Publicado el Deja un comentario

Resumen semanal: tercera semana de enero.

Resumen semanal: del 14 al 18 de enero.

Lunes.

Empezamos la semana con un post sobre mezcla realidad histórica y ficción y la mejor manera de hacerlo. ¡No te lo pierdas!

Miércoles.

¡Nuevo capítulo de Jack T.R.!

Esta semana seguiremos a Charles quien regresa con Aidan y hace nuevos y nada divertidos descubrimientos sobre el caso.

Jueves.

¡El nuevo proyecto avanza!

Y mientras te cuento como hago para desarrollar las tramas y trabajarlas, parte muy importante del proceso.

Viernes.

¡Y por fin llega el viernes!

¡Feliz finde a todos!

Publicado el Deja un comentario

¡Nuevo proyecto!: Nuevo proyecto: Trabajando la trama

proyecto

¡Nuevo proyecto! Trabajando la trama.

proyecto

Y esta parte ahora mismo la llevo regular.

Una historia debe tener una buena trama para enganchar. Si te digo que la historia solo va a tratarse de dos chicos que se enamoran, tú vas a pensar que eso no te llama la atención.

Hay miles iguales. Más aun parecidas.

La trama debe tener algo más, algo que te atraiga para hacerte leerla en el momento que salga.

Esta historia va a tener, además, una subtrama que la ligará al universo de las otras. Todo lo que pasa en ella ha influido en lo que ha pasado y pasará en las otras.

Pero la trama… ¡oh, esa hay que trabajarla bien!

Lo que me gusta de los borradores es que puedes escribir lo que te dé la gana. Lo único importante en ese momento del proceso es escribir, escribir y escribir y acabar el borrador. Luego viene la segunda versión del borrador, la tercera, la cuarta, la quinta…

Y suma y sigue.

Es en esas correcciones y rellenos y repasos en los que yo suelo currarme más la trama porque en esos momentos es cuando puedo verla más en tres dimensiones y mejorar o cambiar lo que ya no encaje y es un proceso maravilloso.

¿Sabes ese momento en que se te ocurre algo que se ajusta perfectamente a toda la historia?

Si, ese momento exacto. Ese en el que solo de pensarlo te hace sonreír ligeramente.

Ese mismo.

¿A qué mola?

Por eso me encanta trabajar en el borrador. Eso sí, corregirlo es una jugarreta de aúpa.

Pero volviendo a la trama… Trama principal, subtrama… encontrar algo que la haga especial es complicado pero no imposible. Y hay que trabajarla mucho mucho.

Aún estoy buscando ese algo especial para esta, pero lo encontraré cuando acabe el borrador, que ya está casi.

¿Y tú? ¿Cómo trabajas tus tramas?

 

Publicado el Deja un comentario

¡Ahora, gratis! : Jack T.R. Capítulo 8.

jack tr

Capítulo 8

jack tr

― ¡Detective!

 

Aidan se quedó asombrado al ver como el policía entraba corriendo a su tienda y cerraba la puerta con fuerza, apoyándose en ella, jadeando. Estaba sudando, despeinado y mirando nervioso a su alrededor como si esperara un ataque en cualquier momento.

 

Era una suerte que no tuviera clientes en ese momento.

 

― ¿Qué ha ocurrido?

 

Charles no respondió. Había llegado allí corriendo. A mitad de camino pensó que ese monstruo le podía seguir y dio un rodeo a toda velocidad por los callejones. Se dirigió directamente al mostrador, buscando la botella de whisky que Aidan escondía debajo y se sirvió un vaso hasta arriba, que bebió de un solo trago. No fue suficiente para calmar sus nervios.

 

Al verle servirse otro vaso más, el librero se acercó y se lo quitó de las manos antes de que pudiera bebérselo, haciendo caso omiso a la mirada hosca del otro hombre.

 

― ¿Qué ha pasado?

 

― Lo he visto.

 

― ¿A Jack? ¿Te ha atacado? ¿Te ha herido? — le preguntó, alarmado, mirándole detenidamente, buscando cualquier indicio de heridas en el policía.

 

― Lo intentó. Me abordó en mitad de la calle… hablamos… desapareció en la nada…

 

El chico suspiró aliviado al oírle. Al menos no le había hecho daño.

 

― No me entiendas mal, me alegro de que estés bien y a salvo, pero… ¿para qué has venido?

 

― Después de que se fuera, encontré la petaca. Pensé que nadie más podría creer esto salvo vosotros. ― Aidan rio, vaciando el contenido del vaso en la maceta que tenía junto al mostrador y guardando la botella en su lugar. — No puedo resolver este caso y deshacerme de ese demonio sin ayuda.

 

― Me alegro de que la guardaras aunque me sorprende. — repuso el chico, poniendo el cartel de cerrado en la puerta y echando la llave. ― Creo que sería buena idea pedir algo para comer. No sé tú, pero yo a estas horas estoy hambriento.

 

El detective le observó descolgar el teléfono y pulsar la marcación rápida, revolviendo entre los papeles sobre el mostrador hasta encontrar el que buscaba. Un menú del restaurante China Express.

 

― ¿Comer? ¿En serio? ¡Son las nueve de la mañana!

 

― Si, comer. Tengo unos horarios muy raros para la comida. ¿Chino está bien para ti? Este sitio me sirve a cualquier hora. Ya les tengo acostumbrados a pedidos raros.

 

Veinte minutos más tarde estaban los dos comiendo, sentados en el mostrador. Casi no habían vuelto a hablar desde que llegara el repartidor con el pedido y, aunque no era un silencio incómodo, Charles seguía necesitando respuestas. Había regresado a la librería porque era el único sitio donde podría encontrar una manera de detener a ese monstruo.

 

― Por cierto… ― Aidan parecía levemente molesto, sin querer mirarle a los ojos y moviendo la comida, sin probarla. — Sé lo de tus sueños.

 

― ¿Perdón?

 

― Tienes sueños premonitorios, ¿verdad? Has estado viendo lo que hacía ese asesino todo el tiempo.

 

Charles tragó con dificultad el trozo de cerdo agridulce que se había pedido y lo miró con los ojos como platos.

 

¿Cómo podía saber eso?

 

― No te asustes. Ya te lo dije. Soy médium y empático. Cuando te fuiste… estuviste bebiendo, tocaste el vaso… al recogerlo me vino una visión. Lo siento. ― se apresuró a disculparse al ver la expresión de horror del policía. ― No lo hago a propósito. Vienen cuando menos me lo espero y no puedo controlarlas.

 

― Yo no… Nunca he hablado de eso con nadie.

 

― No debe ser fácil, lo sé. ¿Cómo lo explicas? — Aidan le miró, comprensivo. ― Yo solo tengo esas visiones a veces y son un dolor de cabeza. ¿Soñar con eso? ¡Buff! ¡Debe ser horrible!

 

El detective carraspeó.

 

Horrible era una palabra que se quedaba corta para definir lo que sufría con sus sueños, pero se acercaba bastante.

 

Decidió cambiar la conversación. No se sentía cómodo hablando de su don. Era algo demasiado íntimo.

 

― ¿Cómo sabes tanto de estas cosas siendo solo un librero? Y no me digas que leyendo.

 

El chico no pudo evitar reírse, a pesar de todo. Masticó el trozo de pato a la pekinesa que estaba comiendo, aprovechando para pensar qué podía decir o no al policía.

