El Cuqui-Porno: ¿Qué es y por qué me lo inventé?

El cuqui-porno: ¿Qué es y por qué me lo he inventado?

cuqui-porno

En una de esas chorra conversaciones que tenemos David y yo (de las miles que solemos tener. No creo que hayamos tenido una sola seria) salió el tema. Habíamos estado quejándonos, como de costumbre, sobre lo complicado que es el marketing en nuestro mundo.

El mundo de los escritores puede ser muy jodido para destacar. Necesitas mucho trabajo, más empeño, mucha más suerte y, a veces, estar en el momento y en el sitio adecuados.

Por supuesto, recalco lo de mucho trabajo, porque sin eso, no puedes hacer nada. Pero en lo que respecta a que puede hacer click con la gente… muchísimas veces es simple cuestión de suerte.

Pues estábamos los dos hablando de eso y de ahí nos fuimos a unos relatos que había estado pasando a David para que les echara un ojo. Son relatos sobre personajes de mis novelas en modo muy ñoños.

Algunos de un ñoño que empalaga, pero oye, quedan bonitos y andaba falta de escribir algo dulce para variar.

Ahí es cuando empezamos a usar de cachondeo el termino Escritora Cuquista.

Pero como algunos relatos, si no todos, tenían cierto tono erótico, acabamos inventando el termino cuqui-porno.

Porno ñoño, vamos. XD

No hay nada como una buena escena dulce y subidita de tono, ¿a qué si?

Pues de ahí a la idea de recopilar unos pocos para ofrecerlos en el Ko-Fi solo había un paso y lo di.

Así que, por el modico precio de 3 € puedes conseguir un recopilatorio de 6 relatos cortos y a una escritora muy feliz por ello.

¡Dos en uno!

Pero si no te ha quedado muy claro que se supone que es el Cuqui-Porno, te voy a dejar aquí un relatito corto del tema, a ver que te parece.

Y si te gusta, pues me echas una mano y me invitas a un Ko-Fi.

¡Disfruta!


Cuando Max salió del baño, recién duchado, con solo los pantalones viejos de chándal que usaba para dormir, el cabello aun mojado y el pecho brillante de la ducha, Kenny tenía un plan para conseguir su regalo. Plan que, al ver al otro, se le olvidó bastante.

Max se dio cuenta del escrutinio del otro y sonrió, yendo hacia su mochila para coger una camiseta y el peine para desenredarse el cabello.

— ¿Dónde está Nicky?

— Ha salido a comprar la cena. – Max frunció el ceño. Le iba a pedir a su hermano que le ayudara a desenredarse la melena. Ahora tendría que hacerlo solo y era complicado con el cabello tan largo.

— Vaya.

— ¿Ocurre algo?

— Nada. Le iba a decir que me ayudara con el pelo. Me cuesta desenredármelo bien, sobre todo por atrás.

— Yo puedo hacerlo. – se ofreció Kenny, con un hilo de voz.

Max se volvió a mirar a Kenny y sintió su corazón saltarse un par de latidos. ¿Cómo podía ser tan adorable? Cada día le costaba más y más cumplir su promesa de ir despacio. Kenny era demasiado algunas veces.

Demasiado dulce, demasiado adorable, demasiado atento. Si realmente era su pareja, Max podía considerarse más que afortunado.

Así que le ofreció el peine y se sentó en la cama, dándole la espalda para que le ayudara a peinarse.

Kenny empezó a peinarle despacio, cogiendo los mechones para desenredarlos sin darle demasiados tirones al otro. Los dos estuvieron un rato en silencio, mientras Kenny se dedicaba a peinar, mechón a mechón y Max trataba de no estremecerse cada vez que le rozaba la nuca con los dedos.

Kenny disfrutó de la suavidad del cabello del moreno, que era como había imaginado. Para cuando acabó, ambos estaban muertos de ganas de que pasara algo.

— Esto ya está. – consiguió mascullar Kenny, devolviéndole el peine.

— ¿Te importaría trenzármelo? Es muy tarde para secarlo y si lo dejo así, mañana va a amanecer enredadísimo. – pidió y Kenny tragó en seco, asintiendo.

Con las manos temblando, separó la espesa melena en tres partes y comenzó a trenzarla con cuidado y esmero, sintiéndose especial.

Max era un alfa y uno poderoso, Kenny podía decirlo sin ninguna duda. Más que su hermano. Entre los de su raza no era habitual que un alfa diera la espalda a otro. Bajo ningún concepto. Los egos eran demasiado grandes para considerar la opción.

Sin embargo, ahí estaba este precioso alfa, no solo dándole la espalda a propósito, si no pidiendo y aceptando su ayuda.

Eso era un regalo que sabía valorar. Y lo valoraba mucho.

Cuando terminó, a su pesar, se inclinó y dio un beso en la nuca al otro. Max se giró, la trenza cayendo sobre su hombro derecho y le dio una sonrisa llena de afecto.

Kenny no pudo resistirse y le cogió de la trenza para acercarle y robarle un beso largo.

Nicky apareció al segundo de separarse los dos, con lo que les pilló mirándose embobados y a Kenny aun sujetando la trenza de Max.

Sonrió por la dulce escena.


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¡Y son solo 3€!

Lobos: relato y sinopsis

Lobos: relato y sinopsis.

relatos sinopsis

¡Feliz lunes!

Si, lo sé… es lunes.

¡Un día horrendo!

Y para animarlo te voy a dejar aquí un nuevo relato basado en los personajes de mi próxima novela, Lobos. En este te enseño lo ocurrido con uno de sus personajes y la razón de sus futuras acciones.

