Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 3.

Capítulo 3.

 

descubriendo el pasado

– ¿Tengo algo en la cara?

Arthur maldijo internamente. Ya era la tercera vez que Gawain le pillaba mirándole descaradamente, pero no podía evitarlo.

Después de dos noches seguidas de sueños con el pelirrojo le era imposible no mirarle. Estaba peligrosamente cerca de obsesionarse con el asunto y lo sabía, pero… ¿Cómo no iba a hacerlo con esos sueños?

Ya estaba seguro de que eran recuerdos, no simples juegos de su mente. Pero eso no hacía más que empeorarlo todo. Ahora quería saber cómo habían llegado a tener esa relación en el pasado. ¿Por qué? ¿Cuándo?

Nunca antes había oído hablar de que el rey Arturo tuviera ningún amante. No era raro, la verdad y tampoco resultaba extraño que tuviera uno de su mismo sexo. Esos viajes largos a solas con su ejército debían dejar a más de uno con ganas de dormir en una cama caliente y acompañado.

Pero del rey Arturo solo había escuchado la historia de Ginebra y se acabó. Y, por lo que había podido comprobar, esa no fue cierta del todo, ya que sabía por Joss que él y Lance habían estado juntos también en el pasado y que Lance nunca estuvo involucrado con ella.

Gawain le seguía mirando interrogante mientras comía su hamburguesa y Arthur suspiró, pensando una excusa.

– No, perdona. Estaba pensando. – el otro arqueó una ceja pero no le replicó.

Estaban a las afueras de Billings, haciendo una parada para comer antes de dirigirse hacia la ciudad a buscar un motel donde dormir y descansar. Había sido un día muy largo de conducir y conducir para evitar que les pudieran localizar. Arthur no creía que les estuvieran siguiendo todavía, pero no podían fiarse.

Así que decidió hacer caso a Gawain, que era lo más inteligente en ese momento.

– ¿Has vuelto a hablar con Lance? – Gawain asintió.

– Si, esta mañana temprano. Ha enviado coordenadas para un motel donde podemos quedarnos sin correr peligro. Pasaremos la noche allí y seguiremos hasta la siguiente ciudad. En esa nos quedaremos algo más. – Arthur parpadeó, sorprendido. Pensaba que tenían prisa por llegar a Filadelfia.

– ¿Por qué?

– Necesito cambiar el coche para estar seguros. Y nos vendrá bien descansar un poco de carretera. Dos días, tres máximo.

La idea de no tener que pasar un par de días en el coche le parecía genial. Empezaba a sentirse enfermo de tanta carretera. El estrés de la fuga y tantas horas en el coche estaban pasándole factura. Necesitaban descansar apropiadamente.

Pero, luego, había un problema con esos planes.

¿Iba a ser capaz de pasar esos dos días en el motel con Gawain sin que el asunto de los sueños le diera problemas?

Esa mañana ya había sido muy vergonzoso. Gawain estuvo burlándose de él durante horas, porque, al parecer, había sido muy vocal durante el sueño. Incluso llegó a despertar al pelirrojo. Arthur deseó desaparecer en ese momento.

¿Y si esa noche volvía a repetirse?

Suspiró y rezó para que esa noche no hubiera sueños.

Una hora después, ambos estaban acomodándose en la habitación de motel. Muy parecida a la del día anterior, con dos camas y un baño. Chiquitita y deprimente. Arthur se tomó el primer turno en la ducha y luego se sentó en su cama para ver la televisión, en un vano intento de distraerse de su problema.

Como la noche anterior, Gawain salió del baño sin camiseta, aunque esa vez llevaba unos pantalones de pijama que le quedaban por la cadera. Arthur no pudo evitar fijar sus ojos en los huesos de la cadera de Gawain, en la fina línea de vello dorado bajando desde su ombligo hasta desaparecer bajo la cintura de dichos pantalones, en el bulto que escondía bajo la tela.

Un carraspeo le hizo desviar la mirada a la cara de Gawain, quien estaba intentando por todos los medios no reírse y Arthur notó como le ardían las mejillas. Le había pillado comiéndoselo con los ojos.

– ¿Ves algo que te guste? – le preguntó el pelirrojo con la voz impregnada de risa.

– ¡No! – se apresuró Arthur en contestar. Gawain le arqueó una ceja. – Pensaba que esos pantalones eran míos. – mintió. El otro se mordió el labio, intentando no reírse.

– ¿Estos? – preguntó, tirando de la cintura. – Si son tuyos, puedo quitármelos. – e hizo el amago de bajárselos. Arthur se apresuró en detenerle, agarrándole de la muñeca.

– ¡No, no! – los dos estaban de pie, cara a cara y con Arthur sujetándole del brazo. La mirada de Gawain pasó de divertida a algo más oscuro y el chico sintió que se le doblaban las rodillas por el calor de esa mirada.

Gawain cogió su mano, liberando su muñeca y atrajo a Arthur hasta hacerle chocar con su pecho. El mas joven cerró los ojos al sentir el aliento del otro prácticamente en su cara. Gawain le rozó la mejilla con las yemas de los dedos, sintiéndose muy tentado de romper su propia regla por esa noche.

Sin embargo, no lo hizo. Tenía un trabajo que hacer y debía proteger al chico, antes que nada.

– Es hora de dormir, Arthur. – le susurró a escasos centímetros de su boca, deseando probarla y negándose ese deseo.

Se separó, finalmente y Arthur se dejó caer sentado en su cama, casi temblando mientras el otro se metía en la suya, dispuesto a dormir. Unos minutos después, Arthur le imitaba, cuando por fin consiguió recuperar el control de su cuerpo.

Cuando volvió a ser consciente de algo, estaba de nuevo en el castillo. Y de nuevo en su habitación, por lo que podía ver. Era el mismo escenario del primer sueño y Arthur temía que fuera una repetición.

Sin embargo, había algo diferente. En esa ocasión había una mesa grande, llena de comida con un par de velas en el centro y dos asientos. Una jarra con vino y dos copas junto a la mesa. La chimenea estaba encendida y daba una luz acogedora a la habitación, con una piel de oso enorme en el suelo junto a ella.

Arthur parpadeó. ¿Eran imaginaciones suyas o parecía estar todo preparado para una cena romántica?

Alguien llamó a la puerta antes de entrar y Arthur vio a Gawain sonreírle, sus ojos iluminándose al ver todas las cosas que había preparadas.

– ¿Majestad?

– Feliz cumpleaños, Alex. – se escuchó decir y la sonrisa que le dedicó el otro era lo más bonito que había visto en mucho tiempo.

Arthur notó que era así como se sentía el viejo Arturo. Pero que él mismo pensaba igual. Comprendía que hubiera montado todo eso solo por ver esa sonrisa.

Gawain se acercó a paso ligero y le cogió del rostro para darle un largo y apasionado beso, sin dejar de sonreír.

Cenaron y charlaron durante horas, hasta que la luna estuvo alta y el fuego de la chimenea amenazaba con apagarse.

Arthur le llevó hasta su cama, cubierta con pieles de varios animales que prefería no ver en ese momento, y se tumbaron juntos, solo besándose.

Cuando Gawain quiso mover las cosas algo más allá, Arthur le detuvo, ganándose una mirada extrañada del otro.

– Esta noche no. – le dijo. – Esta noche solo quiero disfrutar de tu compañía.

– Pensaba que disfrutaba también de lo demás. – Arthur rio.

