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¡Seguimos con los lobos! ¡Nuevo capítulo del relato! : ¡A leer! Relato 3 hermanos: Capítulo 5.

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Relato 3 hermanos: Capítulo 5.

–  Vuestro hermano se ha metido en un buen avispero. – suspiró Aidan, después de escuchar toda la historia.

–  Dinos algo que no sepamos…

Joe soltó una risa por lo bajo al oír el refunfuño malhumorado de su hermano. Se encontraban los tres en el apartamento del librero, que se situaba en el piso superior a la tienda.

Aidan había cerrado temprano la tienda, como les dijera que haría, y les acompañó a su apartamento, donde los lobos le explicaron con más detalle su historia. Con algo de reticencia, ambos le contaron cómo su hermano pequeño se había distanciado de ellos sin que lo notaran y cómo fue aprovechado por alguien de la organización, manipulándole hasta conseguir que traicionara a la manada y a su familia.

El librero podía ver que aquella traición les había resultado dolorosa.

–  Lo que yo me pregunto es… ¿para qué lo quieren? – el librero soltó la pregunta al aire, mientras limpiaba los platos que habían usado para cenar. Joseph había recogido las latas vacías y las colocó en la basura. – Es solo un lobo sin ninguna influencia, ¿verdad? Y un lobo joven… no tiene sentido.

–  Pienso que tenían otra idea en mente, pero no contaban con lo neurótico que puede ser Colby. – Jon rio, murmurando “neurótico se queda corto” mientras se terminaba la última cerveza. – Nuestro hermano siempre ha sido muy cuadriculado, paranoico… No lleva bien los cambios o la presión. Es algo que le pasa desde pequeño. Ellos debían querer que se quedara en la manada, influyendo a nuestro padre o, tal vez, robando información sobre la manada. Pero no les salió como esperaban.

El chico pareció considerar sus palabras, terminando de secar y colocar el último plato en el fregadero. Tenía más sentido que pensaran usar a un lobo joven para recopilar información, tal vez no solo de la manada. Siendo uno de los hijos adoptivos del Alfa, los chicos tenían acceso a reuniones importantes de la comunidad. Eso era información de lo más atractiva para La Orden. Debían estar bastante decepcionados de que el asunto no saliera bien.

–  Y ahora está siendo usado… No va a acabar bien, lo sabéis, ¿verdad? – Jon se estremeció. Fue algo muy sutil pero Aidan lo vio. – ¿Cómo supisteis en qué andaba?

–  Un tipo llamado Andrews se puso en contacto con nosotros en Alaska, donde estábamos recuperándonos de un ataque. – la cara del librero se iluminó.

–  ¿Charles? ¿Sigue vivo?

–  Vivo y dando vueltas por el país ayudando a la Comunidad contra La Orden.

Aidan se sentía realmente aliviado y feliz de escuchar la noticia. Su cuerpo se relajó visiblemente, recostándose en el sillón, sonriendo.

–  Imagino que le conoces.

–  Es un amigo. Un buen amigo. Lamenté mucho cuando decidió unirse a La Orden, pero pensó que así podría aprender más para defenderse de lo sobrenatural. – el chico se encogió de hombros. – No fui capaz de decirle lo que realmente hacían ni lo que yo era. Le perdí la pista pocos meses después. Estaba preocupado.

–  ¿Cómo acabó sabiendo sobre la Comunidad? Tiene algo de mágico pero casi es inexistente. No creo que sepa nada, así que… ¿Cómo se enteró?

–  El demonio que atacó en la ciudad hace un año. Él fue el detective que se enfrentó a Jack. – los hermanos intercambiaron una mirada.

–  Aquello fue cosa de La Orden, por lo que escuchamos después.

–  En ese momento no lo sabíamos. Yo lo descubrí meses después, por pura casualidad. No pude decírselo porque tuvo que huir de la ciudad, acusado por los crímenes de Jack. – Aidan suspiró, levantándose para abrir un armario en el salón y sacar un montón de mantas de su interior. – Por un lado, estar con la organización le salvó de la cárcel. Por otro… Me alegro de que viera la verdad antes de que fuera tarde, pero no creo que sea consciente de la clase de enemigo que se ha creado.

