Relato: Descubriendo el pasado

Pues tengo un par de relatos nuevos y alguna cosa por ahí perdida, así que los miércoles que no haya podcast, iré poniendo capítulos de relatos para no aburrirnos. ¿Qué te parece?

Este está inspirado en el universo de Kamelot 2.0, donde Arthur, el prota, descubre algo muy intresante de su vida pasada como rey de Camelot.

¡Disfrútalo!


descubriendo el pasado

Capítulo 1.

 

Arthur estaba soñando.

Y lo sabía porque estaba en lo que parecía una habitación extraña con paredes de piedra, fría y desagradable a pesar de los adornos de pieles, terciopelo y la enorme cama. Todo lucía muy antiguo.

Estaba ahí en vez de en su habitación del hotel a la que fue a dormir la noche anterior, cuando acabó la junta de accionistas celebrada en San Francisco, a la que había sido obligado a asistir junto con Gawain.

Había un enorme espejo de cuerpo entero con el marco dorado y Arthur contempló su reflejo con una expresión de sorpresa.

Vestía una túnica morada de lana y una especie de capa que llegaba hasta sus rodillas, sujeta en sus hombros por dos broches gemelos de zafiros. Su cabello parecía distinto, cortado de una manera muy extraña.

Y llevaba una espada colgada en su cintura. Al sacarla de su vaina vio que era Excalibur, luciendo nueva y brillante.

Toda la situación se sentía un poco como un déjà vu. Le recordó a aquella vez que soñó con su última batalla antes de que su padre muriera.

Todavía intentando procesar que hacia allí y si era o no un sueño, escuchó un par de golpes suaves en la gruesa puerta de madera y un casi irreconocible Gawain entró en la habitación.

Arthur le vio hacer una reverencia antes de cuadrarse y observarle con ese brillo travieso que siempre iluminaba sus ojos azules.

Estaba tan diferente al que conocía… el cabello más rebelde y largo, varias cicatrices visibles en su rostro y brazos, más fuerte y rudo. Había algo fiero y duro en su mirada.

Pero la misma sonrisa pícara en ese rostro conocido.

– Majestad, vengo a daros el informe de la zona norte. – incluso su voz era ligeramente distinta, más ronca.

Arthur se quedó un segundo en blanco. Al parecer le iba a tocar escuchar más informes. Incluso en sueños tenía que trabajar.

– Adelante.

Para sorpresa del chico, la postura y la actitud de Gawain cambió radicalmente. Pasó de estar serio y envarado a relajado y con una sonrisa socarrona. Gawain comenzó a quitarse los guantes, dejándolos sobre una mesa. Luego le tocó el turno a la espada, la capa… todo eso sin dejar de hablar sobre ganado, fronteras, aldeanos que no querían pagar impuestos, otros que solo se quejaban de los lobos y cosas así a las que Arthur no estaba prestando mucha atención porque el otro estaba frente a él, quedándose solo con una túnica y sus zapatos.

Había algo en esa situación que se le escapaba y no tenía idea de que podía ser.

Entonces, Gawain se acercó a él, despacio hasta quedar a solo un paso. Su mirada se suavizó, su expresión varió a la de alguien que estaba mirando algo que le gustaba mucho y notó la áspera mano del otro en su mejilla, alzándole levemente la barbilla para poder besarle, lento y dulce. Arthur no entendía nada pero no pudo evitar que se le escapara un gemido porque hacía años que nadie le besaba de esa manera.

No. Estaba seguro de que jamás le habían besado de esa manera.

Cuando se separaron, Gawain le cogió el rostro con ambas manos, sus pulgares acariciándole suavemente y Arthur se sintió derretir por la ternura y el calor de la mirada del otro.

– ¿Ocurre algo, majestad? ¿Es mal momento? – el chico negó con la cabeza, enérgicamente. Le daba igual que estuviera pasando ahí. Era un sueño, ¿verdad? Pues quería más de ese sueño.

Así que puso sus manos en la cintura del otro y lo acercó, ganándose una sonrisa divertida.

– No, nada. No pasa nada. – Arthur le dio un leve apretón en la cintura. – ¿No vas a besarme otra vez?

– Si es lo que su majestad quiere… – y el tono de Gawain es todo burla.

– Una orden, vamos.

Gawain, sin dejar de sonreír, le besó de nuevo y Arthur volvió a derretirse, necesitando sujetarse con más fuerza al otro para no caer.

Tanto era lo que le hacía sentir.

¿Por qué? No lo entendía, realmente. En el tiempo que llevaba de vuelta en Kamelot y con Gawain como su guardaespaldas particular, nunca sintió ninguna necesidad de besarle. Ni de tocarle de más.

Si, eran amigos. Habían hecho amistad en esos meses. Era complicado no sentir algo por el pelirrojo, cuando era siempre tan divertido, tan atento, siempre cuidando de él incluso cuando no debía.

Claro que eran amigos. Buenos amigos, le gustaba pensar a Arthur. Gawain era siempre al primero que recurría si necesitaba hablar de lo que fuera.

Pero nunca sintió esa necesidad. ¿Por qué soñar con esto, entonces?

Porque era un sueño, ¿verdad?

Se sentía tan real que casi parecía más un recuerdo que un sueño. Pero no podía ser. Alguien le habría dicho algo al respecto.

Joss le habría avisado, más sabiendo que había soñado con su pasado antes.

Las manos de Gawain dejaron su rostro para deslizarse por su espalda, tirando de su túnica para levantarla y colar las manos bajo ella, tocando piel por fin.

Arthur jadeó, sorprendido al sentir las manos callosas y desnudas del otro en su piel, calientes y exigentes, apretando y acariciando, encendiéndole en segundos.

La sonrisa de Gawain se amplió al escucharle, volviéndose lobuna y le besó con más pasión aun, dejándole sin aliento.

– ¿Qué le parece la idea de le ponga contra esa mesa y le haga mío? ¿Me permitiría eso, majestad? – le preguntó en un susurro sugerente.

Para ese momento, Gawain ya estaba acariciando su excitación con dolorosa parsimonia y Arthur no podría negarse a nada que le pidiera aunque quisiera, que no era el caso.

Quería. Él quería.

Vaya si quería.

No contestó. No podía, no le salían las palabras. Aún seguía tan sorprendido con su propio cuerpo y como respondía al toque del otro que era incapaz de pensar algo coherente. Además, estaba tan excitado que sería capaz de llorar si lo dejaba así.

Retrocedió un par de pasos, arrastrando a Gawain con él hasta chocar con la mencionada mesa.

Y el pelirrojo no necesitó más respuesta que esa.

Con movimientos rápidos y bruscos, Gawain le liberó de su espada, la capa y la túnica, dejándole completamente desnudo y a su merced. Le dirigió una mirada de tal adoración que Arthur se sonrojó violentamente.

Un nuevo beso, corto pero profundo y Gawain le obligó a darse la vuelta, quedando de espaldas al pelirrojo. Sus manos pronto estuvieron sobre Arthur, acariciándole por todas partes hasta centrarse en su excitación y en su entrada.

Le preparó con extremo cuidado, sacándole gemidos que debían escucharse en todo el castillo pero a Arthur no le podía importar menos quien le escuchara.

Era su sueño, ¿verdad?

Nada importaba.

Notó algo más grande y duro introducirse despacio en su cuerpo y se tensó, sintiendo un gran dolor. Gawain, enseguida trató de relajarlo, volviendo a acariciarle y besándole en los hombros, susurrando palabras de cariño en su oído que le excitaron más que cualquier otro toque.

¿Por qué? ¿Por qué las promesas de amor de un tipo por el que se suponía no sentía nada tenían ese poder en él?

Gawain comenzó a moverse de nuevo cuando notó que se relajaba al fin y no tardó en acelerar el ritmo, haciendo que Arthur chocara contra la recia madera de la mesa con cada embestida, dándole una mezcla de dolor y placer que le estaba volviendo loco.

