Bueno, pues como esta semana no tenía nada interesante que contarte de la nueva historia porque no la he tocado, voy a empezar a postear el nuevo relato, para que lo disfrutes.

Este relato está situado justo después de Dagas de venganza y usa a sus dos protagonistas, Alec y Astrid. Nos situamos en la ciudad de Memphis, a la que han viajado persiguiendo a Bauman.

¡Espero que te guste!

 

Luna llena en Memphis. Capítulo 1.

luna

«¡Bienvenidos al Aeropuerto Internacional de Memphis!»

Alec suspiró, agotado y siguió a su compañera de viaje por el aeropuerto, rumbo a la salida.

Habían pasado menos de treinta y seis horas desde que rescataran al pequeño André de las garras de La Orden, apareciera el dragón y les visitaran los miembros de Kamelot.

Fueron los mismos hombres de Kamelot los que les informaron sobre el paradero del cazador, Dolph Bauman y quienes les proporcionaron los medios para poder perseguirle.

Alec estaba muy agradecido por su ayuda a la hora de recuperar sus pertenencias y dinero. Con toda la policía de Nueva Orleans persiguiéndoles (todo a causa de La Orden) le fue imposible regresar a su piso o intentar recuperar algo de su dinero en el banco.

Una hacker muy simpática que trabajaba para Kamelot se encargó de transferir todo su dinero a una nueva cuenta bajo un nombre falso, además de darles nuevos documentos de identidad para poder acceder a la cuenta.

 

–  ¿Así es como hacéis siempre las cosas? — la pregunta pilló desprevenida a su compañera, que lo miró confundida. — Esto… viajar, comer… ¿tenéis siempre quien os consiga documentación falsa y nombres y todo eso?

–  Persiguiendo a ese capullo me tenido que viajar a ocho ciudades distintas, cada en una punta diferente del planeta y me lo he pagado de mi bolsillo. Ojalá hubiera conocido antes a Lidia. Habría dispuesto antes del dinero de mi familia y no tendría que haber trabajado en un Starbucks para pagar un billete de tren o de avión.

–  Pues si… ¡Espera! ¿Trabajaste en un Starbucks? ¿Tú? ¿Y no te echaron? — preguntó entre sorprendido y divertido al imaginar a su compañera con el uniforme de la cafetería y despachando. Astrid le dirigió una mirada envenenada.

–  ¿Qué quieres decir con eso? ¡Soy super amable!

–  Si… sobre todo eso… ¿hacia donde nos dirigimos ahora? — preguntó, cambiando de tema para evitar que Astrid le acabara dando un puñetazo, cosa que parecía cada vez más probable.

–  A buscar un motel limpio, primero. Luego, a husmear donde puede esconderse esa alimaña.

Gracias al wifi gratuito del aeropuerto encontraron una habitación doble en el Knights Inn Memphis, el hotel más cercano y más acorde a su economía actual. También el que peores recomendaciones tenía.

Según Astrid, eso era perfecto. Menos probabilidades de que les molestaran turistas inoportunos.

Según Alec, había visto antros a punto de demolerse con mejor aspecto que ese hotel. Pero no le habían dado opción a opinar.

Así que menos de cuatro horas después de aterrizar en Memphis, se encontraban los dos caminando por sus calles, buscando quien pudiera darles alguna información sobre La Orden y su gente.

–  ¿Podemos visitar Graceland? – sabía que le iba a responder que no, pero tenía ganas de incordiar un poco a la chica. Estaba demasiado seria y concentrada en buscar al cazador.

Había notado que la obsesión de Astrid por acabar con Bauman podía convertirse en un problema que la hacía peligrosa si no tenía cuidado. Por eso, si la veía demasiado ensimismada con el asunto, la molestaba para distraerla.

Aunque eso le había costado un par de puñetazos en el brazo.

– No. — contestó seca la gorgona.

– ¿Y Beale Street?

–  No.

–  ¿Por qué? – preguntó con tono infantil.

–  Porque no estamos de turismo. Buscamos a un asesino, ¿recuerdas? — vale, eso era cierto pero ya que estaban allí podían visitar algunos de los lugares más emblemáticos.

Era un verdadero desperdicio viajar hasta ahí y no ver nada. Lo intentaría más tarde.

–  Aguafiestas… ¿Y por donde empezamos?

Astrid suspiró, consultando el GPS de su móvil.

– Vamos a visitar un local frecuentado por miembros de la Comunidad. Ahí haremos unas preguntas. Si pasa algo raro en la ciudad, allí habrá alguien que lo sepa.

El local era un bar oscuro, decorado con fotos y carteles de Elvis Presley. No se podía pedir más en esa ciudad, bufó Alec. Astrid le dejó sentado en una mesa, con una cerveza y unas patatas fritas mientras iba a preguntar. No tardó en verla entablando conversación con varias personas.

Alec observó a los clientes del bar, intentando averiguar que criatura eran cada uno. Tan concentrado estaba que no notó cuando alguien se le acercó por detrás hasta que la tuvo sentada en la silla a su lado.

El chico se encontró, de repente, frente a una chica de color, de hermosas facciones, largo cabello negro trenzado y unos perturbadores ojos rojos. ¿Qué clase de criatura sería?

A pesar de su hermosura, el rostro de la chica estaba ligeramente deformado por la mueca de profundo enfado que la adornaba.

–  ¿Qué hacéis aquí preguntando por La Orden? – soltó la chica a bocajarro, pillándole totalmente desprevenido.

–  ¿Qué…? No… nosotros no…

–  ¡No me mientas! Tu amiga está preguntando por La Orden y por Bauman. Dile que se aleje de él. ¡Ese bastardo es mi presa! — rugió antes de levantarse de la silla y desaparecer en el interior del bar.

Astrid regresó en ese instante, encontrándose con un estupefacto Alec que seguía mirando en la dirección por la que se había marchado la extraña chica.

–  ¿Quién era esa? — preguntó Astrid, curiosa.

–  No tengo ni idea… pero creo que vamos a tener problemas.

 


 

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