 

No era nada sencillo. Él guardaba muchos secretos que no le pertenecían.

 

― Pues aunque no te lo creas, si, la mayoría lo aprendí leyendo. Pero también de mis… «clientes», por así decirlo. Tengo una clientela algo especial.

 

― ¿Cómo el tipo de la sección de poesía? ¿El que te acompañó la última vez que nos vimos?

 

― Por ejemplo. Hace unos años, poco después de hacerme cargo de la librería y todo lo que conlleva, conocí a un miembro de La Orden.

 

― La has mencionado antes.

 

― Fue antes de que me pusieran en su lista negra, claro. Se dedican a tratar con cosas sobrenaturales. — Aidan hizo una pausa, mirando su plato y moviendo con los palillos la comida. — Son un poco radicales con sus métodos, eso sí.

 

― Vamos, que si algo como nuestro amigo Jack se sale del tiesto, ellos lo… ¿matan?

 

― En el caso de nuestro amigo Jack, no se podría. No creo que haya manera de matar a un demonio, pero sí de devolverlo a donde pertenece.

 

― El Infierno. — Charles puso los ojos en blanco al ver al chico asentir.

 

― Exactamente. Esta persona que conocí me encargó varios libros especiales y… yo soy muy curioso.

 

― Los leíste todos.

 

― ¡Por supuesto! ― exclamó Aidan. ― No todos los días se tiene la oportunidad de tener semejantes ejemplares al alcance de la mano. Y tomé notas. Nunca se sabe. Ya tenía a un fantasma en casa, ¿quién me aseguraba que no podía colárseme un demonio o algo peor? Necesitaba proteger la tienda.

 

― De repente, no me siento muy querido.

 

Julian apareció frente a ellos, haciendo un mohín y cruzado de brazos. Charles sonrió a su pesar al ver como Aidan se atragantaba con su comida mientras el otro golpeaba el suelo con el zapato.

 

― Sabes que no me refería a eso.

 

― Claro, claro… Bien, ¿qué me he perdido?

 

El fantasma estaba más corpóreo que cuando se fue. O eso le pareció al policía. Podía ver con más nitidez sus rasgos, que mostraban una vida al aire libre y bajo el sol, dado lo tostado de su piel y las arrugas de expresión. Le hacían parecer más mayor de lo que debió ser.

 

― Bueno, ¿y cómo mandamos a Jack al infierno?

 

― Eso no es tan simple, detective. Si la suposición de Aidan es verdadera y ese diario habla de nuestro amigo, no va a ser nada fácil. — el policía dejó los tallarines en el aire, mirándolos confundido.

 

― ¿Diario?

 

― El que mencioné el otro día. — explicó Aidan, dando un bocado a su pato a la pekinesa, gimiendo ligeramente al saborearlo. En ningún sitio lo hacían tan bien como en el China Express de su calle. — Perteneció a un miembro de La Orden. Al parecer lo localizó en Londres y le envió al Infierno.

 

― ¿Y cómo lo hizo?

 

― Usó un exorcismo especial, aunque no dejó constancia de cual.

 

― Y no tenemos a quien consultar cuál pudo ser, porque La Orden es muy quisquillosa con lo de compartir sus secretos. — gruñó Julian, mirándolos comer con envidia. Eso olía tan bien… y él sin poder comer. ¡Cómo echaba de menos la comida! ― Tendrás que revisar la reserva secreta. — añadió mirando hacia el librero. Este asintió, dando otro bocado.

 

― ¿Reserva secreta?

 

― A pesar de que La Orden no se fie un pelo de mí, siempre tengo material por si lo necesitan. Pero siguen sin querer venir a mi tienda.

 

― Sigues haciendo tratos con todo lo que matan y estoy seguro de que saben que te copiaste esos libros — rio el fantasma. — No te puede extrañar que no se fíen demasiado de ti.

 

― No con todo. — se defendió débilmente el chico, comiéndose el ultimo trozo de pato.

 

― Vampiros, lobos, el ogro de la semana pasada… ― enumeró con sorna. ― ¿Qué más quieres?

 

― Que piensen un poco antes de disparar, eso es lo que quiero. — suspiró el chico, levantándose y soltando el plato ya vacío en el mostrador. — No todo lo sobrenatural es malo, ¿sabes? Hay muchas criaturas conviviendo en paz y discretamente con los humanos.

 

Aidan se dirigió a la parte de atrás, seguido de cerca por los otros dos, hasta pararse frente a una estantería repleta de libros que estaba colocada al final de uno de los pasillos. Al tirar de «Guerra y paz», la estantería se movió, dejando la entrada clara a otra habitación, casi tan grande como la misma tienda.

 

― ¿Guerra y Paz? ¿En serio?

 

― ¿Qué? Es el único libro que sé que nunca me van a pedir. Los niños de ahora no leen algo tan largo.

 

Charles contempló asombrado la cantidad de objetos extraños y libros antiguos que atestaban la habitación. Había estanterías repletas, cajas, baúles, un par de espejos, vitrinas llenas de pequeños objetos como collares y relojes…

 

― ¡Espera, espera! ― los tres se pararon en seco bajo el umbral de la puerta. ― ¿Hay vampiros en la ciudad? — tanto Aidan como Julian rieron.

 

― ¡Pobre iluso! Estás hablando con un fantasma sobre como atrapar a un demonio y aun preguntas si hay vampiros.

 

― Deja de molestar al detective, Julian. ― regañó distraído el librero, buscando en una estantería particularmente llena. Casi daba la impresión de que iba a caerse del peso de los libros que tenía encima y todos parecían ser muy antiguos. ― No ayudas.

 

― Soy un fantasma. Mi trabajo es encantar cosas, no ayudar.

 

― Aún puedo quemar el guardapelo, tú sabes…

 

― Capullo.

 

― Ayuda y calla, anda. — el policía les observó, ligeramente divertido. Esos dos parecían un matrimonio discutiendo. Le recordaba a Henricksen y él cuando no tenían que trabajar en casos muy graves.

 

― ¿Siempre estáis así?

 

Aidan rio por lo bajo y siguió revisando libros sin responder mientras el detective se entretenía con el viejo diario que el chico había rescatado semanas antes y que acababa de entregarle.

 

― ¿Por qué hay gente que se dedica a esto? — preguntó Charles, buscando la página del diario que hablaba de Jack.

 

― ¿El qué? ¿Cazar estas cosas? — preguntó a su vez Julian, adivinando a que se refería. — No lo sé. Todos entran por una razón. Y no tiene nada que ver con el dinero, la fama ni nada de eso. — terminó, con tono amargo.

 

― Se refiere a que todos los que entran en la caza han tenido un encuentro nada agradable con algo sobrenatural. — el fantasma resopló.

 

― Me refiero a que todos los que hemos perdido a alguien por culpa de esas cosas tenemos una buena razón por la que entrar en esto. Y es por la única por la que se sigue. Tienen suerte de que muriera antes de poder cazarles.

 

― ¿A quién perdiste? — la mirada de Julian cambió de dura a triste en un segundo.

 

― Mi mujer. Hizo un pacto y vinieron a cobrárselo.