– Por supuesto. Pero hoy quiero solo estar contigo. Quiero besarte hasta que nos gane el sueño. Mirarte hasta memorizar todo de ti. Acariciarte hasta que mis dedos sepan tu forma de memoria. Hoy no necesito sexo. Solo te necesito a ti.

Los ojos de Gawain se llenaron de lágrimas y le volvió a besar, largo y profundo, casi dejándole sin aliento. Arthur podía notar como su excitación iba creciendo pero la ignoró por completo. No le importaba, ya estaba saciado con sentir al otro a su lado.

Aun así, no pudo evitar que se le escapara algún que otro gemido al notar el muslo de Gawain rozándole la entrepierna.

Despertó, abriendo los ojos y encontrándose de nuevo con la mirada divertida de Gawain, el Gawain del presente. Arthur maldijo por lo bajo, empezando a cansarse de semejante situación. Ya estaba harto de pasar tanta vergüenza gratuita, la verdad.

– ¿Qué se supone que no debía hacer? – le preguntó Gawain, pillándole por sorpresa.

– ¿Qué?

– Has dicho mientras soñabas «¡No, Gawain!». Así que me preguntaba qué era lo que no debía hacer. – Arthur se sonrojó. ¿Había hablado en sueños? ¿Podía la situación volverse todavía más vergonzosa? Al parecer, sí.

– Oh… tú… tú estabas… estabas rompiendo una camiseta mía. – mintió. Gawain soltó una carcajada. Estaba claro que no le había creído ni media palabra.

– ¿Ah, sí? ¿Y siempre que tratas de que no te rompan una camiseta lo pides gimiendo?

¡Oh, dios! Pensó Arthur, tapándose la cara con las manos. ¿Cómo iba a arreglar eso? No tuvo que hacerlo, ya que al parecer Gawain tuvo piedad de él y cambió de tema.

– De todas maneras, ha venido bien que te hayas despertado. Tenemos que irnos ya. Si salimos ahora, llegaremos a la siguiente ciudad al medio día. Aprovecharemos para comer bien, buscar un buen sitio donde descansar y hacer la colada, que la ropa limpia empieza a escasear.

– Está bien. Voy a ducharme. – Gawain volvió a sonreír, pícaro.

– Puede que quieras ocuparte de ese problemita, ya que estas en la ducha. – rio. Arthur gruñó algo y salió corriendo al baño. – O, si quieres, puedo echarte una mano.

El portazo que dio el chico al encerrarse en el baño fue toda la respuesta que recibió y el pelirrojo soltó una carcajada, realmente divertido con la situación.

Al principio le había parecido raro e incómodo, pero ahora le hacía mucha gracia las reacciones de Arthur a su obvia atracción hacia él. Cuando llegaran a casa, iba a hacer un movimiento hacia el chico. Le gustaba bastante y, estaba claro, que Arthur sentía algo por él.

Pero eso sería en la seguridad y tranquilidad de su casa. Ahí, aun siendo perseguidos y con la vida del chico dependiendo de sus habilidades para protegerlo, no iba a hacer nada.

Tenía otras cosas más importantes en las que centrarse. Como llevarlos sanos y salvos a casa.

Llamó a Lance, para dar su informe y así mantenerlo informado de todo lo que hacían, como le habían pedido.

– ¿Cómo lo lleva Arthur? – le preguntó Lance, en un momento de la conversación. Gawain consideró no contar lo que estaba pasando pero sabía que Lance se enteraría más tarde o temprano. Siempre lo hacía.

– Bien, bien. Está haciéndome caso, lo cual es estupendo. Y no ha protestado mucho, pero…

– ¿Pero?

– Está actuando un poco raro.

– ¿Raro como qué? – preguntó Lance, carraspeando.

– Está teniendo sueños… sueños eróticos.

– Oh. – casi podía escuchar la sonrisa en la voz del otro y Gawain sonrió a su vez, divertido.

– Ya, dímelo a mí. Tengo que escucharlo. – Lance soltó una risita.

– ¿Y cómo lo llevas tú?

– Regular. – bufó. – Esta mañana ha gemido mi nombre.

– Vaya, eso sí es una novedad.

– Sinceramente, nunca pensé… ni se me pasó por la cabeza, la verdad. – Lance soltó un sonido despectivo.

– Bueno, tendría que estar ciego para no interesarse. – eso hizo reír al pelirrojo.

– Gracias. No se lo diré a Joss.

– Mejor. Igualmente, ándate con pies de plomo. – le advirtió. – Es el jefe, es mucho más joven que tú y no estáis en la mejor situación para tonterías.

– Lo sé, lo sé. No pienso hacer nada. – aseguró y Lance murmuró su acuerdo. – Solo me ha resultado curioso. Ni siquiera sabía que le gustaban los chicos. – el otro soltó una carcajada.

– ¿En qué mundo vives? ¡Te ha mirado el culo más veces de las que puedo contar! Y por lo que Joss dice, siempre le ha ido las dos bandas.

– Bueno es saberlo. – rio Gawain. – Nos vemos en unos días.

– Procura que no sean más de los necesarios.

Gawain cortó la llamada y se quedó mirando hacia la puerta del baño, en donde seguía Arthur duchándose.

– Y ahora… ¿Qué hago yo con esta información?

 


 

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Entrevista a… Alec Patterson de Dagas de venganza

Entrevista a Alec Patterson:

entrevista a

Di tu nombre completo:

Alexander Paul Patterson

¿Edad?

Veintiséis años.

¿A qué te dedicas?

Soy… era agente de policía en Nueva Orleans. Ahora ando un poco en el limbo laboral.

¿Y qué es lo que realmente te gustaría hacer?

Siempre he querido ser policía. Quería ayudar a la gente. Ahora estoy ayudando gente, pero de otra manera. No es mi ideal lo de estar fuera de la ley, pero sigue siendo lo que quería hacer.

Cuéntame… ¿Qué hobbies tienes?

Soy muy fan de los documentales sobre asesinos. Si, es raro, pero siempre me han parecido fascinantes. Mejor que las chorradas de pelis que ve Astrid.

¿Tienes a alguien especial en tu vida ahora mismo? ¿Familia?

No. Mi padre murió trabajando. Mi madre cayó enferma y murió no mucho después. Soy hijo único y mis abuelos también están muertos. Ahora solo tengo a Astrid y su extraña gente. Y estoy bien con eso.

¿Qué es lo que pasa en tu vida en este momento?

Demasiado, si te soy sincero. Todo esto es demasiado para procesar y aun ando llevándome sorpresa tras sorpresa… desearía un descanso de tanta rareza.

Y para terminar… ¿Qué planes tienes para el futuro?

No tengo ni idea. Pero no podemos permitir que esa gente aniquile a medio planeta porque son diferentes. No puedo permitirlo.

 

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Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 2.

Capítulo 2.

descubriendo el pasado

 

Para sorpresa y alivio de Arthur, Gawain sí que sabía hacia donde iban.

Tras casi una hora andando por el bosque, acabaron llegando a la carretera, muy cerca del límite de la ciudad de la que iban a salir. El guardaespaldas usó su propia tarjeta de crédito para conseguir dinero y le empujó hacia un Walmart. Su traje y el del pelirrojo estaban rotos y manchados de sangre y tierra. Llamaban demasiado la atención.

Allí compraron ropa más normal, vaqueros y camisetas para un par de días. Nada de trajes. Con todo eso preparado, Gawain consiguió un coche de segunda mano en una tienda y condujo hasta la siguiente ciudad sin parar ni para comer.