Clavó las uñas en la superficie de la mesa, arañándola, gritando el nombre del otro hombre cuando llegó, cayendo agotado sobre la mesa mientras notaba a Gawain embestir más rápido y descoordinado varias veces antes de acabar él también.

Arthur sintió como Gawain le cogía, obligándole a girarse para mirarle y vio tal amor en sus ojos que se quedó sin habla.

Y se despertó.

El chico parpadeó, desconcertado. Estaba de vuelta en la habitación del hotel, el último en el que se habían alojado la noche anterior y estaba solo.

Solo y empapado, notó con cierta incomodidad.

Maldiciendo, salió de su cama y se metió en la ducha. Eran poco más de las siete de la mañana y Gawain estaría pronto por ahí para recordarle que debían salir en una hora o así.

En la ducha, todo el sueño volvió a su cabeza como si fuera una película.  Se notó de nuevo duro y cambio la temperatura del agua de templada a fría.

No podía permitirse volver a pensar en ese sueño. En minutos iba a tener que tratar con el protagonista de semejante fantasía y no estaba seguro de que pudiera mirarle a los ojos.

¿Cómo iba a hacerlo después de lo que había soñado?

Porque era un sueño, ¿verdad?

Preocupado por eso, cogió su móvil y llamó al único que podía responder a ciertas preguntas, sobre todo a las que se referían a su vida pasada.

Joss Merlin.

Joss no tardó ni dos tonos en contestarle.

– ¿Arthur? ¿Ocurre algo?

– No, no… solo… – de repente se sintió estúpido. ¿Cómo iba a contarle que había tenido un sueño erótico con su guardaespaldas? – Nada, déjalo. Es una tontería.

– No creo que lo sea. ¿Qué ocurre? – insistió el otro. De fondo se escuchaba el ruido inconfundible de la cafetera.

– En mi vida anterior… Gawain… o sea… – tartamudeó. – Él y yo… o sea… él y yo… ¿éramos?

– ¿Erais, qué? – preguntó Joss y se notaba que estaba aguantando las ganas de reír.

– ¿Algo más que amigos? – y ahora, sí. Joss soltó una carcajada larga y divertida.

– Gawain y tú erais algo más que amigos en esa época, sí. Erais la comidilla del castillo. – le confirmó. Arthur se sorprendió. ¿Por qué no había recordado eso antes? ¿Y por qué nadie le dijo nada? – Todo el mundo lo sabía, obvio, porque no erais lo más discreto del mundo cuando estabais en tu habitación. Pero al menos lo manteníais ahí.

– Oh…

– ¿Por qué preguntas eso? ¿Ha pasado algo?

– Solo he soñado… algo.

– Oh, espero que fuera divertido.

– Estúpido. – Joss volvió a reír. – Debiste avisarme.

– ¿Para qué?Mira, Arthur, aquello fue tu vida anterior. No tiene que repetirse nada de lo ocurrido ahí. Ahora eres otro y tienes otra vida distinta. Nada está escrito en piedra. Puedes elegir con quien quieres o no estar. Es tú decisión. Además, Gawain no recuerda nada de su vida pasada.

– Lo sé. – recordaba que Lance y Joss mencionaron eso un par de veces. Era algo muy curioso.

– ¿Eso va a ser un problema?

– No, no. Es que me ha sorprendido. Nunca he tenido ningún sueño con él… no de este calibre.

– Pues disfrútalos y no les des más vueltas. Son solo recuerdos que se quedan ahí por puro capricho. Olvida el asunto.

– Lo intentaré. – aunque sabía que estaba mintiendo. No iba a poder olvidar el sueño y lo que había sentido en él.

Era imposible.

Se despidió de Joss y procedió a vestirse. Gawain no tardaría en estar allí y prefería que no le pillara sin ropa. Ya iba a resultarle incomodo sin añadir más cosas.

Para cuando Gawain tocó en la puerta y entró, Arthur ya estaba preparado y con su maleta lista para salir de nuevo hacia el aeropuerto, donde les esperaba un avión de la compañía. Arthur iba inusualmente silencioso, lo que fue notado por su acompañante.

– Oye, ¿estás bien? – le preguntó y la preocupación que reflejaron sus ojos azules le hizo estremecerse al recordar el sueño.

– Si, sí. No he dormido bien.

– Bueno, podrás dormir en el avión. Yo tampoco duermo bien en los hoteles. Prefiero mi cama.

– No hay nada como la cama de uno. – bromeó Arthur, sin saber que decir. Gawain rio, dedicándole después una sonrisa pícara. La misma clase de sonrisa que le dedicó en su sueño.

– Pues sí. Para todo, ¿verdad?

Arthur tragó en seco, con la mirada enganchada a la del otro, que se fue poniendo serio poco a poco, luciendo algo confuso.

El momento se rompió cuando algo, presumiblemente un coche, golpeó brutalmente el suyo, sacándoles de la carretera y haciéndoles estrellarse en un lado donde todo era tierra y campo.

Arthur estaba dolorido y aturdido. No sabía que había ocurrido. ¿Habían tenido un accidente?

Pero la mano de Gawain tirando de él e instándole a salir del coche y seguirle, llevando su pistola en la otra, le indicaba lo contrario.

Más por inercia e instinto de supervivencia que otra cosa, corrió tras su guardaespaldas, quien se detenía cada pocos pasos para volverse y disparar su arma, empujándole hacia el bosque que se encontraba unos metros más allá.

Corrió todo lo que le dieron sus piernas, con el guardaespaldas pegado a él, vigilando. No le dejó detenerse hasta un buen rato después, ya bien dentro del bosque.

Y perdidos, presumiblemente. Al menos él no tenía idea de donde estaban.

– ¿Qué ha pasado? – Gawain guardó su pistola y se acercó para comprobar que no estaba herido. Él mismo tenía un golpe en la mejilla que sangraba un poco y que corría peligro de ponerse morado pronto.

– No estoy seguro. Pero nos han atacado, eso es indiscutible. – gruñó, tocándole la ceja. Arthur siseó de dolor. – Parece que te has hecho un corte aquí. Esperemos que no deje marca.

– ¿Y qué hacemos ahora?

– Ahora aplicamos el protocolo para estos casos, que es escondernos y pasar desapercibidos mientras intentamos ponernos en contacto con Lance y volvemos a casa.

Arthur miró a su alrededor. Estaban en mitad de ninguna parte, rodeados de bosque, árboles y nada que pareciera civilización. Pero no podían volver a su coche, donde estaban sus cosas, por si habían enviado más asesinos a buscarlos.

– ¿Cómo?

– Empezamos a andar hacia allí – dijo, señalando a una dirección. Arthur imaginó que había escogido esa dirección como podría haber escogido la contraria. – y nos escondemos bien en la siguiente ciudad. Buscaremos un motel barato. No nos buscaran por ahí. Y luego llamamos a Lance. No te preocupes. Estas a salvo conmigo.


¿Te ha gustado?

Pues dentro de dos semanas, más.

Y recuerda, si llegas a casa, después de un largo día y quiere desconectar y no hay nada interesante en la televisión y es tarde para buscar ningún libro en las librerías y bibliotecas.

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Entrevista a mis personajes: Astrid Samaras de Dagas de venganza.

¡Vuelve la sección más fivertida! ¡Vuelven las entrevistas a los personajes de mis novelas!

Entrevista a Astrid Samaras:

entrevista a

Di tu nombre completo:

Astrid Eibhlín Samaras.

¿Edad?

Treinta y dos. Pero no aparento más de veinticinco. ¡Mola ser yo!

¿A qué te dedicas?

Ahora mismo, a poca cosa. He pasado los últimos años persiguiendo a un trozo de escoria por medio mundo y ahora que está muerto… no sé. Ando un poco perdida. No estoy segura de que debo hacer en estos momentos.

¿Y qué es lo que realmente te gustaría hacer?

