Relato: Luna llena en Memphis.

luna

Capítulo 4.

–  No puedo creerme que esté aquí. ¡Y la dejáis escapar!

El grito de Dolph Bauman hizo que los cuatro hombres ante él se estremecieran de puro miedo.

–  Señor, no pudimos hacer nada. La loba nos atacó y… — el hombre se interrumpió cuando su jefe levantó la mano, reclamando silencio.

–  A ver si lo entiendo… – la voz de Bauman sonaba calmada pero sus ojos despedían chispitas de furia. – ¿No solo ha llegado hasta aquí la gorgona, sino que también esa loba sarnosa de San Francisco? ¿Cómo cojones es posible? — terminó chillándo, dando un manotazo y tirando la lamparita que había sobre el escritorio frente al que estaba parado.

Lo de Nueva Orleans había resultado un completo fiasco a causa de la gorgona y su amiguito policía y sus superiores no estaban nada contentos con él.

Absolutamente nada contentos.

Lo culpaban del fracaso y si no conseguía ponerse de buenas con ellos, iba a acabar recibiendo la visita de alguno de sus colegas, estaba seguro de ello.

No tenía ninguna intención de terminar asesinado por uno de sus compañeros de trabajo. ¡No le llegaban ni a la suela del zapato!

Y por esa razón se encontraba en Memphis, para esconderse de su fracaso y tratar de ponerse del lado bueno de sus superiores haciendo un trabajo que habitualmente dejaría a sus subordinados.

Supervisar el traslado de material para las investigaciones de la organización.

Un trabajo muy por debajo de su categoría. Pero, en esos momentos, se encontraba en la perrera, por así decirlo.

Había sido una desagradable sorpresa descubrir que la gorgona y la loba estaban ahí, a dos pasos de encontrarle y fastidiarle el plan para congraciarse con La Orden.

Genial… simplemente genial.

Y esos inútiles que tenía por subordinados las dejaban escapar.

–  Lo sentimos, señor. Solo éramos cuatro.

Dolph bufó, furioso y cogió el libro que había estado leyendo antes de que le interrumpieran con esa visita y lo lanzó contra la pared. Lo hizo con tal fuerza que el libro se rompió, llenando de hojas el suelo.

¡Lastima! Ahora tendría que comprar otro para poder averiguar quien era el asesino de la novela.

Hizo un gesto para despachar a los hombres y estos se marcharon aliviados. Estaban de suerte. No tenía tiempo para castigarles por su metedura de pata.

Antes debía ocuparse de asegurar la mercancía y evitar que esas dos se entrometieran.

Se paseó por la habitación del hotel en el que se hospedaba, mientras cogía su móvil y buscaba entre sus contactos el número que le interesaba.

No podía ocuparse de esas molestias él mismo y tampoco se las podía dejar a los inútiles de sus hombres.

Si querías ocuparte de una plaga sobrenatural o enviabas a un profesional como él o a alguien de su misma clase.

–  Lilith, querida… tengo un trabajo para ti. ¿Cuánto tardarías en llegar a Memphis?

 


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