 

― Eso es… wow… lo siento. — murmuró sin saber que más decir. Sinceramente, no había entendido del todo lo que implicaban las palabras del fantasma, pero pensó que no sería buena idea preguntar más. Aidan pareció leerle el pensamiento porque dejó de buscar un segundo para aclararle la duda.

 

― Con lo de pacto se refiere a que negoció con un demonio. Su alma por lo que quisiera. Dependiendo del contrato que se firma, tienes un número determinado de años antes de que vengan a llevarte con ellos al Infierno.

 

El detective parpadeó un par de veces, sin palabras. Si lo que acababa de oír era cierto…

 

– ¡Un momento! Si existe el Infierno, ¿también el Cielo?

 

― No tengo ni idea. Nunca me he cruzado con alguien que lo haya visto. — ironizó el fantasma, cruzándose de brazos mientras observaba como Aidan pasaba a otra repisa para seguir buscando. — De ahí, si es que existe realmente, no se sale.

 

― ¿Y por qué quieres quedarte aquí? Si te vas, irías al Cielo, ¿no?

 

― Lo dudo.

 

― Si que iría.

 

Julian y Aidan intercambiaron una mirada y algo muy parecido a una discusión silenciosa que acabó con el librero resoplando y volviendo a su tarea de buscar. Ya había apartado tres viejos y enormes libros.

 

― Eso no lo sabes. También hice suficientes cosas malas como para no entrar.

 

― Eso sí que lo dudo mucho. — por el tono hastiado del librero, Charles supuso que esa discusión se había repetido varias veces.

 

― ¡Nah! De todas maneras, no quiero ir. Allí no hay nada que me interese ver.

 

― Y tu mujer…

 

― Mi mujer está quemándose en el Infierno. — contestó cortante el fantasma. ― Ella hizo un pacto. No hay salvación para quien vende voluntariamente su alma a un demonio. Y esos cabrones saben cómo cobrarse los intereses después.

 

― Lo siento.

 

― No lo hagas. Fue su decisión. — la voz del fantasma era tan amarga como la hiel y le hizo desviar la mirada hacia el diario. — Una decisión estúpida.

 

― ¿Por qué vendió su alma?

 

― Tuve una mala caída cuando llevaba el rebaño del prado a casa. Me rompí la espalda y el médico dijo que no sobreviviría. Al día siguiente de su visita, me recuperé. Inexplicablemente. — Julian se encogió de hombros, mirando hacia el detective. ― La gente pensaba que era un milagro. No lo fue.

 

― ¿Qué pasó?

 

― Lo que tenía que pasar. Con un pacto tienes un tiempo límite hasta que recojan el pago. Unos años después, Sarah salió de la casa y no volvió. La encontré cerca del rio, despedazada como si la hubiera atacado un animal grande. Pero las heridas no concordaban con nada que yo hubiera visto antes. Eran demasiado grandes para un lobo o un oso y no había huellas por ninguna parte.

 

Julian suspiró, visiblemente incomodo con la conversación. Compuso una sonrisa cansada antes de volver a hablar.

 

― Mirándolo por el lado positivo…

 

― ¿Tiene lado positivo? — Julian soltó una carcajada, que no sonó del todo forzada.

 

― Siendo un fantasma durante tantos años pude descubrir el misterio de la muerte de mi esposa. — se encogió de hombros de nuevo y volvió la mirada hacia Aidan, que le observaba con una sonrisa triste. — He podido ver como cambiaba el mundo, a veces para bien y, bueno… puedo molestar a este cuando me aburro, asustar clientes, poseer gente… aunque eso último te deja siempre para el arrastre. No compensa demasiado.

 

― Gracias. Me encanta ser una parte tan importante de tu no vida, Julian. — ironizó el librero, aguantando la risa.

 

― Suficiente charla por ahora. Tenemos que centrarnos en acabar con este demonio. Necesitamos localizarlo y retenerle el tiempo suficiente para exorcizarle y mandarle de vuelta al hoyo.

 

― ¿Y cómo vamos a hacer eso?

 

― Eso, detective, es una buena pregunta. Está claro que la tiene tomada contigo. Estoy bastante seguro de que volverá a intentar atacarte.

 

― Genial. — ironizó el policía.

 

― Hay que usar eso a nuestro favor.

 

― No me gusta la idea de que le usemos de cebo.

 

― A mí tampoco. — Charles se unió a la protesta de Aidan.

 

― Es lo que hay. A menos que tengáis una sugerencia mejor, claro.

 

Gordon Henricksen miraba preocupado su móvil sin decidirse a realizar la llamada.

 

No había visto a su compañero desde el día anterior y, cuando llegó a la cafetería, este no estaba por ninguna parte. Según la camarera ni siquiera había aparecido. Eso no encajaba con él. No solía desaparecer sin dejar ni rastro.

 

No sin avisar o dar un motivo. Y ya era la segunda vez esa semana que le hacía lo mismo.

 

Su compañero era muy predecible. Después de un caso donde estuvieron ambos amenazados de muerte por un asesino al que encarcelaron y que consiguió escapar, dándoles un susto considerable, acordaron que siempre estarían localizables.

 

Esa era una de las razones por la que le gustaba trabajar con él. Con Charles no había sorpresas ni avisos de última hora diciendo que estaba enfermo o excusas similares. Si no recordaba mal, no había faltado a trabajar ni un día desde que eran compañeros.

 

Así que, cuando se esfumó sin decir absolutamente nada, Gordon empezó a preocuparse. Y la cosa empeoró cuando regresó a comisaría desde la escena. Nadie lo había visto en todo el día.

 

A esas alturas ya empezaba a asustarse de veras.

 

Pero aún no veía una razón válida para llamarle. ¿Qué iba a decirle?

 

¿Perdona, pero como desapareciste sin decir nada me asusté?

 

Iba a parecer su madre o algo por el estilo. Otra vez. Y Charles se estaría burlando de él durante meses.

 

Gruñó una maldición y se guardó el móvil en el bolsillo interior de la chaqueta. Más le valía estar bien y tener una muy buena excusa para preocuparle de esa manera o le patearía el culo en cuanto le encontrara.

 

Bostezó y entró al baño. Al verse en el reflejo del espejo casi se asustó por lo que vio. Llevaba noches sin dormir bien a causa de la niña, pero también había tenido un par de veces que no recordaba cuando se levantó a mirar a la niña ni cuando regresó a la cama. En esas ocasiones se despertaba desorientado y más agotado que cuando se fue a dormir.

 

Estaba claro que necesitaba unas vacaciones. El cansancio le afectaba más de lo que deseaba reconocer.

 

Tan distraído estaba que no vio el pequeño chispazo negro que salió de su móvil en el bolsillo.

 

La habitación empezó a oler raro, como a huevos podridos y se giró buscando el origen de la peste, pensando que alguien debía haber tirado algo de comer allí y se había podrido.

 

La pequeña chispa que había salido de su móvil se arremolinó frente a él, convirtiéndose en un haz de luz negra que impactó contra sus ojos. Era como una especie de energía extraña que entró en su cuerpo y se adueñó de él.

 

Sin poder hacer nada para evitarlo, una presencia hostil le empujó y arrinconó en su propia mente dejándole solo como un mero espectador.

 

Estaba recluido en su propio cerebro.

