¿Funcionaria el género de super héroes fuera del comic o la pantalla?

¿Funcionaria el género de super héroes fuera del comic y las películas/series?

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El género de super héroes no es muy usado en las novelas, para ser sinceros. Es un género muy visual, más apto para novelas gráficas o películas o series.

Incluso en series a veces no cuaja del todo.

Pondré como ejemplo a mi adorado Batman. Tropecientas películas y casi ninguna ha funcionado.

¿Por qué?

Es complicado crear dos personajes tan radicalmente distintos como son Batman y Bruce Wayne y encontrar a un actor que consiga encajar en ambos.

Si alguno queda bien como Batman, no queda tan bien como Bruce Wayne.

Eso le ocurría a Ben Affleck, por ejemplo. Hacia un buen Batman, pero un pésimo Bruce Wayne.

Pero, en cuestión de novelas, la dificultad radica en las escenas de acción, tan importantes para esta clase de género. Describir una escena de persecución con el batmovil o una pelea con todos los secuaces de el Joker sería aburrido de leer si no sabes hacerlo excelentemente.

¿Funcionaria?

Puede, ya que Batman en particular, es más del género detectivesco que de super héroes pero estaría fastidiado con las escenas de acción igualmente.

Superman ni siquiera consiguen que funcione solo en la pantalla. No desde que Christopher Reeve murió. Han encontrado varios actores que son una copia física pero siempre van a contar la misma historia y todas las películas parecen una repetición eterna del mismo error. Yo pasaría de Superman y me iría con Superboy, encajaría más con el público más joven y tiene un background con el que se puede jugar más. Y no es una historia que hayas visto mil veces en la tele.

¿Funcionaria un Superman para libro? Rotundamente, no.

Soy muy fan de Saint Seiya, que es un anime básicamente de super héroes. O casi, porque hablamos de personas con poderes especiales. He intentado varias veces trasladar algo parecido al papel y me resultaba siempre muy tedioso de explicar y las escenas de acción eran un incordio.

¿Cómo explicas que alguien tiene el poder de crear hielo solo con su cosmos interior? ¿Cómo explicas que es el cosmos?

Un día lo conseguiré… claro que tendré que cambiar mil cosas para que no me acusen de plagio…

Es un género muy complicado para pasar a libro, pero no imposible.

Es como esas novelas que existen sacadas de películas. ¿Has leído alguna? Yo tengo la de Los vengadores, pero no los Vengadores de Marvel, si no Los vengadores, una serie de los sesenta inglesa que trataba de dos agentes del servicio secreto de Inglaterra, John Steed y la Dra. Emma Peel. La serie vivió durante los sesenta pero se hizo una película pésima en año 98 protagonizada por Uma Thurman, Ralph Fiennes y Sean Connery. Nunca entendí como se pudo hacer una película tan mala con un reparto tan maravilloso.

Pues de esa película se sacó una novelita de bolsillo que no ocupará más de ciento cincuenta páginas. No tiene la mejor narrativa del mundo, es todo lo que diré de ella.

¿Se puede hacer una novela de género de super héroes?

Por supuesto. Pero no tiene que ser necesariamente buena. Y es complicado hacerla buena.

¿Lo intentamos?

 

Podcast: ¿sirven de algo las redes sociales?

Podcast: ¿Sirven de algo las redes sociales?

podcast

Es una pregunta sin respuesta.

¿Sirven? Por supuesto pero depende de para qué y el uso que les des.

Reconozco que no soy la persona más constante con mis redes sociales. Me cansan. No tengo ni tiempo ni ganas de interactuar todo lo que debería, así que no lo hago.

Fatal, lo sé.

Los expertos lo dejan claro: Tienes que interactuar.

Y yo no valgo para eso. Soy tímida y odio empezar conversaciones con extraños. Es algo que no puedo evitar, así que ni lo intento. Y así me va, claro.

¿Sirven las redes para hacer publicidad y vender libros?

Seguramente, a más de uno o una le funcionaran de escándalo. A mi no me funciona demasiado, pero… volvemos a lo mismo, yo no interactúo casi nada. Y así no vamos a ninguna parte.

Reconozco que el problema es mio. Seguramente, si hiciera caso a los expertos me iría mejor, pero… no valgo para eso.

¿Qué más te dicen?

Fija tu objetivo en tu publico ideal.

Aja… espera que aún sigo intentando descifrar eso. ¿Cuál es mi público ideal?

Ni idea.

He intentado averiguarlo lanzando anuncios probando edades, géneros y países de procedencia diferentes y no me aclaro.

Porque según el género que escribo, fantasía urbana/thriller/romance paranormal le puede interesar a mujeres de menos de treinta años. O no.

Según mi experiencia y mis gustos, le puede gustar a cualquiera. La fantasía urbana tiene fama de ser para gente joven pero conozco mucha gente de mas de treinta que la leen. El romance sería (por topicazo) más indicado para mujeres jóvenes de 16 a 25 años, pero conozco chicos o mujeres por encima de esa edad que lo leen. Y el thriller (por topicazo también) iría para mayores de 25 y eso también sería un error.

Así que… ¿Qué hacemos con esto?

Con datos tan confusos, ¿cómo averiguo cual es mi verdadero público?

Está claro que no sé leer esas cosas.

También te recomiendan el Quid pro quo. Que está genial. Soy muy partidaria de esa idea. El problema es que casi nadie devuelve esos intentos de favores que haces.

Tú compartes y compartes y compartes… y solo uno o dos te devuelven el favor compartiendo algo tuyo. Y así tampoco vamos a ninguna parte, porque tú quieres que lo tuyo también lo vean los demás.

Y me meto en el bote, ¿eh? Aunque reconozco que no lo hago más por despiste que otra cosa.

Soy la persona más despistada del universo. Mi perro puede dar testimonio de ello.