Arthur quería protestar y mucho.

Tenía hambre, estaba cansado y asustado. Algo normal dadas las circunstancias. Pero sabía que ponerse a protestar como un niño no iba a servirle de nada y que Gawain estaba haciendo lo mejor que podía para protegerle.

Cuando por fin se detuvieron, casi a la noche, a las puertas de un motel mugriento, Arthur no estaba seguro de si debía alegrarse o llorar. El sitio era deprimente.

Gawain le dejó en su habitación y volvió a salir, prometiendo traer comida a su regreso.

Arthur observó la habitación y gimió. Era minúscula, con dos pequeñas camas en las que casi no iban a entrar y un diminuto baño.

Entendía el porqué. Resultaba más sencillo proteger un espacio pequeño y allí no les buscaría nadie, eso era seguro. No iban a imaginar que un multimillonario se estaba escondiendo en semejante cuchitril.

Pero lo único que podía pensar Arthur era que allí no tenía manera de huir de su sueño. No con el protagonista durmiendo en la cama de al lado o paseándose por la habitación ligero de ropa.

¿Cómo iba a sobrevivir a eso?

Una hora después, Gawain aparecía con una bolsa de comida rápida y una expresión nada feliz.

– ¿Has conseguido hablar con Lance? – le preguntó, sabiendo que ese era el motivo de su seria expresión.

Gawain suspiró, sacando paquetes de comida china de la bolsa y ofreciéndole un par de ellos a Arthur. Cuando este los abrió se sorprendió al ver sus favoritos. Arqueó una ceja ante eso. ¿Cuándo había aprendido Gawain lo que le gustaba comer del chino?

El pelirrojo se sentó en la otra cama, frente a él con su propia comida.

– No está nada contento, obviamente. – eso debía ser la subestimación del siglo, conociendo a Lance. – Pero nos ha dicho que sigamos así. Que lo más seguro es ir por carretera, como teníamos planeado y mantener un perfil bajo hasta que podamos llegar a un lugar más seguro.

– ¿Dónde? – preguntó Arthur, dando un bocado a sus tallarines. Estaba muerto de hambre y esos tallarines estaban deliciosos.

– En Filadelfia hay una sede de Kamelot. – el chico la recordaba. Había acompañado a sus padres allí cuando era pequeño. – No es ni la mitad de grande pero es lo más seguro que podremos estar hasta que vengan a recogernos. Mientras, no es recomendable pasar mucho tiempo en el mismo sitio. Hoy dormiremos aquí y nos iremos a primera hora hasta la siguiente parada.

– Uhm.

– ¿Hay algún problema?

¿Algún problema? Pensó Arthur, frustrado.

Si, sí que lo había.

El problema era que había soñado con ese hombre y fue el mejor sueño erótico de su vida. El problema era que eso podía ser un antiguo recuerdo y ahora no sabía como mirar al otro a los ojos.

El problema era que Gawain ya no llevaba el traje negro y la camisa blanca que eran su uniforme como personal de seguridad. Llevaba unos vaqueros rotos estrechos, una camiseta negra que se le ajustaba como un guante y una sudadera que llevaba abierta en ese momento y Arthur no podía dejar de mirarle el pecho.

¿Qué iba a hacer si volvía a soñar con Gawain? En tan diminuto espacio era imposible que el otro no lo notara. Arthur estaba muy seguro de que no había sido nada silencioso esa mañana.

¿Y si volvía a tener un sueño de esa clase y Gawain le escuchaba?

No pensaba que pudiera haber algo más vergonzoso.

– No, ninguno. – mintió y siguió comiendo sus rollitos de primavera.

¿Qué iba a decir?

¡Ah, Gawain, adivina! Estoy teniendo sueños con nuestro pasado y por lo visto, estábamos liados.

Gawain era el único del grupo que no sabía que era un renacido.

Cuando Merlin hizo su pacto con la Dama del Lago, Lydia, para usar Excalibur y resucitarlos a todos en un futuro no contó con si debían o no saber sobre ese pacto o su vida anterior.

La mayoría lo fueron averiguando poco a poco, unos por sueños o visiones y otros, como en el caso de Lance, porque el propio Merlin se lo contó.

Pero Gawain jamás tuvo ningún sueño o visión sobre su antigua vida y se asumió que nunca recordaría nada. Y eso estaba bien para todos.

Tener recuerdos de tu vida pasada a veces hacia la actual más complicada.

Como el caso presente, por ejemplo.

Terminaron de cenar, en silencio, cada uno metido en sus propios pensamientos. Arthur con sus preocupaciones ridículas y Gawain considerando si podía permitirse el lujo de dormir o si debía hacer guardia toda la noche.

Finalmente optó por dormir. Al día siguiente debía conducir unas cuantas horas hasta el siguiente motel, donde Lance les había reservado una habitación y no podría si estaba agotado. Ahí estaban a salvo por esa noche.

Fue al baño a darse una corta ducha y, cuando regresó, se encontró con que Arthur se estaba desvistiendo. Tenía los vaqueros abiertos, mostrando sus bóxer azules y sin camiseta.

El chico no estaba tan fuerte o marcado como él o el resto de los guardias. Y era lógico. Gawain le había llevado al gimnasio con ellos durante sus primeras semanas trabajando juntos para poder establecer un lazo con el chico y que este dejara de desconfiar de él. Necesitaba su confianza si quería poder protegerlo como era debido.

Consiguió esa confianza, su amistad y un compañero de gimnasio diario. Pero, obviamente, no estaba tan fuerte como el resto.

Sin embargo, seguía teniendo un buen cuerpo. Delgado pero muy atractivo.

Y Arthur era muy guapo, además, con ese pelo oscuro y unos ojos verdes de película. Gawain no estaba ciego. Pero era su jefe y con el trabajo no se tonteaba. Esa era su norma.

Eso no prohibía que pudiera disfrutar de la vista.

Carraspeó, llamando la atención del otro quien se sonrojó al ser sorprendido de semejante guisa, haciéndole reír.

Y ahí fue cuando la cosa se puso algo rara, en opinión de Gawain, ya que, como acababa de salir de la ducha, él solo llevaba la toalla en la cintura y poco más. Se había olvidado la ropa allí y pensaba vestirse sentado en su cama. Nada que no hubiera hecho mil veces también en el vestuario delante de todo el mundo, Arthur incluido.

Pero el chico le observaba como si no le hubiera visto nunca, con los ojos clavados en su pecho y Gawain arqueó una ceja, intrigado.

¿Sería posible que Arthur le encontrara atractivo?

No pensaba hacer nada con esa información, porque no se mezclaban el trabajo y el placer, pero…

Decidió hacer una prueba.

Cogió unos pantalones de chándal que había comprado antes y se quitó la toalla, para ponérselos. Casi se carcajeó al ver la reacción de Arthur, que fue la de sonrojarse como un tomate maduro y ser incapaz de apartar la mirada. Una mirada que se volvía más y más ardiente por segundos.

Interesante, pensó mientras se ponía una camiseta, decidiendo dejar de molestar al otro.

– Deberíamos dormir ya. – le dijo, sonriendo sin poder evitarlo al ver que el otro seguía en shock. – Mañana va a ser un día muy largo.

– Si, claro.

Y el peor miedo de Arthur se hizo realidad. O sueño.

Cuando volvió a ser consciente de algo se vio en un lugar muy diferente al que se había ido a dormir. No estaba en la habitación del motel, estaba sentado al pie de un árbol.