También te dejo la sinopsis de Lobos.

¡Estoy tan emocionada con la historia! ¡Tengo tantas ganas de que la veas!

Pero primero, el relato.

¡Que lo disfrutes!


Nueva York siempre le resultaba intimidante.

La ciudad era tan enorme, tan repleta de gente, ruidos, olores… era abrumadora.

Y las reuniones del Consejo no ayudaban a mitigar esa sensación. Más bien lo contrario.

Ver tantos Alfas importantes, a su padre ejerciendo su cargo, sus hermanos ocupando el lugar que les pertenecería en un futuro… Si, era muy consciente de la posición que un día ocuparían sus hermanos. Joseph sería el Alfa cuando su padre acabara su mandato y Jonathan su segundo, como lo era hoy en día su madre.

Y él… Colby no sabía cuál sería su lugar cuando llegara el momento, pero sí que sería al lado de sus hermanos.

De eso no tenía duda.

Siempre que visitaban Nueva York, a Colby le gustaba escaparse un par de horas para pasear por Central Park. Era el único lugar que no le agobiaba de toda la ciudad. Así que, mientras su padre tomaba algo con sus amigos, Joe iba a comprar un regalo a Gale y Jon se perdía paseando por calles que nadie conocía, él se dedicaba a recorrer el parque, solo.

Y mientras andaba y disfrutaba de un momento de tranquilidad y soledad, meditaba sobre su lugar en la manada y su relación con Jon.

Su relación, a pesar de que llevaban años juntos, aun resultaba nueva. Ambos estaban todavía adaptándose a la nueva situación. Pasar de hermanos y amigos a pareja no les estaba resultando fácil. Demasiados años de familiaridad y costumbres que debían mutar en algo nuevo.

Pero estaban trabajando en ello.

También estaba Jon y su negación a avanzar. A veces le costaba horrores que su pareja dejara de ser su hermano y se comportara como una pareja debía hacerlo. Colby quería a su hermano y le necesitaba, en ocasiones. Pero amaba más a su pareja y le necesitaba mucho más. Eso era algo que Jon tenía que aprender pronto. Antes de desesperarle.

– Bonito día, ¿verdad? – para fastidio infinito de Colby, un tipo vestido con traje oscuro se había colocado a su lado, apoyándose en la misma barandilla que él.

Era un hombre grande, con cabello rubio y ojos claros. Aparentaba ser mucho mayor que él, tal vez veinte años mayor o más.

Había mucho espacio para disfrutar de las vistas. ¿Por qué se había puesto ahí?

Molesto, el chico se limitó a asentir, desviando la mirada del hombre a su lado. Lo olfateó disimuladamente. Un humano. Ni rastro de magia en su olor. Solo cuero, gasolina y algo más que no terminaba de distinguir.

El tipo, obviando su molestia, siguió.

– Siempre que vengo de visita a la ciudad me gusta pasear por aquí. ¿Sabes? Da mucha paz. – su acento no era americano. ¿Ingles, tal vez? Europeo, con seguridad.

– Aja…

– Veo que a ti te gusta hacer lo mismo, Colby. – el joven lobo se tensó, volviéndose despacio para encarar al hombre. Este le sonrió y su sonrisa le puso los vellos de punta.

– ¿Quién eres? ¿Cómo sabes mi nombre? – la sonrisa del hombre se volvió socarrona.

– Sabemos mucho sobre ti. Y sobre tu familia. Sé que has venido aquí acompañando a tu padre y tus hermanos, para una reunión, ¿verdad? – el lobo gruñó. El tipo se abrió la chaqueta y mostró la culata de una pistola asomando de la cintura del pantalón. – Quieto ahí, chucho. Si me haces algo, te pego un tiro.

– Eso es un farol. No te atreverás a disparar en un sitio tan público.

El hombre rio. Una de esas risas que escuchabas al psicópata de las películas de miedo y te ponían los pelos de punta. Colby miró a su alrededor buscando una manera de salir de ahí. Calculó sus posibilidades y comprobó que no tenia demasiadas.

– ¿Eso crees? La Orden puede hacer lo que quiera.

– ¿La Orden?

– Exactamente, chico. Ahora presta atención. Si no quieres que te pase algo a ti o a tu familia, vas a hacer lo que te digamos.

– Ni de broma.

– Creo que no me has entendido. Esto no era una sugerencia. Es un hecho. – el lobo volvió a gruñir, enseñando los dientes. – ¿No crees que pueda obligarte? Tu hermano Jon está ahora paseando por el Bronx. – soltó de repente, confundiéndole. – Tiene la mala costumbre de meterse en malos barrios, ¿sabes?

El hombre sacó una Tablet de su chaqueta y la encendió. A los pocos minutos le enseñó la pantalla a Colby. En ella se podía ver a Jon andando, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta de cuero, mientras contemplaba escaparates.

Al lobo se le heló la sangre en las venas. Alguien estaba siguiendo a su hermano.

– Tengo entendido que este es tu pareja. – ¿Cómo sabía eso? Solo su familia conocía su relación. – Llámalo. Comprobaras que esto no es grabado. – Colby cogió su teléfono y llamó a su hermano.

En la Tablet, Jon se detenía y sacaba su móvil, sonriendo al contestar.

– ¡Ey, J! ¿Qué estás haciendo? – preguntó con la voz más normal que pudo reunir.

– Paseando por el Bronx. Deberías haber venido. Este sitio es genial. – en la imagen, Colby vio como su hermano se detenía en un puesto callejero y compraba un colgante plateado con la forma de la cabeza de un lobo. – ¿Voy a buscarte y comemos? Te llevo un regalo.