A mi no me valen las indirectas o los codazos. Si quieres algo de mí, dímelo claro que las sutilezas pasan por encima de mi cabeza y ni me entero.

¿Sirven las redes?

Las redes son muy divertidas, te distraes demasiado con ellas, son informativas, desinformativas, lo mejor y lo peor al mismo tiempo.

¿Sirven?

Claro, si las usas bien y sabes como usarlas bien.

El problema es que la mayoría no tenemos ni idea. Algunos, ni estudiando todo lo que pillamos del tema.

 

¿Se debe juzgar las obras del pasado con ojos actuales?

¿Se deben juzgar las obras del pasado con ojos actuales?

juzgar

Es una pregunta con trampa, ¿verdad?

En los últimos años hemos visto ejemplos sobre juzgar algo del pasado con ojos del presente.

Lo vimos con libros como Las aventuras de Huckelberry Finn o Tom Sawyer o, más actualmente, con películas como Lo que el viento se llevó.

¿Deben ser juzgadas (y condenadas) por un jurado actual? ¿Es justo?

Siempre he sido de la opinión que toda obra, todo libro, toda película o serie existe por algo y no es justo juzgarlas fuera de contexto.

La historia es igual.

¿Podemos ver hoy en día cosas como la Guerra Civil, cualquiera de las Guerras Mundiales, la esclavitud, la colonización o cualquiera de esos hechos históricos sin llevarnos las manos a la cabeza?

Si. De hecho debes mirarlas, estudiarlas y aprenderlas para que no se repitan jamás.

Cierta gente cree que la mejor utilidad que se le puede dar a la historia es meter en un libro lo que quede bonito y esconder bajo la alfombra lo que no queda tan bonito.

Y no. La historia existe para aprender de ella. Y no se puede aprender borrando cosas. Se aprende de los errores, eso lo sabemos todos.

¿Te parece mal el tema de la esclavitud en la película de Lo que el viento se llevó? Eso es genial. Esa es la idea. Observa cómo era la sociedad siglos antes, observa y aprende de sus errores y evita que comportamientos como menospreciar y despreciar y discriminar a alguien por su raza o su género regresen.

Porque siempre pueden regresar.

Es lo malo que tenemos los seres humanos, que nos cuesta aprender.

Por eso no se deben quitar de las carteleras películas porque queremos juzgar con ojos modernos un contenido antiguo.

¿Juzgarías Casablanca? ¿Ben Hur? ¿Apocalipsis Now? ¿El Padrino?

Son grandes películas pero todas tienen alguna cosa que, en la sociedad actual, está mal visto.

No es justo juzgar obras como las de Mark Twain por contener palabras que hoy en día no están bien vistas pero que en su época, era lo más normal.

¿Vas a censurar también el Cantar del mío Cid o El Quijote por su castellano antiguo y con palabras que ya no se usan porque a lo mejor alguna significa ahora una cosa distinta o antes se usaba y ahora está feo?

¿Y qué me dices de Mujercitas?

Toda la obra es un canto a mujeres que desean algo que no se les concederá nunca y que acaban sometiéndose al yugo del matrimonio porque es lo que se espera de ellas y donde se les dice que encontraran la verdadera felicidad.

¿La censuramos ahora también por machista o pedimos que la reescriban, como querían hacer con Caperucita unos años atrás?

Es muy complicado, ¿verdad?

No podemos ir por la vida censurando, borrando y reescribiendo lo que no nos conviene o no encaja en nuestra visión. Y mucho menos la historia.

Pero las películas, las series y los libros son una parte física de esa historia que no debemos tocar. Si algo no te gusta, haz como yo con el principio de John Wick (la parte en que matan al perro) …

NO LO VEAS.

Y serás más feliz.

Mientras, deja que el resto sigamos disfrutando de esa historia sin adulterar, que a mi me gustaba mucho la ironía de Mami y los palos que se llevaba Escarlata, coñe.

 

Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 5.

Capítulo 5.

 

descubriendo el pasado

La mañana siguiente no fue tan incomoda como podía pensarse que debía ser.

Gawain hizo como que no había pasado absolutamente nada, Arthur también y ahí se acabó el problema.

Amanecieron hechos un lio en la cama, enredados el uno en el otro, con Arthur dormido con la cabeza apoyada en el pecho del otro y todavía desnudo porque no se puso ninguna ropa limpia después de lo ocurrido.

El chico salió corriendo al baño a vestirse, avergonzado pero tras el desayuno todo volvió más o menos a la normalidad.

Más o menos, claro. Tampoco se podía pedir peras a un olmo.

Arthur estaba un poco demasiado en su mundo, distraído y metido en sus pensamientos. Algo lógico, vista la situación. Gawain se sintió un poco culpable, al ser el causante de todo eso.

No se arrepentía para nada, pero sabía que debió haber esperado a estar en casa o, al menos, a haber hablado algo con el chico. Le estaba confundiendo y lo sabía.

Cuando vio que a Arthur se le caía por cuarta vez la cuchara al suelo de lo despistado que andaba, decidió tomar cartas en el asunto.

– ¿Arthur? – el chico parpadeó, como si acabara de despertar. Al ver que era Gawain quien le llamaba la atención, se sonrojó.

– ¿Sí?

– Quería disculparme por lo de anoche. – Arthur se atragantó con el café que estaba bebiendo.

– No hace falta…

– No, debo disculparme. – insistió. – No fue profesional por mi parte dejarme llevar de esa manera. Estoy aquí para protegerte y estamos bajo ataque. No debo olvidar mi sitio.

– ¿Tu sitio? – repitió el chico, con voz extraña. Parecía sorprendido por sus palabras. Gawain no entendió el porqué.

– Soy tu guardaespaldas y tu empleado.

– ¿Solo eso? – el pelirrojo ablandó la expresión, sonriéndole.

