¿No sabes qué leer?

 

Llegas a casa, después de un largo día y quiere desconectar. No hay nada interesante en la televisión y es tarde para buscar ningún libro en las librerías y bibliotecas.
¿Qué hacer?
¡Fácil! Puedes encontrar montones de relatos y novelas de fantasía urbana con los que evadirte y disfrutar de una buena lectura de textos originales.
Solo necesitas tu ordenador y entrar en Mi aventura de escribir para vivir un montón de aventuras.
¡No te lo pienses!

También tienes las novelas disponibles en Amazon.

Los multiuniversos y cómo Marvel si les está sacando partido.

A estas alturas, ¿quien no ha visto Wandavision, The Falcon and the Winter Soldier o Loki?

Si eres fan de Marvel y los comics, habrás visto estas series que, sorprendentemente, son de una calidad y mantienen el hilo y el espíritu de las películas de manera espectacular.

No voy a mentirte, cuando acabó End Game y con ella finalizaban también las historias de algunos de mis vengadores favoritos, la idea de las series me parecía muy apetecible. Sobre todo cuando empezó el cierre y no se podía ir al cine.

Pero temía que crearan algo del tipo Shield que, a pesar de que me encante, ajusta por los pelos lo que ocurre en las películas, manteniéndolos al margen de todo. Como si fueran universos separados.

Aquí, sin embargo, todo está intimamente relacionado con las películas.

Wandavision y su recorrido por su personal manera de superar el duelo, la ansiedad y la depresión con el que me he sentido muy identificada en ocasiones.

The Falcon y the Winter Soldier y su repaso nada discreto sobre el racismo en Estados Unidos (y el mundo en general), el saber perdonarse y pasar página y aprender a dejar de compararse con otros para reconocer tu propio valor.

Y Loki, que como solo llevo tres capítulos no tengo muy claro aún de qué va XD, pero sí que me está gustando mucho conocer a ese Loki que solo podíamos entrever en algunas escenas, ese que no es tan cabrón como quería parecer. Egoista, malcriado, ambicioso, inseguro, con un complejo de inferioridad que no le deja ver quién le quiere y no le permite aceptar ayuda. Eso si, pero es bonito verlo más.

Me alegra comprobar que el paso de Marvel a Disney no ha convertido el producto en una noñería solo apta para niños y que las series sigan la estela de las películas en calidad y trama.

El trabajo que realizan para mantener ese universo coherente y ampliarlo hasta el infinito y más allá.

Adoro los universos y los multiuniversos, pero eso me encantan los comics. Son los expertos en eso.

¿Qué opinais sobre las nuevas series de Marvel?

Y no olvidemos que podremos ver más sobre Viuda Negra, mi favorita, en el cine. A ver cuando puedo ir a verla…

¿Volvemos al tajo?

Seis meses sin escribir por aquí, ni por ninguna parte, de hecho.

Demasiado tiempo.

Pero la vida siempre tiene una manera bastante fastidiosa de interferir en tus planes. Y cambiarlos radicalmente.

¿A qué mola?

Pues no, no mola, pero es lo que hay.

En diciembre te decía que tenía que tomarme un descanso porque no daba a basto entre esto y los estudios.

Las buenas noticias es que el primer curso está superado y con muy buena nota, así que…

¡Chachi!

La no tan buena (bueno, si que es buena, claro, muy buena) es que me ha salido un trabajillo temporal que me tendrá ocupada los siguientes dos meses, así que por ahí se van mis planes de recuperar el blog, seguir con la corrección del manuscrito que tengo a medias (mis leones…) y estudiar más para ir preparada a las practicas.

C’est la vie!

Pero haré un esfuercito y trataré de volver al blog, poco a poco y así cogerle carrerilla para cuando acabe con la segunda parte del curso y con las prácticas.

¡Estoy deseando hacerlas!

El curso ha sido todo un episodio. A veces no estaba segura de si estaba con adultos o con niños o si yo me había vuelto demasiado mayor e intransigente.

Todavía no lo tengo claro XD

Pero ha sido muy divertido volver a vivir esas experiencias, aprender (que siempre me ha gustado tanto aprender cosas nuevas) y comprobar que no está una tan torpe como creía.

Así que… vuelven los post de lunes, aunque no tengo ni idea de que van a ir. Series y pelis y libros y mis historias y poco más.

Menos relatos y cosas así porque no tengo tiempo para hacerlos pero recuperaré ese tiempo, recuperaré un poco más mi vida (que a veces me da la impresión de que no tengo o se me pierde) y, si hay suerte y puedo terminar de corregirlo, los leones saldrán para finales de este año o principios del siguiente.

Por ahora, nos vemos!

¡Felices fiestas!

Si, lo sé.

He estado desaparecida demasiado tiempo.