– Cla… claro que sí. ¿En veinte minutos frente al hotel?

– ¡Hecho!

Colby colgó después de despedirse, aun con el corazón en un puño. ¿Quién era ese tipo? ¿Cómo era posible que les estuvieran siguiendo sin que lo hubieran notado hasta ese momento? ¿Cómo sabían tanto de ellos?

Alguien les estaba espiando en su propia casa.

– ¿No es tierno? ¡Hasta te ha comprado un regalo! – se burló el humano. – Los lobos sois adorables a la hora de aparearos.

– ¿Qué quieres? – siseó.

– Por ahora, nada. Pero pronto volveré a aparecer y harás lo que te diga. Me traerás lo que te pida, sea lo que sea, o él muere. Avisa a los tuyos, y morirá igualmente. Puede que no podamos acercarnos a tu padre, siendo el Alfa, pero si a tus dos queridos hermanos, Colby. Recuérdalo.


Lobos.

Chicago. La Orden sigue imparable en su cruzada por acabar con la Comunidad Mágica.

Colby, quien traicionó en el pasado a su manada, está dispuesto a todo para redimirse ante los suyos y para eso tratará de interferir en los planes de la malvada organización.

Con la ayuda de Jon, su pareja, quien no permitirá que nadie los separe de nuevo y de Joseph, su hermano, intentarán salvar su mundo de la crueldad humana.

Sígueles en su aventura para mantener a salvo al mundo mágico.

¿Lo conseguirán?

Lobos es una nueva parte en la saga Comunidad Mágica vs La Orden de la autora Eva Tejedor, ya compuesta por los títulos Jack T.R., Kamelot 2.0, El juego de Schrödinger, El Guardián y Dagas de venganza.

¡No te pierdas la continuación de esta aventura!


¿Qué tal suena?

Bien, ¿verdad?

¡Pues vigila el blog porque habrá cositas más interesantes dentro de poco!

Y recuerda… ¡puedes encontrar mis otras novelas en Amazon y en el blog y no olvides invitarme a un Kofi o ser mi mecenas en Patreon!

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Recopilatorio de posts sobre la nueva novela, Lobos.

Recopilatorio de post sobre la nueva novela, Lobos.

lobos

Primero, ¡Feliz año nuevo! Espero que hayas tenido una buena salida y entrada de año y lo hayas pasado bien.

Segundo, avisarte de que, tras pensarlo detenidamente, mi próxima novela pasará de llamarse Lobos de Davenport a Lobos. No sé, me suena mejor de esta manera.

También avisarte de que ya tiene fecha de salida fijada.

El 28 de febrero.

¿Por qué ese día?

Por nada en particular y por todo. Me daba buenas sensaciones la fecha.

Y dicho todo esto, avisarte también de que los próximos dos meses serán solo de promoción de la novela en el blog. Habrá un sorteo para conseguir la versión digital y enseñaré la portada y todo lo demás. Espero que me de tiempo a todo.

Ahora, el post.

He aquí el recopilatorio de post sobre la novela y sobre el proceso de crearla durante estos meses. Espero que te gusten.

Empezamos con las notas

Creando personajes

Creando mundos

Personajes rebeldes

Fanfiction y la inspiración

Reescribir el borrador

Necesito un malo

Construyendo al malo

Personajes secundarios

Personajes con alma

El pasado nos persigue: Colby

Joe, el corazón del lobo

Y vuelta a cambiar el borrador

¿A la tercera va la vencida?

Por qué he descartado otros borradores

Progreso de la nueva novela

Lobos de Davenport

Esto es todo lo que necesitas para ponerte al día con el progreso de la novela, que está a puntito de salir.

¡Estoy deseando enseñártela!

Recuerda también que tengo otras que puedes leer si no lo has hecho ya y que puedes participar echándome una manita con mi Patreon, donde tienes contenido exclusivo e invitándome a un Ko-Fi.

Dos lobos y un bebé. (Escena en Lobos)

En poco tiempo estaré sacando al mundo mi próxima novela, Lobos. Es una nueva parte de la Saga Comunidad Mágica vs La Orde, que ya sabes, se puede leer también independientemente.

Pero mientras viene o no viene, quiero que veas un poquito de que va y cómo son los personajes. Estoy segura de que te van a caer bien.

Así que aquí te dejo una escena de la novela. ¡Disfrútala!

Dos lobos y un bebé (escena de Lobos)

lobos

– ¿Tienes alguna idea de cómo cuidar a una niña?

Colby miró a su pareja como si fuera un extraterrestre.

¿Qué demonios iba a saber él de niños? Había sido el pequeño de sus hermanos y nunca tuvo tratos con críos.

No, no tenía ni idea de que iban a hacer con la pequeña. Estaba improvisando sobre la marcha.

– Estoy tan perdido como tú. ¿Cómo lo hacía mamá? – Jon se encogió de hombros.

– Ni idea.

La razón de esa conversación era que la pequeña Carol en ese momento lloraba desconsolada sin motivo aparente. Colby pasó lista mentalmente. Le habían dado de comer, cambiado el pañal, bañado y puesto una camiseta prestada de Aidan como camisón.

¿Por qué lloraba?

El joven lobo miró a la pequeña en sus brazos, angustiado, y dio un par de paseos por la habitación, intentando calmarla.

Su pareja le observaba con aire burlón, lo que le molestó y le puso más nervioso. Como si no lo estuviera bastante.

– ¿De qué te ríes? – le siseó. El otro le sonrió, claramente divertido.