– No. Pero es lo que debo ser ahora mismo si quiero llevarte a casa sano y salvo.

Arthur frunció el ceño pero asintió. Tal vez pudiera encontrar el valor para hablar del asunto cuando llegaran a casa. O, al menos, pensó, intentarlo. Primero debía decidir que sentía porque no estaba seguro de ello.

La noche anterior todo lo ocurrido se sintió correcto, bien, perfecto de hecho. Casi como en sus sueños. Pero esa mañana no estaba tan seguro. Se había sentido tan avergonzado que no sabía si aquello fue buena idea o no. Ni si lo repetiría.

Pero cuando Gawain insinuó que solo era su empleado le había dolido. Mucho. Siempre le había considerado un amigo, después de todo el tiempo que llevaban juntos. Al menos le confirmó que no solo era un empleado. Pero entendía perfectamente que quisiera comportarse más profesional en esos momentos.

Gawain puso la mano sobre la de Arthur, llamándole la atención.

– Cuando lleguemos a casa, hablaremos. Ahora, vamos a intentar llegar, que es lo importante.

– De acuerdo.

Terminaron el desayuno y se dirigieron con el coche hasta la siguiente ciudad en la que Lance les había reservado otra habitación para que pudieran descansar y esconderse.

Durante el camino, Arthur siguió pensando en que debía hacer sobre Gawain y su relación. No podía negar que se sentía atraído por él y que le encontraba atractivo. Pero su duda era si todo eso había empezado al mismo momento que los sueños o si ya se sentía así antes y no se había dado cuenta.

Recordaba el primer día que Gawain apareció en su vida, irritantemente alegre y molesto. Recordaba la primera vez que le acompañó a un evento social y lo que se burló de él por el traje de pingüino que tuvo que ponerse. También recordaba la primera vez que lo llevó a tomar algo después de una de esas fiestas de accionistas y como eso se convirtió en una tradición entre ellos.

Durante todo eso se habían convertido en amigos. Pero nada más. Ni Gawain había mostrado ningún interés en él de ese estilo ni Arthur tampoco.

No, hasta el sueño.

Entonces, ¿había sido por los sueños por lo que se sentía así? ¿Era influencia de lo ocurrido en su pasado?

Era todo muy confuso, pensó frunciendo el ceño.

Pero debía reconocer que la noche anterior se había sentido muy bien. Demasiado bien. Cuando Gawain empezó a besarle en el cuello y a susurrarle con voz ronca lo que quería hacerle…

Casi combustionó ahí.

Si no llega a tocarle, lo hubiera tenido que hacer él mismo.

No se sintió nada avergonzado de cogerle la mano y guiársela hasta donde la quería y necesitaba.

Pero amanecer abrazado al otro ya era mucho más íntimo y se asustó. No sabía cómo tratarlo después de eso.

¿Eran algo ahora? ¿O solo había sido una cosa de un rato y ya?

Por lo que había dicho Gawain en el desayuno, iba a tener que esperar a llegar a casa para averiguarlo y no estaba seguro de si sería capaz de esperar tanto.

Llegaron por fin al motel que Lance les tenía reservado y, en esa ocasión, no hubo problemas para conseguir dos camas, así que Arthur respiró aliviado.

El día pasó sin pena ni gloria. Compraron comida para llevar y comer en su habitación. Pasaron el resto del día viendo la televisión y luego salieron a cenar tranquilos en una pizzería cercana.

Nada anormal.

El problema empezó al irse a dormir. Otra vez.

Arthur se vio de nuevo en un lugar desconocido. Un bosque. Parecía distinto al del otro sueño.

Hacia frio, llovía y el suelo estaba embarrado. Tanto que sus botas se resbalaban al andar por el terreno. Arthur notó algo raro. Le costaba respirar y se sentía débil.

El aire olía a sangre. Mucha sangre.

Al mirar a su alrededor notó que el bosque era un campo de batalla. Había unos pocos soldados luchando. Unos con su emblema, un león dorado. Otros, con un águila blanca en sus capas o armaduras.

No estaba seguro de que estuviera ganando. Solo de que, por alguna razón, ya no le importaba.

Se sentía terriblemente triste y no estaba seguro del por qué.

Siguió caminando, trabajosamente hasta llegar a un claro. Allí vio un cuerpo en el suelo y el alma se le cayó a los pies.

Pelo rojo manchado de barro y sangre.

– ¡Gawain! – se oyó gritar, arrodillándose ante el cuerpo.

Lo giró y comprobó que, efectivamente, era su amigo. Tenía una herida de espada que le había atravesado el pecho.

Le cerró los ojos y murmuró una plegaria.

Al menos esperaba que no hubiera sufrido demasiado, pensó mientras las lágrimas caían por su rostro.

Sintió su corazón hacerse pedazos y abrazó fuerte a su amante.

Cuando le dejó por fin en el suelo, se levantó con las pocas fuerzas que le quedaban. Unos metros más allá, estaba su asesino.

Mordred.

Y él iba a encargarse de vengar a su Gawain.

– ¿Arthur? ¡Arthur, despierta!

La voz de Gawain y el roce de su mano en su mejilla consiguieron sacarlo de su pesadilla. Abrió los ojos y se encontró con la imagen borrosa del pelirrojo, vivo y luciendo muy preocupado.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba llorando.

Gawain estaba sentado en el borde de su cama, mirándole sin entender que pasaba, con una mano en el rostro de Arthur.

El chico se lanzó a sus brazos y escondió el rostro en su cuello, mientras el pelirrojo le abrazaba extrañado y desconcertado.

Pero aunque le preguntó varias veces, no consiguió voz para explicarle porque estaba llorando. El sueño le había dejado con una tristeza tal que no podía dejar de sentirla a pesar de estar viendo a Gawain vivo y sano frente a él.