Y siento haber dejado tan descuidado el blog. Aunque tiene su explicación.

En un nuevo intento para encontrar trabajo he decidido reciclarme cual botellita de plástico y tratar de sacarme el título de auxiliar de enfermería, aprovechando que ahora hay algo de demanda en el sector. Así que estoy estudiando a tope para aprovechar al máximo el tiempo y poder conseguir el título en el mínimo tiempo posible.

Lamentablemente, eso hace que tenga menos tiempo para el blog, escribir y todo lo demás que me gusta. Pero me debo sacrificar para conseguir esta meta igual que me he sacrificado en ocasiones anteriores. No me queda otra.

Igualmente, quiero que sepas que aún sigo corrigiendo mi próxima novela, Lion’s Pride, La manada. Si quieres echarle un ojo antes de que esté lista del todo, la estoy colgando en Wattpad, para ver como funciona.

Espero poder terminar de una vez de corregirla y seguir con mi saga.

Así que vuelvo a desaparecer un poquito más y espero que el año que viene pueda regresar aunque sea a ratos. Y no me quiero ir sin desearos una feliz navidad y un próspero año nuevo.

¡Pasadlo bien y sed buenos!

Especial Halloween: Relatos cortos sobrenaturales

Especial Halloween: Relatos cortos sobrenaturales.

 

Pues para celebrar este año Halloween, durante el mes de octubre las entradas del blog del lunes seran relatos cortos cortísimos de temática sobrenatural. No van a ser de miedo, ni de cerca pero, al menos, los protagonistas serán criaturas sobrenaturales.

Algo es algo.

¡Disfrutadlos!


  • ¿Cual es tu nombre?

  • Faith… Faith Porter.

El bombero susurró algo al oído del policía y ambos la observaron con expresión de estupefacción.

  • Faith, ¿sabe cómo se ha producido el incendio? ¿Había alguien más dentro? ¿Cómo ha sobrevivido?

La ambulancia llegó al lugar y dos enfermeros bajaron a todo correr, cargados de todo el equipo. Su sorpresa fue visible al comprobar que la chica parecía no estar herida. Aun así, insistieron en llevarla al hospital. Debían comprobar que no tenía heridas internas.

Faith observó a su alrededor, contemplando los escombros humeantes de lo que antes fuera una nave industrial. No habían quedado ni los cimientos de lo salvaje que fue el incendio.

Sabía cómo había llegado allí. Unos hombres la llevaron a ese lugar para golpearla y averiguar que sabía sobre ellos, que era nada y luego prendieron fuego al edificio con ella dentro.

Recordaba el calor intenso, doloroso, el aire desapareciendo de sus pulmones sustituyéndose por humo y fuego que la abrasaron por dentro.

Y luego… luego nada.

Durante unos minutos eternos no hubo nada. Ni ruido, ni fuego, ni nada.

Pasados esos minutos todo volvió de golpe. Como si hubiera estado privada de consciencia, volvió a la vida, llenando sus pulmones de oxígeno y dando un grito de dolor y alivio al recibir aire y no fuego. Se arrastró por el suelo, quedando sentada entre los escombros mientras los bomberos no daban crédito a lo que veían.

Un milagro, decían. Había sido un milagro que sobreviviera. Un auténtico milagro que no tuviera heridas graves.

Algo inexplicable cuando, ya en el hospital, comprobaron que no tenía un rasguño, ni una sola quemadura, ni leve ni grave.

Faith les dejó creer que, de alguna manera, se había formado una bolsa de aire con los escombros, protegiéndola del mortal calor. Ella sabía que no había sido así.

Tampoco quiso contarles la verdad de por qué había acabado allí, para empezar.

Eso le recordaba que debía salir de la ciudad a toda velocidad. Esos tipos no tardarían en enterarse de que seguía viva y vendrían a por ella.

Todo lo que había hecho era estar en el sitio equivocado en el momento equivocado. Nada más.

Mientras recogía apresuradamente sus escasas pertenencias para huir de la ciudad vino a su mente lo último que recordaba del incidente antes de caer inconsciente.

Una explosión y un enorme pájaro hecho de fuego.

Y no era la primera vez que lo veía.


Recuerda que tienes todas mis novelas disponibles en Amazon Kindle para disfrutarlas durante este Halloween.

 

Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 7.

Capítulo 7.

 

descubriendo el pasado

Arthur no se había alegrado jamás tanto de ver el logo de su empresa como aquel día, cuando vio a lo lejos la torre Kamelot 2, de Filadelfia.

Esa era la segunda base de la empresa, situada allí porque era la ciudad natal de su madre y ahí era donde solían pasar las fiestas cuando ella aún vivía. Después de su muerte, su padre no volvió a pisarla y él tampoco.

