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¡Cositas mágicas que me gustan de la literatura!: Objetos mágicos de la literatura

Los objetos mágicos molan.

Ya te he comentado mis bichos sobrenaturales favoritos.

Y mis series favoritas que me inspiran para los personajes.

Ahora toca… ¡objetos mágicos!

Y tú dirás… ¿Objetos qué? ¿De qué hablas?

¡Objetos míticos!

Simple, cosas que no existen y con algún poder sobrenatural, aunque no siempre.

¿Qué para que quieres eso? Para lo mismo que el post sobre libros mágicos. Para todo y para nada.

¿Y de qué objetos voy a hablarte?

Tres que me encantan, personalmente. Dos ya los he mencionado en mis novelas e, incluso, uno ha salido. El tercero fue protagonista de una de mis películas de aventuras favoritas.

Primero… Excalibur. ¡Oh, venga! ¡Todo el mundo adora Excalibur! ¿Quién no quiere tener una espada mágica que te hace rey?

Pues eso.

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Excalibur era la espada mágica de Arturo. La Dama del Lago se la entregó a Merlin y este la clavó en una piedra en un cabreo, diciendo que solo el auténtico rey de Inglaterra podría sacarla. Años después, un joven Arturo, hijo ilegitimo del rey Uther, apareció y consiguió hacerse con ella. Y creo Camelot y… y ya sabemos cómo acabó eso. Regular XD

Obviamente, Excalibur sale en mi Kamelot 2.0. ¿Cómo no iba a salir? Y no, no te hace rey de nada, pero si le tiene cariño a Arturo y aparece para protegerle más de una vez.

Adoro la leyenda artúrica… se nota, ¿verdad?

El otro objeto mítico que ha salido mencionado en un par de mis novelas es la Lanza del Destino.

¿Por qué?

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Fácil. La Lanza del Destino es una leyenda fascinante. Se supone que es la punta de la lanza con la que se remató a Cristo en la cruz. Longinos, un soldado romano, fue uno de los encargados de rematar a los crucificados ese día. Al hacerlo con Cristo, su sangre manchó la lanza y resbaló hasta caer en sus ojos, devolviéndole la vista, ya que el soldado estaba quedándose ciego desde hacía tiempo. Al darse cuenta del milagro, cogió la lanza y la escondió en el desierto.

La verdad es que eso es solo un mito. Sale mencionado en los evangelios apócrifos y poco más. No se puede confirmar nada, obviamente. Y, aunque hay varias reliquias con el mismo nombre en museos y en el mismo Vaticano, la verdadera jamás apareció.

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En la Segunda Guerra Mundial, Hitler, que era famoso por su afición a los objetos míticos, fundó un equipo solo para buscar cosas como la Lanza del Destino o el Santo Grial, el otro objeto del que te voy a hablar.

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El Santo Grial o la supuesta copa que Cristo usó en su última cena con los apóstoles y compartió el vino con ellos. A esa copa se le adjudica el poder de dar la vida eterna. Como bien pudimos ver todos en mi peli favorita, Indiana Jones y la última cruzada, esa vida eterna tenía un precio. No se podía sacar la copa de donde estaba oculta y, si elegías mal, te quitaba la vida en vez de dártela.

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Adoro esa peli… adoro la trilogía completa (voy a ser un poco Arturo González-Campos y voy a hacer que la cuarta no existe…). De pequeña quería ser arqueóloga solo por ver esas películas. Salvo por las arañas… si tengo que meterme en un sitio con tanta araña, hago mi mejor imitación del Correcaminos y salgo pitando en dirección contraria.

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El Caliz aún no lo he sacado en ninguna novela, pero caerá… ¡es demasiado apetecible para no usarlo!

Y hasta aquí mis cacharritos mitológicos favoritos.

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¿Y tú? ¿Tienes alguno que te guste? ¿Alguna leyenda favorita con objetos mágicos o malditos?

Oh, de objetos malditos hablaremos otro día… eso tiene un post para ellos solitos…

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