Seguía notando esa pena que debió sentir en el pasado.

Gawain le abrazó estrechamente y esperó a que se calmara para alzarle el rostro y, tras limpiarle las lágrimas que aun caían, mirarle preocupado.

– ¿Qué ha pasado? – le preguntó. Al chico le salió la voz ronca al contestar.

– Nada.

– Eso no ha parecido nada. ¿Ha sido una pesadilla?

– Una horrible.

– ¿Quieres hablar de ello? – Arthur negó con vehemencia con la cabeza.

– No.

– Está bien. – Gawain volvió a acariciarle las mejillas. – ¿Vas a estar bien?

– No lo sé. – admitió con un hilo de voz.

Con un suspiro, Gawain le empujó para que le hiciera sitio en la cama.

– Bien, entonces dormiré contigo. ¿Te parece bien? – Arthur asintió y Gawain volvió a abrazarle al estar tumbados juntos en la cama.

Así, abrazados y con el pelirrojo acariciándole el cabello, el chico se fue quedando dormido poco a poco, olvidada ya la pesadilla.

Pero mientras aún estaba despierto, se encontró pensando en que haría si a Gawain le pasaba algo. Había sentido tal dolor que no estaba seguro de si lo sobreviviría.

¿Eso significaba que si sentía algo por el otro hombre?

 


Si, lo sé. Voy un día tarde. Pero ayer fue fiesta en Málaga y se me fue el santo al cielo. El próximo si será en miércoles.

 

Series que inspiran: Scorpion

Series que inspiran: Scorpion.

scorpion

O, en este caso, serie de la que aprender qué no hacer al crear una trama.

Escorpio es un grupo de genios que trabajan para el Gobierno de Estados Unidos para resolver crímenes especiales.

El equipo lo forman Toby Curtis, licenciado en medicina y psiquiatría y especialista en comportamiento además de adicto al juego, Happy Quinn, ingeniera multiusos y asocial que prefiere relacionarse con máquinas que con personas, Silvester Dood, estadista y matemático con fobia a todo y su jefe, Walter O’Brian, poseedor del cuarto IQ más alto conocido y absolutamente un cero en tratar con seres humanos.

Para ayudarles a lidiar con los humanos normales está Paige Dineen, una camarera que se cruzó con Walter por casualidad y que es madre soltera de otro niño superdotado con el que tenía problemas hasta que conoció al grupo. Ellos le ayudan a comprender a su hijo y ella a comprender el mundo.

Y terminando el equipo el agente de Seguridad Nacional, Cabe Gallo el cual conoce a Walter desde pequeño ya que le detuvo por hackear a la Nasa cuando era un crio.

La serie está basada en la vida de Walter O’Brian y, tal vez, un poco bastante adornada.

No dudo de que la vida de este hombre debía ser fascinante pero la serie peca de tramas repetitivas hasta el aburrimiento, personajes que cambian de personalidad como de camisa y un exceso de protagonismo.

Además, y esta es mi parte favorita, siempre hay una «aún se puede joder más» situación.

¿No me crees?

Te pongo un ejemplo, de cualquier episodio. El equipo o parte de él está atrapado. Cuando aún están tratando de encontrar una manera de rescatarlos, se rompe una tubería de gas, reduciendo el tiempo para salvarlos en un tercio. Pero cuando ya están casi a punto… uno de los atrapados se golpea o se corta una arteria o recibe un disparo… y el tiempo vuelve a reducirse. Y ahí no acaba, no.

Volverá a suceder algo más que complique tanto la trama del capitulo que es un milagro que sigan vivos y enteros todos durante cuatro temporadas.

Aun me pregunto cómo duró cuatro temporadas con esta estructura de capítulos. Porque son todos así. Todos.

También está el hecho del hiperprotagonismo de ciertos personajes. Entiendo que el protagonista, Walter, sea el centro de la mayoría de ellos. Es hasta lógico.

No me resulta tan normal que el niño, con seis años que tiene, sea tan clave para resolver cosas. Es más, al niño le hacen más caso y se le toma más en serio que a muchos de los otros protagonistas hasta un punto ridículo. Puede ser un genio pero sigue teniendo seis años. ¿Qué carajo hace ahí, hablando con un soldado sitiado que está a tiro limpio contra el enemigo, matando gente, mientras mantienen una video conferencia y el tio, un marine que peina canas, le hace caso hasta en la cosa más absurda.

El niño es un personaje nada realista. Es el prototipo de Mary Sue, lo cual es sorprendente ya que el tío en el que está basada esta historia tiene su propio personaje.

Resumiendo. Scorpion es muy entretenida pero no te veas demasiados capítulos seguidos o notaras esa repetición en trama de la que te hablo que agota y aburre a la segunda temporada. Y ese rizar el rizo hasta el infinito que hace que alces las manos al cielo y chilles «¡Anda ya!»

Sin eso, es divertida y te enseña que no hacer a la hora de crear tramas y personajes.

Podcast: Las series de mi infancia

Mi aventura de escribir: Podcast. Las series de mi infancia.

podcast

Tenía pensado hacer el podcast sobre algo relacionado con mis novelas o algo nuevo de la nueva novela…

No sé, la verdad. Pero, luego pensé… Mejor no.

Mientras pensaba de que demonios hacer el podcast vi un twit con el hastag #Tuiteacomoenlos80. Y me he acordado, mirando esos twits, de un montón de series que veía y disfrutaba de pequeña y lo mucho que eso acabó influyendo en mi escritura a lo largo de mi vida.

Y si, esa serie de dibus que veía de pequeña con cinco, con siete, con doce años influyó en mi manera de escribir, en mi manera de crear tramas, en mi manera de pensar y planear una historia. Todo influye.