El chico suspiró de alivio al aparcar frente a la entrada y ayudó a Gawain a salir del coche. Juntos atravesaron la puerta principal y se dirigieron a recepción. La chica que había en el mostrador se mostró alarmada por su apariencia. Sin embargo, no llamó directamente a seguridad, esperando a ver qué ocurría.

– Hola, soy Alexander Gawain – saludó Gawain, poniendo su identificación sobre el mostrador que la muchacha no tardó en coger y comprobar. – y este es Arthur P. Drake. Necesitamos ver al jefe de seguridad del edificio. Y un médico.

– Si, por supuesto. – asintió la chica, saliendo del mostrador para guiarles hasta una puerta semi oculta tras él. – Esperen aquí. El señor Torres estará aquí en un minuto.

La habitación era una muy similar a la que había junto a la recepción de su propia torre. Una especie de sala de espera con un par de sofás confortables y decoración sacada de una revista de moda. Arthur ayudó al pelirrojo a sentarse y ponerse cómodo porque ya estaba algo adolorido de su herida. Un poco más tarde, la puerta volvía a abrirse y apareció un tipo grande, con el pelo rizado y negro, los ojos castaños y un bigote fino muy bien cuidado. Vestía el uniforme del personal de seguridad de la empresa.

– Soy Pedro Torres, jefe de seguridad del edificio. – se presentó, acercándose para estrecharles la mano. – Es un placer tenerle aquí, señor P. Drake. Aunque intuyo que no ha sido en las mejores circunstancias.

– No, me temo que no. Mi guardaespaldas necesita atención médica, señor Torres. – el hombre observó a Gawain y su expresión de dolor contenido y asintió.

– Por supuesto. Síganme. Luego me contaran con detalle que ha pasado.

Unas horas más tarde, Arthur estaba instalado en una de las suites de su familia, duchado, comido y nuevamente vestido con un traje limpio y elegante. Y eso estaba muy bien, pero no había podido ver cómo estaba Gawain todavía.

Después de que le curaran, Torres se lo llevó para hacer un informe y escuchar todo sobre el ataque y lo que habían hecho hasta ese día para evadirlos, buscando posibles sospechosos.

La Orden era la primera de esa lista. Mordred y Morgan, los segundos.

Luego les perdió la pista.

En ese momento, no sabía que hacer. No sabía si debía quedarse donde estaba o buscarlo. No quería molestar si estaba ocupado, cosa que era posible. Pero, por otro lado quería asegurarse de que estaba bien.

Y que tras días de estar compartiendo habitación, le echaba de menos y se sentía abandonado por muy infantil que sonase.

Al final, decidió salir a buscar al otro. Al menos se quedaría tranquilo sabiendo que estaba bien.

Cogió el teléfono y llamó a recepción. No tardaron en darle la información que quería, el número de habitación de Gawain.

Tomó el ascensor y bajó los tres pisos que le separaban de la planta de seguridad, donde se solían alojar todo el personal y estaba el gimnasio. Esa torre era un calco de la de Nueva York, por lo que estaba comprobando.

Ya delante de la puerta se quedó congelado sin saber si llamar o no. Dudó un par de minutos y llamó, temiendo que el otro decidiera ignorarlo.

De repente, se sintió como un adolescente inseguro. Gawain era su amigo. ¿Por qué no iba a querer verle?

La puerta se abrió, después de lo que pareció una eternidad y un Gawain en camiseta, pijama y descalzo le saludó.

A través de la camiseta podía ver la venda que cubría su hombro y parte del brazo, donde estaba la herida de bala. Parecía cansado.

– Lo siento… no se me ocurrió pensar que estarías descansando. – dijo, dándose la vuelta para irse. Gawain le agarró de la muñeca para detenerle.

– ¡Espera! No estaba durmiendo. Bueno, no del todo. Creo que me he quedado un poco dormido viendo la película. Entra.

Arthur entró en la habitación. Era más pequeña que la suya pero no menos lujosa y cuidada. La televisión estaba encendida y había una manta en el sofá, indicando que le había dicho la verdad. Eso le hizo sentir un poco mejor.

– ¿Cómo te encuentras? – le preguntó. El pelirrojo se encogió de hombros.

– Me han dado unas pastillas para el dolor y ya no noto nada. – rio. – ¿Cómo estás tú?

– Solo quería saber si estabas bien. – Gawain sonrió con afecto al chico.

– Lo estoy. – le aseguró. – Lance me llamó hace un rato, para ver si habíamos llegado. Nos recogerá mañana por la mañana para ir a casa.

– Eso está bien. Bueno… será mejor que vuelva a mi habitación, entonces.

Arthur hizo el intento de girarse para irse pero Gawain volvió a cogerle de la mano para detenerle una vez más. Tiró de él hasta acercarlo, dejándole a un paso de distancia.

