha idea de que inventarme y son las… doce de la noche ya, te voy a contar como va el borrador que estoy escribiendo.

Pues va bien… ya lo he terminado y tendrá diez capítulos, por ahora. Presumiblemente, serán más.

Va a ser una continuación del universo de las otras cuatro novelas, así que habrá un par de cameos y varias menciones.

(Acaba de saltarme el antivirus cuatro veces seguidas… ¡he perdido el hilo de lo que estaba escribiendo y todo!)

Como dije (creo) la protagonista va a ser Astrid, una gorgona que va buscando al cazador que mató a su familia. Pero sus planes se truncan cuando se tropieza con Alec, un policía novato que ha acabado entrometiéndose en los negocios de La Orden por accidente. Astrid acabará por salvarle (también por accidente) y le ayudará a descubrir las intenciones de la organización que no son nada buenas…

¿He mencionado alguna vez que hacer sinopsis y resúmenes se me da de pena? ¿No? Pues ya ha quedado demostrado.

¡Escribir es difícil!

escribirEl borrador ya está acabado. Ahora lo que toca es la corrección y relleno. Si las cosas van normales deberían ser… unas cinco o seis, si hay suerte y me gusta a la primera. Imagino que para mediados de año estará listo y podré presentarlo al concurso de Amazon. Si, sé que no sirve de nada pero así me fuerzo a hacerle más marketing de la cuenta.

Cuando la publique y acabe tengo lista en la cabeza y en la libreta un corto con la continuación de esa novela y que servirá de puente a la siguiente. O, al menos, para decir dónde estarán y dónde irán los personajes cuando termina la historia.

Y, mientras llega o no llega esa, he estado escribiendo un cortito de ocho capis sobre mis tres hermanos lobo. Estos quiero que aparezcan en otra novela que espero escribir prontito. Este corto será otro “puente” y presentación formal de unos personajes que aparecerán de protas en otra de las novelas.

Si… ¡las tengo todas en mi cabeza! *risa malvada*

escribirEste corto, que ya está casi acabado, lo iré publicando por capítulos aquí en el blog (y otros sitios) una vez a la semana.

Normalmente, pondré el post normal de los lunes y el capi del corto los miércoles. Cómo soy un desastre enorme y hoy no tengo post, porque me he olvidado, pues os pondré el capítulo primero y ale… ¡a disfrutar!

escribirCapítulo 1.

–  Jon… Estás haciéndolo otra vez.

Jon se giró para encarar a su hermano Joseph y darle una mira cargada de culpabilidad. Rascándose una ceja, se encogió de hombros y andó un par de pasos, alejándose de la pared.

El otro le observaba desde el raído sofá del motel, con el ceño fruncido y el gesto preocupado.

Su hermano lo conocía mejor que nadie en el mundo y sabía que, cuando su cabeza estaba demasiado llena de ruido, preocupaciones y frustración, solía auto infligirse dolor.

Era algo que hacía inconscientemente. Un mecanismo de defensa de su propio cuerpo. El dolor le regresaba a la realidad y despejaba su mente. No era sano pero si efectivo.

Por eso había golpeado la pared con el puño. Y, ahora, sus nudillos sangraban levemente, raspados por los golpes contra el muro de yeso.

En sus mejores días, por suerte, bastaba con eso.

En sus peores… prefería no recordar la última vez.

Ese día no era de los malos, pero la frustración por no conseguir lo que querían, el cansancio acumulado de días de viaje sin parar y la preocupación le habían hecho perder la noción del tiempo y no estaba seguro de si era viernes, miércoles o lunes.

Si no fuera por su hermano, probablemente estaría perdido por ahí, sin rumbo y sin importarle mucho no tenerlo. Y lo peor era que no podía permitirse eso en ese instante.

No.

Antes debían encontrar al traidor de su hermano pequeño, Colby, llevarle de regreso a su manada y darle un escarmiento por preocupar a sus padres y por el daño que les había causado.