El chico les entregó las mantas a los lobos. Los tres estaban cansados y el día había sido muy largo pero la conversación aún no estaba terminada. Volvió a sentarse en el sillón.

–  La Orden lleva siglos… incluso me atrevería a decir milenios, funcionando. A veces, más en la luz, otras más en la sombra… siempre han estado ahí. Los Templarios, los Masones, los gobiernos de los principales países del mundo… Lo mismo puedes encontrar uno en la comisaria como en el ayuntamiento. Siempre se han escondido entre la sociedad. Al igual que nosotros. Pero ellos no buscan vivir en paz. Buscan destruirnos.

–  Pero nunca habían intentado tanto y tan descaradamente. – añadió Jon. – Los últimos ataques han sido muy descuidados.

–  Saben que no corren peligro. – rio Aidan. – Los humanos no van a creer nada de esto aunque lo vieran con sus propios ojos. Vivimos en una era de lógica y ciencia, no supersticiones. Da igual lo reales que seamos. Pero planean algo gordo, solo que no sabemos qué. Y eso puede ser muy peligroso. ¿Todo lo que hemos visto hasta ahora? Nada comparado con lo que va a venir, estoy seguro. – Jon se levantó bruscamente, casi tirando la mesita que había delante del sofá.

–  ¡Exactamente! Por eso es importante que los encontremos. ¿Dónde se esconden en la ciudad?

Aidan sopesó la pregunta durante un minuto. El lobo parecía cada vez más impaciente y, realmente, daba un poco de miedo. Si no estuviera tan acostumbrado por Zack, le habría intimidado cuando le gruñó en la tienda. Pero eso no funcionaba con él. Conocía de sobra las normas entre los lobos y lo mucho que las respetaban. Atacar a alguien sin provocación no era algo que hicieran.

Regresando su mente a la pregunta, no era nada fácil de responder. La ciudad era grande y tenía muchos buenos escondites. Demasiadas fabricas cerradas y en desuso, naves industriales…

–  Aquí tienen mucho donde esconderse. La zona de los lobos y los vampiros es muy amplia pero aún quedan muchos escondites disponibles. Está la zona del puerto. Es un sitio más ocupado por humanos que de los nuestros, salvo un pequeño grupo de sirenas y poco más. Es un lugar con bastantes naves industriales y fábricas abandonadas. Si tuviera que escoger un sitio, diría ese. Además, está rodeado de hierro y acero.

Los dos hermanos intercambiaron una mirada. El hierro y el acero lo hacían inhabitable para cualquier raza mágica que obtuviera sus poderes de la naturaleza, como los elfos o las hadas. También repelía al resto.

–  Es un buen sitio para empezar como otro cualquiera. Gracias.

–  No me las des. Seguramente acabareis metidos en un lio peor que el de vuestro hermano.

–  No te preocupes. Somos expertos en salir de líos. – rio Joseph. – Deberíamos echar un vistazo esta noche.

–  Podéis empezar con los líos mañana. – repuso Aidan, intentado evitar que se fueran. – Tenéis pinta de no haber descansado mucho. ¿Por qué no dormís algo esta noche y mañana seguís con vuestros asuntos?

–  No queremos molestar…

–  No lo hacéis y ya os he dado las mantas. Quedaros, por favor.

Algo más tarde, con la casa a oscuras y su anfitrión durmiendo en su dormitorio, los dos hermanos se acomodaban como podían en los dos sillones del salón. No eran lo suficientemente grandes para dos hombres de su tamaño pero seguían siendo mejor que dormir en el suelo o en el coche, como habían tenido que hacer días anteriores. Aidan les había dado almohadas así que estaban cómodos.

–  ¿Crees que lo sabe? – la voz de Jon rompió el silencio en la habitación. Ambos seguían despiertos, a pesar del cansancio, demasiado preocupados para poder conciliar el sueño.