– ¿A qué has venido, Arthur? – le preguntó y el chico no supo bien que responder. ¿A qué había ido? ¿Solo para comprobar que se encontraba bien? ¿O había alguna razón más?

– Estaba preocupado.

– ¿Y?

– Te echaba de menos. – confesó. Gawain sonrió, dulce.

– Solo nos hemos separado unas horas. – Arthur se sonrojó.

– Si pero no sabía… no sabía si querías volver a hablar conmigo después de estos días. Si volviésemos a lo de antes cuando regresemos a casa.

Gawain suspiró, apenado. Llevaba pensando lo mismo desde que le dejaran en enfermería. No sabía que hacer con la situación cuando regresaran a casa. Tendrían que volver a su relación laboral de antes, ¿verdad? Eso sería lo lógico.

Días antes había pensado en dar un intento a eso, pero tras los ataques y el que casi les mataran a los dos le hizo dudar sobre esa idea. ¿Sería seguro para ambos tener una relación?

Arrastró a Arthur hasta el sofá y le obligó a sentarse con él. Para evitar que el otro se fuera al extremo opuesto, le echó un brazo por los hombros y le abrazó, atrayéndolo hacia su cuerpo.

– Si te soy sincero, no lo sé. – le confesó, ganándose una mirada sorprendida del otro. – No sé qué debemos hacer. Lo inteligente seria volver a lo de antes. Soy tu empleado, a fin de cuentas, Arthur. Trabajo para ti. ¿Cuánto tardaría eso en ser un problema? ¿Y cuánto afectaría en mi modo de trabajar? No podría ser tu guardaespaldas.

– ¿Por qué no? – el pelirrojo le acarició el cabello, mirándole triste.

– Pues porque mis sentimientos interferirían, me harían tomar decisiones apresuradas y estúpidas.

– ¿Entonces?

– No lo sé. Pero supongo que debemos dejarlo aquí antes de que vaya a más y sea más doloroso. – Arthur asintió, notando su pecho dolorido.

– Supongo que tienes razón. – cuando intentó levantarse, notó que el otro no le soltaba. – ¿Gawain?

– Si, pero eso puede ser mañana. – le susurró, inclinándose para besarle.

Fue como en su sueño, esa misma mezcla de pasión y dulzura que le dejó temblando de ganas cuando se separaron. Arthur vio algo que pensó no vería jamás en el rostro de Gawain.

Inseguridad.

Le cogió del rostro y volvió a besarlo, tratando de mostrarle que él también quería eso, aunque fuera solo por esa noche.

El beso se volvió apasionado en segundos, con las manos de Gawain por todas partes, desabrochando y quitando ropa a toda prisa. No tardó en tener a Arthur con solo el pantalón y la camisa desabrochada.

Gawain le tumbó en el sofá, desabrochándole y sacándole los pantalones del traje que acabaron en un rincón alejado de la habitación. Con una sonrisa malévola, empezó a besarle por el pecho, bajando despacio hasta llegar a su entrepierna.

Arthur casi se ahogó al ver como el otro le quitaba los calzoncillos y empezaba a devorarlo despacio, sacándole jadeos e improperios de todos los colores. Aprovechando que le tenía distraído, el pelirrojo empezó a prepararle con cuidado hasta tenerle completamente listo y tembloroso, lleno de ganas.

Gawain volvió a subir, besándole y dándole a probar un poco de su propio sabor antes de comenzar a introducirse, sin dejarle tiempo a pensarlo mucho. Pronto estaban moviéndose al unisonó, el cuerpo de uno acudiendo a las embestidas del otro, ambos disfrutando del momento y perdiéndose en él.

Arthur podía sentir el mismo cariño y cuidado que en su sueño, dejándose llevar por ese sentimiento hasta que ambos llegaron al orgasmo. Gawain se dejó caer, agotado sobre él y le sonrió con tristeza.

Un rato después le llevaba a su cama para descansar.

Al día siguiente, ambos iban a hacer como que no había sucedido nada, manteniendo su relación como hasta ese día. Amistad y negocios y punto.

Era lo más lógico.

Aunque eso no consoló nada a Gawain cuando, al llegar la mañana, se encontró en la cama, solo.

 

Especial Halloween: Relatos cortos sobrenaturales

Especial Halloween: Relatos cortos sobrenaturales.

 

Pues para celebrar este año Halloween, durante el mes de octubre las entradas del blog del lunes seran relatos cortos cortísimos de temática sobrenatural. No van a ser de miedo, ni de cerca pero, al menos, los protagonistas serán criaturas sobrenaturales.

Algo es algo.

¡Disfrutadlos!


Una de las cosas que primero aprendió de su abuela fue a pensar en si mismo primero.