– De nada. Solo pensaba que estas adorable con un niño en brazos.

– Pues no te emociones. Viendo lo mal que se me da, es una suerte que no podamos tener cachorros. – eso arrancó una carcajada a su pareja.

– Primero, no se te da tan mal. Demasiado bien lo estás haciendo, la verdad. Segundo, podemos hacer como nuestros padres y adoptar, ¿sabes? Pero ya hablaremos de eso cuando pase la tormenta con La Orden.

– Y la de la niña. Carol, pequeña… ¿Por qué lloras? ¿Qué tienes? ¿Qué quieres?

La pequeña sollozó más fuerte haciendo que el lobo se estremeciera de angustia. Su pareja soltó una risita y alargó los brazos, pidiendo al bebe.

– Dámela un segundo.

– ¿Estás seguro?

– Puedo oler tu estrés desde aquí. Y estoy seguro de que ella también. ¿Por qué no vas a calentar un poco de leche, para ver si así la calmamos un poco?

– Buena idea.

Jon casi rio de nuevo ante el alivio del otro cuando le pasó a la pequeña. Esta no dejó de llorar a pesar del cambio, pero el lobo no se amedrentó. La sujetó con cuidado, apretándola contra su pecho y empezó a pasear por la habitación cantando bajito una canción que su madre adoptiva usaba cuando las pesadillas le quitaban el sueño y la tranquilidad.

De los tres, Jon fue el que peor se adaptó a su nueva casa, una vez fueron adoptados por los alfas. Casi todas las noches tenía pesadillas, no hablaba y se mostraba arisco con cualquiera que no fueran sus hermanos.

Su madre tuvo que ser tremendamente paciente con él para conseguir ayudarle. Tras varias semanas sin dormir, una noche de tormenta Jon no pudo más con sus demonios y salió de su habitación aterrado. En el pasillo se tropezó con su madre, quien iba a comprobar que sus niños estuvieran bien.

Asustado, agotado y lleno de pena, se abrazó a ella buscando consuelo y algo de paz. Fue la primera noche que Mary le cantó aquella canción y la primera en la que pudo dormir más de dos horas seguidas.

Así que, irradiando toda la paz que pudo, empezó a cantar bajito al oído de la niña que fue dejando de llorar poco a poco hasta adormilarse en sus brazos.

– ¿Cómo lo has hecho? – susurró Colby, acercándose con la leche. No tenían biberón así que la traía en un vaso pequeño.

– ¿Qué quieres? ¡Las chicas me adoran! – el otro soltó un bufido, divertido.

– ¿Esa era la canción que te cantaba mamá?

– Siempre funcionó conmigo así que tenía que funcionar con ella también.

Colby se acercó y le dio un beso suave en los labios.

– ¿Sabes? A lo mejor no es tan mala idea que discutamos lo de la adopción cuando todo esto acabe.


¿Te ha gustado? ¿Quieres más?

¡Pronto estará la novela completa!

Mientras, puedes disfrutar de otros relatos en el blog.

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¡Lee el nuevo relato para el Patreon! ¡Descubriendo el destino!

Nanowrimo 2019: ¡Empezamos!

Nanowrimo 2019: ¡Empezamos!

nanowrimo

¡Y si, mañana ya comienza el Nanowrimo 2019!

¿Estas preparado?

¡Haciendo ya la cuenta atrás!

¿Vas a participar? ¿Estas emocionado?

¡Porque yo sí!

Ya tengo los resúmenes y escenas preparados, el Word abierto y mi calendario listo para apuntar el numero de palabras diarias que vaya escribiendo.

Y mi historia cada vez más clara y con más ganas de escribirla.

Estoy muy enamoradita de mis leoncitos.

He tenido que reprimirme para no hacer trampas y empezar antes de tiempo, eso sí. Estoy muy a tope con esta historia.

Mientras, por otra parte David está corrigiéndome a los Lobos de Davenport para que la podamos disfrutar prontito. Probablemente, para primeros del año que viene.

¡Ah y feliz Halloween!

Si has prestado atención estos días a mis redes y al blog, veras que hoy hay oferta chachi.

¡Jack T.R. estará en Amazon Kindle a 0’99€ durante todo el día de hoy y Dagas de venganza a 1’50€!

¿A que estas esperando para conseguirlos?

¡Disfruta de los festivos, de las pelis de miedo esta noche, de salir a pedir caramelos y del nano mañana!

 

Relato: Luna llena en Memphis. Capítulo 8 y final.

Relato: Luna llena en Memphis.

Capítulo 8 y final.

luna

 

Astrid aparcó el coche en un descampado a las afueras de la ciudad, lo suficientemente apartado de todo como para que nadie pudiera ser testigo de lo que iba a ocurrir.

Mucho mejor así, pensó mientras escondía un cuchillo en su bota.

Presumiblemente, le quitarían sus armas al llegar, así que no estaba de más intentar colar alguna a la fiesta.

En el solar había un edificio en ruinas. Era una antigua fábrica, por lo que parecía. Tenia el tejado completamente destrozado, las pocas ventanas que quedaban no tenían cristales y los muros estaban cubiertos de maleza y pintadas. El suelo era un barrizal, a causa de la humedad en el ambiente.

Iba a ensuciarse las botas nuevas.

Entró al edificio con cautela. El lugar estaba completamente vacío, ningún mueble o cualquier cosa que indicara que estuviera siendo usado. Debía ser uno de esos edificios que La Orden utilizaba para esconder mercancía.