–  ¿El qué y quién?

–  El chico… el guardián. ¿Crees que sabe que está marcado? – Joseph miró a su hermano en la oscuridad. Los ojos celestes del otro brillaban.

Él también había olido la marca. Era un olor específico e inconfundible que desprendían los que eran parejas de un lobo. No era habitual que uno de los suyos se emparejara con alguien de otra especie pero tampoco imposible.

Pero en ese caso en concreto… resultaba un poco raro.

–  No lo sé. No huele a lobo en la casa. Y en él tampoco. Quien fuera, tuvo que ser hace tiempo. – Jon se incorporó, quedando sentado en el sillón.

–  Pero está marcado. ¿Cómo pudo su pareja dejarle? ¿O permitir que se fuera?

–  No tengo idea, Jon. Nosotros jamás haríamos algo así pero…

–  ¿Y si no lo sabe?

–  Tiene relación con la manada… bastante cercana, por lo que hemos visto. ¿Crees que podrían marcarlo y que no se enterara? – el otro sonrió, pícaro.

–  Podría haber sido sin querer… en un calentón. Ha pasado.

–  No es asunto nuestro. No creo que debamos preguntarle. Deberíamos centrarnos en mañana y en recuperar a Colby para que podamos volver a casa.

–  Está bien…

Pero Joseph sabía que eso no había sido el fin de esa conversación. Jon no iba a dejar el tema tan fácilmente. Bueno… mientras lo hiciera cuando ya hubieran recuperado a Colby y vuelto a casa, a él no le importaba.

 


 

El Charles del que hablan es, obviamente, Charles Andrews de Jack T.R., el otro prota. Puedes conseguir su relato con La Orden en Lektu por un tuit.

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¡Continuamos con los lobos!: Capítulo 4: Relato 3 hermanos

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Capítulo 4.

Chicago resultó ser más fría y gris de lo esperado.

Davenport no era precisamente mucho más cálida, pero no tenía el aire tan cargado de polución ni estaba tan sucia y repleta de edificios. Había tantos que, incluso, olía a hierro.

Jon tenía el oído y el olfato especialmente sensibles. En muchos casos eso era una gran ventaja ya que podía seguir un rastro aunque este fuera débil y nada reciente. También era capaz de oler cosas que otros lobos no podían, como la magia.

En otros casos, como este, resultaba una molestia. Los olores desagradables se convertían en insoportables, mareándole y poniéndole enfermo. En una ciudad como Chicago era capaz de oler los efectos de la contaminación, los metales usados en las fábricas… y la magia.

Era normal y lógico que en una ciudad tan grande hubiera tal cantidad de magia, sobre todo porque casi la mitad de la población pertenecía a la comunidad. Además, existían muchos puntos especiales repartidos por toda la ciudad, con gran concentración de poder que solían atraer a la clase equivocada de humanos y criaturas, como nigromantes o demonios.

–  Creo que es aquí. – anunció Joseph.

La voz de su hermano lo sacó de sus pensamientos. Se habían detenido frente a la fachada de un edificio bastante antiguo y bastante estropeado. No era un edificio grande. Cuatro plantas más el bajo que era ocupado por un local y unos aparcamientos.

El local era una librería, con un amplio escaparate repleto de las últimas novedades en libros, la fachada verde y una puerta del mismo color y un adornado cristal.

Colgado en la puerta había un cartel en el que se podía leer el nombre de la tienda. El pergamino.

Si los tipos de Kamelot no estaban equivocados, ese era el lugar. La zona neutral.

Jon olfateó el aire. Desde luego, no olía como un edificio normal. La magia lo rodeaba. Toda clase de magia. Desde hechizos de protección a de defensa.

–  Eso parece. – gruñó, siguiendo a su hermano hacia el interior del edificio. No le hacía gracia entrar en un lugar que no conocía

Al abrir la puerta, el tintineo cristalino de unas campanillas le hizo subir la mirada. El cristal con el que estaban hechas era tan transparente y brillante que parecían irreales, haciéndole sonreír sin darse cuenta. Hacía tiempo que no veía algo tan puro y simple.