«Recuerda, malysh, tú puedes marcar la diferencia y salir de este basurero. Pero solo lo conseguirás ocupándote de ti y solo de ti. No dejes que nadie te distraiga de tu objetivo.»

Sabias palabras, pensó Rasputín mientras se preparaba para realizar el hechizo.

Cuando se descuidó un poco acabó envenenado, disparado y apuñalado repetidamente. Y casi ahogado en un rio. Ese fue el precio de preocuparse por alguien más que de si mismo.

La segunda vez que cometió ese error le hizo terminar con sus huesos en esa prisión de La Orden y convertido en un triste esclavo, mago de segunda para ese horrible Pemberton.

No iba a equivocarse una tercera vez.

Preparó los ingredientes y recitó el ensalmo sacado del libro que habían requisado al guardián de Chicago. Con eso podría recuperar su libertad y acabar con Pemberton antes de huir de allí, lo más lejos posible.

No era ningún ingenuo. Sabía que si no eliminaba a Pemberton, este le perseguiría hasta el fin del mundo solo por principios. Así que debía matarlo para poder ser libre.

Sonrió mientras recitaba el hechizo.

Esa era una muerte que estaba deseando provocar.


Recuerda que tienes todas mis novelas disponibles en Amazon Kindle para disfrutarlas durante este Halloween.

Especial Halloween: Relatos cortos sobrenaturales

Especial Halloween: Relatos cortos sobrenaturales.

 

Pues para celebrar este año Halloween, durante el mes de octubre las entradas del blog del lunes seran relatos cortos cortísimos de temática sobrenatural. No van a ser de miedo, ni de cerca pero, al menos, los protagonistas serán criaturas sobrenaturales.

Algo es algo.

¡Disfrutadlos!


Había luna llena esa noche.

Una de esas lunas enormes y brillantes cuya luz es suficiente para andar por el bosque sin perderte.

Una luna azul, pura y deslumbrante.

Una luna de leyenda, de cuentos de terror que evocaba aullidos profundos y cacerías nocturnas.

Esa noche, con esa luna, dos lobos se persiguen, jugando, en la espesura del bosque, esquivando arboles y saltando arbustos. Mordiéndose la cola y tirándose del pelaje.

No era su primer paseo juntos pero si uno de los más especiales. Su primer paseo desde que se emparejaran.

El lobo con el pelaje más oscuro iba en cabeza, huyendo de su perseguidor, tentándole al mismo tiempo. El otro tenía el pelo marrón muy claro, casi anaranjado. Seguía al otro, dejándole ganar pero sin perderle de vista.

Al llegar a un pequeño claro en el bosque, donde la luz de la luna era más intensa, el segundo lobo derribó al primero, colocándose sobre él y sujetándole la garganta con sus fauces.

Los dos tomaron su forma humana a la vez antes de comenzar a besarse apasionadamente.

Dos hombres, uno con el cabello oscuro y largo y el otro rubio rojizo y ensortijado, se miraron a los ojos, hipnotizados por la luz de la luna que podían ver reflejada en la mirada del otro.

La misma luna enorme y brillante, de luz azulada y pura.

La luna del lobo.


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Podcast: Robert Johnson, los pactos y los sabuesos del infierno

Podcast: Mi aventura de escribir. Robert Johnson, pactos y sabuesos del infierno.

 

Mi fascinación por lo sobrenatural me llevó a descubrir la leyenda del cantante de blues maldito, Robert Johnson.

Robert apareció un día de la nada, tocando como si estuviera poseído, grabó 29 temas (algunos dos veces) y murió en extrañas circunstancias, añadiendo más chicha a su ya oscura leyenda.

Según cuenta su leyenda, Robert no era muy buen músico. Se defendía, pero ya. Por lo que decidió marcharse y nadie supo nada más de él hasta un año y medio después, que regresó tocando como los ángeles.

Sin embargo, no fue cosa de los ángeles, precisamente. Según la leyenda, Robert viajaría al sur y encontraría una manera de pactar con un demonio para conseguir el talento musical que deseaba.

Después de su vuelta, compuso y grabó varios temas musicales que quedaron para la historia, convirtiéndose en un referente para muchísimos músicos actuales, como Eric Clapton, Bob Dylan, Jimi Hendrix, Led Zeppelin, Queen y muchos más.

Johnson fue incluido en el Salón de la fama del Rock and Roll y ocupó el puesto 71 de la lista de los 100 guitarristas más grandes de todos los tiempos.

Pero lo importante y pintoresco de Johnson fue su corta carrera y su misteriosa muerte. Y su discografía. Cross Road Blues, Last Fair deal gone down, Preachin Blues (up jumped the devil), If I had possession over judgment day, Hell hound on my trail son algunas de las peculiares canciones del músico.