Al mirar a su alrededor, vio que estaba en lo más profundo de un bosque. Veía y escuchaba a otros hombres, hablando, riendo. Los caballos relinchaban, no muy lejos. Escuchaba agua correr y chapotear muy cerca de donde estaba.

Se había sentado apartado de los demás. No recordaba que momento era ese, pero si sentía que deseaba estar solo y tranquilo.

Pero, claro, su sombra siempre estaba ahí, aunque él no lo deseara.

Gawain estaba delante de él, vestido con ropas más gruesas y ásperas que las de su anterior sueño. Algo en su cerebro le dijo que era la que solía llevar bajo la armadura, tela fuerte para mantenerlo caliente y protegido bajo el metal.

El pelirrojo le sonrió, una sonrisa cansada pero afectuosa y se arrodilló frente a él, para poder besarle de la misma tierna manera que lo había hecho en el otro sueño.

Arthur no pudo evitar un gemido, tanto había deseado repetir ese beso.

Alargó las manos y cogió del rostro al otro hombre, obligándole a sentarse sobre su regazo en el suelo.

– Cualquiera diría que me ha echado de menos, majestad. – rio Gawain, volviendo a besarle. Arthur le abrazó por la cintura, tratando de acercarlo aún más.

Jadeó al sentir la dureza del otro frotándose contra la suya. Los ojos azules de Gawain se oscurecieron un tono cuando le volvió a mirar.

– ¿Quieres hacerlo delante de todos esos soldados? – le susurró Gawain al oído, moviendo las caderas para buscar más fricción. Arthur volvió a jadear, casi sin aire. – Estoy seguro de que puedo hacerlo sin que ellos se den cuenta. Pero debes estar en silencio. ¿Crees que puedes guardar silencio por mí?

– Si. Si.

– Bien.

Gawain se incorporó lo justo para poder acceder a la ropa de Arthur y abrirle y bajarle los pantalones que llevaba, liberando su ya hinchado miembro. Le acarició un par de veces antes de dedicarse a quitarse sus propios pantalones.

Echó un rápido vistazo por encima del hombro, para comprobar que los demás estuvieran en sus propios asuntos y volvió a sentarse sobre Arthur, frotando su trasero contra su miembro, sacándole un tembloroso gemido que se apresuró a acallar con un beso.

Al separarse, le sonrió y le hizo un gesto para que guardara silencio. Arthur asintió y se mordió el labio mientras veía como Gawain se preparaba a sí mismo, sin dejar de mirarle a los ojos, con las mejillas enrojecidas y la respiración agitada.

Una eternidad después, si le preguntabas a Arthur, Gawain se empaló a si mismo con el miembro de Arthur y comenzó a moverse rítmicamente.

Cuando los jadeos de Arthur empezaron a subir el volumen, le tapó la boca con la mano, casi riendo al ver su expresión de enfado.

Para vengarse, Arthur comenzó a acariciarle haciéndole perder el poco control que le quedaba. No tardaron en acabar. Demasiado para los dos.

Arthur abrazó a Gawain, quien escondió el rostro en su cuello, y cerró los ojos.

Al volver a abrirlos volvía a estar en la habitación del motel y Gawain le observaba con una expresión de diversión que debería ser ilegal en cualquier situación.

– ¿Qué? ¿Hemos soñado algo interesante?

Arthur sabía que no iba a salir vivo de ese viaje. Ya empezaba a arrepentirse de que no le hubieran matado el día anterior.


¿Te ha gustado?

Pues dentro de dos semanas, más.

Y, recuerda, si llegas a casa, después de un largo día y quieres desconectar y no hay nada interesante en la tele y es demasiado tarde para buscar ningun libro en las librerías…relato

¿Qué puedes hacer?

¡Fácil!

Encontrarás montones de relatos y novelas de fantasía urbana con las que evadirte y disfrutar de una buena lectura en este blog o en mi página de Amazon.

¿A qué esperas?

¿Te quedas en casa?

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Estamos viviendo una situación excepcional, todos. Y tenemos que intentar llevarla lo mejor posible.

Es imprescindible que intentemos entre todos poner de nuestra parte y detener los contagios. Y la mejor manera es evitar salir a la calle y relacionarnos con los demás. Sin esas salidas y reuniones y relaciones, los contagios se iran reduciendo hasta detenerse del todo, en un futuro cercano.

Mientras, hay mil cosas que hacer en casa, como escribir, leer, ver series, ver conciertos online en plataformas de streaming… No hay necesidad de salir para divertirse.

Siguiendo el ejemplo de otros muchos, pongo mi última novela, Lobos, gratis en Amazon durante unos días. Aviso tarde, lo siento. Estará todo el día de hoy y mañana.

Lobos en Amazon Gratis

Así que ya sabes, lee, lee mucho, escribe si te gusta, ve series y películas que tengas pendientes, escucha música, habla con tus amigos y familiares lejanos a traves de las redes y no salgas de casa a menos que no te quede otro remedio. Vamos a hacer el esfuerzo.

Y a los que os toque salir a trabajar, porque no os dejan otra o no podais hacerlo de otra manera, suerte y cuidaos muchísimo. Todos no tienen la suerte de poder optar al teletrabajo o tener jefes comprensivos. Van a haber muchos que se aprovechen de la situacion para sacar tajada. Lo sé. Y va a joder bastante. Esperemos que pase pronto y recuperemos la normalidad lo antes posible.

Mientras, a leer.

 

¡Lobos ya está aquí!

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Chicago. La Orden sigue imparable en su cruzada por acabar con la Comunidad Mágica.

Colby, quien traicionó en el pasado a su manada, está dispuesto a todo para redimirse ante los suyos y para eso tratará de interferir en los planes de la malvada organización.

Con la ayuda de Jon, su pareja, quien no permitirá que nadie los separe de nuevo y de Joseph, su hermano, intentarán salvar su mundo de la crueldad humana.

Sígueles en su aventura para mantener a salvo al mundo mágico.

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Lobos es una nueva parte en la saga Comunidad Mágica vs La Orden de la autora Eva Tejedor, ya compuesta por los títulos Jack T.R., Kamelot 2.0, El juego de Schrödinger, El Guardián y Dagas de venganza.

¡No te pierdas la continuación de esta aventura!

 

Lobos: último relato antes de la salida.

¡Casi está aqui!

Si, Lobos casi ha llegado.

Hoy ya es 24, así que solo quedan 4 días para la salida de Lobos a Amazon.

¿Cómo de emocionado andas?

Yo, muchísimo.

Así que antes de que se acabe el tiempo, te voy a dejar un nuevo relato para que lo disfrutes mientras pasa el tiempo.

¡Disfrútalo!


Colby esperó a que Jon se durmiera para escabullirse de la cama. Lo miró con pena, dándole un suave beso antes de volver a vestirse y salir de la habitación.

La casa estaba en silencio y a oscuras. Hacia un buen rato que la fiesta había acabado y todo el mundo se había marchado.

Solo quedaban ellos dos y sus padres. Joseph estaba con Gale.

Mientras retiraba el cuadro tras el que su padre ocultaba la caja fuerte en su despacho e introducía la clave, pensaba en las amenazas de La Orden y en lo mucho que iba a extrañar a su familia.

La Orden había sido clara. Si no traía esos documentos, matarían a Jon y a su madre. Eran los blancos más fáciles, ya que su padre y Joe al ser Alfas tenían mucha más seguridad y, por lo tanto, más complicados de atentar.

