Relato Peripecias escritoriles. Capítulo 5.

peripecias escritoriles

 

Un día entre semana cualquiera.

Porque puede ser un día entre semana cualquiera. Así es más fácil ubicarse, ¿a que sí?

Pues eso, un día entre semana cualquiera después de trabajar y con todo ya arreglado. La escritora que no cobra por ello y que ya ha trabajado, sacado al chucho saltarín, hecho la cena, duchado y puesto el pijama tiene una hora y pico libre antes de tener que ir a dormir.

¡Una hora y pico para escribir!

Pero mira tú por donde que en ese momento llega un mensaje del grupo de WhatsApp de sus amigas, «Vamos a dominar el mundo».

Sus amigas están avisando y comentando ya un programa en el canal DiscoveryMaximax sobre aduanas y gente intentando pasar de todo por ella sin declararlo.

El programa es muy divertido (siempre es hilarante ver a la gente haciendo el tonto de la manera más absurda por algo que ni merece tanto esfuerzo) y había olvidado que era ese día.

La escritora que no cobra por ello está muy tentada a encender la tele y verlo. El chucho saltarín ya está dormido (este no perdona ni la hora de dormir, ni la de la siesta, ni la de comer y tampoco la de salir) así que decide coger el portátil y salir al salón para encender la tele y ver el programa mientras escribe.

Se pueden hacer las dos cosas, ¿verdad?

Media hora después y un par de descacharrantes escenas de unos que intentaban pasar jamones de contrabando escondidos en el motor del coche la escritora que no cobra por ello descubre que no, no se pueden hacer las dos cosas.

Si estas pendiente a la tele, no escribes. Y si escribes, no te enteras de nada de la tele. O eso o te quedas bizca.

Y ya casi es hora de dormir.

El chucho saltarín ha salido al salón arrastrando las patas, medio dormido y con su manta aun puesta en el lomo porque su hora de dormir será sagrada, pero dejar a su humana sola en el salón no es de buenos perros.

La escritora que no cobra por ello suspira, cansada, cierra el portátil y apaga la tele. Esa noche no va a escribir nada, estaba claro.

Eso sí, pensó mientras cogía al chucho saltarín para llevarlo de vuelta a su cama, al menos había apuntado un par de ideas sacadas del programa chorra de aduanas.

Siempre hay algo bueno.

 


 

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