¡Seguimos con los lobos! ¡Nuevo capítulo del relato! : ¡A leer! Relato 3 hermanos: Capítulo 5.

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Relato 3 hermanos: Capítulo 5.

–  Vuestro hermano se ha metido en un buen avispero. – suspiró Aidan, después de escuchar toda la historia.

–  Dinos algo que no sepamos…

Joe soltó una risa por lo bajo al oír el refunfuño malhumorado de su hermano. Se encontraban los tres en el apartamento del librero, que se situaba en el piso superior a la tienda.

Aidan había cerrado temprano la tienda, como les dijera que haría, y les acompañó a su apartamento, donde los lobos le explicaron con más detalle su historia. Con algo de reticencia, ambos le contaron cómo su hermano pequeño se había distanciado de ellos sin que lo notaran y cómo fue aprovechado por alguien de la organización, manipulándole hasta conseguir que traicionara a la manada y a su familia.

El librero podía ver que aquella traición les había resultado dolorosa.

–  Lo que yo me pregunto es… ¿para qué lo quieren? – el librero soltó la pregunta al aire, mientras limpiaba los platos que habían usado para cenar. Joseph había recogido las latas vacías y las colocó en la basura. – Es solo un lobo sin ninguna influencia, ¿verdad? Y un lobo joven… no tiene sentido.

–  Pienso que tenían otra idea en mente, pero no contaban con lo neurótico que puede ser Colby. – Jon rio, murmurando “neurótico se queda corto” mientras se terminaba la última cerveza. – Nuestro hermano siempre ha sido muy cuadriculado, paranoico… No lleva bien los cambios o la presión. Es algo que le pasa desde pequeño. Ellos debían querer que se quedara en la manada, influyendo a nuestro padre o, tal vez, robando información sobre la manada. Pero no les salió como esperaban.

El chico pareció considerar sus palabras, terminando de secar y colocar el último plato en el fregadero. Tenía más sentido que pensaran usar a un lobo joven para recopilar información, tal vez no solo de la manada. Siendo uno de los hijos adoptivos del Alfa, los chicos tenían acceso a reuniones importantes de la comunidad. Eso era información de lo más atractiva para La Orden. Debían estar bastante decepcionados de que el asunto no saliera bien.

–  Y ahora está siendo usado… No va a acabar bien, lo sabéis, ¿verdad? – Jon se estremeció. Fue algo muy sutil pero Aidan lo vio. – ¿Cómo supisteis en qué andaba?

–  Un tipo llamado Andrews se puso en contacto con nosotros en Alaska, donde estábamos recuperándonos de un ataque. – la cara del librero se iluminó.

–  ¿Charles? ¿Sigue vivo?

–  Vivo y dando vueltas por el país ayudando a la Comunidad contra La Orden.

Aidan se sentía realmente aliviado y feliz de escuchar la noticia. Su cuerpo se relajó visiblemente, recostándose en el sillón, sonriendo.

–  Imagino que le conoces.

–  Es un amigo. Un buen amigo. Lamenté mucho cuando decidió unirse a La Orden, pero pensó que así podría aprender más para defenderse de lo sobrenatural. – el chico se encogió de hombros. – No fui capaz de decirle lo que realmente hacían ni lo que yo era. Le perdí la pista pocos meses después. Estaba preocupado.

–  ¿Cómo acabó sabiendo sobre la Comunidad? Tiene algo de mágico pero casi es inexistente. No creo que sepa nada, así que… ¿Cómo se enteró?

–  El demonio que atacó en la ciudad hace un año. Él fue el detective que se enfrentó a Jack. – los hermanos intercambiaron una mirada.

–  Aquello fue cosa de La Orden, por lo que escuchamos después.

–  En ese momento no lo sabíamos. Yo lo descubrí meses después, por pura casualidad. No pude decírselo porque tuvo que huir de la ciudad, acusado por los crímenes de Jack. – Aidan suspiró, levantándose para abrir un armario en el salón y sacar un montón de mantas de su interior. – Por un lado, estar con la organización le salvó de la cárcel. Por otro… Me alegro de que viera la verdad antes de que fuera tarde, pero no creo que sea consciente de la clase de enemigo que se ha creado.

El chico les entregó las mantas a los lobos. Los tres estaban cansados y el día había sido muy largo pero la conversación aún no estaba terminada. Volvió a sentarse en el sillón.

–  La Orden lleva siglos… incluso me atrevería a decir milenios, funcionando. A veces, más en la luz, otras más en la sombra… siempre han estado ahí. Los Templarios, los Masones, los gobiernos de los principales países del mundo… Lo mismo puedes encontrar uno en la comisaria como en el ayuntamiento. Siempre se han escondido entre la sociedad. Al igual que nosotros. Pero ellos no buscan vivir en paz. Buscan destruirnos.