No tardó en encontrar lo que buscaba. La arpía mantenía al chico en el centro del lugar, esposado y con una pistola apuntándole a la cabeza.

No había rastro de Bauman.

–  ¿Dónde está Bauman? – preguntó, molesta. No había venido a discutir con una subordinada. Ya estaba harta de jugar al gato y el ratón con esa sanguijuela.

–  Justo detrás de ti, querida.

Astrid maldijo en voz baja, sintiendo el frío acero del cañón de una pistola apuntándole por la espalda. No le había escuchado venir. Eso le pasaba por distraerse.

–  No sé cómo se me ha pasado el pestazo a mierda cuando te has acercado, la verdad. – repuso. Bauman le golpeó con la culata del arma en la espalda, haciéndola caer de rodillas.

–  Muy graciosa. Vamos a terminar con esto de una vez, que ya estoy cansado de tus continuas interferencias, gorgona. Primero… – Bauman tiró de su brazo, haciéndola girar para rociarle la cara con un spray.

El liquido cayó en los ojos de Astrid, provocándole tal dolor que fue incapaz de aguantar los gritos. Cuando intentó abrir los ojos, veía borroso y el dolor le obligaba a volver a cerrarlos. No tenía idea de que era lo que le había echado pero estaba haciéndole mucho daño.

–  ¡Hijo de puta! – gritó. El otro soltó una carcajada.

–  Así me aseguro de que no acabo convertido en piedra. – se burló Bauman, empezando a golpearla sin piedad. – Ahora empieza lo divertido.

Alec observaba impotente como el cazador le daba la paliza de su vida a su compañera. Forcejeó con las esposas, pero la arpía le golpeó haciéndole caer.

–  ¡Quédate quieto y disfruta del espectáculo! Vas a ser el siguiente.

El chico gruñó y alzó la mirada para ver que el cazador estaba dispuesto a acabar con su amiga. Dolph tenia una de sus dagas en la mano, alzándola peligrosamente contra la chica.

–  Por fin voy a librarme de ti, engendro.

–  ¡No!

Cuando el cuchillo estaba a punto de tocar la carne de la chica, alguien pasó a toda velocidad y empujó al cazador, alejándolo de su víctima. Ambar, que era quien había empujado a Dolph, aprovechó que estaba aturdido para atacar a la arpía. Lilith saltó hacia ella para atacarla.

Antes de que la criatura pudiera emitir ningún sonido, la loba le rasgó la garganta con las garras, dejándola, desangrándose en el suelo. Luego se dirigió hacia Bauman, al que cogió del cuello y lo arrastró hacia la gorgona que se había sentado en el suelo.

–  Nosotras vamos a librarnos de ti, por fin. Abre los ojos, Astrid. – ordenó la loba.

Astrid obedeció con gran esfuerzo, ya que le seguían doliendo a causa del líquido. Sin embargo y a pesar del dolor, la gorgona sonrió al ver a su enemigo frente a ella.

O mas bien, intuirlo, porque seguía viendo borroso todo. Borroso y oscuro. Pero no importó. Él estaba ahí, era todo lo que necesitaba. Concentró todo su poder y escuchó con satisfacción como se iba convirtiendo en piedra.

Dejó la cabeza para el final, permitiéndole verla y escucharla por ultima vez. Era una muerte más dulce de lo que tenia pensado para él pero no estaba en posición de ponerse exquisita con el tema.

–  Esto es por mis padres y hermanas, desgraciado. Ya no volverás a hacer daño a nadie más.

Cuando ya estuvo convertido completamente en piedra, Ambar lo redujo a polvo de un puñetazo. No era tan satisfactorio como si lo hubiera matado ella pero al menos su familia estaba vengada y ella ahora podría volver a su vida y sus estudios.

–  Gracias. – la loba se encogió de hombros, ayudándola a levantarse.

–  Matarlo no iba a devolverme a mi familia, igualmente. Nada lo hará. Pero me sentiré más tranquila ahora que sé que no está.

–  Tienes razón. Y sienta tan bien…

–  ¡Ey! ¿Podéis alguna de las dos quitarme estas esposas? – chilló Alec. Ambar rio y se acercó hasta él, rompiendo la cadena de las esposas, liberándolo. – ¡Gracias! ¡Ya era hora!

El chico se acercó rápidamente a su compañera, que seguía sentada en el suelo e intentó ignorar los cascotes de piedra que antes fueran Bauman para agacharse a su lado.

–  ¿Estas bien? – le preguntó, observándola detenidamente. Tenía varios golpes en el rostro que ya empezaban a oscurecerse. No quería imaginar como estaría el resto del cuerpo. – Te ha dado una buena zurra.

–  ¡Ah, eso no ha sido nada! Dolerá un rato y mañana estaré bien. – Astrid hizo un gesto, restando importancia al asunto y se puso en pie con la ayuda del chico.

–  Vamos, iremos al motel y te compraré todos los perritos calientes del barrio para que te recuperes. – Ambar y Alec empezaron a andar, dirigiéndose a la salida pero se detuvieron a los pocos pasos al ver que Astrid no les seguía. – ¿Qué pasa? ¿No quieres volver al motel?

–  Si, eso estará bien… solo hay un problemita…

–  ¿Cuál?

–  Vas a tener que ayudarme a llegar allí porque no puedo ver nada.

El chico sintió un escalofrío recorriéndole de pies a cabeza. No estaba insinuando lo que él creía que estaba insinuando, ¿verdad?

–  ¿Cómo que no puedes ver?

–  No sé que tenia lo que me ha echado Bauman en los ojos pero no puedo ver. He perdido la vista.