Siempre supe que acabaría trabajando para la Comunidad. Con mis dones, ¿cómo no hacerlo? Pero me hubiera gustado haber sido arqueóloga y conocer mejor el pasado de mi raza. Creo que es fascinante.

Cuéntame… ¿Qué hobbies tienes?

¿Hoy en día? Ver pelis, comer, ver series, las patatas fritas, matar a gente de La Orden… comer.

¿Tienes a alguien especial en tu vida ahora mismo? ¿Familia?

Familia, no. Ese desgraciado de Bauman mató a toda mi familia. Pero si tengo a alguien especial. Se llama Alec y es un dolor en el culo. Pero es majo y se deja apalear de vez en cuando.

¿Qué es lo que pasa en tu vida en este momento?

Acabo de conocer a Zeus, lo cual pensaba que no podía ocurrir y voy a ayudarle a recuperar a su último amante, lo cual si que pensaba que no iba a ocurrir jama de los jamases. Espero que eso no se me vuelva en contra.

Y para terminar… ¿Qué planes tienes para el futuro?

Seguir pateando culos de La Orden, ahora que vuelvo a tener mis poderes.

 


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Relato: Astrid y Zeus se conocen

Relato: Astrid y Zeus se conocen.

relato

(No tengo mucho que contar últimamente, así que te dejo un relato. Este estaría situado despues de los relatos Dioses y Demonios y Luna llena en Memphis, con los personajes de Dagas de venganza.)

– ¡Maldita sea!

Astrid se llevó una mano a la cara, donde notó algo húmedo y viscoso.

Sangre.

Solo eran las doce de la mañana y ya se había tropezado tres veces y hecho sangre una. Genial.

No iba a acostumbrarse jamás a la ceguera. Se mataría contra un mueble antes.

– ¿Estás bien? ¡Ouch! ¡Menuda brecha!

El bueno de Alec se había quedado a su lado, esperando, como todos, que esa ceguera fuera temporal. Y, en teoría, debía serlo.

Pero los días pasaban y no mejoraba. Tampoco empeoraba, todo había que decirlo.

No había ningún cambio.

Al pasar la primera semana empezó a impacientarse. A la segunda, se desesperó.

Estaban en la tercera y ya solo sentía miedo.

Miedo de que esa oscuridad en la que se había visto obligada a vivir fuera para siempre.

Alec le ayudó a levantarse y la guio hacia el baño, donde empezó a limpiarle la sangre con una toalla mojada.

Cuando, durante su enfrentamiento contra Bauman este le roció con algo en los ojos que la dejó ciega. Los médicos de la Comunidad dictaminaron que sería temporal pero no consiguieron averiguar que fue lo que el asesino usó contra ella.

Tres semanas después, seguía igual.

– Debes tener más cuidado. – la reprendió Alec, mientras curaba la herida. Astrid podía oler el desinfectante. Y sentirlo.

– Estoy harta. – suspiró.

– Lo sé. Pero pronto recuperarás tu vista y todo volverá a la normalidad.

– ¿Y si no? – Alec le dedicó una mirada de confusión. – ¿Y si esto es permanente?

– Los médicos han dicho que será temporal. Debes tener paciencia.

– Deberías volver y esconderte. Así no puedo protegerte. – el chico bufó, molesto.

– No estoy contigo para que me protejas. – y añadió. – Puedo protegerme bien solo.

Astrid iba a replicar algo pero se arrepintió. ¿Qué iba a decirle? Lo normal sería mandarlo a casa, pero Alec no podía volver a su casa. La Orden le tenía en su lista negra. En cuanto se alejará de ella, acabarían con él.

Pero cuando La Orden se enterará de que estaba ciega e indefensa, los matarían a los dos. La única razón por la que aún no lo habían hecho era porque nadie sabía nada.

¿Qué iban a hacer cuando lo averiguaran?

A lo mejor debería poner rumbo a Destruction Bay y descansar allí una temporada, escondidos. Ahí Alec estaría seguro.

Alguien tocó a la puerta y Alec se alejo para atender. Seguramente sería Ambar, que no había querido regresar a su casa para no dejarles indefensos mientras Astrid siguiera ciega.

Pero no fue la presencia de Ambar la que sintió cuando Alec regresó, inusitadamente silencioso.

– Alec, ¿Quién era?

– ¡Wow! Me lo dijeron y no podía creerlo. ¡Una gorgona viva! – Astrid se tensó ante la masculina y desconocida voz.

¿Quién era ese tipo? ¿Le había hecho daño a Alec? Sacó rápidamente la pistola que escondía en su bota y apuntó a la dirección en la que había escuchado al hombre hablar, el cual rio divertido al ver el arma.

– ¿Alec?

– Estoy aquí y estoy bien. No es un enemigo. – eso la calmó un poco. Pero bien poco.

– Eso ya lo decidiré yo. – gruñó ella, haciendo reír al desconocido una vez más.

– Soy Zeus.

– Es un enemigo. – sentenció. Ella no pudo verlo, pero Alec rodó los ojos y se cruzó de brazos.

– ¡Astrid!

– ¡Es un dios! ¡Claro que es un enemigo! – Alec resopló.

– ¡Venga ya! No es un dios. Solo un tío que se llama como uno. ¿Verdad?

– Siempre me ha encantado la incredulidad humana. Les hace adorables. – rio el tal Zeus, ganándose una mirada sorprendida de Alec. ¿De verdad era un dios?

– Irritantes, mas bien. ¿A qué has venido?

– Pues por increíble que te parezca, estoy aquí por casualidad. Venía siguiendo una pista y he escuchado hablar de lo que te ha ocurrido. Así que decidí haceros una visita.

– ¿Por qué?

– Porque tenemos un enemigo común, gorgona. La Orden.

Alec observaba curioso el intercambio. El tío había aparecido acompañado de Ambar, la cual se marchó inmediatamente. Pero la loba aseguró a Alec de que ese hombre podía ayudar a su amiga a curarse. Ahora Astrid había declarado que era un dios. El dios Zeus nada menos. No podía ser verdad… ¿o sí?

El tal Zeus cogió una silla y se sentó frente a la gorgona, que seguía con su pistola en la mano aunque la tenía apuntando al suelo.

– Verás, te hare un resumen rapidito. No contamos con demasiado tiempo. Hace unos meses, mis hijos decidieron que no debía seguir en el Olimpo y me bajaron aquí con mis poderes reducidos para que dejara de molestar. En ese tiempo me hice amigo de un chico adorable que trabajaba en el mismo sitio en el que me estaba quedando.

Astrid pareció relajarse un poco. Al menos empezaba a considerar que ese dios no iba a ser una amenaza para ellos. Venía a pedir algo, eso lo tenía claro.

– ¡Como no! – rio, ganándose una mueca del otro. Alec recordó entonces lo poco que estudió de mitología griega en el instituto. Casi nada, de hecho. Pero si recordaba que el dios griego Zeus era un promiscuo de mucho cuidado.

– No era así. ¿Vale? Finn es distinto. Es especial.

– ¿No has dicho eso de cada amante que has tenido?

– Finn es parte de una familia usada como recipiente físico de un demonio legendario.

– ¡Oh, pobre chico! ¡Menuda herencia!

– La cuestión es que hace un mes o así, Finn fue secuestrado por La Orden. He seguido su pista por medio país hasta aquí. Un tal Bauman lo tenía.

– Mierda…

– Sé que lo has matado. Necesito vuestra ayuda para encontrarlo. Aun puede seguir en la ciudad, escondido en algún sitio.

Astrid suspiró, cansada. Bauman seguía dándole problemas incluso desde la tumba.

– Localizamos un par de naves en el puerto, donde tenían alguna clase de base o almacén. No estamos seguros, no llegamos a entrar. Puede que aun sigan ahí. Hace ya semanas desde que Bauman murió y, probablemente, hayan movilizado todo.