Tenía una lista de ideas muy creativas para castigarle.

Pero eso tendría que ser en otro momento. En ese instante seguían atascados en un motel de mala muerte en Nueva York, más perdidos que cuando llegaron.

Suspirando, fue al baño a limpiarse la sangre de los nudillos y regresó junto a su hermano, intentando lucir arrepentido. Sabía que a Joseph no le importaba mientras no se hiciera daño de verdad, pero aun así… se sentía culpable por preocuparlo.

–  Lo siento. – se disculpó, sus nervios regresando a su cuerpo ahora que el dolor ya no los mantenía a raya.

Joseph le cogió del brazo y tiró de él para acercarlo.

–  No quiero que te hagas más daño, eso es todo. Ven a sentarte. Esta noche no vamos a encontrarle.

–  Ni mañana tampoco… – gruñó Jon, sentándose en el sofá junto a su hermano.

Solo de pensar que el traidor seguía fuera de su alcance y ayudando a sus enemigos le hacía hervir la sangre.

Su hermano pequeño decidió un día, sin que nadie lo sospechara, atacarles y huir de la manada, alistándose en las filas de La Orden, la organización de cazadores que se dedicaban a exterminar todo lo sobrenatural.

El por qué nadie lo sabía con seguridad. Ni siquiera ellos, que eran los más cercanos al chico. Los tres se habían criado juntos, tres huérfanos acogidos y adoptados por el Alfa de la manada que solo se tenían los unos a los otros.

Jon y él tenían un vínculo más fuerte del que ambos tenían con Joseph. Colby siempre era el único capaz de calmarle y animarle cuando tenía sus días malos y Jon le quería y protegía por ello.

Pero, en algún momento, eso no fue suficiente para el pequeño. Un día se marchó, rompiéndoles un par de huesos y el corazón en el proceso.

Jon salió en su busca cuando se recuperó lo suficiente, deseando encontrarle y vengarse. Al menos, al principio. Ahora, la sola idea de imaginar a Colby ayudando a esos psicópatas a destruir a su gente le ponía enfermo.

Quería saber por qué. ¿Por qué se fue con La Orden? ¿Por qué no les dijo nada?

¿Por qué le abandonó?

Hasta ahora no habían conseguido encontrarle. Cada pista acababa en un callejón sin salida. Incluso decidieron parar una temporada y esconderse en Alaska, en una ciudad exclusiva de la Comunidad mágica, para reponer fuerzas. Fue allí donde un ex cazador les dijo que lo había visto y dónde.

Y, mientras, lo perseguían, esperando que se le acabara la suerte al pequeño. Acabarían por atraparle, más tarde o más temprano.

Preferiblemente, más temprano. No perdía la esperanza.

Una mano se posó sobre su rodilla, deteniendo el constante y molesto movimiento que había empezado a hacer sin notarlo y regresándole a la realidad. La siempre cálida mirada de su hermano mayor seguía luciendo preocupada, aunque intentaba disimularla con una sonrisa.

–  Acabaremos por pillarle. No va a poder esconderse de nosotros para siempre.

Algo en el tono del otro hizo saltar sus alarmas y alzó la mirada para observarle más detenidamente. Joseph tenía ojeras pronunciadas y la perilla y el cabello negro descuidado. Las pocas arrugas de expresión que tenía parecían más marcadas que antes y su ropa estaba arrugada y sucia.

Miró su propia ropa, disimuladamente. ¿Cuándo fue la última vez que hicieron la colada? ¿O que comieron o durmieron decentemente?

Habían pasado días corriendo tras una pista solo para descubrir que se les escapó, otra vez, por unas horas.

Y para él estaba bien. Bueno, no. No estaba bien que se les escapara aunque no le importaba ir sin descanso buscándole. Pero era consciente de que su obsesión no era la de Joseph. Si seguían a ese ritmo, el mayor acabaría por marcharse de regreso a la manada. Allí le esperaba una dulce loba que lo quería lo suficiente como para dejarle ir en esa locura solo porque era importante para él.