 


¡Y se acabó por ahora! A ver si después del verano os puedo traer alguna aventura más de Astrid o no. Quizás la jubile.

¡Feliz verano!

 

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Relato: Luna llena en Memphis. Capítulo 7.

Relato: Luna llena en Memphis.

Capítulo 7.

luna

–  ¡Esto es culpa mía! ¡Si le pasa algo…!

Ambar le dio un apretón reconfortante en el hombro sin dejar de mirar su Tablet. Entendía el miedo y la culpa de la otra mujer pero no podían permitirse perder el tiempo autocompadeciéndose.

No, si querían encontrar con vida a su compañero.

–  No creo que le mate. Lo está usando de escudo para detenerte, está claro. Tenemos que averiguar por qué necesita que estés lejos de él.

–  ¿A parte de para que no le mate?

–  A parte de eso, sí. Con salir de la ciudad tendría suficiente. ¿Por qué usarle a él de parapeto? No es su modo de actuar. Él no pierde el tiempo con esa clase de tonterías.

Lamentablemente, Astrid debía darle la razón. Bauman no era conocido por usar esa clase de trucos. Era más de atacar directamente. Estaba claro que trataba de desviar la atención de otra cosa. Probablemente, del trabajo que estaba haciendo allí.

–  Pues si… ¿Qué estás haciendo?

–  Usar una aplicación para encontrar mi móvil.

–  ¿El chico está en manos de un psicópata peligroso y una arpía y tú te pones a buscar tu móvil? – no sabía si estaba más sorprendida o indignada. La loba le dirigió una mirada de condescendencia.

–  El móvil estaba en el coche. Tú sabes, ese coche que se llevaron con el chico. – Astrid notó como le ardía el rostro de la vergüenza.

–  Sigue buscando. – gruñó.

Ambar sonrió y siguió mirando la pantalla de su Tablet. A los pocos minutos la aplicación le mostraba una ubicación en el mapa donde, aparentemente, estaría el coche y, en su interior, el teléfono móvil que afortunadamente no cogió cuando decidieron entrar en el hotel.

Con suerte, el chico no estaría muy lejos del vehículo, o eso esperaba.

Resultó que el coche estaba aparcado en los alrededores de las instalaciones de un Motel 8 que parecía haber vivido mejores años. Ambas mujeres se acercaron al coche que, como imaginaron, se encontraba vacío. El motor estaba helado, lo que indicaba que llevaba un buen rato ahí parado.

Astrid rebuscó entre las cosas del interior, por si encontraba alguna pista mientras la loba cogía su mochila con su teléfono dentro.

–  Voy a preguntar en la recepción del motel, por si han visto algo. – anunció Ambar. – Aunque no creo que estén por aquí. Lo siento.

–  No… lo encontraré. – afirmó la gorgona. – No va a poder esconderse de mi para siempre.

Cuando Ambar se fue y la dejó sola, Astrid bajó la visera del piloto, encontrando un papel doblado y enganchado a ella. Al levantar la mano del volante, pudo ver la flecha dibujada con rotulador que apuntaba hacia arriba, lo que le dio la pista.

Al abrir el papel y leer su contenido la rabia y preocupación que sentía se intensificó. Sin esperar a que la loba regresara, arrancó el coche y salió a toda velocidad del aparcamiento.

«Si quieres recuperar a tu amigo ven a la dirección que te indico, sola. Voy a terminar lo que empecé el día que acabé con tus monstruosa familia, engendro.»


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Relato: Luna llena en Memphis. Capítulo 6.

Relato: Luna llena en Memphis.

Capítulo 6.

luna

 

–  ¿Una arpía?

–  Tal como oyes, chico. Esa criatura puede romperte los tímpanos con uno solo de sus gritos.

Ambar aún se frotaba los oídos, dolorida.

–  No hace falta que lo jures. – gruñó.

Habían conseguido huir del motel y coger el coche y no pararon hasta que estuvieron seguros de no les estaban siguiendo. Se escondieron en un parque local, lo bastante alejado del centro como para no estar abarrotado pero aun lleno de familias.

Astrid no tardó en acercarse a un puesto de perritos a comprar su tercer desayuno. A veces parecía un hobbit. Ambar la siguió y las dos mujeres dejaron al vendedor muy sorprendido, con varios dólares de más y media docena de perritos y pretzel menos.

–  ¿No me has comprado nada? – bromeó el chico al ver aparecer a su amiga cargada de comida. Esta le dirigió una mirada torcida pero le ofreció uno de sus perritos con mostaza y cebolla. – ¡Gracias! ¿Y como nos deshacemos de la arpía?

–  No te voy a mentir. Lo tenemos complicado.

–  A parte de la voz, es muy fuerte. – añadió Ambar. – Nos va a costar detenerla si va detrás de nosotros, como parece. Y no tienen puntos débiles.

– ¿Puntos débiles?

– Como por ejemplo… a ella… – Astrid señaló a Ambar. – …le afecta la plata. No tanto como cuentan las leyendas, pero si lo suficiente como para provocarle quemaduras y dolor. – el chico asintió, entendiendo.

– Pero las arpías no tienen nada que las debilite.

–  Nop.

–  ¿Y las armas normales? Digo… las balas le harán algo, ¿verdad? – preguntó, acabando su comida.

–  Si y no. Le harán daño, claro. Pero no tanto como quisieras. Vas a necesitar tener muy buena puntería o meterle más de una en el cuerpo para detenerla.

–  Que bien.