Así que cuando veía los Pitufos (si, ríete) podías ver una serie de pequeños seres que vivían juntos y haciéndole la vida imposible al único humano que había en las cercanías o podías ver una raza mágica que vivía junta (y todos tíos, explicadme como leñes se supone que se reproducen) y veías también al primer malo de tu vida. Gargamel.

Ahí te enseñaban que los cuentos tenían malos… que, a veces, se quedaban muy cerca de ganar.

De ese calibre había varias por esa época, como los Snorkel o Los diminutos. Por cierto, me encantaban Los Diminutos. Su malo era un humano adulto obsesionado con su captura hasta el punto de estar a punto de herir al niño prota, Quique. Claro que lo que molaba de esa serie eran las manualidades que te enseñaban al final, la verdad. Y el universo en miniatura y el uso de cosas cotidianas para crear muebles y decoración en el mundo de los Diminutos.

Era maravilloso.

Otra que ayudó mucho fue Dragones y Mazmorras, serie que acabó siendo una leyenda y muy querida para mí. Ojo, juegos de rol, cosplay… la serie perfecta para un friki. Claro que en ese momento de todo eso ni idea, la verdad.

Pero su trama era toda una introducción a la fantasía. Un grupo de chicos que va a una feria se monta en una atracción y acaban en un mundo paralelo en el que acaban encerrados hasta que ayuden a derrotar al malo.

Genial.

También vi el otro día por Twitter la intro de Ulises 31, la serie que te enseñaba lo chula que podía ser la mitología y la ciencia ficción cuando las juntabas.

Porque, a fin de cuentas, Ulises 31 te cuenta los viajes de Ulises de la Ilíada pero en el espacio. Tengo que volver a verla porque no recuerdo que hizo Ulises para cabrear a los dioses ni recuerdo si llegue a ver el final, la verdad. Hace tanto tiempo y en esa época no era raro que la televisión comprara un puñado de capítulos y no se molestara en comprar el resto aunque tuviera éxito.

Sherlock Holmes, versión perruna y de anime me llevó de cabeza a buscar las novelas del detective y leérmelas todas. Si, no era el mismo Sherlock pero lo básico, lo que me enamoró del personaje, si lo era y eso fue suficiente.

Y otra novela… Dartacan y los tres mosqueperros. Superpequeña en esa época pero acabé tan pero tan enamorada (con cinco o seis años, si los tenía) de la historia y de los ideales de los mosqueperros y de los personajes que busqué la novela cuando tuve edad para leerla. Y, cuando pude encontrar una más completa y no la versión adolescente y recortada al máximo, también lo hice. Y sigue siendo mi novela de cabecera cada vez que echo de menos lo bonito que era tener ideales y un código de honor.

O tener honor en general.

Ya hablé en su momento de Saint Seiya y todo lo que me llevo a la mitología y a sus historias.

El anime que se veía sin freno ni control durante los noventa fueron las historias que devore en mi adolescencia.

Cowboy Bebop, la cual es para mi una de las series de anime más perfectas de la historia. Ever. Hablando de tramas, personajes e historias bien hechas, bien contadas y mejor dibujadas.

Hay muchas más. Solo estoy nombrando las de dibujos y no las otras en las que podría contar desde el Equipo A a Falcon Crest, Hotel, Canción Triste de Hill Street, Luz de Luna, Juzgado de guardia, el Coche fantástico… no sé, tantas…

Todas esas también me enseñaron e influenciaron en mi manera de escribir, de crear. Influyeron en mi fantasía, en mi imaginación.

Ahora puedes enviarme un mensaje de voz al podcast. ¡No te lo pierdas!

Podcast: Las series de mi infancia

¡Qué vienen los leones!

¡Qué vienen los leones!

leones

Pues pronto, en cuanto me siente a acabar la corrección, tendré una nueva novela preparada para salir.

¡YAY! ¡Qué emoción!

Vale, para ti no, pero para mi mucha.

Esta novela va a ser una continuación de la saga Comunidad Mágica vs La Orden, siguiendo el hilo justo detrás de Lobos.

Pero no empieza por ahí.

Empieza presentándote a un nuevo personaje, el protagonista, al que quiero que ames antes de meterlo en todo el lío de La Orden justo cuando su vida parece recuperar el rumbo que perdió con dieciocho años al ser acusado de robo y desterrado de su ciudad, su manada y su familia.

¿Suena familiar?

Si, es un background muy similar al de Colby, de Lobos, pero Kenny, el protagonista de esta historia te cuenta algo muy distinto a lo que le ocurrió a Colby, aunque sus caminos se cruzaran en un aspecto durante la historia.

Pero volvamos…

La historia empieza con Kenny, un león que vive en Cánada. Hijo del Alfa de su manada, Kenny se ha criado deseando salir de su ciudad y visitar sitios más interesantes, algo que podrá hacer cuando cumpla dieciocho años.

Una tradición de los leones es que, cuando cumplen dieciocho, los chicos salen de excursión. Abandonan su familia y su ciudad para viajar para encontrar a su futura pareja y establecerse, creando una nueva familia. Algo que se hacía antiguamente para evitar roces entre alfas y que se mantiene hoy en día como una especie de rito a la madurez.

Normalmente, esos cachorros saldrán al mundo con una cantidad de dinero y el apoyo (aunque lejano) de su familia.

Pero Kenny es desterrado unos pocos días antes, acusado de robo y de intentar matar a su padre. Acusado falsamente. Ya veréis por qué.

Al ser desterrado sufre también que le corten su melena (algo muy importante en un león) y que le marquen como omega, degradándole. En la actualidad, eso no tendría mucha importancia a nivel social pero si a nivel sicologico.

Kenny abandona su ciudad y su familia, despreciado por los que quería y empieza a viajar y tratar de sobrevivir a su actual situación.

Así acabará en Destruction Bay.

¿Te suena? ¿A qué si?