Una mezcla de olores les asaltaron al entrar a la librería. Bosque mojado, magia, polvo, libros usados, cuero, plata, sal… empezó a estornudar sin control, haciendo reír a su hermano.

–  Si, sin duda estamos en el lugar adecuado. – murmuró cuando su nariz se acostumbró a tanto olor junto y pudo dejar de estornudar.

Al sonido de las campanillas acudió un joven. Alto, con el cabello castaño algo largo y bastante más joven que ellos. Pero, a pesar de su aspecto juvenil, había un aura de madurez a su alrededor. La de alguien que ha visto demasiadas cosas. Venía cargado de libros.

El chico les miró sorprendido al principio. Luego su expresión cambió a una de hastío, arrugando la nariz y frunciendo el ceño. Se giró, dándoles la espalda, y se dirigió hacia el mostrador que había cerca de la puerta, dejando allí la pequeña pila de libros en sus manos.

–  Si os manda Zack, decidle que sigo sin querer hablar con él. – soltó, dejando a los otros dos descolocados. – Que venga en persona a disculparse y deje de enviar mensajeros.

Jon gruñó, disgustado. ¿Quién se creía ese niñato para tratarles así?

–  Ni sabemos quién es Zack ni nos importa. ¿Es esta la zona neutral?

Ahora fue el turno del chico de sorprenderse. ¿No eran gente de Zack?

–  Sois lobos… creí que pertenecíais a la manada local, lo siento. – se disculpó. – Si, esta es la zona neutral de la ciudad. ¿En qué puedo ayudaros? – Joseph se acercó a él, tendiéndole la mano y tratando de no lucir amenazante.

–  Queríamos hablar contigo. Sobre La Orden.

–  No hay mucho de lo que hablar de ese tema. Están en todas partes. Son peligrosos. Intentad no cruzaros en su camino y seguiréis vivos. – masculló el chico, alejándose del mostrador. Jon le sujetó del brazo, deteniéndole.

–  Eso no es ninguna ayuda.

–  Esto es zona neutral. Puede que no seáis de esta ciudad pero cualquiera sabe lo que eso significa. – el tono frio y calmado del chico sorprendió a los lobos.

No era lo habitual, menos con Jon gruñendo y enseñando los dientes. Normalmente, quien fuera estaría temblando. Su hermano podía ser muy intimidante. Joe le obligó a soltarlo y se dirigió al chico.

–  Disculpa la impaciencia de mi hermano, es uno de sus peores defectos. – Jon bufó.- No venimos con intención de hacerte daño ni molestarte. Solo queremos algo de información sobre La Orden aquí en Chicago. Cualquier cosa. – añadió al ver el ceño fruncido del muchacho. – Hemos oído que es probable que tengan algún sitio donde ocultarse en la ciudad.

–  Es más que posible. Pero, ¿dónde? En cualquier lugar. Es imposible saberlo. ¿Por qué tanto interés? ¿Y tanto secretismo? Normalmente la manada me avisa cuando vienen visitas.

–  La manada no sabe nada y así debe seguir.

El chico sonrió. Eso había despertado su interés, Joseph podía verlo en sus ojos. Tenía algún asunto pendiente con la manada. Esto cada vez me intriga más. Pero por mucho que me gusten los misterios, si no me dais algo a cambio, no puedo ayudaros. No os conozco, no sé nada de vosotros y, además, me decís que no puedo preguntar a la manada. Así no puedo ayudar. – terminó. Se encogió de hombros y se alejó de ellos, hacia el interior de la tienda.

Los dos lobos le dejaron ir, intercambiando una mirada. Debían tomar una decisión.

–  No creo que sea buena idea, Joseph… No conocemos a ese tío… ¿y si nos vende?

