¿Se debe juzgar las obras del pasado con ojos actuales?

¿Se deben juzgar las obras del pasado con ojos actuales?

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Es una pregunta con trampa, ¿verdad?

En los últimos años hemos visto ejemplos sobre juzgar algo del pasado con ojos del presente.

Lo vimos con libros como Las aventuras de Huckelberry Finn o Tom Sawyer o, más actualmente, con películas como Lo que el viento se llevó.

¿Deben ser juzgadas (y condenadas) por un jurado actual? ¿Es justo?

Siempre he sido de la opinión que toda obra, todo libro, toda película o serie existe por algo y no es justo juzgarlas fuera de contexto.

La historia es igual.

¿Podemos ver hoy en día cosas como la Guerra Civil, cualquiera de las Guerras Mundiales, la esclavitud, la colonización o cualquiera de esos hechos históricos sin llevarnos las manos a la cabeza?

Si. De hecho debes mirarlas, estudiarlas y aprenderlas para que no se repitan jamás.

Cierta gente cree que la mejor utilidad que se le puede dar a la historia es meter en un libro lo que quede bonito y esconder bajo la alfombra lo que no queda tan bonito.

Y no. La historia existe para aprender de ella. Y no se puede aprender borrando cosas. Se aprende de los errores, eso lo sabemos todos.

¿Te parece mal el tema de la esclavitud en la película de Lo que el viento se llevó? Eso es genial. Esa es la idea. Observa cómo era la sociedad siglos antes, observa y aprende de sus errores y evita que comportamientos como menospreciar y despreciar y discriminar a alguien por su raza o su género regresen.

Porque siempre pueden regresar.

Es lo malo que tenemos los seres humanos, que nos cuesta aprender.

Por eso no se deben quitar de las carteleras películas porque queremos juzgar con ojos modernos un contenido antiguo.

¿Juzgarías Casablanca? ¿Ben Hur? ¿Apocalipsis Now? ¿El Padrino?

Son grandes películas pero todas tienen alguna cosa que, en la sociedad actual, está mal visto.

No es justo juzgar obras como las de Mark Twain por contener palabras que hoy en día no están bien vistas pero que en su época, era lo más normal.

¿Vas a censurar también el Cantar del mío Cid o El Quijote por su castellano antiguo y con palabras que ya no se usan porque a lo mejor alguna significa ahora una cosa distinta o antes se usaba y ahora está feo?

¿Y qué me dices de Mujercitas?

Toda la obra es un canto a mujeres que desean algo que no se les concederá nunca y que acaban sometiéndose al yugo del matrimonio porque es lo que se espera de ellas y donde se les dice que encontraran la verdadera felicidad.

¿La censuramos ahora también por machista o pedimos que la reescriban, como querían hacer con Caperucita unos años atrás?

Es muy complicado, ¿verdad?

No podemos ir por la vida censurando, borrando y reescribiendo lo que no nos conviene o no encaja en nuestra visión. Y mucho menos la historia.

Pero las películas, las series y los libros son una parte física de esa historia que no debemos tocar. Si algo no te gusta, haz como yo con el principio de John Wick (la parte en que matan al perro) …

NO LO VEAS.

Y serás más feliz.

Mientras, deja que el resto sigamos disfrutando de esa historia sin adulterar, que a mi me gustaba mucho la ironía de Mami y los palos que se llevaba Escarlata, coñe.

 

Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 5.

Capítulo 5.

 

descubriendo el pasado

La mañana siguiente no fue tan incomoda como podía pensarse que debía ser.

Gawain hizo como que no había pasado absolutamente nada, Arthur también y ahí se acabó el problema.

Amanecieron hechos un lio en la cama, enredados el uno en el otro, con Arthur dormido con la cabeza apoyada en el pecho del otro y todavía desnudo porque no se puso ninguna ropa limpia después de lo ocurrido.

El chico salió corriendo al baño a vestirse, avergonzado pero tras el desayuno todo volvió más o menos a la normalidad.

Más o menos, claro. Tampoco se podía pedir peras a un olmo.

Arthur estaba un poco demasiado en su mundo, distraído y metido en sus pensamientos. Algo lógico, vista la situación. Gawain se sintió un poco culpable, al ser el causante de todo eso.

No se arrepentía para nada, pero sabía que debió haber esperado a estar en casa o, al menos, a haber hablado algo con el chico. Le estaba confundiendo y lo sabía.

Cuando vio que a Arthur se le caía por cuarta vez la cuchara al suelo de lo despistado que andaba, decidió tomar cartas en el asunto.

– ¿Arthur? – el chico parpadeó, como si acabara de despertar. Al ver que era Gawain quien le llamaba la atención, se sonrojó.

– ¿Sí?

– Quería disculparme por lo de anoche. – Arthur se atragantó con el café que estaba bebiendo.

– No hace falta…

– No, debo disculparme. – insistió. – No fue profesional por mi parte dejarme llevar de esa manera. Estoy aquí para protegerte y estamos bajo ataque. No debo olvidar mi sitio.

– ¿Tu sitio? – repitió el chico, con voz extraña. Parecía sorprendido por sus palabras. Gawain no entendió el porqué.

– Soy tu guardaespaldas y tu empleado.

– ¿Solo eso? – el pelirrojo ablandó la expresión, sonriéndole.

– No. Pero es lo que debo ser ahora mismo si quiero llevarte a casa sano y salvo.

Arthur frunció el ceño pero asintió. Tal vez pudiera encontrar el valor para hablar del asunto cuando llegaran a casa. O, al menos, pensó, intentarlo. Primero debía decidir que sentía porque no estaba seguro de ello.

La noche anterior todo lo ocurrido se sintió correcto, bien, perfecto de hecho. Casi como en sus sueños. Pero esa mañana no estaba tan seguro. Se había sentido tan avergonzado que no sabía si aquello fue buena idea o no. Ni si lo repetiría.

Pero cuando Gawain insinuó que solo era su empleado le había dolido. Mucho. Siempre le había considerado un amigo, después de todo el tiempo que llevaban juntos. Al menos le confirmó que no solo era un empleado. Pero entendía perfectamente que quisiera comportarse más profesional en esos momentos.

Gawain puso la mano sobre la de Arthur, llamándole la atención.

– Cuando lleguemos a casa, hablaremos. Ahora, vamos a intentar llegar, que es lo importante.

– De acuerdo.

Terminaron el desayuno y se dirigieron con el coche hasta la siguiente ciudad en la que Lance les había reservado otra habitación para que pudieran descansar y esconderse.

Durante el camino, Arthur siguió pensando en que debía hacer sobre Gawain y su relación. No podía negar que se sentía atraído por él y que le encontraba atractivo. Pero su duda era si todo eso había empezado al mismo momento que los sueños o si ya se sentía así antes y no se había dado cuenta.

Recordaba el primer día que Gawain apareció en su vida, irritantemente alegre y molesto. Recordaba la primera vez que le acompañó a un evento social y lo que se burló de él por el traje de pingüino que tuvo que ponerse. También recordaba la primera vez que lo llevó a tomar algo después de una de esas fiestas de accionistas y como eso se convirtió en una tradición entre ellos.

