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Relato: El juego de La Orden: Relato: El juego de La Orden. Capítulo 3

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Relato: El juego de La Orden.

Capítulo 3.

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Charles observó la casa, escondido en una arboleda cercana.

Había llegado ahí unos minutos antes, guiado por las coordenadas que los lobos le dieron antes. Escondió su coche, cogió lo que iba a necesitar y se escondió entre los árboles, a más de setecientos metros, para estudiar la situación.

Y esta no era muy buena.

Usando sus prismáticos podía ver a dos tipos custodiando el perímetro, paseando cada cinco minutos por la pequeña propiedad. La casa era un edificio pequeño y ajado, de dos pisos en mitad de un terreno que no debía tener más de doscientos cincuenta metros cuadrados.

Realmente pequeño y viejo. El lugar era todo tierra y matorrales y suciedad. Dos coches estaban aparcados frente a la entrada.

Patrice había hablado de seis hombres, contando a Jordan. Por lo que debía haber cuatro más dentro de la casa. Cinco, si sumaba a Will.

El visor térmico despejó la incógnita. Cuatro cuerpos en el interior. Tres repartidos entre los dos pisos y uno en el piso inferior. Ese último llevaba más de media hora sin moverse del lugar.

Tenía que ser Will, ya que los demás se movían por las habitaciones. Imaginaba que lo debían tener encerrado en una de las habitaciones.

Faltaba uno. No veía a nadie más fuera. Podría ser que alguno hubiera salido de la casa. Tendría que arriesgarse.

Los dos de fuera estaban fuertemente armados, con rifles de asalto, pistolas, cuchillos… Iba a tener que ser muy cuidadoso para sacar al lobo de ahí.

Abrió su mochila y sacó un rifle 308 al que había hecho unas pocas modificaciones, como adaptarle un silenciador. No sería completamente silencioso, pero si lo suficiente como para no alertar al resto dentro de la casa. Mientras apuntaba con su rifle al primero de los hombres del exterior y esperaba a que el otro se le acercara, se preguntó qué clase de relación podía tener Jordan con La Orden. Los lobos estaban en lo correcto. El tipo tenía una hoja de servicio impecable y nada parecía indicar que tuviera algún negocio con la organización.

¿Por qué empezar ahora?

El rifle hizo bien su trabajo. Cuando cayó el segundo cuerpo, lo dejó en el suelo y corrió hacia la casa, apresurándose a quitarles las armas y ocultar los cadáveres. Ya dentro de la casa, usó el cuchillo y su Smith & Wesson para eliminar al resto.

Y solo quedaron Jordan, Will y él vivos en la casa.

Quizás, pensó Charles mientras se acercaba a la habitación donde se encontraban Will y el policía, le estaban obligando con algo. Quizás tenía algún trapo sucio que La Orden usaba en su contra o habían amenazado a su familia.

No sería ni el primero ni el último.

Tendría que investigar eso con más cuidado cuando sacara al que podría considerarse “novio” de su hermana.

Se estremeció solo de pensarlo.

No era porque el chico fuera un lobo. Podría ser el presidente de Estados Unidos y seguiría sin ser lo suficientemente bueno para su Patrice. Era así de simple.

Aunque debía reconocerle el mérito de haber conseguido la atención de su hermana. Patrice no era una persona fácil de impresionar. Menos aún, de dar su confianza a alguien. Incluso antes del secuestro su hermana siempre fue muy solitaria. Que ese lobo hubiera conseguido su amistad y, quizás algo más, era una novedad.

Eso no significaba que le gustara.

Pero regresando al asunto de rescatarlo… fue un verdadero alivio cuando, al abrir la habitación, lo encontrara solo y con bastante buen aspecto, si tenían en cuenta la situación. Estaba sentado en una silla, atado y con un par de golpes visibles en el rostro. Nada grave.

–  No puedo dejarte dos minutos solo… – ironizó, acercándose para desatarle. Will se mostró muy sorprendido de verle, pero feliz.

–  ¿Charles? ¡Menos mal que has venido! ¡Date prisa, antes de que nos descubran!

–  Me he ocupado de todos. O casi todos… creo que falta uno.

Will se frotó las muñecas, aliviado por haber sido liberado antes de que la cosa empeorara. Un olor metálico le llegó a su nariz.

Sangre.

Se mordió el labio y miró al ex policía, preocupado.

–  Jordan se fue a ver a alguien. No conseguí oír a quien. ¿Están todos muertos? – Charles se encogió de hombros. No parecía afectado en lo más mínimo. Había matado a cinco personas y parecía no importarle.

Daba un poco de miedo.

–  Entonces será mejor que nos larguemos de aquí antes de que regrese. Luego decidiremos que hacer con él, porque no creo que responda bien al hecho de que te hayas escapado y que sus hombres estén muertos.

Will asintió. Tendrían que tratar con Jordan y averiguar por qué y con qué intención le había secuestrado.

–  Jamás habría pensado que estaba con La Orden…

–  Sí, eso lo discutiremos luego. Ahora vamos a discutir el hecho de que hacia mi hermana en tu piso.

Will le miro incrédulo, escapándosele una carcajada. Estaba de broma… ¿verdad?

–  ¿En serio? ¿Ahora? Ahora tampoco es el momento para discutir esto. ¡Y tu hermana es una adulta muy capaz de decidir por sí misma!

–  Ya hablaremos… No creas que voy a olvidar esto.

Los dos salieron de la habitación, atravesando la casa a paso ligero. En cuestión de minutos, ambos corrían por la arboleda, hacia donde había dejado escondido Charles su coche.

–  Es tu compañero. ¿Has notado algo raro en su comportamiento los últimos días? ¿Algo que indicara que iba a hacer algo como esto?

El lobo negó en silencio. Había repasado el último mes en su cabeza mientras estaba encerrado en esa habitación, buscando algún indicio. Cualquier cosa. Pero Jordan jamás fue un admirador suyo. Siempre se comportó bastante frio y desagradable con él.

–  No, nada. Pero sabe que soy un lobo, algo que no me explico cómo ha averiguado. No nos relacionamos mucho, pero se le veía feliz por su futura jubilación. No tiene sentido. Nunca le he visto hacer la vista gorda a nada ni tener algún comportamiento sospechoso.

–  Tal vez le estén utilizando.

–  Creo que debemos salir de aquí. Necesito asegurarme de que Patrice esté bien.

Charles tuvo que reconocer que ver al lobo hablando por teléfono con su hermana y comprobar como destilaba dulzura al tratarla era reconfortante. No sabía si eso llegaría a alguna parte, ya que la situación no era ideal para ninguno, pero al menos podía estar seguro de que la quería.

Ahora le preocupaban un par de cosas, bastante más distintas.

Primero, ¿por qué habían emboscado a Will?

Y segundo, ¿qué pasaría ahora? ¿Dónde estaba Jordan y cuál sería su siguiente movimiento?

 

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