–  Lo mismo dice él. Pero creo que sabe más de esa organización de lo que nadie piensa. Y puede servir para buscar a Colby.

–  Pero, ¿y si se lo dice a la manada y estos avisan a papa? Mañana estaríamos en un avión, camino a Davenport y perderíamos a Colby para siempre. – la voz de Jon era pura preocupación.

–  Tendremos que correr el riesgo. Necesitamos información y no tenemos a quien más Espera aquí.

Joseph dejó a su hermano junto al mostrador y buscó al chico entre las estanterías. Lo encontró, un minuto después, colocando libros es la sección de cocina. Suerte que la tienda no era demasiado grande.

–  Estamos buscando a nuestro hermano pequeño, quien está trabajando con La Orden. – empezó. Eso llamó la atención de Aidan, que se giró para escucharle. – Nuestra manada no aprueba que nos fuéramos a buscarlo sin permiso… si se enteran dónde estamos, nos llevaran a la fuerza y nos impedirán encontrarle. En La Orden lo acabaran matando, ya sea como cabeza de turco o porque ya no les sirva. Tenemos que sacarlo de ahí.

Aidan se acercó al lobo y le puso una mano en el hombro, sonriendo.

–  Voy a cerrar y podremos hablar más tranquilos. No mentía cuando os decía que no hay mucho que pueda deciros sobre la organización, pero a lo mejor algo de lo que sé os ayuda. Trae a tu hermano a la trastienda.


¡Y hasta aquí esta semana! Prometí cameo de “Jack T.R.” y ahí tenéis a Aidan y su librería.

¡Hasta la semana que viene!

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El diario de Charles. Capítulo 14

Y último por ahora. Seguramente lo continuaré en otra parte o puede que no… ¿quien sabe?


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El diario de Charles 

Charles despertó dolorido.

Se asustó bastante cuando, al intentar moverse, no pudo. Tardó un minuto en descubrir por qué.

Su brazo derecho estaba vendado, desde el hombro a la mano. El izquierdo tenía escayolada la muñeca. Notaba más vendas en su cuerpo. Pecho, piernas… pero no más escayolas, por suerte.

Se sentía como si le hubiera pasado por encima un camión.

¿Qué había ocurrido?

  •  ¿Señor Page?

  •  ¿Uh? – Charles observó a la enfermera que acababa de entrar llamándole por uno de sus alias. Vale… era obvio que estaba en un hospital… pero… ¿Cómo había llegado ahí?

  •  ¿Cómo se encuentra, señor Page?

  •  Dolorido. – la chica rió. Era una mujer joven, no más de treinta, con el cabello oscuro recogido en una pequeña coleta y ojos cálidos.

  •  Lógico. Con esa cantidad de heridas lo raro sería que no le doliera. ¿Puede decirme que ocurrió?

El ex policía intentó recordad. No iba a contar la verdad pero tampoco era que lo recordara muy claramente.

Había salido a escondidas de la fábrica, dispuesto a largarse de ahí y dejar La Orden de una vez por todas. Ya tenía toda la información que podía conseguir a salvo bien lejos de ahí. Solo debía irse sin que le descubrieran.

Simple… no lo fue tanto.

No sabía que había hecho mal para llamar la atención o si ya sospechaban de antes pero cuando iba a abandonar el lugar, Rhodes le interceptó y le hizo acompañar al extraño muchacho que venía con él.

En teoría solo tenían que entregar un paquete en la ciudad.

Colby, que así se llamaba el muchacho, esperó a estar en las afueras para atacar. Como había imaginado Charles, el chico tenía algo raro. Animal.

Su fuerza era sobrehumana. Sus dientes y garras, también.

Era un lobo.

El descubrimiento le dejó totalmente descolocado. ¿Por qué un lobo trabajaría con La Orden, los mismos que se dedicaban a eliminarles? ¿Y por que La Orden usaba a una de esas criaturas, que tanto decían detestar, para sus fines?

Claro que en ese momento no tuvo mucho tiempo para pensar en todo eso. Era más importante salvar su vida. Luchó con uñas y dientes pero no fue suficiente.