Durante todo eso se habían convertido en amigos. Pero nada más. Ni Gawain había mostrado ningún interés en él de ese estilo ni Arthur tampoco.

No, hasta el sueño.

Entonces, ¿había sido por los sueños por lo que se sentía así? ¿Era influencia de lo ocurrido en su pasado?

Era todo muy confuso, pensó frunciendo el ceño.

Pero debía reconocer que la noche anterior se había sentido muy bien. Demasiado bien. Cuando Gawain empezó a besarle en el cuello y a susurrarle con voz ronca lo que quería hacerle…

Casi combustionó ahí.

Si no llega a tocarle, lo hubiera tenido que hacer él mismo.

No se sintió nada avergonzado de cogerle la mano y guiársela hasta donde la quería y necesitaba.

Pero amanecer abrazado al otro ya era mucho más íntimo y se asustó. No sabía cómo tratarlo después de eso.

¿Eran algo ahora? ¿O solo había sido una cosa de un rato y ya?

Por lo que había dicho Gawain en el desayuno, iba a tener que esperar a llegar a casa para averiguarlo y no estaba seguro de si sería capaz de esperar tanto.

Llegaron por fin al motel que Lance les tenía reservado y, en esa ocasión, no hubo problemas para conseguir dos camas, así que Arthur respiró aliviado.

El día pasó sin pena ni gloria. Compraron comida para llevar y comer en su habitación. Pasaron el resto del día viendo la televisión y luego salieron a cenar tranquilos en una pizzería cercana.

Nada anormal.

El problema empezó al irse a dormir. Otra vez.

Arthur se vio de nuevo en un lugar desconocido. Un bosque. Parecía distinto al del otro sueño.

Hacia frio, llovía y el suelo estaba embarrado. Tanto que sus botas se resbalaban al andar por el terreno. Arthur notó algo raro. Le costaba respirar y se sentía débil.

El aire olía a sangre. Mucha sangre.

Al mirar a su alrededor notó que el bosque era un campo de batalla. Había unos pocos soldados luchando. Unos con su emblema, un león dorado. Otros, con un águila blanca en sus capas o armaduras.

No estaba seguro de que estuviera ganando. Solo de que, por alguna razón, ya no le importaba.

Se sentía terriblemente triste y no estaba seguro del por qué.

Siguió caminando, trabajosamente hasta llegar a un claro. Allí vio un cuerpo en el suelo y el alma se le cayó a los pies.

Pelo rojo manchado de barro y sangre.

– ¡Gawain! – se oyó gritar, arrodillándose ante el cuerpo.

Lo giró y comprobó que, efectivamente, era su amigo. Tenía una herida de espada que le había atravesado el pecho.

Le cerró los ojos y murmuró una plegaria.

Al menos esperaba que no hubiera sufrido demasiado, pensó mientras las lágrimas caían por su rostro.

Sintió su corazón hacerse pedazos y abrazó fuerte a su amante.

Cuando le dejó por fin en el suelo, se levantó con las pocas fuerzas que le quedaban. Unos metros más allá, estaba su asesino.

Mordred.

Y él iba a encargarse de vengar a su Gawain.

– ¿Arthur? ¡Arthur, despierta!

La voz de Gawain y el roce de su mano en su mejilla consiguieron sacarlo de su pesadilla. Abrió los ojos y se encontró con la imagen borrosa del pelirrojo, vivo y luciendo muy preocupado.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba llorando.

Gawain estaba sentado en el borde de su cama, mirándole sin entender que pasaba, con una mano en el rostro de Arthur.

El chico se lanzó a sus brazos y escondió el rostro en su cuello, mientras el pelirrojo le abrazaba extrañado y desconcertado.

Pero aunque le preguntó varias veces, no consiguió voz para explicarle porque estaba llorando. El sueño le había dejado con una tristeza tal que no podía dejar de sentirla a pesar de estar viendo a Gawain vivo y sano frente a él.

Seguía notando esa pena que debió sentir en el pasado.

Gawain le abrazó estrechamente y esperó a que se calmara para alzarle el rostro y, tras limpiarle las lágrimas que aun caían, mirarle preocupado.

– ¿Qué ha pasado? – le preguntó. Al chico le salió la voz ronca al contestar.

– Nada.

– Eso no ha parecido nada. ¿Ha sido una pesadilla?

– Una horrible.

– ¿Quieres hablar de ello? – Arthur negó con vehemencia con la cabeza.

– No.

– Está bien. – Gawain volvió a acariciarle las mejillas. – ¿Vas a estar bien?

– No lo sé. – admitió con un hilo de voz.

Con un suspiro, Gawain le empujó para que le hiciera sitio en la cama.

– Bien, entonces dormiré contigo. ¿Te parece bien? – Arthur asintió y Gawain volvió a abrazarle al estar tumbados juntos en la cama.

Así, abrazados y con el pelirrojo acariciándole el cabello, el chico se fue quedando dormido poco a poco, olvidada ya la pesadilla.

Pero mientras aún estaba despierto, se encontró pensando en que haría si a Gawain le pasaba algo. Había sentido tal dolor que no estaba seguro de si lo sobreviviría.

¿Eso significaba que si sentía algo por el otro hombre?

 


Si, lo sé. Voy un día tarde. Pero ayer fue fiesta en Málaga y se me fue el santo al cielo. El próximo si será en miércoles.

 

Series que inspiran: Scorpion

Series que inspiran: Scorpion.

scorpion

O, en este caso, serie de la que aprender qué no hacer al crear una trama.

Escorpio es un grupo de genios que trabajan para el Gobierno de Estados Unidos para resolver crímenes especiales.

El equipo lo forman Toby Curtis, licenciado en medicina y psiquiatría y especialista en comportamiento además de adicto al juego, Happy Quinn, ingeniera multiusos y asocial que prefiere relacionarse con máquinas que con personas, Silvester Dood, estadista y matemático con fobia a todo y su jefe, Walter O’Brian, poseedor del cuarto IQ más alto conocido y absolutamente un cero en tratar con seres humanos.

Para ayudarles a lidiar con los humanos normales está Paige Dineen, una camarera que se cruzó con Walter por casualidad y que es madre soltera de otro niño superdotado con el que tenía problemas hasta que conoció al grupo. Ellos le ayudan a comprender a su hijo y ella a comprender el mundo.

Y terminando el equipo el agente de Seguridad Nacional, Cabe Gallo el cual conoce a Walter desde pequeño ya que le detuvo por hackear a la Nasa cuando era un crio.

La serie está basada en la vida de Walter O’Brian y, tal vez, un poco bastante adornada.

No dudo de que la vida de este hombre debía ser fascinante pero la serie peca de tramas repetitivas hasta el aburrimiento, personajes que cambian de personalidad como de camisa y un exceso de protagonismo.

