¡Continuamos con los lobos!: Capítulo 4: Relato 3 hermanos

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Capítulo 4.

Chicago resultó ser más fría y gris de lo esperado.

Davenport no era precisamente mucho más cálida, pero no tenía el aire tan cargado de polución ni estaba tan sucia y repleta de edificios. Había tantos que, incluso, olía a hierro.

Jon tenía el oído y el olfato especialmente sensibles. En muchos casos eso era una gran ventaja ya que podía seguir un rastro aunque este fuera débil y nada reciente. También era capaz de oler cosas que otros lobos no podían, como la magia.

En otros casos, como este, resultaba una molestia. Los olores desagradables se convertían en insoportables, mareándole y poniéndole enfermo. En una ciudad como Chicago era capaz de oler los efectos de la contaminación, los metales usados en las fábricas… y la magia.

Era normal y lógico que en una ciudad tan grande hubiera tal cantidad de magia, sobre todo porque casi la mitad de la población pertenecía a la comunidad. Además, existían muchos puntos especiales repartidos por toda la ciudad, con gran concentración de poder que solían atraer a la clase equivocada de humanos y criaturas, como nigromantes o demonios.

–  Creo que es aquí. – anunció Joseph.

La voz de su hermano lo sacó de sus pensamientos. Se habían detenido frente a la fachada de un edificio bastante antiguo y bastante estropeado. No era un edificio grande. Cuatro plantas más el bajo que era ocupado por un local y unos aparcamientos.

El local era una librería, con un amplio escaparate repleto de las últimas novedades en libros, la fachada verde y una puerta del mismo color y un adornado cristal.

Colgado en la puerta había un cartel en el que se podía leer el nombre de la tienda. El pergamino.

Si los tipos de Kamelot no estaban equivocados, ese era el lugar. La zona neutral.

Jon olfateó el aire. Desde luego, no olía como un edificio normal. La magia lo rodeaba. Toda clase de magia. Desde hechizos de protección a de defensa.

–  Eso parece. – gruñó, siguiendo a su hermano hacia el interior del edificio. No le hacía gracia entrar en un lugar que no conocía

Al abrir la puerta, el tintineo cristalino de unas campanillas le hizo subir la mirada. El cristal con el que estaban hechas era tan transparente y brillante que parecían irreales, haciéndole sonreír sin darse cuenta. Hacía tiempo que no veía algo tan puro y simple.

Una mezcla de olores les asaltaron al entrar a la librería. Bosque mojado, magia, polvo, libros usados, cuero, plata, sal… empezó a estornudar sin control, haciendo reír a su hermano.

–  Si, sin duda estamos en el lugar adecuado. – murmuró cuando su nariz se acostumbró a tanto olor junto y pudo dejar de estornudar.

Al sonido de las campanillas acudió un joven. Alto, con el cabello castaño algo largo y bastante más joven que ellos. Pero, a pesar de su aspecto juvenil, había un aura de madurez a su alrededor. La de alguien que ha visto demasiadas cosas. Venía cargado de libros.

El chico les miró sorprendido al principio. Luego su expresión cambió a una de hastío, arrugando la nariz y frunciendo el ceño. Se giró, dándoles la espalda, y se dirigió hacia el mostrador que había cerca de la puerta, dejando allí la pequeña pila de libros en sus manos.

–  Si os manda Zack, decidle que sigo sin querer hablar con él. – soltó, dejando a los otros dos descolocados. – Que venga en persona a disculparse y deje de enviar mensajeros.

Jon gruñó, disgustado. ¿Quién se creía ese niñato para tratarles así?

–  Ni sabemos quién es Zack ni nos importa. ¿Es esta la zona neutral?

Ahora fue el turno del chico de sorprenderse. ¿No eran gente de Zack?

–  Sois lobos… creí que pertenecíais a la manada local, lo siento. – se disculpó. – Si, esta es la zona neutral de la ciudad. ¿En qué puedo ayudaros? – Joseph se acercó a él, tendiéndole la mano y tratando de no lucir amenazante.

–  Queríamos hablar contigo. Sobre La Orden.

–  No hay mucho de lo que hablar de ese tema. Están en todas partes. Son peligrosos. Intentad no cruzaros en su camino y seguiréis vivos. – masculló el chico, alejándose del mostrador. Jon le sujetó del brazo, deteniéndole.

–  Eso no es ninguna ayuda.

–  Esto es zona neutral. Puede que no seáis de esta ciudad pero cualquiera sabe lo que eso significa. – el tono frio y calmado del chico sorprendió a los lobos.

No era lo habitual, menos con Jon gruñendo y enseñando los dientes. Normalmente, quien fuera estaría temblando. Su hermano podía ser muy intimidante. Joe le obligó a soltarlo y se dirigió al chico.

–  Disculpa la impaciencia de mi hermano, es uno de sus peores defectos. – Jon bufó.- No venimos con intención de hacerte daño ni molestarte. Solo queremos algo de información sobre La Orden aquí en Chicago. Cualquier cosa. – añadió al ver el ceño fruncido del muchacho. – Hemos oído que es probable que tengan algún sitio donde ocultarse en la ciudad.

–  Es más que posible. Pero, ¿dónde? En cualquier lugar. Es imposible saberlo. ¿Por qué tanto interés? ¿Y tanto secretismo? Normalmente la manada me avisa cuando vienen visitas.

–  La manada no sabe nada y así debe seguir.

El chico sonrió. Eso había despertado su interés, Joseph podía verlo en sus ojos. Tenía algún asunto pendiente con la manada. Esto cada vez me intriga más. Pero por mucho que me gusten los misterios, si no me dais algo a cambio, no puedo ayudaros. No os conozco, no sé nada de vosotros y, además, me decís que no puedo preguntar a la manada. Así no puedo ayudar. – terminó. Se encogió de hombros y se alejó de ellos, hacia el interior de la tienda.

Los dos lobos le dejaron ir, intercambiando una mirada. Debían tomar una decisión.

–  No creo que sea buena idea, Joseph… No conocemos a ese tío… ¿y si nos vende?

–  Lo mismo dice él. Pero creo que sabe más de esa organización de lo que nadie piensa. Y puede servir para buscar a Colby.

–  Pero, ¿y si se lo dice a la manada y estos avisan a papa? Mañana estaríamos en un avión, camino a Davenport y perderíamos a Colby para siempre. – la voz de Jon era pura preocupación.

–  Tendremos que correr el riesgo. Necesitamos información y no tenemos a quien más Espera aquí.

Joseph dejó a su hermano junto al mostrador y buscó al chico entre las estanterías. Lo encontró, un minuto después, colocando libros es la sección de cocina. Suerte que la tienda no era demasiado grande.

–  Estamos buscando a nuestro hermano pequeño, quien está trabajando con La Orden. – empezó. Eso llamó la atención de Aidan, que se giró para escucharle. – Nuestra manada no aprueba que nos fuéramos a buscarlo sin permiso… si se enteran dónde estamos, nos llevaran a la fuerza y nos impedirán encontrarle. En La Orden lo acabaran matando, ya sea como cabeza de turco o porque ya no les sirva. Tenemos que sacarlo de ahí.

Aidan se acercó al lobo y le puso una mano en el hombro, sonriendo.

–  Voy a cerrar y podremos hablar más tranquilos. No mentía cuando os decía que no hay mucho que pueda deciros sobre la organización, pero a lo mejor algo de lo que sé os ayuda. Trae a tu hermano a la trastienda.


¡Y hasta aquí esta semana! Prometí cameo de “Jack T.R.” y ahí tenéis a Aidan y su librería.

¡Hasta la semana que viene!

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