Muchas de ellas inspiradas en el tema sobrenatural, demonios y pactos con ellos. También hablaba de los hellhounds o sabuesos del infierno, los encargados de recoger las almas de quienes habían pactado con un demonio.

Murió a los 27 años. La falta de datos no deja claro cómo lo hizo. Unos dicen que envenenado, otros que de neumonía o sífilis o asesinado con un arma de fuego. Lo único seguro fue que murió en Mississippi en el año 38 y no hubo autopsia.

Según se cuenta, mientras agonizaba, deliraba sobre perros demoniacos que le perseguían para devorarle.

Una nueva referencia a los hellhounds.

Los pactos con demonios se debían hacer en un cruce de caminos. Preferiblemente en uno donde creciera milenrama y enterrar en su centro una caja con tierra de cementerio, un hueso de gato negro, una foto tuya y algunas hierbas especiales para la ocasión.

Una vez convocado el demonio había que ser muy preciso con lo que se iba a pedir, ya que estos tendían a retorcer las palabras para salir ganando. Así que si pedías pintar, debías asegurarte de pedir también fama y dinero en el lote o pintarías como Da Vinci y te morirías de hambre.

Y no creas que duraría para siempre, no. Los demonios quieren cobrar y rápido, así que te dan un límite de tiempo a cambio del trato. Tu alma por tu deseo y solo podía durar diez años. Una vez se acabará el tiempo, el demonio enviaría a sus sabuesos para cobrarse su deuda. Con intereses.

Y no, no hay manera de salirse de un trato así. Si de algo saben los demonios es de letra pequeña. Y de trampas.

Los hellhounds en si son unas criaturas fascinantes. Unos monstruos del tamaño de una vaca pequeña, con una boca llena de colmillos, ojos rojos a los que solo les interesa lo que ordene su amo. Unas criaturas horribles, brutales que despedazaran a su presa y se llevaran su alma agonizante al infierno.

Una de las cosas que más me gusta de Supernatural y que más gracia me hacían era su visión del infierno. A ver, seguía siendo el infierno, un lugar donde las almas iban a sufrir y poco más. Pero la visión de su organización y su jerarquía, en modo oficina era descacharrante. Las largas colas de penitentes que recordaban a las de las oficinas del paro, los contratos eternos llenos de letra pequeña, los demonios que sonaban a vendedores estafadores de coches, el rey del infierno que lo llevaba todo como si fuera un CEO de multinacional, quejándose de que el número de almas condenadas estaba bajando… Simplemente, maravilloso.

Claro que el cielo no se diferenciaba mucho.

Pero volviendo al otro tema… por eso me encanta sacar estas cosas en mis novelas.

¿Sabes que tenemos un demonio en Jack T.R.? ¿Y un hellhound en El juego de Schrödinger?

Pues si no lo sabías, ya estás tardando en leerlas y enterarte. Por cierto, que Jack T.R. ahora la tienes completamente gratis en Wattpad y en Me gusta escribir.

Especial Halloween: Relatos cortos sobrenaturales

Especial Halloween: Relatos cortos sobrenaturales.

 

Pues para celebrar este año Halloween, durante el mes de octubre las entradas del blog del lunes seran relatos cortos cortísimos de temática sobrenatural. No van a ser de miedo, ni de cerca pero, al menos, los protagonistas serán criaturas sobrenaturales.

Algo es algo.

¡Disfrutadlos!


Todavía podía recordar el olor a podredumbre, la humedad y el frio de ese solitario callejón. Podía sentir el dolor punzante en el cuello y oír los latidos desbocados de su corazón mientras Karl bebía su sangre.

Conoció a Karl en una taberna, una de esas miles de noches heladas en las que se te congela hasta el aliento. Le invitó a vodka y Rolf pensó que era encantador.

Encantador y extrañamente atractivo, con ese aire de príncipe nórdico, sus modales refinados y su voz suave.

Fue por eso por lo que acabaron en una habitación alquilada en la posada, besándose al principio antes de que Karl decidiera que era el momento de dejarle seco.

Pero, a pesar del dolor ardiente en el cuello, notando como la vida se le escapaba y su cuerpo y sus miembros se volvía más fríos y pesados, Rolf sentía un inexplicable placer recorriéndole de los pies a la cabeza.

Pero el dolor no ceja ni Karl tampoco y Rolf no tiene más fuerzas para seguir en pie y cae, siendo sostenido por el otro. Va a matarle y no está seguro de que le importe demasiado.

Si la muerte es así de dulce…

Sin embargo, esos no son los planes de Karl, quien, con una sonrisa ensangrentada, le sujetó del pelo y le obligó a abrir la boca mientras derramaba su propia sangre para que la bebiera.

– No vas a morir esta noche. Ni ninguna noche, amor. Vas a estar conmigo toda la eternidad.

La muerte podía ser dulce. Convertirse en vampiro… no tanto.