Además, y esta es mi parte favorita, siempre hay una «aún se puede joder más» situación.

¿No me crees?

Te pongo un ejemplo, de cualquier episodio. El equipo o parte de él está atrapado. Cuando aún están tratando de encontrar una manera de rescatarlos, se rompe una tubería de gas, reduciendo el tiempo para salvarlos en un tercio. Pero cuando ya están casi a punto… uno de los atrapados se golpea o se corta una arteria o recibe un disparo… y el tiempo vuelve a reducirse. Y ahí no acaba, no.

Volverá a suceder algo más que complique tanto la trama del capitulo que es un milagro que sigan vivos y enteros todos durante cuatro temporadas.

Aun me pregunto cómo duró cuatro temporadas con esta estructura de capítulos. Porque son todos así. Todos.

También está el hecho del hiperprotagonismo de ciertos personajes. Entiendo que el protagonista, Walter, sea el centro de la mayoría de ellos. Es hasta lógico.

No me resulta tan normal que el niño, con seis años que tiene, sea tan clave para resolver cosas. Es más, al niño le hacen más caso y se le toma más en serio que a muchos de los otros protagonistas hasta un punto ridículo. Puede ser un genio pero sigue teniendo seis años. ¿Qué carajo hace ahí, hablando con un soldado sitiado que está a tiro limpio contra el enemigo, matando gente, mientras mantienen una video conferencia y el tio, un marine que peina canas, le hace caso hasta en la cosa más absurda.

El niño es un personaje nada realista. Es el prototipo de Mary Sue, lo cual es sorprendente ya que el tío en el que está basada esta historia tiene su propio personaje.

Resumiendo. Scorpion es muy entretenida pero no te veas demasiados capítulos seguidos o notaras esa repetición en trama de la que te hablo que agota y aburre a la segunda temporada. Y ese rizar el rizo hasta el infinito que hace que alces las manos al cielo y chilles «¡Anda ya!»

Sin eso, es divertida y te enseña que no hacer a la hora de crear tramas y personajes.

Podcast: Las series de mi infancia

Mi aventura de escribir: Podcast. Las series de mi infancia.

podcast

Tenía pensado hacer el podcast sobre algo relacionado con mis novelas o algo nuevo de la nueva novela…

No sé, la verdad. Pero, luego pensé… Mejor no.

Mientras pensaba de que demonios hacer el podcast vi un twit con el hastag #Tuiteacomoenlos80. Y me he acordado, mirando esos twits, de un montón de series que veía y disfrutaba de pequeña y lo mucho que eso acabó influyendo en mi escritura a lo largo de mi vida.

Y si, esa serie de dibus que veía de pequeña con cinco, con siete, con doce años influyó en mi manera de escribir, en mi manera de crear tramas, en mi manera de pensar y planear una historia. Todo influye.

Así que cuando veía los Pitufos (si, ríete) podías ver una serie de pequeños seres que vivían juntos y haciéndole la vida imposible al único humano que había en las cercanías o podías ver una raza mágica que vivía junta (y todos tíos, explicadme como leñes se supone que se reproducen) y veías también al primer malo de tu vida. Gargamel.

Ahí te enseñaban que los cuentos tenían malos… que, a veces, se quedaban muy cerca de ganar.

De ese calibre había varias por esa época, como los Snorkel o Los diminutos. Por cierto, me encantaban Los Diminutos. Su malo era un humano adulto obsesionado con su captura hasta el punto de estar a punto de herir al niño prota, Quique. Claro que lo que molaba de esa serie eran las manualidades que te enseñaban al final, la verdad. Y el universo en miniatura y el uso de cosas cotidianas para crear muebles y decoración en el mundo de los Diminutos.

Era maravilloso.

Otra que ayudó mucho fue Dragones y Mazmorras, serie que acabó siendo una leyenda y muy querida para mí. Ojo, juegos de rol, cosplay… la serie perfecta para un friki. Claro que en ese momento de todo eso ni idea, la verdad.

Pero su trama era toda una introducción a la fantasía. Un grupo de chicos que va a una feria se monta en una atracción y acaban en un mundo paralelo en el que acaban encerrados hasta que ayuden a derrotar al malo.

Genial.

También vi el otro día por Twitter la intro de Ulises 31, la serie que te enseñaba lo chula que podía ser la mitología y la ciencia ficción cuando las juntabas.

Porque, a fin de cuentas, Ulises 31 te cuenta los viajes de Ulises de la Ilíada pero en el espacio. Tengo que volver a verla porque no recuerdo que hizo Ulises para cabrear a los dioses ni recuerdo si llegue a ver el final, la verdad. Hace tanto tiempo y en esa época no era raro que la televisión comprara un puñado de capítulos y no se molestara en comprar el resto aunque tuviera éxito.

Sherlock Holmes, versión perruna y de anime me llevó de cabeza a buscar las novelas del detective y leérmelas todas. Si, no era el mismo Sherlock pero lo básico, lo que me enamoró del personaje, si lo era y eso fue suficiente.

Y otra novela… Dartacan y los tres mosqueperros. Superpequeña en esa época pero acabé tan pero tan enamorada (con cinco o seis años, si los tenía) de la historia y de los ideales de los mosqueperros y de los personajes que busqué la novela cuando tuve edad para leerla. Y, cuando pude encontrar una más completa y no la versión adolescente y recortada al máximo, también lo hice. Y sigue siendo mi novela de cabecera cada vez que echo de menos lo bonito que era tener ideales y un código de honor.

O tener honor en general.

Ya hablé en su momento de Saint Seiya y todo lo que me llevo a la mitología y a sus historias.

El anime que se veía sin freno ni control durante los noventa fueron las historias que devore en mi adolescencia.

Cowboy Bebop, la cual es para mi una de las series de anime más perfectas de la historia. Ever. Hablando de tramas, personajes e historias bien hechas, bien contadas y mejor dibujadas.

Hay muchas más. Solo estoy nombrando las de dibujos y no las otras en las que podría contar desde el Equipo A a Falcon Crest, Hotel, Canción Triste de Hill Street, Luz de Luna, Juzgado de guardia, el Coche fantástico… no sé, tantas…

Todas esas también me enseñaron e influenciaron en mi manera de escribir, de crear. Influyeron en mi fantasía, en mi imaginación.

Ahora puedes enviarme un mensaje de voz al podcast. ¡No te lo pierdas!

Podcast: Las series de mi infancia

¡Qué vienen los leones!

¡Qué vienen los leones!

leones

Pues pronto, en cuanto me siente a acabar la corrección, tendré una nueva novela preparada para salir.

¡YAY! ¡Qué emoción!

Vale, para ti no, pero para mi mucha.

Esta novela va a ser una continuación de la saga Comunidad Mágica vs La Orden, siguiendo el hilo justo detrás de Lobos.

Pero no empieza por ahí.

Empieza presentándote a un nuevo personaje, el protagonista, al que quiero que ames antes de meterlo en todo el lío de La Orden justo cuando su vida parece recuperar el rumbo que perdió con dieciocho años al ser acusado de robo y desterrado de su ciudad, su manada y su familia.