Su corazón se rompió un poquito al ver la carpeta marrón. Había considerado muchas veces decirle la verdad a su padre y que este buscara alguna solución a su problema pero… ¿y si mientras buscaban esa solución La Orden mataba a su madre?

¿O, peor aún, a Jon?

Colby no podría vivir si Jon muriera. Lo amaba demasiado para ello. Prefería mil veces que le considerara un traidor a que muriera por su culpa.

No, Jon debía ser protegido a toda costa.

Cogió la carpeta y se la guardó dentro de la cazadora. Hora de irse.

– ¿Col, qué estás haciendo?

Colby se congeló, cerrando los ojos y maldiciendo interiormente. ¿Cómo lo había descubierto Jon?

– ¿Qué haces con esos papeles? – volvió a preguntar el mayor, mirándole extrañado.

– Lo siento…

– ¿A qué te refieres? ¿Qué pasa? – Colby no le dejó hacer más preguntas.

Aprovechando que era más rápido que su hermano y que este todavía no sospechaba nada, saltó sobre él, dándole un puñetazo en el estómago que lo dejó momentáneamente sin aire y pasó a toda velocidad por su lado. Salió de la casa lo más rápido que pudo, aunque aún le dio tiempo de escuchar a su madre dar un grito y llamarle.

Sin mirar atrás cogió su vieja moto, la cual había sacado del garaje antes de dirigirse al despacho a por los documentos, y se dirigió al punto de encuentro. No tardó en llegar ya que estaba a solo cinco kilómetros de su casa, en un campo abierto que su contacto había usado como pista de aterrizaje para su helicóptero.

Colby rodó los ojos. Muy sutil el helicóptero. Sería porque no encontraron algo más grande y ruidoso.

– ¿Tienes los documentos? – le preguntó su contacto sin ni siquiera saludar. Era un humano, como los demás cazadores.

– Si, pero tienes que llevarme con vosotros. Me han descubierto. – exigió.

Lo había pensado mientras observaba a Jon dormir. Ya estaba condenado pero podría hacer algo para purgar un poco sus pecados. Si se introducía en el seno de La Orden tendría más probabilidades de interferir. Tal vez, en un futuro, pudiera volver a casa con algo que les hiciera perdonarle.

– Eso ha sido muy descuidado por tu parte.

– Después de tres años haciéndoos recaditos, no creo que haya sido tan descuidado.

– Además, te han seguido. – le informó el cazador, señalando a su espalda.

Colby maldijo al comprobar, que Jon estaba ahí, mirándole horrorizado. Y justo detrás de él, Joe llegaba también.

Perfecto, ironizó. ¿No venían también sus padres para acabar de destrozarle?

Detrás de sus hermanos aparecieron cuatro cazadores, armados con palos que los golpearon hasta dejarlos en el suelo casi inconscientes. Colby se asustó y se dirigió corriendo hacia ellos para evitar que los cazadores los mataran.

Los disperso a base de gruñidos. Sin querer acercarse demasiado, comprobó aliviado que sus hermanos seguían con vida, si bien estaban muy golpeados.

– Si quieres venir con nosotros, más te vale alejarte de ellos ya. – le ordenó el cazador. Colby le dirigió una mirada envenenada.

– No voy a dejar que los mates. Todo lo que he hecho era para mantenerlos vivos. – su contacto bufó, molesto.

– Está bien. – gruñó, alejándose y haciendo un gesto al resto para que se fueran. Estos obedecieron. – Pero solo porque has demostrado ser un elemento valioso y vamos a usarte más.

Colby dirigió una última mirada a sus hermanos antes de subir al helicóptero y marcharse.

Mientras, unos muy magullados Joe y Jon eran encontrados media hora después por su padre y un par de lobos más.

Fue dos días después cuando Jon por fin se encontró con fuerzas para levantarse. Todavía tenía moratones y heridas en buena parte de su cuerpo, sobre todo la espalda donde había recibido más golpes.

Sin embargo, era su corazón el que estaba más herido. Casi de muerte.

¿Cómo había sido tan estúpido? ¿Cómo no había visto lo que estaba haciendo Colby?

¿Cómo?

Después de lo ocurrido, su padre revisó varias cosas y llegó a la conclusión de que había sido el pequeño el causante de varios robos y chivatazos a La Orden que habían puesto a la manada y el Consejo en peligro en los últimos dos años.

Y durante todo ese tiempo había seguido con él como si nada pasara.

¿Había sido todo fingido?

Recordó la noche del ataque, como había insistido en pasar un rato a solas a pesar de estar en la fiesta, como habían hecho el amor esa noche.

Nunca se le ocurrió pensar que esa sería la última vez que le besaría.

– ¿Cómo te encuentras, tesoro?

Jon observó a su madre. Tenía aspecto cansado y muy triste. Para ella había sido un duro golpe enterarse de la traición de Colby.

– Como si me hubieran dado una paliza. Pero ya estoy mejor. – su madre sonrió con tristeza.

– Me alegro mucho. Estaba muy preocupada por ti.

– Estoy bien. Hace falta mucho más que eso para pararme. – su madre asintió. – Mamá…

– ¿Si?

– ¿Crees que…? ¿Crees…? – no era capaz de formular la pregunta.

Sin embargo, no fue necesario. Su madre, con esa intuición y esa costumbre de leerle la mente, supo enseguida que le preguntaba. Su mano se posó suavemente en el su brazo y se lo apretó con cuidado.

– Colby te quiere de verdad, Jon. No tengo ninguna duda al respecto. No sé porque ha hecho lo que ha hecho, pero no existe duda en mi corazón de que su amor era y es verdadero.

Jon asintió en silencio. Su corazón, aunque dolorido, pensaba lo mismo que su madre. Colby no había fingido su relación. Pero su cabeza no podía estar tranquila hasta que averiguara porque había traicionado a su manada y a él.

Necesitaba saberlo.

– ¿Vas a ir a buscarlo? – siempre había sido transparente para ella. – La manada lo ha declarado traidor. No van a permitirte ir a buscarle.

– No voy a permitir que me detengan.

– Entonces deberás marcharte antes de que puedan notar tu ausencia. ¿Sabes por dónde empezar a buscar?

– No… no tengo idea, la verdad.

Ahí se sentía perdido. No tenía la más mínima pista de hacia donde se había dirigido el pequeño ni donde se escondía La Orden. Podía estar en cualquier parte del mundo, de hecho.

– Existe un lugar en Alaska. Destruction Bay. Es un pueblo perdido en mitad del Yukón y un refugio para gente de nuestra comunidad, sobre todo para los proscritos. – le informó su madre. – Allí puede que encuentres ayuda para buscar a La Orden. Todos los de ahí han tenido sus más y sus menos en algún momento con la organización.

– Gracias, mamá.

– No me las des. Recuerda que solo por irte a buscarlo, romperás las normas y te convertirás en proscrito tú también. Ten cuidado de que no te encuentren.

Esa noche, Jon se escabulló de todos y cogió lo imprescindible, dirigiéndose al aeropuerto. Había comprado un billete para White Horse, Alaska. Era el aeropuerto más cercano a su verdadero destino.

Al pasar el arco de seguridad, se llevó una sorpresa al ver a su hermano Joe esperándote con una diminuta sonrisa en el rostro.

Mil preguntas rondaban en su cabeza al verlo, pero, sobre todo, una inmensa felicidad al descubrir que no iba a estar solo en esa búsqueda.


 

¡Recuerda!

Lobos sale a la venta el 28 de febrero en Amazon.

¡No te la pierdas!