– Ya es algo más de lo que tenía. Gracias.

– Siento no poder ayudar más. Espero que encuentres a tu demonio.

Zeus se levantó, acercándose a Astrid y colocando una mano cerca de su rostro, sin llegar a tocarla. De su mano salió una luz dorada y calidad que le hizo dar un respingo para apartarse, pero el dios la inmovilizó, sujetándola del brazo.

Cuando terminó, menos de un minuto después, Astrid parpadeaba sorprendida, sus ojos volviendo a su color habitual. Hasta ese momento, habían permanecido de un color grisáceo.

– ¿Qué demonios? – Alec se acercó, entre sorprendido y preocupado.

– ¿Astrid?

– Puedo ver. – declaró la gorgona, sorprendiendo a su amigo. – ¿Por qué me has curado?

– Básicamente, ya estaban casi curados. – Zeus se encogió de hombros. – Solo he acelerado el proceso.

– Gracias…

– No me las des. Ha sido por un motivo completamente egoísta. Si La Orden sigue en ese almacén, necesitaré ayuda para entrar y buscar a Finn.

– Cuenta con ello.


Recuerda que Lobos ya está a la venta en Amazon y no debes perdertela.

Lobos: Portada y audio relato.

Lobos: Portada y audio relato.

¿Estás listo?

Lobos ya casi está aquí. En menos de dos semanas la podrás tener en tus manos. Yo la tendré mañana, con suerte. Una versión de prueba, para ver como ha quedado.

¡Tengo muchas ganas!

Haré un video para enseñarla cuando la vea y compruebe que no tiene demasiados fallos.

Pero… lo que si puedo enseñarte ya es la portada.

lobos

Preciosas, ¿verdad?

Obra de mi querido David Orell, que como siempre ha hecho un trabajo maravilloso plasmando el espíritu de mi novela en la portada.

Si necesitáis una bonita portada, ya sabéis a quien acudir.

Y como estoy muy contenta por ella, os dejo aquí un audio relato. Este ya lo puedes leer en el blog, si quieres. Es una escena de mi novela, Lobos.

¡Disfrútalo!

Recuerda, Lobos saldrá a la venta en Amazon el día 28 de Febrero.

¡No te la pierdas!

 

Lobos: un nuevo relato

Lobos: un nuevo relato.

relato lobos

Pues como no tengo mucho que poner aún de la nueva novela (espero que pronto si tenga algo) pues te voy a dejar otro relatito con los protagonistas de la novela. Un cuqui-porno más cuqui que otra cosa, porque porno poco. Pero está bonito.

¡Disfrútalo!


– ¡Jooooooooooon!

Jonathan escuchó a su pareja llamarle antes de abrir la puerta del apartamento y gimió interiormente. Colby solo hacía eso cuando estaba borracho. Muy borracho.

Efectivamente, al abrirse la puerta del apartamento, Jon vio a un muy intoxicado Colby siendo sujetado y arrastrado por su otro hermano, Joseph. El rubio alzó una ceja al verlos y el mayor le sonrió, intentando no caer con su carga.

– Lo siento. Cuando me di cuenta, ya era tarde. – se excusó el mayor.

– En serio… una sola vez que no os acompaño a la reunión y se te emborracha.

La razón por la que Jon no los había acompañado a la reunión de la manada era porque se torció el tobillo la tarde anterior. Lo tenía hinchado y le dolía, así que decidió saltarse la reunión, dejando que Colby fuera con Joseph.

El problema era que en esas reuniones los alfas mayores tenían una preocupante tendencia por beber y hacer beber a todo el mundo. No era ni la primera ni la última vez que alguno de los tres acababa en semejante estado, pero Colby era el más propenso ya que no soportaba bien el alcohol.

Con un suspiro resignado, Jon se preparó para un Colby borracho. Y un Colby borracho era un lobo excesivamente empalagoso, cariñoso y emotivo.

Iba a ser una noche muy larga.

– Siéntalo aquí. – le pidió a su hermano, palmeando el sitio libre en el sofá a su lado. – No hay manera de que pueda llevarlo a la cama luego y ahora seria contraproducente. Seguro que acabará vomitando.

– Lo siento. ¿Quieres que me quede? Por si necesitas ayuda.

– Nah, ya lo manejaré. ¿Podrías traer la manta roja que hay sobre la cama? Creo que vamos a dormir aquí esta noche.

Joseph asintió y no tardó en llevarle la manta que le había pedido. Jon la colocó a su lado, mientras Colby ya empezaba a acurrucarse y a hacerle carantoñas.

– Si necesitas algo, llámame. ¿Vale?

– Estaremos bien. El tobillo ya me duele menos.

– Igualmente, no intentes moverlo esta noche.

– Dependerá de si aquí Casanova aguanta y no vomita. – rio.

Cuando el mayor se hubo marchado, Jon se giró en el sofá, hacia su pareja, quien prácticamente intentaba escalar a su regazo, hociqueando en su cuello y rodeándole la cintura con sus brazos de manera torpe.

Colby rozaba su mejilla contra la de Jon, besándole en el cuello y apretándose contra su cuerpo. El rubio bufó una risotada, rodeando la cintura del otro con su brazo para detenerle de seguir aplastándole.

– ¡Joooooooooooon! – gimió Colby, tan fuerte y tan cerca de su oído que el aludido hizo una mueca de dolor.

– Col, cariño, estoy aquí. No hace falta que grites. ¿Por qué has bebido si sabes que te sienta fatal? – el otro frunció el ceño, poniéndose bizco y haciéndole reír.

– Porque así no los escuchaba hablar. Y así no me hablaban.

Jon hizo una mueca, triste por su pareja. A pesar de que la mayoría de la manada había pasado página y perdonado lo hecho por Colby, pero aun quedaban miembros que seguían recelando de él.

Era algo comprensible y Colby lo entendía. Habitualmente, no solían decir o hacer nada si Jon estaba allí, pero, claro… esa noche no pudo ir y su pareja se sintió vulnerable y expuesto ante esos lobos.

Con un suspiro, le acarició la mejilla y alzó su rostro para darle un suave beso.

– No era la solución más inteligente.

– Pro… probl… puede. – tartamudeó, haciéndole sonreír al notar como se trababa al hablar.

– Y no puedes seguir escuchando a esa gente. Acabaran por aceptar que estás de vuelta, pero no debes hacerles caso cuando hablen tontería. No saben una mierda. No tienen idea de lo que has pasado y hecho para ayudar.

– Pero si saben lo que hice. – musitó el pequeño, en voz baja.

– Conocen una parte. Y la otra, la que no saben, compensa la primera con creces.

Colby se acurrucó con él en el sofá, escondiendo el rostro en el cuello de Jon y suspirando feliz cuando su pareja les tapó con la manta, abrazándole para evitar que cayera al suelo.

Pasaron unos minutos en silencio. Jon pensaba que su pareja se había dormido cuando este le sorprendió, volviendo a hablar.

– ¿Jon?

– Dime.

– ¿Me sigues queriendo? – Jon soltó una risita, acariciándole el cabello.

– A ver… vivimos juntos, estamos emparejados, estoy aguantando tus noventa borrachos kilos aplastándome en el sofá a pesar de tener un tobillo echo polvo… yo creo que algo te quiero. – rio.

– Pero ¿me sigues queriendo como antes?

Jon volvió a cogerle del rostro para besarle y luego le obligó a mirarle mientras le contestaba.

– No. – Colby le dirigió una mirada sorprendida y dolida. – No puedo quererte como antes. Somos varios años más viejos, hemos cometido un montón de errores y hecho algunas cosas bien. No te quiero como antes, te quiero más.

Eso pareció calmar a su pareja, quien le dedicó una enorme sonrisa y se volvió a acomodar en su pecho y no tardó en quedarse dormido, el alcohol acabando con él por fin.