¿Suena familiar?

Si, es un background muy similar al de Colby, de Lobos, pero Kenny, el protagonista de esta historia te cuenta algo muy distinto a lo que le ocurrió a Colby, aunque sus caminos se cruzaran en un aspecto durante la historia.

Pero volvamos…

La historia empieza con Kenny, un león que vive en Cánada. Hijo del Alfa de su manada, Kenny se ha criado deseando salir de su ciudad y visitar sitios más interesantes, algo que podrá hacer cuando cumpla dieciocho años.

Una tradición de los leones es que, cuando cumplen dieciocho, los chicos salen de excursión. Abandonan su familia y su ciudad para viajar para encontrar a su futura pareja y establecerse, creando una nueva familia. Algo que se hacía antiguamente para evitar roces entre alfas y que se mantiene hoy en día como una especie de rito a la madurez.

Normalmente, esos cachorros saldrán al mundo con una cantidad de dinero y el apoyo (aunque lejano) de su familia.

Pero Kenny es desterrado unos pocos días antes, acusado de robo y de intentar matar a su padre. Acusado falsamente. Ya veréis por qué.

Al ser desterrado sufre también que le corten su melena (algo muy importante en un león) y que le marquen como omega, degradándole. En la actualidad, eso no tendría mucha importancia a nivel social pero si a nivel sicologico.

Kenny abandona su ciudad y su familia, despreciado por los que quería y empieza a viajar y tratar de sobrevivir a su actual situación.

Así acabará en Destruction Bay.

¿Te suena? ¿A qué si?

De ahí acabará saliendo y conociendo a las dos personas más importantes de su nueva vida.

Max y Nicky.

Estos son dos jóvenes leones que están haciendo su propia excursión y que se unen a él en su viaje y en su misión, que tiene una.

Max es uno de los personajes que más me ha gustado escribir y estoy enamorada de su relación con Kenny. Punto. Son adorables.

Y Nicky ha sido muy divertido de escribir.

Y cuando ya están los tres en un punto guay de la historia, esta se une a la de la saga y continuamos donde los dejamos con Lobos.

Estoy deseando acabar y enseñártela porque es mi proyecto del Nano del año pasado y acabé super contenta con ella.

Con suerte, puede que la veas pronto.

Mientras, puedes leer algunos relatos previos en Wattpad.

Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 4.

Capítulo 4.

 

descubriendo el pasado

La situación empezaba a ser ridícula.

Al menos, desde el punto de vista de Arthur.

Habían parado un par de días en un motel, para descansar de coche y de conducir y para asegurarse de que seguían sin correr peligro.

Hasta ahí, bien.

Pero ese motel no tenía habitaciones dobles. Solo les quedaba una con cama individual o una con cama de matrimonio.

Escogieron la segunda por razones obvias. O, mejor dicho, Gawain escogió la segunda.

Dijo que no pensaba dormir en el sofá o en el suelo durante dos días y Arthur no pudo culparle al ver lo diminuto que ese mueble era.

No sabía cómo iba a hacer para dormir con Gawain en la misma cama y no ponerse en ridículo. ¿Y si volvía a soñar? ¿Y si volvía a hablar en sueños? O, algo peor… ¿y si volvía a gemir algo en sueños?

Estaba tan jodido…

Se encerró en la ducha, con el objetivo de intentar ahogarse mientras se lavaba el pelo. No iba a funcionar pero podría perder algo de tiempo.

El problema era que ya llevaba demasiado tiempo dentro y, claro, el otro se impacientó cuando vio que no le llegaba nunca el turno y que iba a gastar todo el agua caliente.

Así que Gawain entró en el baño, sin esperar permiso, dando un susto de muerte al chico.

– ¡Arthur! – gritó, enfadado. – ¡Acaba de una vez! Yo también quiero ducharme.

– ¿Qué cojones haces? ¡Sal de aquí! – Arthur no sabía dónde meterse. Ni siquiera tenía la toalla a mano para taparse.

– Si no sales en treinta segundos, entraré yo. – le amenazó. Aún seguía lleno de espuma, ¿cómo iba a terminar antes de que cumpliera su amenaza?

– ¿Estás loco? ¡No puedes entrar aquí!

– ¡Me da igual! Quiero ducharme. Estoy sudado y cansado y quiero ducharme. Ya.

Arthur se apresuró a enjuagarse, pero vio como el otro abría las cortinas y, sin esperar a que pudiera salir o hacer algo, se metió en la ducha con él, bajo el chorro de agua caliente. Arthur se alejó hacia los azulejos, pegándose tanto a la pared que parecía querer fusionarse con ella.

Intentó no mirar pero no pudo evitarlo.

Gawain estaba frente a él, desnudo y empapado y Arthur no pudo evitar echar un vistazo. Se sonrojó cuando escuchó la risita del otro, que le dedicó una mirada depredadora.

El pelirrojo lo arrinconó en la ducha, poniendo ambas manos a cada lado de la cabeza de Arthur y se inclinó, dejando su rostro a solo centímetros del chico, que cerró los ojos, sonrojado.

Gawain le observó, encandilado por lo joven e inocente que parecía. Él era algo mayor que Arthur, pero no mucho, solo siete años mayor. Sin embargo, Arthur tenía un aire inocente ahí con él que le hacía parecer casi un adolescente.

Estaba tan tentado de hacer algo. Tocarle, besarle… algo.

Pasó su mano por su rostro sin tocar su piel, bajándola por su torso, hasta su estómago sin llegar a rozarle, mordiéndose las ganas de hacerlo.

Podía notar su miembro respondiendo a la visión de Arthur frente a él y ahogó una maldición. Se separó, liberando al chico y le apartó un mechón empapado de la frente.

– Será mejor que vayas a secarte, Arthur. – le sugirió en voz baja y ronca.

El chico abrió los ojos y asintió, saliendo tan deprisa de la ducha que casi se cae en el baño. Maldiciendo su conciencia, Gawain se dispuso a terminar de bañarse y a tratar de poner bajo control sus emociones.

Cuando salió de la ducha, ya vestido se encontró a Arthur sentado en la cama luciendo nervioso. Gawain miró el reloj que había en la pared de la habitación y comprobó que solo eran las siete de la tarde. No había manera de que fueran a dormir tan pronto y él tenía hambre.

Cogió su chaqueta y la de Arthur y se la ofreció al otro, instándole a levantarse.

– Venga, vamos a comer algo.

Acabaron entrando a un pequeño bar donde servían hamburguesas y alitas y pidieron un poco de todo para compartir. Después de un rato, Arthur parecía haberse relajado de nuevo y volvía a comportarse como siempre.

Bromeó y le tiró patatas fritas a Gawain, que no dudó en responderle de la misma manera. No se dieron cuenta de que estaban atrayendo algunas miradas no deseadas.

Cuando Gawain se inclinó sobre la mesa y limpió un poco de tomate de la comisura del labio de Arthur con su pulgar, lo hizo simplemente por molestar al chico y porque adoraba verlo nervioso.