 

Con horror sintió sus manos moverse sin su permiso, cogiendo de nuevo el teléfono y abriéndolo para llamar. Se oyó a si mismo hablar, vio su propio reflejo en el espejo del baño, la sonrisa aterradora que sus labios dibujaron, sus ojos tornándose dorados.

 

Sorprendido e impotente, oyó su propia voz tendiendo una trampa a su compañero.

 

La presencia fue muy clara con sus intenciones y disfrutó de su terror cuando le informó.

 

Charles estaba tratando de terminar de leer el diario cuando su móvil sonó, interrumpiéndole a él y a los otros dos que seguían discutiendo sobre cosas que prefería no saber que eran. Llevaban por lo menos una hora echándose puyas el uno al otro sobre anécdotas del pasado que implicaban, en su mayoría, al fantasma metiendo en líos al otro por asustar a los clientes más jóvenes.

 

Contestó distraído, sin mirar el número del identificador de llamadas.

 

― Detective Andrews.

 

― Charles. ― reconoció la voz de su compañero enseguida, sintiéndose culpable por no haberle avisado de donde estaba. Era la primera vez en años que faltaba al trabajo.

 

Sin embargo había algo que no estaba bien y que le puso alerta. Su compañero normalmente solía llamarle Charlie o Andrews.

 

Nunca Charles.

 

― ¿Henricksen? ¿Ocurre algo?

 

― Nada importante, detective. Solo estoy aquí pasando el rato con su amigo. — el terror le congeló, sintiéndose temblar un poco. Ese tono… era el del asesino.

 

― ¡Déjale en paz! — tanto Aidan como Julian se acercaron raudos a él, con sendas miradas preocupadas.

 

― ¡Ah, ah, detective! — el muy bastardo rio. Una risa de loco que no casaba para nada con la voz del Henricksen que él conocía. ― Sea bueno o se lo devolveré en pedacitos, como hice con aquella chica. Un día el hígado, otro podría ser un brazo… incluso podría mandarle por piezas y mantenerle con vida. Sería como un rompecabezas.

 

― ¿Qué es lo que quieres?

 

― Eso me gusta más. Veo que su amigo tiene una familia adorable. Lamentaría mucho que sufrieran por su culpa, así que haga lo que le digo y todo irá bien.

 

Charles ahogó un gemido al pensar en ese monstruo cerca de la pequeña hija o de la esposa de su compañero.

 

― Está bien.

 

― Voy a darle una dirección y le quiero allí en menos de una hora o haré que su amigo destroce a mi siguiente víctima, la cual, por cierto, usted conoce muy bien. Y después le destriparé a él. Me gusta hacer honor a mi nombre.

 


 

Recuerda que todas mis novelas las puedes encontrar aquí o en Amazon.

 

Publicado el 1 comentario

¡Mezclar es muy divertido!: Mezclando historia con ficción.

mezclar

Mezclando historia con ficción.

mezclar

Si ya he comentado lo divertido que es usar la mitología para escribir fantasía, mezclar hechos o personajes históricos con ficción es la caña.

¡Es genial!

La parte más guay es encajar la pieza en el puzle. Tanto si es un personaje histórico en un mundo de fantasía, como si es un personaje de fantasía en un hecho histórico.

En cualquiera de los dos casos, hacerlos encajar es un proceso que debe ser cuidado al detalle. Es muy importante que todo encaje perfectamente para que quede creíble.

Y tú, querido mío, dirás… ¿para que tanto cuidado? Es una historia de ficción. Se puede ser inverosímil. O, dirás también, nadie presta tanta atención a los detalles cuando lee.

No lo harás tú, vamos. Yo sí.

Yo si presto atención a esos detalles cuando leo. Y cuando releo, más. Y me saca de una historia si algo así no encaja. Si el personaje está mal encajado, puedo incluso dejar de leer esa historia por mucho que me estuviera gustando.

No todo el mundo se fija, lo sé. Muchos pasaran mil detalles puestos con mimo en la historia. Se centrarán en la trama principal y ya.

Pero siempre habrá quien si se de cuenta de esos detalles. Quienes agradecerán que te tomes la molestia de ser tan cuidadoso, quien disfrutará de ese nombre, esa referencia, ese lo que sea que has colocado a propósito.

Y también te crucificaran si no has sido cuidadoso.

Así que… personaje histórico colocado en historia de ficción. Trata de ser coherente con la persona que estas usando, con su forma de ver las cosas, su carácter, piensa en la época en la que vivió y la forma de pensar de esa época. No puedes escribir a un tipo del siglo XV expresándose como alguien de la actualidad. No se usaban las mismas expresiones ni palabras.

Ojo, que ahí pecamos muchos al escribir algo anterior al siglo XX. Tendemos a expresarnos, a hacer hablar a nuestros personajes como gente del este siglo cuando estamos escribiendo algo ambientado en el siglo XIX.

Y a que tengan ideas y visión de nuestra actualidad.

Eso puede quedar bonito y gracioso pero no seria exacto.

El otro, hecho histórico encajado en una historia de ficción. Por poner un ejemplo chorra, la firma de la Declaración de Independencia de Estados Unidos en 1776. Imaginemos que en ese tratado hay una parte que no está expuesta al público. La parte en que hablan de las razas sobrenaturales que acuerdan una paz con los humanos, a los que han ayudado para expulsar a los ingleses. Y que uno de los “padres” de ese documento es parte de ese pueblo sobrenatural, sea el que sea.

En ese ejemplo habría que modificar o añadir cosas, pero, sobre todo, mantener lo básico para que sea reconocible. Lo que se añada que no afecte a lo básico.

Mezclar es maravilloso, pero manteniendo unas reglas se convierte en genial.

Y recuerda que mis novelas están a la venta en Amazon y aquí.

 

Publicado el Deja un comentario

Resumen semanal: del 7 al 11 de enero: Resumen semanal: segunda semana de enero.

resumen

Resumen semanal: del 7 al 11 de enero.

resumen

Lunes.

En el post de esta semana te hablo sobre los personajes de El Guardián. Ven a conocer a Paul y Alger, protagonistas de la novela y dos bichos de lo más encantador XD

Los personajes de El Guardián.

 

Miércoles.

¡Y nuevo capítulo de Jack T.R.!

Esta semana Charles cada vez está más liado y confundido y más asustado también. Y no es para menos, ya que debe volver a vivir uno de los asesinatos de Jack.

¿Qué hará?

Jack T.R. Capítulo 7

 

Jueves.

Esta semana te cuento más sobre mi nuevo proyecto y los personajes que van a participar en él. Cómo y de dónde han salido y el desarrollo de sus personalidades.

Creando personajes para el nuevo proyecto

 

Viernes.

¡Por fin es viernes!

¡A disfrutar del finde todos!

 

 

Publicado el Deja un comentario

¡Nuevo proyecto!: Nuevo proyecto: Creando personajes

nuevo proyecto

Nuevo proyecto: Creando personajes.

nuevo proyecto

Te contaba la semana pasada que estoy con un proyecto nuevo. No sé cómo va a acabar, porque esto nunca se sabe.

Pregunta a cualquiera que escriba. Se sabe cómo empieza, como sigue y, si, tienes una idea de cómo acaba. No significa que acaba así.

Por eso digo que por ahora va a ser una historia más bien de romance paranormal con tintes de todo. Luego ya veremos que sale.

Que tú dirás… ¿Por qué romance ahora?

