Relato: Luna llena en Memphis.

Capítulo 2.

luna

Ambar vivía feliz en su manada en San Francisco.

Su familia era de las normales, para ser lobos. No eran importantes ni conocidos. Tampoco pertenecían al Consejo ni tenían a nadie cerca del poder.

Solo eran lobos comunes y corrientes.

Por esa razón nunca entendió que llevó a La Orden a enviar a uno de sus asesinos a matar a su familia.

Era incomprensible. ¿Por qué? ¿Por qué su familia?

Nunca supo el por qué, pero si el quién.

Dolph Bauman, miembro de la Legión de Iscariote, que trabajaba para La Orden.

Un día, hacía un año aproximadamente, volvía de la universidad donde estudiaba medicina. Era su sueño poder ser doctora y ayudar a su manada. Pero ese sueño se truncó aquel día cuando, al llegar a su casa, se encontró con un horrible espectáculo.

Toda su familia, sus padres, sus cuatro hermanos menores y su abuela yacían en el suelo en un enorme charco de sangre que no dejaba de crecer.

Todavía podía ver el rojo liquido empapando la alfombra blanca de su madre, traspasándola y manchando el parqué. Recordaba que, días después, tiró la alfombra y trató de limpiar la mancha del suelo pero por mucho que fregó y frotó, jamás consiguió quitarla.

La sangre de su familia seguía en las tablas del suelo de su casa y por eso tuvo que marcharse. Parte de su alma se moría cada vez que entraba en lo que había sido su hogar y lo encontraba vacío.

Fue el mismo Consejo quien le informó por accidente del nombre del asesino. Nunca se les ocurrió que haría algo con ese dato. Como mucha gente en su vida, la subestimaron. No le dieron importancia a que estuviera presente cuando empezaron a hablar sobre el asesinato y eso fue un gran error.

Y así escuchó el nombre de Bauman. Todo lo que vino después, era historia.

Se deshizo de su casa, de sus pertenencias y persiguió al asesino por medio mundo. La razón por la que su camino nunca se cruzó con el de Astrid fue porque acabó atascada casi un año en Londres, ayudando a la manada local con un grupo de cazadores.

Durante su estancia en Londres escuchó hablar de ella. La gorgona que perseguía al asesino. Cuando se enteró de lo ocurrido en Nueva Orleans, se apresuró a volar a Estados Unidos. Ella no podía tener su venganza antes que Ámbar.

No iba a permitirlo.

Bauman era su presa.

No tardó en encontrar su rastro, ahí en Memphis y, esta vez, no iba a volver a escapársele.

–  Esta vez te despedazaré, bastardo. No vas a volver a escurrirte de entre mis dedos.


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