Y porque le apetecía.

No se esperaba que un tipo grande con pinta de haberse escapado de la prisión más cercana apareciera, dando un golpe en su mesa, interrumpiéndoles muy maleducadamente.

– Creo que va siendo hora de que os vayáis, florecitas. – Gawain arqueó una ceja y miró a su alrededor. La mayoría de la gente parecía incomoda con la situación pero no tenían intención de intervenir. ¡Qué típico!

– Pues yo creo que no. Aún no hemos terminado de comer. – repuso con tranquilidad, cogiendo otra patata. Arthur parecía dispuesto a discutir pero Gawain le cortó, poniendo su mano sobre la del chico.

El tipo gruñó al ver el gesto y volvió a encarar a Gawain, el cual seguía sin reaccionar, comiendo patatas con total tranquilidad.

– Será mejor que cojas a tu novio y os larguéis de aquí antes de que os eche a patadas.

Gawain se levantó, despacio y encaró al tipo. Eran más o menos de la misma estatura aunque el otro era bastante más ancho. El pelirrojo sonrió. Eso solo implicaba que era más lento.

– Inténtalo. – le retó. – Gilipollas. – Y el otro no tardó en aceptar.

Gawain esquivó un puñetazo, dos, tres y lanzó uno propio desde abajo directo a la mandíbula de aquel indeseable. El golpe le hizo trastabillar y Gawain lo aprovechó, dándole una certera patada en el estómago que lo tiró al suelo. Cuando comprobó que el tipo no pensaba levantarse para seguir, a pesar de estar más o menos bien, sacó su cartera, puso un par de billetes sobre la mesa y cogió a Arthur de la mano para ponerlo de pie.

Una vez cara a cara, Gawain dirigió una última mirada al tipo antes de plantarle un beso en los labios al chico, que se quedó congelado en el sitio.

No duró más que unos pocos segundos, lo justo para hacer valer su punto. Nadie le iba a echar de ningún sitio ni iba a soportar nada de nadie por lo que pensaran de él o su orientación sexual. Hacía bastante tiempo que no permitía semejantes abusos.

Tiró de Arthur y salieron del local, tranquilamente.

No fue hasta casi llegar al motel que Arthur se detuvo, obligándole a pararse él también y Gawain suspiró.

Demasiado había tardado en reaccionar.

– ¡Me has besado! – le gritó, señalándose acusadoramente. El pelirrojo se rascó la nuca.

– Lo siento. Odio los imbéciles homófobos. Y nada les molesta más que ver algo así.

– Pero… ¡Me has besado! – Gawain rodó los ojos.

– ¡Solo un poquito! A eso no se le llamar ni beso. Solo ha sido un roce inocente.

– Si, pero…

– ¿Te ha molestado? – Arthur se quedó mudo al escuchar la pregunta. – En serio que lo siento. A veces hago cosas sin pensar. No volverá a suceder.

– Uh, vale.

Llegaron a la habitación y ahí se encontraron con el otro problema de la noche. Seguía habiendo solo una cama.

Gawain decidió no dedicarle más pensamientos de los necesarios. Se sentó en la cama y empezó a desnudarse, hasta quedarse en ropa interior y una camiseta. Luego se metió bajo las sabanas y se quedó mirando a Arthur el cual dio un respingo y le imitó, con algo de reticencia.

El chico se colocó en el extremo opuesto, tan alejado de él que estaba a un palmo de acabar cayendo al suelo.

Gawain decidió dejarle en paz y apagó la luz, dispuesto a dormir. Cuando estuviera a punto de caer, ya se acercaría, pensó cerrando los ojos.

Un rato después, Arthur seguía despierto porque no se fiaba de dormirse con Gawain tan cerca, temiendo acercarse por accidente y Gawain seguía despierto porque no hacía más que escuchar al otro removerse incomodo en la cama.

Todavía tardó un rato en hacer algo, ya que estaba dejándole tiempo al chico a dejar de hacer el tonto. Viendo que no iba a ser así, decidió actuar.

Se giró hacia el chico, el cual estaba dándole al espalda casi en el borde de la cama y le agarró por la cintura, arrastrándole hacia el centro del colchón.

A Arthur se le escapó un ridículo chillido, que le hizo reír y forcejeó para liberarse del agarre. Pero Gawain le tenía bien sujeto y apretó más el agarre, forzándole a desistir.

– Quédate quieto. – le ordenó. – Quiero dormir y no me estás dejando.

– Creo que dormiré mejor allí. – protestó, pataleando.

– No, allí no estas durmiendo nada porque te vas a caer y aquí te tengo agarrado y dejaras de hacer ruido y moverte. Así que duérmete para que pueda dormir yo también.

– Pero…

Gawain besó su nuca y apoyó la barbilla en su hombro, deslizando la mano que tenía en su cintura hasta su muslo, muy cerca de su entrepierna. Arthur, previsiblemente, se congeló.

– Duérmete, Arthur. – Gawain susurró esas palabras con los labios pegados a su cuello.

Arthur olía muy bien, a ese gel de baño que habían comprado un día antes. Gawain apretó la mano en su muslo, deseando ir más allá, hacia donde algo empezaba a cobrar vida bajo la ropa.

Volvió a tragarse las ganas y subió la mano hacia la seguridad de la cintura pero no pudo reprimir el impulso de rozar su propia excitación contra el trasero del otro.

Notó como el chico tragaba, con el cuerpo tenso entre sus brazos y decidió hacer algo para calmarle. Comenzó a repartir pequeños besos en su nuca, cuello y hombro, susurrando incoherencias con voz ronca y acariciando su estómago con una mano hasta que el otro gimió su nombre.

La mano de Arthur cogió la suya y la guio hacia su entrepierna. Podía notar el calor en las mejillas sonrojadas del chico y sonrió.

Deslizó la mano, colocándola sobre su entrepierna y empezó a acariciarle por encima de la ropa, sacándole jadeos y suspiros.

No tardó demasiado, acabando con un gemido largo que casi le hace acabar a él. Sin embargo, Gawain se guardó sus ganas y le volvió a besar en el cuello, dejándole una pequeña marca.

Arthur se relajó en sus brazos y Gawain le obligó a quitarse los manchados calzoncillos, para limpiarse con ellos y lanzarlos lejos de la cama.

El chico ya estaba medio dormido cuando Gawain volvió a colocarse tras él, abrazándole.

Estaba seguro de que se iba a arrepentir de todo eso por la mañana, pero… eso sería por la mañana.

En ese momento, solo iba a disfrutar de ese momento y dormir. Aunque fuera con una erección del treinta.

 

Necesitaba un descanso

Necesitaba un descanso

descanso

Necesitaba un descanso.

¿Y quién no?

Con esta cagarruta de año que llevamos lo raro era que alguien no necesitara un descanso de la realidad.

Está siendo muy duro para todos y yo no soy una excepción. Ya me gustaría.