Jon suspiró, apuntando mentalmente que debía llamar a su hermano por la mañana para preguntar si había ocurrido algo en específico en la reunión y para comunicar a su padre de que Colby no iba a ir a más reuniones sin él.

No pensaba permitir que nadie más hiciera dudar a su pareja de lo mucho que le quería.


¿Qué te ha parecido?

Espero que te haya gustado. Recuerda que Lobos sale a la venta en Amazon el día 28 de este mes.

¡No te la pierdas!

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Lobos: Recopilatorio, Booktrailer y Relato

Recopilatorio de post sobre lobos en la fantasía.

lobos

Sip, otro recopilatorio. Creo necesario ponerte en situación antes de empezar con lo gordo. Así te vas poniendo al día con todo para cuando esté la novela a la venta, aunque no es lo único que vas a encontrar en este post.

Pero antes de meternos en faena, anunciar que ha salido el episodio del podcast de Tres en un burro, La vida es burra, en el que participo con un relato cuqui-porno.

Salgo por la 1:34:38 horas pero escuchadlo todo porque hay un montón de cosas geniales antes y después.

Tres en un burro, La vida es burra: 3. Alguien voló sobre el establo del pollino.

Durante la vida de este blog he escrito algunos post sobre fantasía y, en varios de ellos, estaban los lobos.

¡Echa un ojo!

Los lobos en la fantasía moderna

https://miaventuradeescribir.wordpress.com/los-lobos-en-la-fantasia-moderna/

¡Aaaauuuu, que viene el lobo!

https://miaventuradeescribir.wordpress.com/aaaauuuu-que-viene-el-lobo/

Mis cinco criaturas sobrenaturales preferidas.

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Tengo que hacer más, ahora que lo miro…

También tengo otra cosita que enseñarte.

¡El booktrailer de Lobos ya está aqui! Espero que te guste.

 


Y para que no pienses que te dejo con tan poca cosa, aqui tienes un relato más sobre los personajes de la novela que viene, Lobos. Un poquitin más de su pasado para que les conozcas algo mejor.

¡Disfrútalo!


Nunca había visto a sus hermanos tan felices.

Joe estaba radiante, todo sonrisas orgullosas y ojos brillantes mientras paseaba por el salón de sus padres con su prometida del brazo.

Era la fiesta de su compromiso, en casa de sus padres, a solo dos semanas de la boda. Gale y él se mostraban tan exultantes que resultaba contagioso.

Colby observó la sonrisa de pura felicidad de su madre mientras charlaba con Jon. No tenia idea de que estaban hablando pero el otro reía por lo bajo y le dijo algo al oído que hizo dar un respingo a su madre antes de abrazarle.

¿Qué le habría dicho?

Debía preguntarle después. En ese momento, Colby no se sentía tan feliz como su familia, a pesar de desearlo.

Miró preocupado su móvil. Acababa de recibir la llamada que más temía.

Habían pasado varios años desde que aquel tipo le abordara en Central Park y se había visto obligado a hacer varios «trabajillos» para La Orden.

Por el momento no habían sido gran cosa. Unos pocos documentos y localizaciones que se las había ingeniado para dar lo más confusas posibles y así evitar que la organización pudiera hacer demasiado daño a los suyos.

Pero la suerte se le estaba acabando.

Cuando recibió la llamada esa tarde, ya sabe que no va a ser como las otras veces.

Justo cuando guardaba su teléfono, alguien le abrazó por detrás y sintió el cálido aliento de Jon en su mejilla. Colby se relajó, sintiéndose culpable por lo que iba a pasar más tarde.

–  ¿Por qué estás tan serio? – forzó una sonrisa y se giró en el abrazo, para estar cara a cara con su pareja. – ¿Te preocupa algo?

–  No… solo pensaba en lo diferente que será todo cuando Joe se case. ¿Crees que nos darán sobrinos pronto? – el otro rio.

–  Casi seguro que sí. ¿Tienes muchas ganas de ser tío? – bromeó. Colby sonrió.

–  La verdad es que sí.

–  No pensarás lo mismo cuando te obliguen a hacer de niñera.

–  ¿Perdona? ¿Me? ¡De eso nada! ¡Nos! Tu harás de niñera igual que yo.

–  Ni de coña.

Colby le besó suavemente en los labios. En ese momento solo quería tener un rato a solas con su pareja y disfrutar de él lo poco que le quedaba.

Porque le quedaba muy poco tiempo con él. Lo sabía.

La Orden le había comunicado su siguiente trabajo. Robar unos documentos que resumían la última reunión con el Consejo. En esos papeles estaban escritos nombres y direcciones de varios lobos en puestos de poder de cuatro ciudades distintas. Colby recordaba esos documentos. Recordaba con claridad la carpeta marrón en la que estaban y el lugar donde se guardaban.

La caja fuerte del despacho de su padre.

No había manera de robar esos papeles sin que le atraparan o le descubrieran. Y si lo atrapaban, podía darse por muerto.

Si lo descubrían y conseguía huir, podía despedirse para siempre de Jon y su familia.

Estaba jodido hiciera lo que hiciera y lo sabía.

Así que antes de lanzarse de cabeza al precipicio y perder todo lo que quería, iba a disfrutar un poco de su pareja y del cariño que no le daría cuando descubriera la verdad.

–  Oye… ¿y si dejamos a todos aquí, celebrando y nos vamos a celebrar los dos solos? – le preguntó, arqueando las cejas. Jon pareció considerar la idea.

Como si fuera a decir que no.

– No sé si puedo esperar a estar en casa.

– No hace falta esperar. Podemos ir a nuestra antigua habitación… aquí, en casa de papa. – sugirió. El otro soltó una carcajada, sorprendido.

– ¡Uhm, me gusta la idea! Vamos, antes de que noten nuestra ausencia.

Jon le besó profundamente antes de cogerle de la mano y llevarle al piso de arriba.

Dios… iba a echar eso de menos muchísimo.

Los dos subieron las escaleras apresuradamente, cogidos de la mano y riendo entre dientes como colegiales.

Jon le arrastró hasta su antigua habitación, la cual seguía igual que cuando dejara su casa, años atrás. Su madre siempre mantenía sus habitaciones tal como las dejaron, congeladas en el tiempo. Al lobo le encantaba regresar y ver que sus cosas, sus revistas, incluso las que tenía escondidas, seguían en el mismo lugar, esperándole.

Abrazó a Colby, besándole profundamente para acallar sus risas, haciéndole trastabillar hasta su cama, en la que se dejaron caer pesadamente. Los dos rompieron el beso, mirándose sin aliento y con hambre.

Jon acarició el rostro del otro, que se apoyó en su tacto, cerrando los ojos y besándole la palma de la mano.

– Te quiero. – le susurró, sorprendiéndole.

Colby arrugó el rostro, sus ojos llenándose de lagrimas al oírle. Jon no era de los que decía esas palabras a la ligera. Tampoco se las solía decir tanto como quisiera. Por eso, le había emocionado oírlas.

No era la noche perfecta para eso. O tal vez sí.

– Yo también te quiero. – Jon le secó una lagrima solitaria que se había escapado, mirándole preocupado. – No, no pongas esa cara. Es que me he emocionado.

– Siempre has sido un blando. – bromeó el otro, besándole de nuevo.

Las manos de Jon bajaron, colándose bajo la chaqueta, sacándole la camisa para poder tocar piel, sacándole un gemido al otro. Pronto estaban arrancándose la ropa y lanzándola descuidadamente.

No se detuvieron hasta estar completamente desnudos, con Colby sentado sobre el regazo de su pareja. Jon puso las manos sobre sus muslos, apretándole y acariciándole.

Colby se inclinó para besarle antes de abrir el cajón de la mesita junto a la cama. Soltó una risita al encontrar el botecito de lubricante en el mismo sitio de siempre. Se manchó los dedos y comenzó a prepararse, ganándose un gruñido del otro, que apretó su agarre. Colby soltó un gemido, deteniéndose para acariciar un par de veces a su pareja.