Recuerda que tienes todas mis novelas disponibles en Amazon Kindle para disfrutarlas durante este Halloween.

 

Relato: Descubriendo el pasado. Capítulo 6.

Capítulo 6.

descubriendo el pasado

 

Arthur se despertó al sentir un roce suave en la mejilla. Abrió los ojos y se encontró con la mirada azul de Gawain, que le sonreía divertido.

El chico bufó, haciendo el intento de taparse la cara con las manos pero el otro se lo impidió, sujetándoselas.

– ¿Cómo estás? – Arthur suspiró. Aun se sentía algo triste pero no como la noche anterior.

– Mejor, gracias. No sé qué me pasó. La pesadilla era tan real…

– Debía serlo. ¿Quieres contarme que pasaba? – Arthur negó con la cabeza. No, no deseaba hablar de ello. Nunca. – Vale. No pasa nada. Pero ya sabes que si necesitas hablar, estoy aquí. – eso le hizo sentir un poco mejor. Sonrió a Gawain.

– Lo sé, gracias.

– No las des. Ahora, arriba. Vamos a desayunar y a salir de aquí antes de que sea tarde. Quiero llegar a Filadelfia mañana.

– Estoy deseando llegar a casa. – Gawain arqueó una ceja.

– Yo también.

Arthur hizo el intento de levantarse pero el pelirrojo seguía encima suya, sujetándole de las manos, impidiéndoselo. Le regaló una sonrisa socarrona al ver que no podía moverlo.

– ¿Te importa? – le preguntó el chico. El otro simuló pensárselo.

– No lo sé. Aquí se está cómodo.

– Tú eras el que tenía prisa.

– Ya… pero nos podemos perder unos minutos. – susurró, acercándose a su rostro como si fuera a besarle. Arthur se estremeció y cerró los ojos así que Gawain se desvió y le dio un pequeño beso en la punta de la nariz. Luego se levantó de la cama, riendo. – ¡Vamos, Arthur! ¡Quiero desayunar!

El chico aún se quedó un minuto sentado, respirando agitado antes de poder levantarse y comenzar a vestirse, maldiciendo a su compañero.

Después del desayuno ambos se dirigieron al coche, para salir hacia su siguiente parada. Pero antes de que pudieran llegar, un grupo de hombres armados les asaltaron.

Gawain sacó su pistola y empujó a Arthur hacia el coche, obligándole a subir al asiento trasero.

– ¡Agáchate y no te muevas! – le gritó, arrancando el coche.

Un disparó atravesó el cristal del asiento del copiloto, rompiéndolo en mil pedazos y el coche salió del aparcamiento quemando neumáticos.

Por lo que se sintieron como horas, el coche no dejó de correr, dando tumbos y cogiendo curvas a toda velocidad, haciendo que Arthur acabara alguna que otra vez en el suelo del vehículo, llevándose más de un golpe.

De repente, la velocidad fue disminuyendo hasta detenerse. Arthur alzó la cabeza, viendo que habían parado el coche en el arcén de una carretera de tierra, sin nada de civilización a la vista.

¿Dónde estaban? Empezaba a cansarse de tanto ataque y tanto acabar en ninguna parte.

– ¿Arthur? ¿Estás bien? – el chico se levantó, quedando sentado en el asiento y crujiéndose el cuello.

– Si, sí. ¿Cómo nos han encontrado? – preguntó, extrañado. Creía que no le habían seguido en todo ese tiempo.

– No tengo ni idea. – Gawain soltó un gruñido de dolor. – Voy a necesitar que lleves el coche un rato.

Al chico le saltaron las alarmas al escuchar las palabras y el tono del otro. Algo malo pasaba o no le dejaría conducir. Gawain odiaba como conducía.

Salió del coche, apresuradamente y se acercó a la puerta del piloto.

– ¿Qué pasa? – vio una mancha de sangre en la manga derecha de la camisa del otro y se echó a temblar. Aun tenía muy reciente el sueño. – ¡Estás herido!

– No es nada. Solo un rasguño. Pero duele un poco y me va a molestar para conducir. – Arthur asintió, ayudándole a salir del coche. A él la herida no le parecía un rasguño. Sangraba bastante. – Intentaré curármela por el camino.

Arthur llevó el coche, siguiendo las indicaciones del otro hombre, hasta la siguiente ciudad, en la que habían pensado quedarse. Gawain ya no se fiaba de quedarse en el motel que tenían reservado, así que le obligó a conducir un rato más, buscando un nuevo motel en el que hospedarse.

El chico consiguió una habitación en un motel por horas y sentó a Gawain en la única cama para mirarle la herida del brazo.