Jon no quería estar solo. Necesitaba a su hermano mayor para evitar perderse en su mente.

Y su hermano necesitaba descansar. Así que…

–  Creo que debemos parar aquí un par de días y descansar como es debido. Tienes mala cara, hermano. No quiero que te pongas enfermo. – Joseph le miró, sorprendido.

Seguramente estaría pensando en su impaciencia y en si iba a poder mantenerla bajo control tanto tiempo. Iba a ser difícil, pero podía hacerlo. También se sentía agotado.

–  Estoy bien. ¿Estas seguro de que podrás esperar un par de días? – preguntó, preocupado. – Podemos seguir…

–  No… debemos descansar y, luego, reanudar la búsqueda. Si estaba aquí en Nueva York, habrá dejado algo… algún rastro. Nunca fue bueno limpiando la mierda que dejaba atrás. ¡Mama siempre le regañaba por eso! – bromeó, haciendo reír al otro.

–  No es mala idea. Nos vendrá muy bien el descanso. – el rostro del mayor se tornó serio de nuevo. – ¿En qué crees que han podido meterse ahora?

Jon se pasó una mano por su rubio cabello, despeinándose aún más. ¿En qué podría haberse metido La Orden ahí en Nueva York?

Esa era la pregunta del millón. Y no tenían como contestarla.

Presentarse en la manada de la ciudad y preguntar estaba descartado. Siendo hijos del Alfa de Davenport les darían la información sin dudar, sí, pero eso le daría una pista a su padre sobre dónde estaban y eso era lo último que querían. Los dos abandonaron su ciudad y su manada sin permiso y en contra de los deseos de su Alfa. Si se descubrían, les harían regresar por la fuerza y perderían cualquier oportunidad de recuperar al pequeño.

Los medios de comunicación humanos eran completamente inútiles a la hora de conseguir información veraz. Toda noticia relacionada con el mundo mágico estaría manipulada para cubrirla, como era costumbre. Su mundo debía permanecer oculto para los humanos a cualquier coste.

–  ¿Te has dado cuenta de la cantidad de magia que se olía cerca del parque? – preguntó, cambiando de tema. No quería pensar en qué barbaridad estaría el otro metido.

Su hermano desvió la atención de la televisión, donde echaban La ruleta de la fortuna. ¿Cuántos años llevaba ese programa en antena?

–  ¿Cuál? ¿El que pasamos de camino aquí? – Jon asintió.

–  Ese mismo. Noté una gran cantidad de magia en el aire. Toda centrada en el edificio grande que había junto a ese parque.

–  Uhm… ¿Crees que eso podría ser lo que buscaba La Orden?

–  Si es así, se han ido de manos vacías. – repuso Jon, encogiéndose de hombros. Si hubieran conseguido algo de ahí, no habría tantísima magia ahí acumulada. – Creo recordar que papa una vez mencionó un sitio aquí… un sitio que dijo era muy importante para la Comunidad y creo que era ese edificio. Deberíamos visitarlo.

Joseph se levantó del sofá, tendiéndole una mano para ayudarle a hacer lo mismo. Sonreía ligeramente y parecía menos tenso y preocupado que antes. Pero aún se le veía agotado.

Los dos lo necesitaban. Ahora que ya tenía un plan y un objetivo, aunque fuera temporal, su mente volvía a estar centrada y su cuerpo le recordaba todo el maltrato al que lo había sometido esos días antes.

Le dolía todo.

–  Está bien. Disfrutemos de una buena noche de sueño y luego iremos a… ¿A dónde?

–  A la Torre Kamelot.


Recuerda que todas mis actuales novelas puedes encontrarlas aquí o en Amazon.

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El diario de Charles. Capítulo 11.

¡Y vamos a por otro capítulo!