– ¡Vamos, Col! ¡No juegues conmigo! – suplicó Jon, alzando la mano para coger el lazo que Colby llevaba en el cabello y soltarle la cola con la que se lo recogía. Enterró la mano en su cabello, acariciando su nuca para atraerle y robarle un beso.

El pequeño rio, y se empaló despacio en el miembro del otro, moviéndose en un ritmo lento que era una tortura para Jon. Cuando este intentó acelerar las cosas, cogiéndole de la cintura, Colby se lo impidió, sujetándole las manos y besándoselas para que no se moviera.

El otro se lo permitió hasta que llegó a un punto en que no podía más. Fue entonces cuando cogió a su pareja y lo puso con la espalda en el colchón, acabando él arriba en una postura más dominante. Así empezó a embestir a un ritmo más rápido, sacándole jadeos a su pareja que pronto llenaron la habitación.

Jon coló una mano para acariciar a Colby, haciendo que este acabara gruñendo su nombre. Él le siguió segundos después, cayendo desplomado sobre su pareja, dándole un beso agotado.

Unos minutos más tarde y tras limpiarse a escondidas en el baño del pasillo, decidieron regresar a la habitación y dormir. Igualmente se iban a quedar a pasar la noche en casa de sus padres y estos ya habrían notado que estaban desaparecidos. No les iba a costar mucho adivinar donde estaban.

Jon se durmió casi enseguida, abrazando a Colby como si fuera lo más importante de su mundo. Colby permaneció despierto, viendo pasar las horas y escuchando a la gente abandonar la fiesta y la casa.

En un rato tendría que dejar esa cama y a su pareja para siempre. Y no tenía ningún deseo de hacerlo.


En fin, recuerda que Lobos llegará por fin el día 28 de febrero y que tengo otras novelas que puedes ir leyendo, si aun no lo has hecho. Las puedes encontrar en Amazon.

También puedes participar, echando una manita e invitandome a un Kofi, donde conseguirás un pdf con relatos Cuqui-porno exclusivos.

¡No te los pierdas!

 

Lobos: relato y sinopsis

Lobos: relato y sinopsis.

relatos sinopsis

¡Feliz lunes!

Si, lo sé… es lunes.

¡Un día horrendo!

Y para animarlo te voy a dejar aquí un nuevo relato basado en los personajes de mi próxima novela, Lobos. En este te enseño lo ocurrido con uno de sus personajes y la razón de sus futuras acciones.

También te dejo la sinopsis de Lobos.

¡Estoy tan emocionada con la historia! ¡Tengo tantas ganas de que la veas!

Pero primero, el relato.

¡Que lo disfrutes!


Nueva York siempre le resultaba intimidante.

La ciudad era tan enorme, tan repleta de gente, ruidos, olores… era abrumadora.

Y las reuniones del Consejo no ayudaban a mitigar esa sensación. Más bien lo contrario.

Ver tantos Alfas importantes, a su padre ejerciendo su cargo, sus hermanos ocupando el lugar que les pertenecería en un futuro… Si, era muy consciente de la posición que un día ocuparían sus hermanos. Joseph sería el Alfa cuando su padre acabara su mandato y Jonathan su segundo, como lo era hoy en día su madre.

Y él… Colby no sabía cuál sería su lugar cuando llegara el momento, pero sí que sería al lado de sus hermanos.

De eso no tenía duda.

Siempre que visitaban Nueva York, a Colby le gustaba escaparse un par de horas para pasear por Central Park. Era el único lugar que no le agobiaba de toda la ciudad. Así que, mientras su padre tomaba algo con sus amigos, Joe iba a comprar un regalo a Gale y Jon se perdía paseando por calles que nadie conocía, él se dedicaba a recorrer el parque, solo.

Y mientras andaba y disfrutaba de un momento de tranquilidad y soledad, meditaba sobre su lugar en la manada y su relación con Jon.

Su relación, a pesar de que llevaban años juntos, aun resultaba nueva. Ambos estaban todavía adaptándose a la nueva situación. Pasar de hermanos y amigos a pareja no les estaba resultando fácil. Demasiados años de familiaridad y costumbres que debían mutar en algo nuevo.

Pero estaban trabajando en ello.

También estaba Jon y su negación a avanzar. A veces le costaba horrores que su pareja dejara de ser su hermano y se comportara como una pareja debía hacerlo. Colby quería a su hermano y le necesitaba, en ocasiones. Pero amaba más a su pareja y le necesitaba mucho más. Eso era algo que Jon tenía que aprender pronto. Antes de desesperarle.

– Bonito día, ¿verdad? – para fastidio infinito de Colby, un tipo vestido con traje oscuro se había colocado a su lado, apoyándose en la misma barandilla que él.

Era un hombre grande, con cabello rubio y ojos claros. Aparentaba ser mucho mayor que él, tal vez veinte años mayor o más.

Había mucho espacio para disfrutar de las vistas. ¿Por qué se había puesto ahí?

Molesto, el chico se limitó a asentir, desviando la mirada del hombre a su lado. Lo olfateó disimuladamente. Un humano. Ni rastro de magia en su olor. Solo cuero, gasolina y algo más que no terminaba de distinguir.

El tipo, obviando su molestia, siguió.

– Siempre que vengo de visita a la ciudad me gusta pasear por aquí. ¿Sabes? Da mucha paz. – su acento no era americano. ¿Ingles, tal vez? Europeo, con seguridad.

– Aja…

– Veo que a ti te gusta hacer lo mismo, Colby. – el joven lobo se tensó, volviéndose despacio para encarar al hombre. Este le sonrió y su sonrisa le puso los vellos de punta.

– ¿Quién eres? ¿Cómo sabes mi nombre? – la sonrisa del hombre se volvió socarrona.

– Sabemos mucho sobre ti. Y sobre tu familia. Sé que has venido aquí acompañando a tu padre y tus hermanos, para una reunión, ¿verdad? – el lobo gruñó. El tipo se abrió la chaqueta y mostró la culata de una pistola asomando de la cintura del pantalón. – Quieto ahí, chucho. Si me haces algo, te pego un tiro.

– Eso es un farol. No te atreverás a disparar en un sitio tan público.

El hombre rio. Una de esas risas que escuchabas al psicópata de las películas de miedo y te ponían los pelos de punta. Colby miró a su alrededor buscando una manera de salir de ahí. Calculó sus posibilidades y comprobó que no tenia demasiadas.

– ¿Eso crees? La Orden puede hacer lo que quiera.

– ¿La Orden?

– Exactamente, chico. Ahora presta atención. Si no quieres que te pase algo a ti o a tu familia, vas a hacer lo que te digamos.

– Ni de broma.

– Creo que no me has entendido. Esto no era una sugerencia. Es un hecho. – el lobo volvió a gruñir, enseñando los dientes. – ¿No crees que pueda obligarte? Tu hermano Jon está ahora paseando por el Bronx. – soltó de repente, confundiéndole. – Tiene la mala costumbre de meterse en malos barrios, ¿sabes?

El hombre sacó una Tablet de su chaqueta y la encendió. A los pocos minutos le enseñó la pantalla a Colby. En ella se podía ver a Jon andando, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta de cuero, mientras contemplaba escaparates.

Al lobo se le heló la sangre en las venas. Alguien estaba siguiendo a su hermano.

– Tengo entendido que este es tu pareja. – ¿Cómo sabía eso? Solo su familia conocía su relación. – Llámalo. Comprobaras que esto no es grabado. – Colby cogió su teléfono y llamó a su hermano.

En la Tablet, Jon se detenía y sacaba su móvil, sonriendo al contestar.

– ¡Ey, J! ¿Qué estás haciendo? – preguntó con la voz más normal que pudo reunir.

– Paseando por el Bronx. Deberías haber venido. Este sitio es genial. – en la imagen, Colby vio como su hermano se detenía en un puesto callejero y compraba un colgante plateado con la forma de la cabeza de un lobo. – ¿Voy a buscarte y comemos? Te llevo un regalo.

