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El diario de Charles. Capítulo 10

¡Y seguimos con Charles y su diario!


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El diario de Charles

 

Estaba cada vez más preocupado por la seguridad de Aidan.

Todo lo que encontraba sobre Jack (archivos, fotos, vídeos, casos parecidos…) resultaba estar relacionado con el chico.

Según sus cuentas, había revisado unos cincuenta archivos y en el setenta por ciento de ellos salía el nombre del muchacho.

Lo último fue un informe de vigilancia para comprobar si seguía en contacto con él.

En otro descubrió que Julián había dejado de existir. El fantasma había sido enviado al otro lado por Aidan por petición propia poco después de marcharse Charles.

El librero debía sentirse muy solo en su casa ahora.

Otro nombre que se repetía en los papeles era el de un tal Zack. No decía mucho… lobo y ex pareja era lo único que ponía.

Uhm…

Por alguna razón alguien ahí estaba obsesionado con Aidan.

Le preguntó por el chico a Ted, el cazador que le recogió en el bar. Era de los pocos que creía firmemente en las ansias de venganza de Charles y pensaría que esas preguntas eran solo más investigación contra los demonios.

  •  La librería es una zona neutral, si… pero sin el chico no sirve. Es un lugar donde ningún poder mágico funciona. Es algo que va en su sangre. Y esa es una de las razones por la que es tan importante para la comunidad mágica.

Pero Charles seguía sin entender porque era tan importante para La Orden. Y así lo preguntó. Eso y porque había que seguir a sus contactos.

  •  Fácil. El tal Zack es en realidad el futuro alfa de la manada de Chicago, la segunda más importante del país. Y, aunque ya no estén juntos, sigue sintiendo algo por él. Es una debilidad que apuntamos para cuando necesitemos usarla.

Charles comió el resto de la comida en silencio y pensativo. Si Aidan era una pieza tan clave, ¿podrían usarlo para someter al resto?

¿Era todo un juego de poder?

¿O había algo más?

Dos cazadores empezaron a conversar en la mesa de al lado y Charles no pudo evitar escucharles.

  •  ¿Sabes que he oído? ¡Que los altos mandos están buscando las reliquias! – dijo uno, muy excitado. El otro dio un sorbo a su bebida e hizo un ademan despectivo.

  •  ¡Venga ya! ¡Eso no existe!

  •  ¡Sí que existen! – protestó el primero. Luego se removió en su asiento y bajó la voz, aunque Charles seguía pudiendo oírle perfectamente. – ¡Sé que hay una en Nueva York! ¡Se lo oí al jefe!

¿Las reliquias?

Iba siendo hora de volver a colarse en los archivos…


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