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El diario de Charles

Charles llegó por los pelos al baño de su habitación.

Dos minutos más y hubiera vomitado en los pies de Jason.

Si había tenido dudas alguna vez en esos meses sobre si debía o no estar ahí, ya estaban despejadas.

Ese día fue una pesadilla de principio a fin.

Jason le pidió esa mañana que lo acompañara a una cacería. Una cosita simple, le dijo. Solo un cambia formas que había atacado a unos humanos mientras estaba en su forma animal.

Una cosita simple…

El cambia formas resultó ser un chiquillo de dieciséis años. Cuando se enfadaba o se ponía nervioso se convertía sin querer en una copia del perro de su vecino, un pastor alemán enorme que tenia atemorizado a medio barrio.

Solo un crio que no sabía que ocurría con él y con su cuerpo.

Y Jason le pegó un tiro con balas de plata. Un tiro directo a su cabeza y el chiquillo cayó al suelo sin vida.

Luego, como si no hubiera quitado la vida a un niño, Jason cogió el cuerpo, lo metió en una fosa, le roció gasolina y le prendió fuego.

Charles prácticamente se arrancó la ropa y entró en la ducha. Olía a humo y carne quemada.

Iba a vomitar de nuevo.

El veterano fue recibido en la fábrica como un héroe, con palmaditas en la espalda y una cerveza fría.

Había matado a un niño.

Se frotó el cuerpo con fuerza, intentando borrar de su piel el olor y la memoria. No podía dejar de ver los ojos muertos del niño.

Ese niño que solo necesitaba quien le echara una mano con sus poderes y no un tiro en la cabeza.

Hasta ese momento no se le había ocurrido pensar en que pasaba con aquellos que nacían sin saber que eran, aquellos que estaban solos y asustados, ignorantes de que les hacia diferentes y como vivir con ello.

Ahora sabía que algunos acababan como aquel chico. Muertos solo por ser distinto.

¿Cómo podía seguir pensando en ser parte de una organización que mataba por ese motivo sin distinguir bien de mal?

Cuando salió de la ducha, una idea iba formándose en su cabeza. Aun necesitaba saber más. Necesitaba más información, más datos.

Pero una cosa era segura.

Él ya no trabajaba para La Orden.

Ahora lo hacía para él mismo.

 

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El diario de Charles. Capítulo 9

¡Nuevo capítulo del relato!

A ver que le ocurre esta vez a Charles…


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  •  ¿Quién eres?

Charles sabía que estaba soñando. Lo sabía porque recordaba perfectamente haber ido a dormir a su pequeña habitación en el complejo de La Orden donde vivía en esos días.

Pero, en ese momento, se encontraba en un terreno baldío, solo tierra oscura y piedras. Un lugar con el cielo cubierto de nubes grises de tormenta donde no había nada a la vista.

Salvo un chico.

Un muchacho con cabello oscuro y ojos celestes que le observaba con inquietante calma mientras sujetaba una enorme espada en sus manos.

Parecía tan fuera de lugar, con su traje azul oscuro y sus zapatos brillantes en ese sitio tan polvoriento y sucio.

  •  ¿Que hago aquí? – volvió a preguntar.

El chico siguió sin contestar. Alzo la espada al cielo y un relámpago rompió el cielo.

El rubí de la empuñadura brilló con la luz del relámpago y los ojos del chico se volvieron negros.

No negros enteros, como los de un demonio. Simplemente pasaron de celestes a negros.

Su traje se transformó en una armadura, abollada y usada, su abrigo mutó a una capa azul y en su cabeza apareció una corona.

  •  Charles… necesitamos tu ayuda… – llamó con voz profunda.

Charles despertó bruscamente, jadeando y sudando frío.

Conocía esa sensación.

Demasiado.

No había tenido sueños premonitorios desde los asesinatos de Jack.

Este fue distinto, ya que no hubo muertes y no lo vio todo desde los ojos de otra persona.