El otro había improvisado un vendaje con un trozo de camiseta pero ya estaba empapada en sangre. Por suerte, parecía que el sangrado se había detenido ahí. Arthur asaltó el botiquín del baño y vino cargado con gasas y desinfectante. Con cuidado quitó la tela de la herida y siseó al verla.

No, no era ningún rasguño.

– Me has mentido. – le regañó, dándole un golpe en el brazo bueno. – Esto de rasguño no tiene nada. Es un agujero en toda regla. – Gawain soltó una risita.

– Bueno, no es para tanto. Al menos la bala ha salido, es una herida limpia. Vamos a vendarla y mañana, cuando lleguemos a Filadelfia y a la central, me curaran como debe ser. ¿Podrás hacerlo? – preguntó, al ver como el chico se ponía un poco blanco. Arthur asintió.

– Si, sí. Espero que no te duela demasiado.

– Sobreviviré. Tú cúrame.

Con excesivo cuidado y más miedo que otra cosa, Arthur limpió la herida y luego la vendó como le iba indicando Gawain, que hacía gestos de dolor a cada movimiento. Cuando acabó, ambos estaban agotados y temblorosos por razones distintas.

– Sería mejor que te echaras un rato. Puedo ir a por la comida. – sugirió Arthur, pero Gawain se incorporó, negando rotundamente con la cabeza.

– ¡No! Nada de salir solo de aquí. Pide para que la traigan. No puedo permitirte salir de aquí sin vigilancia.

– No creo que nos hayan seguido.

– ¡Da igual! No me fio. – gruñó. – Es más, no me fio de quitarte el ojo de encima. Ven aquí. – le llamó, palmeando el lado izquierdo de la cama.

– ¿Qué?

– ¡Que vengas! Vas a echarte aquí conmigo y me vas a cuidar un rato y luego pediremos pizza o algo. – Arthur se tumbó a su lado, rodando los ojos ante la actitud autoritaria del otro.

Gawain no tardó en rodearle la cintura con el brazo bueno y atraerle hasta su cuerpo, pegándole a él. Arthur suspiró, relajándose por primera vez en todo el día. No había notado lo tenso que estaba hasta ese segundo.

– Cuando te vi sangrando me asusté muchísimo. – confesó con un hilo de voz. Gawain apretó su agarre de la cintura y le dio un beso en el pelo.

– Yo también. Me asusté cuando nos atacaron, cuando casi te dan, cuando me hirieron porque pensaba que no podría llevarte a salvo a casa. Me asusté mucho.

Arthur alzó el rostro para mirarle y Gawain aprovechó para robarle un corto beso. El pelirrojo le acarició el pelo, antes de volver a tumbarse en la cama.

– Vamos a descansar un poco. Luego comemos tranquilos.

Arthur se despertó un buen rato después, por el sonido del móvil de Gawain. El otro estaba completamente dormido y Arthur no tuvo corazón de despertarlo. Parecía agotado.

Con cuidado se desenredo de sus brazos y cogió el teléfono, contestando en un susurro.

– ¿Sí?

– ¿Arthur? – era Lance y sonaba sorprendido y preocupado. – ¿Dónde está Gawain?

– Gawain está dormido. Nos atacaron al salir de la otra ciudad y le han herido. – le informó. Lance hizo un sonido de sorpresa.

– ¿Está bien?

– Si, tiene un disparo en el brazo pero parece estar bien. O eso dice él.

– ¿Y tú? ¿Estás bien?

– Cagado de miedo, pero sí. – con Lance no merecía la pena fingir que no estaba asustado. El otro hizo un ruidito.

– Bien, eso es bueno. El miedo es bueno para estar alerta. – le dijo, con tono tranquilo. – ¿Cuándo salís para Filadelfia?

– Mañana por la mañana.

– Allí cuidaran bien de Gawain. Saldré para allá en un rato para recogeros en la central. Mientras, tendrás que vigilar que Gawain esté bien. – le ordenó. Sabía que si le daba algo que hacer al chico, este se asustaría menos. – Vigila que no esté somnoliento o mareado. La pérdida de sangre puede provocar eso. Si ves que se comporta raro, le pides que pare y conduces tú.

– Puedo conducir yo desde el principio. – se ofreció. Lance sonrió.

– Mucho mejor. Os dejo descansar entonces, nos vemos mañana, ¿de acuerdo?

– No te preocupes. – Lance soltó una risita.

– ¡Claro que me preocupo! ¡Es mi trabajo!

Arthur cerró el teléfono y cogió el suyo para buscar algún sitio que sirviera a domicilio al que poder pedir. Encontró una pizzería y encargó un par para los dos.

Mientras esperaba a que llegara el repartidor, se volvió a tumbar junto a Gawain, apoyando su cabeza en el hombro del pelirrojo, acurrucándose a su lado.

No iba a permitir que esa pesadilla se volviera a hacer realidad. Iba a cuidar a Gawain.