De ahí acabará saliendo y conociendo a las dos personas más importantes de su nueva vida.

Max y Nicky.

Estos son dos jóvenes leones que están haciendo su propia excursión y que se unen a él en su viaje y en su misión, que tiene una.

Max es uno de los personajes que más me ha gustado escribir y estoy enamorada de su relación con Kenny. Punto. Son adorables.

Y Nicky ha sido muy divertido de escribir.

Y cuando ya están los tres en un punto guay de la historia, esta se une a la de la saga y continuamos donde los dejamos con Lobos.

Estoy deseando acabar y enseñártela porque es mi proyecto del Nano del año pasado y acabé super contenta con ella.

Con suerte, puede que la veas pronto.

Mientras, puedes leer algunos relatos previos en Wattpad.

Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 4.

Capítulo 4.

 

descubriendo el pasado

La situación empezaba a ser ridícula.

Al menos, desde el punto de vista de Arthur.

Habían parado un par de días en un motel, para descansar de coche y de conducir y para asegurarse de que seguían sin correr peligro.

Hasta ahí, bien.

Pero ese motel no tenía habitaciones dobles. Solo les quedaba una con cama individual o una con cama de matrimonio.

Escogieron la segunda por razones obvias. O, mejor dicho, Gawain escogió la segunda.

Dijo que no pensaba dormir en el sofá o en el suelo durante dos días y Arthur no pudo culparle al ver lo diminuto que ese mueble era.

No sabía cómo iba a hacer para dormir con Gawain en la misma cama y no ponerse en ridículo. ¿Y si volvía a soñar? ¿Y si volvía a hablar en sueños? O, algo peor… ¿y si volvía a gemir algo en sueños?

Estaba tan jodido…

Se encerró en la ducha, con el objetivo de intentar ahogarse mientras se lavaba el pelo. No iba a funcionar pero podría perder algo de tiempo.

El problema era que ya llevaba demasiado tiempo dentro y, claro, el otro se impacientó cuando vio que no le llegaba nunca el turno y que iba a gastar todo el agua caliente.

Así que Gawain entró en el baño, sin esperar permiso, dando un susto de muerte al chico.

– ¡Arthur! – gritó, enfadado. – ¡Acaba de una vez! Yo también quiero ducharme.

– ¿Qué cojones haces? ¡Sal de aquí! – Arthur no sabía dónde meterse. Ni siquiera tenía la toalla a mano para taparse.

– Si no sales en treinta segundos, entraré yo. – le amenazó. Aún seguía lleno de espuma, ¿cómo iba a terminar antes de que cumpliera su amenaza?

– ¿Estás loco? ¡No puedes entrar aquí!

– ¡Me da igual! Quiero ducharme. Estoy sudado y cansado y quiero ducharme. Ya.

Arthur se apresuró a enjuagarse, pero vio como el otro abría las cortinas y, sin esperar a que pudiera salir o hacer algo, se metió en la ducha con él, bajo el chorro de agua caliente. Arthur se alejó hacia los azulejos, pegándose tanto a la pared que parecía querer fusionarse con ella.

Intentó no mirar pero no pudo evitarlo.

Gawain estaba frente a él, desnudo y empapado y Arthur no pudo evitar echar un vistazo. Se sonrojó cuando escuchó la risita del otro, que le dedicó una mirada depredadora.

El pelirrojo lo arrinconó en la ducha, poniendo ambas manos a cada lado de la cabeza de Arthur y se inclinó, dejando su rostro a solo centímetros del chico, que cerró los ojos, sonrojado.

Gawain le observó, encandilado por lo joven e inocente que parecía. Él era algo mayor que Arthur, pero no mucho, solo siete años mayor. Sin embargo, Arthur tenía un aire inocente ahí con él que le hacía parecer casi un adolescente.

Estaba tan tentado de hacer algo. Tocarle, besarle… algo.

Pasó su mano por su rostro sin tocar su piel, bajándola por su torso, hasta su estómago sin llegar a rozarle, mordiéndose las ganas de hacerlo.

Podía notar su miembro respondiendo a la visión de Arthur frente a él y ahogó una maldición. Se separó, liberando al chico y le apartó un mechón empapado de la frente.

– Será mejor que vayas a secarte, Arthur. – le sugirió en voz baja y ronca.

El chico abrió los ojos y asintió, saliendo tan deprisa de la ducha que casi se cae en el baño. Maldiciendo su conciencia, Gawain se dispuso a terminar de bañarse y a tratar de poner bajo control sus emociones.

Cuando salió de la ducha, ya vestido se encontró a Arthur sentado en la cama luciendo nervioso. Gawain miró el reloj que había en la pared de la habitación y comprobó que solo eran las siete de la tarde. No había manera de que fueran a dormir tan pronto y él tenía hambre.

Cogió su chaqueta y la de Arthur y se la ofreció al otro, instándole a levantarse.

– Venga, vamos a comer algo.

Acabaron entrando a un pequeño bar donde servían hamburguesas y alitas y pidieron un poco de todo para compartir. Después de un rato, Arthur parecía haberse relajado de nuevo y volvía a comportarse como siempre.

Bromeó y le tiró patatas fritas a Gawain, que no dudó en responderle de la misma manera. No se dieron cuenta de que estaban atrayendo algunas miradas no deseadas.

Cuando Gawain se inclinó sobre la mesa y limpió un poco de tomate de la comisura del labio de Arthur con su pulgar, lo hizo simplemente por molestar al chico y porque adoraba verlo nervioso.

Y porque le apetecía.

No se esperaba que un tipo grande con pinta de haberse escapado de la prisión más cercana apareciera, dando un golpe en su mesa, interrumpiéndoles muy maleducadamente.