Porque va a ser una parte más de mi universo y porque va a contar la historia de dos de mis 3 Hermanos. Esos lobitos a los que adoro desde el día que me los imaginé.

Durante el relato que compartí aquí en blog y en el cameo que hicieron en El Guardián, podías ver algo de sus personalidades y de su historia.

Mis tres lobos son tres cachorros que se han criado juntos adoptados por el Alfa de su manada cuando sus familias murieron a causa de un brote de sarampión en la ciudad que atacó con más fuerza en la manada.

Todo esto tiene mucho que ver con todo mi universo, créeme. Hasta el detalle tan tonto como lo del sarampión es importante.

No son hermanos, realmente. No de sangre. Pero se han criado como tales y se quieren así. Bueno… dos de ellos se quieren algo más XD

Y de esos dos voy a hablar en mi nueva novela. Por ahora. Hay mucho que matizar y trabajar.

Mucho mucho mucho mucho mucho.

Ahora estoy trabajando en las personalidades y «backstory» de los personajes. Su pasado, vamos.

Para el relato no me mate mucho. Cogí lo básico y punto. Ahora tengo que profundizar e investigar en su “vida” para poder escribirla. Todo lo ocurrido en ese tiempo va a influir en su presente y su futuro.

Y en el futuro de las novelas.

Así que tenemos a Joseph, Jonathan y Colby, tres chicos que se quedaron huérfanos con tres y dos años y acaban criándose juntos en la casa del Alfa de su manada. Eso los convierte en sus herederos en un futuro. De hecho, Joseph es el primer candidato a ser Alfa cuando el actual se retire. Jonathan tiene todas las papeletas de segundo al mando por su inteligencia y su carisma y porque es la única persona que entiende a Joseph incluso sin hablarse.

Y luego está Colby. El más pequeño de los hermanos es muy inteligente también y un gran estratega. Y siente que lo están dejando atrás.

Eso es algo que veo muy normal. Todos llegamos a un punto (a cualquier edad) en que sentimos que nos dejan atrás. Tus amigos se casan o encuentran trabajos antes o compran una casa… y tu sientes que sigues estancado.

Pues eso le pasa a Colby. Si has leído el relato no te estoy contando nada nuevo. En el relato Joe y Jon están en una búsqueda de su hermano pequeño que se ha unido a La Orden.

En esta historia te voy a contar la infancia de los tres y como llegamos a esa situación.

¿Por qué? ¡Porque me encanta!

Y estoy segura de que te va a gustar también.

nuevo proyecto

Publicado el Deja un comentario

¡Ahora, gratis! : Jack T.R. Capítulo 7.

jack tr

Capítulo 7

jack tr

Charles llegó a comisaría casi cuatro horas después de haber dejado la escena del crimen, dos desde que se marchara corriendo de la librería.

 

Había elegido dar un largo rodeo desde la librería hasta allí. Necesitaba calmarse y pensar antes de regresar al trabajo, por lo que optó por dejar su coche un par de manzanas más lejos de lo que acostumbraba. Perdió la noción del tiempo mientras paseaba inmerso en sus pensamientos. Tanto que, al llegar, Henricksen se le echó encima, bastante molesto, como si hubiera estado desaparecido años en vez de unas horas.

 

― ¿Dónde estabas? ¡Llevo toda la mañana llamándote al móvil! — extrañado, revisó su teléfono para darse cuenta de que la batería estaba muerta, probablemente porque no había recordado cargarlo la noche anterior.

 

― Lo siento. No me he dado cuenta de que no tenía batería.

 

― ¿Estás bien? Tienes mal aspecto.

 

― Si… si… Solo preocupado por este caso, eso es todo. — se excusó, dirigiéndose hacia su escritorio y esquivándole. No tenía ganas de responder las preguntas que inevitablemente le haría. Su compañero le siguió, aun molesto.

 

― ¿Dónde has estado? Los patrulleros me dijeron que te fuiste de la escena hace horas.

 

― Fui a… dar un paseo para despejar la mente. ― Henricksen bufó, incrédulo.

 

― ¿Dar un paseo? ¿Tú?

 

― Si, ¿qué pasa? ― preguntó de vuelta a la defensiva.

 

― ¿Desde cuándo das tú paseos? ― Charles le dirigió una mirada cortante. ― ¿Sabes qué? ¡No importa! Pero la próxima, avisa, capullo. ¿Otra vez has estado durmiendo mal?

 

El detective hizo una mueca.

 

Eso era el eufemismo del año. Él caía rendido cuando el cansancio le vencía, pero no descansaba nada a causa de sus sueños. Necesitaba terminar con ese caso de una vez.

 

― Si… Insomnio otra vez. ― mintió. ― Va a acabar conmigo. Tú tampoco tienes pinta de estar durmiendo demasiado. — No se había fijado demasiado bien antes, pero su compañero tenía las ojeras más marcadas que hacía un par de días. Este le dio una sonrisa débil, encogiéndose de hombros.

 

― La niña nos tiene locos. Anoche tuvo un cólico. Por cierto, Morgan está con la autopsia de la última víctima. — añadió, volviendo a ponerse serio y cambiando de tema. ― Me dijo que quería hablar con nosotros lo antes posible.

 

Charles frunció el ceño, intrigado por el mensaje, encaminándose hacia la zona de autopsias sin decir una palabra. Si Morgan les estaba buscando, tenía que ser algo importante. No tardó en oír los pasos de Henricksen tras él.

 

Cogieron el ascensor para ir al sótano del edificio, donde se encontraban los dominios del forense. En esa misma planta también estaban el depósito de cadáveres, el de pruebas y la armería. El sótano ocupaba prácticamente toda la superficie del edificio, adecuadamente insonorizado y ventilado, por suerte para ellos.

 

Charles todavía recordaba el horrible hedor que despedían los cadáveres de la primera comisaria a la que fue destinado, después de graduarse en la academia. Aquel lugar era tan antiguo que el sistema de ventilación no funcionaba correctamente y, en verano, cuando ponían el aire acondicionado solía colarse el olor a descomposición de los cuerpos que estaban siendo analizados.

 

Fue muy feliz cuando le trasladaron a su comisaría actual, un año después.

 

El sonido del ascensor llegando a su destino le hizo regresar al presente. Pasaron las puertas de la armería y del depósito antes de detenerse frente a la sala de autopsias.

 

Morgan estaba ya cosiendo a la chica cuando llegaron.

 

― ¡Hombre, por fin aparecéis! He tenido que hacer la autopsia sin vosotros.

 

― Lo siento. Estaba ocupado con otras cosas. ¿Qué es lo que tienes para nosotros?

 

― Bien, la conclusión es que es nuestro hombre, como ya sospechabais. Las heridas son iguales que en las otras dos víctimas e infligidas por la misma clase de cuchillo. No falta ningún órgano pero varios están destrozados por las cuchilladas.

 

― Un chico entró en el aparcamiento cuando estaba con ella, por eso no pudo coger nada. Le jodió los planes. — Charles suspiró, cansado antes de proseguir. ― Si le interrumpieron, probablemente esté frustrado por ello, así que volverá a matar antes de lo que tenía pensado.

 

― Eso, por desgracia, es muy posible. La otra noticia que os tenía es que he encontrado una nota. — Morgan les dio una bolsita con un arrugado papel dentro. — La dejó en la boca de la chica.