Alec las observó comer en silencio. Su vida había dado un giro radical desde que acabara metido en todo ese lio pero no lo cambiaria por nada. Jamás se arrepentiría de haberse enterado de todo lo que se escondía a plena vista (la Comunidad, la magia, La Orden) y, desde luego, seguía queriendo ayudar a Astrid en su venganza. Sobre todo porque no quería dejarla sola. La conocía desde hacía poco pero la veía tan obsesionada que temía que la venganza acabara consumiéndola.

–  Está claro que la ha debido enviar Bauman. Si conseguimos averiguar de donde ha salido la arpía, podríamos encontrar a ese desgraciado.

–  ¡Me gusta como piensas! Un humano es fácil de esconder. ¿Una arpía? No tanto. ¡Vamos!

Resultó ser más fácil de lo que pensaron en un primer momento. No vivían arpías en Memphis y la llegada de una no pasó desapercibida para la Comunidad. La arpía en cuestión se llamaba Lilith Red y era originaria de Las Vegas. La Comunidad perdió contacto con ella tres años atrás en los que se presumía que empezó a trabajar para La Orden.

Ahora esas sospechas se habían confirmado.

La gente a la que preguntaron también les indicó dónde se estaba alojando. Un lujoso hotel en el centro. Nada discreto, pensó Astrid con amargura, pero era lo normal cuando se trataba de Bauman. Ese hombre nunca se escondía, realmente.

–  Alec, tú espera en el coche y vigila que no se escape nadie. – soltó la gorgona, para asombro del chico. – Nosotras vamos a entrar.

–  No estoy nada de acuerdo con ese plan.

–  Lastima que esto no sea una democracia. – se burló Astrid, saliendo del coche y dejando atrás a un enfurruñado Alec.

Las dos mujeres desaparecieron en el interior del hotel. Alec las vio marcharse desde el asiento del conductor, molesto.

Entendía que ellas fueran primero, ya que eran mucho más fuertes pero le dolía que le hubieran dejado atrás. Había sido policía y podía manejar una situación así.

Sin embargo, ahí estaba. Dejado atrás como una colilla.

–  Pues no pienso volver a comprarle un pretzel. – refunfuñó.

–  ¡Oh! ¿No es adorable? – la voz le pilló tan de sorpresa que saltó en el asiento y se golpeó la cabeza contra el techo del coche.

Al girarse se le heló la sangre en las venas. Sentado tras él y con una pistola apuntándole a la cabeza estaba Dolph Bauman.

¿Qué hacía ahí? ¿Cómo había llegado al coche?

–  ¿Qué cojones?

–  Veras, he visto que tu amiguita ha decidido entrar a buscarme, así que he salido porque me gusta no ser de piedra y seguir vivo. Pero para evitar que trate de seguir intentando matarme, voy a llevarte conmigo y usarte como escudo. ¿Qué te parece? – Alec tragó en seco. Estaba muy jodido.

–  Que no me gusta la idea.

–  Una lastima. ¿Lilith? – la arpía apareció de repente y abrió su puerta, empujándole al asiento del copiloto mientras ella se sentaba tras el volante. – Vamos a dar un paseo con el chico, gorrioncito.

–  Si, señor.


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Relato: Luna llena en Memphis. Capítulo 5.

Relato: Luna llena en Memphis.

luna

Capítulo 5.

–  Esto se lo cuento a alguien y no me creería. Jamás.

Alec estaba pasando el momento más irreal (y divertido) de su vida desde que conociera a Astrid y había vivido algunos muy sorprendentes en ese corto periodo de tiempo.

¿Una gorgona y una loba enseñándose los colmillos e intentando matarse en la habitación de su motel con él en medio?

No, ese iba a ganar por goleada durante una larga temporada.

Después de huir de la policía, de alguna manera Ambar acabó siguiéndoles hasta el motel. Astrid, que no estaba para nada contenta con lo que había ocurrido, se lanzó a su cuello y ahí estaban, las dos gruñéndose y él intentando que no se mataran y destrozaran la habitación al mismo tiempo.

–  ¡Os advertí que os alejarais de mi presa! – gruñó la loba.

–  ¡Bauman es mío! – siseó Astrid.

–  ¿Podéis parar un segundo? ¡Deberíamos hablar civilizadamente! – intentó mediar Alec.

La única respuesta que consiguió fue un par de gruñidos y sendas miradas furibundas. Con un resoplido de exasperación, el chico alzó las manos al cielo y las abandonó, dirigiéndose al mini bar.

Necesitaba una cerveza.

Mientras, las dos mujeres parecían a punto de empezar a morderse.

–  Estáis siendo ridículas las dos. Y Bauman por ahí de parranda porque no sabéis compartir. Porque seguro que ya sabe que lo estáis buscando. — gruñó, dando un sorbo a su cerveza.

Eso consiguió que se detuvieran un momento, separándose aunque no dejaron de mirarse con recelo y molestia mal disimulada.

–  Ahora que habéis parado… – siguió Alec. – ¿Alguna idea de cómo poder encontrar de nuevo el rastro de Bauman y su gente? – Ambar se dejó caer en una de las camas, suspirando molesta.

–  La manada de aquí cree que se esconden en el puerto. Pero se han registrado ataques en toda la zona este y norte. Están cogiendo gente al azar y se los llevan para experimentar o ese es el rumor que circula. — Alec se estremeció. Nunca iba a acostumbrarse a oír esas declaraciones.

–  ¿Experimentando?

–  Si, eso es lo que dicen. Los que atrapan, no regresan o aparecen muertos y en terribles condiciones.

–  ¿Qué crees que es ese experimento? — preguntó el expolicía viendo como su compañera arrasaba con los aperitivos del mini bar. Eso iba a salir caro.