– Creo que va siendo hora de que os vayáis, florecitas. – Gawain arqueó una ceja y miró a su alrededor. La mayoría de la gente parecía incomoda con la situación pero no tenían intención de intervenir. ¡Qué típico!

– Pues yo creo que no. Aún no hemos terminado de comer. – repuso con tranquilidad, cogiendo otra patata. Arthur parecía dispuesto a discutir pero Gawain le cortó, poniendo su mano sobre la del chico.

El tipo gruñó al ver el gesto y volvió a encarar a Gawain, el cual seguía sin reaccionar, comiendo patatas con total tranquilidad.

– Será mejor que cojas a tu novio y os larguéis de aquí antes de que os eche a patadas.

Gawain se levantó, despacio y encaró al tipo. Eran más o menos de la misma estatura aunque el otro era bastante más ancho. El pelirrojo sonrió. Eso solo implicaba que era más lento.

– Inténtalo. – le retó. – Gilipollas. – Y el otro no tardó en aceptar.

Gawain esquivó un puñetazo, dos, tres y lanzó uno propio desde abajo directo a la mandíbula de aquel indeseable. El golpe le hizo trastabillar y Gawain lo aprovechó, dándole una certera patada en el estómago que lo tiró al suelo. Cuando comprobó que el tipo no pensaba levantarse para seguir, a pesar de estar más o menos bien, sacó su cartera, puso un par de billetes sobre la mesa y cogió a Arthur de la mano para ponerlo de pie.

Una vez cara a cara, Gawain dirigió una última mirada al tipo antes de plantarle un beso en los labios al chico, que se quedó congelado en el sitio.

No duró más que unos pocos segundos, lo justo para hacer valer su punto. Nadie le iba a echar de ningún sitio ni iba a soportar nada de nadie por lo que pensaran de él o su orientación sexual. Hacía bastante tiempo que no permitía semejantes abusos.

Tiró de Arthur y salieron del local, tranquilamente.

No fue hasta casi llegar al motel que Arthur se detuvo, obligándole a pararse él también y Gawain suspiró.

Demasiado había tardado en reaccionar.

– ¡Me has besado! – le gritó, señalándose acusadoramente. El pelirrojo se rascó la nuca.

– Lo siento. Odio los imbéciles homófobos. Y nada les molesta más que ver algo así.

– Pero… ¡Me has besado! – Gawain rodó los ojos.

– ¡Solo un poquito! A eso no se le llamar ni beso. Solo ha sido un roce inocente.

– Si, pero…

– ¿Te ha molestado? – Arthur se quedó mudo al escuchar la pregunta. – En serio que lo siento. A veces hago cosas sin pensar. No volverá a suceder.

– Uh, vale.

Llegaron a la habitación y ahí se encontraron con el otro problema de la noche. Seguía habiendo solo una cama.

Gawain decidió no dedicarle más pensamientos de los necesarios. Se sentó en la cama y empezó a desnudarse, hasta quedarse en ropa interior y una camiseta. Luego se metió bajo las sabanas y se quedó mirando a Arthur el cual dio un respingo y le imitó, con algo de reticencia.

El chico se colocó en el extremo opuesto, tan alejado de él que estaba a un palmo de acabar cayendo al suelo.

Gawain decidió dejarle en paz y apagó la luz, dispuesto a dormir. Cuando estuviera a punto de caer, ya se acercaría, pensó cerrando los ojos.

Un rato después, Arthur seguía despierto porque no se fiaba de dormirse con Gawain tan cerca, temiendo acercarse por accidente y Gawain seguía despierto porque no hacía más que escuchar al otro removerse incomodo en la cama.

Todavía tardó un rato en hacer algo, ya que estaba dejándole tiempo al chico a dejar de hacer el tonto. Viendo que no iba a ser así, decidió actuar.

Se giró hacia el chico, el cual estaba dándole al espalda casi en el borde de la cama y le agarró por la cintura, arrastrándole hacia el centro del colchón.

A Arthur se le escapó un ridículo chillido, que le hizo reír y forcejeó para liberarse del agarre. Pero Gawain le tenía bien sujeto y apretó más el agarre, forzándole a desistir.

– Quédate quieto. – le ordenó. – Quiero dormir y no me estás dejando.

– Creo que dormiré mejor allí. – protestó, pataleando.

– No, allí no estas durmiendo nada porque te vas a caer y aquí te tengo agarrado y dejaras de hacer ruido y moverte. Así que duérmete para que pueda dormir yo también.

– Pero…

Gawain besó su nuca y apoyó la barbilla en su hombro, deslizando la mano que tenía en su cintura hasta su muslo, muy cerca de su entrepierna. Arthur, previsiblemente, se congeló.

– Duérmete, Arthur. – Gawain susurró esas palabras con los labios pegados a su cuello.

Arthur olía muy bien, a ese gel de baño que habían comprado un día antes. Gawain apretó la mano en su muslo, deseando ir más allá, hacia donde algo empezaba a cobrar vida bajo la ropa.

Volvió a tragarse las ganas y subió la mano hacia la seguridad de la cintura pero no pudo reprimir el impulso de rozar su propia excitación contra el trasero del otro.

Notó como el chico tragaba, con el cuerpo tenso entre sus brazos y decidió hacer algo para calmarle. Comenzó a repartir pequeños besos en su nuca, cuello y hombro, susurrando incoherencias con voz ronca y acariciando su estómago con una mano hasta que el otro gimió su nombre.

La mano de Arthur cogió la suya y la guio hacia su entrepierna. Podía notar el calor en las mejillas sonrojadas del chico y sonrió.

Deslizó la mano, colocándola sobre su entrepierna y empezó a acariciarle por encima de la ropa, sacándole jadeos y suspiros.

No tardó demasiado, acabando con un gemido largo que casi le hace acabar a él. Sin embargo, Gawain se guardó sus ganas y le volvió a besar en el cuello, dejándole una pequeña marca.