Pero ya estamos en agosto, pronto el jodido 2020 acabará así que vamos a tratar de recuperar algo de energía y volver a la palestra, de la que salí agotada, psicológicamente hablando.

Hay días, muchos días, en los que me sigo preguntando por qué continuo con el blog, con las novelas, con escribir, con persistir en redes…

¿Por qué?

Como a muchos de nosotros, no me sirve de mucho.

¿Por qué seguir?

Pero como a muchos de nosotros la opción de rendirse y dejarlo no está en nuestro sistema operativo. No existe.

Tenemos solo A) continuar y B) te jodes y continuas igual.

Así que aquí vuelvo, a seguir dando la tabarra con mis novelas, mis relatos, mis podcast y todo lo que se me ocurra para llamar tu atención, que es lo que me interesa.

Nos espera un agosto caluroso y cargado, espero que estés preparado para lo que viene.

Y no, no pienso rendirme. Seguiré haciendo pausas cuando esté agotada pero siempre volveré.

O eso espero.

 

Mi aventura de escribir. Podcast: El Fanfic

Mi aventura de escribir. Podcast. El fanfic.

podcast

¡Hola! ¿Qué tal, queridos aventureros? Bienvenidos una vez más al podcast de Mi aventura de escribir, el podcast que cuenta las mil y una tonterías de esta escritora.

Y esta semana te voy a hablar de una de mis chorradas favoritas y de las que he hablado y hablaré siempre. El fanfic.

El fanfic o fanfiction es la creación de los fans sobre algo que les gusta, como libros, series, video juegos, etc.

Mucha gente, gente muy creativa no está conforme con los finales de libros o películas o quiere que parejas que no son oficiales en series  se vuelvan una realidad.

¿Quién no quería que Mulder y Scully se liaran? En la serie no hubiera funcionado (o si, que creo que al final si pasó algo). Los fans de muchas series saben lo bien que funciona la tensión sexual no resuelta entre personajes en una serie. Hay que mantenerla durante siglos.

Fans que detestaron los finales de muchas películas decidieron  que ya era suficiente. Ellos querían su final.

Y punto.

Ya sabéis como somos los fans con según que cosas.

Y esa es la idea del fanfic. Escribir ese final que no te dieron, esa pareja que no llegó a realizarse, esa historia que nunca llegaba… esa es la idea del fanfic.

Y crear esos crossover que nunca se hacían, ya fuera por problemas de marca o lo que fuera.

Los fanfics son un modo de expresar el amor por ese trabajo original, por parte de los fans. Aunque algunos autores crean lo contrario.

Hay gente que piensa que solo es una manera de destrozar ese trabajo original, un insulto. No lo es. Siempre va a haber gente que le guste lo que haces pero que haya cosas que no les termine de convencer.

Recuerda a Misery.

Pero, para la mayoría infinita de fans, un fanfic es un homenaje. Me gusta lo que haces y quiero demostrar mi amor por ello ampliando tu mundo con una parte mía.

Son, además, una forma estupenda para que muchos escritores practiquen y mejoren sus historias. A veces tenemos una buena trama pero no personajes. Coger unos prestados ayuda a eso y también a aprender a crearlos y ver cómo mejorarlos.

Es una buena manera de practicar y aprender de gente con más experiencia. Además, al publicarlos, recibes sugerencias y opiniones y quejas que siempre te vendrán bien para mejorar.

He escrito fanfics durante mucho tiempo. Años. No me atrevía a escribir algo original y me dediqué a los fanfics, primero de Saint Seiya y luego de Supernatural.

Hasta que creí estar preparada para dar el salto. Necesitaba darlo.

Y usé muchas de esas ideas que tenía ya hechas en fanfics para meterlas en mis novelas. No tienes idea de lo mucho que me hacia feliz eso. Aunque aun tengo una espinita con la última saga de fics que hice y que me gustaría convertir en historia. Pero necesita darle un buen enfoque primero.

Ya trabajaré en ello cuando acabe con mi saga.

Pero a lo que iba. Los fanfics son una bonita expresión de cariño al producto original. Nunca te molestes por ver alguno de algo que has creado, no te enfades al ver alguno de algo que te gusta.

Es la manera de ese fan de demostrar su amor por lo que sea que le guste. Ni más ni menos.

Y si te atascas escribiendo lo que sea, intenta hacer un fanfic. De algo que te guste o de tu propio producto.

¿Por qué no?

Un fanfic con tus propios personajes. Eso puede ayudarte a darte una nueva visión de tu creación y desatascarte.

O lee, que hay miles de millones en todo el mundo y no exagero. De todas las clases de géneros y en cientos de idiomas.

Hay un fanfic para cada uno por ahí perdido.

Y hasta aquí voy a llegar esta vez. Recuerda que puedes leer mis novelas en Amazon, buscando por mi nombre, Eva Tejedor y que puedes echar un ojo a mi blog, miaventuradeescribir.com para encontrar relatos y contenido interesante para leer.

¡Hasta la siguiente, aventureros!

 

Wattpad: ¿sirve de algo?

Wattpad: ¿sirve de algo?

wattpad

Y con servir de algo me refiero como marketing para un escritor que pretenda vender.

Y no estoy muy segura.

¿Es un buen escaparate para darte a conocer a lectores nuevos?

Si, sin duda. Hay un mundo nuevo de lectores que no encontraras en otras redes. Los lectores de fanfiction y similares leen mucho más, obvio. Leen y mucho. Pero tienen preferencia por cierta clase de género que solo encuentran en su mundo y es ahí dónde más recurren.

Además, sus autores de novelas preferidos no suelen darles lo que quieren, como una pareja en específica o un final en especial. Así que buscan eso (y lo consiguen) en los fanfics.

Si, tienes una cantidad ingente de lectores por descubrir en Wattpad. El problema es llamar su atención y que eso se traduzca en beneficios para ti.

Verás, voy a decir algo que todo el mundo piensa y nadie dice y es una realidad como un piano. Una de esas opiniones impopulares que tanto gusta a la gente criticar.

A la gente le gusta leer. Mucho. Hay millones de personas que leen cada años montones de libros y novelas.

Cuando te digan que la gente no lee o lee menos, es mentira.

El problema radica en que la gente no compra. Así de claro.

He puesto mis novelas a la venta durante todos estos años. Las he bajado de precio, a niveles ridículos. Novelas en digital de cerca de doscientas paginas a un euro. Y no conseguía vender ni una.

Ahora, si las pongo gratis… vuelan.

Gente que no es capaz de gastar un euro por una novela, si acepta llevársela gratis.

¿Ves el problema?

Y los lectores en Wattpad están acostumbrados a contenido gratuito.

¿Para que voy a comprar tu novela si hay cientos o miles de fanfics iguales y gratis en la red?

¿Cómo llamas la atención de esos lectores para que piensen que es buena idea gastar su dinero en tus novelas?

Tras cerca de ocho años liada con el mismo tema, una y otra vez, ya paso de lo que digan los expertos. Será porque soy muy torpe pero a mi no me funciona casi nada. Así que ando ingeniándomelas sola a ver que funciona o no.