 

Lobos: Portada y audio relato.

Lobos: Portada y audio relato.

¿Estás listo?

Lobos ya casi está aquí. En menos de dos semanas la podrás tener en tus manos. Yo la tendré mañana, con suerte. Una versión de prueba, para ver como ha quedado.

¡Tengo muchas ganas!

Haré un video para enseñarla cuando la vea y compruebe que no tiene demasiados fallos.

Pero… lo que si puedo enseñarte ya es la portada.

lobos

Preciosas, ¿verdad?

Obra de mi querido David Orell, que como siempre ha hecho un trabajo maravilloso plasmando el espíritu de mi novela en la portada.

Si necesitáis una bonita portada, ya sabéis a quien acudir.

Y como estoy muy contenta por ella, os dejo aquí un audio relato. Este ya lo puedes leer en el blog, si quieres. Es una escena de mi novela, Lobos.

¡Disfrútalo!

Recuerda, Lobos saldrá a la venta en Amazon el día 28 de Febrero.

¡No te la pierdas!

 

Lobos: un nuevo relato

Lobos: un nuevo relato.

relato lobos

Pues como no tengo mucho que poner aún de la nueva novela (espero que pronto si tenga algo) pues te voy a dejar otro relatito con los protagonistas de la novela. Un cuqui-porno más cuqui que otra cosa, porque porno poco. Pero está bonito.

¡Disfrútalo!


– ¡Jooooooooooon!

Jonathan escuchó a su pareja llamarle antes de abrir la puerta del apartamento y gimió interiormente. Colby solo hacía eso cuando estaba borracho. Muy borracho.

Efectivamente, al abrirse la puerta del apartamento, Jon vio a un muy intoxicado Colby siendo sujetado y arrastrado por su otro hermano, Joseph. El rubio alzó una ceja al verlos y el mayor le sonrió, intentando no caer con su carga.

– Lo siento. Cuando me di cuenta, ya era tarde. – se excusó el mayor.

– En serio… una sola vez que no os acompaño a la reunión y se te emborracha.

La razón por la que Jon no los había acompañado a la reunión de la manada era porque se torció el tobillo la tarde anterior. Lo tenía hinchado y le dolía, así que decidió saltarse la reunión, dejando que Colby fuera con Joseph.

El problema era que en esas reuniones los alfas mayores tenían una preocupante tendencia por beber y hacer beber a todo el mundo. No era ni la primera ni la última vez que alguno de los tres acababa en semejante estado, pero Colby era el más propenso ya que no soportaba bien el alcohol.

Con un suspiro resignado, Jon se preparó para un Colby borracho. Y un Colby borracho era un lobo excesivamente empalagoso, cariñoso y emotivo.

Iba a ser una noche muy larga.

– Siéntalo aquí. – le pidió a su hermano, palmeando el sitio libre en el sofá a su lado. – No hay manera de que pueda llevarlo a la cama luego y ahora seria contraproducente. Seguro que acabará vomitando.

– Lo siento. ¿Quieres que me quede? Por si necesitas ayuda.

– Nah, ya lo manejaré. ¿Podrías traer la manta roja que hay sobre la cama? Creo que vamos a dormir aquí esta noche.

Joseph asintió y no tardó en llevarle la manta que le había pedido. Jon la colocó a su lado, mientras Colby ya empezaba a acurrucarse y a hacerle carantoñas.

– Si necesitas algo, llámame. ¿Vale?

– Estaremos bien. El tobillo ya me duele menos.

– Igualmente, no intentes moverlo esta noche.

– Dependerá de si aquí Casanova aguanta y no vomita. – rio.

Cuando el mayor se hubo marchado, Jon se giró en el sofá, hacia su pareja, quien prácticamente intentaba escalar a su regazo, hociqueando en su cuello y rodeándole la cintura con sus brazos de manera torpe.

Colby rozaba su mejilla contra la de Jon, besándole en el cuello y apretándose contra su cuerpo. El rubio bufó una risotada, rodeando la cintura del otro con su brazo para detenerle de seguir aplastándole.

– ¡Joooooooooooon! – gimió Colby, tan fuerte y tan cerca de su oído que el aludido hizo una mueca de dolor.

– Col, cariño, estoy aquí. No hace falta que grites. ¿Por qué has bebido si sabes que te sienta fatal? – el otro frunció el ceño, poniéndose bizco y haciéndole reír.

– Porque así no los escuchaba hablar. Y así no me hablaban.

Jon hizo una mueca, triste por su pareja. A pesar de que la mayoría de la manada había pasado página y perdonado lo hecho por Colby, pero aun quedaban miembros que seguían recelando de él.

Era algo comprensible y Colby lo entendía. Habitualmente, no solían decir o hacer nada si Jon estaba allí, pero, claro… esa noche no pudo ir y su pareja se sintió vulnerable y expuesto ante esos lobos.

Con un suspiro, le acarició la mejilla y alzó su rostro para darle un suave beso.

– No era la solución más inteligente.

– Pro… probl… puede. – tartamudeó, haciéndole sonreír al notar como se trababa al hablar.

– Y no puedes seguir escuchando a esa gente. Acabaran por aceptar que estás de vuelta, pero no debes hacerles caso cuando hablen tontería. No saben una mierda. No tienen idea de lo que has pasado y hecho para ayudar.

– Pero si saben lo que hice. – musitó el pequeño, en voz baja.

– Conocen una parte. Y la otra, la que no saben, compensa la primera con creces.

Colby se acurrucó con él en el sofá, escondiendo el rostro en el cuello de Jon y suspirando feliz cuando su pareja les tapó con la manta, abrazándole para evitar que cayera al suelo.

Pasaron unos minutos en silencio. Jon pensaba que su pareja se había dormido cuando este le sorprendió, volviendo a hablar.

– ¿Jon?

– Dime.

– ¿Me sigues queriendo? – Jon soltó una risita, acariciándole el cabello.

– A ver… vivimos juntos, estamos emparejados, estoy aguantando tus noventa borrachos kilos aplastándome en el sofá a pesar de tener un tobillo echo polvo… yo creo que algo te quiero. – rio.

– Pero ¿me sigues queriendo como antes?

Jon volvió a cogerle del rostro para besarle y luego le obligó a mirarle mientras le contestaba.

– No. – Colby le dirigió una mirada sorprendida y dolida. – No puedo quererte como antes. Somos varios años más viejos, hemos cometido un montón de errores y hecho algunas cosas bien. No te quiero como antes, te quiero más.

Eso pareció calmar a su pareja, quien le dedicó una enorme sonrisa y se volvió a acomodar en su pecho y no tardó en quedarse dormido, el alcohol acabando con él por fin.

Jon suspiró, apuntando mentalmente que debía llamar a su hermano por la mañana para preguntar si había ocurrido algo en específico en la reunión y para comunicar a su padre de que Colby no iba a ir a más reuniones sin él.

No pensaba permitir que nadie más hiciera dudar a su pareja de lo mucho que le quería.


¿Qué te ha parecido?

Espero que te haya gustado. Recuerda que Lobos sale a la venta en Amazon el día 28 de este mes.

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¡Ah! ¡Y no olvides echar una manita en mi Ko-fi! ¡Pincha en el botón!

Mi aventura de escribir: Podcast. Los dragones y Jerrad.

Mi aventura de escribir: Podcast. Dragones y Jerrad.

podcast

 

Escucha “Mi aventura de escribir. Los dragones y Jerrad” en Spreaker.
¡Hola! ¿Qué tal, queridos aventureros? Bienvenidos una semana más al podcast de Mi aventura de escribir, el podcast de mis novelas y mis bichos.