 

Charles ignoró el estremecimiento que le recorrió al cogerla, temiendo que volviera a tener otra alucinación como le ocurrió con la primera, pero no pasó nada. Alisó como pudo el papel a través del plástico de la bolsa y lo leyó, sus cejas alzándose con cada palabra.

 

En esa ocasión el asesino había incluso dibujado una calavera y un cuchillo, muy similar al que habían encontrado en la escena del crimen y usado un bolígrafo rojo.

 

― «Querido Jefe: ¿le gustó el espectáculo? Pronto podrá ver más. J.T.R.» — Charles sintió como se le helaba la sangre al leer la nota. ¿Se refería a él? ― Este tío está completamente loco.

 

― ¿A quién demonios se supone que envía estas notas? — preguntó Henricksen, rascándose la cabeza. ― ¿Quién cree que es el jefe? ¿El capitán? ¿El alcalde?

 

― No tengo ni idea.

 

Lo ocurrido en la escena del crimen volvió a su mente haciéndole recordar algo en lo que no había pensado hasta ese momento. El asesino había mencionado que sabía que podía verle en sus sueños. Mientras duró el ataque y, más tarde, en la librería no le dio ninguna importancia, incluso lo olvidó con todo el lio, pero… ¿cómo sabía eso?

 

Nunca había mencionado sus sueños a nadie. Absolutamente a nadie. Pero entonces, ¿cómo lo sabía?

 

― Este caso me está dando migraña. — gruñó su compañero, cogiendo la nota. — Voy a llevar esto a los de la científica y a comprobar si han sacado alguna huella del cuchillo que encontraron. ¿Te veo luego? — Charles volvió a la realidad y miró su reloj. Eran poco más de las once de la mañana.

 

― Si… claro… voy a hacer algo de papeleo y a hablar con los de perfiles. Cuando vuelvas vamos a por un café.

 

― De acuerdo.

 

Henricksen asintió y se marchó, dejándoles solos. Él mismo se disponía a salir también cuando Morgan le agarró del brazo, deteniéndole.

 

― Oye, ¿te encuentras bien? — le preguntó, dándole una mirada preocupada. ― No tienes buen aspecto. — Charles negó suavemente con la cabeza, componiendo una sonrisa tranquilizadora.

 

― No es nada. No he dormido bien desde hace unos días.

 

― Si quieres te puedo recetar algo para eso.

 

― Nah… No soy muy fan de las pastillas. Intentaré reducir un poco el café y, si no funciona, volveré a que me recetes algo.

 

― ¡Estos jóvenes y sus remedios «new age»! ― se rio el doctor, haciéndole sonreír. — Está bien. Pero ya sabes. Si sigues con problemas para dormir, ven a verme.

 

― Lo haré, descuida.

 

El resto del día pasó como un borrón.

 

Visitó a los de perfiles, quienes no le dieron nada nuevo sobre el asesino, salvo que habían configurado un perfil geográfico del sujeto, que situaba los asesinatos cada vez más cerca de su comisaría. Eso, junto con las notas recibidas, dejaba claro que deseaba su implicación en la investigación.

 

¿La razón? Eso no lo podían saber con seguridad, pero tenían varias ideas.

 

Después tomó un almuerzo temprano con Henricksen en la cafetería cercana a la comisaria y pasó la tarde absorto con unos informes retrasados.

 

La noche llegó más rápido de lo que hubiera querido el policía.

 

Por desgracia, pensó mientras descongelaba una pizza barbacoa y la metía en el horno, no sacaron nada en claro del cuchillo ni la nota. Y, en esa ocasión, el asesino había usado un papel normal y anodino, nada de tickets que pudieran darle alguna pista y el cuchillo estaba limpio de huellas.

 

Se fue a dormir con la preocupación y el miedo de que volviera a matar esa noche. Como bien había comentado con Morgan antes, Jack fue interrumpido. Y eso no era una buena cosa.

 

Estaba seguro de que mataría pronto. El problema era saber cuándo y dónde. Por eso no quería dormir. Temía verle en sus sueños de nuevo.

 

Consiguió luchar contra el cansancio durante unas pocas horas pero acabó sucumbiendo.

 

Cuando volvió a ser consciente de sí mismo, ya no estaba en su cama, si no en un parque. Gimió interiormente al notar esa ya familiar sensación de estar donde no debía, de ver las cosas desde los ojos de otra persona, esas emociones y pensamientos que no le pertenecían.

 

Vio su reflejo en una escultura de metal y comprobó que era una muchacha. Guapa, castaña y con el cabello recogido en una trenza. Y, en esa ocasión, no estaba solo. Caminaba por un parque con su amiga, otra chica de su edad, morena, de pelo corto y peinado de punta. Tenía pecas y los ojos verdes y no dejaba de reír por algo que les había ocurrido en el bar donde estaban antes.

 

Oyó pasos tras ellas… Dios… ¡iba a empezar!

 

No dieron importancia a los pasos que oían a sus espaldas. Acababan de entrar en el parque y había gente por los alrededores. Parejas besándose, un par de tíos que parecían vender drogas… lo usual a esas horas. Miró por encima del hombro y vio a un hombre con las manos metidas en los bolsillos de su abrigo que andaba encorvado ligeramente.

 

Solo otro tío que salía del bar y volvía a su casa. Nada más.

 

Siguió bromeando con Tina, su amiga, sobre aquel perdedor que intentó ligar con las dos al mismo tiempo y como habían conseguido que les invitara a todas las copas hasta que decidieron marcharse, dejándole plantado con una hermosa factura que pagar.

 

Fue de lo más divertido. ¡Los hombres eran todos tan fáciles de manejar!

 

Al llegar a la mitad del camino los pasos se oían más cercanos y rápidos y se alarmó un poco. Tina también miraba preocupada al tipo, sus bonitos ojos verdes brillando asustados.

 

Atemorizada, iba a sugerirle el salir corriendo de allí cuando los pasos dejaron de oírse.

 

Se giró para comprobar si el extraño hombre seguía ahí pero no le vio. Suspiró aliviada, sintiéndose tonta por asustarse por nada, y siguieron su camino. El tipo solo estaba volviendo a su casa, igual que ellas.

 

Ya estaban cerca de salir del parque y llegar a su calle. Solo unos metros más y estarían a salvo.

 

Y ahí fue donde todo se fue al demonio.

 

No tuvo tiempo ni de gritar cuando sintió a alguien sujetándola por la trenza y un afilado cuchillo cortándole la garganta. Cayó al suelo de rodillas en la nieve, llevándose las manos al cuello, viendo con horror como la sangre manchaba sus pantalones beige para acabar formando un charco en la nieve.

 

Entonces oyó a su amiga chillar de dolor.

 

Fue el sonido más espantoso que había oído jamás. Le erizó todos los vellos del cuerpo. Incluso inmersa en su propio dolor y miedo, alzó los ojos y miró… y deseó no haberlo hecho.

 

Ese animal… no había otra palabra para describirlo… estaba arrodillado en el suelo, sobre el cuerpo tumbado de Tina, acuchillándola repetidamente. Veía su brazo subir y bajar rápidamente, la brillante hoja resplandeciendo bajo la luz de las farolas. Su pobre Tina daba pequeños gemidos, incapaz ya de gritar su agonía, y se estremecía con cada cuchillada hasta que dejó de moverse del todo.