Uso Wattpad y mal hace tiempo y estoy intentando encontrar una manera de usarlo más correctamente. Para mí. Obvio.

¿Lo conseguiré?

Buena pregunta. El tiempo lo dirá. Porque esto, aunque no queramos, cuesta tiempo. Bastante tiempo.

Mientras, puedes visitar mi perfil en Wattpad, donde podrás encontrar Jack T.R. gratis o algunos de mis relatos.

¿No tienes que leer? ¿Llegas a casa y todo está cerrado y no sabes qué leer?

¡No te preocupes!

Tengo la fantasía que necesitas. Fantasía urbana de la buena con una buena dosis de thriller sobrenatural y una pizquita de romance paranormal.

¡Perfecto!

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¡No te arrepentirás!

Tienes toda una saga para leer. Jack T.R., Kamelot 2.0, El juego de Schrödinger, El Guardián, Dagas de venganza y, la última por el momento, Lobos.

¿Qué más puedes pedir?

¿Precio?

¡Están tiradas! Tanto en digital como en físico.

¡Corre a por ellas!

 

Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 3.

Capítulo 3.

 

descubriendo el pasado

– ¿Tengo algo en la cara?

Arthur maldijo internamente. Ya era la tercera vez que Gawain le pillaba mirándole descaradamente, pero no podía evitarlo.

Después de dos noches seguidas de sueños con el pelirrojo le era imposible no mirarle. Estaba peligrosamente cerca de obsesionarse con el asunto y lo sabía, pero… ¿Cómo no iba a hacerlo con esos sueños?

Ya estaba seguro de que eran recuerdos, no simples juegos de su mente. Pero eso no hacía más que empeorarlo todo. Ahora quería saber cómo habían llegado a tener esa relación en el pasado. ¿Por qué? ¿Cuándo?

Nunca antes había oído hablar de que el rey Arturo tuviera ningún amante. No era raro, la verdad y tampoco resultaba extraño que tuviera uno de su mismo sexo. Esos viajes largos a solas con su ejército debían dejar a más de uno con ganas de dormir en una cama caliente y acompañado.

Pero del rey Arturo solo había escuchado la historia de Ginebra y se acabó. Y, por lo que había podido comprobar, esa no fue cierta del todo, ya que sabía por Joss que él y Lance habían estado juntos también en el pasado y que Lance nunca estuvo involucrado con ella.

Gawain le seguía mirando interrogante mientras comía su hamburguesa y Arthur suspiró, pensando una excusa.

– No, perdona. Estaba pensando. – el otro arqueó una ceja pero no le replicó.

Estaban a las afueras de Billings, haciendo una parada para comer antes de dirigirse hacia la ciudad a buscar un motel donde dormir y descansar. Había sido un día muy largo de conducir y conducir para evitar que les pudieran localizar. Arthur no creía que les estuvieran siguiendo todavía, pero no podían fiarse.

Así que decidió hacer caso a Gawain, que era lo más inteligente en ese momento.

– ¿Has vuelto a hablar con Lance? – Gawain asintió.

– Si, esta mañana temprano. Ha enviado coordenadas para un motel donde podemos quedarnos sin correr peligro. Pasaremos la noche allí y seguiremos hasta la siguiente ciudad. En esa nos quedaremos algo más. – Arthur parpadeó, sorprendido. Pensaba que tenían prisa por llegar a Filadelfia.

– ¿Por qué?

– Necesito cambiar el coche para estar seguros. Y nos vendrá bien descansar un poco de carretera. Dos días, tres máximo.

La idea de no tener que pasar un par de días en el coche le parecía genial. Empezaba a sentirse enfermo de tanta carretera. El estrés de la fuga y tantas horas en el coche estaban pasándole factura. Necesitaban descansar apropiadamente.

Pero, luego, había un problema con esos planes.

¿Iba a ser capaz de pasar esos dos días en el motel con Gawain sin que el asunto de los sueños le diera problemas?

Esa mañana ya había sido muy vergonzoso. Gawain estuvo burlándose de él durante horas, porque, al parecer, había sido muy vocal durante el sueño. Incluso llegó a despertar al pelirrojo. Arthur deseó desaparecer en ese momento.

¿Y si esa noche volvía a repetirse?

Suspiró y rezó para que esa noche no hubiera sueños.

Una hora después, ambos estaban acomodándose en la habitación de motel. Muy parecida a la del día anterior, con dos camas y un baño. Chiquitita y deprimente. Arthur se tomó el primer turno en la ducha y luego se sentó en su cama para ver la televisión, en un vano intento de distraerse de su problema.

Como la noche anterior, Gawain salió del baño sin camiseta, aunque esa vez llevaba unos pantalones de pijama que le quedaban por la cadera. Arthur no pudo evitar fijar sus ojos en los huesos de la cadera de Gawain, en la fina línea de vello dorado bajando desde su ombligo hasta desaparecer bajo la cintura de dichos pantalones, en el bulto que escondía bajo la tela.

Un carraspeo le hizo desviar la mirada a la cara de Gawain, quien estaba intentando por todos los medios no reírse y Arthur notó como le ardían las mejillas. Le había pillado comiéndoselo con los ojos.

– ¿Ves algo que te guste? – le preguntó el pelirrojo con la voz impregnada de risa.

– ¡No! – se apresuró Arthur en contestar. Gawain le arqueó una ceja. – Pensaba que esos pantalones eran míos. – mintió. El otro se mordió el labio, intentando no reírse.

– ¿Estos? – preguntó, tirando de la cintura. – Si son tuyos, puedo quitármelos. – e hizo el amago de bajárselos. Arthur se apresuró en detenerle, agarrándole de la muñeca.

– ¡No, no! – los dos estaban de pie, cara a cara y con Arthur sujetándole del brazo. La mirada de Gawain pasó de divertida a algo más oscuro y el chico sintió que se le doblaban las rodillas por el calor de esa mirada.

Gawain cogió su mano, liberando su muñeca y atrajo a Arthur hasta hacerle chocar con su pecho. El mas joven cerró los ojos al sentir el aliento del otro prácticamente en su cara. Gawain le rozó la mejilla con las yemas de los dedos, sintiéndose muy tentado de romper su propia regla por esa noche.

Sin embargo, no lo hizo. Tenía un trabajo que hacer y debía proteger al chico, antes que nada.

– Es hora de dormir, Arthur. – le susurró a escasos centímetros de su boca, deseando probarla y negándose ese deseo.

Se separó, finalmente y Arthur se dejó caer sentado en su cama, casi temblando mientras el otro se metía en la suya, dispuesto a dormir. Unos minutos después, Arthur le imitaba, cuando por fin consiguió recuperar el control de su cuerpo.

Cuando volvió a ser consciente de algo, estaba de nuevo en el castillo. Y de nuevo en su habitación, por lo que podía ver. Era el mismo escenario del primer sueño y Arthur temía que fuera una repetición.

