¡Nuevo relato!: Relato: El juego de La Orden. Capítulo 1.

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Relato: El juego de La Orden.

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Capítulo 1.

Era uno de esos días perfectos.

Sol, cielos sin nubes, temperatura agradable… Todo rematado con una cena deliciosa y una compañía aún mejor.

¿Cómo pudo irse todo a la mierda en cuestión de un segundo?

–  Detective William Moore, queda arrestado por robo de pruebas y aceptar sobornos.

Había sido una tarde perfecta. Para su suerte, después de varios intentos y muchos ruegos y negociaciones, por fin consiguió convencer a Patrice de darle una oportunidad a lo suyo, avanzar un paso más en su relación e intentar ser una pareja.

Como era lógico, ella seguía asustada por todo lo ocurrido con el hellhound y La Orden y se negaba a dejar la casa sin su pequeña Lauren.

O se negaba a salir y punto.

Pasaron meses antes de que pudiera sentirse lo bastante segura como para regresar a su trabajo y hacer vida casi normal sin temor a ser atacada por algún loco sobrenatural. Ni siquiera la vigilancia de la manada conseguía calmarla.

Will pasó esos meses a su lado, vigilando, cuidando y apoyando. Al principio,  le motivaba el complejo de culpa. Se sentía responsable de no haberla encontrado más rápido de lo que lo hizo.

Luego, cuidarla se convirtió en una excusa para verla y hablar con ella.

Se dio cuenta de que le gustaba Patrice. La humana era intrigante y muy divertida, cuando conseguía relajarse y olvidar todo el asunto del secuestro. Su humor era bastante sarcástico y afilado, con rápidas respuestas que le dejaban descolocado y complacido.

Nunca antes se había sentido tan atraído por una humana. Sí, claro que tuvo sus aventuras de una noche con algunas chicas que buscaban lo mismo que él. Diversión sin compromiso. Siempre le resultaron entretenidas y muy imaginativas en la cama. Pero nunca consideró la idea de escoger a una humana como pareja.

Sin embargo, Patrice era simplemente perfecta.

Fue toda una victoria personal para él cuando, tras verla superar un miedo tras otro, la chica le tomó en serio y decidió decir que si, para variar, cuando le pidió una cita. Will decidió no ocultarle su condición de lobo ni su pasado desde el principio, lo que no puso las cosas más fáciles. Ella no parecía creer que pudieran tener una relación seria al ser de diferentes razas así que necesitó demostrarle que se equivocaba y que merecía la pena intentarlo.

Por eso, que hubieran escogido esa tarde en particular para venir y arrestarlo con acusaciones falsas le resultó un pelín molesto.

Por no decir que fue una completa putada, claro.

Conocía a los policías que habían venido a detenerle. Todos pertenecían a su comisaria, esa a la que se trasladó tras lo ocurrido con el hellhound y a la que no debió ir, precisamente por lo ocurrido con el hellhound.

No tuvo la mejor de las bienvenidas, la verdad fuera dicha. No todos pero algunos compañeros parecían poco felices con la idea de que apareciera allí, después de todo el asunto con el FBI y la muerte del agente Lewis. Muchos le culpaban por la muerte del federal.

No fue ninguna sorpresa que el detective Jordan estuviera allí y se encargara de esposarle y que, además, pareciera encantado de hacerlo. Él y los otros cinco que le acompañaban y ponían patas arriba su casa.

Había estado en registros las suficientes veces como para distinguir entre buscar y destrozar, que era lo que hacían esos en ese instante en su apartamento. Iba a hacerles pagar por cada cosa rota después.

–  ¿De qué coño estás hablando, Jordan? ¿De dónde has sacado esa estúpida idea? – la risa que soltó el otro le puso los pelos de punta. Era una risa cruel.

–  ¿Estúpida idea? Tenemos fotos, videos de ti entregando droga a narcotraficantes conocidos a cambio de dinero. Esa droga que robaste del sótano de pruebas. – Will estaba estupefacto. ¿Qué fotos? ¿Qué videos? ¡Él no había hecho nada! – Tenemos hasta un testigo. Cuando acabe contigo vas a acabar en la celda más profunda de la prisión y tirare la llave para que no puedas salir nunca.

Patrice le miró entre sorprendida y espantada. No estaría creyéndole, ¿verdad?

–  ¡Estás loco! ¡Cuando se demuestre que mientes, voy a hacer que te quiten la placa, cabron!

–  Eso si consigues demostrarlo.

Sabía que Jordan era de los que menos felices se mostró cuando lo trasladaron oficialmente a esa comisaria. Pero no imaginaba que le odiara hasta el punto de inventarse pruebas para inculparle.

–  ¡Will!

El lobo maldijo entre dientes al ver la expresión de la chica. No parecía segura de a quién creer y no podía culparla. No le conocía lo suficiente como para confiar tanto en él.

–  Ve despidiéndote de tu amiguita, lobo. – le susurró para que nadie más le oyera. – No vas a volver a estar con ella… jamás.

Will se tensó al oírle, fulminando con la mirada al otro policía. Nadie en su comisaria sabía lo que era. No tenía amigos ni gente de su raza allí, así que no había ni una sola persona que supiera que era un lobo.

Solo podía existir una razón para que Jordan supiera lo que era. Solo La Orden sabía su verdadera identidad.

Estaba bien jodido.

–  ¡Will! ¡Llamaré a un abogado! ¡No te preocupes!

El lobo casi suelta una carcajada. No necesitaba un abogado, porque no iban a ir a comisaria. Estaba seguro de ello.

Necesitaba algo más.

–  ¡Llama a tu hermano!

 

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