– Cla… claro que sí. ¿En veinte minutos frente al hotel?

– ¡Hecho!

Colby colgó después de despedirse, aun con el corazón en un puño. ¿Quién era ese tipo? ¿Cómo era posible que les estuvieran siguiendo sin que lo hubieran notado hasta ese momento? ¿Cómo sabían tanto de ellos?

Alguien les estaba espiando en su propia casa.

– ¿No es tierno? ¡Hasta te ha comprado un regalo! – se burló el humano. – Los lobos sois adorables a la hora de aparearos.

– ¿Qué quieres? – siseó.

– Por ahora, nada. Pero pronto volveré a aparecer y harás lo que te diga. Me traerás lo que te pida, sea lo que sea, o él muere. Avisa a los tuyos, y morirá igualmente. Puede que no podamos acercarnos a tu padre, siendo el Alfa, pero si a tus dos queridos hermanos, Colby. Recuérdalo.


Lobos.

Chicago. La Orden sigue imparable en su cruzada por acabar con la Comunidad Mágica.

Colby, quien traicionó en el pasado a su manada, está dispuesto a todo para redimirse ante los suyos y para eso tratará de interferir en los planes de la malvada organización.

Con la ayuda de Jon, su pareja, quien no permitirá que nadie los separe de nuevo y de Joseph, su hermano, intentarán salvar su mundo de la crueldad humana.

Sígueles en su aventura para mantener a salvo al mundo mágico.

¿Lo conseguirán?

Lobos es una nueva parte en la saga Comunidad Mágica vs La Orden de la autora Eva Tejedor, ya compuesta por los títulos Jack T.R., Kamelot 2.0, El juego de Schrödinger, El Guardián y Dagas de venganza.

¡No te pierdas la continuación de esta aventura!


¿Qué tal suena?

Bien, ¿verdad?

¡Pues vigila el blog porque habrá cositas más interesantes dentro de poco!

Y recuerda… ¡puedes encontrar mis otras novelas en Amazon y en el blog y no olvides invitarme a un Kofi o ser mi mecenas en Patreon!

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Y nos vamos de vacaciones navideñas.

Y nos vamos de vacaciones navideñas.

navidad

Si, me voy de vacaciones navideñas. O, bueno, el blog se va de vacaciones navideñas, en realidad.

Necesito un descansito de blog y de post y de todo y tiempo para pensar nuevos temas y nuevas publicaciones mientras termino de preparar Lobos de Davenport, que ya mismo tendréis a mano.

Por eso, la semana que viene no habrá post, no habrá podcast, no habrá nada.

Espero que paséis todos unas buenas navidades, una feliz salida y entrada de año y unas felices fiestas.

¡Disfrútalas todo lo que puedas!

Mientras, te dejo aquí un relatito. Sobre unos personajes que saldrá en la siguiente a los lobos. Espero que te gusten.


Cuando Max era pequeño y escuchaba las historias de su padre le parecían lo más emocionante y fascinante del mundo.

Sus viajes, sus aventuras… estaba deseando ser mayor de edad y poder tener sus propias historias que contar cuando creara su manada, su familia.

Cuando tenía cinco años ya lo tenía todo pensado. Se marcharía con su hermano Nicky y juntos viajarían y encontrarían pareja con la que formar una familia propia.

Porque tenía que irse con Nicky.

Juntos. Siempre juntos.

Tuvo suerte de que su padre le permitiera quedarse en la manada los cuatro años extras que le separaban de la mayoría de edad de Nicky. Fue lo suficientemente comprensivo para entender que su primogénito no iba a ninguna parte sin su hermano. Y, supuso Max, su padre tampoco deseaba que estuvieran solos. No era un viaje fácil, a fin de cuentas.

Lo que ninguno de los dos imaginó nunca era que esos viajes no iban a resultar tan idílicos como su padre contaba. Descubrieron muy pronto que estaban más adornados de la cuenta, fruto del paso del tiempo.

Obviamente, a su progenitor se le olvidó mencionar que el dinero se acabaría en un futuro demasiado próximo y que tendrían que buscarse la vida para comer y dormir, sin contar que en más de una ocasión iban a pasar la noche en la calle o en el coche.

La tradición de su raza consistía en que los cachorros machos debían abandonar la familia al cumplir la mayoría de edad. Se les asignaba una pequeña cantidad de dinero para apañarse al principio y luego debían arreglárselas como pudieran.

La idea era que aprendieran a crear su familia y su legado desde cero y lejos de la protección paternal.

Así era siempre entre los leones.

Eso eran Max y su hermano. Leones. O, más bien, cambia formas leones.

Para quien no sepa que son, se podía explicar de una manera muy simple. Eran muy parecidos a los lobos o, como los llamaban equivocadamente los humanos, hombres lobo.

Vivian en manadas, podían pasar de forma humana a león a voluntad y se regían por un estricto orden, siempre impuesto por el alfa del grupo. La diferencia más grande radicaba en que en los leones solo podía haber un macho en la familia. Era la tradición.

Los jóvenes debían volar del nido y buscar su lugar en el mundo.

Pero nadie les explicaba nunca lo difícil que resultaba todo eso y en cuantos líos podían meterse por el camino.

Su padre, desde luego, olvidó comentar también que se encontrarían con gente que intentaría hacerles daño sin venir a cuento.

Como esa noche.

Ya hacia varios meses desde que dejaron su casa y el dinero se había agotado. Para poder comer, Max había encontrado un trabajillo temporal lavando platos en un bar de carretera en donde solo paraban camioneros y moteros.

Habitualmente, trabajarían los dos pero Nicky llevaba un par de días con un catarro bastante fuerte, con fiebre y no podía ayudarle en esa ocasión. Aun así, quedaba en una esquina del bar, esperándole para regresar juntos al motelito donde tenían una habitación cogida. No quería dejarlo solo.

Llevaban ya un par de días en la zona y trabajando en el bar. Esa noche, en particular, había llegado un grupo de motociclistas muy escandalosos. Nada fuera de lo normal. Pero, tras dos horas seguidas bebiendo, uno de ellos descubrió a Nicky y empezó a molestarle.

Otra de las costumbres de su raza era la de dejarse el cabello largo. Max y Nicky portaban una melena hasta media espalda. El mayor castaña oscura y algo revuelta, más clara y lisa la del pequeño. Normalmente, para salir solían recogerse el cabello en una cola baja o un moño mal hecho.

Nicky llevaba esa noche una cola baja y una bandana negra.

Y esa fue la excusa que usó aquel motero para molestar a Nicky. Su pelo.

Empezó con lo de siempre. Ya estaban acostumbrados, lamentablemente. En los meses que llevaban fuera de su casa esos ataques habían sido algo común, sobre todo en ciertos ambientes.

El tipo casi doblaba a Nicky en peso y le sacaba una cuarta en estatura, a pesar de que su hermano media metro ochenta y no era nada ligero.

Pero, a pesar de que su hermano no era alguien a quien tomar a la ligera, incluso estando enfermo, el tipo pensó que debía hacerlo. Era su obligación molestar a alguien solo por ser diferente. Lo cogió del cabello y lo levantó, arrastrándolo por medio bar ante las risas de sus compañeros.

El ruido fue lo que alertó a Max, pero para cuando llegó en su ayuda, su hermano tenia encima a aquella mole y no era capaz de quitárselo. Sin dudarlo un segundo, se lanzó hacia ellos, apartando violentamente a ese tipo y tirándolo al suelo, a los pies de su grupo.

Estos no tardaron en rodearlos, algunos sacando cuchillos y cadenas. Las perspectivas no pintaban nada bien para ambos.

Y entonces apareció él.

O, más que aparecer, en realidad intervino ya que llevaba un buen rato sentado en una mesa apartada del jaleo.