Sin embargo, había algo diferente. En esa ocasión había una mesa grande, llena de comida con un par de velas en el centro y dos asientos. Una jarra con vino y dos copas junto a la mesa. La chimenea estaba encendida y daba una luz acogedora a la habitación, con una piel de oso enorme en el suelo junto a ella.

Arthur parpadeó. ¿Eran imaginaciones suyas o parecía estar todo preparado para una cena romántica?

Alguien llamó a la puerta antes de entrar y Arthur vio a Gawain sonreírle, sus ojos iluminándose al ver todas las cosas que había preparadas.

– ¿Majestad?

– Feliz cumpleaños, Alex. – se escuchó decir y la sonrisa que le dedicó el otro era lo más bonito que había visto en mucho tiempo.

Arthur notó que era así como se sentía el viejo Arturo. Pero que él mismo pensaba igual. Comprendía que hubiera montado todo eso solo por ver esa sonrisa.

Gawain se acercó a paso ligero y le cogió del rostro para darle un largo y apasionado beso, sin dejar de sonreír.

Cenaron y charlaron durante horas, hasta que la luna estuvo alta y el fuego de la chimenea amenazaba con apagarse.

Arthur le llevó hasta su cama, cubierta con pieles de varios animales que prefería no ver en ese momento, y se tumbaron juntos, solo besándose.

Cuando Gawain quiso mover las cosas algo más allá, Arthur le detuvo, ganándose una mirada extrañada del otro.

– Esta noche no. – le dijo. – Esta noche solo quiero disfrutar de tu compañía.

– Pensaba que disfrutaba también de lo demás. – Arthur rio.

– Por supuesto. Pero hoy quiero solo estar contigo. Quiero besarte hasta que nos gane el sueño. Mirarte hasta memorizar todo de ti. Acariciarte hasta que mis dedos sepan tu forma de memoria. Hoy no necesito sexo. Solo te necesito a ti.

Los ojos de Gawain se llenaron de lágrimas y le volvió a besar, largo y profundo, casi dejándole sin aliento. Arthur podía notar como su excitación iba creciendo pero la ignoró por completo. No le importaba, ya estaba saciado con sentir al otro a su lado.

Aun así, no pudo evitar que se le escapara algún que otro gemido al notar el muslo de Gawain rozándole la entrepierna.

Despertó, abriendo los ojos y encontrándose de nuevo con la mirada divertida de Gawain, el Gawain del presente. Arthur maldijo por lo bajo, empezando a cansarse de semejante situación. Ya estaba harto de pasar tanta vergüenza gratuita, la verdad.

– ¿Qué se supone que no debía hacer? – le preguntó Gawain, pillándole por sorpresa.

– ¿Qué?

– Has dicho mientras soñabas «¡No, Gawain!». Así que me preguntaba qué era lo que no debía hacer. – Arthur se sonrojó. ¿Había hablado en sueños? ¿Podía la situación volverse todavía más vergonzosa? Al parecer, sí.

– Oh… tú… tú estabas… estabas rompiendo una camiseta mía. – mintió. Gawain soltó una carcajada. Estaba claro que no le había creído ni media palabra.

– ¿Ah, sí? ¿Y siempre que tratas de que no te rompan una camiseta lo pides gimiendo?

¡Oh, dios! Pensó Arthur, tapándose la cara con las manos. ¿Cómo iba a arreglar eso? No tuvo que hacerlo, ya que al parecer Gawain tuvo piedad de él y cambió de tema.

– De todas maneras, ha venido bien que te hayas despertado. Tenemos que irnos ya. Si salimos ahora, llegaremos a la siguiente ciudad al medio día. Aprovecharemos para comer bien, buscar un buen sitio donde descansar y hacer la colada, que la ropa limpia empieza a escasear.

– Está bien. Voy a ducharme. – Gawain volvió a sonreír, pícaro.

– Puede que quieras ocuparte de ese problemita, ya que estas en la ducha. – rio. Arthur gruñó algo y salió corriendo al baño. – O, si quieres, puedo echarte una mano.

El portazo que dio el chico al encerrarse en el baño fue toda la respuesta que recibió y el pelirrojo soltó una carcajada, realmente divertido con la situación.

Al principio le había parecido raro e incómodo, pero ahora le hacía mucha gracia las reacciones de Arthur a su obvia atracción hacia él. Cuando llegaran a casa, iba a hacer un movimiento hacia el chico. Le gustaba bastante y, estaba claro, que Arthur sentía algo por él.

Pero eso sería en la seguridad y tranquilidad de su casa. Ahí, aun siendo perseguidos y con la vida del chico dependiendo de sus habilidades para protegerlo, no iba a hacer nada.

Tenía otras cosas más importantes en las que centrarse. Como llevarlos sanos y salvos a casa.

Llamó a Lance, para dar su informe y así mantenerlo informado de todo lo que hacían, como le habían pedido.

– ¿Cómo lo lleva Arthur? – le preguntó Lance, en un momento de la conversación. Gawain consideró no contar lo que estaba pasando pero sabía que Lance se enteraría más tarde o temprano. Siempre lo hacía.

– Bien, bien. Está haciéndome caso, lo cual es estupendo. Y no ha protestado mucho, pero…

– ¿Pero?

– Está actuando un poco raro.

– ¿Raro como qué? – preguntó Lance, carraspeando.

– Está teniendo sueños… sueños eróticos.

– Oh. – casi podía escuchar la sonrisa en la voz del otro y Gawain sonrió a su vez, divertido.

– Ya, dímelo a mí. Tengo que escucharlo. – Lance soltó una risita.

– ¿Y cómo lo llevas tú?

– Regular. – bufó. – Esta mañana ha gemido mi nombre.

– Vaya, eso sí es una novedad.

– Sinceramente, nunca pensé… ni se me pasó por la cabeza, la verdad. – Lance soltó un sonido despectivo.

– Bueno, tendría que estar ciego para no interesarse. – eso hizo reír al pelirrojo.

– Gracias. No se lo diré a Joss.

– Mejor. Igualmente, ándate con pies de plomo. – le advirtió. – Es el jefe, es mucho más joven que tú y no estáis en la mejor situación para tonterías.

– Lo sé, lo sé. No pienso hacer nada. – aseguró y Lance murmuró su acuerdo. – Solo me ha resultado curioso. Ni siquiera sabía que le gustaban los chicos. – el otro soltó una carcajada.

– ¿En qué mundo vives? ¡Te ha mirado el culo más veces de las que puedo contar! Y por lo que Joss dice, siempre le ha ido las dos bandas.

– Bueno es saberlo. – rio Gawain. – Nos vemos en unos días.

– Procura que no sean más de los necesarios.

Gawain cortó la llamada y se quedó mirando hacia la puerta del baño, en donde seguía Arthur duchándose.

– Y ahora… ¿Qué hago yo con esta información?

 


 

¿No tienes que leer? ¿Llegas a casa y todo está cerrado y no sabes qué leer?

¡No te preocupes!

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