Publicado el

El diario de Charles. Capítulo 4.

¡Y continuamos! ¡A ver que le pasa ahora!


 

foto-20-11-16-8-55-40

 

Se estaba volviendo paranoico.

Empezaba a ver conspiraciones y secretos por todas partes.

Desde el mes pasado, cuando descubrió por accidente la existencia de los vampiros y su relación con Aidan y toda la investigación secreta que hacían los miembros más antiguos de la organización…

Desde ese día no podía dejar de sospechar de todo y de todos.

No podía negar la existencia de ciertas criaturas pero… ¿todas?

Ese mismo día había conseguido colarse en una sección restringida de la biblioteca, donde encontró infinidad de libros sobre magia, demonología y otros de los que no tenía idea de en qué idioma estaban escritos.

Curioseando vio uno más interesante aun. Uno de los miembros de La Orden había dejado un libro grande y negro abierto sobre una de las mesas de madera. Junto al libro, una libreta como la que él mismo usaba, con anotaciones.

Ojeó el libro sorprendiéndose al ver el titulo.

Tratado universal de dragones.

Charles parpadeo un par de veces, sin salir de su asombro.

No podía ser verdad… ¿o sí?

¿Los dragones existían?

Quien fuera el que consultaba el libro parecía creer que sí. Charles leyó las anotaciones de la libreta.

Alaska. Demolition Bay. Dragón. Barrera mística.

¿Qué significaba eso?

Decidió memorizar las anotaciones. Investigaría eso más tarde.

–  ¡Ey! ¿Qué haces aquí? – Charles maldijo internamente. Decidió no mentir del todo. Lo de que buscaba el baño no iba a colar.

–  Tenía curiosidad. – admitió, levantando las manos en señal de rendición.

El tipo, un hombre de unos cincuenta con el pelo y la barba ya casi cana y vestido como un camionero le miró de arriba abajo con el ceño fruncido. No parecía nada convencido.

–  No deberías dejar que te pillen curioseando, chico. A los que mandan aquí no les gustan los curiosos.

–  Creí que eso era requisito para entrar. – el hombre rió por lo bajo, recogiendo su libreta y cerrando el libro de los dragones para colocarlo en la estantería.

–  Antes si. Ya… no tanto. La próxima vez, ten más cuidado o no duraras mucho por aquí.

Charles vio salir al hombre y decidió seguir su consejo, algo más tranquilo.

Al parecer no era el único paranoico del lugar.

 

 

 

Deja un comentario