Y de uno de esos bichos vamos a hablar hoy.

Hoy tocan los dragones.

Los dragones, aquellos que son las criaturas más famosas de la mitología y la fantasía. Las más icónicas. De las que se han escrito leyendas, canciones, poemas, protagonistas de cuentos y el perpetuo malo de manual para cualquier aventura épica que se precie.

Los dragones pueden variar en su forma dependiendo del país de donde provengan. Así tenemos el clásico dragón, enorme y de varios colores, que echa fuego y es un adicto al oro o a las damas en apuros, si buscamos en Europa. O el dragón pequeño, tipo serpiente, protector de familias legendarias, venerados, si es que buscas en China.

Hay más clases pero para eso existen libros completos sobre el tema que te recomiendo leer y disfrutar.

Yo me he quedado con el tipo europeo. Grande, vistoso, lanzador de fuego y buscador de pleitos más que de oro.

Yo tengo a Jerrad.

Jerrad es un dragón azul, del tamaño de un elefante y que adora pelear y leer. Tiene bastante mal genio.

Tiene más de mil años y ha participado en cada guerra humana que ha podido. ¿Por qué? Pues porque le gusta, esa es la verdad. Es un soldado nato. Solo quiere una guerra más en la que luchar para tener un motivo por el que existir.

Lamentablemente, como a todas las criaturas mágicas, sufrió la persecución humana hasta el punto de su extinción. Actualmente apenas hay una decena de dragones por el mundo, dispersos y viviendo en solitario.

Algunos han decidido desaparecer en silencio, otros, unirse a los humanos. Jerrad decidió participar en sus guerras sin involucrarse personalmente.

Así que el dragón participó en las guerras santas, en las cruzadas, en la primera Guerra Mundial y en la Segunda también, en la guerra del Golfo, en la de Irak…

Y hasta ahí llegó porque le descubrieron.

En realidad se descubrió solo. Jerrad era el jefe de su batallón, quien dirigía una pequeña y secreta misión para liberar rehenes atrapados en un colegio por las fuerzas enemigas. Acompañado por su grupo de hombres, unos seis soldados, Jerrad descubrió tardíamente que habían sido emboscados.

Los enemigos lanzaron un ataque con misiles y Jerrad tuvo que tomar una difícil decisión. Dejó su forma humana y destruyó los misiles con una llamarada. Luego cubrió a sus hombres con sus alas y su cuerpo y les protegió de las balas y cascotes de la explosión.

Sus hombres reaccionaron con la sorpresa esperada tras semejante descubrimiento pero uno de ellos, el cual era su mejor amigo, reaccionó bastante mal. Empezó a gritarle que era un monstruo y que debían contar al ejército lo que era. Intentaron calmarlo pero no quiso escuchar y salió del escondite cuando aun no estaba despejado el campo.

Un francotirador le abatió a los pocos segundos.

El resto de sus hombres decidieron que no iban a traicionar al hombre (o dragón) que les había salvado en tantas ocasiones y al que respetaban y apreciaban. Así que le ayudaron a salir del país y a escapar del ejército, acompañándole hasta Destruction Bay, el refugio de la Comunidad.

Un día te hablaré de Destruction Bay, un pueblecito real de la zona del Yukón que he convertido en el refugio de la Comunidad. Y un sitio en el que ocurren muchas cosas para tener menos de veinte habitantes.

Jerrad ha pasado allí varios años, viendo pasar por el pueblo a los lobos, Jon y Joseph, o al león, Kenny, o al berserker, Paul y Alger.

Su cariño por los lobos le hizo salir de nuevo al mundo. Sus hombres abandonaron también el pueblo para regresar a sus vidas, ya que la orden de su captura había sido anulada.

Cuando ya no quedó ninguno, Jerrad dejó también el pueblo, buscando a los lobos para ayudarles en su búsqueda del hermano que les faltaba y que trabajaba con La Orden.

Y por eso nos lo encontramos en Dagas de Venganza, donde iba siguiendo la pista de Colby y lo vemos también en el relato 3 Hermanos y lo veremos más en Lobos. Y, para final de año o así, lo veremos en la historia con los leones.

Espero hacerle una historia a Jerrad, como merece. Tal vez fuera de la saga, tal vez no. Aun no lo sé, pero tendrá su momento completo para él solito.

Mientras, disfrútalo en las que ya está, como El Guardian o Dagas de venganza.

En el próximo programa te hablaré del cuqui-porno, esa chorrada que me he inventado para echar unas risas y que va a ser algo permanente en mi repertorio. Espero que te guste.

Recuerda visitar mi blog, miaventuradeescribir.com, comprar mis novelas en Amazon, buscando por mi nombre, Eva Tejedor

Y acuérdate que el oficio de escritor es maravilloso, divertido y me da la vida. Pero los escritores siempre necesitamos un empujoncito.

Para esas cosas existe Kofi, donde puedes echar un cable a escritores, creativos, dibujantes y músicos por menos de lo que te costaría un café de verdad en cualquier cafetería de tu barrio.

¿Quieres echarme una mano? Te regalaré un recopilatorio de relatos inéditos por ello.

¡No te los pierdas! Ayúdame en

¡Hasta dentro de dos semanas, aventureros!

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Lobos: Recopilatorio, Booktrailer y Relato

Recopilatorio de post sobre lobos en la fantasía.

lobos

Sip, otro recopilatorio. Creo necesario ponerte en situación antes de empezar con lo gordo. Así te vas poniendo al día con todo para cuando esté la novela a la venta, aunque no es lo único que vas a encontrar en este post.

Pero antes de meternos en faena, anunciar que ha salido el episodio del podcast de Tres en un burro, La vida es burra, en el que participo con un relato cuqui-porno.

Salgo por la 1:34:38 horas pero escuchadlo todo porque hay un montón de cosas geniales antes y después.

Tres en un burro, La vida es burra: 3. Alguien voló sobre el establo del pollino.

Durante la vida de este blog he escrito algunos post sobre fantasía y, en varios de ellos, estaban los lobos.

¡Echa un ojo!

Los lobos en la fantasía moderna

https://miaventuradeescribir.wordpress.com/los-lobos-en-la-fantasia-moderna/

¡Aaaauuuu, que viene el lobo!

https://miaventuradeescribir.wordpress.com/aaaauuuu-que-viene-el-lobo/

Mis cinco criaturas sobrenaturales preferidas.

https://miaventuradeescribir.wordpress.com/mis-5-seres-sobrenaturales-preferidos/

Tengo que hacer más, ahora que lo miro…

También tengo otra cosita que enseñarte.

¡El booktrailer de Lobos ya está aqui! Espero que te guste.

 


Y para que no pienses que te dejo con tan poca cosa, aqui tienes un relato más sobre los personajes de la novela que viene, Lobos. Un poquitin más de su pasado para que les conozcas algo mejor.

¡Disfrútalo!


Nunca había visto a sus hermanos tan felices.

Joe estaba radiante, todo sonrisas orgullosas y ojos brillantes mientras paseaba por el salón de sus padres con su prometida del brazo.

Era la fiesta de su compromiso, en casa de sus padres, a solo dos semanas de la boda. Gale y él se mostraban tan exultantes que resultaba contagioso.

Colby observó la sonrisa de pura felicidad de su madre mientras charlaba con Jon. No tenia idea de que estaban hablando pero el otro reía por lo bajo y le dijo algo al oído que hizo dar un respingo a su madre antes de abrazarle.