–  Nadie lo sabe pero creo que es un virus. He podido ver los informes del forense de los dos únicos cadáveres que han recuperado. Los cuerpos presentaban pinchazos en los brazos y su organismo mostraba signos de haber sufrido alguna enfermedad mortal. Sin embargo, ambos estaban sanos antes de desaparecer, según sus familiares.

–  ¿Cómo sabes tanto del tema? — la expresión de la chica se ensombreció.

–  Estudiaba medicina antes de que Bauman asesinara a mi familia.

Alec y Astrid intercambiaron una mirada y la gorgona refunfuñó algo por lo bajo. El chico observó mejor a la loba. En su forma humana era muy atractiva, con un rostro fino, ojos almendrados y ese largo cabello trenzado. Llamaba mucho la atención.

Ahora que era consciente de esa otra parte de la sociedad que vivía oculta entre los humanos no entendía como nunca antes había notado su presencia.

¡Resultaba tan obvio!

–  Mira, siento que ese cerdo haya matado a tu familia. — la voz de Astrid le trajo de vuelta a la realidad. — También asesinó a los míos. Pero Bauman me pertenece. Es mi misión atraparlo y hacerle confesar los planes de La Orden antes de hacerle picadillo con mis propias manos. ¿Entendido? Así que no puedo dejar que una cachorrita como tú vaya por ahí intentando matarle antes de que hable. Hay mucho en juego.

–  ¡Ni de coña! Es mi presa. – Astrid se giró para dar a Alec una mirada de puro fastidio.

–  Y por esto siempre intento no hacer negocios con lobos…

El chico iba a replicarle pero un grito ensordecedor les hizo encogerse de dolor y taparse los oídos a los tres. Nunca antes había escuchado algo parecido. Era realmente estridente.

Se le empezaba a nublar la vista cuando notó como alguien le cogía bruscamente del brazo y tiraba de él hacia el pasillo del motel. Al alejarse del horrible sonido su visión se aclaró y empezó a recuperar la audición.

–  ¿Qué demonios ha sido eso? — preguntó sacudiendo la cabeza. Sus oídos pitaban y estaba seguro de que tendría dolor de cabeza para siempre.

Las dos mujeres tampoco lucían muy bien. Ambar se frotaba las orejas y parecía estar sufriendo muchísimo. Astrid estaba algo mejor pero no mucho.

–  Eso, chico, ha sido una arpía.

 


 

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Relato: Luna llena en Memphis. Capítulo 4.

Relato: Luna llena en Memphis.

luna

Capítulo 4.

–  No puedo creerme que esté aquí. ¡Y la dejáis escapar!

El grito de Dolph Bauman hizo que los cuatro hombres ante él se estremecieran de puro miedo.

–  Señor, no pudimos hacer nada. La loba nos atacó y… — el hombre se interrumpió cuando su jefe levantó la mano, reclamando silencio.

–  A ver si lo entiendo… – la voz de Bauman sonaba calmada pero sus ojos despedían chispitas de furia. – ¿No solo ha llegado hasta aquí la gorgona, sino que también esa loba sarnosa de San Francisco? ¿Cómo cojones es posible? — terminó chillándo, dando un manotazo y tirando la lamparita que había sobre el escritorio frente al que estaba parado.

Lo de Nueva Orleans había resultado un completo fiasco a causa de la gorgona y su amiguito policía y sus superiores no estaban nada contentos con él.

Absolutamente nada contentos.

Lo culpaban del fracaso y si no conseguía ponerse de buenas con ellos, iba a acabar recibiendo la visita de alguno de sus colegas, estaba seguro de ello.

No tenía ninguna intención de terminar asesinado por uno de sus compañeros de trabajo. ¡No le llegaban ni a la suela del zapato!

Y por esa razón se encontraba en Memphis, para esconderse de su fracaso y tratar de ponerse del lado bueno de sus superiores haciendo un trabajo que habitualmente dejaría a sus subordinados.

Supervisar el traslado de material para las investigaciones de la organización.

Un trabajo muy por debajo de su categoría. Pero, en esos momentos, se encontraba en la perrera, por así decirlo.

Había sido una desagradable sorpresa descubrir que la gorgona y la loba estaban ahí, a dos pasos de encontrarle y fastidiarle el plan para congraciarse con La Orden.

Genial… simplemente genial.

Y esos inútiles que tenía por subordinados las dejaban escapar.

–  Lo sentimos, señor. Solo éramos cuatro.

Dolph bufó, furioso y cogió el libro que había estado leyendo antes de que le interrumpieran con esa visita y lo lanzó contra la pared. Lo hizo con tal fuerza que el libro se rompió, llenando de hojas el suelo.

¡Lastima! Ahora tendría que comprar otro para poder averiguar quien era el asesino de la novela.

Hizo un gesto para despachar a los hombres y estos se marcharon aliviados. Estaban de suerte. No tenía tiempo para castigarles por su metedura de pata.

Antes debía ocuparse de asegurar la mercancía y evitar que esas dos se entrometieran.

Se paseó por la habitación del hotel en el que se hospedaba, mientras cogía su móvil y buscaba entre sus contactos el número que le interesaba.

No podía ocuparse de esas molestias él mismo y tampoco se las podía dejar a los inútiles de sus hombres.

Si querías ocuparte de una plaga sobrenatural o enviabas a un profesional como él o a alguien de su misma clase.

–  Lilith, querida… tengo un trabajo para ti. ¿Cuánto tardarías en llegar a Memphis?

 


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