  •  Tuve un accidente… – la enfermera le arqueó una ceja. – Digamos que me tropecé repetidamente con los puños de alguien.
  •  Se tropezó… – repitió la mujer, aguantando la risa. – Espero que se le ocurra algo mejor para contar a la policía.

  •  ¿Es necesario?

  •  Me temo que sí. No hay heridas de arma blanca ni de fuego, pero semejante paliza llama la atención. Si denuncia o no, ya es decisión suya. Ahora voy a llamar a su médico para que le revise y le explique qué es lo que tiene.

Charles vio a la enfermera dirigirse hacia la puerta.

  •  ¡Oiga! – la llamó. – ¿Cómo llegué aquí? – la mujer le miró confundida.
  •  ¿No lo recuerda? Su amigo le trajo.

  •  Mi amigo…

  •  Un chico alto, con el pelo negro largo y barba. Parecía magullado también pero no quiso quedarse a que le miráramos.

Eso si era una sorpresa. El lobo lo había traído al hospital.

¿Por qué?

Lo tuvo a su merced y le perdonó la vida cuando era obvio que le habían ordenado matarle.

Y entonces el final de la pelea regresó a su memoria. Como, después de darle la paliza de su vida, lo cargó sobre su hombro y le llevó hasta ahí.

También recordó al chico inclinarse sobre él y susurrarle algo al oído.

“Demolition Bay. Alaska. Encuentra a mis hermanos.”

Charles se acomodó en la cama mientras su médico entraba sonriendo y empezaba a enumerarle un sinfín de heridas y demás. Pero no le estaba escuchando.

Estaba planeando como iba a salir de ahí sin que le vieran y cuanto tardaría en poder volar a Canadá.

Tenía una nueva misión.


 

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El diario de Charles. Capítulo 13.

¡Vamos a por otro mini capítulo del relato!

¡Esto se pone interesante!


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El diario de Charles Capítulo 13

Le habían descubierto.

Estaba seguro de ello.

Lamentablemente, dudaba de que estuviera siendo paranoico.

Hacía días que le mandaban a hacer las tareas más absurdas, manteniéndole durante largos periodos de tiempo lejos de su habitación.

Estaba seguro de que usaban ese tiempo para registrarle a fondo pero no iban a encontrar nada. No era estúpido e iban a lamentar subestimarle de esa manera.

Pero en ese momento le preocupaba más el averiguar cómo salir de ahí sin que acabaran con él.

Había usado sabiamente el tiempo en sacar y poner a salvo una gran cantidad de información. Estaba toda bien oculta en varias taquillas y apartados de correos de una decena de ciudades diferentes. Aprovechó las misiones para conseguirlo.

La información se encontraba a salvo.

Él, no tanto.

  •  ¡Ey, Andrews!

Charles se volvió, preocupado al reconocer la voz. Era Rhodes acompañado por otro hombre, mucho más joven. No lo reconoció del centro. Seguramente era algún novato o alguien enviado para llevar algún recado.

  •  ¿Si?

  •  Necesito que me hagas un favor. – Oh… eso no sonaba bien. – Quisiera que acompañaras al joven Colby a la ciudad. Es la primera vez que viene y tiene que entregar un paquete a un aliado. Es algo muy importante y delicado. No quisiera que se perdiera…

El ex policía observó al chico detenidamente. No aparentaba más de veinticinco, con el cabello castaño largo hasta los hombros, los ojos marrones y barba oscura. Era casi tan alto como él, pero más delgado y de musculatura muy marcada. Estaba muy en forma.

Su físico y su expresión, prácticamente vacía, no le decían mucho. Sin embargo si notaba un aire animal y peligroso en él. Era demasiado silencioso, sus andares eran demasiado suaves y agiles.

Había algo no humano en ese muchacho.

Era obvio que se trataba de una trampa. Había llegado el momento de librarse de él. Pero no contaban con un pequeño detalle.