Al principio, Max pensó que era otro de esos motoristas. Vestía parecido, de negro, chaqueta de cuero, botas, vaqueros rotos y gafas de sol sobre unos rizos rubios.

Pero no había ningún casco en su mesa ni nada que indicara que estaba con ellos. Su chaqueta no llevaba el logo del grupo, que era una serpiente.

No, este tenía unas alas dibujadas en la espalda de su chaqueta. Unas alas de ángel.

No dijo palabra. Se acercó despacio, interponiéndose entre el grupo y ellos y les dirigió una mirada a los hermanos. Acto seguido atacó al grupo, repartiendo puñetazos y patadas sin parar. Max y Nicky no tardaron en unirse y ayudarle.

Media hora más tarde, los tres estaban en la calle, huyendo de la policía a la que había llamado el dueño del bar, doloridos pero felices.

El hombre (aun no sabían su nombre) los acompañó hasta el motel y Max le invitó a entrar. Era lo menos que podía hacer para agradecerle la ayuda.

Además, era uno de los suyos. Otro león.

Se llamaba Kenny Smith, les informó algo más tarde, procedía de una manada en Winnipeg, Canadá y era un año mayor que Max, aunque aparentaba más.

No quiso hablar mucho del tiempo pasado desde que dejó su grupo. Ocultaba algo que nunca llegó a confesar. Algo que le avergonzaba. Fingía que buscaba lo mismo que ellos pero, en realidad, solo quería su compañía. Por eso se unió a su viaje.

Y los hermanos se lo permitieron porque podían sentir su soledad. Y porque confiaban en él. Algo le decía a Max que podía confiar en aquel chico.

Aquella primera noche la pasaron los tres acurrucados juntos en una cama (el dinero no les dio para más que una habitación con cama de matrimonio). A pesar del poco espacio, se sintieron cómodos y completos por primera vez en meses.

Max no estaba seguro ya de si conseguirían su objetivo de crear su propio grupo. Pero si sabía que ya tenía una familia con Nicky y Kenny.

E iba a protegerla a toda costa.


Esto es parte del universo Comunidad Mágica vs La Orden y pronto los tendremos con nosotros. Primero van los lobos. Luego vendrán estos, para el año que viene, puede que para el verano. Ya veremos. Espero que te gusten.

Recuerda, mientras estoy fuera, que puedes conseguir mis novelas en Amazon y aquí en el blog, que puedes convertirte en mecenas del blog, en Patreon. Y, ahora, también puedes invitarme a un café con Ko-fi.

Esas ayuditas son las que hacen posibles los relatos y las novelas.

¿A qué esperas?

Dos lobos y un bebé. (Escena en Lobos)

En poco tiempo estaré sacando al mundo mi próxima novela, Lobos. Es una nueva parte de la Saga Comunidad Mágica vs La Orde, que ya sabes, se puede leer también independientemente.

Pero mientras viene o no viene, quiero que veas un poquito de que va y cómo son los personajes. Estoy segura de que te van a caer bien.

Así que aquí te dejo una escena de la novela. ¡Disfrútala!

Dos lobos y un bebé (escena de Lobos)

lobos

– ¿Tienes alguna idea de cómo cuidar a una niña?

Colby miró a su pareja como si fuera un extraterrestre.

¿Qué demonios iba a saber él de niños? Había sido el pequeño de sus hermanos y nunca tuvo tratos con críos.

No, no tenía ni idea de que iban a hacer con la pequeña. Estaba improvisando sobre la marcha.

– Estoy tan perdido como tú. ¿Cómo lo hacía mamá? – Jon se encogió de hombros.

– Ni idea.

La razón de esa conversación era que la pequeña Carol en ese momento lloraba desconsolada sin motivo aparente. Colby pasó lista mentalmente. Le habían dado de comer, cambiado el pañal, bañado y puesto una camiseta prestada de Aidan como camisón.

¿Por qué lloraba?

El joven lobo miró a la pequeña en sus brazos, angustiado, y dio un par de paseos por la habitación, intentando calmarla.

Su pareja le observaba con aire burlón, lo que le molestó y le puso más nervioso. Como si no lo estuviera bastante.

– ¿De qué te ríes? – le siseó. El otro le sonrió, claramente divertido.

– De nada. Solo pensaba que estas adorable con un niño en brazos.

– Pues no te emociones. Viendo lo mal que se me da, es una suerte que no podamos tener cachorros. – eso arrancó una carcajada a su pareja.

– Primero, no se te da tan mal. Demasiado bien lo estás haciendo, la verdad. Segundo, podemos hacer como nuestros padres y adoptar, ¿sabes? Pero ya hablaremos de eso cuando pase la tormenta con La Orden.

– Y la de la niña. Carol, pequeña… ¿Por qué lloras? ¿Qué tienes? ¿Qué quieres?

La pequeña sollozó más fuerte haciendo que el lobo se estremeciera de angustia. Su pareja soltó una risita y alargó los brazos, pidiendo al bebe.

– Dámela un segundo.

– ¿Estás seguro?

– Puedo oler tu estrés desde aquí. Y estoy seguro de que ella también. ¿Por qué no vas a calentar un poco de leche, para ver si así la calmamos un poco?

– Buena idea.

Jon casi rio de nuevo ante el alivio del otro cuando le pasó a la pequeña. Esta no dejó de llorar a pesar del cambio, pero el lobo no se amedrentó. La sujetó con cuidado, apretándola contra su pecho y empezó a pasear por la habitación cantando bajito una canción que su madre adoptiva usaba cuando las pesadillas le quitaban el sueño y la tranquilidad.

De los tres, Jon fue el que peor se adaptó a su nueva casa, una vez fueron adoptados por los alfas. Casi todas las noches tenía pesadillas, no hablaba y se mostraba arisco con cualquiera que no fueran sus hermanos.

Su madre tuvo que ser tremendamente paciente con él para conseguir ayudarle. Tras varias semanas sin dormir, una noche de tormenta Jon no pudo más con sus demonios y salió de su habitación aterrado. En el pasillo se tropezó con su madre, quien iba a comprobar que sus niños estuvieran bien.

Asustado, agotado y lleno de pena, se abrazó a ella buscando consuelo y algo de paz. Fue la primera noche que Mary le cantó aquella canción y la primera en la que pudo dormir más de dos horas seguidas.

Así que, irradiando toda la paz que pudo, empezó a cantar bajito al oído de la niña que fue dejando de llorar poco a poco hasta adormilarse en sus brazos.

– ¿Cómo lo has hecho? – susurró Colby, acercándose con la leche. No tenían biberón así que la traía en un vaso pequeño.

– ¿Qué quieres? ¡Las chicas me adoran! – el otro soltó un bufido, divertido.

– ¿Esa era la canción que te cantaba mamá?

– Siempre funcionó conmigo así que tenía que funcionar con ella también.

Colby se acercó y le dio un beso suave en los labios.

– ¿Sabes? A lo mejor no es tan mala idea que discutamos lo de la adopción cuando todo esto acabe.


¿Te ha gustado? ¿Quieres más?

¡Pronto estará la novela completa!

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¡Lee el nuevo relato para el Patreon! ¡Descubriendo el destino!

Resumen semanal: última semana de noviembre

Resumen semanal: del 25 al 29 de noviembre.

resumen

 

Lunes.

Empezamos la semana con un Recopilatorio de post de fantasía del blog. Unas cuantas entradas, que no todas, sobre fantasía y otras cositas similares.

 

Miércoles.

En el podcast hablo de mi última semana en el Nanowrimo y los avances que he hecho con la historia. Cortito pero con sentimiento.

 

Jueves.

Y último post sobre mi aventura en el Nanowrimo de este año, coincidiendo con la llegada a la meta de las cincuenta mil palabras. ¡Reto conseguido!

 

Viernes.

¡Y por fin es viernes! Y solo queda un mes para las fiestas. Feliz viernes y buen finde a todos.