Arthur se relajó en sus brazos y Gawain le obligó a quitarse los manchados calzoncillos, para limpiarse con ellos y lanzarlos lejos de la cama.

El chico ya estaba medio dormido cuando Gawain volvió a colocarse tras él, abrazándole.

Estaba seguro de que se iba a arrepentir de todo eso por la mañana, pero… eso sería por la mañana.

En ese momento, solo iba a disfrutar de ese momento y dormir. Aunque fuera con una erección del treinta.

 

Necesitaba un descanso

Necesitaba un descanso

descanso

Necesitaba un descanso.

¿Y quién no?

Con esta cagarruta de año que llevamos lo raro era que alguien no necesitara un descanso de la realidad.

Está siendo muy duro para todos y yo no soy una excepción. Ya me gustaría.

Pero ya estamos en agosto, pronto el jodido 2020 acabará así que vamos a tratar de recuperar algo de energía y volver a la palestra, de la que salí agotada, psicológicamente hablando.

Hay días, muchos días, en los que me sigo preguntando por qué continuo con el blog, con las novelas, con escribir, con persistir en redes…

¿Por qué?

Como a muchos de nosotros, no me sirve de mucho.

¿Por qué seguir?

Pero como a muchos de nosotros la opción de rendirse y dejarlo no está en nuestro sistema operativo. No existe.

Tenemos solo A) continuar y B) te jodes y continuas igual.

Así que aquí vuelvo, a seguir dando la tabarra con mis novelas, mis relatos, mis podcast y todo lo que se me ocurra para llamar tu atención, que es lo que me interesa.

Nos espera un agosto caluroso y cargado, espero que estés preparado para lo que viene.

Y no, no pienso rendirme. Seguiré haciendo pausas cuando esté agotada pero siempre volveré.

O eso espero.

 

Mi aventura de escribir. Podcast: El Fanfic

Mi aventura de escribir. Podcast. El fanfic.

podcast

¡Hola! ¿Qué tal, queridos aventureros? Bienvenidos una vez más al podcast de Mi aventura de escribir, el podcast que cuenta las mil y una tonterías de esta escritora.

Y esta semana te voy a hablar de una de mis chorradas favoritas y de las que he hablado y hablaré siempre. El fanfic.

El fanfic o fanfiction es la creación de los fans sobre algo que les gusta, como libros, series, video juegos, etc.

Mucha gente, gente muy creativa no está conforme con los finales de libros o películas o quiere que parejas que no son oficiales en series  se vuelvan una realidad.

¿Quién no quería que Mulder y Scully se liaran? En la serie no hubiera funcionado (o si, que creo que al final si pasó algo). Los fans de muchas series saben lo bien que funciona la tensión sexual no resuelta entre personajes en una serie. Hay que mantenerla durante siglos.

Fans que detestaron los finales de muchas películas decidieron  que ya era suficiente. Ellos querían su final.

Y punto.

Ya sabéis como somos los fans con según que cosas.

Y esa es la idea del fanfic. Escribir ese final que no te dieron, esa pareja que no llegó a realizarse, esa historia que nunca llegaba… esa es la idea del fanfic.

Y crear esos crossover que nunca se hacían, ya fuera por problemas de marca o lo que fuera.

Los fanfics son un modo de expresar el amor por ese trabajo original, por parte de los fans. Aunque algunos autores crean lo contrario.

Hay gente que piensa que solo es una manera de destrozar ese trabajo original, un insulto. No lo es. Siempre va a haber gente que le guste lo que haces pero que haya cosas que no les termine de convencer.

Recuerda a Misery.

Pero, para la mayoría infinita de fans, un fanfic es un homenaje. Me gusta lo que haces y quiero demostrar mi amor por ello ampliando tu mundo con una parte mía.

Son, además, una forma estupenda para que muchos escritores practiquen y mejoren sus historias. A veces tenemos una buena trama pero no personajes. Coger unos prestados ayuda a eso y también a aprender a crearlos y ver cómo mejorarlos.

Es una buena manera de practicar y aprender de gente con más experiencia. Además, al publicarlos, recibes sugerencias y opiniones y quejas que siempre te vendrán bien para mejorar.

He escrito fanfics durante mucho tiempo. Años. No me atrevía a escribir algo original y me dediqué a los fanfics, primero de Saint Seiya y luego de Supernatural.

Hasta que creí estar preparada para dar el salto. Necesitaba darlo.

Y usé muchas de esas ideas que tenía ya hechas en fanfics para meterlas en mis novelas. No tienes idea de lo mucho que me hacia feliz eso. Aunque aun tengo una espinita con la última saga de fics que hice y que me gustaría convertir en historia. Pero necesita darle un buen enfoque primero.

Ya trabajaré en ello cuando acabe con mi saga.

Pero a lo que iba. Los fanfics son una bonita expresión de cariño al producto original. Nunca te molestes por ver alguno de algo que has creado, no te enfades al ver alguno de algo que te gusta.

Es la manera de ese fan de demostrar su amor por lo que sea que le guste. Ni más ni menos.

Y si te atascas escribiendo lo que sea, intenta hacer un fanfic. De algo que te guste o de tu propio producto.

¿Por qué no?

Un fanfic con tus propios personajes. Eso puede ayudarte a darte una nueva visión de tu creación y desatascarte.

O lee, que hay miles de millones en todo el mundo y no exagero. De todas las clases de géneros y en cientos de idiomas.

Hay un fanfic para cada uno por ahí perdido.

Y hasta aquí voy a llegar esta vez. Recuerda que puedes leer mis novelas en Amazon, buscando por mi nombre, Eva Tejedor y que puedes echar un ojo a mi blog, miaventuradeescribir.com para encontrar relatos y contenido interesante para leer.

¡Hasta la siguiente, aventureros!