 

Él se levantó y se giró hacia ella. El terror la hizo reaccionar y, a pesar de que seguía sangrando y estaba mareada, se incorporó y trató de huir.

 

Solo consiguió correr unos pocos metros antes de que él se lanzara sobre ella y la hiciera caer, aplastándola contra el suelo momentáneamente. La libró de su peso y tiró bruscamente de su brazo, haciéndola girar para quedar frente a frente. La sangre de su herida la ahogó cuando intentó gritar al ver los dorados y brillantes ojos mirándola con desprecio.

 

― ¡Hola, detective! Espero que esté disfrutando de esto tanto como yo. — le oyó decir antes de levantar el cuchillo y hundirlo en su estómago.

 

Charles despertó, sobresaltado y sintiendo el corazón en la garganta. Corrió, tropezando con las sabanas y llegó al baño justo a tiempo para vomitar la pizza que había cenado.

 

Lo había hecho… de nuevo lo había hecho… y esta vez sabía que estaba mirando.

 

Se dejó caer sentado junto a la taza del inodoro, incapaz de sacar fuerzas para levantarse de ahí, llevándose las manos a la cara.

 

¿Qué iba a hacer ahora?

 

Otras dos chicas habían sido asesinadas mientras él observaba impotente y ese monstruo le habló directamente, consciente de su presencia.

 

Hora y media después, su móvil empezó a sonar. Ese fue el lapso que estuvo sentado en el suelo, incapaz de moverse sin sentirse enfermo. Cuando por fin consiguió levantarse, tenía las piernas dormidas y casi se cayó al suelo de nuevo.

 

Llegó al parque Lorraine L. Dixon cuando daban las seis y media de la mañana.

 

Los cuerpos fueron encontrados por un grupo de chicos que regresaban del mismo bar donde estuvieron las víctimas. Uno de ellos aseguraba que les compró varias copas a ambas, pero que dejaron el local aproximadamente una hora antes que ellos. Ninguno fue capaz de decir si las vieron salir con alguien o no. Y dado el estado de embriaguez en el que se encontraban no resultaban una fuente muy fiable.

 

Daba igual. Él sabía que salieron solas y fueron atacadas en ese lugar, tras sufrir una emboscada de Jack.

 

― Detective, hemos encontrado algo.

 

Charles se acercó a los forenses. Uno de ellos sujetaba con sus manos enguantadas un papel. Sintió los vellos de la nuca erizarse al ver las siglas del asesino dibujadas con sangre en la nieve, junto a la chica.

 

― Estaba en la mano de esta. — comentó al dársela, señalando a la chica castaña. Aun no sabía su nombre. El policía se puso unos guantes que sacó de su bolsillo derecho del abrigo y lo cogió con cuidado. Estaba empapado en sangre pero era legible.

 

― ¿Tenemos identificación para las víctimas?

 

― Aun estamos buscando. Tenemos un bolso con identificación, pero no hemos encontrado el otro.

 

― Bien. — con miedo miró al papel. — «Querido Jefe: esto es en compensación por la que no pudo ser. Me he llevado un suvenir. Espero que no le importe. Lo compartiré pronto. J.T.R.»

 

― Este tío me está dando escalofríos. ― Charles no pudo más que estar de acuerdo con el forense.

 

― Si encontráis el otro bolso, avisadme. ¿Habéis visto alguno a Henricksen?

 

― No. No estaba aquí cuando llegamos.

 

Charles frunció el ceño, extrañado. Era la segunda vez que su compañero aparecía tarde al escenario de un crimen y eso no era habitual en él. Devolvió la bolsa de pruebas al otro policía y sacó su móvil, usando la marcación rápida para llamar a su compañero.

 

Este tardó tres tonos en contestarle y sonaba apurado.

 

― ¡Ey! ¿Dónde estás? Llevo media hora aquí esperándote.

 

― Lo siento, la niña tuvo cólicos otra vez esta noche. Nos ha tenido despiertos hasta la madrugada. Estoy en mi coche ahora mismo.

 

― Está bien. ¿Nos vemos en Brady’s? Hay uno cerca de la escena.

 

― ¡Genial! Tardaré como mucho media hora. ¡Ve pidiéndome mi cappuccino!

 

Charles guardó su móvil y se dirigió a la salida del parque, donde estaba la cafetería que le había mencionado a su compañero. Antes se aseguró de pedir a los forenses que le llamaran si encontraban algo más.

 

Paseó por la calle, viendo a la gente salir de sus casas para empezar el día, como si nada hubiera ocurrido. Ignorantes de que un monstruo había descuartizado a dos pobres chicas casi debajo de sus ventanas.

 

― Disculpe, ¿tiene hora? — se había detenido en el semáforo, esperando a que se pusiera en verde para poder cruzar la calle, cuando escuchó la pregunta. Sin mirar quien le hablaba, se levantó la manga de su abrigo y miró su reloj.

 

― Las siete y cuarto.

 

― ¿Qué le ha parecido mi regalo, detective? ¿Lo ha disfrutado?

 

Charles volvió la cabeza despacio, sintiendo como su corazón latía más deprisa a causa de la adrenalina y movió su mano instintivamente hacia la pistolera. A su lado, los ojos dorados del demonio le saludaron sonrientes. En esa ocasión tenía una apariencia diferente. No era el joven rubio de la otra vez, si no un hombre de poco pelo, entrado en los cincuenta y vestido con traje azul oscuro.

 

― ¡Tú!

 

― No, detective. — rio el asesino, al verle hacer el amago de sacar su pistola. ― No le recomiendo hacer eso. Este pobre contable no tuvo nada que ver con lo de anoche. No irá a matar a un inocente, ¿verdad? — El semáforo se puso en verde y la gente empezó a moverse, pasando entre ellos al cruzar la calle.

 

― ¿Qué es lo que quieres?

 

― ¿Qué queremos todos? — preguntó a su vez, haciendo un teatral gesto para abarcar a la gente que pasaba a su lado. ― Un poco de reconocimiento estaría bien. No habéis dejado que la prensa sepa de mí y eso duele. — Charles gruñó.

 

― No dejamos que la prensa sepa nada sobre bastardos como tú. No vamos a darte esa satisfacción, cabrón.

 

― Esa no era la respuesta correcta, detective. — el tono del asesino era de reprimenda, como si hablara con un niño pequeño.

 

― Me da exactamente igual lo que pienses.

 

― Lo veremos.

 

Una mujer especialmente gruesa pasó entre ellos, obstaculizándole la vista y cuando por fin consiguió esquivarla, el hombre no estaba en ninguna parte.

 

Charles se echó a temblar.

 

A pesar del frio que hacía a esas horas de la mañana, tenía la camisa empapada de sudor y su corazón amenazaba con salirse de su pecho a causa de la velocidad a la que estaba latiendo. Apoyó la mano sobre él, como si así pudiera conseguir que se calmara un poco y notó algo duro y metálico en el bolsillo de su chaqueta, bajo el abrigo. Extrañado, metió la mano y encontró la petaca de plata que le diera el librero antes de separarse.

 

Había olvidado por completo que la llevaba. La miró casi sin parpadear hasta que alguien chocó con él, haciéndole volver a la realidad.