No pensaba ponérselo fácil.

  •  Por supuesto. Lo acompañare encantado.

¡Feliz San Valentín!

¡Hasta la semana que viene!

 

 

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El diario de Charles. Capítulo 12.

¡Vamos a por otro capítulo de El diario de Charles!

¡Espero que os guste!


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El diario de Charles

Las Reliquias…

Nunca antes de ese día había oído sobre ellas pero pasaba las horas buscando todo lo que pudiera encontrar sobre ellas.

En los últimos días había aprendido mucho sobre el tema.

Las reliquias estaban formadas por tres objetos sagrados de la religión cristiana.

La Lanza del destino, esa que los romanos usaron para matar a Jesús en la cruz y que acabó bañada con su sangre.

El cáliz usado en la última cena y que Jesús compartió con sus discípulos.

Y las 30 monedas de plata que Judas recibió por vender a Jesús.

A cada objeto se le otorgaba unos poderes mágicos especiales.

De la Lanza se creía que daba la victoria a quien la llevara en una batalla. Se decía que Hitler la robó de un museo en Austria, pero que después fue robada de nuevo por no se sabía quién.

Del cáliz, que otorgaba la vida eterna a quien bebía de él.

Y las monedas protegían de todo mal a su poseedor.

Pero como todo objeto mágico, tenían trampa. Ninguna de ellas dura para siempre en poder de nadie. Siempre acababan “perdiéndose” misteriosamente, atrayendo solo desgracia y mala suerte a sus antiguos dueños.

Sus investigaciones le habían llevado también a descubrir que la Lanza ya no se encontraba completa.

Alguien o algo la había dividido y una mitad se acabó usando para crear Excalibur (si tenía en cuenta su sueño, podía averiguar dónde estaba) y la otra fue entregada a un berserker y desapareció del mapa por siglos.

Charles ni siquiera sabía qué demonios era un berserker. Tenía que ponerse a investigar sobre eso también más tarde.

Otra cosa más, que parecía haber pasado desapercibida por todos era esa pequeña facción que operaba a escondidas de todos y para su propio beneficio.

Y esto resultó ser el descubrimiento más preocupante. Ese pequeño grupo se extendía como una enfermedad silenciosa entre los miembros y había llegado a un punto en que no estaba seguro de quien era o no parte de ellos.

Ese grupo era aun más peligroso que la misma Orden. No solo querían acabar con todo lo sobrenatural y mágico de la Tierra.

Querían conquistarla.

Casi creyó que era un chiste… sonaba demasiado a malo de película antigua. Pero resultó ser terriblemente real.

Ya tenían gente en según qué posiciones de poder… esperando…

Se dio cuenta, mientras escondía toda la información que llevaba semanas robando, que ya no se trataba de mantener solo a sus seres queridos a salvo.

Ya se trataba de mantener a salvo al mundo entero.

Necesitaba ayuda.


¡Recuerda que ya viene San Valentín!

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¡Ya estás tardando!

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El diario de Charles. Capítulo 11.

¡Y vamos a por otro capítulo!


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El diario de Charles

Charles llegó por los pelos al baño de su habitación.

Dos minutos más y hubiera vomitado en los pies de Jason.

Si había tenido dudas alguna vez en esos meses sobre si debía o no estar ahí, ya estaban despejadas.

Ese día fue una pesadilla de principio a fin.

Jason le pidió esa mañana que lo acompañara a una cacería. Una cosita simple, le dijo. Solo un cambia formas que había atacado a unos humanos mientras estaba en su forma animal.

Una cosita simple…

El cambia formas resultó ser un chiquillo de dieciséis años. Cuando se enfadaba o se ponía nervioso se convertía sin querer en una copia del perro de su vecino, un pastor alemán enorme que tenia atemorizado a medio barrio.

Solo un crio que no sabía que ocurría con él y con su cuerpo.

Y Jason le pegó un tiro con balas de plata. Un tiro directo a su cabeza y el chiquillo cayó al suelo sin vida.

