Relato: Luna llena en Memphis.

luna

 

Capítulo 3.

–  ¿Estás seguro de que ha dicho eso? – Alec asintió, dando un sorbo a su cerveza.

–  Palabra por palabra. Ha dicho que nos alejemos de Bauman, que es su presa. ¿Quién crees que sea?

Astrid suspiró, molesta. Justo lo que le hacía falta para dificultar más la situación, alguien más detrás del desgraciado de Bauman.

–  Obviamente, no una fan de ese gusano. Pero si cree que se lo voy a dejar, está muy equivocada.

–  Eso me temía. ¿Qué hacemos?

–  Seguir con lo que estábamos haciendo. Buscar a Bauman. – Astrid cogió un aro de cebolla y lo mojó profusamente en la salsa antes de comérselo en dos bocados. – He preguntado a un par de contactos interesantes del bar. Han dicho que, habitualmente, la ciudad es una zona muy tranquila en lo referente a ataques de La Orden, pero que estos días ha habido un aumento. Algo están tramando pero nadie sabe decir el qué.

Ahora fue el turno de Alec de bufar. Con la Comunidad siempre era igual, por lo que estaba viendo. Todo el mundo sabía que pasaba algo pero no el qué. Resultaba de lo más molesto.

¿No podía alguien simplemente decir qué ocurría y ya?

Ambos intercambiaron una mirada mientras terminaban sus bebidas. Astrid iba ya por su tercer refresco y su segunda ración de aros de cebolla y alitas picantes mientras a Alec se le calentaba la cerveza mirando a la chica devorar su comida.

¿Cómo podía comer tanto?

Había muchas cosas que seguían asombrando al chico sobre la gorgona y su mundo. Todavía estaba aprendiendo y las manías y costumbres de su compañera de viaje eran interesantes, por decir algo.

Astrid comía por tres y a todas horas. La explicación que ella daba a ese comportamiento era que su metabolismo no era para nada parecido al humano. Envejecía mucho más despacio pero la energía que usaba a cambio era tanta que debía comer mucho más que un humano.

También influía el mantenimiento del hechizo de glamur que usaba para ocultar su apariencia. En las raras ocasiones en que no lo usaba, Alec había notado que hacía menos paradas a comer.

Y sus comidas no podían considerarse muy sanas. Multitud de latas de refrescos llenas de azúcar y cafeína y mucha comida basura. Era muy fan de las patatas fritas de paquete y se ponía de mal humor el día que no tenia ninguna para picar.

A parte de la comida, la chica era maniática, desordenada y tenia mal genio. Sin embargo, cuando Alec ya estaba por largarse y dejarla a ella y su misión (a la que se presentó voluntario, todo había que decirlo) Astrid soltaba una de sus referencias de películas que nadie más pillaba, contaba un chiste malo o tenia un detalle con él y se le pasaba el enfado.

La convivencia era complicada pero no imposible y el chico debía reconocer que había más momentos buenos que malos entre ellos.

Y deseaba ayudarla a encontrar al asesino de su familia. Entendía su frustración y la admiraba por haber dejado su venganza a un lado para ayudar a la gente de Nueva Orleans.

Solo por eso se veía obligado a ayudarla.

Pero a veces lo sacaba de quicio…

–  Vamos a ir al norte, antes de volver al motel. Uno de los contactos comentó que allí es donde más movimiento está habiendo. Con suerte puede que encontremos alguna pista de Bauman.

–  Pues cuando dejes de devorar, podemos irnos.

–  ¡Qué gracioso! — repuso con sarcasmo la chica, no sin antes comerse la ultima alita de pollo. — ¡Ya estoy lista! ¡Vámonos!

Media hora más tarde paseaban por una zona nada recomendable en el norte de la ciudad, según habían indicado a la chica en el bar. Alec no estaba nada tranquilo, rozando con la yema de los dedos la Glock que guardaba en el bolsillo de su chaqueta.

Las calles estaban sucias, llenas de pintadas y con los contenedores de basura y bancos rotos. Había camellos vendiendo su droga a adolescentes en cada esquina y tipos que les dirigían miradas nada apetecibles.

Astrid, por su parte, iba muy tranquila, mirando a su alrededor despreocupadamente y buscando algún indicio de miembros de La Orden en el lugar.

No tardó en encontrar lo que buscaba.

Tres tipos estaban arrinconando a una muchacha, aparentemente atacándola. Para cualquier otro solo serían tres gamberros asustando a una chica. Para Astrid, eran tres miembros de La Orden atacando a lo que olía como una troll.

–  ¡Ey, imbéciles! ¿Por qué no venís a pelear con alguien de vuestro tamaño?

Los hombres soltaron a la chica, la cual salió corriendo del lugar sin mirar atrás, y se dirigieron hacia ellos. Alec los vio sacar porras extensibles y murmuró una maldición, mientras empuñaba su pistola.

–  ¡Quietos! ¡No deis un paso más!

–  ¿Qué vas a hacer, niñato? ¿Disparar? — Alec amartilló su pistola. No estaba dispuesto a recibir una paliza de tres extraños.

–  Si das un paso más, sí.

Astrid fue más directa, bajándose las gafas de sol y mostrando sus ojos que brillaron con una luz extraña.

–  Sigue acercándote y sentirás algo más doloroso que un disparo. — amenazó. — No estoy interesada en vosotros, escoria. ¡Busco a Bauman! Sé que está aquí así que empezad a hablar.

No hubo tiempo para una respuesta. Alguien saltó desde las sombras y atacó a los hombres, tirándolos al suelo.

Ante el asombro de los otros dos, una chica comenzó a golpear a los hombres de La Orden. Alec no tardó en reconocerla.

–  ¡Ey! ¡Es ella! ¡La chica del bar! — Astrid parpadeó sorprendida.

–  ¿Esa es? — la gorgona olfateó el aire y frunció el ceño. — ¡Mierda! ¡Es un lobo!

–  ¿Así es un lobo? Esperaba algo más… peludo.

Pero Astrid ya no le escuchaba. Se había lanzado a por la otra mujer, separándola del tipo al que estaba apalizando en ese momento. Si seguía así no iba a quedar ninguno en condiciones de confesar su escondite.

El chico observó estupefacto como los tres tipos de La Orden conseguían escabullirse mientras las dos mujeres peleaban. Intentó detenerlos, pero era muy tarde. Ya habían desaparecido calle abajo.

–  ¡Os dije que os alejarais de mi presa!

–  ¡Él no es tu presa! ¡Es la mía!

Alec bufó, frustrado y dio un tiro al aire, haciendo que las dos mujeres le prestaran atención por fin.

–  Ahora mismo no es presa de nadie, porque habéis dejado escapar a quien podría habernos dicho algo. – anunció.

–  ¡Tío! ¿Estas loco? La policía no tardará en llegar.

–  Pues más nos vale correr.


¡Y recuerda! Puedes conseguir mis novelas en Amazon y en la Tienda del blog.

También puedes suscribirte al blog y conseguir gratis el relato 3 hermanos.

¡No te los pierdas!

 

Please follow and like us:
error