Pero la sensación era la misma.

El chico le había atraído al sueño solo para hablarle.

¿Quién era? ¿Que quería?

Decía que necesitaba su ayuda… ¿para que?

¿Y como iba a averiguarlo?

Cansado y con dolor de cabeza por todas esas preguntas sin respuesta decidió bajar a desayunar.

En un par de horas debía entrar a su turno así que tenía tiempo de sobra para ducharse y tomar un par de cafés.

Bajo al comedor y se sentó junto a un par de compañeros que comentaban las noticias del periódico.

  •  ¡Vaya! Parece que el principito mimado de Nueva York ha vuelto. – exclamó uno con tono molesto.

Charles alzó la mirada y casi se atragantó con su café al ver la foto que señalaba el otro hombre.

¡Era el chico de su sueño!

Le arrebató el periódico ganándose unos cuantos insultos.

Pero no los escuchó. Lo único que podía era mirar la foto y leer el titular de la noticia.

“El heredero de empresas Kamelot, Arthur P. Drake, regresa a casa.”

  •  Kamelot…

 

 

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El diario de Charles. Capítulo 8.

El diario de Charles

¡El primer capítulo del año!

¡Vamos allá!


El diario de Charles
El diario de Charles
  •  ¿De dónde sacaste el exorcismo?

Charles rodó los ojos, hastiado. Esa era la cuarta vez esa semana que alguien le preguntaba “casualmente” sobre el exorcismo que usó contra Jack.

No tenía idea porque era tan especial pero no iba a decirles de donde había salido.

  •  Me lo dio un párroco. – contestó.

Como las otras tres veces consiguió el mismo gesto de incredulidad y fastidio por parte del otro.

Desde su entrevista con Rhodes no paraban de intentar sacarle detalles sobre Jack y todo lo ocurrido. No había mucho que ocultar pero tanta insistencia resultaba molesta y sospechosa.

Estaba más y más decidido a no revelar la verdad.

Y más decidido a averiguar que querían de Aidan.

En las últimas semanas, Charles había centrado sus esfuerzos en acumular informes y fichas antiguas y modernas sobre todo lo referente al chico, su familia y Jack.

Sabía que lo tenían fuertemente vigilado. Existían notas con sus horarios, rutinas y costumbres. Sus aliados, visitas, clientes…

Hasta sabían en que centro estaba ingresado su abuelo.

Resultaba aterrador.

Le debía la vida al muchacho y, cada día, lamentaba más no haberle escuchado cuando le pidió que se pensara buscar La Orden.

Pero quería venganza… aun la deseaba.

Igual que ansiaba ser capaz de proteger a sus seres queridos. Por Patrice… por Lauren…

Tenía que protegerlas. A cualquier precio.

Aunque para ello tuviera que trabajar con una gente que no le daba ninguna confianza. Incluso si no estaba seguro de que pudiera trabajar con ellos.

A veces sentía que La Orden eran los verdaderos demonios y no Jack.

 

 

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El diario de Charles. Capítulo 7.

¡Nuevo capítulo!

Vamos a ver que más averigua Charles en sus primeros días en La Orden…


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El diario de Charles

Charles cerró molesto y frustrado la última carpeta, dejándola caer en el suelo junto con otras, formando un pequeño montón.

Eran informes sobre viejos casos de La Orden, todos situados a finales del siglo XIX y en Inglaterra. Más o menos por la misma década en que Jack empezó a asesinar.

Pero ninguno decía lo que le interesaba.

¿Qué relación tenia Campbless con él?

Registrando las dos bibliotecas y colándose en un par de despachos en los que no debería ni asomarse había encontrado cinco informes sobre casos similares al de Jack.

Pero solo eso. Similares.

El verdadero informe sobre Jack no estaba a mano de cualquiera. Le habían dicho, y bien claro, que no tenía ni autoridad ni rango para acceder a esa clase de archivos.

Eran clasificados y solo disponibles a altos mandos.