–  Pero nunca habían intentado tanto y tan descaradamente. – añadió Jon. – Los últimos ataques han sido muy descuidados.

–  Saben que no corren peligro. – rio Aidan. – Los humanos no van a creer nada de esto aunque lo vieran con sus propios ojos. Vivimos en una era de lógica y ciencia, no supersticiones. Da igual lo reales que seamos. Pero planean algo gordo, solo que no sabemos qué. Y eso puede ser muy peligroso. ¿Todo lo que hemos visto hasta ahora? Nada comparado con lo que va a venir, estoy seguro. – Jon se levantó bruscamente, casi tirando la mesita que había delante del sofá.

–  ¡Exactamente! Por eso es importante que los encontremos. ¿Dónde se esconden en la ciudad?

Aidan sopesó la pregunta durante un minuto. El lobo parecía cada vez más impaciente y, realmente, daba un poco de miedo. Si no estuviera tan acostumbrado por Zack, le habría intimidado cuando le gruñó en la tienda. Pero eso no funcionaba con él. Conocía de sobra las normas entre los lobos y lo mucho que las respetaban. Atacar a alguien sin provocación no era algo que hicieran.

Regresando su mente a la pregunta, no era nada fácil de responder. La ciudad era grande y tenía muchos buenos escondites. Demasiadas fabricas cerradas y en desuso, naves industriales…

–  Aquí tienen mucho donde esconderse. La zona de los lobos y los vampiros es muy amplia pero aún quedan muchos escondites disponibles. Está la zona del puerto. Es un sitio más ocupado por humanos que de los nuestros, salvo un pequeño grupo de sirenas y poco más. Es un lugar con bastantes naves industriales y fábricas abandonadas. Si tuviera que escoger un sitio, diría ese. Además, está rodeado de hierro y acero.

Los dos hermanos intercambiaron una mirada. El hierro y el acero lo hacían inhabitable para cualquier raza mágica que obtuviera sus poderes de la naturaleza, como los elfos o las hadas. También repelía al resto.

–  Es un buen sitio para empezar como otro cualquiera. Gracias.

–  No me las des. Seguramente acabareis metidos en un lio peor que el de vuestro hermano.

–  No te preocupes. Somos expertos en salir de líos. – rio Joseph. – Deberíamos echar un vistazo esta noche.

–  Podéis empezar con los líos mañana. – repuso Aidan, intentado evitar que se fueran. – Tenéis pinta de no haber descansado mucho. ¿Por qué no dormís algo esta noche y mañana seguís con vuestros asuntos?

–  No queremos molestar…

–  No lo hacéis y ya os he dado las mantas. Quedaros, por favor.

Algo más tarde, con la casa a oscuras y su anfitrión durmiendo en su dormitorio, los dos hermanos se acomodaban como podían en los dos sillones del salón. No eran lo suficientemente grandes para dos hombres de su tamaño pero seguían siendo mejor que dormir en el suelo o en el coche, como habían tenido que hacer días anteriores. Aidan les había dado almohadas así que estaban cómodos.

–  ¿Crees que lo sabe? – la voz de Jon rompió el silencio en la habitación. Ambos seguían despiertos, a pesar del cansancio, demasiado preocupados para poder conciliar el sueño.

–  ¿El qué y quién?

–  El chico… el guardián. ¿Crees que sabe que está marcado? – Joseph miró a su hermano en la oscuridad. Los ojos celestes del otro brillaban.

Él también había olido la marca. Era un olor específico e inconfundible que desprendían los que eran parejas de un lobo. No era habitual que uno de los suyos se emparejara con alguien de otra especie pero tampoco imposible.

Pero en ese caso en concreto… resultaba un poco raro.

–  No lo sé. No huele a lobo en la casa. Y en él tampoco. Quien fuera, tuvo que ser hace tiempo. – Jon se incorporó, quedando sentado en el sillón.

–  Pero está marcado. ¿Cómo pudo su pareja dejarle? ¿O permitir que se fuera?

–  No tengo idea, Jon. Nosotros jamás haríamos algo así pero…

–  ¿Y si no lo sabe?

–  Tiene relación con la manada… bastante cercana, por lo que hemos visto. ¿Crees que podrían marcarlo y que no se enterara? – el otro sonrió, pícaro.

–  Podría haber sido sin querer… en un calentón. Ha pasado.

–  No es asunto nuestro. No creo que debamos preguntarle. Deberíamos centrarnos en mañana y en recuperar a Colby para que podamos volver a casa.

–  Está bien…

Pero Joseph sabía que eso no había sido el fin de esa conversación. Jon no iba a dejar el tema tan fácilmente. Bueno… mientras lo hiciera cuando ya hubieran recuperado a Colby y vuelto a casa, a él no le importaba.

 


 

El Charles del que hablan es, obviamente, Charles Andrews de Jack T.R., el otro prota. Puedes conseguir su relato con La Orden en Lektu por un tuit.

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