¿Qué le habría dicho?

Debía preguntarle después. En ese momento, Colby no se sentía tan feliz como su familia, a pesar de desearlo.

Miró preocupado su móvil. Acababa de recibir la llamada que más temía.

Habían pasado varios años desde que aquel tipo le abordara en Central Park y se había visto obligado a hacer varios «trabajillos» para La Orden.

Por el momento no habían sido gran cosa. Unos pocos documentos y localizaciones que se las había ingeniado para dar lo más confusas posibles y así evitar que la organización pudiera hacer demasiado daño a los suyos.

Pero la suerte se le estaba acabando.

Cuando recibió la llamada esa tarde, ya sabe que no va a ser como las otras veces.

Justo cuando guardaba su teléfono, alguien le abrazó por detrás y sintió el cálido aliento de Jon en su mejilla. Colby se relajó, sintiéndose culpable por lo que iba a pasar más tarde.

–  ¿Por qué estás tan serio? – forzó una sonrisa y se giró en el abrazo, para estar cara a cara con su pareja. – ¿Te preocupa algo?

–  No… solo pensaba en lo diferente que será todo cuando Joe se case. ¿Crees que nos darán sobrinos pronto? – el otro rio.

–  Casi seguro que sí. ¿Tienes muchas ganas de ser tío? – bromeó. Colby sonrió.

–  La verdad es que sí.

–  No pensarás lo mismo cuando te obliguen a hacer de niñera.

–  ¿Perdona? ¿Me? ¡De eso nada! ¡Nos! Tu harás de niñera igual que yo.

–  Ni de coña.

Colby le besó suavemente en los labios. En ese momento solo quería tener un rato a solas con su pareja y disfrutar de él lo poco que le quedaba.

Porque le quedaba muy poco tiempo con él. Lo sabía.

La Orden le había comunicado su siguiente trabajo. Robar unos documentos que resumían la última reunión con el Consejo. En esos papeles estaban escritos nombres y direcciones de varios lobos en puestos de poder de cuatro ciudades distintas. Colby recordaba esos documentos. Recordaba con claridad la carpeta marrón en la que estaban y el lugar donde se guardaban.

La caja fuerte del despacho de su padre.

No había manera de robar esos papeles sin que le atraparan o le descubrieran. Y si lo atrapaban, podía darse por muerto.

Si lo descubrían y conseguía huir, podía despedirse para siempre de Jon y su familia.

Estaba jodido hiciera lo que hiciera y lo sabía.

Así que antes de lanzarse de cabeza al precipicio y perder todo lo que quería, iba a disfrutar un poco de su pareja y del cariño que no le daría cuando descubriera la verdad.

–  Oye… ¿y si dejamos a todos aquí, celebrando y nos vamos a celebrar los dos solos? – le preguntó, arqueando las cejas. Jon pareció considerar la idea.

Como si fuera a decir que no.

– No sé si puedo esperar a estar en casa.

– No hace falta esperar. Podemos ir a nuestra antigua habitación… aquí, en casa de papa. – sugirió. El otro soltó una carcajada, sorprendido.

– ¡Uhm, me gusta la idea! Vamos, antes de que noten nuestra ausencia.

Jon le besó profundamente antes de cogerle de la mano y llevarle al piso de arriba.

Dios… iba a echar eso de menos muchísimo.

Los dos subieron las escaleras apresuradamente, cogidos de la mano y riendo entre dientes como colegiales.

Jon le arrastró hasta su antigua habitación, la cual seguía igual que cuando dejara su casa, años atrás. Su madre siempre mantenía sus habitaciones tal como las dejaron, congeladas en el tiempo. Al lobo le encantaba regresar y ver que sus cosas, sus revistas, incluso las que tenía escondidas, seguían en el mismo lugar, esperándole.

Abrazó a Colby, besándole profundamente para acallar sus risas, haciéndole trastabillar hasta su cama, en la que se dejaron caer pesadamente. Los dos rompieron el beso, mirándose sin aliento y con hambre.

Jon acarició el rostro del otro, que se apoyó en su tacto, cerrando los ojos y besándole la palma de la mano.

– Te quiero. – le susurró, sorprendiéndole.

Colby arrugó el rostro, sus ojos llenándose de lagrimas al oírle. Jon no era de los que decía esas palabras a la ligera. Tampoco se las solía decir tanto como quisiera. Por eso, le había emocionado oírlas.

No era la noche perfecta para eso. O tal vez sí.

– Yo también te quiero. – Jon le secó una lagrima solitaria que se había escapado, mirándole preocupado. – No, no pongas esa cara. Es que me he emocionado.

– Siempre has sido un blando. – bromeó el otro, besándole de nuevo.

Las manos de Jon bajaron, colándose bajo la chaqueta, sacándole la camisa para poder tocar piel, sacándole un gemido al otro. Pronto estaban arrancándose la ropa y lanzándola descuidadamente.

No se detuvieron hasta estar completamente desnudos, con Colby sentado sobre el regazo de su pareja. Jon puso las manos sobre sus muslos, apretándole y acariciándole.

Colby se inclinó para besarle antes de abrir el cajón de la mesita junto a la cama. Soltó una risita al encontrar el botecito de lubricante en el mismo sitio de siempre. Se manchó los dedos y comenzó a prepararse, ganándose un gruñido del otro, que apretó su agarre. Colby soltó un gemido, deteniéndose para acariciar un par de veces a su pareja.

– ¡Vamos, Col! ¡No juegues conmigo! – suplicó Jon, alzando la mano para coger el lazo que Colby llevaba en el cabello y soltarle la cola con la que se lo recogía. Enterró la mano en su cabello, acariciando su nuca para atraerle y robarle un beso.

El pequeño rio, y se empaló despacio en el miembro del otro, moviéndose en un ritmo lento que era una tortura para Jon. Cuando este intentó acelerar las cosas, cogiéndole de la cintura, Colby se lo impidió, sujetándole las manos y besándoselas para que no se moviera.

El otro se lo permitió hasta que llegó a un punto en que no podía más. Fue entonces cuando cogió a su pareja y lo puso con la espalda en el colchón, acabando él arriba en una postura más dominante. Así empezó a embestir a un ritmo más rápido, sacándole jadeos a su pareja que pronto llenaron la habitación.

Jon coló una mano para acariciar a Colby, haciendo que este acabara gruñendo su nombre. Él le siguió segundos después, cayendo desplomado sobre su pareja, dándole un beso agotado.

Unos minutos más tarde y tras limpiarse a escondidas en el baño del pasillo, decidieron regresar a la habitación y dormir. Igualmente se iban a quedar a pasar la noche en casa de sus padres y estos ya habrían notado que estaban desaparecidos. No les iba a costar mucho adivinar donde estaban.

Jon se durmió casi enseguida, abrazando a Colby como si fuera lo más importante de su mundo. Colby permaneció despierto, viendo pasar las horas y escuchando a la gente abandonar la fiesta y la casa.

En un rato tendría que dejar esa cama y a su pareja para siempre. Y no tenía ningún deseo de hacerlo.


En fin, recuerda que Lobos llegará por fin el día 28 de febrero y que tengo otras novelas que puedes ir leyendo, si aun no lo has hecho. Las puedes encontrar en Amazon.

También puedes participar, echando una manita e invitandome a un Kofi, donde conseguirás un pdf con relatos Cuqui-porno exclusivos.

¡No te los pierdas!