Luego, como si no hubiera quitado la vida a un niño, Jason cogió el cuerpo, lo metió en una fosa, le roció gasolina y le prendió fuego.

Charles prácticamente se arrancó la ropa y entró en la ducha. Olía a humo y carne quemada.

Iba a vomitar de nuevo.

El veterano fue recibido en la fábrica como un héroe, con palmaditas en la espalda y una cerveza fría.

Había matado a un niño.

Se frotó el cuerpo con fuerza, intentando borrar de su piel el olor y la memoria. No podía dejar de ver los ojos muertos del niño.

Ese niño que solo necesitaba quien le echara una mano con sus poderes y no un tiro en la cabeza.

Hasta ese momento no se le había ocurrido pensar en que pasaba con aquellos que nacían sin saber que eran, aquellos que estaban solos y asustados, ignorantes de que les hacia diferentes y como vivir con ello.

Ahora sabía que algunos acababan como aquel chico. Muertos solo por ser distinto.

¿Cómo podía seguir pensando en ser parte de una organización que mataba por ese motivo sin distinguir bien de mal?

Cuando salió de la ducha, una idea iba formándose en su cabeza. Aun necesitaba saber más. Necesitaba más información, más datos.

Pero una cosa era segura.

Él ya no trabajaba para La Orden.

Ahora lo hacía para él mismo.

 

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El diario de Charles. Capítulo 10

¡Y seguimos con Charles y su diario!


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El diario de Charles

 

Estaba cada vez más preocupado por la seguridad de Aidan.

Todo lo que encontraba sobre Jack (archivos, fotos, vídeos, casos parecidos…) resultaba estar relacionado con el chico.

Según sus cuentas, había revisado unos cincuenta archivos y en el setenta por ciento de ellos salía el nombre del muchacho.

Lo último fue un informe de vigilancia para comprobar si seguía en contacto con él.

En otro descubrió que Julián había dejado de existir. El fantasma había sido enviado al otro lado por Aidan por petición propia poco después de marcharse Charles.

El librero debía sentirse muy solo en su casa ahora.

Otro nombre que se repetía en los papeles era el de un tal Zack. No decía mucho… lobo y ex pareja era lo único que ponía.

Uhm…

Por alguna razón alguien ahí estaba obsesionado con Aidan.

Le preguntó por el chico a Ted, el cazador que le recogió en el bar. Era de los pocos que creía firmemente en las ansias de venganza de Charles y pensaría que esas preguntas eran solo más investigación contra los demonios.

  •  La librería es una zona neutral, si… pero sin el chico no sirve. Es un lugar donde ningún poder mágico funciona. Es algo que va en su sangre. Y esa es una de las razones por la que es tan importante para la comunidad mágica.

Pero Charles seguía sin entender porque era tan importante para La Orden. Y así lo preguntó. Eso y porque había que seguir a sus contactos.

  •  Fácil. El tal Zack es en realidad el futuro alfa de la manada de Chicago, la segunda más importante del país. Y, aunque ya no estén juntos, sigue sintiendo algo por él. Es una debilidad que apuntamos para cuando necesitemos usarla.

Charles comió el resto de la comida en silencio y pensativo. Si Aidan era una pieza tan clave, ¿podrían usarlo para someter al resto?

¿Era todo un juego de poder?

¿O había algo más?

Dos cazadores empezaron a conversar en la mesa de al lado y Charles no pudo evitar escucharles.

  •  ¿Sabes que he oído? ¡Que los altos mandos están buscando las reliquias! – dijo uno, muy excitado. El otro dio un sorbo a su bebida e hizo un ademan despectivo.

  •  ¡Venga ya! ¡Eso no existe!

  •  ¡Sí que existen! – protestó el primero. Luego se removió en su asiento y bajó la voz, aunque Charles seguía pudiendo oírle perfectamente. – ¡Sé que hay una en Nueva York! ¡Se lo oí al jefe!

¿Las reliquias?

Iba siendo hora de volver a colarse en los archivos…


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