 

Cuando empezó a andar, lo hizo en dirección opuesta a la cafetería.

 

 

 

 

Publicado el 1 comentario

Conociendo a los protagonistas.: Los personajes de El Guardián.

guardian

Los personajes de El Guardián.

guardian

Como en posts anteriores quiero mostrarte un poco más de mis personajes. En esta ocasión de los que viven en mi novela El Guardián.

El Guardián es la historia de Paul, un chico tímido y con poco carácter, cuya novia lo mangonea y su padre no le respeta, al que su vida da un giro de 180 grados de la manera más inesperada.

Viajando con su manipuladora novia, visitan el campo de concentración de Auschwitz, tristemente célebre por su participación en el holocausto nazi y que se conserva para que la humanidad nunca olvide esa masacre. Durante esa visita, Paul libera sin querer a Alger, un berserker o espíritu guerrero, que había estado confinado en un sótano oculto desde la Segunda Guerra Mundial.

Unidos y obligados a entenderse, ambos deberán trabajar juntos para huir de La Orden, que los persigue para aniquilarlos, y encontrar una antigua reliquia mágica que custodiaba Alger y que perdió al ser atrapado.

El Guardián es parte del universo La Comunidad Mágica vs La Orden, apareciendo algunos personajes de otras novelas como Jack T.R. o Kamelot 2.0.

Voy a presentarte un poco más a esos dos.

Paul es un chico tímido y con muy poco carácter. Es de los que se deja manejar con tal de contentar a los demás, sobre todo a su novia Leah y a su padre.

De hecho, su padre está todo el tiempo haciéndole notar su decepción. Nunca está contento con nada de lo que haga el chico. Por eso Paul está haciendo las practicas en su oficina, para contentarle.

Su novia tampoco es un dulce, precisamente. Usa a Paul porque su padre tiene dinero y nombre. Pero no quiere al chico. Mientras está con él, le engaña y le es infiel. Paul lo sabe pero se hace el ciego para no enfrentarse a la realidad.

Paul es un buen chico. Es noble, decente y leal. Simplemente, no es capaz de levantarse y luchar para si mismo.

Pero si lo hará para otros.

Esa es la razón por la que, cuando escucha a alguien pidiendo socorro, acude, a pesar de su propio miedo.

Y así conoce a Alger.

Alger es un berserker o espíritu guerrero. Tiene la forma de un puma gigante, con los ojos dorados y lleva miles de años paseando por el mundo. Ha visto mil cosas y podría contarte muchas historias sobre la naturaleza, los espíritus que la protegen y los humanos.

Encuentra fascinantes a los humanos. Sabe que su raza puede unirse a ellos y crear una nueva versión de berserker, un guerrero imparable. Pero solo si el humano es digno y ambos lo hacen de motu proprio.

Sin embargo, antes de que pueda decidir si quiere seguir como espíritu o buscar a un humano que cumpla los requisitos, es atrapado por el infame doctor Megele, tristemente recordado por sus crueles experimentos en el campo de concentración usando a los judíos como conejillos de indias.

Ante el asalto de los ejércitos aliados, los nazis y Mengele se ven obligados a abandonar el campo de concentración y Alger es oculto y olvidado en un sótano secreto.

Hasta la llegada de Paul.

Alger es valiente, con la sabiduría de siglos de experiencias y un ansia de vivir que lo mantuvo cuerdo durante los años de su cautiverio.

Juntos, Alger y Paul, podrían convertirse en un berserker muy poderoso.

¿Lo harán o La Orden les encontrará y destruirá antes?

¡Ven a descubrirlo!

 

Publicado el Deja un comentario

Resumen semanal: del 31 de diciembre al 4 de enero. : Resumen semanal: primera semana de enero.

resumen

¡Vuelven los resumenes!

Resumen semanal: del 31 de diciembre al 4 de enero

resumen

Lunes.

No, este lunes no ha habido entrada porque estaba hasta las cejas haciendo la cena de nochevieja.

 

Miercoles.

Porque ya paso de poner el martes que sigue sin nada… ¡Nuevo capítulo de Jack T.R.! 

Aidan trata de explicarle a Charles que es Jack y la cosa no resulta como esperaba.

 

Jueves.

Nueva serie de post semanales en los que te voy a ir contando como va mi nuevo proyecto. Una nueva novela en proceso que me tiene muy entusiasmada.

 

Viernes.

¿Estamos ya preparados para los reyes magos?

Más te vale que regales libros y, sobre todo, que regales los mios XD

¡Feliz finde!

 

Publicado el Deja un comentario

¡Empezamos con las notas!: ¡Nuevo proyecto!

nuevo proyecto

Nuevo proyecto: ¡Empezamos con las notas!

nuevo proyecto

Pues sí, adorable lector y visitante mío, tengo nuevo proyecto.

Y espero acabarlo con tiempo para presentarlo en el concurso de Amazon de agosto. O no, vete a saber.

Pero si no me pongo una fecha límite, no lo acabo, así que…

¿Por dónde iba?

¡Ah, sí!

Nuevo proyecto.

Por ahora solo tengo varias notas y una idea bastante general del asunto, aunque sé cómo empieza y como quiero que acabe. Lo cual es más de lo que tenía cuando escribí Kamelot 2.0, por ejemplo XD

He empezado la maravillosa fase de «engendrar» a la criatura.

Tengo a los protagonistas principales y a varios de los personajes secundarios. Tengo el escenario y una parte muy básica de la trama principal.

Y, lo más importante, estoy muy emocionada con ella.

Te puedo contar poco por ahora, salvo que va a contar con mis lobos del relato 3 Hermanos, de los que me encariñé mucho cuando los escribí y van a salir en otra novela en un futuro pero quería que tuvieran su propio libro.

Sobre todo, dos de ellos, que son adorables. Va a ser su historia, se cómo se criaron juntos, como sus vidas cambiaron y evolucionaron al hacerse mayores, como se enamoran dos de ellos y como afecta todo cuando uno decide traicionar a los otros dos.

Si has leído El Guardián o el relato 3 Hermanos sabrás de quienes hablo y te sonará bastante la historia. Si no lo has hecho… ¿A qué leches esperas?

Estoy haciendo ahora la historia detrás de cada personaje, para darles su personalidades distintivas y sus voces. Me encanta esto porque descubro cosas muy interesantes de cada personaje. Cosas que no sabía cuándo les cree para el relato o el cameo en la novela, ya que eran papeles muy pequeños.

También te puedo contar que va a ser un romance paranormal, con trazas de humor y una subtrama que seguirá uniendo esta historia a mi universo de la Comunidad Mágica vs La Orden, encajando en todo ese lio, ya que se va a situar justo después del relato 3 Hermanos a la vez que haremos un viaje al pasado de esos tres.

¿Te he dicho que estoy muy emocionada con esta historia?

Haciendo cálculos me he dado cuenta de que un momento clave de esta historia pasará justo en el mismo momento en que Jack hace su aparición en Chicago, así que las líneas temporales son simplemente perfectas.

Y lo feliz que me hacen esas chorradas XD

Aquí te dejo una fotito de una de las páginas de notas que tengo ya listas para escribir.

nuevo proyecto

*se va frotándose las manos, entusiasmada*

Por cierto, te recuerdo que puedes conseguir mi nueva novela Dagas de venganza en Amazon o en el blog.