¡Él había luchado con ese maldito demonio! ¡Lo envió de vuelta al Infierno!

¡Tenía derecho a leer ese informe!

Gruñendo, recogió las carpetas y se dirigió hacia la biblioteca para devolverlas. No quería que le hicieran preguntas molestas antes de poder encontrar lo que quería.

  •  ¡Eh, novato!

Charles se giró y vio a Jim acercarse a paso ligero hacia él.

Jim le había pillado varias veces leyendo cosas que no debería, pero jamás le decía nada ni le acusaba. Parecía entender su necesidad de saber y a él le caía bien. Era un tipo normal, dentro de lo que se podía considerar normal en ese lugar.

  •  ¡Te estaba buscando! – el ex policía arqueó una ceja, extrañado.

  •  ¿A mí?

  •  Eres de Chicago, ¿verdad?

  •  Si… – respondió con cautela.

  •  ¿Conoces una librería llamada El pergamino? – ¿eso era una pregunta con trampa? Estaba seguro de que todos habrían leído sus informes policiales y como mencionaba la librería y el interrogatorio. Pero la mirada de Jim no le daba opción a no responder.

  •  La conozco.

  •  Entonces esto te interesa.

El cazador le entregó una carpeta, bastante usada y estropeada, quitándole las otras que traía, las cuales metió en un bolsillo interior de su chaqueta.

Charles la abrió y se quedó helado al ver lo que contenía.

Todo un informe completo con nombres, familia, direcciones, teléfonos… todo lo imaginable sobre Aidan y su librería.

Incluyendo su verdadero origen.

Después de enterarse de que Rolf era un vampiro, sospechaba que Aidan también pertenecía a la comunidad mágica. Ese informe lo confirmaba.

  •  Descendientes de las hadas… ¡quien me lo iba a decir! – murmuró revisando el informe mientras entraba en su habitación. – Ahora entiendo porque estaba siempre a la defensiva…

La Orden llevaba años siguiéndole la pista a la familia del chico, leyó sentándose en una silla. Generaciones completas desde que se mudaran de Gran Bretaña a Estados Unidos, siglos antes.

Una nota en un lateral de una de las hojas más antiguas del montón llamó su atención. Era una anotación apresurada escrita con tinta. Algo que el autor parecía pensar que debía recordar después.

  •  “Todas las personas con poderes de cualquier clase (visiones, premoniciones, telequinesia, etc.…) son descendientes de alguna criatura de la comunidad mágica.” – leyó. – ¿Qué demonios? ¿Todo el que tenga poderes?

Se levantó de la silla donde se había sentado solo para dejarse caer en su cama.

¿Qué quería decir eso? ¿Todo el que tenía poderes? ¿Eso incluía sus sueños? ¿Era él un descendiente de una criatura mágica? ¿Fue por eso por lo que no podía encontrar nada de Campbless?

  •  Necesito respuestas…

 

¿Te va gustando?

¡Espero que sí!

¡Recuerda que Charles pertenece a la novela Jack T.R. (y sigue saliendo en las demás… se ha colado…) que está a la venta en Amazon!

 

 

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De cortos va la cosa

Llevo estos meses liada con la historia nueva, ya lo sabéis.

Reescribiéndola, corrigiendo, buscándole un titulo nuevo…

Liada, vamos.

Y, también, he estado escribiendo unos cortos para presentarla. Ya os puse uno hace unas semanas y tengo guardados unos pocos más.

Pero, al empezar a escribirlos, salieron otros de las anteriores novelas…

Así que como me he encontrado con unos poquitos he decidido juntarlos con otros antiguos y dejaros aquí este pdf para que lo leáis.

Relatos cortos para descargar.

Espero que lo disfrutéis.

Ahora voy a seguir trabajando… que hoy tengo un día…

¡Recordad que Jack T.R. y Kamelot 2.0 siguen a la venta en Amazon a un precio increíble!